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miércoles, 7 de octubre de 2020

Las invocaciones "Mater misericordiae", "Mater spei" y "Solacium migrantium" se incluirán en las letanías lauretanas - Congregación para el Culto Divino

 

Carta del Prefecto de la Congregación para el Culto Divino y la Disciplina de los Sacramentos a los presidentes de las Conferencias Episcopales sobre las invocaciones "Mater misericordiae", "Mater spei" y "Solacium migrantium" que se incluirán en las letanías lauretanas.

 20.06.2020

 

CARTA A LOS PRESIDENTES DE LAS CONFERENCIAS EPISCOPALES

SOBRE LAS INVOCACIONES "MATER MISERICORDIAE", "MATER SPEI", Y "SOLACIUM MIGRANTIUM"...

PARA SU INCLUSIÓN EN LAS LETANÍAS LAURETANAS

 

Desde el Vaticano, 20 de junio de 2020

Memoria del Inmaculado Corazón de la Bienaventurada Virgen María

Eminencia,

Excelencia,

    Peregrina hacia la Santa Jerusalén del cielo, para gozar de la inseparable comunión con Cristo, su Esposo y Salvador, la Iglesia recorre los caminos de la historia encomendándose a Aquella que creyó en la palabra del Señor. Sabemos por el Evangelio que los discípulos de Jesús aprendieron, desde el principio, a alabar a la "bendita entre las mujeres" y a contar con su intercesión maternal. Son innumerables los títulos e invocaciones que la piedad cristiana, a lo largo de los siglos, ha dedicado a la Virgen María, camino privilegiado y seguro para el encuentro con Cristo. También en el tiempo presente, atravesado por motivos de incertidumbre y desconcierto, el recurso devoto a ella, lleno de afecto y confianza, es particularmente sentido por el pueblo de Dios.

    Como intérprete de este sentimiento, el Sumo Pontífice FRANCISCO, acogiendo los deseos expresados, ha dispuesto que en el formulario de las letanías de la Bienaventurada Virgen María, llamadas "Lauretanas", se inserten las invocaciones "Mater misericordiae", "Mater spei" y "Solacium migrantium".

    La primera invocación se colocará después de "Mater Ecclesiae", la segunda después de "Mater divinae gratiae", la tercera después de "Refugium peccatorum".

sábado, 12 de septiembre de 2020

¡Volvemos con alegría a la Eucaristía! - Card. Robert Sarah

 

¡Volvemos con alegría a la Eucaristía!

Carta a los presidentes de las

Conferencias Episcopales de la Iglesia Católica

sobre la celebración de la liturgia

durante y después de la pandemia del COVID 19

 

         La pandemia debida al virus Covid 19 ha producido alteraciones no solo en las dinámicas sociales, familiares, económicas, formativas  y laborales, sino también en la vida de la comunidad cristiana, incluida la dimensión litúrgica. Para impedir el contagio del virus ha sido necesario un rígido distanciamiento social, que ha tenido repercusión sobre un aspecto fundamental de la vida cristiana: “Donde dos o tres están reunidos en mi nombre, allí estoy yo en medio de ellos” (Mt. 18,20); “Perseveraban en la enseñanza de los apóstoles, en la comunión, en la fracción del pan y en las oraciones. Los creyentes vivían todos unidos y tenían un todo en común” (Hch. 2,42.44)

         La dimensión comunitaria tiene un significado teológico: Dios es relación de Personas en la Trinidad Santísima; crea al hombre en la complementariedad relacional entre hombre y mujer porque “no es bueno que el hombre este solo” (Gén. 2,18), se relaciona con el hombre y la mujer y los llama, a su vez, a la relación con Él: como bien intuyó San Agustín, nuestro corazón está inquiero hasta que encuentra a Dios y descansa e Él (cf. Confesiones, 1,1). El Señor Jesús inició su ministerio público llamando a un grupo de discípulos para que compartieran con Él la vida y el anuncio del Reino; de este pequeño rebaño nace la Iglesia. Para describir la vida eterna, la Escritura usa la imagen de una ciudad; la Jerusalén del cielo (cf. Ap. 21); una ciudad es una comunidad de personas que comparten valores, realidades humanas y espirituales fundamentales, lugares, tiempos y actividades organizadas, que concurren en la construcción del bien común. Mientras los paganos construían templos dedicados a la divinidad, a los que las personas no tenían acceso, los cristianos, apenas gozaron de la libertad de culto, rápidamente edificaron lugares que fueran domus Dei, el Domus eclesiae, donde los fieles pudieran reconocerse como comunidad de Dios, pueblo convocado para el culto y constituido en asamblea santa. Por eso, Dios puede proclamar: “Yo seré vuestro Dios y tú serás mi pueblo” (cf. Éx. 6,7; Dt. 14,2). El Señor se mantiene fiel a su Alianza (cf. Dt7,9) e Israel se convierte, por tanto, en Morada de Dios, lugar santo de su presencia en el mundo (cf. Éx 29,45; Lev. 26,11-12). Por eso, la casa del Señor supone la presencia de familia de los hijos de Dios:

viernes, 12 de junio de 2020

La Iglesia Católica está llamada a volver a su responsabilidad primera - Card. Robert Sarah


La epidemia de Covid-19 devuelve a la Iglesia a su responsabilidad primera: la fe.

