martes, 16 de julio de 2019

La Sangre Preciosa de Cristo (10) El Cuerpo Místico de Cristo - Cardenal Piazza


II

LA SANGRE PRECIOSA DE CRISTO
EN EL MISTERIO DE LA IGLESIA


EL CUERPO MÍSTICO DE CRISTO



Aquel cuerpo natural que se formó en el seno de la Virgen por obra del Espíritu Santo, cuerpo divinamente bello y perfecto, con el que Cristo llevó a cabo el drama cruento y el misterio de la Redención; que más tarde resucitó del sepulcro en su integridad física y con toda la Sangre que había perdido (cfr, Summa., III, q. 54, a. 2), desde el día memorable de la Ascensión, se encuentra ahora a la diestra de Dios Padre, siempre vivo para interceder por nosotros (Hebr., 7,25). Mas antes de separarse Jesús de sus Apóstoles, les aseguró: Yo estaré con vosotros siempre hasta la consumación del mundo (Mt., 28,20). Y lejos de haber faltado jamás a su promesa, El permanece, efectivamente, siempre presente de manera misteriosa y tan íntimamente unido a la Iglesia, que hace con ella su Cuerpo Místico, del que Él es Cabeza y nosotros sus miembros. Tal es la sublime realidad, descubierta por la estupenda doctrina de San Pablo.

La Iglesia es la obra maestra de Cristo, quien la fundó con el fin de que continuase administrando los bienes de la Redención a las almas de los creyentes en el decurso de los siglos. Mas eso no hubiera sido posible si no creaba un organismo viviente que recibiera de Cristo e flujo continuado de la vida, con el fin de que fuera transfundida a los miembros articulados y unidos para formar un organismo.

lunes, 15 de julio de 2019

Carta en el IV centenario de la declaración de san Buenaventura Doctor de la Iglesia - San Juan Pablo II



CARTA DE  SAN JUAN PABLO II 

A LOS MINISTROS GENERALES 
DE FAMILIAS FRANCISCANAS 

EN EL IV CENTENARIO 
DE LA PROCLAMACIÓN
DE SAN BUENAVENTURA  
COMO DOCTOR DE LA IGLESIA

8 de septiembre de 1988



A los queridos hijos John Vaughn, Lanfranco Serrini, Flavio Roberto Carraro, José Angulo Quilis, Ministros generales de las Familias franciscanas.

1. Es para mí motivo de honda satisfacción vuestra iniciativa de celebrar un simposio especial sobre el Itinerarium mentis in Deum de san Buenaventura, en el transcurso del IV centenario de su proclamación como Doctor de la Iglesia universal (cf. Bula Triumphantis Hierusalem, de Sixto V, en Bull. Rom., 1588).

Muy oportunamente habéis pretendido así reclamar la atención en torno a una obra tan pequeña de tamaño, como densa en contenido espiritual, invitando al mismo tiempo a los hombres de hoy y, particularmente, a todos los hermanos franciscanos a releerla para escuchar de nuevo la elevada enseñanza del Doctor Seráfico. En efecto, es saludable colocarse bajo la luz de su doctrina y revivir su experiencia, recorriendo el camino que, siguiendo el ejemplo de san Francisco, él mismo recorrió cuando se le concedió retirarse a la tranquila soledad del monte Alverna, en busca de la «paz del espíritu» (Itinerarium, pról., n, 2).

La profunda reflexión sobre lo que san Buenaventura escribió en el mismo lugar en que lo había meditado, contribuirá a discernir mejor, a la luz de la fe, cuáles son también en nuestra época los verdaderos signos de la presencia de Dios y de sus intenciones sobre la vocación integral del hombre.

2. Una de las ideas fecundas del Itinerarium es la reflexión sobre el misterio del hombre, considerado a la luz del misterio del Verbo encarnado. A tal visión hay que reconducir el origen del hombre, su vida y su muerte. El peregrinaje sobre la tierra es para el hombre un viaje de regreso, ya que su destino último es también su primer comienzo: «Cristo..., de quien procedemos, por quien vivimos y hacia quien caminamos» (Lumen gentium, 3).

