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martes, 4 de junio de 2019

Próvida Matris Charitáte - Sobre la devoción al Espíritu Santo - León XIII


BREVE DEL
PAPA LEÓN XIII
“Próvida Matris Charitáte”
SOBRE LA DEVOCIÓN AL ESPÍRITU SANTO

  
A todos los fieles que lean la presente carta, Salud y Bendición Apostólica
   
Sumamente digno de providente caridad maternal es el voto que la Iglesia nunca deja de presentar a Dios, a fin que en el pueblo cristiano, dondequiera se encuentre, “una sea la fe en las mentes, una la piedad en las obras”. Del mismo modo, Nos, que, como ejercitamos en la tierra las veces del Divino Pastor y Nos empleamos en imitar su ánimo, igualmente no dejamos en ninguna manera de alimentar tal propósito entre las gentes católicas; y ahora con mayor celo nos comprometemos en los pueblos que ya por largo tiempo y con gran deseo la Iglesia misma está reclamando a sí. En verdad es bien conocido, y cada día se hace más manifiesto, de dónde habíamos obtenido principalmente la inspiración y atendíamos los desarrollos para estos nuestros propósitos y Nuestros empeños: sin duda de Aquél que con buen derecho es invocado como Padre de las misericordias, y que ilumina las mentes y benignamente doblega la voluntad ante la salvación.
  
Ciertamente no puede escapar a los católicos cuan grande es el valor y la importancia de estas Nuestras iniciativas; de hecho, de ellas depende, unidamente al engrandecimiento del honor divino y a la gloria del nombre cristiano, la salvación eterna de muchísimas almas. Si los mismos católicos quisieran meditar estas cosas con el debido espíritu religioso, ciertamente probarían en sí más poderosamente el estímulo y la llama de aquella caridad suprema la cual, por gracia de Dios, no retrocede nunca y todo intenta en favor de los hermanos. Así habrá, como Nos vivamente deseamos, que los católicos prontamente se unan a Nos, no solo en la confianza de un buen suceso, sino también en el aporte de la búsqueda de cualquier posible ayuda; ante todo de aquella que desciende de Dios por obra de humilde y santa oración.
   
A este oficio de piedad ningún tiempo parece más adecuado que aquel en el cual ya los Apóstoles, después de la ascensióne del Señor al cielo, se recogieron “perseverando unánimes en oración con María, la Madre de Jesús” (Actas 1, 14), esperando “la virtud prometida de lo alto” y los dones de todos los carismas. En el augusto Cenáculo, para el misterio del adveniente Paráclito, la Iglesia, que ya estaba concebida por Cristo, con Su muerte nació como impulsada por un soplo divino: había comenzado felizmente su misión entre todas las gentes para conducirla a la única nueva fe de la vida cristiana. En breve tempo se siguieron copiosos y relevantes frutos, entre los cuales aquella suma unión de voluntad nunca suficientemente recomendada como ejemplo: “La multitud de los creyentes era un solo corazón y una sola alma” (Actas 4, 32).

Por tal motivo habíamos considerado oportuno excitar con Nuestra exhortación y con Nuestra invitación la piedad de los católicos, a fin de que, según el ejemplo de la Virgen Madre y de los Santos Apóstoles, en la inminente novena en preparación a la solemnidad del sagrado Pentecostés, quieran concordes y con extraordinario ardor dirigirse a Dios, insistiendo en la súplica: “Envía, Señor, tu Espíritu, y todo será creado: y renovarás la faz de la tierra”.

Divinum illud munus - Encíclica de León XIII sobre el Espíritu Santo


Divinum illud munus

Encíclica de León XIII
sobre el Espíritu Santo


El 9 de mayo de 1897, el papa León XIII publicó una carta encíclica «sobre la presencia y virtud admirable del Espíritu Santo», titulada Divinum illud munus. Este documento pontificio nos da en una preciosa síntesis, tan exacta como autorizada, la sustancia misma de la doctrina de la Iglesia sobre el tema.

Introducción. -El misterio de la Trinidad. -Apropiaciones. -El Espíritu Santo y Jesucristo. -El Espíritu Santo en los apóstoles, obispos y sacerdotes. -En las almas. -En el Antiguo y Nuevo Testamento. -En los sacramentos. -En la inhabitación. -En los siete dones y en los frutos. -Foméntese el conocimiento y el amor del Espíritu Santo. -No le entristezcamos. -Pidamos el Espíritu Santo. -Novena del Espíritu Santo. -El Espíritu Santo y María.

