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miércoles, 9 de agosto de 2023

Máximas de San Juan Bosco sobre la obediencia

 

OBEDIENCIA

- No digáis nunca: Esto le corresponde a otro y no a mí.

- En vez de hacer obras de penitencia hace días de obediencia.

- Es más grato a Dios tomar una bebida deliciosa por obediencia, que ayunar contra la obediencia.

- En la práctica se encuentran casos en que al parecer sería mejor obrar diversamente de cuanto está establecido y mandado. Sin embargo no es así. Lo mejor es cumplir con la obediencia.

- El medio más fácil y rápido para hacernos santos, es reconocer la voluntad de Dios, en lo que nos mandan los superiores y en verla también en todos los acontecimientos de la vida.

- Proponte seguir la voluntad de Dios suceda lo que suceda, aunque los mundanos desaprueben tal determinación.

- Lo que hacen las abejas por instinto, hacedlo vosotros por obediencia.

jueves, 5 de noviembre de 2020

Meditaciones del tiempo ordinario con textos de Santo Tomás de Aquino 218

 

Jueves de la 31ª semana

EXCELENCIA DE LA CARIDAD

 

         Ahora permanecen estas tres cosas, la fe, la esperanza, y la caridad; mas de éstas, la mayor es la caridad (1 Cor 13, 13).

        

         I. La caridad es la mayor de las virtudes teologales.

        

         La grandeza de una virtud en cuanto a su especie se estima por su objeto; mas como las tres virtudes teologales tienen a Dios por objeto propio, no puede ninguna de ellas decirse mayor que otra porque se refiera a mayor objeto, sino porque una de ellas se aproxime más que otra a su objeto.

 

         Según esto, la caridad es mayor que las otras; porque las otras envuelven en su propia noción cierta distancia del objeto; pues la fe es de cosas que no se, ven; y la esperanza, de lo que aún no se tiene; en tanto que el amor de la caridad es de lo que ya se posee, de modo que el amado está en cierto, modo en el amante, y que además el que ama es, por su afecto, atraído a la unión con el amado, por lo cual dice San Juan: Quien permanece en caridad, en Dios permanece, y Dios en él (1 Jn 4, 16).

(1ª 2ae , q. LXVI, a. VI)

 

         II. La caridad es la forma y raíz de todas las virtudes: Arraigados y cimentados en la caridad (Ef 3, 17).

lunes, 19 de octubre de 2020

Meditaciones del tiempo ordinario con textos de Santo Tomás de Aquino 201

 

Lunes de la 29ª semana

COSAS NECESARIAS PARA ADQUIRIR

Y ACRECENTAR LA CARIDAD

 

La caridad es tan útil que es menester trabajar con todo empeño para adquirirla y acrecentarla. Dos condiciones son especialmente necesarias para adquirirla y otras dos para aumentarla, una vez lograda.

 

I. Para adquirir la caridad es menester, en primer lugar, escuchar diligentemente la palabra divina. Y así como cuando oímos cosas buenas de otro, nos inflamamos en amor hacia él; así, al escuchar la palabra de Dios, nos encendemos en amor de Dios, como dice el Profeta David: Tu palabra es encendida en gran manera, y tú siervo la ha amado (Sal 118, 140). Y aquellos dos discípulos (los de Emaús), ardiendo en amor divino, decían: ¿Por ventura no ardía nuestro corazón dentro de nosotros, cuando en el camino nos hablaba, y nos explicaba las Escrituras? (Lc 24, 32)

 

En segundo lugar, el pensamiento continuo de cosas buenas. Se acaloró mi corazón dentro de mí (Sal 38, 4). Si quieres, pues, conseguir el amor divino medita en cosas buenas. Porque sería demasiado duro de corazón el que meditando en los beneficios divinos, recibidos, en los peligros de que se libró, y en la bienaventuranza prometida por Dios, no se encendiese en el amor divino. Por eso dice San Agustín: "Duro es el corazón del hombre que, aunque no rehusando amar, al menos no quiera responder al amor". En general, así como los malos pensamientos destruyen la caridad, así los buenos la adquieren, la nutren y la conservan.

