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viernes, 14 de junio de 2019

Fragmentos de Verdad Católica (7) - La Iglesia Católica y las religiones no cristianas-Mons. Raffaello Martinelli


LA IGLESIA CATÓLICA
Y LAS RELIGIONES NO-CRISTIANAS


¿Cómo la Iglesia Católica considera a las religiones no-cristianas?
- El Concilio Vaticano ii así expresa y motiva esa visión positiva:
· “La Iglesia católica no rechaza nada de lo que en estas religiones es verdadero y santo. Considera con sincero respeto los modos de obrar y de vivir, los preceptos y doctrinas que, aunque discrepen en varios de los puntos que ella mantiene y propone, sin embargo, no pocas veces reflejan un destello de aquella Verdad que ilumina a todos los hombres” (NA 2).
· Teniendo un sólo origen: Dios, y teniendo también un sólo fin: Dios, las religiones no-cristianas contienen rayos de bondad, “elementos de verdad y de gracia como por una casi secreta presencia de Dios” (AG 9).
· En cuanto expresiones de la revelación de Dios en el cosmos y en la humanidad, estas religiones, en cierto modo, pueden establecer una relación entre Dios y aquellos que la profesan y la viven con un corazón recto y sincero.
· Las religiones no cristianas además testimonian, si bien de modo insuficiente e incompleto, pero siempre verdadero, la presencia y la acción de Dios, o al menos de lo sagrado en el mundo, y sólo Dios sabe cuanto esto es necesario, sobretodo hoy que vivimos en un mundo que tiende cancelar y hacer desaparecer todo signo y gesto de lo divino.
· Estas religiones son también la expresión de la búsqueda que realiza el hombre para encontrar la respuesta a sus interrogantes fundamentales. Como dice el Concilio, los hombres esperan de las diferentes religiones “la respuesta a los enigmas recónditos de la condición humana que, hoy como ayer, conmueven íntimamente sus corazones. ¿Qué es el bien y qué el pecado? ¿Cuál es el origen y el fin del dolor? ¿Cuál es el camino para conseguir la verdadera felicidad? ¿Qué es la muerte, el juicio y la retribución después de la muerte? ¿Cuál es, finalmente, ese misterio último e inefable que abarca nuestra existencia, del que procedemos y hacia el que nos dirigimos?” (NA 1).
· Por lo tanto, la Iglesia católica reconoce que en las tradiciones religiosas no-cristianas existen “cosas verdaderas y buenas” (OT 16), “valiosos elementos religiosos y humanos” (GS 92), “destellos de aquella Verdad que ilumina a todos los hombres” (NA 2).
· También aquellos que actualmente no pertenecen a la Iglesia visible, están objetivamente "orientados" hacia ella, forman parte de esa Iglesia más amplia, conocida sólo por Dios.
- Por eso, estas religiones merecen la atención y la estima de los cristianos, y su patrimonio espiritual es una invitación eficaz al diálogo, no sólo sobre los elementos convergentes sino también sobre aquellos divergentes

 ¿Cuáles son las principales características positivas, comunes a las diferentes religiones?

jueves, 23 de noviembre de 2017

La Dominus Iesus y las religiones - Card. Angelo Amato S.D.B.

La «Dominus Iesus» y las Religiones
Card. Angelo Amato S.D.B.
  
Artículo aparecido originalmente
en la edición italiana de “L’Osservatore Romano” 
en el año 2008.
  
Introducción del año Académico 2007-2008 
del Instituto Teológico de Asís
cuyo título fue “La Dominus Iesus y las Religiones”.
Pronunciada el 23 de Noviembre del 2007 por el entonces
Monseñor Angelo Amato S.D.B.
Arzobispo Secretario de la 
Congregación para la Doctrina de la Fe
hoy Cardenal y Prefecto de la Congregación 
para las Causas de los Santos


  
Introducción

En 1990 el Siervo de Dios Juan Pablo II, en su Encíclica misionera «Redemptoris missio», afirmaba que la misión de Cristo redentor confiada a la Iglesia estaba bastante lejos de su realización y que, más bien, se encontraba todavía en sus inicios.
     
