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jueves, 5 de noviembre de 2020

Meditaciones del tiempo ordinario con textos de Santo Tomás de Aquino 218

 

Jueves de la 31ª semana

EXCELENCIA DE LA CARIDAD

 

         Ahora permanecen estas tres cosas, la fe, la esperanza, y la caridad; mas de éstas, la mayor es la caridad (1 Cor 13, 13).

        

         I. La caridad es la mayor de las virtudes teologales.

        

         La grandeza de una virtud en cuanto a su especie se estima por su objeto; mas como las tres virtudes teologales tienen a Dios por objeto propio, no puede ninguna de ellas decirse mayor que otra porque se refiera a mayor objeto, sino porque una de ellas se aproxime más que otra a su objeto.

 

         Según esto, la caridad es mayor que las otras; porque las otras envuelven en su propia noción cierta distancia del objeto; pues la fe es de cosas que no se, ven; y la esperanza, de lo que aún no se tiene; en tanto que el amor de la caridad es de lo que ya se posee, de modo que el amado está en cierto, modo en el amante, y que además el que ama es, por su afecto, atraído a la unión con el amado, por lo cual dice San Juan: Quien permanece en caridad, en Dios permanece, y Dios en él (1 Jn 4, 16).

(1ª 2ae , q. LXVI, a. VI)

 

         II. La caridad es la forma y raíz de todas las virtudes: Arraigados y cimentados en la caridad (Ef 3, 17).

lunes, 19 de octubre de 2020

Meditaciones del tiempo ordinario con textos de Santo Tomás de Aquino 201

 

Lunes de la 29ª semana

COSAS NECESARIAS PARA ADQUIRIR

Y ACRECENTAR LA CARIDAD

 

La caridad es tan útil que es menester trabajar con todo empeño para adquirirla y acrecentarla. Dos condiciones son especialmente necesarias para adquirirla y otras dos para aumentarla, una vez lograda.

 

I. Para adquirir la caridad es menester, en primer lugar, escuchar diligentemente la palabra divina. Y así como cuando oímos cosas buenas de otro, nos inflamamos en amor hacia él; así, al escuchar la palabra de Dios, nos encendemos en amor de Dios, como dice el Profeta David: Tu palabra es encendida en gran manera, y tú siervo la ha amado (Sal 118, 140). Y aquellos dos discípulos (los de Emaús), ardiendo en amor divino, decían: ¿Por ventura no ardía nuestro corazón dentro de nosotros, cuando en el camino nos hablaba, y nos explicaba las Escrituras? (Lc 24, 32)

 

En segundo lugar, el pensamiento continuo de cosas buenas. Se acaloró mi corazón dentro de mí (Sal 38, 4). Si quieres, pues, conseguir el amor divino medita en cosas buenas. Porque sería demasiado duro de corazón el que meditando en los beneficios divinos, recibidos, en los peligros de que se libró, y en la bienaventuranza prometida por Dios, no se encendiese en el amor divino. Por eso dice San Agustín: "Duro es el corazón del hombre que, aunque no rehusando amar, al menos no quiera responder al amor". En general, así como los malos pensamientos destruyen la caridad, así los buenos la adquieren, la nutren y la conservan.

 

II. Hay también dos condiciones para aumentar la caridad adquirida.

lunes, 5 de octubre de 2020

Meditaciones del tiempo ordinario con textos de Santo Tomás de Aquino 187

 

Lunes de la 27ª semana

OTRAS UTILIDADES DE LA LEY DEL AMOR

1º) La caridad obra el perdón de los pecados; pues si alguien ofendiere a otro y después lo amare íntimamente, borra la ofensa con el amor; del mismo modo Dios perdona los pecados a los que le aman. Tal vez dirá alguno: si es suficiente la caridad para destruir los pecados, no es necesaria la penitencia. Pero debe considerarse que nadie ama de veras si realmente no se arrepiente; pues cuanto más amamos a alguno, más nos dolemos de haberle ofendido, y esto es efecto de la caridad.

