Mostrando entradas con la etiqueta Catequesis. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Catequesis. Mostrar todas las entradas

viernes, 9 de octubre de 2020

El Catecismo de la Iglesia Católica comentado 6 (Por Mons. José Ignacio Munilla)

 

Catecismo 8 - 9

Transmitir la fe: La catequesis III

Mons. JOSE IGNACIO MUNILLA


II. Transmitir la fe: la catequesis 

8  Los períodos de renovación de la Iglesia son también tiempos en los que a la catequesis le corresponde un mayor empeño. Así, en la gran época de los Padres de la Iglesia, vemos a santos obispos consagrar una parte importante de su ministerio a la catequesis. Es la época de san Cirilo de Jerusalén y de san Juan Crisóstomo, de san Ambrosio y de san Agustín, y de muchos otros Padres cuyas obras catequéticas siguen siendo modelos.

9  El ministerio de la catequesis saca energías siempre nuevas de los concilios. El Concilio de Trento constituye a este respecto un ejemplo digno de ser destacado: dio a la catequesis una prioridad en sus constituciones y sus decretos; de él nació el Catecismo Romano que lleva también su nombre y que constituye una obra de primer orden como resumen de la doctrina cristiana; este Concilio suscitó en la Iglesia una organización notable de la catequesis; promovió, gracias a santos obispos y teólogos como san Pedro Canisio, san Carlos Borromeo, san Toribio de Mogrovejo, san Roberto Belarmino, la publicación de numerosos catecismos.

Para escuchar el programa Aquí

Punto 8.

El punto 8 dice:

“Los periodos de renovación de la Iglesia, son también tiempos fuertes de la catequesis. Así, en la gran época de los Padres de la Iglesia, vemos a santos obispos consagrar una parte importante de su ministerio a la catequesis. Es la época de San Cirilo de Jerusalén, de San Juan Crisóstomo, de San Ambrosio y San Agustín y de muchos otros Padres cuyas obras catequéticas siguen siendo modelos”.

Algo de historia pues, pero que está directamente relacionada con nuestro presente. Los momentos históricos de renovación de la vida de la Iglesia, tiempos de gracia, tiempos en los que la Iglesia se ha renovado con profundidad, han estado muy ligados a la catequesis. Quizás habría que decir una palabra sobre este término de renovación, porque quizás en nuestro contexto cultural, por renovación solemos entender otra cosa distinta a lo que en la tradición de la Iglesia se entiende. Con frecuencia, ¿Qué es lo que se entiende por la palabra renovación? Hay que renovarse, desde el punto de vista de la secularización y la mentalidad mundana, se dice “La Iglesia tiene que cambiar, que adaptarse a este mundo”, entonces, en el fondo casi renovación viene a ser sinónimo de secularización, de mundanización, y eso no es, obviamente, la palabra renovación, es utilizar la misma palabra, pero dándole otro contenido totalmente distinto. Nosotros por renovación no entendemos adaptarnos a la mentalidad del momento presente, es decir, pensar conforme al mundo. Nuestro ideal es cristianizar el mundo, no mundanizar el cristianismo, y ese riesgo de secularizarnos internamente ha existido siempre. Entre nosotros hay muchos que so pretexto de encarnarse, de acercarse a la realidad, en el fondo lo que hacen es secularizarse. La clave está en que un cristiano tiene que encarnarse en este mundo, insertarse en él, vivir presente en él pero sin secularizarse porque… si la sal se vuelve sosa ¿Entonces para qué sirve? ¿Y si la levadura deja de ser levadura? …Encarnarnos sí, en el mundo laboral, en el mundo del estudio, vivir en este mundo y vivir de cerca sus inquietudes, sus luchas, sus alegrías y sus sufrimientos, pero sin secularizarse. Es tan fácil caer en esta doble dicotomía… ¿Cuál es la dicotomía? O un espiritualismo desencarnado o una encarnación secularizada, y eso no nos sirve.

Nosotros por renovación entendemos volver a los orígenes, volver al amor primero, redescubrir las raíces bautismales, ir a lo esencial, a lo troncal… intentar purificar todo lo que se nos ha ido adhiriendo con el paso del camino, es como si uno tiene una alfombra a la que se le ha ido adhiriendo polvo hasta que llega un momento que es momento de sacudir la alfombra para que salgan los colores originales. Eso es renovarse. En el fondo es un proceso de conversión personal y colectivo. Esto es lo que San Pablo dice a los Romanos en el capítulo 12 “No os ajustéis a este mundo, antes bien transformaos por la renovación de la mente”.

