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lunes, 24 de marzo de 2014

Autobiografía del hijito que no nació - Hugo Wast

"Autobiografía del hijito que no nació"
de Hugo Wast

Capítulo I
Lo que mi ángel me cuenta

Desde hace un instante soy un ser humano. Mi cuerpo es tan pequeño todavía que no puede ser visto por los ojos de nadie, pero mi alma ya es tan grande como lo será siempre. Dios la ha creado para mí, en el mismo momento en que yo he comenzado a existir. Dios me ama como si yo fuera una persona perfecta. Dios sigue creando un sinnúmero de almas cada día, para todos los seres, hijos de los hombres, que son llamados a la vida. Mi ángel me dicen que nacerán tantos como se necesitan para repoblar el cielo, que el diablo ha despoblado de la tercera parte de sus habitantes.
Estas cosas profundas para persona tan pequeñita como yo, son las primeras que me ha enseñado mi ángel guardián. Debo explicar que tengo un ángel guardián elegido entre los innumerables ángeles que quedaron fieles al servicio de Dios.
¡Mejor aún! Me enseña que Dios me ha amado desde toda la eternidad, como si no hubiera de existir otro ser sino yo. Y que por mí ha realizado infinitas maravillas. Así las ha realizado para todos los seres humanos y su Hijo ha muerto por cada uno de ellos, como si fuera el único en le mundo, para salvarlo de la guerra que hace a los hombres el diablo.
Yo apenas entiendo todo esto, pero él me lo repite y trato de retenerlo. Sin embargo, confieso que me cansa. Querría dormir.
Mi ángel me habla sin ruido y sin palabras. Es como un fluido que me penetra. Lo comprendo perfectamente. Mis oídos todavía no están formados. Me dice que yo soy un hombrecito. O una mujercita. Lo ignora o no me lo quiere decir.
Comprendo que sabe muchas cosas, pero que no conviene que me lo cuente todo. Me guarda infinidad de secretos para cuando yo sea mayor. Dice que si me habla demasiado, mi pequeño cuerpo se va a cansar. Y es verdad, vuelvo a sentirme con ganas de dormir un rato largo.
Será mi primera noche en el seno de mi mamá, que todavía ignora que yo existo. Mi ángel me dice que es mejor que ella siga ignorándolo.
¿Por qué no es bueno que una madre sepa que s hijito o hijita existe ya?
Estoy cansado. Será el primer sueño de mi vida en el suave y tibio seno de mi madre. ¡Qué oscuridad, Dios mío! ¿Es porque todavía mis ojos no se han formado?

Capítulo II
Mi cuerpo va creciendo.
Mis oídos recogen algunos rumores de afuera.
¿Quién es mi ángel? ¿Cómo se llama?

Cada nuevo día mi ángel me despierta con una oración. Todavía yo no puedo aprenderla porque no tengo memoria. Sin embargo me parece que mi cuerpo ya no es tan pequeñito y que llego a percibir algunos rumores que vienen de muy lejos.
Todo lo que está fuera de este rinconcito tibio y suave donde voy criándome, es lejos para mí.
Dice el ángel que algún día todo eso me parecerá muy cerca y que entonces él mismo, que ahora me cuida y enseña, tendrá que alejarse de mí. Esto me ha llenado de preocupaciones, lo cual significa que mi cerebro ya comienza a formarse.
No me animo a preguntarle a mi ángel cómo podrá algún día estar lejos de mí, si Dios le ha mandado que sea mi custodio y compañero siempre, aunque algún día yo deje de estar donde ahora estoy, porque me habré desarrollado completamente.

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