 

II. Hay también dos condiciones para aumentar la caridad adquirida.

martes, 13 de octubre de 2020

Meditaciones del tiempo ordinario con textos de Santo Tomás de Aquino 195

 

Martes de la 28ª semana

LA VERDADERA Y GRAN VIRTUD

 

I. La virtud verdadera. Se dice que algo es acto de virtud de dos modos:

 

1º) Materialmente, como hacer lo justo es hacer acto de justicia, acto virtuoso que puede existir sin la virtud; pues muchos que no poseen el hábito de justicia obran cosas justas, ya por la razón natural, ya por el temor, ya por la esperanza de alcanzar algo.

 

2º) Formalmente, como es acto de justicia obrar lo justo del modo con que el justo lo hace, es decir, con prontitud y agrado, y en tal concepto el acto de virtud no es sin virtud.

 

Así, pues, puede ocurrir que, al dar limosna materialmente, se haga sin caridad. Por eso decía el Apóstol: Si distribuyere todos mis bienes en dar de comer a pobres... y no tuviere caridad, nada me aprovecha (1 Cor 13, 3). Pero dar limosna formalmente, esto es, por Dios, con agrado y prontamente y en todas las condiciones con que debe hacerse, no es posible sin caridad.

(2ª 2ae , q. XXXII, a. 1)

 

II. La gran virtud.

viernes, 11 de septiembre de 2020

Meditaciones del tiempo ordinario con textos de Santo Tomás de Aquino 163

 

Viernes de la 23ª semana

LAS VIRTUDES CARDINALES

 

I. Son cuatro: prudencia, justicia, fortaleza y templanza.

 

Algunos consideran que las cuatro mencionadas virtudes significan ciertas condiciones generales del ánimo humano, las cuales se hallan en todas las virtudes, y según esto la prudencia no es otra cosa que cierta rectitud de discreción en cualesquiera actos o materias; la justicia, cierta rectitud del ánimo, por la cual el hombre obra lo que debe en cualquier  materia; la templanza, cierta disposición del ánimo que impone moderación a cualesquiera pasiones o acciones, para que no se extralimiten más allá de lo debido; y la fortaleza, cierta disposición del alma por medio de la cual se afirma en lo que está conforme con la razón contra cualesquiera ímpetus de las pasiones o trabajos de las acciones.

 

Pero otros consideran con más acierto estas cuatro virtudes en la medida en que se determinan a materias especiales, referida cada una de ellas, ciertamente, a una sola materia, en la cual se alaba principalmente aquella condición general que da su nombre a la virtud; y, según esto, las virtudes mencionadas son hábitos diversos, según la diversidad de los distintos objetos.

 

II. Dos grados se distinguen en estas virtudes según la diversidad del movimiento y del término; de modo que unas son virtudes de cosas trascendentes y que tienden a la semejanza divina; estas virtudes se llaman purgativas por cuanto el hombre sumergido en las cosas mundanas aspira al descanso de la contemplación. Así, la prudencia desprecia todas las cosas mundanas por la contemplación de las divinas, y dirige todo el pensamiento del alma sólo a las divinas; la templanza abandona, en cuanto la naturaleza lo permite, las cosas que requiere el uso del cuerpo; la fortaleza hace que el alma no se aterre por su apartamiento del cuerpo y acercamiento a las cosas de arriba; y la justicia, en fin, que toda el alma consienta en la senda de tal propósito.

sábado, 5 de septiembre de 2020

Meditaciones del tiempo ordinario con textos de Santo Tomás de Aquino 157

 

Sábado de la 22ª semana

LA JUSTICIA

La justicia - Piero Pollaiolo
 

I. Pertenece a la justicia dar cada uno lo que es debido.

 

Todas las virtudes morales que conciernen las acciones convienen en general con la justicia, porque tienen, de algún modo, razón de deuda. Pero la deuda no tiene la misma razón en todas; porque una cosa se debe al igual, otra al superior, otra al menor; una se debe por razón de un pacto, otra por promesa, otra por un beneficio recibido. Todos estos títulos diversos dan lugar a distintas virtudes; por ejemplo, la religión, por la cual se da a Dios lo que le es debido; la piedad, por la cual se da lo debido a los padres o a la patria; la gratitud, por la cual se paga lo debido a los bienhechores, y así otras. Además está la justicia legal, llamada virtud general, en cuanto ordena todas las virtudes al bien común.

 

Además de la justicia que mira al bien común, existe otra justicia propiamente dicha, que se ordena al bien privado de alguno, para devolver a éste lo suyo.

