Mostrando entradas con la etiqueta Paz. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Paz. Mostrar todas las entradas

lunes, 7 de marzo de 2022

La guerra en el Catecismo de la Iglesia Católica y en el Compendio del Catecismo

 


Catecismo de la Iglesia Católica

La defensa de la paz

La paz

2302 Recordando el precepto: “No matarás” (Mt 5, 21), nuestro Señor pide la paz del corazón y denuncia la inmoralidad de la cólera homicida y del odio:

La ira es un deseo de venganza. “Desear la venganza para el mal de aquel a quien es preciso castigar, es ilícito”; pero es loable imponer una reparación “para la corrección de los vicios y el mantenimiento de la justicia” (Santo Tomás de Aquino, Summa theologiae, 2-2, q. 158, a. 1, ad 3). Si la ira llega hasta el deseo deliberado de matar al prójimo o de herirlo gravemente, constituye una falta grave contra la caridad; es pecado mortal. El Señor dice: “Todo aquel que se encolerice contra su hermano, será reo ante el tribunal” (Mt 5, 22).

2303 El odio voluntario es contrario a la caridad. El odio al prójimo es pecado cuando se le desea deliberadamente un mal. El odio al prójimo es un pecado grave cuando se le desea deliberadamente un daño grave. “Pues yo os digo: Amad a vuestros enemigos y rogad por los que os persigan, para que seáis hijos de vuestro Padre celestial...” (Mt 5, 44-45).

2304 El respeto y el desarrollo de la vida humana exigen la paz. La paz no es sólo ausencia de guerra y no se limita a asegurar el equilibrio de fuerzas adversas. La paz no puede alcanzarse en la tierra, sin la salvaguardia de los bienes de las personas, la libre comunicación entre los seres humanos, el respeto de la dignidad de las personas y de los pueblos, la práctica asidua de la fraternidad. Es la “tranquilidad del orden” (San Agustín, De civitate Dei 19, 13). Es obra de la justicia (cf Is 32, 17) y efecto de la caridad (cf GS 78, 1-2).

2305 La paz terrenal es imagen y fruto de la paz de Cristo, el “Príncipe de la paz” mesiánica (Is 9, 5). Por la sangre de su cruz, “dio muerte al odio en su carne” (Ef 2, 16; cf Col 1, 20-22), reconcilió con Dios a los hombres e hizo de su Iglesia el sacramento de la unidad del género humano y de su unión con Dios. “El es nuestra paz” (Ef 2, 14). Declara “bienaventurados a los que construyen la paz” (Mt 5, 9).

2306 Los que renuncian a la acción violenta y sangrienta y recurren para la defensa de los derechos del hombre a medios que están al alcance de los más débiles, dan testimonio de caridad evangélica, siempre que esto se haga sin lesionar los derechos y obligaciones de los otros hombres y de las sociedades. Atestiguan legítimamente la gravedad de los riesgos físicos y morales del recurso a la violencia con sus ruinas y sus muertes (cf GS 78).

Evitar la guerra

lunes, 4 de junio de 2018

Summi Pontifucatus - Primera encíclica del papa Pío XII


CARTA ENCÍCLICA
SUMMI PONTIFICATUS
DE NUESTRO SANTÍSIMO SEÑOR
PÍO
POR LA DIVINA PROVIDENCIA
PAPA XII
A LOS VENERABLES HERMANOS
PATRIARCAS, PRIMADOS, ARZOBISPOS, OBISPOS
Y DEMÁS ORDINARIOS LOCALES
EN PAZ Y EN COMUNIÓN CON LA SEDE APOSTÓLICA

20 de octubre de 1939



1. Dios, en su secreto designio, nos ha confiado, sin mérito alguno nuestro, la dignidad y las graves preocupaciones del supremo pontificado precisamente en el año en que se cumple el cuadragésimo aniversario de la consagración del género humano al Sacratísimo Corazón del Redentor, que nuestro inmortal predecesor León XIII intimó a todo el orbe, al declinar el pasado siglo, en los umbrales del Año Santo.

