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miércoles, 15 de marzo de 2023

Quince minutos en compañía de Jesús Sacramentado

 

Quince minutos en compañía 

de Jesús Sacramentado

No es preciso, hijo mío, saber mucho para agradarme mucho; basta que me ames con fervor. Háblame, pues, aquí sencillamente, como hablarías a tu madre, a tu hermano.

 

¿Necesitas hacerme en favor de alguien una súplica cualquiera?
Dime su nombre, bien sea el de tus padres o hijos, bien el de tus hermanos y amigos; dime enseguida qué quisieras que hiciese actualmente por ellos. Pide mucho, mucho, no vaciles en pedir; me gustan los corazones generosos que llegan a olvidarse en cierto modo de sí mismos, para atender a las necesidades ajenas.

 

Háblame así, con sencillez, de los pobres a quienes quisieras consolar, de los enfermos a quienes ves padecer, de los extraviados que anhelas volver al buen camino, de los amigos ausentes que quisieras ver otra vez a tu lado. Dime por todos una palabra de amigo, palabra entrañable y fervorosa. Recuérdame que he prometido escuchar toda súplica que salga del corazón; y ¿no ha de salir del corazón el ruego que me dirijas por aquellos que tu corazón especialmente ama?


Y para ti, ¿necesitas alguna gracia?

Hazme, si quieres, como una lista de tus necesidades, y ven, léela en mi presencia. Dime francamente que sientes soberbia, amor a la sensualidad, envidia; que eres tal vez egoísta, inconstante, negligente, perezoso...o tal vez juzgas muy fácilmente a los demás o hablas sin caridad de ellos; y pídeme luego que venga en ayuda de los esfuerzos, pocos o muchos, que haces para quitar de ti tales males.

 

No te avergüences, ¡pobre alma! ¡En el cielo hay tantos justos, tantos Santos de primer orden, que en su momento tuvieron esos mismos defectos! Pero rogaron con humildad; y poco a poco se vieron libres de ellos. Menos aún vaciles en pedirme bienes espirituales y corporales: salud, memoria, amor, amistades que te sean provechosas, paciencia, alegría, éxito en tus trabajos, negocios o estudios; todo eso puedo darte, y lo doy libremente, y deseo que me lo pidas, siempre y cuando no se oponga, antes bien favorezca y ayude a tu santificación.

 

Hoy por hoy, ¿qué necesitas?

domingo, 13 de septiembre de 2020

San Juan Crisóstomo y la Eucaristía

 

San Juan Crisóstomo


PAN DE VIDA

“Cuando les dio pan y sació su hambre le llamaban profeta y trataban de hacerle rey; pero cuando los instruía sobre el alimento espiritual, sobre la vida eterna, cuando los desviaba de las cosas sensibles cuando les hablaba de la resurrección y levantaba sus ánimos, cuando más que nunca debieran admirarle, entonces murmuraban y se retiraban de Él”..

 “Llámase a sí mismo Pan de vida (Jn 6,48) porque sustenta nuestra vida, tanto la presente como la futura por lo cual añadió El que coma de este pan vivirá para siempre. (Y pan llama aquí, o bien a los dogmas saludables y a la fe en Él,  o bien su propio cuerpo. Pues ambas cosas fortalecen al alma.

LA MUESTRA DE AMOR

         “Pues bien, para que esto lleguemos a ser no solamente por el amor, sino también en realidad, mezclémonos con aquella carne; porque esto se lleva a cabo por medio del manjar que El nos dio, queriendo darnos una muestra del vehemente amor que nos tiene. Por eso se mezcló con nosotros y metió cual fermento en nosotros su propio cuerpo, para que llegáramos a formar un todo, como el cuerpo unido con su cabeza. Pues ésta es prueba de ardientes amadores… “Pues por eso hizo lo mismo Cristo, induciéndonos a mayor amistad y demostrándonos su amor ardentísimo hacia nosotros; ni sólo permitió a quienes le aman verle, sino también tocarle, y comerle, y clavar los dientes en su carne, y estrecharse con El, y saciar todas las ansias del amor.