Asimismo, recordando las palabras de San Pablo —«Predicar el Evangelio no es para mí ningún motivo de gloria; es más bien un deber que me incumbe. Y ¡ay de mí si no predicara el Evangelio!» (1 Corintios 9, 16)— había destacado que, en sus numerosos viajes hasta los extremos confines de la tierra, el contacto directo con los pueblos que ignoran a Cristo lo habían siempre convencido de la urgencia de la misión, que pertenece a la identidad profunda de la Iglesia, fundada dinámicamente en la misma misión trinitaria. Finalmente, considerando que la fe se fortalece donándola, consideraba la misión como el primer servicio que la Iglesia podía ofrecer a cada hombre y a la humanidad toda, desde el momento en que el anuncio de la redención obrada por Cristo mediante la cruz había dado de nuevo al hombre la dignidad y el verdadero sentido de su existencia en el mundo.
     
      
La «missio ad gentes»
     
Sin embargo, el Pontífice no podía ocultar «una tendencia negativa», a saber, que la misión específica «ad gentes» parecía en fase de disminución: «Dificultades internas y externas han debilitado el impulso misionero de la Iglesia hacia los no cristianos, lo cual es un hecho que debe preocupar a todos los creyentes en Cristo» («Redemptoris missio», 2).
     
Para hacer frente a esta preocupación, él proponía de nuevo en los primeros capítulos de la encíclica tres sólidos pilares doctrinales: 

1. el anuncio de Jesucristo como único salvador de toda la humanidad, y de su Iglesia como signo e instrumento de salvación; 

2. el cumplimiento y la realización del Reino de Dios en Cristo resucitado; 

3. la presencia del Espíritu de Jesucristo como protagonista de la misión.

miércoles, 22 de noviembre de 2017

Los contenidos eclesiológicos de la Declaración Dominus Iesus - Mons. Fernando Ocáriz Braña

Presentación general de
los contenidos eclesiológicos
de la Declaración Dominus Iesus

Por Mons. Fernando Ocáriz Braña
el Realizada en el año 2000
Siendo entonces consultor de la
Congregación para la Doctrina de la Fe

  
Los capítulos IV, V y VI de la Declaracion DominusIesus abordan las consecuencias eclesiológicas de la doctrina contenida en los capítulos precedentes. Queda afirmada ante todo la existencia de una única Iglesia, en correspondencia a la unicidad y universalidad de la mediación salvífica de Jesucristo (cfr. n. 16). Tal correspondencia está fundada en la voluntad del Señor, que no estableció la Iglesia como una simple comunidad de discípulos, sino también como misterio salvífico. La Iglesia es, efectivamente, la presencia del mismo Cristo que actúa en la Historia la salvación, en los discípulos y a través de los discípulos. Así pues, del mismo modo que hay un solo Cristo, hay una sola Iglesia: una sola Cabeza, un solo Cuerpo.
A continuación la Declaración recoge otra importante enseñanza del Concilio Vaticano II y ofrece su precisa interpretación: la única Iglesia subsiste (subsistit) en la Iglesia católica presidida por el Sucesor de Pedro y por los otros obispos. El Vaticano II quiere decir, con esta afirmación, que la única Iglesia de Jesucristo continúa existiendo a pesar de las divisiones entre los cristianos; y, más precisamente todavía, que sólo en la Iglesia católica subsiste la Iglesia de Cristo en toda su plenitud, mientras que fuera de su estructura visible existen elementos de santificación y de verdad propios de la misma Iglesia (cf. n. 17). Llegados a este punto, el texto de la Dominus Iesus recuerda que, algunas comunidades cristianas no católicas, conservan entre esos elementos de santificación y de verdad, el Episcopado válido y la Eucaristía válida y, por eso, son Iglesias particulares, es decir, porciones del único pueblo de Dios en las cuales está presente y actúa la Iglesia una, santa, católica y apostólica(Concilio Vaticano II, Decreto Christus Dominus, 11), como es el caso de las Iglesias ortodoxas. Así pues, existe una sola Iglesia (que subsiste en la Iglesia católica), y al mismo tiempo existen verdaderas Iglesias particulares no católicas. No se trata de una paradoja: existe una sola Iglesia de la que son porciones todas las Iglesias particulares, aunque en algunas de éstas (las no católicas) no exista la plenitud eclesial, en cuanto que su unión con el todo no es perfecta, por la falta de plena comunión con aquel que, según la voluntad del Señor, es principio y fundamento de la unidad del episcopado y de la Iglesia entera (el Obispo de Roma, Sucesor de Pedro: cf. Lumen gentium, 23).

martes, 21 de noviembre de 2017

Los contenidos cristológicos de la Declaración Dominus Iesus - Card. Ángelo Amato

 Presentación general de
los contenidos cristológicos
de la Declaración Dominus Iesus