2. Con suma alegría e íntimo gozo acogimos entonces como mensaje del cielo la encíclica Annum Sacrum , precisamente cuando recién ordenados de sacerdote, habíamos podido recitar el Introibo ad altare Dei (Sal 42,4) . Y ¡con qué ardiente entusiasmo unimos nuestro corazón a los pensamientos y a las intenciones que animaban y guiaban aquel acto, llevado a cabo, no sin una especial providencia, por un Pontífice que con tan profunda agudeza conocía las necesidades y los males manifiestos y ocultos de su tiempo! Por esto, no podemos dejar de manifestar nuestro agradecimiento a la divina Providencia, que ha querido hacer coincidir nuestro primer año de pontificado con un recuerdo tan trascendental y querido de nuestro primer año de sacerdocio. Aprovechando de buena gana esta oportunidad, Nos queremos que el culto debido al Rey de reyes y al Señor de los señores (1Tim 6,15; Ap 19,16) sea como la plegaria introductoria de nuestro pontificado, cumpliendo así los deseos de nuestro santo predecesor. Sea este culto también el fundamento en que se apoyan y el propósito que pretenden tanto nuestra voluntad esperanzada como nuestra enseñanza y pastoral actividad, y, finalmente, el sufrimiento de los trabajos y penas, que consagramos exclusivamente a la difusión del reino de Cristo.

viernes, 27 de octubre de 2017

Christi Matri - súplicas a la Santísima Virgen para el mes de octubre - Pablo VI

Carta Encíclica
Christi Matri
PABLO VI
Se ordenan súplicas a la Santísima Virgen
para el mes de octubre
15 septiembre 1966



A los venerables hermanos
Patriarcas, Primados, Arzobispos, Obispos
y demás ordinarios de lugar en paz
y comunión con la Sede Apostólica

Venerables hermanos: salud y bendición apostólica.

Motivos de grave preocupación

1. A la Madre de Cristo suelen los fieles entretejer con las oraciones del rosario místicas guirnaldas durante el mes de octubre. Aprobándolo en gran manera, a ejemplo de nuestros predecesores, invitamos este año a todos los hijos de la Iglesia a ofrecer a la misma Beatísima Virgen peculiares homenajes de piedad. Pues está próximo el peligro de una más extensa y más grave calamidad, que amenaza a la familia humana, ya que sobre todo en la región del Asia Oriental se lucha todavía cruentamente y se enardece una laboriosa guerra; somos impulsados para que, en cuanto de Nos depende, de nuevo y más vigorosamente tratemos de salvaguardar la paz. Perturban también el ánimo los acontecimientos que se sabe han sucedido en otras regiones, como la creciente competencia de las armas nucleares, el insensato deseo de dilatar la propia nación, la inmoderada estima de la raza, el ansia de derribar las cosas, la desunión impuesta a los ciudadanos, las malvadas asechanzas, las muertes de inocentes; todo lo cual puede ser origen de un sumo mal.

Continua actividad por la paz

miércoles, 11 de octubre de 2017

Il religioso convegno - Sobre el rezo del Santo Rosario - San Juan XXIII

Carta Apostólica
Il religioso convegno
JUAN XXIII
Sobre el rezo del Santo Rosario
29 septiembre 1961



Venerables hermanos, queridos hijos, salud y bendición apostólica.

1. La religiosa reunión del domingo l° de septiembre en Castelgandolfo, con numerosa y selecta representación de cardenales, de prelados, del Cuerpo Diplomático y una multitud de fieles de las más diversas procedencias, estuvo penetrada del sentimiento de una viva preocupación en torno al problema de la paz.

2. La presencia de nuestra humilde persona, nuestra voz conmovida era punto directivo, luminoso y central de aquel encuentro. Nuestras manos consagradas y bendecidas ofrecieron el Sacrificio eucarístico de Jesús Salvador y Redentor: Salvator et Redemptor mundi, y Rey pacífico de los siglos y de los pueblos.

3. Todas las naciones representadas estaban allí para dar amplia significación de universalidad. Formaban un grupo notable, entre los demás, los alumnos del Colegio Urbano de Propaganda, símbolo de todas las gentes, incluso no cristianas, pero todas ansiosas de la paz.