¿Tiene la Iglesia aún un lugar en tiempos de epidemia en el siglo XXI? A diferencia de los siglos pasados, la mayor parte de la atención médica la proporciona ahora el Estado y el personal sanitario. La modernidad tiene sus héroes seculares en batas blancas y son admirables. Ya no necesita de los batallones caritativos de cristianos dispuestos a cuidar de los enfermos y enterrar a los muertos. ¿Se ha vuelto inútil la Iglesia para la sociedad?

El Covid-19 devuelve a los cristianos a lo esencial. En efecto, desde hace mucho tiempo, la Iglesia ha entrado en una relación falseada con el mundo. Confrontados con una sociedad que pretende no necesitar de ellos, los cristianos, por pedagogía, se han esforzado en demostrar que pueden serle útiles. La Iglesia se ha mostrado como educadora, madre de los pobres, «experta en humanidad» como dijo Pablo VI. Y tenía buenas razones para hacerlo así. Pero poco a poco los cristianos han acabado por olvidar la razón de estos rasgos. Han acabado por olvidar que si la Iglesia puede ayudar al hombre a ser más humano, es en última instancia porque ha recibido de Dios palabras de la vida eterna.

La Iglesia está comprometida con las luchas por un mundo mejor. Ha apoyado con razón la ecología, la paz, el diálogo, la solidaridad y la distribución equitativa de la riqueza. Todos estos combates son justos. Pero podrían hacernos olvidar las palabras de Jesús: «Mi reino no es de este mundo». La Iglesia tiene mensajes para este mundo, pero sólo porque tiene las llaves del otro mundo. Los cristianos han pensado a veces en la Iglesia como una ayuda dada por Dios a la humanidad para mejorar su vida aquí abajo. Y no les faltan argumentos porque realmente la fe en la vida eterna ilumina la forma justa de vivir en el mundo.

jueves, 21 de mayo de 2020

Una sociedad que pierde el sentido de lo sagrado corre el riesgo de regresar a la barbarie. El sentido de grandeza de Dios es el corazón de toda civilización. Card. Robert Sarah


Artículo del Card. Robert Sarah


publicado en Il Foglio

El 7 de mayo de 2020



En muchos países, la práctica del culto cristiano se interrumpió por la pandemia de Covid-19. Los fieles no pueden reunirse en las iglesias, no pueden participar sacramentalmente en el sacrificio eucarístico.

Esta situación es fuente de gran sufrimiento. También es una oportunidad que Dios ofrece para comprender mejor la necesidad y el valor del culto litúrgico. Como cardenal prefecto de la congregación para el Culto divino y la disciplina de los sacramentos, pero sobre todo en comunión profunda en el humilde servicio de Dios y de su Iglesia, deseo ofrecer esta meditación a mis hermanos en el episcopado y en el sacerdocio y al pueblo de Dios para tratar de aprender algunas lecciones de esta situación.

A veces se ha dicho que debido a la epidemia y al confinamiento ordenado por las autoridades civiles, se suspendió el culto público. Esto es incorrecto. El culto público es el culto hecho a Dios por todo el cuerpo místico, la cabeza y los miembros, como lo recuerda el Concilio Vaticano II: “Efectivamente para realizar una obra tan grande, por la que Dios es perfectamente glorificado y los hombres son santificados, Cristo asocia siempre consigo a su amadísima esposa la Iglesia, que invoca a su Señor y Él tributa culto al Padre eterno. Con razón, pues, se considera la liturgia como el ejercicio del sacerdocio de Jesucristo. En ella los signos sensibles significan y cada uno a su manera realizan la santificación del hombre, y así el Cuerpo místico de Jesucristo, es decir, la Cabeza y sus miembros, ejerce el culto público íntegro. En consecuencia, toda celebración litúrgica, por ser obra de Cristo sacerdote y de su Cuerpo, que es la Iglesia, es acción sagrada por excelencia, cuya eficacia, con el mismo título y en el mismo grado, no la iguala ninguna otra acción de la Iglesia” (Sacrosanctum Concilium 7). “Este culto se tributa cuando se ofrece en nombre de la Iglesia por las personas legítimamente designadas y mediante aquellos actos aprobados por la autoridad de la Iglesia” (Código de Derecho Canónico, c 834).