 

2º) Produce la iluminación del corazón como dice Job: Nosotros estamos envueltos en tinieblas (37, 19), pues frecuentemente ignorarnos qué debemos hacer o desear, pero la caridad nos enseña todo lo necesario a la salvación; por eso se dice: su unción os enseña todas las cosas (1 Jn 2, 27). Esto es así porque donde está la caridad allí está el Espíritu Santo que conoce todas las cosas y nos conduce por el camino recto. Por eso se dice en el Eclesiástico: Los que teméis a Dios, amadle, y serán iluminados vuestros corazones (2, 10).

 

3º) Perfecciona en el hombre la perfecta alegría; pues nadie tiene verdaderamente alegría si no vive en caridad. Todo el que desea algo, no goza, ni se alegra, ni descansa hasta alcanzarlo; y suele suceder en las cosas temporales que, cuando no se las posee, se apetecen, y, una vez poseídas, se desprecian y engendran fastidio; pero no ocurre lo mismo en las cosas espirituales; es más, quien ama a Dios, lo posee, y por eso el ánimo del que ama y desea descansa en él.

domingo, 27 de septiembre de 2020

Meditaciones del tiempo ordinario con textos de Santo Tomás de Aquino 179

 

Domingo de la 26ª semana

TRES GRADOS DE CARIDAD

 

I. Como dice San Agustín*: "Cuando nace la caridad, es alimentada", lo cual pertenece a los que comienzan; "cuando está alimentada, se fortifica", lo cual corresponde a los que progresan; y "cuando está fortalecida, se perfecciona", lo cual es propio de los perfectos.

 

El crecimiento espiritual de la caridad puede considerarse de una manera semejante al crecimiento corporal del hombre, el que, aunque puede distinguirse en muchas partes, tiene, sin embargo, algunas distinciones determinadas, según las determinadas acciones o estudios a los que el hombre llega por el aumento. Así también se distinguen los diversos grados de la caridad según los diversos esfuerzos a que el hombre llegue por aumento de la caridad.

 

II. Primeramente, pues, el estudio principal del hombre consiste en apartarse del pecado y resistir a sus concupiscencias, que le mueven en sentido contrario a la caridad; y esto pertenece a los que comienzan, en los cuales la caridad debe ser alimentada y fomentada para que no se corrompa.

 

El segundo estudio que el hombre hace después tiene por objeto principal progresar en el bien; y esto pertenece a los que progresan, que tienden principalmente a que la caridad se robustezca en ellos por el aumento.

jueves, 10 de septiembre de 2020

Meditaciones del tiempo ordinario con textos de Santo Tomás de Aquino 162

 

Jueves de la 23ª semana

CUATRO BIENES DE LA LEY DEL AMOR

 

Como todos no pueden dedicarse a la ciencia, Cristo dio una ley breve para que todos pudiesen conocerla, y nadie se excusase por ignorancia del cumplimiento de la misma; ésta es la ley del amor divino. A este respecto dice el Apóstol: Palabra abreviada hará el Señor sobre la tierra. (Rom 9, 28).

 

Ésta es la ley que debe ser regla de todos los actos humanos, de tal modo que toda acción humana será recta y virtuosa si está de acuerdo con la regla del amor a Dios; y no será buena, ni recta ni virtuosa si está en desacuerdo con esta regla.

 

Mas la ley del amor divino produce en el hombre cuatro bienes muy deseables:

 

1º) Produce en él la vida espiritual. Porque es manifiesto que naturalmente el amado está en el amante, y por consiguiente, quien ama a Dios, lo tiene en su persona, como dice San Juan: Quien permanece en caridad, en Dios permanece, y Dios en él (1 Jn 4, 16). Pertenece también a la naturaleza del amor transformar al amante en el amado; por lo tanto, si amamos lo caduco y lo vil, nos hacemos viles y perecederos. Pero si amamos a Dios nos hacernos divinos, porque como dice el Apóstol: El que se allega al Señor, un espíritu es (1 Cor 6, 17). Mas como dice San Agustín: "Así como el alma es vida del cuerpo, igualmente Dios es vida del alma. Decimos que el cuerpo vive por el alma, cuando ejecuta las acciones propias de la vida, cuando obra y se mueve; pero si el alma se retira, el cuerpo no obra ni se mueve; así también obra el alma virtuosa y perfectamente cuando obra por caridad, por la cual Dios habita en ella; pero sin caridad no obra nada semejante."