Introducción
1. Aquella divina misión que, recibida del Padre en beneficio del género humano, tan santísimamente desempeñó Jesucristo, tiene como último fin hacer que los hombres lleguen a participar de una vida bienaventurada en la gloria eterna; y, como fin inmediato, que durante la vida mortal vivan la vida de la gracia divina, que al final se abre florida en la vida celestial.
Por ello, el Redentor mismo no cesa de invitar con suma dulzura a todos los hombres de toda nación y lengua para que vengan al seno de su Iglesia: Venid a mí todos; Yo soy la vida; Yo soy el buen pastor. Mas, según sus altísimos decretos, no quiso Él completar por sí solo incesantemente en la tierra dicha misión, sino que, como Él mismo la había recibido del Padre, así la entregó al Espíritu Santo para que la llevara a perfecto término. Es grato, en efecto, recordar las consoladoras frases que Cristo, poco antes de abandonar el mundo, pronunció ante los apóstoles: Os conviene que yo me vaya, porque si no me voy, no vendrá vuestro abogado; en cambio, si me voy, os lo enviaré (Jn 16,7).
Y al decir así, dio como razón principal de su separación y de su vuelta al Padre el provecho que sus discípulos habían de recibir de la venida del Espíritu Santo; al mismo tiempo que mostraba cómo éste era igualmente enviado por Él y, por lo tanto, que de Él procedía como del Padre; y que como abogado, como consolador y como maestro, concluiría la obra por Él comenzada durante su vida mortal. l.a perfección de su obra redentora estaba providentísimamente reservada a la múltiple virtud de este Espíritu, que en la creación adornó los cielos (Job 26,13) y llenó la tierra (Sab 1,7).

sábado, 10 de marzo de 2018

Encíclica Sapientiae Christianae sobre los deberes de los ciudadanos cristianos - León XIII


S.S. León XIII
Encíclica Sapientiae Christianae
sobre los deberes de los ciudadanos cristianos
10 de enero de 1890

“Ceder el puesto al enemigo, o callar cuando de todas partes se levanta incesante clamoreo para oprimir a la verdad, propio es, o de hombre cobarde, o de quien duda estar en posesión de las verdades que profesa. Lo uno y lo otro es vergonzoso e injurioso a Dios; lo uno y lo otro, contrario a la salvación del individuo y de la sociedad: ello aprovecha únicamente a los enemigos del nombre cristiano, porque la cobardía de los buenos fomenta la audacia de los malos.” N.18



Progreso material, retroceso espiritual - Deberes de los cristianos - Amor a la patria - Dos patrias - Deberes contra los enemigos de la Iglesia - Propagar el Evangelio - Lucha, unida - Unidad y disciplina - Obediencia a la Iglesia - Doctrina político–religiosa - Iglesia, y partidos - Iglesia, y sociedad civil - Timidez y temeridad, en política - Sumisión, obediencia y moralidad - Deber de la caridad - Derechos de los padres

Introducción

1. Cada día se deja sentir más y más la necesidad de recordar los preceptos de cristiana sabiduría, para en todo conformar a ellos la vida, costumbres e instituciones de los pueblos. Porque, postergados estos preceptos, se ha seguido tal diluvio de males, que ningún hombre cuerdo puede, sin angustiosa preocupación, sobrellevar los actuales ni contemplar sin pavor los que están por venir. Y a la verdad, en lo tocante a los bienes del cuerpo y exteriores al hombre, se ha progresado bastante; pero cuanto cae bajo la acción de los sentidos, la robustez de fuerzas, la abundancia grande de riquezas, si bien proporcionan comodidades, aumentando las delicias de la vida, de ningún modo satisfacen al alma, creada para cosas más altas y nobles. Tener la mirada puesta en Dios y dirigirse a Él, es la ley suprema de la vida del hombre, el cual, creado a imagen y semejanza de su Hacedor, por su propia naturaleza es poderosamente estimulado a poseerlo. Pero a Dios no se acerca el hombre por movimiento corporal, sino por la inteligencia y la voluntad, que son movimientos del alma. Porque Dios es la primera y suma verdad; es asimismo la santidad perfecta y el bien sumo, al cual la voluntad sólo puede aspirar y acercarse guiada por la virtud.

Progreso material, retroceso espiritual

miércoles, 25 de octubre de 2017

Parta humano generi - Sobre el Santo rosario y la consagración del nuevo templo de la Virgen del Rosario - León XIII

Carta Encíclica
Parta humano generi
LEÓN XIII
Sobre el Santo rosario
y la consagración del nuevo templo
de la Virgen del Rosario
en Lourdes, Francia
8 de Septiembre de 1901



1. El éxito de la labor papal en favor del rezo del Santo - 2. El recuerdo de la labor de Santo Domingo en el sur de Francia - 3. Los frutos del rezo y las razones del nombre “Rosario” - 4. La consagración de los 15 altares en Lourdes, es una luz en las actuales tinieblas - 5. La ayuda e intercesión de la Santísima Virgen - 6. Hace extensiva la epístola a todo el mundo cristiano - 7. Privilegios para la consagración del santuario de Lourdes