Por el Card. Angelo Amato S.D.B.
Realizada en el año 2000
Siendo entonces consultor de la 
Congregación para la Doctrina de la Fe




Tres son sustancialmente, desde un punto de vista cristológico, los contenidos doctrinales que la Declaración DominusIesus trata de confirmar para contrastar interpretaciones erróneas o ambiguas sobre el acontecimiento central de la revelación cristiana, es decir, sobre el significado y sobre el valor universal del misterio de la Encarnación: 1. La plenitud y la definitividad de la Revelación de Jesús (nn. 5-8). 2. La unidad de la economía salvífica del Verbo encarnado y del Espíritu Santo (nn. 9- 12). 3. La unicidad y la universalidad del misterio salvífico de Jesucristo (nn. 13-16).
La reafirmación de la plenitud y de la definitividad de la revelación cristiana es una oposición a la tesis sobre el carácter limitado, incompleto e imperfecto de la revelación de Jesucristo, considerada por tanto complementaria a la que está presente en otras religiones. El fundamento de este aserto erróneo sería el hecho de que la plena y completa verdad sobre Dios no podría ser monopolio de ninguna religión histórica. Ninguna religión, y por consiguiente tampoco el cristianismo, podría expresar adecuadamente todo el entero misterio de Dios. Esta tesis es rechazada como contraria a la fe de la Iglesia. Jesús, en cuanto Verbo del Padre, es el Camino, la Verdad y la Vida (Jn 14, 6). Y es Él quien revela la plenitud del misterio de Dios: A Dios nadie lo ha visto nunca; precisamente el Hijo unigénito que está en el seno del Padre lo ha revelado (Jn 1, 18).
Precisamente, la Declaración pone de relieve que la fuente de la plenitud y de la universalidad de la revelación cristiana es la persona divina del Verbo encarnado: La verdad sobre Dios no queda abolida o reducida porque está dicha con un lenguaje humano; más bien al contrario, sigue siendo única, plena y completa, porque quien habla y actúa es el Hijo de Dios encarnado (n. 6). En consecuencia, la revelación cristiana cumple cualquier otra revelación salvífica de Dios a la Humanidad.

lunes, 20 de noviembre de 2017

Contra la intolerancia de los relativistas - Card. Gerhard Ludwig Müller

A propósito de la indignación
sobre la Declaración Dominus Iesus
de la Congregación para la Doctrina de la Fe

Contra la intolerancia de los relativistas



Artículo publicado en el periódico alemán Die Tagespost el 7 de septiembre de 2000, por Gerhard Ludwig Müller, entonces titular de la cátedra de Dogmática en la Facultad de Teología Católica, de la Universidad Ludwig-Maximilian, de Munich, miembro de la Comisión Teológica Internacional y profesor invitado en la Facultad de Teología San Dámaso, de Madrid

Cuando Esteban, el primer mártir, declaró su adhesión a Jesús el Cristo, sus enemigos se abalanzaron sobre él, lo arrastraron fuera de la ciudad y lo lapidaron. No podían soportar que el camino de salvación de Dios con su pueblo hubiera llegado a su meta en Jesús de Nazaret (Hch 7, 55ss.) Sólo quien permanece en su palabra es verdaderamente su discípulo, conocerá la verdad y la verdad le hará libre (Jn 8, 31s). Pero ¡ay! de quien tome al pie de la letra la palabra de Dios. En la sociedad liberal, en la que se anuncia el discurso libre de poder, se le prohíbe tomar la palabra. La indignación es el medio infalible para poner a los creyentes en la picota de la sociedad mediática.
Ya desde los primeros días de la Iglesia los jefes del sanedrín no querían tolerar de ningún modo la confesión de los apóstoles de Jesús como el único Salvador y Mediador. Con castigos y persecución amenazaron a todo el que repitiera la confesión de la primera Iglesia: En ningún otro nombre se encuentra la salvación. Porque no se nos ha dado a los hombres ningún otro nombre bajo el cielo, por medio del cual seamos salvados (Hch 4, 12).
El ritual ha permanecido el mismo. Con indignación reaccionaron también los sumos sacerdotes del consorcio público de opinión ante la ratificación magisterial de la fe cristiana en Jesús, el único mediador entre Dios y los hombres (1 Tim 2, 5), y la unidad y unicidad de la Iglesia. La Declaración de la Congregación para la Doctrina de la Fe está dirigida contra la llamada teología religiosa pluralista, que no es otra cosa que la destrucción del cristianismo desde sus raíces. Sus representantes afirman que la paz entre las religiones sólo será posible cuando todas se reconozcan como expresión equiparable de una experiencia universal del fundamento divino del mundo. Para dejar libre el camino hasta allí, los cristianos deberían abandonar sólo lo que pertenece a la esencia de su fe: la confesión de la autorrevelación del Dios trinitario, la fe en la encarnación de la Palabra eterna de Dios en Jesús de Nazaret, y, en consecuencia, la unicidad y universalidad de la mediación salvífica de Cristo. Según la comprensión de los pluralistas de la religión, Jesús es el fundador de una expresión específicamente occidental de la inclinación religiosa común a todos los hombres. Con la reducción de Jesús a un genio religioso se quieren matar dos pájaros de un tiro: la revelación de Dios en Jesús ya no es obstáculo ni para el gran ecumenismo, es decir, para la unidad de todos los hombres religiosos en una religión mundial común, ni para el pequeño ecumenismo, la unidad de todos los cristianos.