Por lo tanto, cada vez que un sacerdote celebra la misa o la liturgia de las horas, incluso si está solo, ofrece el culto público y oficial de la Iglesia en unión con su Cabeza, Cristo y en nombre de todo el Cuerpo. Para empezar, es necesario recordar esta verdad. [Ello] Nos permitirá disipar mejor algunos errores.

jueves, 7 de mayo de 2020

Aclaración del Card. Sarah sobre la petición “Por la Iglesia y por el mundo”



En su Cuenta de twitter: https://twitter.com/Card_R_Sarah el Cardenal Sarah acalara que no firmó la petición “Por la Iglesia y por el mundo”

Afirmó:

“Un cardenal prefecto de la Curia romana debe observar una cierta reserva en asuntos políticos. No tiene que firmar peticiones en esta área. Así que explícitamente pedí esta mañana a los autores de la petición llamada “Por la Iglesia y por el mundo” que no me mencionaran”.

“Puedo compartir a título personal algunas de las preguntas o inquietudes planteadas con respecto a las restricciones a las libertades fundamentales, pero no he firmado esta petición”

lunes, 4 de mayo de 2020

"Nadie puede impedir a un sacerdote confesar y dar la Comunión, nadie puede evitarlo" - "El corazón del problema es la crisis de fe de los sacerdotes" Card. Robert Sarah


Entrevista Telefónica al
Cardenal Robert Sarah
Publicada en la Brújula Cotidiana


En estos días también en Italia se ha hablado de una solución ya adoptada por alguien en Alemania, el «embolsamiento» (meter en bolsitas para autoservicio) del Cuerpo de Cristo: «Para consentir que los católicos italianos vuelvan a hacerla, pero evitando la contaminación —se lee en el periódico La Stampa– se está pensando en una comunión «hágalo usted mismo» con hostias «para llevar», previamente consagradas por el sacerdote, cerradas individualmente en bolsas de plástico que se colocarían en estantes de las iglesias».
«No, no, no –respondió escandalizado el cardenal Sarah por teléfono–. Es absolutamente imposible, Dios merece respeto, no se le puede meter en una bolsa. No sé quién pensó este absurdo, pero aunque la privación de la Eucaristía es ciertamente un sufrimiento, no se puede negociar sobre el modo de distribuir la comunión. Comulgamos de manera digna, dignos de Dios que viene a nosotros. La Eucaristía debe ser tratada con fe, no podemos tratarla como un objeto trivial, no estamos en el supermercado. Es totalmente una locura».

Algo así ya se ha hecho en Alemania...

sábado, 11 de abril de 2020

¡Ha llegado el momento de arrancar a los cristianos del relativismo, ambiente que anestesia sus corazones y adormece el amor! - Card. Robert Sarah


Entrevista al Card. Robert Sarah

Publicada en Valeurs Actuels



¿Qué le inspira la crisis del coronavirus?

Este virus ha actuado como un indicador. En pocas semanas, la gran quimera de un mundo materialista que se creía todopoderoso parece haberse hundido. Hace unos días, los políticos nos hablaban de crecimiento, pensiones, reducción del paro. Se sentían seguros de sí mismos. Y he aquí que un virus, un virus microscópico, ha puesto de rodillas a este mundo ufano, que se contemplaba a sí mismo ebrio de autosatisfacción porque se creía invulnerable. La crisis actual es una parábola, que nos revela cuán inconsistente, frágil y vacío es todo lo que nos hacían creer. Nos decían: ¡podéis consumir de manera ilimitada! Pero la economía se ha hundido y las bolsas caen en picado. Hay fracasos por doquier. Nos prometían llevar más allá de los límites la naturaleza humana por medio de una ciencia triunfalista. Nos hablaban de vientres de alquiler, procreación asistida, transhumanismo, humanidad potenciada. Nos vanagloriábamos de un hombre de síntesis y una humanidad que las biotecnologías convertirían en invencible e inmortal. Y, en cambio, henos aquí, enloquecidos, confinados por un virus del que nos sabemos casi nada. El término epidemia había sido superado, era un término medieval. De repente, se ha convertido en nuestra cotidianidad.
Creo que esta epidemia ha dispersado el humo de la quimera. El hombre autodenominado todopoderoso aparece en su cruda realidad. Aquí está, desnudo. Su debilidad y su vulnerabilidad son patentes. El hecho de estar confinados en casa nos permitirá, espero, volver de nuevo a lo esencial, redescubrir la importancia de nuestra relación con Dios y, por ende, de la centralidad de la oración en la existencia humana. Y, con la conciencia de nuestra fragilidad, en confiar en Dios y su misericordia paterna.