Renovarse no quiere decir pensar como piensa este mundo. ¿La Iglesia cuando piensa cambiar y adaptar su mentalidad a lo que se piensa hoy en día? Eso no es renovación, eso es más bien disolución, secularización, eso es otra cosa. Esta es, por tanto, la primera afirmación, que la auténtica renovación de la Iglesia suele coincidir con un auge de la catequesis, porque en la catequesis se va a lo fundamental, en la catequesis se va a lo troncal.

miércoles, 7 de octubre de 2020

Carta pastoral Para gestar nuevos Cristianos “MONSTRA TE ESSE MATREM” - Mons. Juan Antonio Reig Pla

 

Carta pastoral

PARA GESTAR NUEVOS CRISTIANOS

“MONSTRA TE ESSE MATREM”

(Muéstrate como Madre)

Mons. Juan Antonio Reig Pla

Obispo de Alcalá de Henares

Septiembre 2020

INTRODUCCIÓN

EL PRIMER ANUNCIO CRISTIANO EN LA PASTORAL

Algunos datos bíblicos

Definición del primer anuncio cristiano

Condiciones para una pastoral del primer anuncio cristiano

Los responsables y destinatarios del primer anuncio

LA NATURALEZA DE LA INICIACIÓN CRISTIANA

EL PRIMER ANUNCIO CRISTIANO EN LA FAMILIA, LA ESCUELA Y LA PARROQUIA

 La familia

La escuela

La parroquia

a) La catequesis de los niños

b) La liturgia

c) El primer anuncio cristiano a los adolescentes y jóvenes

Conclusión

UN JUBILEO SIGNIFICATIVO: LA VIRGEN DE LA VICTORIA DE LEPANTO

La batalla de Lepanto

Un Año Jubilar

Nuestra batalla

LA ORACIÓN DEL SANTO ROSARIO

 

INTRODUCCIÓN

Durante el presente curso se cumplirán, D.m., los cincuenta años de mi ordenación sacerdotal (8 de julio de 1971) y los veinticinco años de mi consagración episcopal (14 de abril de 1996). Esta larga trayectoria se me presenta como una ocasión de gracia para recordar con gratitud los dones de Dios siempre inmerecidos, para reconocer con humildad todas mis deficiencias, errores y pecados y, también, para hacer memoria de la asistencia divina y de la experiencia acumulada a lo largo de estos años.

Desde mi más tierna infancia fui educado por mis padres, por mis maestros y por la tradición de mi pueblo (Cocentaina, Alicante) en un amor grande a la Santísima Virgen María con la advocación de Virgen del Milagro (la Mare de Deu). Era costumbre entre mis paisanos visitar diariamente el santuario de la Virgen, invocarla en cualquier ocasión, particularmente en los momentos decisivos de la vida, y celebrarla juntos como Madre con verdadera alegría y entusiasmo. En aquellos momentos a nadie extrañaba que a los seis años ya supiera rezar el Santo Rosario con las letanías en latín.

Recién nacido fui consagrado a la Virgen y Ella me ha acompañado como buena Madre a lo largo de toda mi vida. Para mí la piedad mariana ha sido algo connatural y Ella ha sido siempre mi intercesora y mi punto de referencia en la fe. Por eso al tener que escoger un lema para mi episcopado no pude menos que recurrir al himno Ave maris stella (Salve, estrella del mar) en el que se dice en una de las estrofas Monstra te esse matrem (Muestra que eres Madre).

Tengo que aclarar, sin embargo, que, si observáis mi escudo episcopal, esta maternidad va referida tanto a la Virgen María como a la Iglesia. Por eso en el escudo observaréis la referencia al bautismo (una cruz sobre las aguas), la simbología eucarística del colegio de San Juan de Ribera donde estudié la teología, y la representación del Espíritu Santo (la paloma con siete rayos – siete dones) junto al anagrama de la Virgen (la A superpuesta a la M).

