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domingo, 11 de octubre de 2020

Meditaciones del tiempo ordinario con textos de Santo Tomás de Aquino 193

 

Domingo de la 28ª semana

INMUTABILIDAD DE DIOS


I. Existe en Dios una manera de ser o perfección según la cual es inmutable en su naturaleza, como atestigua él mismo por el profeta Malaquías: Yo soy el Señor, y no me mudo (3, 6). Todo lo que se mueve adquiere con su movimiento alguna cosa y llega a aquello a lo que antes no llegaba. Pero siendo Dios infinito, y comprendiendo en sí mismo toda la plenitud de perfección de todo ser, nada puede adquirir, ni extenderse a nada donde antes no tocara. Por consiguiente, de ninguna manera es compatible con él el movimiento.

 

Es verdad que se dice en el libro de la Sabiduría: La sabiduría es más ágil que todas las cosas movibles (7, 24). Pero se dice que la sabiduría es móvil por vía de símil, en atención a que esta Sabiduría difunde su semejanza hasta lo último del ser; pues nada puede existir que no proceda en similitud de la divina sabiduría, como de su primer principio efectivo y formal, al modo con que también las obras de arte proceden de la sabiduría del artífice. Así, pues, en cuanto la semejanza de la divina sabiduría procede gradualmente desde las criaturas superiores que más participan de su semejanza, hasta las cosas inferiores, que participan menos, se dice que hay cierta procesión o movimiento de la divina sabiduría a las cosas; como si dijéramos que el sol baja a la tierra, por cuanto el rayo de su luz alcanza y toca la tierra.

jueves, 6 de agosto de 2020

La gloria de la Trinidad en la Transfiguración - San Juan Pablo II

SAN JUAN PABLO II

AUDIENCIA GENERAL  

Miércoles 26 de abril de 2000

 

La gloria de la Trinidad en la Transfiguración


1. En esta octava de Pascua, considerada como un único gran día, la liturgia repite sin cesar el anuncio de la resurrección:  "¡Verdaderamente Jesús ha resucitado!". Este anuncio abre un horizonte nuevo a la humanidad entera. En la Resurrección se hace realidad lo que en la Transfiguración del monte Tabor se vislumbraba misteriosamente. Entonces el Salvador reveló a Pedro, Santiago y Juan el prodigio de gloria y de luz confirmado por la voz del Padre:  "Este es mi Hijo predilecto" (Mc 9, 7).

 

En la fiesta de Pascua estas palabras se nos presentan en su plenitud de verdad. El Hijo predilecto del Padre, Cristo crucificado y muerto, ha resucitado por nosotros. A su luz, los creyentes vemos la luz y, "exaltados por el Espíritu ―como afirma la liturgia de la Iglesia de Oriente―, cantamos a la Trinidad consustancial a lo largo de todos los siglos" (Grandes Vísperas de la Transfiguración de Cristo). Con el corazón rebosante de alegría pascual subamos hoy espiritualmente  al monte santo, que domina la llanura de Galilea, para contemplar  el acontecimiento que allí se realiza, anticipando los sucesos pascuales.

 

2. Cristo es el centro de la Transfiguración. Hacia él convergen dos testigos de la primera Alianza:  Moisés, mediador de la Ley, y Elías, profeta del Dios vivo. La divinidad de Cristo, proclamada por la voz del Padre, también se manifiesta mediante los símbolos que san Marcos traza con sus rasgos pintorescos. La luz y la blancura son símbolos que representan la eternidad y la trascendencia:  "Sus vestidos se volvieron resplandecientes, muy blancos, como no los puede blanquear lavandera sobre la tierra" (Mc 9, 3). Asimismo, la nube es signo de la presencia de Dios en el camino del Éxodo de Israel y en la tienda de la Alianza (cf. Ex 13, 21-22; 14, 19. 24; 40, 34. 38).

 

Canta también la liturgia oriental, en el Matutino de la Transfiguración:  "Luz inmutable de la luz del Padre, oh Verbo, con tu brillante luz hoy hemos visto en el Tabor la luz que es el Padre y la luz que es el Espíritu, luz que ilumina a toda criatura".