Venerables Hermanos: Salud y bendición apostólica

1. El éxito de la labor papal en favor del rezo del Santo Rosario
Los inmortales beneficios que Jesucristo Redentor ha obtenido para el genero humano están profundamente grabados en todas nuestras mentes, y en la Iglesia no sólo se recuerdan con imperecedera conmemoración sino que su meditación diaria asocia al influjo que ejerce, cierta obligación de amor para con la Santísima Virgen, Madre de Dios.
Cuando dirigimos la mirada al lapso largo que dura Nuestro sumo Sacerdocio y tornamos Nuestra atención a lo actuado, nos invade un sentimiento grato y gozoso de consolación, al evocar aquellas cosas que Nos, siendo Dios autor de las buenas ideas y colaborador en su ejecución, hemos emprendido personalmente o hemos procurado que los católicos emprendiesen y promoviesen para mayor honra de la Virgen María.
Mas nos causa un singular gozo el que en Nuestras exhortaciones y disposiciones hayamos puesto más al alcance de las inteligencias la santa práctica del Rosario mariano; la hayamos introducido en las costumbres piadosas del pueblo cristiano; multiplicado las cofradías del Rosario; hecho florecer cada día más el número y la piedad de los socios; estimulando la composición y amplia divulgación de muchos monumentos literarios por plumas eruditas; y finalmente, mandado dedicar el mes del Octubre al Rosario y celebrar su culto en toda la tierra con grande e inusitado esplendor.

2. El recuerdo de la labor de Santo Domingo en el sur de Francia
En el presente año, empero, del que surge el siglo veinte, Nos casi creyéramos faltar a Nuestro deber si dejáramos pasar la ocasión propicia, que, sin proponérselo Nos han ofrecido, el venerable hermano obispo de Tarbes, el clero y el pueblo de Lourdes, los cuales en el templo augusto, consagrado a Dios en honor de la santísima Virgen del Rosario, han construido quince altares, que se han de dedicar a otros tantos misterios del Rosario.
Nos aprovechamos esta oportunidad con tanto mayor gozo cuanto que se trata de aquellas regiones de Francia que son iluminadas con tantas y tan grandes mercedes de la santísima Virgen como antiguamente fueron ennoblecidas por la presencia del Padre legislador, Santo Domingo; y en las cuales se halla el origen del santo Rosario. Pues, ningún cristiano ignora que el Padre, Santo Domingo, pasando de España a Francia, se opuso victoriosamente a la herejía albigense, que, cual perniciosa peste, invadía en aquel tiempo casi todo el Languedoc, en las proximidades de los montes Pirineos; y exponiendo y predicando los admirables y sagrados misterios de los distintos beneficios encendió la luz de la verdad en los mismos parajes que yacían envueltos en las tinieblas de los errores.

3. Los frutos del rezo y las razones del nombre “Rosario”

martes, 24 de octubre de 2017

Diuturni temporis - Sobre la devoción del Santísimo Rosario - León XIII

Carta Encíclica
Diuturni temporis
LEÓN XIII
Sobre la devoción del Santísimo Rosario
5 de septiembre de 1898

1. Protección de Dios y de María sobre el Pontificado del Papa - 2. Los esfuerzos del Papa en promover y fomentar la devoción al Rosario - 3. Resumen de las enseñanzas de anteriores Encíclicas - 4. Lo que hicieron los Papas anteriores y León XIII por la devoción del Santísimo Rosario - 5. Indulgencias anejas al rezo del Rosario - 6. Anuncio de una constitución para la Cofradía del Rosario



Venerables Hermanos: Salud y Bendición apostólica

1. Protección de Dios y de María sobre el Pontificado del Papa
Al echar una mirada al largo espacio de tiempo que, por voluntad de Dios, hemos pasado en el sumo Pontificado, no podemos menos que confesar que Nos, sin merecerlo, hemos experimentado, de manera muy viva, la asistencia de la Divina Providencia. Juzgamos, empero, que esto debe atribuirse principalmente a la oración en conjunto, y por tanto eficacísima, que, como antiguamente por Pedro, así ahora la Iglesia universal está haciendo sin interrupción por Nos. Por eso, en primer término a Dios, que concede todos los bienes, las gracias más rendidas, y trataremos de conservar en la mente y el corazón mientras vivamos cada uno de los dones recibidos.
Luego se nos presenta el dulce recuerdo de la maternal protección de la augusta Reina del cielo, e igualmente guardaremos, piadosa e íntegramente ese recuerdo dándole gracias y exaltando sus beneficios. Porque de Ella, como de caudalosísimo canal, descienden los manantiales de las divinas gracias, pues, en sus manos están los tesoros de las misericordias del Señor (1). Dios quiere  que Ella sea el principio de todos los bienes (2). Cobijados en el amor de esta tierna Madre, que hemos procurado fomentar asiduamente e incrementar de día en día, esperamos con certeza poder acercarnos a Nuestro último Día.