4. Conmovidos, y a la vez confiados, anunciamos en aquel misterioso atardecer nuestro propósito de animar a sucesivas reuniones de almas según que con tiempo se presentase la ocasión, para retenerlas en la oración en pro de este fundamental propósito de la preservación de la paz en el mundo entero y para defensa de la civilización.

5. Con esta intención, y para ofrecer un primer ejemplo, pocos días después Nos dirigimos a las Catacumbas de San Calixto, las más próximas a nuestra residencia estival, para implorar desde allí, junto a los sacros sepulcros de cuantos Nos precedieron, más de catorce Pontífices y con ellos obispos y mártires ilustres en la historia, la cooperación de su celestial intercesión para asegurar a todas las naciones —pues todas pertenecen de alguna manera a Cristo— el gran tesoro de la paz: Ut cuncto populo christiano pacem et unitatem Dominus largiri dignetur (1).

6. Y ahora que nos encontramos en el mes de octubre, que por tradición de piedad y de caridad cristiana está consagrado al culto y a la veneración de la Virgen del Rosario, se Nos ofrece como nueva la oportunísima ocasión de una plegaria universal al Señor por la misma gran intención que interesa a individuos, familias, pueblos.

La devoción del Santo Rosario

lunes, 12 de mayo de 2014

Al sacerdote no le incumbe la decisión, el liderazgo ni la estructuración de soluciones de orden político - Conferencia Episcopal Argentina

Declaración de la
Comisión Permanente
del Episcopado Argentino,

a nuestros colaboradores:
sacerdotes diocesanos y religiosos

y a todo el pueblo de Dios
(12 de agosto de 1970)



Introducción
 

         Conocemos y valoramos vuestra expectativa por nuestra palabra de obispos, a la cual tenéis derecho.

         La comisión permanente del Episcopado Argentino se ha reunido, en estos días, para estudiar los problemas religiosos más urgentes de nuestro país y preparar el temario de su próxima asamblea ordinaria.

         Vuestra expectativa es justa y nos agrada responder a ella dentro del ámbito de nuestras facultades y en nombre del Episcopado. Corresponde que obremos como pastores auténticos de la Iglesia y así lo queremos hacer.

         El Señor que es caridad, por ella se dignó ser y llamarse nuestro Padre por la gracia, y Jesús a sus apóstoles y en ellos a sus sucesores, nos llamó sus amigos. Así, pues, queremos llegar a todos vosotros con la verdad y con el amor de Jesucristo y de su Iglesia.
 

Los recientes acontecimientos
 

         Los últimos acontecimientos de violencias, secuestros y asesinatos han desatado oleadas de protestas y negaciones, que han perturbado el ambiente, aumentando la confusión y la desorientación. En estas circunstancias es fácil hacer cargos, pero no pocas veces sin las condiciones necesarias de objetividad, justicia, equidad y sin la cordura que exige la prudencia.

         Por eso, nuestra palabra se dirige a todos, intentando exponer con claridad la verdad, amando a los hombres, pero denunciando los errores y acentuando la obligación grave de renunciar a ellos al comprobarlos.

         Lo que buscamos y queremos ahora es la reflexión seria y obligada de conocer bien y respetar la verdad de la Iglesia, en puntos básicos claramente enseñada por ella, para rectificar rumbos, deponer actitudes y, si es necesario, para hacer penitencia, que significa cambiar de mentalidad, a fin de pensar como piensa la Iglesia, con ella y en ella, cooperando a sí a su obra de salvación.

         Hemos orado, hemos reflexionado y hemos estudiado. Hoy debemos implorar nosotros y vosotros, con todos los fieles y comunidades religiosas –a los cuales pedimos que nos acompañen con sus oraciones y buenas obras-, una gracia extraordinaria.

         “La hora que marca el reloj de la historia exige de todos los hijos de la Iglesia una gran valentía, y de manera especial la ‘valentía de la verdad’, que el mismo Señor recomendó a sus discípulos cuando decía: ‘Que vuestro sí sea sí, y vuestro no, no’.”1

         Pidamos esta gracia. Nosotros para conocer bien la verdad y decirla con claridad y caridad; y vosotros para entenderla, aceptarla y realizarla. Su Santidad Pablo VI nos ha señalado el sendero con su ejemplo personal y con su palabra iluminadora. En esta oportunidad, sobre todo,  seguiremos sus enseñanzas, que son las de la Iglesia.