Más allá de las connotaciones biográficas, en el escudo episcopal quise poner de manifiesto la importancia de la gestación de los cristianos (lo que llamamos iniciación cristiana) a través del ministerio de la Iglesia (la familia-iglesia doméstica y la comunidad cristiana), que tiene su modelo en la Virgen quien, con su fiat (hágase), concibió por obra del Espíritu Santo y dio a luz al Hijo de Dios, al Redentor del hombre.

Fui ordenado sacerdote a los veinticuatro años y en mi primer nombramiento fui enviado como coadjutor a la parroquia de San Juan Bautista de Manises, ciudad cercana a Valencia. Cuando celebraba la Santa Misa la Iglesia estaba llena de niños, jóvenes, matrimonios y adultos. Cualquier acto que se organizaba en la parroquia era multitudinario, todavía en 1971. Estuve sólo dos años, el tiempo suficiente para visitar a todas las familias en sus casas. Inmediatamente comprendí que el gran punto de apoyo para la transmisión de la fe y la custodia de la tradición católica era la familia.

En las propias casas teníamos la preparación del Bautismo con celebraciones muy cuidadas a las que acudían los parientes. Del mismo modo la preparación individualizada de los novios, más allá de los cursos prematrimoniales, era también en las casas. Con el paso del tiempo, fruto de las visitas, organizamos varios grupos de matrimonios siguiendo un plan establecido de oración familiar y formación que incluía retiros y ejercicios espirituales.

miércoles, 9 de septiembre de 2020

El Catecismo de la Iglesia Católica comentado 5 (Por Mons. José Ignacio Munilla)

 

Catecismo 6 – 7. PRÓLOGO

Transmitir la fe: La catequesis II

Mons. JOSE IGNACIO MUNILLA

 

II. Transmitir la fe: la catequesis 

6  Sin confundirse con ellos, la catequesis se articula dentro de un cierto número de elementos de la misión pastoral de la Iglesia, que tienen un aspecto catequético, que preparan para la catequesis o que derivan de ella, como son: primer anuncio del Evangelio o predicación misionera para suscitar la fe; búsqueda de razones para creer; experiencia de vida cristiana: celebración de los sacramentos; integración en la comunidad eclesial; testimonio apostólico y misionero (cf. CT 18).

7  "La catequesis está unida íntimamente a toda la vida de la Iglesia. No sólo la extensión geográfica y el aumento numérico de la Iglesia, sino también y, más aún, su crecimiento interior, su correspondencia con el designio de Dios dependen esencialmente de ella" (CT 13).

 Para escuchar el programa aquí

Punto 6.

Estamos explicando la transmisión de la fe, la catequesis. El punto 6 señala:

“Sin confundirse con ellos, la catequesis se articula dentro de un cierto número de elementos de la misión pastoral de la Iglesia que tienen un aspecto catequético, que preparan para la catequesis o que derivan de ella”.

Es decir, vamos a hablar de elementos de pastoral de la Iglesia que se relacionan con la catequesis. La catequesis no es algo que esté desconectado del resto de la vida de la Iglesia, sino que tiene estrecha relación, es decir, que tiene fronteras, digamos que es vecina por ejemplo del tema de “dar razón de nuestra fe” “de la predicación”. Se interrelaciona. Vamos a ver cuáles son los elementos con los que se relaciona la catequesis en el resto de la vida de la Iglesia.

“En primer lugar, el primer anuncio del evangelio del Evangelio o la predicación misionera para suscitar la fe”.

No es lo mismo que la catequesis, pero está relacionado con ella. El primer anuncio que hace la Iglesia, cuando a alguien que no es cristiano le proclama el Evangelio de Jesucristo para su conversión, a esto se le llama Kerigma, que viene a significar la predicación de lo esencial, cuando alguien no conoce para nada o muy lejanamente, o conoce algo, pero no conoce.

Es más difícil a veces predicar a los que fueron cristianos y dejaron de serlo y se creen que lo saben todo que a quien oye por primera vez en su vida hablar de Jesucristo, porque no hay peor cosa que uno piense que ya se lo que me van a decir y no me van a decir nada nuevo, porque su disposición ya es de rebote, no cree en la novedad de lo que le van a transmitir. Por eso la primera predicación de la Iglesia debe de recibirse con plena novedad, esto que me dicen es absolutamente nuevo y es así, es cierto.