 

3. Este texto litúrgico subraya la dimensión trinitaria de la transfiguración de Cristo en el monte, pues es explícita la presencia del Padre con su voz reveladora. La tradición cristiana vislumbra implícitamente también la presencia del Espíritu Santo, teniendo en cuenta el evento paralelo del bautismo en el Jordán, donde el Espíritu descendió sobre Cristo en forma de paloma (cf. Mc 1, 10). De hecho, el mandato del Padre:  "Escuchadlo" (Mc 9, 7) presupone que Jesús está lleno de Espíritu Santo, de forma que sus palabras son "espíritu y vida" (Jn 6, 63; cf. 3, 34-35).

lunes, 6 de julio de 2020

Catequesis Marianas de San Juan Pablo II (11) - María en la perspectiva trinitaria


SAN JUAN PABLO II
AUDIENCIA GENERAL

Miércoles 10 de enero de 1996

María en la perspectiva trinitaria



(Lectura: carta de san Pablo a los Gálatas, capítulo 4, versículos 4-7)

1. El capítulo VIII de la constitución Lumen gentium indica en el misterio de Cristo la referencia necesaria e imprescindible de la doctrina mariana. A este respecto, son significativas las primeras palabras de la introducción: "Dios, en su gran bondad y sabiduría, queriendo realizar la redención del mundo, 'al llegar la plenitud de los tiempos, envió a su Hijo, nacido de una mujer, para que recibiéramos la adopción de hijos' (Ga 4, 4-5)" (n. 52). Este Hijo es el Mesías, esperado por el pueblo de la antigua alianza y enviado por el Padre en un momento decisivo de la historia, "al llegar la plenitud de los tiempos" (Ga 4, 4), que coincide con su nacimiento de una mujer en nuestro mundo. La mujer que introdujo en la humanidad al Hijo eterno de Dios nunca podrá ser separada de Aquel que se encuentra en el centro del designio divino realizado en la historia.

El primado de Cristo se manifiesta en la Iglesia, su Cuerpo místico. En efecto, en ella "los fieles están unidos a Cristo, su cabeza, en comunión con todos los santos" (cf. Lumen gentium, 52). Es Cristo quien atrae a sí a todos los hombres. Dado que, en su papel materno, María está íntimamente unida a su Hijo, contribuye a orientar hacia él la mirada y el corazón de los creyentes.

Ella es el camino que lleva a Cristo. En efecto, la que "al anunciarle el ángel la Palabra de Dios, la acogió en su corazón y en su cuerpo" (ib., 53), nos muestra cómo acoger en nuestra existencia al Hijo bajado del cielo, educándonos para hacer de Jesús el centro y la ley suprema de nuestra existencia.

2. Además, María nos ayuda a descubrir en el origen de toda la obra de la salvación la acción soberana del Padre, que invita a los hombres a hacerse hijos en el Hijo único. Evocando las hermosísimas expresiones de la carta a los Efesios: "Dios, rico en misericordia, por el grande amor con que nos amó, estando muertos a causa de nuestros delitos, nos vivificó juntamente con Cristo" (Ef 2, 4-5), el Concilio atribuye a Dios el título de infinitamente misericordioso. Así, el Hijo "nacido de una mujer" se presenta como fruto de la misericordia del Padre, y nos hace comprender mejor cómo esta mujer es Madre de misericordia.

En el mismo contexto, el Concilio llama también a Dios infinitamente sabio, sugiriendo una atención particular al estrecho vínculo que existe entre María y la sabiduría divina que, en su arcano designio, quiso la maternidad de la Virgen.

domingo, 7 de junio de 2020

CANTO A LA SANTÍSIMA TRINIDAD - EL DIOS UNO Y TRINO


El Dios uno y trino misterio de amor,
habita en los cielos y en mi corazón.
El Dios uno y trino misterio de amor
habita en los cielos y en mi corazón.

