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lunes, 3 de julio de 2023

Bendita sea su preciosísima sangre - Mons. Demetrio Fernández

 


    En las alabanzas al Santísimo Sacramento repetimos esta: «Bendita sea su preciosísima sangre», porque en la Eucaristía están contenidos el cuerpo, la sangre, el alma y la divinidad de nuestro Señor Jesucristo. Y cuando comulgamos recibimos a Jesucristo entero, su cuerpo y su sangre, entramos en comunión con él y junto con él con las otras personas divinas. La comunión eucarística es comunión con Dios, por medio del cuerpo y la sangre de Cristo.

La devoción a la preciosísima Sangre de Cristo viene de lejos, pero fue instituida por el Papa Pio IX y elevada a fiesta universal. Su fiesta estaba fijada para el 1 de julio y todo el mes siguiente giraba en torno a esta devoción, como el mes de junio ha estado referido al Sagrado Corazón de Jesús o el mes de mayo a la Virgen María.

Se trata de la sangre preciosa de Cristo, que es el precio de nuestra redención: «Ya sabéis que fuisteis liberados de vuestra conducta inútil, heredada de vuestros padres, pero no con algo corruptible, con oro o plata, sino con una sangre preciosa, como la de un cordero sin defecto y sin mancha, Cristo» (1Pe 1,18-19). Una sola gota de esta sangre hubiera sido suficiente para redimir el mundo entero, como cantamos en el himno Adoro te devote. San Pablo nos recuerda: «Han sido comprados a buen precio. Por tanto, glorificad a Dios con vuestro cuerpo» (1Co 6,20).

San Juan Crisóstomo decía: «Esta Sangre, dignamente recibida, ahuyenta los demonios, nos atrae a los ángeles y al mismo Señor de los ángeles... Esta Sangre derramada purifica el mundo... Es el precio del universo, con ella Cristo redime a la Iglesia... Semejante pensamiento tiene que frenar nuestras pasiones. Pues ¿hasta cuándo permaneceremos inertes? ¿Hasta cuándo dejaríamos de pensar en nuestra salvación? Consideremos los beneficios que el Señor se ha dignado concedernos, seamos agradecidos, glorifiquémosle no sólo con la fe, sino también con las obras».

viernes, 27 de marzo de 2020

Meditaciones de Cuaresma con textos de Santo Tomás de Aquino 31


Viernes de la cuarta semana de Cuaresma

LA PRECIOSÍSIMA SANGRE DEL SEÑOR


I. Por la sangre de Cristo fue confirmado el nuevo Testamento. Este cáliz es el Nuevo Testamento en mi sangre (1 Cor 11, 25)

La palabra testamento se emplea de dos maneras:

1º) Comúnmente por todo pacto. En este sentido Dios concertó dos pactos con el género humano: prometiéndole bienes temporales y librándolo de males temporales, lo cual se llama antiguo testamento; y prometiendo bienes espirituales y librando de los males opuestos a ellos, lo cual se llama nuevo testamento. Haré nueva alianza can la casa de Israel, y con la casa de Judá; no según el pacto que hice con los padres de ellas, en el día que los tomé de la mano para sacarlos de la tierra de Egipto... Mas éste será el pacto... Pondré mi ley en las entrañas de ellos... y yo seré su Dios (Jer 31, 31-33) Había entre los antiguos la costumbre de derramar la sangre de alguna víctima para confirmar el pacto. De este modo Moisés tomó la sangre y la esparció sobre el pueblo y dijo: Ésta es la sangre de la alianza que ha concertado el Señor con vosotros (Gen 24, 8) Por lo tanto, así como el antiguo testamento o pacto fue confirmado con la sangre figurativa de los toros, del mismo modo el nuevo testamento o pacto fue confirmado con la sangre de Cristo, que fue derramada por la Pasión.

miércoles, 18 de marzo de 2020

Meditaciones de Cuaresma con textos de Santo Tomás de Aquino 22


Miércoles de la tercera semana de Cuaresma

PRECIO DE NUESTRO RESCATE


Comprados fuisteis por grande precio (1 Cor 6, 20).