         “El coraje de la verdad es también la primera e indispensable caridad que los pastores deben ejercitar. No admitamos jamás, ni siquiera con el pretexto de la caridad para con el prójimo, que un ministro del evangelio anuncie una palabra puramente humana, va en ello la salvación de los hombres. Por eso, en este recuerdo todavía fresco de la fiesta de pentecostés queremos hacer un llamado a todos los pastores responsables para que eleven su voz cuando sea necesario con la fuerza del Espíritu Santo (cfr. Hechos I,8), con el fin de aclarar lo que está turbio, enderezar lo torcido, calentar lo que está tibio, fortalecer lo que está débil, iluminar lo tenebroso.”2

 
La Misión de la Iglesia
 
         Ante todo es absolutamente indispensable tener bien en cuenta la naturaleza, constitución y finalidades de la Iglesia para poder apreciar rectamente si nuestra vida cristiana y su actividad están conformes o no a los dictados fundamentales de la misma.

         “La misión propia que Cristo confió a la Iglesia no es de orden político, económico o social; el fin que él le señaló es de orden religioso. Pero ciertamente de esta misión de la Iglesia se difunde ayuda, luz y fuerza que pueden cooperar en la tarea de establecer y afianzar la comunidad humana según la ley divina.”3

domingo, 11 de mayo de 2014

Ni marxismo ateo, ni rebelión sistemática, ni esparcimiento de sangre y anarquía; la fuerza del amor - Pablo VI

El Papa Pablo VI con campesinos colombianos
en Bogotá (Agosto de 1968)
PEREGRINACIÓN APOSTÓLICA
A BOGOTÁ
INAUGURACIÓN DE LA
II ASAMBLEA GENERAL
DE LOS OBISPOS
DE AMÉRICA LATINA
HOMILÍA DEL
SANTO PADRE
PABLO VI
24 de agosto de 1968
 
Venerados, queridos, carísimos Hermanos:
BENEDICAMUS DOMINO! Bendecimos y damos gracias al Señor que nos concede este fraternal encuentro. Saludamos a todos y a cada uno de vosotros con la veneración, con el afecto, con la profundidad y la riqueza de sentimientos que la caridad de nuestro Señor y la elección común al gobierno pastoral y al servicio generoso de la Iglesia pueden suscitar en el corazón del humilde sucesor de Pedro. Y con vosotros saludamos y bendecimos a todos los Obispos y Ordinarios de América Latina, representados aquí por vosotros, a los Sacerdotes, Religiosos y Religiosas y a todos los fieles, a toda la Santa Iglesia católica de este gran continente.
Venerables Hermanos! No podemos ocultaros la viva emoción que invade nuestro espíritu en estos momentos. Nos mismo estamos maravillado de encontrarnos entre vosotros. La primera visita personal del Papa a sus Hermanos y a sus Hijos en América Latina, no es en verdad un sencillo y singular hecho de crónica; es, a nuestro parecer, un hecho histórico, que se insiere en la larga, compleja y fatigosa acción evangelizadora de estos inmensos territorios y que con ello la reconoce, la ratifica, la celebra y al mismo tiempo la concluye en su primera época secular; y, por una convergencia de circunstancias proféticas, se inaugura hoy con esta visita un nuevo período de la vida eclesiástica. Procuremos adquirir conciencia exacta de este feliz momento, que parece ser por divina providencia conclusivo y decisivo. Quisiéramos deciros tantas cosas sobre vuestro pasado misionero y pastoral y rendir honor a cuantos han trazado los surcos del Evangelio en estos campos tan amplios, tan inaccesibles, tan abiertos y tan difíciles al mismo tiempo para la difusión de la fe y para la sincera vitalidad religiosa y social. Ha sido plantada la Cruz de Cristo, ha sido dado el nombre católico, se han realizado esfuerzos sobrehumanos para evangelizar estas tierras, se han llevado a cabo grandes e innumerables obras, se han conseguido, con escasez de hombres y de medios, resultados dignos de admiración, en resumen, se ha difundido por todo el continente el nombre del único Salvador Jesucristo, ha sido construida la Iglesia, ha sido difundido un Espíritu cuyo calor e impulso hoy estamos sintiendo. ¡Dios bendiga la grande obra! Dios bendiga a aquellos que han gastado su vida. ¡Dios bendiga a vosotros, Hermanos carísimos que estáis consagrados a esta empresa gigantesca!
La obra, como todos sabemos, no está acabada. Más aún, el trabajo realizado denuncia sus límites, pone en evidencia las nuevas necesidades, exige algo nuevo y grande. El porvenir reclama un esfuerzo, una audacia, un sacrificio que ponen en la Iglesia un ansia profunda. Estamos en un momento de reflexión total. Nos invade como una ola desbordante, la inquietud característica de nuestro tiempo, especialmente de estos Países, proyectados hacia su desarrollo completo, y agitados por la conciencia de sus desequilibrios económicos, sociales, políticos y morales. También los Pastores de la Iglesia, -¿no es verdad?- hacen suya el ansia de los pueblos en esta fase de la historia de la civilización; y también ellos, los guías, los maestros, los profetas de la fe y de la gracia advierten la inestabilidad que a todos nos amenaza. Nos compartimos vuestra pena y vuestro temor, Hermanos. Desde lo alto de la mística barca de la Iglesia, también Nos y no en menor grado, sentimos la tempestad que nos rodea y nos asalta. Pero escuchad también de nuestros labios, Hermanos, vosotros - personalmente más fuertes y más valientes que Nos mismo -, la palabra de Jesús, con la cual El, presentándose entre las olas borrascosas, en una noche llena de peligros, gritó a sus discípulos que navegaban: « Soy Yo, no temáis » (Matth. 14, 27). Sí, Nos queremos repetiros esa exhortación del Maestro: « No temáis » (Luc. 12, 32). Esta es para la Iglesia una hora de ánimo y de confianza en el Señor.