2. Los esfuerzos del Papa en promover y fomentar la devoción al Rosario

lunes, 23 de octubre de 2017

Augustissima Virginis - Sobre la devoción del Santísimo Rosario - León XIII

Carta Encíclica
Augustissima Virginis
LEÓN XIII
Sobre la devoción del Santísimo Rosario
2 de septiembre de 1897

1. María a través de la Biblia -  2. Como en testamento - 3. Mes del Rosario - 4. Espíritu de asociación - 5. Fomento de asociaciones católicas - 6. La Cofradía del Santo Rosario -  7. Oración pública y común - 8. La oración a los Santos - 9. La intercesión de María - 10. Meditar los misterios es oficio angélico - 11. Elogios de Pontífices para esta Cofradía - 12. Bendición para esta asociación







1. María a través de la Biblia.
Cuanto interese fomentar constantemente el culto de la Augustísima Virgen María y promoverle cada día con más esfuerzos en privado y en público, fácilmente echará de ver cualquiera que consigo mismo considere el grado altísimo de dignidad y gloria a que ha sido elevada por el Señor. Desde el principio de los siglos la destinó para ser Madre del Verbo que había de tomar carne humana; y por lo tanto de tal manera la distinguió entre todos los seres que existían más hermosos en los tres órdenes de naturaleza, gracia y gloria, que con razón la Iglesia, ha aplicado a Ella ellas palabras: Yo salí de la boca del Altísimo, engendrada antes que existiese ninguna criatura (Eccli 24,5). Mas luego que comenzaron los siglos, caídos en la culpa original nuestros primeros padres, e inficionados con la misma mancha todos sus descendientes, fue constituida como prenda restauradora de la paz y de la salvación. El mismo unigénito Hijo de Dios no pudo menos de dar a su Madre Santísima señales evidentes de honor: pues cuando hacía vida privada en la tierra, fue mediadora para la ejecución de dos prodigios, que entonces realizó: uno de gracia, dando muestras de gozo el niño en el vientre de Isabel, con motivo del saludo que le dirigió María; el otro de naturaleza, al convertir el agua en vino en las bodas de Caná; y cuando, al fin de su vida pública, instituía el nuevo testamento que había de ser sellado con su divina sangre, la encomendó al Apóstol del amor con aquellas dulcísimas palabras: Ahí tienes a tu Madre (Joan. 19, 27).

2. Como en testamento.
Nos, pues, que, aunque indignos, hacemos las veces y representamos en la tierra a la persona de Jesucristo Hijo de Dios, jamás dejaremos de alabar a tan grande Madre mientras tengamos vida.
Conociendo que, por lo avanzado de Nuestra edad, no la hemos de tener muy larga, no podemos menos de reiterar a todos y a cada uno de Nuestros Hijos en Jesucristo, para dejarles como testamento, las últimas palabras del mismo cuando estaba pendiente de la Cruz: Ahí tienes a tu Madre.
Y Nos consideramos plenamente satisfechos, si con Nuestras exhortaciones consiguiéremos, que cada uno de los fieles nada tenga más arraigado, nada mire con más amor como al culto de María, y que Nos fuere permitido aplicar a cada uno las palabras de San Juan que escribió de sí mismo: y desde aquel punto encargose de ella el discípulo, y la tuvo consigo en su casa (Joan. 19, 27).

3. Mes del Rosario.

domingo, 22 de octubre de 2017

Fidentem piumque animum - Sobre la devoción del Rosario - León XIII

Carta Encíclica
Fidentem piumque animum
LEÓN XIII
Sobre la devoción del Rosario
20 de septiembre de 1896

1. Amor del Papa a la Sma. Virgen y respuesta del pueblo a sus exhortaciones -  2. Necesidad de la oración - 3. La asiduidad en la oración - 4. La oración en común - 5. El Rosario familiar y en el templo - 6. María mediadora entre Dios y los hombres - 7. El Rosario nos recuerda estos misterios - 8. El Rosario fortifica la fe - 9. El Rosario profesión de fe - 10. Penitencia - 11. Fácil uso del Rosario - 12. La sagrada Corona - 13. Reconciliación entre los disidentes