¿Cuál debe ser ese mensaje primero, kerigmático, cuando la Iglesia se dirige a alguien que no es cristiano? Ese kerigma básicamente es lo esencial: “Dios envió al mundo a su Hijo por nuestra salvación, Cristo entregó su vida por el perdón de nuestros pecados, murió y resucitó por nuestra salvación y nos pide la conversión, para poder participar de esa salvación nos pide la conversión.” He aquí el kerigma, que se puede decir de distintas maneras, pero esta es la esencia. La columna vertebral de la predicación primera de la Iglesia es ésta. Dios envió su Hijo al mundo por nuestra salvación, Cristo entregó su vida por el perdón de nuestros pecados, murió y resucitó por nuestra salvación y nos pide la conversión para participar de la vida en el cielo. Esta es la esencia.

Por ejemplo, en el libro de los Hechos de los Apóstoles, con frecuencia se ve como hay unos discursos en los que los apóstoles se dirigen por primera vez (Hch. 3, 11…)

Pedro dirigió la palabra a la gente “Israelitas, ¿por qué nos miráis como si hubiésemos hecho andar a este con nuestro propio poder? El Dios de Abraham, Isaac y Jacob, el Dios de nuestros padres ha glorificado a Jesucristo, a quien vosotros entregasteis y de quien renegasteis ante Pilato cuando había decidido soltarlo. Vosotros renegasteis del santo y del justo, y pedisteis al indulto de un asesino, matasteis al autor de la vida pero Dios lo resucitó de entre los muertos y nosotros somos testigo de ello. Por la fe en su nombre, este que veis aquí y que conocéis ha recobrado el vigor por medio de su nombre, la fe que viene por medio de él le ha restituido completamente la salud a la vista de todos vosotros. Ahora bien hermanos, sé que lo hicisteis por ignorancia al igual que vuestras autoridades pero Dios cumplió de esta manera lo que había predicho por los profetas, que su Mesías tenía que padecer por nosotros. Por lo tanto, arrepentíos y convertíos para que se borren vuestros pecados, para que vengan tiempos de consuelo de parte de Dios y envié a Jesús, el Mesías, que se os está destinado.”

Pedro está predicando por primera vez a los judíos que habían llevado a la cruz a Jesucristo y les dice esto, lo hicisteis por ignorancia, no os dabais cuenta, pero Jesús entregó su vida por vuestra salvación, abriros a la conversión. Esto no es lo mismo que la catequesis, porque es el primer anuncio, pero tiene una conexión estrecha con la catequesis. Después de haber recibido un primer anuncio y haber quedado tocado en su corazón, si se pide un saber más de lo que ha escuchado entonces se le ofrece la catequesis. Antes de la catequesis hay un primer anuncio. Nadie pide una catequesis si primero no ha tenido un anuncio que le ha tocado el corazón y le ha llevado a tener el deseo de conocer que es el cristianismo. Por tanto, es un primer aspecto de la vida pastoral relacionado con la catequesis.

El segundo elemento, “Búsqueda de razones para creer”.

viernes, 3 de abril de 2020

El Catecismo de la Iglesia Católica comentado 4 (Por Mons. José Ignacio Munilla)


Catecismo 4 – 5

PROLOGO

Transmitir la fe: la catequesis

Mons. JOSE IGNACIO MUNILLA


II. Transmitir la fe: la catequesis 
4  Muy pronto se llamó catequesis al conjunto de los esfuerzos realizados en la Iglesia para hacer discípulos, para ayudar a los hombres a creer que Jesús es el Hijo de Dios a fin de que,creyendo ésto, tengan la vida en su nombre, y para educarlos e instruirlos en esta vida y construir así el Cuerpo de Cristo (cf. Juan Pablo II, Catechesi tradendae [CT] 1).

5  "La catequesis es una educación en la fe de los niños, de los jóvenes y adultos, que comprende especialmente una enseñanza de la doctrina cristiana, dada generalmente de modo orgánico y sistemático con miras a iniciarlos en la plenitud de la vida cristiana" (CT 18).