martes, 31 de diciembre de 2013

La fraternidad, funadamento y camino para la paz - Papa Francisco

MENSAJE DEL
SANTO PADRE
FRANCISCO
PARA LA CELEBRACIÓN DE LA
XLVII JORNADA MUNDIAL DE LA PAZ

1 DE ENERO DE 2014 

LA FRATERNIDAD,
FUNDAMENTO Y CAMINO
PARA LA PAZ
 
1. En este mi primer Mensaje para la Jornada Mundial de la Paz, quisiera desear a todos, a las personas y a los pueblos, una vida llena de alegría y de esperanza. El corazón de todo hombre y de toda mujer alberga en su interior el deseo de una vida plena, de la que forma parte un anhelo indeleble de fraternidad, que nos invita a la comunión con los otros, en los que encontramos no enemigos o contrincantes, sino hermanos a los que acoger y querer.
De hecho, la fraternidad es una dimensión esencial del hombre, que es un ser relacional. La viva conciencia de este carácter relacional nos lleva a ver y a tratar a cada persona como una verdadera hermana y un verdadero hermano; sin ella, es imposible la construcción de una sociedad justa, de una paz estable y duradera. Y es necesario recordar que normalmente la fraternidad se empieza a aprender en el seno de la familia, sobre todo gracias a las responsabilidades complementarias de cada uno de sus miembros, en particular del padre y de la madre. La familia es la fuente de toda fraternidad, y por eso es también el fundamento y el camino primordial para la paz, pues, por vocación, debería contagiar al mundo con su amor.
El número cada vez mayor de interdependencias y de comunicaciones que se entrecruzan en nuestro planeta hace más palpable la conciencia de que todas las naciones de la tierra forman una unidad y comparten un destino común. En los dinamismos de la historia, a pesar de la diversidad de etnias, sociedades y culturas, vemos sembrada la vocación de formar una comunidad compuesta de hermanos que se acogen recíprocamente y se preocupan los unos de los otros. Sin embargo, a menudo los hechos, en un mundo caracterizado por la “globalización de la indiferencia”, que poco a poco nos “habitúa” al sufrimiento del otro, cerrándonos en nosotros mismos, contradicen y desmienten esa vocación.
En muchas partes del mundo, continuamente se lesionan gravemente los derechos humanos fundamentales, sobre todo el derecho a la vida y a la libertad religiosa. El trágico fenómeno de la trata de seres humanos, con cuya vida y desesperación especulan personas sin escrúpulos, representa un ejemplo inquietante. A las guerras hechas de enfrentamientos armados se suman otras guerras menos visibles, pero no menos crueles, que se combaten en el campo económico y financiero con medios igualmente destructivos de vidas, de familias, de empresas.
La globalización, como ha afirmado Benedicto XVI, nos acerca a los demás, pero no nos hace hermanos[1]. Además, las numerosas situaciones de desigualdad, de pobreza y de injusticia revelan no sólo una profunda falta de fraternidad, sino también la ausencia de una cultura de la solidaridad. Las nuevas ideologías, caracterizadas por un difuso individualismo, egocentrismo y consumismo materialista, debilitan los lazos sociales, fomentando esa mentalidad del “descarte”, que lleva al desprecio y al abandono de los más débiles, de cuantos son considerados “inútiles”. Así la convivencia humana se parece cada vez más a un mero do ut des pragmático y egoísta.
Al mismo tiempo, es claro que tampoco las éticas contemporáneas son capaces de generar vínculos auténticos de fraternidad, ya que una fraternidad privada de la referencia a un Padre común, como fundamento último, no logra subsistir[2]. Una verdadera fraternidad entre los hombres supone y requiere una paternidad trascendente. A partir del reconocimiento de esta paternidad, se consolida la fraternidad entre los hombres, es decir, ese hacerse «prójimo» que se preocupa por el otro.