La injuria o sufrimiento de alguno se mide por la dignidad de la persona; pues mayor injuria sufre el rey, si es herido en el rostro, que una persona particular. En Cristo la dignidad de la persona es infinita, porque es una persona divina. Luego cualquier sufrimiento suyo, por mínimo que sea, es infinito. De ahí que cualquier sufrimiento suyo bastara para la redención del género humano, aun sin la muerte.

San Bernardo dice, además, que una mínima gota de la sangre de Cristo era suficiente para la redención del género humano. Ahora bien: una gota de la sangre de Cristo podía ser derramada sin la muerte; luego también era posible redimir al género humano por algún sufrimiento sin que Cristo muriese.

Dos cosas se requieren para hacer una compra: la cantidad del precio y su destino para la adquisición de algo. Porque si uno da un precio no equivalente para adquirir alguna cosa, no se dice en este caso que haya compra, hablando propiamente, sino en parte compra y en parte donación. Por ejemplo: si uno compra por diez pesos un libro que vale veinte, en parte compra el libro y en parte se le regala. Además, si da un precio mayor y no lo destina a la compra del libro, no se puede decir que compra el libro.

martes, 30 de julio de 2019

La Sangre Preciosa de Cristo (24 - Final) A todos los hijos de la Sangre- Cardenal Piazza


III
LA HORADE LA SANGRE

A TODOS LOS HIJOS DE LA SANGRE


El día propiamente dicho del nacimiento no fue precisamente aquel que abristeis lo ojos a la luz, sino el día de vuestro bautismo, que os regeneró para Cristo. De poco os hubiera servido el nacer si no hubierais encontrado preparada la Redención: nihil nasci profuit, nisi redimi profuisset. Aquel día quedasteis marcados con la Sangre del Cordero por entonces y para siempre.

Se sucedieron luego otros días –los miraréis como los más hermosos de vuestra vida-, en los que nuevo flujo de Sangre invadió vuestras almas. Nadie de vosotros puede olvidarse de su primer encuentro con Jesús Eucaristía, después de haberse preparado antes con el lavacro de la Penitencia. Me resulta halagüeño el suponer que, a partir de entonces, se sucedieron con frecuencia estos baños depuradores y los encuentros eucarísticos.

Por último, los que habéis consagrado con el matrimonio una nueva familia, le habéis hecho rubricando vuestro pacto con la Sangre de la Redención.

Pues bien: ¿tenéis conciencia de vuestra dignidad de cristianos? El Apóstol de las gentes os da aun este aviso: No pertenecéis a vosotros mismos. Habéis sido comprados a alto precio. Glorificad, pues, y llevad a Dios en vuestro cuerpo (1 Cor., 6,19-20).

lunes, 29 de julio de 2019

La Sangre Preciosa de Cristo (23) A los heraldos de la Sangre- Cardenal Piazza


III
LA HORA DE LA SANGRE

A LOS HERALDOS DE LA SANGRE


Sois vosotros, cuantos militáis en la Acción católica. Siempre que pienso en vosotros siento colmado mi corazón de ternura y paternal orgullo. ¿pues no es a vosotros, almas generosas, a quienes efectivamente encomienda el sacerdote el tesoro de la Divina Sangre para que lo llevéis donde él no puede llegar, dondequiera que haya alguien que, encarcelado en el cuerpo o en el espíritu, espera el don de Dios? Habéis de imitar a Tarsicio, el acólito de las catacumbas, que recibió el Cuerpo del Señor para llevárselo a los futuros mártires y lo defendió hasta derramar su propia sangre, cayendo así el primer mártir de la Eucaristía. Yo sé perfectamente que en vosotros arden los mismos ideales y el mismo corazón.

Ahora que, vosotros no lleváis la Sangre en la realidad de la Eucaristía, sino en el místico ardor de vuestra vida y de vuestras palabras, en la blanca pureza, en el fuego de la caridad, en la constancia del sacrificio. Ahí es donde resplandece en vosotros la Sangre de Cristo, con la que fuisteis marcados en señal de miembros de su Cuerpo Místico y de soldados para la defensa de su santa causa.

domingo, 28 de julio de 2019

La Sangre Preciosa de Cristo (22) A las esposas de la Sangre- Cardenal Piazza



III
LA HORA DE LA SANGRE

A LAS ESPOSAS DE LA SANGRE



Vuestra vocación es verdaderamente sublime, ¡oh vírgenes consagradas al Señor! Cada una de vosotras puede hacer suyo el cántico de Santa Inés: Amo a Cristo, y quiero ser su esposa, porque amándolo soy casta, tocándolo soy pura, poseyéndolo soy virgen. De su boca sólo miel y leche he gustado y su Sangre es la que colorea mis mejillas (Liturgia).