Pasamos al punto 4 del Catecismo. Los tres primeros puntos están bajo el título “La vida del hombre: conocer y amar a Dios”. En ellos nos fijamos de qué manera arranca el Catecismo; tiene su importancia, obviamente, cómo pone nuestro corazón y nuestros ojos en Dios, en el conocimiento de Dios, en el amor a Dios.

Pasados esos tres primeros puntos que quieren centrar lo que es el eje, la columna vertebral del Catecismo, pasa ahora a hablar un poco de qué es la Catequesis, lógicamente este es un Catecismo, pues antes de prodigarse en las explicaciones por partes va a hablar durante unos cuantos puntos de qué es la catequesis, qué es el Catecismo, qué pretende, qué busca la Iglesia con ello.

Punto 4:
Muy pronto se llamó catequesis al conjunto de los esfuerzos realizados en la Iglesia para hacer discípulos, para ayudar a los hombres a creer que Jesús es el Hijo de Dios a fin de que, creyendo esto, tengan la vida en su nombre, y para educarlos e instruirlos en esta vida y construir así el Cuerpo de Cristo (cf. Juan Pablo II, Catechesi tradendae [CT] 1).

Este párrafo, este punto del Catecismo está tomado literalmente de la Exhortación Apostólica “Catequesis Tradendae” este documento que es del año 1979, que fue en el segundo año de ponticado de Juan Pablo II y fue un documento que él escribió recogiendo lo que Pablo VI había convocado con el cuarto Sínodo General de los Obispos para hablar del tema de la Catequesis.

Por cierto, en aquel sínodo (estamos hablando de octubre de 1977) había partcipado Karol Wojtyla como obispo partcipante, obispo polaco, partcipante de aquel sínodo de los obispos. Y luego le tocó, una vez elegido Papa (fue elegido en el año 1978), en el año 1979 siendo Papa le tocó a Juan Pablo II escribir la Exhortación Apostólica que era como conclusiva de lo que se había hablado en el Sínodo.

Con frecuencia, cuando se convoca un sínodo general de Obispos, luego suele escribirse (no es que sea obligatorio pero tiende a hacerse) una Exhortación Apostólica concluyendo, en las que el Papa recoge las conclusiones principales a las que ha llegado el sínodo. Esta se llama “Catequesis Tradendae”, “La transmisión de la catequesis” y estos puntos del Catecismo casi todos se van a referir, son citas de la “Catequesis Tradendae”.

lunes, 23 de marzo de 2020

El Catecismo de la Iglesia Católica comentado 3 (Por Mons. José Ignacio Munilla)


Catecismo nº 2 – 3

PROLOGO

La vida del hombre: conocer y amar a Dios - II

Mons. JOSE IGNACIO MUNILLA


I. La vida del hombre: conocer y amar a Dios

2  Para que esta llamada resonara en toda la tierra, Cristo envió a los apóstoles que había escogido, dándoles el mandato de anunciar el Evangelio: "Id, pues, y haced discípulos a todas las gentes bautizándolas en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo, y enseñándoles a guardar todo lo que yo os he mandado. Y sabed que yo estoy con vosotros todos los días hasta el fin del mundo" (Mt 28,19-20). Fortalecidos con esta misión, los apóstoles "salieron a predicar por todas partes, colaborando el Señor con ellos y confirmando la Palabra con las señales que la acompañaban" (Mc 16,20).

3  Quienes con la ayuda de Dios, han acogido el llamamiento de Cristo y han respondido libremente a ella, se sienten por su parte urgidos por el amor de Cristo a anunciar por todas partes en el mundo la Buena Nueva. Este tesoro recibido de los Apóstoles ha sido guardado fielmente por sus sucesores. Todos los fieles de Cristo son llamados a transmitirlo de generación en generación, anunciando la fe, viviéndola en la comunión fraterna y celebrándola en la liturgia y en la oración (cf. Hch 2,42).



Punto 2:
Para que esta llamada resonara en toda la tierra, Cristo envió a los apóstoles que había escogido, dándoles el mandato de anunciar el Evangelio: "Id, pues, y haced discípulos a todas las gentes bautizándolas en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo, y enseñándoles a guardar todo lo que yo os he mandado. Y sabed que yo estoy con vosotros todos los días hasta el fin del mundo" (Mt 28,19-20). Fortalecidos con esta misión, los apóstoles "salieron a predicar por todas partes, colaborando el Señor con ellos y confirmando la Palabra con las señales que la acompañaban" (Mc 16,20).