 

II. La justicia es más eminente que las demás virtudes morales.

 

Si hablamos de la justicia legal, resulta evidente que es la más preclara entre todas las virtudes morales, por cuanto el bien común es más importante que el bien particular de una persona, y según esto dice el Filósofo que "la justicia es la más preclara de las virtudes"1.

 

Pero, aun hablando de la justicia particular, sobresale entre las otras virtudes morales; porque se llama virtud mayor aquélla en que resplandece mayor bien de la razón, y conforme con esto la justicia sobresale como más próxima a la razón.

lunes, 13 de julio de 2020

Meditaciones del tiempo ordinario con textos de Santo Tomás de Aquino 105


Lunes de la 15ª semana

LA FORTALEZA


La virtud de la fortaleza Sandro Botticell

I. El nombre de fortaleza puede considerarse de dos modos:

1º) Según que importe en absoluto cierta firmeza del ánimo, y en este sentido es una virtud general, o más bien, condición de toda virtud; porque para la virtud se requiere obrar firme e inmutablemente. 2º) Según que implique solamente la firmeza necesaria para sobrellevar y repeler las cosas, en que es sumamente difícil tener esta firmeza, es decir, en algunos graves peligros. Por eso dice Cicerón que la fortaleza es considerada aceptación de los peligros y sufrimiento de los trabajos. En este sentido la fortaleza es una virtud especial.

II. La fortaleza se manifiesta ante todo en los peligros de muerte.

Pertenece a la virtud de fortaleza defender la voluntad del hombre para que no le retraiga del bien de la razón por el temor de un mal corporal. Es necesario, sin embargo, mantener firmemente el bien de la razón contra cualquier mal, pues ningún bien corporal equivale al bien de la razón; y por tanto es menester se llame fortaleza del alma la que sostiene firmemente la voluntad del hombre en el bien de la razón contra los más grandes males, porque el que persiste firme contra los males mayores se sostiene, por tanto, fuerte contra los menores, pero no viceversa; y también pertenece a la razón de la virtud atender a lo último. Entre todos los males corporales, la muerte es principalmente el más terrible, porque quita todos los bienes corporales. Por consiguiente, la virtud de la fortaleza es acerca de los peligros de muerte.

Así, pues, la fortaleza consiste en que el hombre no retroceda del bien de la virtud ante los peligros de la muerte, que parecen amenazarle por seguir algún bien, por ejemplo: cuando un juez, o también una persona privada, no se aparta de un juicio justo por temor de la espada que le amenaza, o de cualquier otro peligro, aunque sea mortal; o cuando un hombre, por amor a la virtud, soporta el peligro de cualquier muerte; tal es el caso en que uno no se retrae de prestar sus obsequios al amigo enfermo por temor de un contagio mortal, o en que no rehúsa emprender un viaje en pro de algún negocio piadoso por temor de un naufragio o de ladrones. Porque los mártires sufren ataques personales por el sumo bien, que es Dios, y por eso es recomendada su fortaleza.

viernes, 10 de julio de 2020

Meditaciones del tiempo ordinario con textos de Santo Tomás de Aquino 102


Viernes de la 14ª semana

LA PRUDENCIA

La virtud de la prudencia Sandro Botticelli

I. La sabiduría le es al hombre prudencia (Prov 10, 23).

Es sabio en algún género quien considera la causa suprema en ese mismo género. En el género de los actos humanos la causa suprema es el fin común de toda la vida humana, y a este fin se dirige la prudencia; por lo cual así como el que razona bien por relación a algún fin particular; por ejemplo, a la victoria, se dice ser prudente, no absolutamente, sino en este género, esto es, en asuntos bélicos, así también el que razona bien acerca de todo el bien vivir, se dice ser prudente en absoluto. Luego es evidente que la prudencia es la sabiduría en las cosas humanas.

II. La prudencia no puede existir en los pecadores. La prudencia se entiende de tres maneras. Existe una falsa o llamada así por semejanza, porque siendo prudente el que dispone bien las cosas que deben ejecutarse para un fin bueno, cuando alguien que se propone un fin malo dispone algunas cosas adecuadas para lograr ese fin, se dice que posee una prudencia falsa, pues lo que acepta por fin no es verdaderamente bueno, sino por semejanza, como se dice de alguien que es buen ladrón. En este sentido puede, por semejanza, llamarse prudente el ladrón que emplea medios convenientes para robar.

De esta prudencia dice el Apóstol a los Romanos (8, 6): La prudencia de la carne es muerte, aludiendo a la que constituye el último fin en el deleite carnal.