Esposas de Cristo, es lo mismo que decir, esposas de Sangre. ¡Qué excelsa es vuestra dignidad! ¿No es tiene Él clavadas a su Cruz con los santos votos, cual con otros tres clavos? ¿No encontráis diariamente en su Sangre el místico alimento de vuestras almas y de vuestra virginidad consagrada? La Eucaristía es, en efecto, para vosotras también el trigo de los elegidos y el vino que hace germinar las vírgenes (Zac., 9,17).

A vosotras os toca, por consiguiente, aprovecharos sin tasa del misterio de la Sangre de Cristo, en la que hallaréis los anhelos de mayor santidad, la fortaleza cierta para seguir guardando fidelidad al Esposo y la embriaguez divina del amor y del sacrificio. La Virgen –como dice San Pablo- sólo tiene que preocuparse de las cosas del Señor y de ser santa en cuerpo y espíritu (1 Cor., 7,34).

sábado, 27 de julio de 2019

La Sangre Preciosa de Cristo (21) A los ministros de la Sangre- Cardenal Piazza


III
LA HORA DE LA SANGRE

A LOS MINISTROS DE LA SANGRE

  
Es muy natural. Además me resulta agradable empezar por vosotros, sacerdotes, puesto que hablándoos a vosotros, me lo exijo a mí mismo. Aquí tenemos nuestra misión y nuestra razón de ser. Nosotros somos ministros de la Sangre de Cristo. La mística de Florencia, dirigiéndose a Sixto V con audacia propia de los santos, lo conjuraba a que renovase su Esposa la Iglesia, a él encomendada, para que la cuidara y la guardara, asegurándole que no le faltarían ayudas y cooperaciones en la obra de Dios entre sus súbditos y los ministros de la Sangre. Según la Santa, era necesario –y los tiempos le daban pie para ello- hacer venir de nuevo al redil a tantas ovejas perdidas de uno y otro sexo, aun entre los consagrados y consagradas a Dios. Y proseguía en su recomendación al Pontífice: La importancia de esta empresa es de tal envergadura, cual exige la Sangre de la que Vos guardáis las llaves. Esta inútil y miserable sierva suya piensa que Vos comprenderéis y penetraréis bien la importancia que tiene la Sangre de Cristo (Santa María Magdalena de Pacis).

A decir verdad, esta es la única manera de valorar con exactitud la importancia de nuestro ministerio.

Ministros de la sangre significa: consagradores, consumidores y distribuidores de la Preciosísima Sangre. Ahondando en estos conceptos hemos de hacernos mejor cargo de nuestros deberes. No podrá nunca ser bastante la santidad personal, en la más impoluta limpieza de costumbres, para quienes tienen trato diario con el Santo de los Santos en la Eucaristía y que pronuncian sobre el cáliz en nombre y representación de la persona de Cristo: Este es el cáliz de mi Sangre.

viernes, 26 de julio de 2019

La Sangre Preciosa de Cristo (20) El culto de la Sangre de Cristo- Cardenal Piazza


III
LA HORA DE LA SANGRE

EL CULTO DE LA SANGRE DE CRISTO


El conocimiento de tan profundo misterio nos lleva espontánea y necesariamente a caer de rodillas. Esta Sangre estuvo hipostáticamente unida al Verbo con toda la Humanidad santísima de Jesús. En tal unión hay que verla siempre, aun durante las veces que fue derramada, y más ahora que permanece reunida toda en su Cuerpo Glorioso. Así lo afirma el conocido aforisma de los teólogos: Lo que Cristo asumió una vez, nunca lo abandonó“quod semel assupsit, numquam dimisit”-. De ahí que se le deba culto de Latría a la Divina Sangre de Cristo, lo mismo que a su Corazón.