Hay una convocación, Dios tiene este plan universal salvífico y para llevarlo a efecto, Él convoca, Él viene a reunir a todas las naciones para que contemplen su gloria y Él nos convoca.

Es decir, hay una imagen, una imagen entrañable que es la que San Ignacio de Loyola utiliza in sus ejercicios espirituales, se sirve de ella, que es la imagen de Cristo Rey y él hace una meditación en los Ejercicios Espirituales llamada la meditación del Rey Eternal, hay un Rey Eternal y un rey terrenal. San Ignacio, dentro del sentido del s. X, s. XI, en el que él vive, que tiene esa especie de cultura caballeresca, de sentido caballeresco, una cultura también militar, una cultura del honor, una cultura de la conquista, se sirve di esa imagen para utilizarla y para proyectarla en la voluntad salvífica universal que tiene Cristo.

Y san Ignacio viene a decir: imagínate un rey (claro, nosotros, estas imágenes caballerescas, militares, etc. les tenemos una cierta antipatía quizás en nuestra cultura porque también hemos sido el siglo hemos sufrido los totalitarismos, después de la experiencia nazi, de la experiencia comunista, hay una cierta alergia en nuestra cultura a esas imágenes caballerescas o militares, piro aquí lo importante no es nuestra sensibilidad sino vamos a intentar servirnos de la imagen para ir a Jesucristo).

miércoles, 18 de marzo de 2020

La catequesis de san Cirilo de Jerusalén es emblemática también para la formación catequética de los cristianos de hoy - Benedicto XVI


BENEDICTO XVI
AUDIENCIA GENERAL
Miércoles 27 de junio de 2007

San Cirilo de Jerusalén
Obispo y Doctor de la Iglesia


Queridos hermanos y hermanas: 

Nuestra atención se concentra hoy en san Cirilo de Jerusalén. En su vida se entrecruzan dos dimensiones:  por una parte, la solicitud pastoral; y, por otra, la implicación, a su pesar, en las intensas controversias que afligían entonces a la Iglesia de Oriente.

San Cirilo, nacido alrededor del año 315 en Jerusalén o en sus cercanías, recibió una óptima formación literaria, que constituyó la base de su cultura eclesiástica, centrada en el estudio de la Biblia. Ordenado presbítero por el obispo Máximo, cuando este murió o fue depuesto, en el año 348 fue ordenado obispo por Acacio, influyente metropolita de Cesarea de Palestina, filo-arriano, convencido de que Cirilo era su aliado. Por eso, se sospechó que había obtenido el nombramiento episcopal mediante concesiones al arrianismo.

En realidad, muy pronto san Cirilo chocó con Acacio, no sólo en el campo doctrinal, sino también en el jurisdiccional, porque san Cirilo reivindicaba la autonomía de su sede con respecto a la metropolitana de Cesarea. En dos décadas san Cirilo sufrió tres destierros:  el primero en el año 357, cuando fue depuesto por un Sínodo de Jerusalén; el segundo, en el año 360, por obra de Acacio; y el tercero, el más largo -duró once años- en el año 367 por iniciativa del emperador filo-arriano Valente. Sólo en el año 378, después de la muerte del emperador, san Cirilo pudo volver a tomar definitivamente posesión de su sede, devolviendo a los fieles unidad y paz.

miércoles, 19 de febrero de 2020

La crisis de la catequesis - Card. Joseph Ratzinger


TRANSMISION DE LA FE Y FUENTES DE LA FE *

traducción castellana de la conferencia pronunciada
en Lyon y París los días 15 y 16 de enero del año 1983

Cardenal JOSEPH RATZINGER


1. LA CRISIS DE LA CATEQUESIS Y EL PROBLEMA DE LAS FUENTES. l.-Características generales de la crisis. 2.-Catequesis, Biblia y dogma.
2. PARA LA SUPERACIÓN DE LA CRISIS. l.-¿Qué es la fe? 2.-¿Qué son las fuentes? 3.-La estructura de la catequesis: a) Las cuatro piezas maestras. b) Reflexiones sobre dos problemas de contenido. e) Sobre la estructura formal de la catequesis.