1. Amor del Papa a la Sma. Virgen y respuesta del pueblo a sus exhortaciones.
Muchas veces en el transcurso de Nuestro Pontificado, atestiguamos públicamente Nuestra confianza y piedad respecto a la Bienaventurada Virgen, sentimientos que abrigamos desde nuestra infancia, y que durante la vida hemos mantenido y desarrollado en Nuestro corazón.
A través de circunstancias funestísimas para la religión cristiana y para las naciones, conocimos cuán propio era de Nuestra solicitud recomendar ese medio de paz y de salvación que Dios, en su infinita bondad, ha dado género humano en la persona de su augusta Madre, y que siempre se vio patente en la historia de la Iglesia.
En todas partes el celo de las naciones católicas ha respondido a Nuestras exhortaciones y deseos; por donde quiera se ha propagado la devoción al Santísimo Rosario, y se ha producido abundancia de excelentes frutos. No podemos dejar de celebrar a la Madre Dios, verdaderamente digna de toda alabanza y recomendar a los fieles el amor a María, madre de los hombres, llena de misericordia y de gracia.
Nuestro ánimo, henchido de apostólica a solicitud, sintiendo que se acerca, cada vez más el momento último de la vida, mira con más gozosa confianza a la que, cual aurora bendita, anuncia la ventura de un día interminable.
Si Nos es grato, Venerables Hermanos, el recuerdo de otras cartas publicadas en fecha determinada en loor del Rosario, oración en todos conceptos agradable a la que tratamos de honrar, y utilísima a los que debidamente la rezan, grato Nos es también insistir en ello y confirmar Nuestras instrucciones.

2. Necesidad de la oración.
Excelente ocasión se Nos ofrece de exhortar paternalmente a las almas y corazones para que aumenten su piedad y se vigoricen con la esperanza de los inmortales premios.
La oración de que hablamos recibió el nombre especial de Rosario, como si imitase el suave aroma de las rosas y la belleza de los floridos ramilletes. Tan propia como es para honrar a la Virgen, llamada Rosa mística del Paraíso, y coronada de brillante diadema, como Reina del Universo, tanto parece anuncio de la corona de celestiales alegrías que María otorgará a sus siervos.
Bien lo ve quien considera la esencia del Rosario; nada se Nos aconseja más en los preceptos y ejemplos de Nuestro Señor Jesucristo y de los Apóstoles, que invocar a Dios y pedir su auxilio. Los Padres y doctores nos hablaron luego de la necesidad de la oración, tan grande que si los hombres descuidaren este deber, en vano esperarán la salvación eterna.

3. La asiduidad en la oración.

sábado, 21 de octubre de 2017

Audiutricem populi christiani - Sobre la devoción del Rosario Mariano a favor de los disidentes - León XIII

Carta Encíclica
Audiutricem populi christiani
LEÓN XIII
Sobre la devoción del Rosario Mariano
a favor de los disidentes
5 de octubre de 1895



1. Pruebas del florecimiento de la devoción a María - Florecimiento especial de la devoción del Rosario - 2. Poder del Rosario para la reconciliación de los disidentes con la Iglesia - 3. Perseverancia en esa oración por la reconciliación de los disidentes - 4. María nuestra madre - 5. María, medianera universal - 6. A Dios por María - 7. María baluarte de la verdadera fe - 8. Confianza en nuestra Madre - 9. María es el vínculo de unión - 10. Rogar por la unidad de la fe - 11. El culto mariano en el Oriente y sus imágenes traídas del Oriente son prendas de unión - 11. El culto mariano en el Oriente y sus imágenes traídas del Oriente son prendas de unión - 12. El Rosario provechosa oración de unión - 13. María obtendrá la unidad si rezamos el Rosario - 14. El rezo del Rosario en el Oriente - 15. El Templo de Ntra. Sra. del Rosario en Patras - 16. Los beneficios del mes del santo Rosario - 17. Plegaria a María por los disidentes

Venerables Hermanos: Salud y Bendición apostólica.

1. Pruebas del florecimiento de la devoción a María.
Justo es celebrar con magnificencia cada día mayor y rogar con una confianza más decidida a la Santísima Virgen, Madre de Dios, auxilio constante y clementísimo del pueblo cristiano. Pues, la variedad y abundancia de mercedes que ella, con generosidad siempre más amplia para el bien común, prodiga por todo el mundo aumenta los motivos que tenemos de confiar en ella y ensalzarla; y los católicos responden, naturalmente, a tanta generosidad con la expresión de su más rendido afecto, pues, si jamás en otro tiempo, ciertamente en estos tiempos tan arduos para la Religión, es dable contemplar en todas las capas sociales manifestaciones vivas y encendidas de amor y culto a la santísima Virgen.
Un testimonio claro de ello lo constituyen las asociaciones que bajo su patrocinio se restablecieron y se multiplicaron por doquiera; los hermosos templos que se dedicaron a su augusto nombre; las peregrinaciones que con concurrencia piadosísima se realizaron a sus más venerados santuarios; los congresos que se convocaron para dedicarse al estudio del incremento de su gloria, y tantas otras manifestaciones parecidas que eran en sí excelentes y prometían un porvenir aún más feliz.