¿Es una crisis de civilización?

miércoles, 18 de marzo de 2020

En este tiempo donde el coronavirus oprime a los pueblos del mundo entero, hace falta volvernos hacia Dios con más intensidad, confianza y verdad - Card. Robert Sarah



Queridos amigos,
Me da gusto encontrarlos de nuevo por estas líneas para animaros a rezar más y no dejarlos. Rezad sobre todo con un corazón desbordante de amor y de caridad, un corazón reconciliado con Dios y con nuestros hermanos y hermanas.
Si las circunstancias o las disposiciones civiles o eclesiásticas provocadas por el coronavirus os impiden ir a la iglesia simplemente para encontrar al Señor, o para tomar parte en la Eucaristía, sepan sin embargo que nadie, absolutamente nadie, puede impediros de volverse hacia Dios e implorar su ayuda en este momento de gran prueba. Recordad las palabras que Jesús nos dirige hoy, en este tercer domingo de Cuaresma: “Mujer, créeme a Mí, porque viene la hora, en que ni sobre este monte ni en Jerusalén adoraréis al Padre… Pero la hora viene, y ya ha llegado, en que los adoradores verdaderos adorarán al Padre en espíritu y en verdad; porque también el Padre desea que los que adoran sean tales. Dios es espíritu, y los que lo adoran, deben adorarlo en espíritu y en verdad” (Jn. 4, 21-24).

jueves, 7 de noviembre de 2019

La Iglesia tiene el deber de asumir un papel sustitutivo para compensar el colapso de sectores enteros de la sociedad civil y de las autoridades públicas. Card. Robert Sarah


La importancia de la educación 
en la misión de la Iglesia hoy

Cardenal Robert Sarah
Conferencia en la presentación del 
Congreso de Católicos y vida pública

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La educación está en el corazón de la misión de la Iglesia - Los desafíos antropológicos de la crisis actual de la educación - Educación en las virtudes intelectuales y morales: subjetivación adecuada



Eminencias, Excelencias, queridos hermanos sacerdotes, diáconos, religiosos y religiosas, queridos hermanos y hermanas en Cristo:

Siento una gran alegría por estar presente en esta prestigiosa Universidad San Pablo-CEU de Madrid para participar en el XXI Congreso de Católicos y Vida Pública, al que han tenido la bondad de invitarme para hablarles de «la importancia de la educación en la misión de la Iglesia hoy». Querría expresar mi más profunda gratitud al Excelentísimo señor don Alfonso Bullón de Mendoza, presidente de la Asociación Católica de Propagandistas y de la Fundación Universitaria San Pablo CEU, así como a don Rafael Sánchez Saus, Director de este Congreso, y a sus colaboradores, en particular a don José Francisco Serrano Oceja, por su acogida tan calurosa y delicada.

Es también una gran alegría para mí saludar, muy particularmente, a sus Eminencias los señores cardenales Carlos Osoro Sierra, arzobispo de Madrid; Antonio Cañizares Llovera, arzobispo de Valencia, y Antonio María Rouco Varela, arzobispo emérito de Madrid, así como a los rectores de las distintas universidades católicas, por su presencia y su buena disposición, tan cordiales.

También querría saludar y agradecer muy cordialmente a los sacerdotes, religiosos, y a todos ustedes, hermanos y hermanas, que han venido a honrarme con su presencia y con su amistad, participando en este encuentro.

La Iglesia es Mater, pero también es Magistra. Esto es una forma de comprender uno de sus aspectos esenciales. Pío XI llega a afirmar que «todo este conjunto de tesoros educativos de infinito valor pertenece de una manera tan íntima a la Iglesia, que viene como a identificarse con su propia naturaleza, por ser la Iglesia el Cuerpo místico de Cristo, la Esposa inmaculada de Cristo y, por lo tanto, Madre fecundísima y educadora soberana y perfecta. También el grande y genial san Agustín, de quien pronto celebraremos el decimoquinto centenario de su muerte, pronunció, llevado por un santo amor a tal madre, con estas palabras: “¡Oh Iglesia católica, Madre verdadera de los cristianos! Con razón predicas no solo que hay que honrar pura y castamente a Dios, cuya posesión es vida dichosa, sino que también abrazas el amor y la caridad del prójimo, de tal manera que en ti hallamos todas las medicinas eficaces para los muchos males que por causa de los pecados aquejan a las almas. Tú adviertes y enseñas puerilmente a los niños, fuertemente a los jóvenes, delicadamente a los ancianos, conforme a la edad de cada uno, en su cuerpo y en su espíritu… Tú con una libre servidumbre sometes a los hijos a sus padres y pones a los padres delante de los hijos con un piadoso dominio. Tú, con el vínculo de la religión, más fuerte y más estrecho que el de la sangre, unes a hermanos con hermanos… Tú, no solo con el vínculo de la sociedad, sino también con el de una cierta fraternidad, ligas a ciudadanos con ciudadanos, a naciones con naciones; en una palabra, unes a todos los hombres con el recuerdo de los primeros padres. Enseñas a los reyes a mirar por los pueblos y amonestas a los pueblos para que obedezcan a los reyes Enseñas diligentemente a quién se debe honor, a quién afecto, a quién reverencia, a quién temor, a quién consuelo, a quién aviso, a quién exhortación, a quién corrección, a quién represión, a quién castigo, mostrando cómo no todo se debe a todos, pero sí a todos la caridad y a ninguno la ofensa”» [1]. Toda madre es educadora, pero no toda educadora es madre. Por tanto, la Iglesia debe ejercer su misión educadora según una modalidad maternal.

jueves, 26 de septiembre de 2019

Si nuestra primera preocupación no es Dios, entonces todo lo demás falla - Card. Robert Sarah


Entrevista concedida por el
Cardenal Robert Sarah
a Edward Pentin,
corresponsal en Roma
del National Catholic Register


¿Cuál es la primera preocupación que quiere transmitir a los lectores en su libro?