domingo, 8 de septiembre de 2013

En el silencio de la Cruz calla el fragor de las armas y habla el lenguaje de la reconciliación, del perdón, del diálogo, de la paz - Papa Francisco

VIGILIA DE ORACIÓN
POR LA PAZ
Homilía del
Papa Francisco
Sábado 7 de septiembre de 2013

«Y vio Dios que era bueno» (Gn 1,12.18.21.25). El relato bíblico de los orígenes del mundo y de la humanidad nos dice que Dios mira la creación, casi como contemplándola, y dice una y otra vez: Es buena. Queridos hermanos y hermanas, esto nos introduce en el corazón de Dios y, desde su interior, recibimos este mensaje.
Podemos preguntarnos: ¿Qué significado tienen estas palabras? ¿Qué nos dicen a ti, a mí, a todos nosotros?
1. Nos dicen simplemente que nuestro mundo, en el corazón y en la mente de Dios, es “casa de armonía y de paz” y un lugar en el que todos pueden encontrar su puesto y sentirse “en casa”, porque “es bueno”. Toda la creación forma un conjunto armonioso, bueno, pero sobre todo los seres humanos, hechos a imagen y semejanza de Dios, forman una sola familia, en la que las relaciones están marcadas por una fraternidad real y no sólo de palabra: el otro y la otra son el hermano y la hermana que hemos de amar, y la relación con Dios, que es amor, fidelidad, bondad, se refleja en todas las relaciones humanas y confiere armonía a toda la creación. El mundo de Dios es un mundo en el que todos se sienten responsables de todos, del bien de todos. Esta noche, en la reflexión, con el ayuno, en la oración, cada uno de nosotros, todos, pensemos en lo más profundo de nosotros mismos: ¿No es ése el mundo que yo deseo? ¿No es ése el mundo que todos llevamos dentro del corazón? El mundo que queremos ¿no es un mundo de armonía y de paz, dentro de nosotros mismos, en la relación con los demás, en las familias, en las ciudades, en y entre las naciones? Y la verdadera libertad para elegir el camino a seguir en este mundo ¿no es precisamente aquella que está orientada al bien de todos y guiada por el amor?

viernes, 6 de septiembre de 2013

¡Juntos, en la mesa, para rezar! - Mons. Vicenzo Paglia

Mensaje a los familias
del Presidente del
Pontificio Consejo
para la Familia
Mons. Vincenzo Paglia.
Con motivo de la Jornada
de ayuno y de oración
por la paz en Siria