La segunda prudencia es verdadera porque encuentra los medios adecuados al fin verdaderamente bueno, pero es imperfecta por dos razones: primera, porque el bien que toma por fin no es el fin común de toda la vida humana, sino de algún negocio especial; por ejemplo, cuando uno encuentra los medios acomodados para negociar o para navegar, se dice prudente negociante o navegante; segunda, porque es deficiente en el acto principal de la prudencia, por ejemplo, cuando uno da un buen consejo y juzga bien aun de las cosas que corresponden a toda la vida, pero no da un precepto eficaz.

lunes, 6 de julio de 2020

Meditaciones del tiempo ordinario con textos de Santo Tomás de Aquino 98


Lunes de la 14ª semana

LA ESPERANZA

La virtud de la esperanza Sandro Botticelli

 I. El objeto propio de la esperanza es la bienaventuranza eterna.

La esperanza llega hasta Dios, apoyándose en su auxilio para conseguir el bien esperado. Pero conviene que el efecto sea proporcionado a la causa; por lo tanto, el bien que propia y principalmente debemos esperar de Dios es el bien infinito, proporcionado a la virtud de Dios que nos ayuda: porque es propio de la virtud infinita producir hasta un bien infinito. Mas este bien es la vida eterna que consiste en el goce del mismo Dios; pues lo que debemos esperar de Él no es menos que Él mismo, ya que no es menor su bondad, por la que comunica los bienes a la criatura, que su esencia.

II. La esperanza es una virtud teológica distinta de las demás virtudes teologales. Una virtud se dice teologal porque tiene por objeto a Dios al cual se adhiere. De dos maneras puede uno adherirse a otro: o por sí mismo, o porque por él se llega a otro. La caridad, pues, hace que el hombre se una a Dios por causa de sí mismo, uniendo su espíritu a Dios por el afecto de amor.

Mas la esperanza y la fe hacen que el hombre se una a Dios como a cierto principio, del cual nos llegan algunas cosas. De Dios nos viene el conocimiento de la verdad y el logro de la bondad perfecta. Luego la fe hace que el hombre se adhiera a Dios, en cuanto es para nosotros el principio de conocer la verdad, pues creemos que son verdaderas las cosas que Dios nos dice. Mas la esperanza hace que nos adhiramos a Dios, como que es en nosotros el principio de la bondad perfecta, ya que por la esperanza nos apoyamos en el auxilio divino para obtener la bienaventuranza.

martes, 30 de junio de 2020

Meditaciones del tiempo ordinario con textos de Santo Tomás de Aquino 92


Martes de la 13ª semana

LA PERSEVERANCIA



El que perseverare hasta el fin, éste se salvará (Mt 24, 13).

1º) La perseverancia es virtud. Porque la virtud tiene por objeto lo difícil y lo bueno; y por lo tanto, donde ocurre una razón especial de dificultad y de bien, allí hay virtud especial.

Una acción virtuosa puede tener bondad y dificultad por dos motivos: o por la misma especie del acto, o por la larga duración del tiempo. Pues el hecho mismo de insistir mucho tiempo en algo difícil tiene una dificultad especial, y por lo tanto, el persistir mucho tiempo en algún bien hasta terminarla pertenece a una virtud especial. Luego, así como la templanza y la fortaleza son virtudes especiales porque la primera modera los deleites del tacto, lo cual ofrece en sí dificultad, y la fortaleza modera los temores y audacias acerca de los peligros de muerte, lo cual también es difícil, así también la perseverancia es una virtud especial, pues le corresponde persistir largo tiempo en tales o cuales acciones virtuosas, según lo que sea menester.

La perseverancia y la constancia se diferencian según la dificultad que se ofrezca para persistir en el bien; pues la virtud de la perseverancia hace que el hombre persista firmemente en el bien contra la dificultad que proviene de la misma larga duración del acto; mientras que la constancia hace que persista firmemente en el bien en contra de la dificultad que proviene de cualesquiera otros obstáculos exteriores.
(2ª 2ae , q, CXXXVII, a. 1, 3)

2º) El hombre en estado de gracia necesita del auxilio de la gracia para perseverar. La perseverancia tiene tres distintas acepciones. Unas veces significa el hábito del alma, por el que el hombre se mantiene firme para no separarse de lo que está de acuerdo con la virtud por las tristezas que le asedian. De otro modo puede decirse que la perseverancia es cierto hábito según el cual el hombre tiene el propósito de perseverar en el bien hasta el fin. En uno y otro concepto, la perseverancia se infunde juntamente con la gracia, como también la continencia y las demás virtudes.

lunes, 22 de junio de 2020

Meditaciones del tiempo ordinario con textos de Santo Tomás de Aquino 84


Lunes de la duodécima semana


¿ES LA MISERICORDIA LA MAYOR DE LAS VIRTUDES?