BESO SANTO

“Siempre que estamos a punto de acercarnos a la sagrada mesa, se nos manda besarnos mutuamente y acogernos con el santo saludo. ¿Por qué razón? Puesto que estamos separados por los cuerpos, en aquella ocasión entrelazamos nuestras almas unas con otras mediante el beso, de modo que nuestra reunión sea tal cual lo era aquella de los apóstoles, cuando el corazón y el alma de los fieles eran uno solo. Así, efectivamente, es preciso que nos lleguemos a los sagrados misterios: estrechamente unidos los unos con los otros. Escucha lo que dice Cristo: Si traes tu ofrenda al altar, y allí te acuerdas de que tu hermano tiene algo contra ti, marcha, reconcíliate primero con tu hermano y entonces ven y ofrece tu  presente. 
No dijo: «Primero ofrece», sino: «Reconcíliate primero, y entonces ofrece». Por esto mismo nosotros también, con el don delante, primero nos reconciliamos mutuamente, y entonces nos acercamos al sacrificio.” (Catequesis Bautismales IV 10)

EUCARISTÍA: MEMORIA

                “Mientras comían, Jesús tomó pan y lo partió (Mt 26, 26). ¿Por qué celebró el misterio de la Eucaristía en el mismo momento de la Pascua? Fue para que aprendieras de todas las formas que él es el autor de la Ley antigua y que ésta contenía la figura de lo que se relacionaba con él. A esta figura él sustituye la realidad. La circunstancia de que fuese la tarde también tenía una significación: representaba la plenitud de los tiempos y el remate final de las cosas... Si la pascua, que era una simple figura, pudo librar a los Hebreos de la esclavitud, ¿cuánto más librará la realidad al universo?...

Tomad y comed, dice Jesús, este es mi cuerpo que se da por vosotros (1 Cor 11, 24). ¿Cómo no se turbaron los discípulos al escuchar estas palabras? Porque Cristo les había hablado ya mucho sobre esta materia (cf. Jn 6). No insiste sobre ello, pues estima que les había hablado lo suficiente...

Confiemos también nosotros plenamente en Dios. No le pongamos dificultades, aunque lo que diga parezca ser contrario a nuestros razonamientos y a lo que vemos. Que más bien su palabra sea maestra de nuestra razón y de nuestra misma visión. Tengamos esta actitud frente a los misterios sagrados: no veamos en ellos solamente lo que se ofrece a nuestros sentidos, sino que tengamos sobre todo en cuenta las palabras del Señor. Su palabra no puede engañarnos, mientras que nuestros sentidos fácilmente nos equivocan; ella jamás comete un fallo, pero nuestros sentidos fallan a menudo. Cuando el Verbo dice: Esto es mi cuerpo, fiémonos de él, creamos y contemplémosle con los ojos del espíritu. Porque Cristo no nos ha dado nada puramente sensible: aun en las mismas realidades sensibles, todo es espiritual. Así, el bautismo es una realidad sensible que se nos administra por el don del agua, pero su eficacia es de orden espiritual, el de renacer y renovarse. Si fueses un ser incorporal, estos dones incorporales se te concederían sin intermediario; pero como el alma está unida al cuerpo, los dones espirituales se te comunican por medio de realidades sensibles.

sábado, 12 de septiembre de 2020

¡Volvemos con alegría a la Eucaristía! - Card. Robert Sarah

 

¡Volvemos con alegría a la Eucaristía!

Carta a los presidentes de las

Conferencias Episcopales de la Iglesia Católica

sobre la celebración de la liturgia

durante y después de la pandemia del COVID 19

 

         La pandemia debida al virus Covid 19 ha producido alteraciones no solo en las dinámicas sociales, familiares, económicas, formativas  y laborales, sino también en la vida de la comunidad cristiana, incluida la dimensión litúrgica. Para impedir el contagio del virus ha sido necesario un rígido distanciamiento social, que ha tenido repercusión sobre un aspecto fundamental de la vida cristiana: “Donde dos o tres están reunidos en mi nombre, allí estoy yo en medio de ellos” (Mt. 18,20); “Perseveraban en la enseñanza de los apóstoles, en la comunión, en la fracción del pan y en las oraciones. Los creyentes vivían todos unidos y tenían un todo en común” (Hch. 2,42.44)