Florecimiento especial de la devoción del Rosario.
Es un hecho singular y para nosotros un recuerdo gratísimo cómo, entre las múltiples formas de la devoción mariana, se vigorizaba siempre más, en el aprecio y en la práctica este modo tan eximio de orar, lo cual, dijimos, era gratísimo para Nos, porque si consagramos una no pequeña parte de Nuestras preocupaciones a promover el establecimiento del rezo del Rosario vimos claramente que la Reina celestial invocada con estas fervorosas plegarias nos ayudó con benignidad en Nuestras labores; y confiamos en que Nos asistirá para consolar Nuestras tristezas y para aliviar Nuestras preocupaciones que el día de mañana ha de traer.

2. Poder del Rosario para la reconciliación de los disidentes con la Iglesia

viernes, 20 de octubre de 2017

Iucunda Semper Expectatione - Sobre la devoción al Santísimo Rosario - León XIII

Carta Encíclica
Iucunda Semper Expectatione
LEÓN XIII
Sobre la devoción al Santísimo Rosario
8 de septiembre de 1894

1. La eficacia del Santo Rosario - Frutos de la devoción - 2. El fruto obtenido, motivo del deseo de un mayor progreso - 3. María Medianera de la divina gracia - 4. Los misterios gozosos - 5. Los misterios dolorosos - 6. Los misterios gloriosos - 7. Oración vocal - 8. El porqué de las repeticiones - 9. Fuente de confianza y de impetración - 10. La oración dominical - 11. Escuela de oración - 12. Frutos de la meditación de los más grandes misterios de la fe - 13. Los recuerdos de los misterios agradarán a María y la dispondrán a la benevolencia - 14. Las bendiciones del Rosario para las aflicciones actuales - 15. Nuevo Motivo: Las afrentas hechas a la Virgen - 16. La profanación del nombre del Salvador - 17. Renovada protesta por estos sacrilegios - 18. Celebración fervorosa del mes de octubre


   
1. La eficacia del Santo Rosario.
Con la gozosa expectación y alentadora esperanza de siempre vemos volver el mes de Octubre, en que, consagrado por Nuestra exhortación y mandato a la Bienaventurada Virgen María, florece desde hace no pocos años en todo el mundo católico la unánime y ferviente devoción del Rosario. Hemos explicado muchas veces el motivo de Nuestras exhortaciones.
Como los calamitosos tiempos porque atraviesa la Iglesia y la sociedad civil reclamaban con urgencia el socorro inmediatísimo de Dios, hemos pensado que era preciso implorar ese socorro por la intercesión de su Madre y que debía conseguirse principalmente de aquella manera cuya eficacia el pueblo cristiano siempre estimó saludabilísima.

Frutos de la devoción.
Experimentola, en efecto, desde el mismo origen del Rosario mariano, ya en la defensa de la fe contra los criminales ataques de los herejes, ya en el justo elogio de las virtudes, el cual habrá de volver a entonarse y reafirmarse en medio de un siglo de corrompidos ejemplos; y la experimentó en privado y en público por la serie de beneficios cuyo preclaro recuerdo está consagrado por doquiera también en instituciones y monumentos. Del mismo modo, en nuestra época, agobiada por los múltiples peligros del mundo, nos regocijamos conmemorando los frutos que de el provenían. Sin embargo, Venerables Hermanos, paseando la mirada en torno vuestro, veréis que esos motivos subsisten y en parte se han agravado, por lo cual, en este año, ha de volver a estimularse en vuestros rebaños el fervor de las súplicas a la Reina del cielo.

2. El fruto obtenido, motivo del deseo de un mayor progreso.

jueves, 19 de octubre de 2017

Laetitiae sanctae - Sobre el Santo Rosario - León XIII

Carta Encíclica
Laetitiae sanctae
LEÓN XIII
Sobre el Santo Rosario
8 de Septiembre 1893

1. Agradecimiento para con María - 2. El rosario y los males de nuestro tiempo - 3. Repugnancia a la vida modesta - 4. Lecciones de los misterios gozosos - 5. Repugnancia al sacrificio - 6. Lecciones de los misterios dolorosos - 7. Descuido de los bienes eternos - 8. Lecciones de los misterios gloriosos - 9. Las cofradías del Rosario