La última palabra que el Señor resucitado dirigió a sus Apóstoles, era el encargo de ir por todo el mundo y de ser sus testigos (Mt 28, 19s; Mc 15,16; Act 1,8). Pertenece a: la esencia de la fe cristiana la exigencia de su transmisión: es la interiorización de un mensaje que se dirige a todos porque es la verdad y porque el hombre no puede ser salvado sin la verdad (1 Tim. 2,4). Por este motivo, la catequesis, la transmisión de la fe, ha sido, desde el principio, una función vital y central en la Iglesia, y debe seguir siéndolo mientras dure la Iglesia.

1. LA CRISIS DE LA CATEQUESIS Y EL PROBLEMA DE LAS FUENTES

1. Características generales de la crisis

Las dificultades actuales de la catequesis constituyen un lugar común que no hay necesidad de probar en detalle. Las causas de la crisis y sus consecuencias han sido descritas con frecuencia y amplitud 1. Digamos algo sobre ellas.

En el mundo de la técnica, que es una creación del hombre mismo, no es el Creador lo que se encuentra de inmediato, sino que es el hombre el que se encuentra a sí mismo. Su estructura fundamental es la facticidad (Machbarkeit) y el modo de su certeza es el de lo calculable (Errechenbaren). Por eso, el problema de la salvación no se plantea en función de Dios, que no aparece por ningún lado, sino en función del poder del hombre, que quiere negar a ser el constructor de sí mismo y de su historia.

En consecuencia, el hombre no extrae ya sus criterios morales a partir de una reflexión sobre la creación o sobre el Creador, cuyo lenguaje ahora le es desconocido. La creación no tiene ya resonancias morales para el hombre: no le habla sino en el lenguaje de la matemática, de la utilidad técnica, a menos que proteste por las violencias que el hombre le hace sufrir. Incluso entonces, la apelación moral que la creación dirige al hombre permanece indeterminada: en última instancia, la moral viene a identificarse de un modo u otro con la sociabilidad, con la apertura del hombre para consigo mismo y con su medio. Desde este punto de vista, también la moral pasa a ser un mero problema de cálculo sobre las mejores condiciones de configuración del futuro. Todo esto ha hecho que la sociedad cambie profundamente: la familia, que es la célula básica portadora de la cultura cristiana, parece estar en vías de disolución; cuando los vínculos metafísicos ya no cuentan, otros tipos de vínculos no pueden mantenerla por mucho tiempo.

martes, 18 de febrero de 2020

Constitución Apostólica Fidei Depositum que promulga el Catecismo de la Iglesia Católica


CONSTITUCIÓN APOSTÓLICA

«FIDEI DEPOSITUM»

por la que se promulga y establece,
después del Concilio Vaticano II,
y con carácter de instrumento de derecho público,
el Catecismo de la Iglesia Católica


A los Venerables Hermanos Cardenales, Arzobispos, Obispos, Presbíteros, Diáconos y demás miembros del Pueblo de Dios

JUAN PABLO II, OBISPO,
SIERVO DE LOS SIERVOS DE DIOS
PARA PERPETUA MEMORIA

1. Introducción
Conservar el depósito de la fe es la misión que el Señor confió a su Iglesia y que ella realiza en todo tiempo. El Concilio Ecuménico Vaticano II, inaugurado hace treinta años por mi predecesor Juan XXIII, de feliz memoria, tenía como propósito y deseo hacer patente la misión apostólica y pastoral de la Iglesia, y conducir a todos los hombres, mediante el resplandor de la verdad del Evangelio, a la búsqueda y acogida del amor de Cristo que está sobre toda cosa (cf. Ef 3, 19).

A esta asamblea el Papa Juan XXIII le fijó como principal  tarea la de custodiar y explicar mejor el depósito precioso de la doctrina cristiana, con el fin de hacerlo más accesible a los fieles de Cristo y a todos los hombres de buena voluntad. Para ello, el Concilio no debía comenzar por condenar los errores de la época, sino, ante todo, debía dedicarse a mostrar serenamente la fuerza y la belleza de la doctrina de la fe. «Confiamos que la Iglesia —decía él—, iluminada por la luz de este Concilio, crecerá en riquezas espirituales, cobrará nuevas fuerzas y mirará sin miedo hacia el futuro [...]; debemos dedicarnos con alegría, sin temor, al trabajo que exige nuestra época, prosiguiendo el camino que la Iglesia ha recorrido desde hace casi veinte siglos» [1].