Pero ¿existe alguna razón especial que aconseje el culto a la Sangre de Jesús? Lo meditamos ya. Es el precio de nuestra Redención, que continúa, aplicándose a las almas. ¡He ahí el objeto sublime de este culto!

La Iglesia, guardiana y maestra de la fe, y por lo mismo reguladora del culto, sobre todo público, por razón de que en él se manifiesta solemnemente la fe, hace tiempo que introdujo en su liturgia devotas insinuaciones de este misterio.

El canon de a Misa el Cuerpo y la sangre del Señor se encentran naturalmente asociados en el recuerdo y en el culto.

jueves, 25 de julio de 2019

La Sangre Preciosa de Cristo (19) La mística de la Sangre - Cardenal Piazza


III
LA HORA DE LA SANGRE

LA MÍSTICA DE LA SANGRE


¿Qué será lo mejor que nosotros podríamos oponer a las aberraciones, a las infamias, a los sacrilegios que tanto deshonran y entristecen en nuestros tiempos? No parece que haya más que una respuesta: debemos oponer  un conocimiento más profundo, más culto, más íntimo y un amor más encendido a la Sangre que nos ha redimido.

Debemos profundizar más en el conocimiento de este misterio. En él encontraremos abundantísima luz para afirmar nuestra fe e iluminar nuestro camino espiritual. Esto es lo que yo intenté demostrar al escoger este tema para vuestras meditaciones; aunque bien me doy cuenta que en tan corto volumen de páginas apenas lo dejamos delineado. Y, sin embargo, si no me engaño, ¡qué horizontes tan amplios y luminosos se abrieron ante nuestra inteligencia! ¡Cuántas veces nuestro corazón se sintió inundado de gozo y cuántas también de dolor! ¿No meditaron delante del crucifijo todos los santos? ¿Y se puede meditar en él sin descubrir aquel goteo rojo que cae del divino Paciente y que continúa cayendo desde el Cuerpo Místico de la Iglesia, siempre chorreando la preciosa sangre sobre nuestras almas?

miércoles, 24 de julio de 2019

La Sangre Preciosa de Cristo (18) Negligencias y profanaciones de la Sangre Divina - Cardenal Piazza


III
LA HORA DE LA SANGRE

NEGLIGENCIAS Y PROFANACIONES
DE LA SANGRE DIVINA


Sin género de discusión, son gravísimos los crímenes contra la vida y la dignidad humana, si tenemos en cuenta el celo de Dios, que pronuncia tremendas amenazas: Vengaré la sangre de mis siervos (4 Reyes, 9,7). Yo demandaré su sangre (Ezeq. 33,6).

Pero no, ¡aún existen otros crímenes peores! Son los cometidos con injuria de la Sangre de Dios. A la enormidad del sacrilegio no se llega de una vez, pero son las negligencias y las ingratitudes las que les preparan el camino con grande facilidad.

San Agustín hace la siguiente observación: Cuanto nos ha dado Cristo, lo dio por todos. Y prosigue: A Cristo se le dio la Sangre para que la derramase toda por nuestra redención. De tal manera que, si tú quieres, es como si por ti no la hubiera derramado. Pero ¿se podrá no querer? El mismo San Agustín concluye: Sanguis Chirsti volenti est salus, nolenti supplicium. No existen aquí medias tintas. Para quien quiere, es salvación; para el que no, condena. Tener pretensiones de entrar en el cielo sin antes haber sido purificados y señalados por esta sangre, es presunción tonta y absurda. Hay que pasar por el lavadero de la Penitencia; hay que sentarse al banquete eucarístico para recibir el divino alimento de la Carne y de la Sangre del Señor. Los indiferentes y los rezagados no tendrán parte en el Reino de los cielos. Mucho menos la tendrán los ingratos que pecan contra la Sangre de la Redención.

martes, 23 de julio de 2019

La Sangre Preciosa de Cristo (17) La sangre humana desconsagrada - Cardenal Piazza


III

LA HORA DE LA SANGRE


LA SANGRE HUMANA DESCONSAGRADA


  
Quizá el crimen más grande de la Humanidad desde hace algún siglo sea el querer eliminar de todas partes, almas y edificios, el sello de la Redención. De esa manera se explica que la sangre humana, deificada por los divinos contactos, venga siendo cada día más desconsagrada por teorías y prácticas anticristianas.