1-Dios escondido en el misterio,
como la luz que apaga estrellas
Dios que te ocultas a los sabios,
y a los pequeños te revelas.

2-No es soledad es compañía,
es un hogar tu vida eterna
es el amor que se desborda
de un mar inmenso sin riberas.

CANTO A LA SANTISIMA TRINIDAD - GLORIA A LA SANTÍSIMA TRINIDAD


GLORIA A LA SANTÍSIMA TRINIDAD
Liturgia de la hora, II vísperas

Canten y alaben todos al Señor,
Él nos ha dicho, su nombre:
Padre y Señor para el hombre.
Vida esperanza y amor

Gloria al Padre Creador,
Gloria al Hijo Redentor,
Gloria al Espíritu Santo,
Consolador y Santificador.
Gloria a la santísima trinidad.(bis)

Meditaciones después del tiempo pascual con textos de Santo Tomás de Aquino 57


Domingo después de Pentecostés

LA SANTÍSIMA TRINIDAD


Venida de la Trinidad al alma.

No solamente el Hijo, sino también el Padre y el Espíritu Santo vienen por la gracia al alma humana y habitan en ella, según aquello de San Juan: Vendremos a él, y haremos morada en él (Jn 14, 23).

El Padre viene por su poder, confortándonos. El que da fuerza al cansado (Is 40, 29), a lo que añade la Glosa; "fuerza de creer y de obrar".

El Hijo viene por su sabiduría, iluminándonos, porque es luz verdadera que alumbra a todo hombre (Jn 1, 9).

El Espíritu Santo viene por su bondad, inflamándonos en su amor.

sábado, 6 de junio de 2020

Lecturas del domingo y el catecismo de la Iglesia - Solemnidad de la Santísima Trinidad


Solemnidad de la Santísima Trinidad

CEC 202, 232-260, 684, 732: el misterio de la Trinidad
CEC 249, 813, 950, 1077-1109, 2845: en la Iglesia y en su Liturgia
CEC 2655, 2664-2672: la Trinidad y la oración
CEC 2205: la familia, imagen de la Trinidad


CEC 202, 232-260, 684, 732: el misterio de la Trinidad

202 Jesús mismo confirma que Dios es "el único Señor" y que es preciso amarle con todo el corazón, con toda el alma, con todo el espíritu y todas las fuerzas (cf. Mc 12,29-30). Deja al mismo tiempo entender que Él mismo es "el Señor" (cf. Mc 12,35-37). Confesar que "Jesús es Señor" es lo propio de la fe cristiana. Esto no es contrario a la fe en el Dios Único. Creer en el Espíritu Santo, "que es Señor y dador de vida", no introduce ninguna división en el Dios único:
«Creemos firmemente y confesamos que hay un solo verdadero Dios, inmenso e inmutable, incomprensible, todopoderoso e inefable, Padre, Hijo y Espíritu Santo: Tres Personas, pero una sola esencia, substancia o naturaleza absolutamente simple (Concilio de Letrán IV: DS 800).

martes, 26 de mayo de 2020

Meditaciones del tiempo pascual con textos de Santo Tomás de Aquino 45


Martes de la séptima semana de Pascua

LA CONFIANZA EN EL PADRE CELESTIAL


Por las palabras del Padre nuestro: que estás en los cielos, se nos anima a orar con confianza por tres motivos: el poder de aquel a quien pedimos, la familiaridad con nosotros y la oportunidad de nuestra oración.