Que no se malinterprete este libro. No desarrollo tesis personales ni una investigación académica. Este libro es un grito de mi corazón como sacerdote y pastor.
Sufro tanto al ver la Iglesia desfigurada y confusa. Sufro tanto al ver el Evangelio y la doctrina católica menospreciadas, la Eucaristía ignorada o profanada. Sufro tanto al ver sacerdotes abandonados, desanimados y (viendo a aquellos) cuya fe se ha vuelto tibia.
El declive de la fe en la presencia real de Cristo en la Eucaristía está en el centro de la actual crisis de la Iglesia y su debilitamiento, especialmente en Occidente. Nosotros los obispos, sacerdotes y laicos somos todos responsables todos de esta crisis de fe, la crisis de la Iglesia, la sacerdotal y la descristianización de Occidente. George Bernanos escribió antes de la guerra: «Nosotros repetimos constantemente con lágrimas de impotencia, de pereza u orgullo, que el mundo se está descristianizando. Pero el mundo no ha recibido a Cristo, non pro mundo rogo, somos nosotros los que lo recibimos, es de nuestros corazones de los que Dios se retira; somos nosotros los que nos descristianizamos a nosotros mismos, ¡miserables!» (Nous Autres, Français, in Scandale de la Verité, Points/Seuil. 1984).
Yo quería abrir mi corazón y compartir una certeza: la profunda crisis que la Iglesia está experimentando en el mundo y especialmente en Occidente es el fruto de olvidar a Dios. Si nuestra primera preocupación no es Dios, entonces todo lo demás falla. En la raíz de todas las crisis antropológicas, políticas, sociales, culturales, geopolíticas está el olvidar la primacía de Dios. Como el Papa Benedicto XVI dijo durante su encuentro con el mundo de la cultura en el Colegio de los Bernardinos el 12 de septiembre de 2008: « ‘Quaerere Deum’, ‘la búsqueda de Dios’, el hecho de estar atento a la realidad esencial de Dios es el eje central sobre el cual toda civilización y cultura se construye. Lo que constituye la base de la cultura europea, la búsqueda de Dios y la disponibilidad para permitir que Él nos encuentre, todavía sigue siendo hoy el fundamento de toda verdadera cultura y la indispensable condición para la supervivencia de nuestra humanidad. Porque el rechazo de Dios o una total indiferencia hacia él es fatal para el hombre».
He intentado mostrar en este libro que la raíz común de todas las crisis actuales se encuentra en este ateísmo fluido que, sin negar a Dios, vive en la práctica como si no existiera.
En la conclusión de mi libro, hablo de este veneno del cual somos todos víctimas: el ateísmo líquido. Lo infiltra todo, incluso nuestros discursos como clérigos. Consiste en admitir, junto con la fe, modos de vivir o de pensar radicalmente paganos y mundanos. ¡Y nosotros nos quedamos tan satisfechos con esta cohabitación antinatural! ¡Esto muestra que nuestra fe se ha convertido en líquida e inconsistente! Lo primero que debemos reformar son nuestros corazones. No debemos hacer pactos con las mentiras nunca más. La fe es a la vez el tesoro que queremos defender y la fuerza que nos permite defenderla.
Este movimiento que consiste en «dejar a Dios a un lado» haciendo de Él una realidad secundaria, ha tocado el corazón de muchos sacerdotes y obispos.
Dios no ocupa el centro de sus vidas, pensamientos y acciones. La vida de oración ya no es lo más importante. Estoy convencido de que los sacerdotes deben proclamar la centralidad de Dios a través de su propia vida. Una Iglesia en la que el sacerdote no transmite el mensaje es una Iglesia que está enferma. La vida de un sacerdote debe proclamar al mundo que «solo Dios basta», que la oración, es decir, esta relación personal e íntima, es el centro de su vida. Esta es la razón profunda del celibato sacerdotal.
El olvido de Dios encuentra su primera y más seria manifestación en el modo secular de la vida de los sacerdotes. Son los primeros que deben transmitir el Evangelio. Si sus vidas personales no lo reflejan, entonces el ateísmo practico se extenderá a través de la Iglesia en la sociedad.
Creo que estamos en un punto de inflexión en la historia de la Iglesia. Sí, la Iglesia necesita una reforma profunda y radical que debe empezar con una reforma de la forma de ser y de vivir de los sacerdotes. La Iglesia es santa por sí misma. Pero nuestros pecados y nuestras preocupaciones mundanas impiden que esta santidad brille.
Es hora de desprendernos de todas las cargas y finalmente dejar que la Iglesia aparezca como Dios la formó. A veces se cree que la historia de la Iglesia está marcada por las reformas estructurales. Estoy seguro de que son los santos los que cambian la historia. Después siguen las estructuras que sólo perpetúan la acción de los santos.