La Sangre Preciosa de Cristo (9) La Esposa lavada en la Sangre - Cardenal Piazza


II
LA SANGRE PRECIOSA DE CRISTO
EN EL MISTERIO DE LA IGLESIA



La adorable Persona del Redentor domina los siglos. El Apóstol San pablo pudo afirmar: Jesucristo es e mismo ayer y hoy y por los siglos (Hebr., 13,8). En efecto, el Cristo histórico se anticipó en el Cristo divinamente prometido y vivido en la fe de los patriarcas y de los profetas, y hoy sobrevive en el Cristo místico, viviente aún en la Iglesia y en las almas.

Tal es el fruto de su obra admirable, la Redención. Aunque es cierto que en sus elementos causales ésta estuvo circunscrita a la vida mortal de Cristo, desde el primer instante de su concepción hasta el último suspiro de la Cruz, con todo, en todos los siglos que le precedieron hubo su preparación, siempre magnífica, y en todos los siglos que le sucedieron ha habido aplicación admirable de la misma, que la hizo siempre actual e inagotable.

Por eso, la Sangre de Cristo sella, aunque en forma distinta, el Antiguo y el Nuevo Pacto. En el Primero estuvo figurada en los sacrificios legales, y anticipó, por decirlo así, su eficacia en virtud de la fe en un futuro derramamiento. En el Nuevo está recogida en el seno de la Iglesia y continúa derramándose a través de los siglos en místicas efusiones que llevan por todas partes la virtud y los frutos de la Redención. Vamos a fijar más esta idea.

LA ESPOSA LAVADA EN LA SANGRE



La Iglesia es la sociedad de los hombres que viven la vida de Cristo. Resulta constituida por dos elementos esenciales: el elemento visible y natural, que son los mismos hombres que forman parte de tal sociedad. El elemento invisible y sobrenatural es el otro, y precisamente es la vida de la gracia traída a la tierra y comunicada por el Redentor: Yo he venido para que tengan vida y la tengan abundante (Jo., 10,10). Pues bien. Tal comunicación supone la unión íntima y continua de la Iglesia con Cristo. He aquí el misterio que sólo conocemos por fe y que, en su amplitud y profundidad, trasciende nuestra inteligencia.

El Apóstol San Pablo, Doctor de la Sangre de Cristo, nos ofrece dos concepciones, divinamente inspiradas, que abren camino para poder llegar a conocer esta realidad mística, sublime y trascendental.

domingo, 14 de julio de 2019

La Sangre Preciosa de Cristo (8) La Madre - Cardenal Piazza


I

LA SANGRE PRECIOSA DE CRISTO
EN EL MISTERIO DE LA REDENCIÓN


LA MADRE


Jesús, Hijo de Dios vivo, también era Hijo del hombre. Él tenía placer en denominarse con este título, no sólo por humildad, sino para darnos a entender que llevaba a cabo su misión y su obra redentora en aquella vestidura de su humanidad, destinada a ser horriblemente desgarrada. Ahora bien: decir Hijo del hombre, no es decir más que Hijo de María, puesto que ambos títulos son equivalentes. Esta es la razón por qué la Sangre de Jesús es así mismo Sangre de la Virgen. Por eso, cuando la Madre Divina viera correr aquella Sangre, pudo pensar: ¡Es mi Sangre! En realidad no hubiera sufrido más si aquella Sangre viva hubiera brotado de su mismo cuerpo virginal. Esta consideración nos da alguna medida de lo que María participó en el cruento sacrificio de la Cruz.

Ya en otro tiempo fue Ella quien vio brotar las primeras gotitas de sangre en la circuncisión, y le pareció sentir volcársele el Corazón. Presintió ya entonces aquel drama de Sangre que el anciano profeta le pronosticó, al anunciarle que una espada había de atravesarle el alma. Sería la misma espada que debía matar a su Hijo (Lucas, 2,35).  Posiblemente la realidad, cuando sucedió, hubo de superar todas las previsiones. Pero Ella había ya pronunciado su fiat cuando comenzó a ser Madre. El mismo fiat que pronunciara Jesús al pasar los umbrales de su propia tragedia. Y así se unieron perfectamente las voluntades de ambos para aceptar y querer el mismo sacrificio; los dos Corazones que ofrecieron juntos la misma ofrenda de aquella Sangre, que a un mismo tiempo salía de las venas del Hijo y del Corazón de la Madre. De aquí le viene todo el sublime significado de su título de Corredentora.

sábado, 13 de julio de 2019

La Sangre Preciosa de Cristo (7) El Sacramento y el Cáliz de la Sangre - Cardenal Piazza


I

LA SANGRE PRECIOSA DE CRISTO
EN EL MISTERIO DE LA REDENCIÓN


EL SACRAMENTO Y EL CÁLIZ DE LA SANGRE


Antes de la fiesta de la Pascua, viendo Jesús que llegaba su hora de pasar de este mundo al Padre, habiendo amado a los suyos que estaban en el mundo, al fin extremadamente los amó (Jo. 13,1). Con estas palabras tan solemnes, que dejan transparentarse la tristeza del momento y de un recuerdo imborrable, trazó el Apóstol del amor los rasgos de aquel grande acontecimiento y misterio del Cenáculo: la institución de la Eucaristía.