I. Una virtud puede ser la mayor de todas en dos conceptos: 1º, en sí misma, y 2º, por comparación con el que la tiene. En sí misma, la misericordia es la mayor, porque a ella corresponde difundirse a los demás y, lo que es más, sobrellevar sus defectos, lo cual es propio de una virtud superior; y así la misericordia es propia de Dios, y por ella, sobre todo, se dice que manifiesta su omnipotencia. Pero respecto del que tiene misericordia no es la mayor, a no ser que quien la posee sea el Ser Supremo, que no tiene superior a sí, sino que todos le están sometidos; pues para el que tiene alguno sobre sí, mayor y mejor cosa es el unirse al superior que tolerar el defecto del inferior. Y por eso, en cuanto al hombre, que tiene a Dios como superior, la caridad por la cual se une a Dios es mejor que la misericordia, por la cual tolera los defectos de sus prójimos. Pero entre todas las virtudes que se refieren al prójimo, la misericordia es la más excelente, como también lo es su acto; puesto que tolerar el defecto de otro en cuanto tal, es propio del superior y del mejor.

Ciertamente es preferida la misericordia al culto divino, según aquello de Oseas: Misericordia quiero, y no sacrificio (6, 6), porque no damos culto a Dios por sacrificios exteriores, u ofrendas, a causa de él mismo, sino para utilidad nuestra y de los prójimos: porque él no necesita de nuestros sacrificios, sino que quiere se los ofrezcamos para excitar nuestra devoción y para provecho del prójimo. Por consiguiente, la misericordia con que socorremos las necesidades de otros es el sacrificio más grato a él, ya que de manera más inmediata nos induce al servicio y utilidad de nuestros prójimos, como se dice en la Epístola a los Hebreos: No olvidéis hacer el bien y comunicar con otros vuestros bienes; porque de tales ofrendas se agrada Dios (13, 16).

jueves, 14 de mayo de 2020

Meditaciones del tiempo pascual con textos de Santo Tomás de Aquino 33


Jueves de la quinta semana de Pascua

MÁS PRINCIPALMENTE MERECEMOS POR LA CARIDAD
QUE POR LAS OTRAS VIRTUDES


Si alguno me ama, será amado de mi Padre, y yo le amare, y me manifestaré a él (Jn 14, 21). Es así que la vida eterna consiste en la visión manifiesta de Dios, según aquello: Ésta es la vida eterna: Que te conozcan a ti solo Dios verdadero (Jn 17, 3). Luego el mérito de la vida eterna reside principalmente en la caridad.

1. El acto humano merece por dos razones: 1º, por razón de la ordenación divina, según la cual se dice ser el acto meritorio de aquel bien, al cual el hombre es ordenado por Dios; 2º, por parte del libre albedrío, según el cual el hombre tiene sobre las demás criaturas la preferencia de obrar por sí mismo y voluntariamente. En ambos conceptos lo principal del mérito consiste en la caridad; porque debe considerarse que la vida eterna consiste en el goce de Dios, y el movimiento del alma humana hacia la fruición del bien divino es el acto propio de la caridad, por el que todos los actos de las otras virtudes se enderezan a ese fin, ya que las demás virtudes son regidas por la caridad. Por consiguiente el mérito de la vida eterna corresponde primariamente a la caridad, y secundariamente a las demás virtudes, puesto que los actos de éstas son regidos por la caridad.

viernes, 8 de mayo de 2020

Meditaciones del tiempo pascual con textos de Santo Tomás de Aquino 27


Viernes de la cuarta semana de Pascua

EL DON DE LA PIEDAD


Toda la materia moral se divide en tres partes: las cosas deleitables, que sigue el amor carnal; las cosas difíciles, de las que huye; y las comunicables que se refieren a otro, las cuales más bien consisten en acción que en pasión.