1. Agradecimiento para con María.
A la santa alegría que nos ha causado el feliz cumplimiento del quincuagésimo aniversario de nuestra consagración episcopal, se ha añadido vivísima fuente de ventura; es a saber: que hemos visto a los católicos de todas las naciones, como hijos respecto de su padre, unirse en hermosísima manifestación de su fe y de su amor hacia Nos. Reconocemos en este hecho, y lo proclamamos con nuevo agradecimiento, un designio de la providencia de Dios, una prueba de su suprema benevolencia hacia Nos mismo y una gran ventaja para su Iglesia. Nuestro corazón anhela colmar de acción de gracias por este beneficio a nuestra dulcísima intercesora cerca de Dios, a su augusta Madre. El amor particular de María, que mil veces hemos visto manifestarse en el curso de nuestra carrera, tan larga y tan variada, luce cada día más claramente ante nuestros ojos, y tocando nuestro corazón con una suavidad incomparable, nos confirma en una confianza que no es propiamente de la tierra. Parécenos oír la voz misma de la Reina del cielo, ora animándonos bondadosamente en medio de las crueles pruebas a que la Iglesia está sujeta, ora ayudándonos con sus consejos en las determinaciones que debemos tomar para la salud de todos; ora, en fin, advirtiéndonos que reanimemos la piedad y el culto de todas las virtudes en el pueblo cristiano. Varias veces se ha hecho en Nos una dulce obligación responder a tales estímulos. Al número de los frutos benditísimos que, gracias a su auxilio, han obtenido nuestras exhortaciones, es justo recordar la extraordinaria propagación de la práctica del santísimo Rosario. Se han acrecentado aquí cofradías de piadosos fieles; allá se han fundado nuevas; hanse esparcido preciosos escritos sobre esto entre el pueblo y hasta las bellas artes han producido obras maestras de arte.

2. El rosario y los males de nuestro tiempo.

miércoles, 18 de octubre de 2017

Magnae Dei Matris - Sobre el Santísimo Rosario - León XIII

Carta Encíclica
Magnae Dei Matris
LEÓN XIII
Sobre el Santísimo Rosario
8 de Septiembre de 1892



1. Amor y gratitud de León XIII a María - 2. Celebración del mes del Rosario - 3. Maldad y corrupción de la época - 4. Remedio de males y arma: el Rosario - 5. María, Madre de Misericordia - 6. María puede y desea socorrernos - 7. El Rosario enseña las principales verdades de nuestra fe - 8. Nos recuerda los principales misterios

Venerables Hermanos: Salud y bendición apostólica

1. Amor y gratitud de León XIII a María
Siempre que se Nos presenta ocasión de excitar y aumentar en el pueblo cristiano el amor y el culto de la augusta Madre de Dios, Nos sentimos llenos de satisfacción y felicidad, no solamente por la excelencia y la múltiple fecundidad del asunto en sí mismo, sino porque responde dulcemente a los sentimientos más íntimos de Nuestro corazón. En efecto, la devoción a María Santísima, devoción que, por decirlo así, Nos recibimos con la leche que Nos nutrió, ha ido creciendo y arraigándose en Nuestra alma a medida de la edad, según íbamos viendo más claramente cuán digna de amor y veneración es Aquélla a quien el mismo Dios amó y prefirió desde el principio sobre todas las criaturas, y a quien, enriqueciéndola con señaladísimos privilegios, escogió para Madre suya. Las muchísimas y espléndidas pruebas de generosa bondad con que Nos ha favorecido, y que no podemos recordar sin que los ojos se Nos llenen de lágrimas de gratitud, son nuevos y poderosos estímulos para mantenernos fieles a tal devoción. Porque en las muchas, varias y difíciles circunstancias de nuestra vida recurrimos siempre a la Santísima Virgen, a Ella volvemos amorosamente Nuestro ojos, y, desahogando en su corazón temores y esperanzas, la hemos pedido siempre que se digne asistirnos piadosa como madre, y nos alcance la gracia de que podamos corresponder a su amor con un verdadero cariño filial. Elevado más tarde, por inescrutable designio de la Providencia, a esta Sede del bienaventurado Apóstol San Pedro, es decir, a representar en la Iglesia la Persona misma de Jesucristo, movido por la inmensa pesadumbre del cargo y desconfiando de Nos mismo con afecto más intenso aún, buscamos el divino auxilio en la maternal protección de la Santísima Virgen. Y —¡bien se alegra Nuestra alma al publicarlo!— Nuestra esperanza, como en otro tiempo, pero más especialmente en el desempeño del supremo Apostolado, ni fue vana ni fue estéril.

2. Celebración del mes del Rosario

martes, 17 de octubre de 2017

Oración a San José para añadir al rezo del Santo Rosario - León XIII

Oración a San José
Propuesta por León XIII
Para añadir al rezo del  Santo Rosario



A ti, bienaventurado san José, acudimos en nuestra tribulación, y después de implorar el auxilio de tu santísima esposa, solicitamos también confiadamente tu patrocinio.
Con aquella caridad que te tuvo unido con la Inmaculada Virgen María, Madre de Dios, y por el paterno amor con que abrazaste al Niño Jesús, humildemente te suplicamos que vuelvas benigno los ojos a la herencia que con su Sangre adquirió Jesucristo, y con tu poder y auxilio socorras nuestras necesidades.
Protege, oh providentísimo Custodio de la divina Familia, la escogida descendencia de Jesucristo; aleja de nosotros, oh padre amantísimo, este flagelo de errores y vicios. Asístenos propicio desde el cielo, en esta lucha contra el poder de las tinieblas; y como en otro tiempo libraste de la muerte la vida amenazada del Niño Jesús, así ahora defiende a la santa Iglesia de
Dios de las hostiles insidias y de toda adversidad.