¿Qué móviles impulsaron a Jesús? ¿Quizá su inminente despedida, que comportaba una separación: transiturus de hoc mundo ac Patrem? ¡Oh, no! ¡Con eso el amor no hubiera quedado satisfecho! Había hecho aceptación y había querido la muerte, pero no había aceptado sus dos desventuradas y naturales consecuencias: la separación y el olvido. Todos cuantos le rodeaban y quedaban en el mundo aún, debían pertenecerle siempre y nunca habrían de olvidarse que Él estaba dispuesto a soportar precisamente por ellos la pasión y la muerte tormentosísima. El ideal divino que Jesús llevó a efecto en la Eucaristía, sacramento y sacrificio de la Nueva Ley, fue precisamente la unión más estrecha y profunda entre Él y nosotros, así como la perpetuidad de su holocausto y de su muerte.

Impresionante discurso PRO-VIDA y PRO-FAMILIA de la Diputada Giorgia Meloni

viernes, 12 de julio de 2019

Lección católica 3 Diferencias entre Saber y creer

La Sangre Preciosa de Cristo (6) El beneficio de la Sangre - Cardenal Piazza


I

LA SANGRE PRECIOSA DE CRISTO
EN EL MISTERIO DE LA REDENCIÓN


EL BENEFICIO DE LA SANGRE



El gran Santo Tomás nos invita de nuevo a espaciarnos en el campo del misterio, para mejor comprender y valorar la riqueza de los frutos de la Redención (Sum. p. III, q. 49), llevándonos de la consideración de la admirable y múltiple virtualidad de la Sangre de Cristo, a la de los efectos obtenidos en realidad. El beneficio es inmenso. Mejor sería decir que aquí se trata de un cúmulo de beneficios.

El primero de ellos es la liquidación de la culpa y de todas sus fatales consecuencias. Dios –como viene a decir San Pablo- nos salvó y nos llamó con vocación santa, no en virtud de nuestras obras, sino en virtud de su propósito y de la gracia que nos fue dada en Cristo Jesús (II Tim. 1,9). Gracia que floreció precisamente en su Sangre, según en otro lugar afirma el mismo San Pablo: En Cristo tenemos la Redención y la Remisión de los pecados mediante su Sangre (Colos. 1,14).

Los conceptos de redención y de liberación equivalen. Quitado el pecado, que es como hipoteca que el demonio tiene puesta sobre las almas, se derrumba todo el reino satánico. Ante la inminencia de su pasión, lo había predicho Jesús: El príncipe de este mundo será arrojado fuera, y Yo, si fuese levantado en la tierra (es decir sobre la Cruz), atraeré todo a Mí (Jo. 12, 31-32). De la misma manera atribuye el Apóstol de las Gentes ese mismo don inefable de Dios a la Sangre de Cristo, al librarnos del poder de las tinieblas y trasladándonos al reino del Hijo de su amor (Colos.1,13).

jueves, 11 de julio de 2019

Carta Encíclica "Fulgens Radiatur" el el XVI centenario de la muerte de San Benito Pìo XII


CARTA ENCÍCLICA

FULGENS RADIATUR

DE NUESTRO SANTÍSIMO SEÑOR
PÍO
POR LA DIVINA PROVIDENCIA
PAPA XII

A LOS VENERABLES HERMANOS
PATRIARCAS, PRIMADOS, ARZOBISPOS, OBISPOS
Y DEMÁS ORDINARIOS LOCALES
EN PAZ Y EN COMUNIÓN CON LA SEDE APOSTÓLICA