I. El poder de aquel a quien pedimos está indicado, si entendernos por los cielos los cielos corpóreos. Y aun cuando Dios no esté circunscrito por lugares corpóreos, como está escrito: ¿acaso no lleno yo el cielo y la tierra? (Jer 23, 24), sin embargo, se dice que está en los cielos corpóreos para indicar dos cosas: la virtud de su poder, y la sublimidad de su naturaleza. Lo primero va contra los que dicen que todas las cosas provienen necesariamente del destino de los cuerpos celestes, y, según esta opinión, es inútil pedir algo a Dios por medio de la oración. Pero esto es una necedad, pues se dice que Dios está en los cielos como Señor de los cielos y de las estrellas. Lo segundo va contra los que en la oración se forjan de Dios imágenes corporales y fantásticas. Pero se dice en los cielos, para significar, por lo que hay de más elevado en las cosas sensibles, que la sublimidad divina excede a todas las cosas, aun al deseo y al entendimiento del hombre; por lo tanto, todo cuanto puede pensarse o desearse es menor que Dios. Por eso se dice en Job: Ciertamente Dios es grande, que sobrepuja nuestro saber (36, 26).

lunes, 25 de mayo de 2020

Meditaciones del tiempo pascual con textos de Santo Tomás de Aquino 44


Lunes de la séptima semana de Pascua

EL PADRE CELESTIAL


Padre nuestro, que estás en los cielos (Mt 6, 9).

Entre las cosas necesarias al que ora, tiene gran valor la confianza. Por eso, al enseñarnos a orar el Señor, comienza por aquellas palabras que engendran en nosotros la confianza, esto es, la bondad de Padre; por eso dice: Padre nuestro; y la grandeza de su poder; por eso dice: que estás en los cielos. Las palabras en los cielos pueden referirse a tres cosas:

1º) A la preparación del que ora. Antes de la oración prepara tu alma (Eclo 18, 23) de modo que se oiga en los cielos, esto es, en la gloria celestial. Vuestro galardón muy grande es en los cielos (Mt 5, 12).

sábado, 9 de mayo de 2020

domingo, 8 de marzo de 2020

Espiritualidad Bíblica 17 - Hacia el Padre por el Hijo - Mons. Dr. Juan Straubinger



2. HACIA EL PADRE

2.4. HACIA EL PADRE POR EL HIJO


I

Uno, el soberano Señor, que tiene derecho a toda nuestra adoración, esa adoración que nunca le damos dignamente, por lo cual no podríamos llegar directamente a Él.

Otro, el aliado nuestro, el confidente a quien confiamos las barrabasadas que hacemos contra el primero.

Al uno lo vernos como Señor y Juez inapelable.

El otro es el abogado, el Salvador, ante el cual recurrimos por miedo al Juez... y a nosotros mismos.

Uno, el que siempre tiene razón contra nosotros.

Otro, el que puede y quiere interponer su influencia para hacernos salir del paso y justificarnos ante el primero.

El uno es el Padre, el gran Rey. El otro es su Hijo Jesús, Príncipe influyente para protegernos y recomendarnos al Rey, y que, siendo hombre como nosotros, conoce nuestras debilidades y nos parece estar más dispuesto a disimularlas. Nuestra actitud es como si dijésemos a Jesús lo mismo que los Israelitas a Moisés: “Háblanos tú, y no nos hable Dios, no sea que muramos".

Hemos, pues, de empezar la vida espiritual por entender y vivir el misterio de la Redención y aprovechar en su infinita utilidad la mediación de Jesucristo.

sábado, 29 de febrero de 2020

El Catecismo de la Iglesia Católica comentado 2 (Por Mons. José Ignacio Munilla)


Catecismo 1

PROLOGO

La vida del hombre: conocer y amar a Dios 1

Mons. JOSE IGNACIO MUNILLA

PRÓLOGO y NÚMERO 1


PRÓLOGO
"PADRE, esta es la vida eterna: que te conozcan a ti, el único Dios verdadero y a tu enviado Jesucristo" (Jn 17,3). "Dios, nuestro Salvador... quiere que todos los hombres se salven y lleguen al conocimiento pleno de la verdad" (1Tm 2,3-4). "No hay bajo el cielo otro nombre dado a los hombres por el que nosotros debamos salvarnos" (Hch 4,12), sino el nombre de Jesús.
1  Dios, infinitamente perfecto y bienaventurado en sí mismo, en un designio de pura bondad ha creado libremente al hombre para hacerle partícipe de su vida bienaventurada. Por eso, en todo tiempo y en todo lugar, se hace cercano del hombre: le llama y le ayuda a buscarle, a conocerle y a amarle con todas sus fuerzas. Convoca a todos los hombres, que el pecado dispersó, a la unidad de su familia, la Iglesia. Para lograrlo, llegada la plenitud de los tiempos, envió a su Hijo como Redentor y Salvador. En Él y por Él, llama a los hombres a ser, en el Espíritu Santo, sus hijos de adopción, y por tanto los herederos de su vida bienaventurada.