         La dimensión comunitaria tiene un significado teológico: Dios es relación de Personas en la Trinidad Santísima; crea al hombre en la complementariedad relacional entre hombre y mujer porque “no es bueno que el hombre este solo” (Gén. 2,18), se relaciona con el hombre y la mujer y los llama, a su vez, a la relación con Él: como bien intuyó San Agustín, nuestro corazón está inquiero hasta que encuentra a Dios y descansa e Él (cf. Confesiones, 1,1). El Señor Jesús inició su ministerio público llamando a un grupo de discípulos para que compartieran con Él la vida y el anuncio del Reino; de este pequeño rebaño nace la Iglesia. Para describir la vida eterna, la Escritura usa la imagen de una ciudad; la Jerusalén del cielo (cf. Ap. 21); una ciudad es una comunidad de personas que comparten valores, realidades humanas y espirituales fundamentales, lugares, tiempos y actividades organizadas, que concurren en la construcción del bien común. Mientras los paganos construían templos dedicados a la divinidad, a los que las personas no tenían acceso, los cristianos, apenas gozaron de la libertad de culto, rápidamente edificaron lugares que fueran domus Dei, el Domus eclesiae, donde los fieles pudieran reconocerse como comunidad de Dios, pueblo convocado para el culto y constituido en asamblea santa. Por eso, Dios puede proclamar: “Yo seré vuestro Dios y tú serás mi pueblo” (cf. Éx. 6,7; Dt. 14,2). El Señor se mantiene fiel a su Alianza (cf. Dt7,9) e Israel se convierte, por tanto, en Morada de Dios, lugar santo de su presencia en el mundo (cf. Éx 29,45; Lev. 26,11-12). Por eso, la casa del Señor supone la presencia de familia de los hijos de Dios:

lunes, 3 de agosto de 2020

Instrucción «Memoriale Domini» sobre el modo de administrar la comunión - Congregación para el Culto Divino


Instrucción «Memoriale Domini»

Sagrada Congregación para el Culto divino,
sobre el modo de administrar la comunión

y

Carta anexa a la Instrucción Memoriale Domini

San Juan Evangelista dando la comunión a la Virgen - Francisco Ribalta

Al celebrar el memorial del Señor, la Iglesia atestigua por el mismo rito la fe y la adoración de Cristo, que está presente en el sacrificio y se da como alimento a los que participan de la mesa eucarística.

Por eso da mucha importancia a que la Eucaristía sea celebrada y participada del modo más digno y fructuoso, guardando enteramente la tradición que, mediante un cierto desarrollo, llega hasta nosotros y cuyas riquezas han sido infundidas en el uso y en la vida de la Iglesia. Pues los documentos históricos demuestran que el modo de celebrar y de sumir la sagrada Eucaristía ha sido multiforme. También en nuestros tiempos se han introducido en la celebración de la Eucaristía no pocas ni leves modificaciones, en cuanto al rito, para que se acomodase mejor a las necesidades espirituales y psicológicas de los hombres actuales. Y en la misma disciplina que regula el modo con que los fieles participan en el divino Sacramento se ha establecido de nuevo, en ciertas circunstancias, la comunión bajo las dos especies de pan y vino, que en otros tiempos fue común también en el rito latino y poco a poco fue cayendo en desuso. Situación que se hizo general en tiempos del Concilio de Trento, el cual la aprobó con doctrina dogmática y la defendió como apropiada a las condiciones de aquella época. 1


Con las reformas indicadas se han hecho más vivos y transparentes el signo del convite eucarístico y el cumplimiento omnímodo del mandato de Cristo. Pero, al mismo tiempo, la participación más plena de la celebración eucarística, significada por la comunión sacramental, ha suscitado en algunas partes, durante los últimos años, el deseo de volver al uso de depositar el pan eucarístico en la mano de los fieles, para que ellos mismos, comulgando, lo introduzcan en su boca.

Más aún, en algunas comunidades y lugares se ha practicado este rito, sin haber pedido antes la aprobación de la Sede Apostólica, y a veces de manera que les ha faltado a los fieles la oportuna preparación.