Se han llegado así fatalmente a dos extremos opuestos: la cínica dispersión, como si se tratara de una cosa sin valor, y la glorificación pagana hasta el ridículo.

Todos sabemos el aprecio que en nuestros tiempos se tiene de la vida humana. Un derroche impresionante de sangre, cada vez en aumento, ha venido vertiéndose desde la primera guerra mundial, que pareció inaugurar una era nueva de sangre y por eso definida por Benedicto XV el inútil desangre. (¡Oh, cuánto se intentó entonces disculpar de escándalo lo que contenía dicha frase, que los acontecimientos se encargarían de justificar más tarde como verdadera y profética!)

La Escritura resumiría una impresión sobre esta triste realidad, diciendo: (salmos 78,3) Effuderunt sanguinem eorum tamquam aquam, o como un puñado de tierra: sicut humus (Sof., 1,7). Y ¿qué extraño es si hoy no se habla más que del material humano? No nos sirve volver la vista atrás, para buscar una compensación que nos justifique, recodando los siglos más turbios de la historia, en tiempos de os bárbaros, por ejemplo. Semejante desperdicio casi inconsciente de la sangre humana, cual estamos presenciando, parece cada vez más absurdo después de veinte siglos de Cristianismo, y verificándose por otra parte cada vez mayor refinamiento en la civilización. Pero toda explicación se encuentra en el hecho de que la civilización ha vuelto al paganismo.

lunes, 22 de julio de 2019

La Sangre Preciosa de Cristo (16) La hora de la Sangre - Cardenal Piazza


III
LA HORA DE LA SANGRE


Podemos ver una perspectiva de la hora presente, nos menos auténtica y terriblemente amarga, en la agonía de Jesucristo en el Huerto de Getsemaní.  Escuchemos al elocuente dominico, orador de Nuestra Señora de París, en uno de sus retiros pascuales (1877), en que interpreta los divinos pensamientos que anticiparon en Jesús el espasmo de estos mismos momentos: ¡Oh Maestro adorable! –exclama Monsabré-. Me parece oírte gritar con el Profeta: ¿para qué puede servir mi Sangre? Quae utilitas in sanguine meo! (Sal. 19). Esta Sangre Preciosa, cual nube purpurina, se esparcirá sobre todos los extremos de la tierra para caer sobre las iniquidades y purificarlas; aunque en todas partes será despreciada por los torbellinos de las pasiones. ¿Para qué derramarla, pues? Quae utilitas in sanguine meo? No solamente habrá en la Iglesia ingratos y profanadores, sino que pueblos enteros serán arrancados por la fuerza se los lugares donde corre el río de la Redención. Y también las herejías, los cismas, la falsa ciencia asediarán a las almas y detendrán a sus puertas los torrentes sagrados que deberían regenerarlas. Vendrá también en siglo fatal en que los hombres pondrán especial empeño en no dejarse tocar jamás por la Sangre del Salvador, y para facilitar la impenitencia final.

domingo, 21 de julio de 2019

La Sangre Preciosa de Cristo (15) Triunfos de la Sangre - Cardenal Piazza


II
LA SANGRE PRECIOSA DE CRISTO
 EN EL MISTERIO DE LA IGLESIA

TRIUNFOS DE LA SANGRE


 La liturgia es la voz sublime de la Esposa Mística que canta al Esposo los divinos epitalamios y los cánticos de la gloria. Ahora bien, en dos himnos litúrgicos se encuentran al entonar dos estrofas, unos versos delicados que se corresponden en el concepto y en el movimiento lírico. En el Oficio reciente de la Presiosísima Sangre canta la Esposa: Salvete Christi vulnera! Salve, ¡oh heridas de Cristo!

Con el mismo ímpetu entona también otro himno en el Oficio de los Santos Inocentes: Salvete, flores Martyrum! Salve, ¡oh flores de los Mártires!