El concepto de esperanza es un elemento fundamental del trabajo que hace usted, a pesar del sombrío título de su libro y las alarmantes observaciones que hace acerca del estado de la civilización occidental. ¿Aún ve razones para la esperanza en nuestro mundo?

jueves, 18 de julio de 2019

" La Iglesia no pertenece a los pseudo-reformadores" Card. Robert Sarah


Entrevista concedida  
a Aleteia por el
Cardenal Robert Sarah,
prefecto de la Congregación
para el Culto Divino
a Aleteia


¿Qué respuesta daría a quienes pudieran considerar que su libro es pesimista o incluso alarmista?

He llegado a estas conclusiones con mucha prudencia y un gran deseo de ser preciso. Por consiguiente, me parece que el libro no se sitúa lejos de la verdad. Por supuesto, el panorama puede parecer sombrío, pero el papa Benedicto XVI dijo él mismo, justo antes de su elección para la Sede de Pedro, que Occidente atraviesa una crisis nunca vista en toda la historia. 

La realidad está ahí: no se puede decir que no hay una crisis de fe mientras se estén vaciando las iglesias. No creo que en el pasado hayamos sido testigos de unas acusaciones parecidas a las que se dirigen hoy en día contra cardenales, obispos, sacerdotes, que a veces son incluso condenados a penas de prisión…

En la sociedad, no conozco de otra civilización que haya legalizado el aborto, la eutanasia, haya roto la familia y quebrado el matrimonio hasta este punto. Sin embargo, son aspectos esenciales de la vida humana.  Estamos en una situación difícil y la crisis es profunda y grave, pero también he dedicado la última parte del libro a una larga reflexión sobre la esperanza, porque cada crisis conlleva una nueva dimensión, el comienzo de un renacimiento.

¿Qué recomienda usted para resistir y avanzar?

miércoles, 12 de junio de 2019

Si la causa de la crisis es el olvido de Dios, ¡entonces pongamos a Dios de nuevo en el centro! - Card. Robert Sarah


Conferencia del Cardenal Robert Sarah, Prefecto de la Congregación para el culto divino y la disciplina de los sacramentos, en el Centre Saint-Louis (Roma), el 14 de mayo de 2019


Señora Embajadora, Eminencias, Excelencias, Señoras, Señores, Queridos amigos: permitidme, ante todo, agradecer esta invitación en la cátedra tan prestigiosa del Instituto francés Centre Saint-Louis con ocasión de la publicación en francés de mi libro «Le soir approche et déjà le jour baisse» (Se acerca la noche y ya cae el día). El libro analiza la crisis de la fe, la crisis sacerdotal, la crisis de la Iglesia, la crisis de la antropología cristiana, el colapso espiritual y la decadencia moral de Occidente y todas sus consecuencias. Me siento muy honrado de poder unirme humildemente al linaje de los teólogos y pensadores católicos franceses que han ilustrado la vida intelectual romana. Sin embargo, esta noche no hablaré de ese libro. De hecho, las ideas fundamentales que en él desarrollo han sido ilustradas, expuestas y demostradas brillantemente el pasado abril por el Papa Benedicto XVI en las notas que escribió para la reunión de losPresidentes de las Conferencias Episcopales sobre los abusos sexuales, convocado en Roma por el Papa Francisco del 21 al 24 de febrero. El Papa emérito publicó esas notas en una revista bávara, con el acuerdo del Santo Padre y del Cardenal Secretario de Estado.

Su reflexión ha sido una verdadera fuente de luz en la noche de la fe que afecta a toda la Iglesia. Ha provocado reacciones que a veces rozan la histeria intelectual. Personalmente, me sorprendió la pobreza y sandez de muchos comentarios. Hay que admitir que, una vez más, el teólogo Ratzinger, cuya estatura es la de un verdadero Padre y Doctor de la Iglesia, atinó en el blanco y tocó el corazón nuclear de la crisis de la Iglesia.