Es verdad que, según el uso antiguo en otros tiempos, se permitió a los fieles tomar en la mano este divino alimento y llevarlo a la boca por sí mismos, y también, en tiempo antiquísimo, llevar consigo el Santísimo desde el lugar en que se celebraba el sacrificio, principalmente con el fin de aprovecharse de él como viático en el caso de tener que luchar por la confesión de la fe.

Sin embargo, las normas de la Iglesia y los documentos de los Padres manifiestan con abundancia la máxima reverencia y la prudencia suma con que se trataba a la sagrada Eucaristía. Porque «nadie... come aquella carne sin adorarla antes»2, y, al asumirla, se amonesta a todos: «... tómala, y estate atento para que no se te pierda nada»3: «Porque es el Cuerpo de Cristo.»4

domingo, 2 de agosto de 2020

Meditaciones del tiempo ordinario con textos de Santo Tomás de Aquino 125


Domingo de la 18ª semana

LA CENA DEL SEÑOR

La última cena - Juan de Juanes

Podemos distinguir tres cenas de Cristo: sacramental, espiritual y eterna.

De la primera se dice en cl Apocalipsis (19, 9): Bienaventurados los que han sido llamados a la cena de las bodas del Cordero. Verdaderamente son bienaventurados, en el presente por la gracia, y en el futuro por la gloria. Y me vinieron todos los bienes juntamente con ella (Sab 7, 11). A esto añade la Glosa: "El que recibe a Cristo en el corazón, o percibe la noticia de todas las cosas, éste tiene aquí igualmente la virtud y la gracia, y en el futuro la vida eterna." Ésta es la cena en la cual lavó Cristo los pies de sus discípulos, esto es, la parte afectiva de nuestra alma de los pecados veniales, porque en este sacramento se verifica la transformación del hombre en Cristo, por el amor. Y porque los pecados veniales son contrarios al fervor del amor, fervor que es excitado en este sacramento, por eso se perdonan, en consecuencia, los pecados veniales. Y así explica San Bernardo: "El alma se embriaga de celestial dulzura en el sacramento del altar, el pecado venial es destruido y el hombre se robustece en la gracia."

De la segunda se dice también en el Apocalipsis (3, 20): He aquí que estoy a la puerta, y llamo, a las puertas cerradas del corazón, según la Glosa; si alguno oye mi voz, y me abre la puerta, entrare en él, y cenaré con él, y él conmigo, esto es, como se entiende por la Glosa: "me deleitaré en su fe y sus obras". Esta cena está expresada místicamente en el Evangelio de San Juan, donde se dice: Jesús, seis días antes de la Pascua, vino a Betania... y le dieron allí una cena, y Marta servía (Jn 12, 1-2). Por lo cual explica Alcuino que místicamente la cena del Señor es la fe de la Iglesia, que obra por amor. Marta sirve con fe, cuando el alma ejecuta las obras de su devoción. Lázaro es uno de los que estaban sentados, cuando aquellos que resucitaron a la justicia después de la muerte de los pecados, juntamente con los que permanecieron en su justicia, se regocijan de la presencia de la verdad y se sustentan con los dones de la gracia celestial. Y bien se dice en "Betania", que significa ''casa de obediencia".

jueves, 30 de julio de 2020

Comunión en la mano: una desobediencia legitimada - Mons. Nicola Bux


Artículo de Mons. Nicola Bux
Publicado en la Brújula Cotidiana


De la Comunión en la mano no se habla en el Concilio ni en la reforma litúrgica. Tiene sus raíces en el Post Concilio y opera en las diócesis rebeldes del norte de Europa. Pablo VI trató de detenerla con la Instrucción Memoriale Domini, que fue creada para prohibirla y concede un indulto sólo a las diócesis rebeldes en caso de que no pudieran detener el abuso. En el primer aniversario de su muerte, la Brújula Cotidiana recuerda a Juan Rodolfo Laise, el obispo que escribió la verdad sobre la comunión en la mano y se opuso a esta práctica contraria a la ley universal de la Iglesia en su diócesis.