¡Oh cuán bello resulta este acercamiento de mártires y de coronas! Pues, ¿no fue, efectivamente, de las llagas abiertas del Crucificado de donde manó la sangre que hubo de cubrir de púrpura y perfumar todas las flores del Martirio, desde las primeras rosas frescas y encendidas que entretejieron coronas de sangre inocente alrededor del pesebre de Jesús Niño, hasta las rosas más variadas y magníficas, deshojadas a través de los siglos por las rachas de las persecuciones por rendir homenaje al Mártir del Gólgota?

sábado, 20 de julio de 2019

La Sangre Preciosa de Cristo (14) Primavera de Sangre - Cardenal Piazza

II
LA SANGRE PRECIOSA DE CRISTO

EN EL MISTERIO DE LA IGLESIA


PRIMAVERA DE SANGRE


Pero volvamos a respirar tranquilos frente a la maravillosa aparición de las flores de santidad que ha hecho brotar la Sangre del Señor en su Iglesia, eterna primavera de las almas que beben esta divina savia con sed incontenible. “El Divino Redentor –dice San Alberto Magno- permitió que le abrieran el costado, las manos y los pies a fin de que la Sangre que salió por ellos corriera, regando el místico jardín de la Iglesia, donde hiciera abrirse las flores de todas las virtudes, y, ensanchándose en forma de río sobre el mundo entero, devolviese la vida a todo cuanto estaba árido y seco, al mismo tiempo que apagara lo que quemaba con el fuego de las pasiones y del pecado.”

La nota de santidad que distingue a la verdadera Iglesia de Cristo es el retoño constante que produce la Divina Sangre en todo lo de la Iglesia, embalsamando el ambiente y santificando en ella todas las cosas: doctrina y culto, lugares y personas, costumbres e instituciones. Por eso, la Iglesia es Madre de Santos en todas las épocas, aun las más tristes de la Historia, y en todos los ambientes, aun los más bárbaros y corrompidos, con tal que Ella pudiera llegar hasta allí para dejar caer algunas gotas de la Sangre de la Redención. Son tan abundantes los fastos de los Santos glorificados por la Iglesia, que escapa a cualquier cálculo, y va enriqueciéndose, aún más cada día con la inscripción de nuevas figuras nobilísimas que ponen en evidencia la perenne actualidad y vitalidad de la Redención; dando por supuesto que cada santo, que de nuevo viene agregado al aguerrido ejército de los bienaventurados, es una nueva apología de la Sangre de Cristo.

viernes, 19 de julio de 2019

La Sangre Preciosa de Cristo (13) Ager Sanguinis - Cardenal Piazza

II
LA SANGRE PRECIOSA DE CRISTO

EN EL MISTERIO DE LA IGLESIA

“AGER SANGUINIS”


Los sacerdotes de la Ley, mirando las treinta monedas arrojadas en el suelo por el que vendió a Cristo, juzgaron con puritana hipocresía: No es lícito meterlas en el tesoro del templo, puesto que son precio de sangre –“pretium sanguinis est”-. Por eso las destinaron para comprar un campo, que fue denominado precisamente así: el campo de la sangre (Mt., 27,6-8). ¡Bien mezquina fue semejante adquisición!

En aquel mismo momento Dios pignoraba a su vez el mundo, todas las almas del pasado, del presente y del futuro, y decía: “¡Son el precio de la Sangre de mi Hijo!” Y rescató las almas, que desde entonces se transformaron en el campo donde la Sangre de Cristo, empapándolo, fructifica para la vida eterna: ager sanguinis.

Campo de los vivos que peregrinando van en su destierro, camino de la Patria. La contra de los enemigos del exterior, la unión compacta entre todos los miembros con la Cabeza visible, el Romano Pontífice, el gobierno firme y sabio en todas partes las del mundo. El Apóstol San Pablo hace esta observación, que: precisamente depende de Cristo, Cabeza del Cuerpo Místico, que todo el cuerpo esté bien trabado y unido por todos los ligamentos que lo unen y nutren para la operación de cada miembro, que crece y se perfecciona de la caridad (Efes., 4,16). Semejante admirable desarrollo de la Iglesia en la perfecta unidad y armonía de sus partes, tiene lugar de forma misteriosa por obra de la Sangre de Cristo, que la recorre toda entera con su riego, formando a un mismo tiempo una argamasa de unión inseparable y una levadura que fomenta continuas y estupendas expansiones.