Quamquam pluries - Sobre el Rosario y el Patrocinio de San José - León XIII

Carta Encíclica
Quamquam pluries
LEÓN XIII
Sobre el Rosario
y el Patrocinio de San José
15 de agosto de 1889



A Nuestros Venerables Hermanos los Patriarcas, Primados, Arzobispos y otros Ordinarios, en Paz y Unión con la Sede Apostólica.

1. Aunque muchas veces antes Nos hemos dispuesto que se ofrezcan oraciones especiales en el mundo entero, para que las intenciones del Catolicismo puedan ser insistentemente encomendadas a Dios, nadie considerará como motivo de sorpresa que Nos consideremos el momento presente como oportuno para inculcar nuevamente el mismo deber. Durante períodos de tensión y de prueba —sobre todo cuando parece en los hechos que toda ausencia de ley es permitida a los poderes de la oscuridad— ha sido costumbre en la Iglesia suplicar con especial fervor y perseverancia a Dios, su autor y protector, recurriendo a la intercesión de los santos —y sobre todo de la Santísima Virgen María, Madre de Dios— cuya tutela ha sido siempre muy eficaz. El fruto de esas piadosas oraciones y de la confianza puesta en la bondad divina, ha sido siempre, tarde o temprano, hecha patente. Ahora, Venerables Hermanos, ustedes conocen los tiempos en los que vivimos; son poco menos deplorables para la religión cristiana que los peores días, que en el pasado estuvieron llenos de miseria para la Iglesia. Vemos la fe, raíz de todas las virtudes cristianas, disminuir en muchas almas; vemos la caridad enfriarse; la joven generación diariamente con costumbres y puntos de vista más depravados; la Iglesia de Jesucristo atacada por todo flanco abiertamente o con astucia; una implacable guerra contra el Soberano Pontífice; y los fundamentos mismos de la religión socavados con una osadía que crece diariamente en intensidad. Estas cosas son, en efecto, tan notorias que no hace falta que nos extendamos acerca de las profundidades en las que se ha hundido la sociedad contemporánea, o acerca de los proyectos que hoy agitan las mentes de los hombres. Ante circunstancias tan infaustas y problemáticas, los remedios humanos son insuficientes, y se hace necesario, como único recurso, suplicar la asistencia del poder divino.

2. Este es el motivo por el que Nos hemos considerado necesario dirigirnos al pueblo cristiano y exhortarlo a implorar, con mayor celo y constancia, el auxilio de Dios Todopoderoso. Estando próximos al mes de octubre, que hemos consagrado a la Virgen María, bajo la advocación de Nuestra Señora del Rosario, Nos exhortamos encarecidamente a los fieles a que participen de las actividades de este mes, si es posible, con aun mayor piedad y constancia que hasta ahora. Sabemos que tenemos una ayuda segura en la maternal bondad de la Virgen, y estamos seguros de que jamás pondremos en vano nuestra confianza en ella. Si, en innumerables ocasiones, ella ha mostrado su poder en auxilio del mundo cristiano, ¿por qué habríamos de dudar de que ahora renueve la asistencia de su poder y favor, si en todas partes se le ofrecen humildes y constantes plegarias? No, por el contrario creemos en que su intervención será de lo más extraordinaria, al habernos permitido elevarle nuestras plegarias, por tan largo tiempo, con súplicas tan especiales. Pero Nos tenemos en mente otro objeto, en el cual, de acuerdo con lo acostumbrado en ustedes, Venerables Hermanos, avanzarán con fervor. Para que Dios sea más favorable a nuestras oraciones, y para que Él venga con misericordia y prontitud en auxilio de Su Iglesia, Nos juzgamos de profunda utilidad para el pueblo cristiano, invocar continuamente con gran piedad y confianza, junto con la Virgen-Madre de Dios, su casta Esposa, a San José; y tenemos plena seguridad de que esto será del mayor agrado de la Virgen misma. Con respecto a esta devoción, de la cual Nos hablamos públicamente por primera vez el día de hoy, sabemos sin duda que no sólo el pueblo se inclina a ella, sino que de hecho ya se encuentra establecida, y que avanza hacia su pleno desarrollo. Hemos visto la devoción a San José, que en el pasado han desarrollado y gradualmente incrementado los Romanos Pontífices, crecer a mayores proporciones en nuestro tiempo, particularmente después que Pío IX, de feliz memoria, nuestro predecesor,proclamase, dando su consentimiento al pedido de un gran número de obispos, a este santo patriarca como el Patrono de la Iglesia Católica. Y puesto que, más aún, es de gran importancia que la devoción a San José se introduzca en las diarias prácticas de piedad de los católicos, Nos deseamos exhortar a ello al pueblo cristiano por medio de nuestras palabras y nuestra autoridad.

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