AL CUMPLIRSE CATORCE SIGLOS
DE LA PIADOSÍSIMA MUERTE
DE SAN BENITO



VENERABLES HERMANOS
SALUD Y BENDICIÓN APOSTÓLICA

Benito de Nursia resplandece fulgente, como astro entre las tinieblas de la noche, y es honor de Italia y de toda la Iglesia. Todo el que examine su ilustre vida e investigue a la luz verdadera de la historia la época tormentosa en que vivió, comprobará sin duda la verdad de aquella divina promesa, hecha por Jesucristo a sus Apóstoles y a la sociedad que fundaba : «Ego vobiscum sum omnibus diebus, usque ad consummationem saeculi»;yo mismo estaré continuamente con vosotros, hasta la consumación de los siglos [1]. Promesa que no pierde su valor en ningún tiempo, sino que alcanza al curso todo de los siglos, regido por el imperio de Dios. Más aún, cuando con más encarnizamiento los enemigos acometen al nombre cristiano, cuando la nave de Pedro, dirigida por la providencia, es zarandeada por olas cada vez más violentas, cuando todo parece que está para desplomarse y no hay esperanza ninguna de humano auxilio, entonces aparece Jesucristo cumpliendo su palabra, consolando y dispensando aquella fuerza que viene de lo alto, con lo que suscita nuevos atletas, defensores de la causa católica, que le devuelvan su antiguo esplendor, y que, con la ayuda de las gracias celestiales, le comuniquen todavía un mayor perfeccionamiento.

En el número de estos héroes luce con brillante gloria San Benito «bendecido por la gracia y por su mismo nombre» [2] que nació, por un designio providencial de Dios, en un siglo tenebroso, en donde corrían gran peligro no sólo la Iglesia sino también la sociedad civil y la cultura.

El Imperio Romano, que había llegado al culmen de tan grande gloria, y que con la sabia moderación y equidad de su derecho se había incorporado estrecha-mente tantos pueblos y naciones que con razón «hubiera podido llamarse patronato del mundo mejor que imperio»[3], declinaba ya a su ocaso como todas las cosas humanas; porque debilitado y corrompido interiormente y quebrantado en lo exterior por las incursiones de los bárbaros que se precipitaban del septentrión, en las regiones occidentales se deshacía en ruinas.

Carta Apostólica "Pacis Nuntius" con la que San Pablo VI proclama a San Benito Patrono de Europa


Proclamación de San Benito 
como Patrono de Europa

24-10-1964

CARTA APOSTÓLICA
DEL SUMO PONTÍFICE

PABLO VI

al que se dio lectura en la Abadía de Montecassino

El Papa San Pablo VI en Montecassino


Para recuerdo perpetuo
Mensajero de paz, realizador de unión, maestro de civilización y, sobre todo, heraldo de la religión de Cristo y fundador de la vida monástica en Occidente: estos son los justos títulos de la exaltación de San Benito Abad.
A la caída del Imperio Romano, ya exhausto, mientras algunas regiones de Europa parecían sumirse en las tinieblas y otras carecían aún de civilización y de valores espirituales, fue él con constante y asiduo empeño quien hizo nacer en éste nuestro Continente la aurora de una nueva era. Principalmente él y sus hijos llevaron con la cruz, con el libro y el arado el progreso cristiano a las poblaciones desparramadas desde el Mediterráneo hasta Escandinavia, desde Irlanda hasta las llanuras de Polonia.
Con la Cruz, es decir, con la ley de Cristo, dio consistencia y desarrollo a los ordenamientos de la vida pública y privada. A este respecto cabe recordar que enseñó a la humanidad la primacía del culto divino por medio del "Opus Dei", o sea de la oración litúrgica y ritual. Y así fue como consolidó la unidad espiritual de Europa en virtud de la cual pueblos divididos en el campo lingüístico, étnico y cultural advirtieron que constituían el único pueblo de Dios; unidad que, gracias al esfuerzo constante de aquellos monjes que siguieron a tan insigne maestro, llegó a ser la característica distintiva de la Edad Media. Todos los hombres de buena voluntad de nuestros tiempos tratan de reconstruir esta unidad que, como afirma San Agustín, es "ejemplar y tipo de belleza absoluta", y que por desgracia, ha sido rota en una confusión de acontecimientos históricos.

La Sangre Preciosa de Cristo (5) La virtud redentora de la Sangre - Cardenal Piazza


I

LA SANGRE PRECIOSA DE CRISTO
EN EL MISTERIO DE LA REDENCIÓN


LA VIRTUD REDENTORA DE LA SANGRE



Hemos de profundizar aún más en nuestra meditación y, para hacerlo, tomaremos por guía al doctor Angélico (cfr. Sum., III, q. 48). El poema de la Redención es como un prisma de muchas caras irisadas. Por cada una de estas caras veremos nosotros resplandecer un reflejo sanguíneo.