Prólogo
"PADRE, esta es la vida eterna: que te conozcan a ti, el único Dios verdadero y a tu enviado Jesucristo" (Jn 17,3). "Dios, nuestro Salvador... quiere que todos los hombres se salven y lleguen al conocimiento pleno de la verdad" (1Tm 2,3- 4). "No hay bajo el cielo otro nombre dado a los hombres por el que nosotros debamos salvarnos" (Hch 4,12), sino el nombre de Jesús.

Tiene su importancia por dónde comienza el Catecismo, eso no es baladí. A la hora de comenzar a exponer tantas cosas, uno dice bueno por dónde empezamos. Sin duda alguna, el ver por dónde comienza el Catecismo es también indicativo de en qué se quiere poner el acento.
Quiere desde el comienzo mostrar sus cartas, desde el comienzo quiere ir a lo esencial, quiere ir al corazón del meollo, no empezar un discurso por cuestiones periféricas en las que uno se pierde y como si fuesen los lectores del Catecismo se desenganchan o se desencantan porque resulta que ha comenzado el Catecismo en lugar de ir a la esencia de lo que quiere enseñar pues se ha ido por las ramas. Lógicamente el Catecismo quiere ir a lo esencial.

Juan 17, 3:
3 Esta es la vida eterna: que te conozcan a ti, el único Dios verdadero, y al que tú has enviado, Jesucristo.

Por lo tanto, primera convicción desde la que parte el Catecismo: la primera convicción es que la vida eterna, el sentido de la existencia consiste en que el hombre no camine a ciegas, no de palos de ciego como se dice, sino que el hombre viva de cara a la realidad, que el hombre conozca a Dios, conozca a su Padre, conozca de dónde ha venido, conozca a dónde va.

martes, 4 de febrero de 2020

Espiritualidad Bíblica 15 - Dios Justo y Misericordioso - Mons. Dr. Juan Straubinger

ESPIRITUALIDAD BÍBLICA

2. HACIA EL PADRE

2.2. DIOS JUSTO Y MISERICORDIOSO



I

No nos conviene, ciertamente, que Dios sea justo, en el sentido humano de la palabra. El litigante desea un justo juez cuando su causa es buena. Pero cuando la causa es mala, cuando no tiene razón, ¿acaso le conviene un juez justo?

Ahora bien, ¿qué tal es la causa nuestra delante de Dios? Él mismo nos lo enseña por si acaso nuestra ceguera no lo viese: “Ningún viviente puede aparecer justo en tu presencia”, dice el Profeta David (Sal. CXLII, 2); y en otra parte: “Si examinaras, Señor, nuestras iniquidades, ¿quién podría subsistir? (Sal. CXXIX, 5). “Si dijéramos que no tenemos pecado, nosotros mismos nos engañamos, y no hay verdad en nosotros” (I Juan I, 8).

¿Qué haríamos, pues, con un juez justo?

miércoles, 22 de enero de 2020

Espiritualidad Bíblica 14 - El Padre Celestial en el Evangelio - Mons. Dr. Juan Straubinger


ESPIRITUALIDAD BÍBLICA

2. HACIA EL PADRE

2.1. EL PADRE CELESTIAL EN EL EVANGELIO


I

Si preguntamos quién es el Padre Celestial, cualquiera nos dirá que es Dios, porque Dios es nuestro Padre.

Si volvemos a preguntar quién es ese Dios, no faltarán quienes nos digan que es Jesucristo, pero algunos dirán sin duda que es la Santísima Trinidad.