¿Son los católicos pluralistas moralmente superiores?

domingo, 19 de noviembre de 2017

Valor y autoridad de la Declaración " Dominus Iesus " - Card. Tarsicio Bertone

Intervención del arzobispo
Tarcisio Bertone
En la presentación de la declaración
“Dominus Iesus”
De la Congregación para la Doctrina de la Fe

Valor y autoridad del Documento


El objetivo de esta intervención es comentar brevemente el género literario de la Declaración Dominus Iesus, y proponer en tal contexto algunas precisiones acerca de su valor y su grado de autoridad.
El género literario

Es una Declaración de la Congregación para la Doctrina de la Fe. El término declaración significa que el Documento no enseña doctrinas nuevas, como resultado del desarrollo y de la explicitación de la fe, sino que reafirma y reasume la doctrina de la fe católica definida o enseñada en precedentes documentos del magisterio de la Iglesia, indicando su recta interpretación frente a errores y ambigüedades doctrinales difundidas en el ambiente teológico y eclesial de nuestros días. Como explícitamente se recuerda en la Introducción, el documento no tiene la pretensión de tratar de manera orgánica y sistemática toda la entera problemática relativa a las cuestiones cristológicas y eclesiológicas que expone; por consiguiente, no es un sustitutivo a las tareas de la teología, ni trata de reprimir el esfuerzo de los teólogos por dar repuestas a cuestiones hasta ahora en gran parte inexploradas. Bien al contrario, la Declaración solicita tales exploraciones, pero indicando al mismo tiempo la dirección y los límites infranqueables para no caer en el error, o no perderse; dirección y límites que son establecidos originariamente por la revelación de la verdad de Dios cumplida en Jesucristo y transmitida por la Sagrada Escritura y por la Tradición viva de la Iglesia, auténticamente interpretadas por el magisterio de la Iglesia.
Siendo un documento doctrinal de la Congregación para la Doctrina de la Fe, expresamente aprobada por el Sumo Pontífice, es un documento de naturaleza magisterial universal. Esta peculiaridad deriva del hecho de que la Congregación para la Doctrina de la Fe es el organismo auxiliar próximo al Romano Pontífice, con el mandato único y específico, recibido de él, de promover y tutelar en todo el orbe católico la doctrina sobre fe y costumbres (cf. Constitución Apostólica Pastor Bonus, artículo 48). Por tanto, los documentos de la Congregación para la Doctrina de la Fe participan del magisterio ordinario del Sumo Pontífice (cf. Instrucción Donum veritatis, 18). Conviene recordar que tales documentos de naturaleza doctrinal no son equiparables a actos de naturaleza administrativa o puramente jurisdiccional, sino que son actos de enseñanza magisterial, dada la estrecha y esencial relación que los miembros de la Congregación para la Doctrina de la Fe tienen con el Supremo Titular del oficio petrino, que tiene una responsabilidad única y especialísima en el ámbito de la potestad del Magisterio para la Iglesia universal.

viernes, 17 de noviembre de 2017

La verdad molesta siempre y jamás es cómoda - Card. Joseph Ratzinger

Sobre las principales objeciones
que han surgido contra la Declaración 
Dominus Iesus

La pluralidad de las confesiones
no relativiza las exigencias de la verdad

El cardenal Joseph Ratzinger, Prefecto de la Congregación para la Doctrina de la Fe, ha mantenido en el año 2000 esta larga entrevista con Christian Geyer, del diario alemán Frankfurter Allgemeine Zeitung, titulada Me parece absurdo lo que quieren ahora nuestros amigos luteranos. El cardenal fue invitado por el periódico a responder a las principales objeciones que han sido hechas a la citada