En cada una de ellas interviene la dirección de las virtudes y de los dones, pero de manera diferente. Porque la virtud dirige tornando como regla algo humano, mas el don toma lo divino como regla.

En los deleites, la virtud se inspira en la dignidad humana, que nosotros envilecemos por los deleites temporales. Mas el don se inspira en la dignidad divina a la que nosotros tememos ofender por esos bienes terrenos; lo cual pertenece al temor. Y lo mismo hay que decir del don de fortaleza, y de las virtudes que tienen por fin soportar las dificultades o combatirlas.

jueves, 7 de noviembre de 2019

La Iglesia tiene el deber de asumir un papel sustitutivo para compensar el colapso de sectores enteros de la sociedad civil y de las autoridades públicas. Card. Robert Sarah


La importancia de la educación 
en la misión de la Iglesia hoy

Cardenal Robert Sarah
Conferencia en la presentación del 
Congreso de Católicos y vida pública

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La educación está en el corazón de la misión de la Iglesia - Los desafíos antropológicos de la crisis actual de la educación - Educación en las virtudes intelectuales y morales: subjetivación adecuada



Eminencias, Excelencias, queridos hermanos sacerdotes, diáconos, religiosos y religiosas, queridos hermanos y hermanas en Cristo:

Siento una gran alegría por estar presente en esta prestigiosa Universidad San Pablo-CEU de Madrid para participar en el XXI Congreso de Católicos y Vida Pública, al que han tenido la bondad de invitarme para hablarles de «la importancia de la educación en la misión de la Iglesia hoy». Querría expresar mi más profunda gratitud al Excelentísimo señor don Alfonso Bullón de Mendoza, presidente de la Asociación Católica de Propagandistas y de la Fundación Universitaria San Pablo CEU, así como a don Rafael Sánchez Saus, Director de este Congreso, y a sus colaboradores, en particular a don José Francisco Serrano Oceja, por su acogida tan calurosa y delicada.

Es también una gran alegría para mí saludar, muy particularmente, a sus Eminencias los señores cardenales Carlos Osoro Sierra, arzobispo de Madrid; Antonio Cañizares Llovera, arzobispo de Valencia, y Antonio María Rouco Varela, arzobispo emérito de Madrid, así como a los rectores de las distintas universidades católicas, por su presencia y su buena disposición, tan cordiales.

También querría saludar y agradecer muy cordialmente a los sacerdotes, religiosos, y a todos ustedes, hermanos y hermanas, que han venido a honrarme con su presencia y con su amistad, participando en este encuentro.

La Iglesia es Mater, pero también es Magistra. Esto es una forma de comprender uno de sus aspectos esenciales. Pío XI llega a afirmar que «todo este conjunto de tesoros educativos de infinito valor pertenece de una manera tan íntima a la Iglesia, que viene como a identificarse con su propia naturaleza, por ser la Iglesia el Cuerpo místico de Cristo, la Esposa inmaculada de Cristo y, por lo tanto, Madre fecundísima y educadora soberana y perfecta. También el grande y genial san Agustín, de quien pronto celebraremos el decimoquinto centenario de su muerte, pronunció, llevado por un santo amor a tal madre, con estas palabras: “¡Oh Iglesia católica, Madre verdadera de los cristianos! Con razón predicas no solo que hay que honrar pura y castamente a Dios, cuya posesión es vida dichosa, sino que también abrazas el amor y la caridad del prójimo, de tal manera que en ti hallamos todas las medicinas eficaces para los muchos males que por causa de los pecados aquejan a las almas. Tú adviertes y enseñas puerilmente a los niños, fuertemente a los jóvenes, delicadamente a los ancianos, conforme a la edad de cada uno, en su cuerpo y en su espíritu… Tú con una libre servidumbre sometes a los hijos a sus padres y pones a los padres delante de los hijos con un piadoso dominio. Tú, con el vínculo de la religión, más fuerte y más estrecho que el de la sangre, unes a hermanos con hermanos… Tú, no solo con el vínculo de la sociedad, sino también con el de una cierta fraternidad, ligas a ciudadanos con ciudadanos, a naciones con naciones; en una palabra, unes a todos los hombres con el recuerdo de los primeros padres. Enseñas a los reyes a mirar por los pueblos y amonestas a los pueblos para que obedezcan a los reyes Enseñas diligentemente a quién se debe honor, a quién afecto, a quién reverencia, a quién temor, a quién consuelo, a quién aviso, a quién exhortación, a quién corrección, a quién represión, a quién castigo, mostrando cómo no todo se debe a todos, pero sí a todos la caridad y a ninguno la ofensa”» [1]. Toda madre es educadora, pero no toda educadora es madre. Por tanto, la Iglesia debe ejercer su misión educadora según una modalidad maternal.