¿La Santísima Trinidad sería entonces nuestro Padre? ¿Ese Padre a quien Jesús nos enseñó a adorar "en espíritu y en verdad"? ¿Ese Padre a quien nos enseñó a dirigir el Padrenuestro? Ese Padre a quien El llamó "mi Padre y vuestro Padre, mi Dios y vuestro Dios", ¿sería la Santísima Trinidad? ¿Entonces Jesús sería el Hijo de la Santísima Trinidad?

Entonces, ¿la Misa y las oraciones de la Iglesia se equivocan cuando se dirigen al Padre, primera Persona de la Trinidad? Pues casi todas terminan pidiéndole "por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo, que contigo vive y reina en la unidad del Espíritu Santo".

¿Podría haber una ignorancia más grande que la de decir que Jesús es Hijo de la Trinidad? Tal fué exactamente la herejía del P. Harduin y su discípulo el P. Berruyer, que refutó tan claramente San Alfonso de Ligorio.

El mal viene de ignorar el Evangelio, pues cualquiera que lo ha leído, aunque sea una sola vez, no puede dejar de admirar la insistencia de Jesús en hablar de su Padre, del Padre que lo envió, es decir de esa Primera Persona, cuya gloria es para Cristo una obsesión constante. De ahí que defina los tiempos mesiánicos como aquéllos en que se va a "adorar al Padre en espíritu y en verdad, porque tales son los adoradores que el Padre quiere" (Juan IV, 23 s.).

lunes, 16 de diciembre de 2019

Meditaciones de Adviento con textos de Santo Tomás de Aquino 16


Lunes de la tercera semana

FUE MÁS CONVENIENTE QUE LA PERSONA DEL HIJO
TOMASE LA NATURALEZA HUMANA 
QUE OTRA PERSONA DIVINA

Imagen relacionada

Dice San Juan Damasceno 1: "En el misterio de la Encarnación se manifestaron la sabiduría y el poder de Dios; la sabiduría, porque halló el secreto de pagar de un modo convenientísimo la deuda muy difícil; el poder, porque al vencido hizo nuevamente vencedor." Y como el poder y la sabiduría se atribuyen al Hijo según aquello (1 Cor 1, 24): Predicamos a Cristo, virtud de Dios y sabiduría de Dios, síguese que fue conveniente que se encarnara la persona del Hijo.

Muéstrase que esto fue muy conveniente:

1º) Por parte de la unión. Porque se unen convenientemente las cosas que son semejantes; y de un modo se observa cierta común semejanza entre la persona del Hijo, que es el Verbo de Dios, y todas las criaturas; porque el verbo, del artista, esto es, su concepto, es la semejanza ejemplar de todas sus obras. Y el Verbo de Dios, que es su concepto eterno, es la semejanza ejemplar de toda criatura. Por tanto, así como por la participación de esta semejanza han sido creadas las criaturas en sus especies propias, aunque mudables, del mismo modo, por la unión del Verbo a la criatura, no participada sino personal, fue conveniente reparar a la criatura en orden a la perfección   eterna   e   inmutable; porque   el   artista   repara   su   obra, si   se deteriora, por la misma forma artística que concibió al crearla.

martes, 18 de junio de 2019

Comunión y servicio: la persona humana creada a imagen de Dios - Comisión teológica internacional


COMISIÓN TEOLÓGICA INTERNACIONAL
COMUNIÓN Y SERVICIO:
 LA PERSONA HUMANA CREADA A IMAGEN DE DIOS





ÍNDICE
Introducción
Capitulo I. La persona humana creada a imagen de Dios
1. La «imago Dei» en la escritura y en la Tradición
2. La crítica moderna de la teología de la «imago Dei»
3. La «imago Dei» en el Concilio Vaticano II y en la teología de hoy
Capítulo II. A imagen de Dios: Personas en comunión
1. Cuerpo y alma
2. Hombre y mujer
3. Persona y comunidad
4. Pecado y salvación
5. «Imago Dei» e «imago Christi»
Capítulo III. A imagen de Dios: Administradores de la creación visible
1. La ciencia y la administración del conocimiento
2. La responsabilidad respecto al mundo creado
3. La responsabilidad respecto a la integridad biológica de los seres humanos
Conclusión