A todas las familia
Queridísimos,
La invitación del Papa Francisco a una jornada de oración y de ayuno por la paz en Siria y en todas las naciones afectadas por el drama de la guerra, debe ser atendida con gran seriedad y compromiso por todos nosotros.
Las imágenes que han dado la vuelta al mundo y las continuas trágicas noticias interpelan nuestro corazón, nuestra inteligencia, nuestra fe. Por eso os invito a acoger la propuesta del Papa y a hacer también en vuestro hogar un gesto de ayuno y oración.
Queridos padres, no tengáis miedo de proponer a vuestros hijos una comida austera y mínima; será motivo para explicarles lo que está sucediendo en el mundo y cómo estos hechos terribles no nos pueden dejar indiferentes. Junto a la dureza de la crónica, no olvidéis comunicarles la esperanza de la paz ofrecida por Cristo resucitado, que nos ha reconciliado con el mundo no con gestos violentos y de venganza, sino con el don de sí mismo.

jueves, 5 de septiembre de 2013

Oraciones por la paz hechas por los Papas

Papa León XIII
Oh, Señor, Tú ves como por todas partes los vientos han estallado y el mar se convulsiona con la gran violencia de las olas crecientes.
Ordena, te lo pedimos, que calmes los vientos y los mares.
Restaura la paz entre nosotros, esa paz que solo Tú nos puedes ofrecer y restaura la armonía social.
Bajo tu mirada protectora y tu inspiración puedan los hombres y mujeres volver al orden, venciendo la codicia, convirtiéndonos en lo que debemos ser, reflejo del amor de Dios, de la justicia, de la caridad con el prójimo, haciendo uso ordenado de todas las cosas.
Haz que tu reino llegue.
Que todos puedan reconocer que están sujetos a Tí, y que deben servirte, porque eres la verdad y la salvación; que sin Tí, todo lo que se hace es en vano.
Tu ley, Señor, es justa y paternalmente bondadosa.
Tú estás siempre a nuestro lado con tu fuerza y tu poder abundante para ayudarnos.
La vida en la tierra es una guerra, pero Tú ayudas al ser humano a conquistar lo que necesita.
Tú sostienes al débil y lo coronas con la victoria.

lunes, 2 de septiembre de 2013

Oración de San Francisco de Asís

Oh, Señor, hazme un instrumento de Tu Paz .
D
onde haya odio, que ponga yo el Amor.
D
onde haya ofensa, que ponga yo el   Perdón.
D
onde haya discordia, que ponga yo la Unión.
D
onde
haya duda, que ponga ve yo la Fe.
D
ond
e haya error, que ponga yo la Verdad.
Dond
e haya desesperación, que ponga yo la Alegría.
D
ond
e haya tinieblas, que ponga yo la Luz.
Oh, Maestro, has que yo no busque tanto
ser consolado, sino consolar;
ser comprendido, sino comprender;
ser amado, como amar.
Porque es:Dando , que se recibe;Perdonando, que se es perdonado;Muriendo, que se resucita a la
Vida Eterna.

Queremos un mundo de paz - Papa Francisco

PAPA FRANCISCO
ÁNGELUS
Domingo, 1 de septiembre de 2013

Queridos hermanos y hermanas: Buenos días.
Hoy, queridos hermanos y hermanas, quisiera hacerme intérprete del grito que, con creciente angustia, se levanta en todas las partes de la tierra, en todos los pueblos, en cada corazón, en la única gran familia que es la humanidad: ¡el grito de la paz! Es el grito que dice con fuerza: Queremos un mundo de paz, queremos ser hombres y mujeres de paz, queremos que en nuestra sociedad, desgarrada por divisiones y conflictos, estalle la paz; ¡nunca más la guerra! ¡Nunca más la guerra! La paz es un don demasiado precioso, que tiene que ser promovido y tutelado.
Vivo con particular sufrimiento y preocupación las numerosas situaciones de conflicto que hay en nuestra tierra, pero, en estos días, mi corazón está profundamente herido por lo que está sucediendo en Siria y angustiado por la dramática evolución que se está produciendo.

Vistas de página en total

contador

Free counters!