domingo, 2 de junio de 2019

Por obra del Espíritu Santo 3 - El Espíritu Santo en los cristianos - Pbro. Jose Maria Iraburu


Jose Maria Iraburu.
Por obra del Espíritu Santo.
3
El Espíritu Santo en los cristianos

 1. La inhabitación. -La Trinidad divina en los cristiano. -La inhabitación en la Tradición cristiana. -Síntesis teológica. -Eucaristía e inhabitación. -Espiritualidad de la inhabitación.

2. Gracia, virtudes y dones. -Antropología sobrenatural. -La gracia en la Biblia. -La gracia santificante. -Hijos de Dios y coherederos con Cristo. -Naturaleza de la gracia. -Las gracias actuales. -Las virtudes y los dones del Espíritu Santo. -Necesidad de las virtudes y dones. -Virtudes. -Virtudes teologales. -Virtudes morales.
3. Los dones del Espíritu Santo. -Dones del Espíritu Santo. -Virtudes, al modo humano y dones, al modo divino. -Actividad ascética y pasividad mística. -Los dones del Espíritu Santo y la perfección. -Perfección relativa de las virtudes y de los dones. -Coinciden los teólogos y los místicos. -A remo o a vela. -Los dones son activados por el Espíritu Santo desde el principio. -Historia teológica y actualidad de los dones del Espíritu Santo.



1
La inhabitación
La Trinidad divina en los cristianos
El Espíritu Santo habita en la Iglesia, como cuerpo que es de Cristo, haciendo de ella el templo de Dios entre los hombres (1Cor 3,10-17; Ef 2,20-21). Pero también habita en cada uno de los cristianos. Cada uno de ellos es personalmente «templo del Espíritu Santo» (1Cor 6,15.19; 12,27). Y ambos aspectos de la inhabitación, el comunitario y el personal, van necesariamente unidos. No se puede ser cristiano sino en cuanto piedra viva del Templo de la Iglesia.
El Espíritu Santo es así el principio vital de una nueva humanidad. En efecto, Jesucristo, «el Señor es Espíritu» (2 Cor 3,17), y unido al Padre y al Espíritu Santo es para los hombres «Espíritu vivificante» (1 Cor 15,45). Él habita en nosotros, y nosotros nos vamos configurando a su imagen «a medida que obra en nosotros el Espíritu del Señor» (3,18; +Gál 4,6). Por tanto, todas las dimensiones de la vida cristiana han de ser atribuidas a la acción del Espíritu Santo que procede del Padre y del Hijo. En San Pablo se afirma todo esto con especial claridad:
-Es el Espíritu Santo el que nos hace hijos en el Hijo, es decir, Él es quien produce en nosotros la adopción filial divina (Rm 8,14-17).
-Es el Espíritu Santo, el Espíritu de Jesús, el que nos mueve internamente a toda obra buena (Rm 8,14; 1 Cor 12,6).
-Es el Espíritu Santo -el agua, el fuego- quien nos purifica del pecado (Tit 3,5-7; +Mt 3,11; Jn 3,5-9).
-Es él quien enciende en nosotros la lucidez de la fe (1 Cor 2,10-16). «Nadie puede decir "Jesús es el Señor" sino en el Espíritu Santo» (12,3).
-El levanta nuestros corazones a la esperanza (Rm 15,13).
-Si nosotros podemos amar al Padre y a los hombres como Cristo los amó, eso es porque «la caridad de Dios se ha derramado en nuestros corazones por la fuerza del Espíritu Santo que nos ha sido dado» (Rm 5,5).
-El Espíritu Santo es quien llena de gozo y alegría nuestras almas (Rm 14,17; Gál 5,22; 1 Tes 1,6).
-El nos da fuerza apostólica para testimoniar a Cristo y fecundidad espiritual, pues la evangelización «no es sólo en palabras, sino en poder y en el Espíritu Santo» (1,5; +Hch 1,8).
-El nos concede ser libres del mundo que nos rodea (2Cor 3,17).
-El hace posible en nosotros la oración, pues viene en ayuda de nuestra total impotencia y ora en nosotros con palabras inefables (Rm 8,15. 26-27; Ef 5,18-19).
En suma, según San Pablo, toda la «espiritualidad» cristiana es la vida sobrenatural que el Espíritu produce en los hombres. Y por eso afirma: «vosotros no vivís según la carne, sino según el Espíritu, si es que de verdad el Espíritu de Dios habita en vosotros» (Rm 8,9; +10-16; Gál 5,25; 6,8).
Y lo mismo enseña el apóstol San Juan. El que ama a Jesús y guarda sus mandatos «permanece en Dios y Dios en él» (1Jn 3,24). El sarmiento que «permanece» en la Vid, recibe de ésta espíritu, vida, fruto (Jn 15,4-8). Si alguno ama a Cristo, será amado por el Padre, y las Personas divinas habitarán en él (14,23). El que se alimenta de Cristo, es internamente vivificado por él (6,56-57).
Toda la vida cristiana, por tanto, fluye de la inhabitación de Dios en el hombre.
La inhabitación en la Tradición cristiana