En efecto, la Redención es el don de la Divina Sangre a la Humanidad, para enriquecerla de méritos que no tenía. Ni los tenía ni podía tenerlos, puesto que la culpa había matado en ella la raíz misma del mérito, la caridad. Era necesario que Cristo, Primogénito entre muchos hermanos (Rom. 8,29), cediese las propias riquezas a éstos, con quienes estaba íntimamente solidarizado en virtud de su naturaleza humana. Tales riquezas no eran otras, sino las que Él se había granjeado con su Sangre. Pues en la Sangre está la vida, y dar la sangre, quiere decir precisamente, dar la vida. Ahora bien; nadie tuvo jamás un amor más grande que quien dio la vida por sus amigos (Jo. 15,13). Todo el origen de nuestros merecimientos está en este don inefable.

miércoles, 10 de julio de 2019

Cosas católicas 31 - La Tentación


¿Cómo actúa la tentación? ¿Cómo vencerla?

La Sangre Preciosa de Cristo (4) Valor de la Sangre de Cristo - Cardenal Piazza


I

LA SANGRE PRECIOSA DE CRISTO
EN EL MISTERIO DE LA REDENCIÓN


VALOR DE LA SANGRE DE CRISTO



Hay que señalar ya en ella una nobleza de origen. En el mensaje de la Anunciación se dijo que el había de nacer: será grande, será llamado el Hijo del Altísimo, y el Señor Dios le dará la silla de David, su Padre (Lc. 1,32). Se trata, pues, de una Sangre Real que destila a través de los siglos hasta llegar a correr por las venas de una Virgen. Jesús es la flor abierta en la plenitud de los siglos sobre la vara de Jesé; es la raíz y la progenie de David, la estrella resplandeciente de la mañana (Apoc. 22,16). Quienquiera que legue a escandalizarse porque Jesús adoptó la naturaleza humana, de un pueblo que después había de clavarlo en la Cruz, no entiende nada del drama mundial del Hijo de Dios, Quien, cual sumo sacerdote, opuso la acción divina de la muerte redentora al crimen de sus crucificadores (Pío XI. Con viva ansia, 1937).

Pero es aún superada esta nobleza de origen por una nobleza superior y divina. Esa Sangre, ofrecida por una Madre que permanece Virgen, recogida y vivificada por el Espíritu santo, fue asumida para estar unida a la Persona del Verbo, viniendo a ser así: la Sangre de Dios. No hay palabra humana que acierte a expresar, ni mente alguna que pueda comprender cuánto valga cada gota y cada átomo de esta Divina Sangre. Su precio es en realidad infinito.

Sólo que, en orden a la Redención, tiene valor únicamente la Sangre derramada. Cuando San Pablo afirmó que, sin derramamiento de sangre, no hay remisión (Heb. 9,22), hizo algo más que recordar la ley levítica; el asentó así un principio hondamente radicado en la conciencia humana., cual es, que: para expiar las culpas nada sirve sino es la sangre. Pero, ¿qué sangre?

martes, 9 de julio de 2019

La devoción de la Preciosísima Sangre de Cristo ¿qué está aprobado y qué está prohibido en la Iglesia Católica?


DEVOCIÓN A LA SANGRE DE CRISTO. JULIO MES DE LA PRECIOSÍSIMA SANGRE DE NUESTRO SEÑOR JESUCRISTO



EL MES DE JULIO ESTÁ DEDICADO A LA PRECIOSÍSIMA SANGRE

Si el mes de junio es dedicado al Sagrado Corazón de Jesús, el mes de julio está dedicado a su Preciosísima Sangre.
La devoción católica a la Preciosa Sangre de Cristo lleva a adorar al Señor Jesús reconociendo, con gratitud y amor, el valor de su sacratísima sangre.

Sobre ella trata la carta apostólica Inde a Primis del papa Juan XXIII sobre el fomento del culto a la Preciosísima Sangre de Nuestro Señor Jesucristo.
La Iglesia instituyó la fiesta litúrgica de la Preciosísima Sangre de Nuestro Señor Jesucristo el día 1 de julio y actualmente invita a seguir la tradición de ensalzar la dignidad de esta sangre en el mes de julio.