La más reciente Declaración de la Congregación vaticana para la Doctrina de la Fe ha desencadenado una controversia mundial. En el centro de la discusión sobre el Documento «Dominus Iesus» no están menudencias de política eclesial, sino cuestiones sustanciales de la fe cristiana: su pretensión de verdad y la relación entre las Iglesias que se remiten a ella. En Alemania causó agitación especialmente la afirmación de que la Iglesia evangélica (n. del t.: quiere decir las Iglesias nacidas de la Reformano es Iglesia en sentido propio. El Prefecto de la Congregación para la Doctrina de la Fe, el cardenal Joseph Ratzinger, bajo cuya dirección se ha redactado la polémica Declaración, explica detalladamente en este periódico las discrepancias con sus críticos. A la parte evangélica dice que lleva la actual polémica «de modo sencillamente erróneo». Pues reivindicar el concepto de Iglesia del mismo modo para todas las comunidades eclesiales existentes iría ya contra su propia autocomprensión: «De modo que no ofendemos a nadie al decir que las Iglesias evangélicas reales no son Iglesia en el mismo sentido que lo quiere ser la Iglesia Católica; ellos mismos no quieren serlo en absoluto». También a propósito del diálogo interreligioso pone el cardenal un acento provocador, sugiriendo la conversión al cristianismo: la pretensión de la verdad no se relativiza por la pluralidad de las confesiones.

Señor cardenal, ¿dirige usted un departamento en el que existen tendencias a la ideologización y a la infiltración fundamentalista de la fe? Esta crítica está contenida en una comunicación difundida recientemente por la sección alemana de la Sociedad Europea para la Teología Católica.
Debo confesar que declaraciones como ésa a la que usted alude me aburren cada vez más. Conozco de memoria desde hace mucho tiempo ese vocabulario, en el cual nunca faltan los conceptos de fundamentalismo, centralismo romano y absolutismo, vuelta atrás con respecto al Vaticano II. No necesito esperar a las Noticias, yo mismo podría formular tales declaraciones al instante, porque se repiten una y otra vez, independientemente del argumento de que se trate. Me pregunto por qué no se les ocurre realmente a estos señores ya nada nuevo.

¿Piensa usted que las críticas ya son falsas, sólo porque se repiten tan a menudo?
No, sino porque en lo estereotipado de esta crítica echo en falta un análisis diferenciado de los asuntos. Algunos plantean críticas con tanta facilidad porque probablemente consideran todo lo que llega de Roma, inmediatamente, desde un punto de vista político, en la perspectiva del reparto del poder, en lugar de hablar seriamente de los contenidos.

Desde luego, los contenidos son bastante explosivos. ¿Se sorprende verdaderamente de que encuentre tanta oposición un Documento en el que se monopoliza la pretensión de verdad del cristianismo, y en el que a los anglicanos y a los protestantes no les es reconocido el status de Iglesia?

jueves, 16 de noviembre de 2017

La crítica a la pretensión de ser absoluta y definitiva la revelación de Jesucristo reivindicada por la fe cristiana, viene acompañada por un falso concepto de tolerancia - Card. Joseph Ratzinger

PRESENTACIÓN D LA DECLARACIÓN “ DOMINUS IESUS”
POR EL CARD. JOSEPH RATZINGER




Es mi intención limitarme a describir brevemente el contexto y el significado de la Declaración Dominus Iesus, mientras que las intervenciones sucesivas ilustrarán los valores y la autoridad doctrinal del Documento, y sus contenidos específicos, cristológicos y eclesiológicos.


1. En el animado debate contemporáneo sobre la relación del Cristianismo y las otras religiones, se difunde cada vez más la idea que todas las religiones son para sus seguidores vías igualmente validas de salvación. Se trata de una opinión sumamente difundida no sólo en ambientes teológicos, sino también en sectores cada vez más amplios de la opinión pública católica y no católica, especialmente aquella más influenciada por el orientamiento cultural hoy prevalente en Occidente, que se puede definir, sin temor de equivocarnos, con la palabra: relativismo.