Hasta el 26 de abril de 1996, el episcopado argentino fue uno de los pocos en el mundo en continuar con el rechazo de la práctica, introducida a fines de la década de 1960 en abierta oposición a la voluntad de Pablo VI, de distribuir a los fieles la Sagrada Comunión en la mano. Justo ese día, se obtuvieron suficientes votos en la Asamblea de la Conferencia Episcopal Argentina para pedirle a Roma el indulto que permitiría la introducción de esta práctica contraria a la ley universal de la Iglesia.

Roma inmediatamente otorgó este indulto, pero según la ley de la “Instrucción Memoriale Domini, sobre el modo de administrar la Comunión”, que afirmaba claramente que la prohibición de dar la Comunión en la mano tenía que ser universalmente preservada, pero que, allí (y solo allí) donde el uso ya se había introducido de manera abusiva y se había arraigado de tal manera que los obispos de la conferencia episcopal local consideraron que no había más remedio que tolerarlo, “El Santo Padre […] concede que, en el territorio de la Conferencia Episcopal, cada obispo, según su prudencia y conciencia, puede autorizar la introducción del nuevo rito en su diócesis para distribuir la Comunión”.

El entonces obispo de San Luis (Argentina), Juan Rodolfo Laise, juzgó según su prudencia y conciencia que estas circunstancias no se verificaran en su diócesis, por lo tanto, no consideró oportuno hacer uso de este indulto. Esta decisión fue interpretada de inmediato por muchos como una ruptura de la unidad del episcopado e incluso como una “rebelión” contra una disposición litúrgica en vigor a partir de entonces. El obispo de San Luis consultó con los diversos dicasterios romanos competentes que aprobaron su decisión por unanimidad.

miércoles, 1 de julio de 2020

La comunión en tiempos de pandemia. ¿Y después? - Mons. Héctor Aguer


La comunión en tiempos de pandemia. ¿Y después?


El Estado argentino, ejerciendo su genética inclinación al autoritarismo, se atribuye el deber y la facultad de cuidarnos a todos del contagio de la nueva plaga. Ha determinado, entonces, que el culto de Dios y la recepción de los sacramentos no son «actividades esenciales». Permite alguna apertura de los templos, según su apreciación de la situación sanitaria, pero con prohibición de las celebraciones litúrgicas.

Lo peor es que se haya aceptado mansamente esta pretensión totalitaria. Es verdad que, gracias a Dios, algunos sacerdotes hacen uso del sentido común y de la libertad cristiana, con beneplácito de los fieles que se acercan. Los políticos han fingido ignorar el formidable «banderazo» protagonizado por multitudes en todo el país que el 20 de Junio, «Día de la Bandera», enarbolaron la enseña patria y proclamaron su hartazgo con la cuarentena que ya es «noventena», y continuará vete a saber hasta cuándo. Nuestro Himno Nacional canta «Libertad, libertad, libertad», pero los derechos y garantías que asegura nuestra Constitución tienen dudosa vigencia en lo que fue la República Argentina, y ahora se llama «Argentina Presidencia». Nos gobiernan los DNU, «decretos de necesidad y urgencia» del Poder Ejecutivo.

En ese contexto, algunos pastores de la Iglesia han determinado que se debe recibir la Sagrada Comunión en la mano; esto donde los fieles soliciten el sacramento, y los sacerdotes estén dispuestos a cumplir con su elemental obligación pastoral. La cautela parecería razonable, aunque se ha difundido también otra opinión, según la cual habría tanto o más riesgo de contagio comulgando en la mano que en la boca. Por algo se invita hasta el cansancio a lavarnos las manos frecuentemente. Se me ocurre que, en realidad, quizá podría hacerse lo uno o lo otro con igual cuidado y sin peligro. No tengo competencia para dilucidar este asunto, y además mi intención en esta nota se dirige al después, y a recordar cuál es la disciplina vigente en la Iglesia, y el consiguiente derecho de los católicos. Vayamos al grano.