miércoles, 29 de mayo de 2019

Gula - Templanza - Temor de Dios - 7x7 Mons. Munilla 7/7

Gula - Templanza - Temor de Dios Mons. Munilla 7/7
en la Basílica de San Pedro


Mons. Munilla realizó ante los jóvenes de la Diócesis de San Sebastián que peregrinaron a finales de julio de 2018 a Roma, la catequesis de los 7 pecados capitales - 7 virtudes contrarias - 7 dones del Espíritu Santo, iniciada por San Felipe Neri en 1540. En cada una de las 7 iglesias romanas se explica un pecado capital, con su respectiva virtud contraria, y don del Espíritu Santo relacionado.

Acedia - Fervor - Fortaleza - 7x7 Mons. Munilla 6/7

Acedia Fervor Fortaleza Mons. Munilla
en la Iglesia de la Santa Cruz en Jerusalem


Mons. Munilla realizó ante los jóvenes de la Diócesis de San Sebastián que peregrinaron a finales de julio de 2018 a Roma, la catequesis de los 7 pecados capitales - 7 virtudes contrarias - 7 dones del Espíritu Santo, iniciada por San Felipe Neri en 1540. En cada una de las 7 iglesias romanas se explica un pecado capital, con su respectiva virtud contraria, y don del Espíritu Santo relacionado.

martes, 28 de mayo de 2019

Soberbia - Humildad - Sabiduria - 7x7 Mons. Munilla 5/7

Soberbia - Humildad - Sabiduria Mons. Munilla 5/7
en Santa Maria la Mayor


Mons. Munilla realizó ante los jóvenes de la Diócesis de San Sebastián que peregrinaron a finales de julio de 2018 a Roma, la catequesis de los 7 pecados capitales - 7 virtudes contrarias - 7 dones del Espíritu Santo, iniciada por San Felipe Neri en 1540. En cada una de las 7 iglesias romanas se explica un pecado capital, con su respectiva virtud contraria, y don del Espíritu Santo relacionado.

Avaricia - Generosidad - Consejo - 7x7 Mons. Munilla 4/7

Avaricia - Generosidad - Consejo Mons. Munilla 4/7
en San Juan de Letrán


Mons. Munilla realizó ante los jóvenes de la Diócesis de San Sebastián que peregrinaron a finales de julio de 2018 a Roma, la catequesis de los 7 pecados capitales - 7 virtudes contrarias - 7 dones del Espíritu Santo, iniciada por San Felipe Neri en 1540. En cada una de las 7 iglesias romanas se explica un pecado capital, con su respectiva virtud contraria, y don del Espíritu Santo relacionado.

lunes, 27 de mayo de 2019

Envidia - Caridad Fraterna - Entendimiento - 7x7 Mons. Munilla 3/7

Envidia - Caridad Fraterna - Entendimiento Mons. Munilla 3/7

en la Basílica de San Lorenzo extramuros


Mons. Munilla realizó ante los jóvenes de la Diócesis de San Sebastián que peregrinaron a finales de julio de 2018 a Roma, la catequesis de los 7 pecados capitales - 7 virtudes contrarias - 7 dones del Espíritu Santo, iniciada por San Felipe Neri en 1540. En cada una de las 7 iglesias romanas se explica un pecado capital, con su respectiva virtud contraria, y don del Espíritu Santo relacionado.

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