La así llamada teología del pluralismo religioso en realidad había sido ya afirmada gradualmente desde finales de los años cincuenta del s. XX, pero solamente hoy ha cobrado una importancia fundamental para la conciencia cristiana. Naturalmente, sus presentaciones son muy diversas y no sería justo querer igualar en un mismo sistema todas las posiciones teológicas que están relacionadas a esta teología del pluralismo religioso. La Declaración por tanto no se propone tampoco describir los trazos esenciales de tales tendencias teológicas ni mucho menos pretende encerrarlas en una única fórmula. Más bien, nuestro documento señala algunos presupuestos de naturaleza filosófica o teológica que están en la base de las diversas teologías del pluralismo religioso actualmente difundidas: la convicción de la inaprensibilidad y la inexpresabilidad completa de la verdad divina; la actitud relativista ante la verdad, por la cual aquello que es verdadero para algunos no lo sería para otros; la contraposición radical entre mentalidad lógica occidental y mentalidad simbólica oriental; el subjetivismo exasperado de quien considera la razón como única fuente de conocimiento; el vaciamiento metafísico del misterio de la Encarnación; el eclecticismo de quien en la reflexión teológica asume categorías derivadas de otros sistemas filosóficos y religiosos, sin reparar ni en su coherencia interna ni en su incompatibilidad con la fe cristiana; la tendencia, en fin, a interpretar textos de la Escritura fuera de la Tradición y del Magisterio de la Iglesia (Cf. Declaración Dominus Iesus, n. 4).

miércoles, 15 de noviembre de 2017

Declaración Dominus Iesus - Congregación para la doctrina de la Fe

CONGREGACIÓN PARA LA DOCTRINA DE LA FE
DECLARACIÓN
DOMINUS IESUS

SOBRE LA UNICIDAD Y LA UNIVERSALIDAD SALVÍFICA
DE JESUCRISTO Y DE LA IGLESIA



I. PLENITUD Y DEFINITIVIDAD DE LA REVELACIÓN DE JESUCRISTO - II. EL LOGOS ENCARNADO Y EL ESPÍRITU SANTO EN LA OBRA DE LA SALVACIÓN - III. UNICIDAD Y UNIVERSALIDAD DEL MISTERIO SALVÍFICO DE JESUCRISTO - IV. UNICIDAD Y UNIDAD DE LA IGLESIA - V. IGLESIA, REINO DE DIOS Y REINO DE CRISTO - VI. LA IGLESIA Y LAS RELIGIONES EN RELACIÓN CON LA SALVACIÓN

INTRODUCCIÓN

1. El Señor Jesús, antes de ascender al cielo, confió a sus discípulos el mandato de anunciar el Evangelio al mundo entero y de bautizar a todas las naciones: « Id al mundo entero y proclamad el Evangelio a toda la creación. El que crea y se bautice, se salvará; el que se resista a creer, será condenado » (Mc 16,15-16); « Me ha sido dado todo poder en el cielo y en la tierra. Id, pues, y haced discípulos a todas las gentes bautizándolas en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo, y enseñándoles a guardar todo lo que os he mandado. Y he aquí que yo estoy con vosotros todos los días hasta el fin del mundo » (Mt 28,18-20; cf. también Lc 24,46-48; Jn 17,18; 20,21; Hch 1,8).
La misión universal de la Iglesia nace del mandato de Jesucristo y se cumple en el curso de los siglos en la proclamación del misterio de Dios, Padre, Hijo y Espíritu Santo, y del misterio de la encarnación del Hijo, como evento de salvación para toda la humanidad. Es éste el contenido fundamental de la profesión de fe cristiana: « Creo en un solo Dios, Padre todopoderoso, Creador de cielo y tierra [...]. Creo en un solo Señor, Jesucristo, Hijo único de Dios, nacido del Padre antes de todos los siglos: Dios de Dios, Luz de Luz, Dios verdadero de Dios verdadero, engendrado, no creado, consustancial con el Padre, por quien todo fue hecho; que por nosotros los hombres y por nuestra salvación bajó del cielo, y por obra del Espíritu Santo se encarnó de María, la Virgen, y se hizo hombre; y por nuestra causa fue crucificado en tiempos de Poncio Pilato: padeció y fue sepultado, y resucitó al tercer día según las Escrituras, y subió al cielo, y está sentado a la derecha del Padre; y de nuevo vendrá con gloria para juzgar a vivos y muertos, y su reino no tendrá fin. Creo en el Espíritu Santo, Señor y dador de vida, que procede del Padre, que con el Padre y el Hijo recibe una misma adoración y gloria, y que habló por los profetas. Creo en la Iglesia, que es una, santa, católica y apostólica. Confieso que hay un solo Bautismo para el perdón de los pecados. Espero la resurrección de los muertos y la vida del mundo futuro ».1

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