LA DEVOCIÓN A LA SANGRE DE CRISTO ES EN EL FONDO UN ACTO DE AMOR Y DE RESPETO AL MISTERIO INSONDABLE DEL AMOR Y DE LA MISERICORDIA DIVINAS
Y la Iglesia conmemora el misterio de la Sangre de Cristo, en muchas celebraciones, como en la Solemnidad del Cuerpo y Sangre de Señor, el Corpus Christi.
El valor y la eficacia redentora de la Sangre de Cristo son objeto de memoria y adoración constante, por ejemplo, en dos momentos claves: 
El Viernes Santo durante la adoración de la cruz.
En la exaltación de la Santa Cruz.

Estas celebraciones enfocan la mirada, la atención y la fe en el misterio del Amor de Dios encarnado, y recuerdan que Cristo, derramando su sangre, ha ofrecido y ofrece su amor, fuente de reconciliación y principio de vida nueva en el Espíritu Santo.
En la Biblia está escrito que hemos sido rescatados con “una sangre preciosa”, la de Cristo (1 Pe 1, 19). San Pablo dice que “para ser libres nos libertó Cristo” (Ga 5, 1), y esta libertad tuvo un precio alto: la vida, la sangre del redentor.
La Sangre de Cristo es el precio que Dios pagó por librar a la humanidad de la esclavitud del pecado y de la muerte eterna. La Sangre de Cristo es la prueba irrefutable del Amor de Dios Trinidad a todo hombre, sin excluir a nadie.



LA VENERACIÓN DE LA SANGRE DE CRISTO HA PASADO DEL CULTO LITÚRGICO A LA PIEDAD POPULAR, EN LA QUE TIENE UN AMPLIO ESPACIO Y NUMEROSAS EXPRESIONES

La Sangre Preciosa de Cristo (3) Los Apóstoles de la Sangre - Cardenal Piazza


I

LA SANGRE PRECIOSA DE CRISTO
EN EL MISTERIO DE LA REDENCIÓN


LOS APÓSTOLES DE LA SANGRE


Fueron los doce. Pero de una manera particular lo han sido los dos más privilegiados del Colegio Apostólico: Pedro y Juan. A éstos se juntó más tarde Pablo, a quien Jesús derribó  en tierra y dejó ciego en la puerta de Damasco, para hacer que, en medio de aquella luminosa ceguera, vislumbrara la escena y el misterio del Calvario. La teología de la Sangre no pudo tener mejores intérpretes, ni maestros de más autoridad.

Pedro, el jefe, no vio a Jesús en su de sangrienta agonía del Huerto con sus ojos soñolientos, pero si lo vio pendiente de la Cruz, aunque fuera de lejos. Por eso pudo llamarse a sí mismo: testigo de los padecimientos de Cristo (1 Petr. 5,1). Mas donde quizá comprendió mejor el misterio, fue cuando, en el patio de la casa del pontífice, miró y vio de refilón aquel semblante triste de Jesús, aún marcado por las manchas del sudor sanguíneo de la noche, al mismo tiempo que comenzó a pensar en su conciencia el delito que acababa de cometer negando a su Maestro tres veces. Le vino a la memoria en aquel momento aquello del Cordero, que tres años antes había escuchado de boca del Bautista: He aquí al Cordero de Dios que  quita los pecados del mundo (Jo. 1,29). Por consiguiente. ¡podría quitarle a él también su pecado!

lunes, 8 de julio de 2019

Historia y funciones de la Congregación para la doctrina de la fe, su importancia para la vida de la Iglesia y la custodia y transmisión de la fe


Congregación para la doctrina de la fe

Para promover y custodiar la fe
Del Santo Oficio a la Congregación para la doctrina de la fe

Índice
Prefacio - Texto - Origen y evolución del Santo Oficio - Las reformas de inicios del siglo XX - La Congregación para la doctrina de la fe - El Dicasterio según la constitución apostólica Pastor bonus - Personal, oficina, procedimientos - El examen de las doctrinas - Normas para los delitos reservados - La Pontificia Comisión Bíblica - La Comisión Teológica Internacional - La Pontificia Comisión Ecclesia Dei