jueves, 18 de julio de 2019

La Sangre Preciosa de Cristo (12) La Fuente Perenne - Cardenal Piazza


II

LA SANGRE PRECIOSA DE CRISTO
EN EL MISTERIO DE LA IGLESIA


LA FUENTE PERENNE


Se lee en la primera página de la Escritura que Dios preparó para el hombre que Él había hecho de barro, un paraíso de delicias, cuyos frutos tenían la virtud de mantener a la Humanidad en perfecta y eterna juventud. En ese lugar de delicias hizo que manara un río, para que regara el paraíso (Gén., 2). Estos planes divinos fueron desbaratados por el pecado. Solamente después de que Cristo llevó a efecto una restauración de los mismos es cuando han venido a recobrar su primitiva finalidad, ahora que en un plano superior. El lugar de espirituales delicias es la Iglesia. Dentro de la Iglesia ocupa la Eucaristía los lugares de auténtico árbol de la vida y, al mismo tiempo, de río de Sangre, que, manando de una fuente perenne, riega abundantemente y sin mermas el paraíso de las almas.

Este nuevo árbol de la vida ostenta un fruto solo, que se reproduce diariamente y durante todos los siglos en todos los altares y en todas las almas. Es el Cuerpo de Cristo. El mismo Cuerpo que se maduró en el seno de la Virgen y que más tarde pendió de la Cruz. El mismo que perfuma el Paraíso de su gloria. Es un fruto vivo y vital. Basta comerlo para que comunique la vida, y una vida que es eterna. Para eso precisamente está destinado. Mi carne es verdaderamente comida… El que come mi carne… tiene la vida eterna (Jo., 6,54-56). Pero con el Cuerpo está también la Sangre, como zumo exprimido del mismo fruto. Mi sangre es verdaderamente bebida… Quien bebe mi Sangre, tiene la vida eterna (ibídem). No se trata ya tan sólo de meras realidades místicas, sino físicamente reales: Vere est cibus, vere est potus. Por tanto, las carnes de Jesús se unen a nuestra carne para nutrir y saciar el alma, al mismo estilo de como también la Sangre de Jesús se une a nuestra sangre para que beba y sacie su sed el alma. Nuestra alma con eso sale divinizada, e incluso nuestro cuerpo recibe como una especie de consagración por causa de esos contactos divinos.

miércoles, 17 de julio de 2019

La Sangre Preciosa de Cristo (11) La distribución de la Sangre - Cardenal Piazza


II

LA SANGRE PRECIOSA DE CRISTO
EN EL MISTERIO DE LA IGLESIA


LA DISTRIBUCIÓN DE LA SANGRE



En el Cuerpo Místico, lo propio lo propio que en el cuerpo natural, no todos los miembros desempeñan la misma función. Todos reciben lo suficiente para mantenerse vivos, pero solamente algunos están en disposición de dar además a los otros, cooperando activamente a la conservación y el crecimiento del organismo entero.

Esto mismo explica la misión que tiene el sacerdocio de administrar, bajo las órdenes del Jefe supremo, Cristo, las riquezas de la Redención, esto es, la Preciosa Sangre. El mismo que bajó –dice San Pablo- es el que subió sobre todos los cielos para llenarlo todo; y Él constituyó a los unos Apóstoles, a los otros profetas, a estos evangelistas, a aquellos pastores y doctores, para la perfección consumada de los santos, para la obra del ministerio, para la edificación del Cuerpo de Cristo (Efes., 4,10-11). Tal es, por consiguiente, la función de los obispos y de los sacerdotes y tal es su divina misión en la Iglesia y por la Iglesia. Ellos son los órganos que transmiten naturalmente la gracia para santificar a los demás miembros y dar crecimiento al Cuerpo Místico.