Según la disciplina eclesial se puede recibir la comunión de pie o de rodillas, en la mano o en la boca. Sin embargo, no se puede negar una tendencia, impuesta de hecho, a comulgar de pie. Lo correcto sería disponer un reclinatorio, de manera que quienes desearan conservar la forma tradicional de arrodillarse pudieran hacerlo, dirigiéndose hacia ese lugar en una fila propia. Muchos sacerdotes -lo he comprobado- se resisten a ofrecer esta solución; de ese modo se obliga prácticamente a comulgar de pie, y esta postura entonces se generaliza como si fuera la costumbre debida, la única que corresponde. No tengo nada esencialmente decisivo contra ella, pero sí me parece necesario advertir que quienes la practican no deberían omitir un gesto de reverencia o adoración. San Agustín enseñaba que «no se puede comer este Pan sin antes adorarlo»; sería simplemente la exteriorización, en el orden litúrgico de los signos, de la fe en la presencia sustancial del Señor bajo las especies eucarísticas.

La comunión en la mano, independientemente de la antigüedad del gesto, es una forma que se ha adoptado y difundido en las últimas décadas, después de siglos de vigencia de la praxis oficial en el rito latino, que era comulgar en la boca. Recuerdo haber oído hace tiempo un argumento ridículo en favor de la nueva postura: son los bebés quienes reciben el alimento en la boca; los adultos los tomamos con las manos. Pero se podría emplear otra comparación como contraargumento: tomar con la mano, tener en la mano, indica la posesión de quien se hace dueño de algo, y no podemos decir que es esa la relación de un católico con el Cuerpo del Señor, que se recibe como un don inmerecido. En mi opinión, habría que tener en cuenta otras cautelas.

martes, 30 de junio de 2020

“La comunión en la lengua es más segura que la comunión en la mano" Dr. Filippo María Boscia


Declaraciones del
Prof. Filippo María Boscia
Presidente nacional de la
Asociación de Médicos Católicos Italianos



“El problema que nos preocupa a todos, y en primer lugar a los médicos, es la difusión del virus. Lo que es seguro es que las manos son la parte del cuerpo más expuesta a los virus, porque lo tocan todo, desde objetos infectados a dinero. Hay personas obsesionadas con la idea de contagiarse y enfermar. Me gustaría contar una anécdota sobre esto: Al principio de mi carrera, un médico, compañero de trabajo, me pasó una pluma estilográfica muy elegante para que firmara un certificado. No quiso que se la devolviera porque yo la había tocado, y me la regaló. Como la situación me dejó incómodo, le compré una pluma estilográfica pero no la quiso, porque seguramente muchos la habrían tocado antes que yo. El resultado es que ahora tengo dos plumas estilográficas muy elegantes. Este médico contrajo un virus y murió, tal vez porque le faltaban anticuerpos”.

“La comunión en la lengua es más segura que la comunión en la mano. Como he dicho, las manos lo tocan todo, por lo que, definitivamente, es más contagiosa. En África he operado en carreteras polvorientas y al aire libre, en condiciones nada favorables, pero nadie enfermó. No era un riesgo para la gente”.

“Sí, he leído sobre las pincitas. Y también sobre la propuesta de distribuir la hostia consagrada en pequeños sobres para llevar. En serio, después de la gripe española, la gente siguió recibiendo la comunión en la lengua y nada cambió. Creo que estamos perdiendo el sentido común. No deberíamos estar defendiendo ciertas cosas. Sí, la salud es importante, es obvio, pero no hay que exagerar ni perder la razón. Como médico, estoy convencido que la comunión en la mano es menos higiénica y, por consiguiente, menos segura que la comunión en la lengua. Además, ¿no se nos está diciendo a diario que no toquemos nada, que nos lavemos las manos, que nos desinfectemos, que no nos toquemos el rostro, los ojos, la nariz? Tenemos que seguir algunas reglas sanitarias básicas y necesarias. No debemos tener miedo, ni debemos especular y, menos aún, perseguir intereses comerciales”.

sábado, 27 de junio de 2020

Oración de San Cirilo de Alejandría a la Virgen María agradeciéndole la Eucaristía


Oración de San Cirilo de Alejandría a la Virgen María
agradeciéndole la Eucaristía


“¡Oh Santísima Señora, Theotokos, luz de mi pobre alma, mi esperanza,
mi protección, mi refugio, mi consuelo, y mi alegría!
Te agradezco por haberme permitido participar
del purísimo cuerpo y de la purísima sangre de tu Hijo.