Prefacio

Los pastores de la Iglesia, que tienen la misión de anunciar la palabra de la salvación recibida en la Revelación divina, tienen el deber de custodiar íntegramente el depósito de la fe que les ha sido confiado por Cristo. Para cumplir lo mejor posible esta tarea, a lo largo de la multisecular historia de la Iglesia, los sumos Pontífices se han servido de diferentes instrumentos de acuerdo con las necesidades que se les presentaban. Con el tiempo han surgido distintos Dicasterios, que tenían la finalidad de facilitar el gobierno de la Iglesia: vigilar que la leyes emanadas fueran observadas, favorecer iniciativas para realizar los fines propios de la Iglesia y resolver las controversias que pudiesen surgir de cuando en cuando. En este contexto surge la Congregación para la doctrina de la fe. Una investigación documental renovada de la historia de esta institución nos proporciona hoy una imagen con un tinte más claro que en el pasado, imagen que ha permitido sortear los prejuicios de carácter ideológico y superar muchos lugares comunes a los que estaba asociada. Esta nueva imagen encuentra sus raíces, también, gracias a algunas inestimables iniciativas editoriales que están poniendo a disposición de un amplio público textos poco conocidos fuera del restringido círculo de los encargados del trabajo.

El progreso de los estudios ha sido favorecido por la apertura del archivo histórico de la Congregación para la doctrina de la fe. En aquella ocasión, el 23 de enero de 1998, el entonces Prefecto Card. Joseph Ratzinger, tuvo a bien declarar: “La apertura de nuestro archivo se inspira en la misma tarea confiada por el Santo Padre a nuestra Congregación: «promover y tutelar la doctrina sobre la fe y las costumbres de todo el orbe católico». Estoy seguro de que al abrir nuestro archivo se responderá no solo a las legítimas inspiraciones de los estudiosos, sino también a la firme intención de la Iglesia de servir al hombre ayudándolo a comprenderse a sí mismo leyendo sin prejuicios su propia historia” (Card. Joseph Ratzinger, “La soglia della verità”, en Avvenire, 23 de enero de 1998, p.21).

La Sangre Preciosa de Cristo (2) Las efusiones de la Sangre - Cardenal Piazza


LA SANGRE PRECIOSA

DE CRISTO
Cardenal Adeodato Juan Piazza


I

LA SANGRE PRECIOSA DE CRISTO
EN EL MISTERIO DE LA REDENCIÓN



La Redención humana es al mismo tiempo un hecho y un misterio. El hecho nos lo describe la historia. La fe nos propone el misterio, que la doctrina teológica trata luego de explicar en cuanto es posible.

         Ahora bien; en el hecho, mejor dicho, en la trama de los hechos, encontramos una urdiembre de Sangre. Todo el misterio de nuestra Redención es un misterio de Sangre; de la Sangre precisamente del que es Dios-Hombre. Sin ella, ni se comprende la Redención, ni siquiera hubiera existido en el plano que la Providencia Divina la predeterminó y reveló.

LAS EFUSIONES DE LA SANGRE

domingo, 7 de julio de 2019

La Sangre Preciosa de Cristo (1) Introducción - Cardenal Piazza


LA SANGRE PRECIOSA
DE CRISTO
Cardenal Adeodato Juan Piazza



INTRODUCCIÓN

El himno eucarístico más usado quizá por el pueblo cristiano, y el más familiar también, es el Pange lingua. En este himno se nos invita a cantar el misterio del Cuerpo glorioso y de la Sangre preciosa de Cristo. De esta Sangre –cantamos- que el Rey de las gentes, fruto de unas vísceras generosas, derramó para rescate del mundo: “in mundi pretium” (Oficio del Corpus).

¡El misterio de la Sangre! Santo Tomás de Aquino, el Doctor de la Eucaristía, en la primera estrofa de ese himno con que enriqueció la inspirada Liturgia de la Iglesia, resume como en síntesis los datos del conmovedor misterio. Son: la nobleza de esta Sangre, que mana de la fuente virginal, que es María; el valor inestimable que le da la Persona Divina que la asumió; su derramamiento en ofrenda por la reconquista de la Humanidad perdida; la Realeza universal de Cristo, conquistada con el precio de esa Sangre derramada: Rex effudit Gentium.

Canta, ¡oh lengua!, el misterio de la Sangre. Más, antes de que cante la lengua, es preciso que medite la inteligencia, embriagándose con las sublimidades de este tema, sobre el que se basamenta toda la vida cristiana.

Así, pues, nosotros contemplaremos la SANGRE PRECIOSA DE CRISTO a la luz misteriosa de estos dos cuadros sublimes:
la Redención, y
la Iglesia.

Páginas vistas en total

contador

Flag Counter