Nosotros, los obispos y sacerdotes, percibimos la inefable belleza de dicha misión y al mismo tiempo no podemos menos de lamentar la desproporción de nuestras fuerzas. Pero nos sentimos al mismo tiempo felices en poder consagrar toda nuestra actividad para llevar a cabo esta encomienda y en unir a la misma nuestros insignificantes sacrificios personales. De manera que podemos repetir lo del Apóstol de las gentes: Me alegro de mis padecimientos por vosotros, y suplo en mi carne lo que falta a las tribulaciones de Cristo por su Cuerpo, que es la Iglesia, de la que soy Ministro (Colos., 1,24-25).

martes, 16 de julio de 2019

La Sangre Preciosa de Cristo (10) El Cuerpo Místico de Cristo - Cardenal Piazza


II

LA SANGRE PRECIOSA DE CRISTO
EN EL MISTERIO DE LA IGLESIA


EL CUERPO MÍSTICO DE CRISTO



Aquel cuerpo natural que se formó en el seno de la Virgen por obra del Espíritu Santo, cuerpo divinamente bello y perfecto, con el que Cristo llevó a cabo el drama cruento y el misterio de la Redención; que más tarde resucitó del sepulcro en su integridad física y con toda la Sangre que había perdido (cfr, Summa., III, q. 54, a. 2), desde el día memorable de la Ascensión, se encuentra ahora a la diestra de Dios Padre, siempre vivo para interceder por nosotros (Hebr., 7,25). Mas antes de separarse Jesús de sus Apóstoles, les aseguró: Yo estaré con vosotros siempre hasta la consumación del mundo (Mt., 28,20). Y lejos de haber faltado jamás a su promesa, El permanece, efectivamente, siempre presente de manera misteriosa y tan íntimamente unido a la Iglesia, que hace con ella su Cuerpo Místico, del que Él es Cabeza y nosotros sus miembros. Tal es la sublime realidad, descubierta por la estupenda doctrina de San Pablo.

La Iglesia es la obra maestra de Cristo, quien la fundó con el fin de que continuase administrando los bienes de la Redención a las almas de los creyentes en el decurso de los siglos. Mas eso no hubiera sido posible si no creaba un organismo viviente que recibiera de Cristo e flujo continuado de la vida, con el fin de que fuera transfundida a los miembros articulados y unidos para formar un organismo.

lunes, 15 de julio de 2019

La Sangre Preciosa de Cristo (9) La Esposa lavada en la Sangre - Cardenal Piazza


II
LA SANGRE PRECIOSA DE CRISTO
EN EL MISTERIO DE LA IGLESIA



La adorable Persona del Redentor domina los siglos. El Apóstol San pablo pudo afirmar: Jesucristo es e mismo ayer y hoy y por los siglos (Hebr., 13,8). En efecto, el Cristo histórico se anticipó en el Cristo divinamente prometido y vivido en la fe de los patriarcas y de los profetas, y hoy sobrevive en el Cristo místico, viviente aún en la Iglesia y en las almas.

Tal es el fruto de su obra admirable, la Redención. Aunque es cierto que en sus elementos causales ésta estuvo circunscrita a la vida mortal de Cristo, desde el primer instante de su concepción hasta el último suspiro de la Cruz, con todo, en todos los siglos que le precedieron hubo su preparación, siempre magnífica, y en todos los siglos que le sucedieron ha habido aplicación admirable de la misma, que la hizo siempre actual e inagotable.

Por eso, la Sangre de Cristo sella, aunque en forma distinta, el Antiguo y el Nuevo Pacto. En el Primero estuvo figurada en los sacrificios legales, y anticipó, por decirlo así, su eficacia en virtud de la fe en un futuro derramamiento. En el Nuevo está recogida en el seno de la Iglesia y continúa derramándose a través de los siglos en místicas efusiones que llevan por todas partes la virtud y los frutos de la Redención. Vamos a fijar más esta idea.

LA ESPOSA LAVADA EN LA SANGRE



La Iglesia es la sociedad de los hombres que viven la vida de Cristo. Resulta constituida por dos elementos esenciales: el elemento visible y natural, que son los mismos hombres que forman parte de tal sociedad. El elemento invisible y sobrenatural es el otro, y precisamente es la vida de la gracia traída a la tierra y comunicada por el Redentor: Yo he venido para que tengan vida y la tengan abundante (Jo., 10,10). Pues bien. Tal comunicación supone la unión íntima y continua de la Iglesia con Cristo. He aquí el misterio que sólo conocemos por fe y que, en su amplitud y profundidad, trasciende nuestra inteligencia.

El Apóstol San Pablo, Doctor de la Sangre de Cristo, nos ofrece dos concepciones, divinamente inspiradas, que abren camino para poder llegar a conocer esta realidad mística, sublime y trascendental.

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