Ilumina los ojos de mi corazón, O Bendita Virgen
que llevaste la fuente de la inmortalidad.
O tiernísima y amorosa Madre del Dios misericordioso; ten misericordia de mi
y concédeme un corazón arrepentido y contrito con humildad de mente.

Guarda mis pensamientos de que se pierdan en toda clase de distracciones,
y hazme siempre digno, hasta mi último aliento,
de recibir los purísimos misterios de Cristo para la sanación
de mi alma y cuerpo.

jueves, 18 de junio de 2020

Meditaciones después del tiempo pascual con textos de Santo Tomás de Aquino 68


Jueves después del Corpus

USO DE LA EUCARISTÍA


I. La Eucaristía debe recibirse frecuentemente.

Los efectos de este sacramento son análogos a los de la nutrición corporal. De continuo se verifica un desperdicio del humor natural por la acción del calor y el trabajo; y es necesario tomar frecuentemente alimento corporal para reparar lo perdido, de modo que el desgaste continuo no produzca la muerte.

Así, por la concupiscencia original y la ocupación en cosas exteriores, se verifica un desgaste de devoción y de fervor, con los que el hombre se recoge en Dios. Por consiguiente, es necesario reponer muchas veces lo perdido, para que el hombre no se aleje totalmente de Dios.

II. ¿Es necesario comulgar diariamente?

miércoles, 17 de junio de 2020

Meditaciones después del tiempo pascual con textos de Santo Tomás de Aquino 67


Miércoles después del Corpus

LA EUCARISTÍA PERDONA LOS PECADOS VENIALES


En este sacramento pueden considerarse dos cosas: el sacramento mismo y la cosa del sacramento. Y de una y otra resulta que este sacramento tiene virtud para perdonar los pecados veniales.

Porque este sacramento se torna bajo la especie de manjar nutritivo; y la nutrición del manjar es necesaria al cuerpo para reparar lo que diariamente pierde por la acción del calor natural. Bajo el concepto espiritual hay en nosotros una pérdida diaria, que resulta del calor de la concupiscencia por medio de los pecados veniales, que disminuyen el fervor de la caridad. Y así, compete a este sacramento perdonar los pecados veniales; por lo cual dice San Ambrosio que "este pan cotidiano se torna para remedio de la debilidad cotidiana" *.

La cosa, sin embargo, de este sacramento es la caridad (no sólo en cuanto al hábito, sino también en cuanto al acto), que es excitada en este sacramento, por el cual son borrados los pecados veniales.

Luego es evidente que por virtud de este sacramento se perdonan los pecados veniales.

martes, 16 de junio de 2020

Meditaciones después del tiempo pascual con textos de Santo Tomás de Aquino 66


Martes después del Corpus

POR LA EUCARISTÍA
SE PERDONA LA PENA DEL PECADO


El sacramento de la Eucaristía es a la vez sacrificio y sacramento; es sacrificio en cuanto es ofrecido, y sacramento en cuanto se recibe. Y por esto el efecto como sacramento se produce en el que lo consume, y como sacrificio en el que lo ofrece o en aquéllos por quienes se ofrece.

Si, pues, se considera como sacramento, tiene dos clases de efectos: 1º, directamente por virtud del sacramento; 2º, como por cierta concomitancia. Por virtud del sacramento tiene directamente aquel efecto para el que ha sido instituido; y no lo ha sido para satisfacer, sino para alimentar espiritualmente por la unión a Cristo y a sus miembros, como también el nutrimiento se une al que se nutre. Pero como esta unión se verifica por la caridad, por cuyo fervor uno consigue el perdón, no sólo de la culpa, sino también de la pena, de ahí resulta que, por cierta concomitancia con su efecto principal, el hombre consigue la remisión de la pena, no de toda ella, sino según el modo de su devoción y fervor.

lunes, 15 de junio de 2020

Meditaciones después del tiempo pascual con textos de Santo Tomás de Aquino 65


Lunes después del Corpus

LA EUCARISTÍA PRESERVA AL HOMBRE
DE LOS PECADOS FUTUROS


Éste es el pan que desciende del cielo; para que el que comiere de él no muera (Jn 6, 50.)