1. El crecimiento exponencial de los conocimientos científicos y de la capacidad tecnológica en la época moderna ha traído ventajas notables a la humanidad, pero plantea también retos difíciles. A la luz de nuestros conocimientos sobre la inmensidad y antigüedad del universo, la situación y la importancia del hombre dentro del mismo aparecen bastante menos relevantes y menos seguras. El progreso tecnológico ha aumentado de manera considerable  nuestra capacidad de controlar y dirigir las fuerzas de la naturaleza, pero también ha tenido un impacto imprevisto y quizá incontrolable sobre nuestro ambiente e incluso sobre el mismo género humano.

2. La Comisión Teológica Internacional ofrece esta reflexión teológica sobre la doctrina de la imago Dei para orientar la reflexión sobre el significado de la existencia humana ante tales desafíos. Al mismo tiempo deseamos presentar la visión positiva de la persona humana dentro del universo ofrecida por este tema doctrinal que se ha vuelto a descubrir recientemente.

sábado, 1 de junio de 2019

Por obra del Espíritu Santo - 1 La revelación del Espíritu Santo - Pbro. Jose Maria Iraburu



Jose Maria Iraburu.
Por obra del Espíritu Santo

1
La revelación del Espíritu Santo

1. Sagrada Escritura. -Antiguo Testamento. -Nuevo Testamento.
2. Magisterio y teología. -Tradición doctrinal. -El Padre, principio sin principio. -La generación del Hijo. -La procesión del Espíritu Santo.
3. El Espíritu Santo. -Las apropiaciones. -Nombres del Espíritu Santo: Espíritu Santo, Amor, Don. -Persona-amor, Persona-don. -Otros nombres.

1
Sagrada Escritura
Es de fe que «por la grandeza y hermosura de las criaturas, mediante la razón, se llega [es posible llegar] a conocer al Creador de ellas» (Sab 13,5; +Rm 1,19-20; Vaticano I: Dz 1806/3026).
Puede la razón, con sus propias luces, llegar a conocer que Dios existe, que es único, bueno, omnipotente, providente, etc. Pero nunca, sin la Revelación divina, podrá alcanzar a conocer el misterio de las tres Personas divinas.
La revelación del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo se realiza únicamente en Jesucristo.

Antiguo Testamento
En la Revelación divina que Israel recibe no se manifiesta en Yavé el misterio de la distinción eterna de Tres Personas divinas. La expresión «Espíritu Santo» se usa tres veces (Is 63,10-11.14; Sal 50,13).
Y así como en muchas ocasiones la antigua Escritura habla de Dios en modo antropomórfico, y así alude a la mano de Dios, a su boca, a su brazo, también habla, y con no poca frecuencia, del Espíritu de Dios, del Espíritu de Yavé (ruah Yavé): es decir, de su aliento vital. En el hombre, como en los animales, la respiración, el aliento, es la vida. Y en un sentido semejante se habla del Espíritu de Yavé; pero no, por supuesto, como Persona divina.
La Escritura antigua suele hablar del Espíritu divino en cuanto fuerza vivificante de la creación entera, ya desde su inicio (Gén 1,2; 2,7). Más aún: el Espíritu divino se revela innumerables veces como acción salvadora de Yavé entre los hombres. Es, en efecto, el Espíritu de Yavé el que impulsa a Sansón (Jue 13,25), establece y asiste a los jueces (Jue 3,10; 6,34) o a los reyes (1Sam 10,16), ilumina sobrenaturalmente a José (Gén 41,38; 42,38), a Daniel (Dan 4,5; 5,11), asiste con su prudencia a Moisés y a los setenta ancianos (Núm 11,17.25-26,29), y sobre todo, inspira a los profetas (Is 48,16; 61,1; Ez 11,5).

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