Así que esta noche me gustaría que nos dejemos iluminar por este pensamiento exigente y luminoso. ¿Cómo podríamos resumir la tesis de Benedicto XVI? Permitidme simplemente citarlo: “¿Por qué la pedofilia ha alcanzado tales proporciones? En última instancia, la razón es la ausencia de Dios” (III, 1). Ese es el principio arquitectónico de toda la reflexión del Papa emérito. Esa es la conclusión de su larga demostración. Ese es el punto desde el cual cualquier investigación sobre el escándalo de abusos sexuales cometido por sacerdotes debe partir para proponer una solución efectiva.

lunes, 10 de junio de 2019

Comentario a la memoria de María Madre de la Iglesia - Card. Robert Sarah


CONGREGACIÓN PARA EL CULTO DIVINO
Y LA DISCIPLINA DE LOS SACRAMENTOS
COMENTARIO DEL PREFECTO AL DECRETO
La memoria de María “Madre de la Iglesia”



Por decisión del Papa Francisco, la Congregación para el Culto Divino y la Disciplina de los Sacramentos ha ordenado la inscripción de la memoria de la «Bienaventurada Virgen María Madre de la Iglesia» en el Calendario Romano General, con decreto del día 11 de febrero de 2018, ciento sesenta aniversario de la primera aparición de la Virgen en Lourdes. Se adjuntan al decreto los respectivos textos litúrgicos, en latín, para la Misa, el Oficio Divino y el Martirologio Romano. Las Conferencias Episcopales tendrán que aprobar la traducción de los textos necesarios y, después de ser confirmados, publicarlos en los libros litúrgicos de su jurisdicción.

El motivo de la celebración es descrito brevemente en el mismo decreto, que recuerda la madurada veneración litúrgica a María tras una mejor comprensión de su presencia «en el misterio de Cristo y de la Iglesia», como ha explicado el capítulo viii de la Lumen Gentium del Concilio Vaticano II. De hecho, el beato Pablo VI, al promulgar esta constitución conciliar el 21 de noviembre de 1964, quiso conceder solemnemente a María el título de «Madre de la Iglesia». El sentir del pueblo cristiano, en los dos mil años de historia, había acogido, de diverso modo, el vínculo filial que une estrechamente a los discípulos de Cristo con su Santísima Madre. De tal vínculo da testimonio explícito el evangelista Juan, cuando habla del testamento de Jesús muriendo en la cruz (cf. Juan 19, 26-27). Después de haber entregado su Madre a los discípulos y éstos a la Madre, «sabiendo que ya estaba todo cumplido», al morir Jesús «entregó su espíritu» para la vida de la Iglesia, su cuerpo místico: pues, «del costado de Cristo dormido en la cruz nació el sacramento admirable de la Iglesia entera» (Sacrosanctum Concilium, n. 5).

viernes, 25 de mayo de 2018

Si Dios no es nuestra luz, todo lo demás se vuelve inútil - Card. Robert Sarah


Homilía del Cardenal Robert Sarah
Prefecto de la Congregación para el Culto Divino
y la Disciplina de los Sacramentos
en la Peregrinación anual
a Notre-Dame de Chrétienté
en Chartres
en la Solemnidad de Pentecostés


Queridos peregrinos de Chartres, 

“La luz ha venido al mundo”, nos dice Jesús hoy en el Evangelio ( Juan 3, 16-21 ), “y los hombres han preferido la oscuridad”.

Y ustedes, queridos peregrinos, ¿han acogido la única luz que no engaña: la de Dios? Han caminado por tres días, orado, cantado, sufrido bajo el sol y bajo la lluvia: ¿Recibieron la luz en sus corazones? ¿Realmente han abandonado la oscuridad? ¿Han elegido seguir el Camino siguiendo a Jesús, que es la Luz del mundo? Queridos amigos, permítanme formularles esta pregunta radical, porque si Dios no es nuestra luz, todo lo demás se vuelve inútil. Sin Dios, ¡todo es oscuridad! 

Dios vino a nosotros, se hizo hombre. Nos ha revelado la única verdad que salva, murió para redimirnos del pecado, y en Pentecostés nos dio el Espíritu Santo, nos dio la luz de la fe … ¡pero preferimos la oscuridad!

¡Miremos a nuestro alrededor! La sociedad occidental ha elegido establecerse sin Dios. Somos testigo de cómo ahora se entrega a las llamadas y engañosas luces de la sociedad de consumo, para obtener ganancias a toda costa, desde un individualismo frenético. 

¡Un mundo sin Dios es un mundo de oscuridad, de mentiras y de egoísmo! 

domingo, 18 de febrero de 2018

La verdadera reforma de la Iglesia: vivir plenamente el Evangelio, vivir plenamente lo que hemos recibido de Jesucristo y de la tradición. - Card. Robert Sarah

Entrevista al Cardenal Robert Sarah
prefecto de la Congregación para el Culto Divino
y la Disciplina de los Sacramentos

realizada portal Cathobel de Bélgica



En su opinión, ¿cuáles son, hoy, los desafíos a los que debe responder la Iglesia católica, sobre todo en Europa occidental?