El pecado es cierta muerte espiritual del alma. Por lo tanto, alguno es preservado del pecado futuro como lo es el cuerpo de la muerte futura; lo cual se verifica de dos modos: 1º, en cuanto la naturaleza del hombre se robustece interiormente contra los factores internos de corrupción, y de este modo es preservado de la muerte por la comida y por la medicina; 2º, porque se defiende de los ataques exteriores, y así es preservado por las armas de que está provisto su cuerpo.

De uno y otro modo preserva del pecado este sacramento:

Pensamientos de Santa María Micaela del Santísimo Sacramento




AMOR AL SANTÍSIMO SACRAMENTO

* Estoy tan unida con mi amado Jesús, que soy con Él demasiado feliz. 
* Adoratriz soy en verdad del Santísimo Sacramento, aunque no como debo y tan alta majestad merece.
* Quita el juicio pensar lo bueno que es Dios.
* Haced bien y con fervor la Adoración a Jesús Sacramentado, porque paga muy bien un solo pensamiento con indecibles consuelos y da fuerza para todos los trabajos de la vida.
* Ya no tengo corazón, se lo di a mi Amado y no se lo he de pedir.
* Que en el amor a Jesús Sacramentado nadie nos lleve ventaja jamás, hijas mías.
* Mi alma tiene hoy una gran necesidad de pasar unas horas a solas con mi Dios, con mi Amado Jesús Sacramentado.
* ¡Dios es todo mío!...Que yo sea toda suya de obra, ya que los deseos son muy grandes y vivos.
* No tengo domicilio fijo; soy como mi amado Señor, que está en todas partes y va donde le llaman y buscan.
* Si cien veces me hallara en mi opulenta casa y goces, los dejara por Dios.

domingo, 14 de junio de 2020

Alabado sea el Santísimo - Canto


Alabado sea el Santísimo

Alabado sea el Santísimo
Sacramento del altar
y la Virgen concebida
sin pecado original

Celebremos con fe viva
este Pan angelical
y la Virgen concebida
sin pecado original.

Cantemos al amor de los amores


Cantemos al amor de los amores

1. Cantemos al Amor de los amores,
cantemos al Señor.
Dios está aquí; venid adoradores,
adoremos a Cristo Redentor.

GLORIA A CRISTO JESÚS;
CIELOS Y TIERRA, BENDECID AL SEÑOR;
HONOR Y GLORIA A TI, REY DE LA GLORIA,
AMOR POR SIEMPRE A TI, DIOS DEL AMOR.
[BIS TODO]

2. Cantemos al Amor de los Amores
cantemos sin cesar,
Dios está aquí, ¡venid adoradores,
adoremos, a Cristo en el altar!

Meditaciones después del tiempo pascual con textos de Santo Tomás de Aquino 64


Domingo después del Corpus

LOS PECADOS VENIALES
NO IMPIDEN EL EFECTO DE ESTE SACRAMENTO


I. San Agustín, comentando las palabras de Juan 5, 50-52: Si uno come de este pan, etc., dice: Comed espiritualmente el pan celeste, aportad inocencia al altar, que vuestros pecados, aunque sean cotidianos, no sean mortíferos. De donde se deduce que los pecados cotidianos, que se llaman pecados veniales, no impiden el alimento espiritual. Pero los que se alimentan espiritualmente reciben el efecto de este sacramento. Luego los pecados veniales no impiden el efecto de este sacramento.

II. Este sacramento no posee menos virtud que el bautismo. Pero el efecto del bautismo solamente es impedido por la ficción, en cuya categoría no están los pecados veniales, porque, como se dice en Sabiduría 1, 5: El Espíritu Santo, que nos educa, huye de la doblez, el cual, sin embargo, no huye con los pecados veniales. Luego tampoco los pecados veniales impiden el efecto de este sacramento.

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