lunes, 21 de agosto de 2017

La edad de los niños para la primera comunión - San Pío X

Quam Singulari
Decreto de San Pío X
sobre la edad para la primera comunión
8 de agosto de 1910



Cuán singular amor profesó Jesucristo a los niños, durante su vida mortal, claramente lo manifiestan las páginas del Evangelio. Eran sus delicias estar entre ellos; acostumbraba a imponerles sus manos, los abrazaba, los bendecía. Llevó a mal que sus discípulos los apartasen de El, reconviniéndoles con aquellas graves palabras: Dejad que los niños vengan a Mí, y no se lo vedéis, pues de ellos es el reino de Dios[1]. En cuánto estimaba su inocencia y el candor de sus almas, lo expresó bien claro cuando, llamando a un niño, dijo a sus discípulos: En verdad os digo, si no os hiciereis como niños, no entraréis en el reino de los cielos. Cualquiera, pues, que se humillare como este niño, ése es el mayor en el reino de los cielos. El que recibiere a un niño así en mi nombre, a Mí me recibe[2].

Los pequeñuelos, a Cristo
Edad de la discresión
Restos de jansenismo
Doctrina conciliar
Edad de la Comunión
Normas obligatorias


Los pequeñuelos, a Cristo
2. Teniendo presente todo esto, la Iglesia católica, ya desde sus principios, tuvo cuidado de acercar los pequeñuelos a Cristo por medio de la Comunicación eucarística, que solía administrarles aun siendo niños de pecho. Esto, según aparece mandado en casi todos los rituales anteriores al siglo XIII, se hacía en el acto del bautismo, costumbre que en algunos sitios perseveró hasta tiempos posteriores; aun subsiste entre los griegos y los orientales. Y, para alejar el peligro de que, concretamente, los niños de pecho arrojasen el Pan consagrado, desde el principio se hizo común la costumbre de administrarles la Sagrada Eucaristía bajo la especie de vino.
Y no sólo en el acto del bautismo, sino después y repetidas veces los niños eran alimentados con el divino manjar; pues fue costumbre de algunas Iglesias el dar la Comunión a los niños inmediatamente después de comulgar el clero; y en otras partes, después de la Comunión de los adultos, los niños, recibían los fragmentos sobrantes.
Esta costumbre desapareció más tarde en la Iglesia latina y los niños no eran admitidos a la Sagrada Mesa hasta que el uso de la razón estuviera de algún modo despierto en ellos y pudieran tener alguna idea del Augusto Sacramento. Esta nueva disciplina, admitida ya por varios sínodos particulares, fue solemnemente sancionada por el Concilio general cuarto de Letrán, en el año 1215, promulgando su célebre canon número 21, por el cual se prescribe la confesión sacramental y la Sagrada Comunión a los fieles que hubiesen llegado al uso de la razón, con las siguientes palabras: Todos los fieles de uno y de otro sexo, en llegando a la edad de la discreción, deben por sí confesar fielmente todos sus pecados, por lo menos una vez al año, al sacerd ote propios, procurando según sus fuerzas cumplir la penitencia que les fuere impuesta y recibir con reverencia, al menos por Pascua, el sacramento de la Eucaristía, a no ser que por consejo del propio sacerdote y por causa razonable creyeren oportuno abstenerse de comulgar por algún tiempo.
3. El Concilio de Trento[3], sin reprobar la antigua disciplina de administrar la Sagrada Eucaristía a los niños antes del uso de la razón, confirmó el decreto de Letrán, lanzando anatema contra los que opinasen lo contrario: Si alguno negase que todos y cada uno de los fieles de Cristo, de uno y otro sexo, al llegar a la edad de la discreción, están obligados a comulgar cada año, por lo menos en Pascua, según precepto de nuestra Santa Madre la Iglesia, sea anatema[4].
Por lo tanto, en virtud del citado decreto lateranense -aun vigente-, los cristianos, tan pronto como lleguen a la edad de la discreción, están obligados a acercarse por lo menos una vez al año a los sacramentos de la Confesión y de la Comunión.

Edad de la discreción

Vistas de página en total

contador

Free counters!