Creo que la Iglesia se enfrenta, actualmente, a grandes cuestiones. Ante todo, está su fidelidad a Jesús, a su Evangelio, su fidelidad a la enseñanza que siempre ha recibido de los primeros papas, de los concilios. Es el gran desafío de hoy y no siempre resulta obvio, porque la Iglesia desea adaptarse a su ambiente, a la cultura moderna.

El segundo desafío es la fe. La fe ha disminuido, no sólo a nivel del Pueblo de Dios, sino también entre los responsables de la Iglesia; a veces nos preguntamos si realmente tenemos fe. En Navidad, un sacerdote, durante la misa dominical, dijo a sus parroquianos: “Hoy no vamos a recitar el ‘Credo’, porque yo ya no creo. Cantaremos, en su lugar, un canto que exprese la comunión entre nosotros”. Creo que hay una gran crisis de fe, una gran crisis en nuestra relación personal con Dios.

Después de su elección, el Papa Benedicto XVI, consciente de los grandes desafíos de la Iglesia, dedicó inmediatamente un año a San Pablo. Quería llevarnos a una relación personal con Jesús. La vida de este hombre, que perseguía a la Iglesia, fue totalmente transformada cuando encontró a Jesús. Dijo: «Vivo, pero no soy yo el que vive, es Cristo quien vive en mí. Y mi vida de ahora en la carne, la vivo en la fe del Hijo de Dios, que me amó y se entrego por mí».

A continuación, Benedicto XVI quiso consagrar un año al sacerdocio. Hay también una gran crisis sacerdotal. No porque no haya suficientes sacerdotes. En el siglo VII, el Papa Gregorio Magno dijo que había demasiados sacerdotes. Hoy hay 400.000 sacerdotes. Pero los sacerdotes ¿viven realmente su vocación? Por último, Benedicto XVI quiso dedicar un año a la fe. Estos son los tres grandes desafíos de la Iglesia actual.

¿Cómo pueden los cristianos descubrir más a Dios y hacer que los que no le conocen le descubran, o redescubran si se han alejado?

martes, 12 de diciembre de 2017

El sacerdote y la Eucaristía (III Final ) - Cardenal Robert Sarah

Artículo  del
Cardenal Robert Sarah
publicado en la Revista Palabra


El Prefecto de la Congregación para el Culto Divino subraya que los sacerdotes deben esforzarse por llevar una vida santa, e invita a una preparación cuidadosa antes de cada celebración
Como anuncié al comienzo de estos artículos para Palabra sobre “El sacerdote y la Eucaristía”, me he referido sucesivamente a la Eucaristía como lugar donde el sacerdote se ofrecea Dios y se configura con Cristo, y a la santificación como finalidad de laEucaristía. En esta ocasión me centraré en las disposiciones para participar en ella.

¿Cómo celebrar fructuosamente la Eucaristía?

Concretamente: en lo que se refiere al sacerdote y a los fieles, ¿cuáles son las disposiciones sacerdotales y espirituales requeridas para celebrar y participar fructuosamente en la Eucaristía? La Epístola a los Filipenses recuerda el carácter irreprochable y puro que define la identidad cristiana. San Pablo exhorta a los filipenses diciéndoles: “Cualquier cosas que hagáis… así seréis irreprochables y sencillos, hijos de Dios sin tacha, en medio de una generación perversa y depravada, entre la cual brilláis como lumbreras del mundo... Y si mi sangre se ha de derramar, rociando el sacrificio litúrgico que es vuestra fe, yo estoy alegre y me asocio a vuestra alegría; por vuestra parte estad alegres y alegraos conmigo”(Fil 2, 14-18). Pablo no pide a la comunidad de Filipos que se alegre por los sufrimientos que soporta, ni ante la posibilidad de sufrir una muerte violenta, como si para el Apóstol se tratase de algo bueno; les pide que se alegren en la medida en que sus sufrimientos y todas las pruebas de la vida son signo de su oblación real en el Amor del Señor y por Amor a Él. El sacerdote debe aceptar con alegría los sufrimientos y las pruebas sufridas en nombre de la fe en Jesús, y ha de estar dispuesto a llegar hasta la entrega de su vida por el rebaño, en unión con Cristo, que ha dado su vida por nuestra salvación.
La gracia sacerdotal suscita, en efecto, la caridad pastoral del sacerdote. Ciertamente el sacerdote celebra válidamente la Eucaristía por virtud del Orden, del carácter que ha recibido el día de su ordenación presbiteral y que permanece –a causa de la indefectible fidelidad de Cristo a su Iglesia– cualquiera que sea su situación espiritual o el peso de sus pecados personales. Pero repito: la fecundidad de sus celebraciones eucarísticas se verá gravemente obstaculizada si su situación espiritual es mala. El escándalo del sacerdote puede dañar mucho al Pueblo de Dios, y se vería gravemente entorpecida la santificación personal y la de los fieles, que es su finalidad.

Sacramento del Orden y santidad de vida

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