Un inédito de Jorge Mario Bergoglio: una
larga carta desde Córdoba al salesiano Cayetano Bruno, el historiador de la
Iglesia en Argentina, para recordar a Enrique Pozzoli, el salesiano amigo de
familia que lo había bautizado. Una primera parte de este texto fue publicada
en el número del periódico vaticano del 23-24 de diciembre de 2013. Ahora se
presentan otras 5 páginas en las que Bergoglio recogió algunos «recuerdos
salesianos», en particular los del año 1949, cuando (con todavía 13 años)
frecuentaba el Colegio Wilfrid Barón de los Santos Ángeles en Ramos Mejía, en
la gran Buenos Aires
Córdoba, 20 de octubre de 1990
Querido P. Bruno:
Pax Christi!!
Acabo de terminar la relación de mis
recuerdos sobre el P. Enrique Pozzoli. Ahora quiero completar mi promesa de
escribirle algunos recuerdos de mi contacto con los Salesianos, tal como
habíamos quedado. Y comienzo con una anécdota un tanto volteriana. En 1976
mudamos la Curia Provincial a San Miguel. Comenzaban a llegar vocaciones nuevas
y parecía conveniente que el Provincial estuviera cerca de la Casa de
Formación. Se volvió a reestructurar el programa de estudios: 2 años de
juniorado (que habían desaparecido), la filosofía separada de la teología
volvió a imponerse supliendo el “menjunje” de filosofía y teología que se había
llamado “curriculum” en el que se comenzaba estudiando Hegel (sic!). Estando en
San Miguel ví las barriadas sin atención pastoral; esto me inquietó y
comenzamos a atender a los niños: los sábados a la tarde enseñábamos catecismo,
luego jugaban, etc... Caí en la cuenta de que los Profesos teníamos voto de
enseñar la doctrina a niños y rudos, y comencé yo mismo a hacerlo junto a los estudiantes.
La cosa fue creciendo: se edificaron 5 Iglesias grandes, se movilizó
organizadamente a los chicos de la zona... y solamente sábados por la tarde y
domingos a la mañana... Entonces vino la acusación de que ése no era apostolado
propio de jesuitas; que yo había salesianizado (sic!) la formación. Me acusan
de ser un jesuita pro-salesiano, y quizás esto haga que mis recuerdos sean algo
parciales... pero me quedo tranquilo porque mi interlocutor de este instante es
un salesiano pro-jesuita, y él sabrá discernir las cosas.
1. No es raro que hable con cariño de
los Salesianos, pues mi familia se alimentó espiritualmente de los Salesianos
de San Carlos. De chico aprendí a ir a la procesión de María Auxiliadora, y
también a la de San Antonio de la Calle México. Cuando estaba en casa de mi
abuela iba al Oratorio de San Francisco de Sales (mi encargado allí era el
actual P. Alberto Della Torre, capellán de aviación). Por supuesto que soy
hincha de San Lorenzo (faltaba más) y hasta hace poco conservé una “Historia
del Club San Lorenzo” escrita por el P. Mazza (según creo): se la mandé de
regalo a Don Hugo Chantada, periodista católico de La Prensa, hincha furibundo
de San Lorenzo. Él la tiene. Desde chico conocí a los famosos Padres confesores
de San Carlos: Montaldo, Punto, Carlos Scandroglio, Pozzoli. Y desde chico
tenía en las manos la “Instrucción Religiosa” del P. Morat. Nos habían enseñado
a pedir “la bendición de María Auxiliadora” cada vez que nos despedíamos de un
Salesiano.
2. Pero mi experiencia más fuerte con
los Salesianos fue en el año 1949, cuando cursé como interno el sexto grado en
el Colegio Wilfrid Barón de los Santos Ángeles, en Ramos Mejía. Era Director el
P. Emilio Cantarutti; Consejero el P. Plácido Avilés; Catequista el P. Isidoro
Holowaty; Prefecto el P. Isidoro Fueyo. En la Administración trabajaba el
Coadjutor Sr. Fernández. De los clérigos me acuerdo del Sr. (Leonardo o
Leandro) Cangiani y Rubén Veiga. Entre los Padres mayores estaban los PP.
Usher, Lambruschini, Chigolani, etc... Me cuesta hacer una descripción parcial
de diversos aspectos del Colegio, simplemente porque muchas veces he
reflexionado sobre ese año de vida y, poco a poco, se fue configurando la
reflexión de conjunto, que es la que quisiera transmitir aquí. Soy consciente
de que será algo intelectualizado quizá sin la frescura de la anécdota simple,
pero –por otra parte– también sé que esta visión de conjunto es la que fui
elaborando yo, y nace de mi experiencia: es objetiva a mi juicio.