 

Si alguno poseyere todos los dones del Espíritu Santo sin caridad, no posee vida; porque ni el don de lenguas, ni el don de la fe, o cualquier otro, dan vida sin la caridad. Aun cuando un cadáver sea cubierto de oro y de piedras preciosas, no obstante, muerto se queda.

 

2º) El segundo efecto de la caridad es la observancia de los mandamientos divinos; pues según San Gregorio: "El amor de Dios nunca está ocioso, ejecuta cosas grandes si está en un corazón; si es inactivo, no es amor." Por lo cual la señal evidente de la caridad es la prontitud en cumplir los preceptos divinos; pues vemos al amante ejecutar cosas grandes y difíciles por el amado.

 

3º) El tercer fruto de la caridad es que presta ayuda en las adversidades; pues las adversidades no dañan al que tiene caridad, antes bien se convierten en útiles. A los que aman a Dios, todas las cosas les contribuyen al bien (Rom 8, 28); aún más todavía, las cosas adversas y difíciles parecen suaves al amante, como nos lo enseña la experiencia.

miércoles, 12 de agosto de 2020

Meditaciones del tiempo ordinario con textos de Santo Tomás de Aquino 135

 

Miércoles de la 19ª semana

LA MUTUA CARIDAD

 

Un mandamiento nuevo os doy: Que os améis los unos a los otros, así como yo os he amado (Jn 13, 31).

 

I. El tenor de este mandamiento es el amor mutuo. Por eso dice: Que os améis los unos a los otros. Porque es natural que la amistad no sea oculta; de lo contrario, no sería amistad, sino benevolencia. Es menester, para la verdadera y firme amistad, que los amigos se amen mutuamente, pues entonces la amistad es justa y firme, como duplicada. Por lo tanto, queriendo el Señor... que entre sus fieles y discípulos existiese perfecta amistad, les dio este precepto de amor recíproco. El que terne a Dios, igualmente tendrá buena amistad (Eccli 6, 17).

 

II. Cristo presenta un modelo cuando dice: Así como yo os he amado. Porque de tres maneras nos amó Cristo: gratuita, eficaz y rectamente.

 

Gratuitamente, porque él comenzó y no esperó que nosotros comenzáramos a amarle, como explica San Juan: No que nosotros hayamos amado a Dios, sino que él nos amó primero a nosotros (1 Jn 4, 10). Así, pues, nosotros debemos también amar primero al prójimo, y no esperar a que él se nos adelante o nos beneficie.

 

Nos amó eficazmente, lo que es manifiesto por sus obras; pues la prueba del amor son las obras. Lo más grande que un hombre puede hacer por su amigo es darse a sí mismo por él; y esto hizo Cristo: Nos amó, y se entregó a sí mismo por nosotros (Ef 5, 2). Siguiendo nosotros su ejemplo, amémonos unos a otros eficaz y fructuosamente. No amemos de palabra, ni de lengua, sino de obra y de verdad (1 Jn 3, 18).

jueves, 9 de julio de 2020

Meditaciones del tiempo ordinario con textos de Santo Tomás de Aquino 101


Jueves de la 14ª semana

EFECTOS DEL AMOR


I. El amor significa cierta adaptación de la virtud apetitiva a un bien. Mas nada de lo que se adapta a una cosa que le es conveniente, se perjudica por esta unión, sino que más bien, a ser posible, se mejora y perfecciona; en cambio, lo que se une a algo que no le es conveniente, se perjudica y deteriora. Luego, el amor del bien conveniente es perfectivo y mejorativo del amante; pero el amor del bien no conveniente al amante le daña y deteriora.

Por consiguiente, el hombre se mejora y perfecciona, sobre todo, por el amor de Dios; y se daña y deteriora por el amor al pecado, según aquello de Oseas: Se hicieron abominables, como aquellas cosas que amaron (Os 9, 10).

Todo lo que acabamos de decir se refiere a lo que hay de formal en el amor por parte del apetito.

II. Pero en cuanto a lo que hay de material en la pasión del amor, que es alguna alteración corporal, el amor hiere accidentalmente, por el exceso de inmutación, como acontece en el sentido y en todo acto de alguna potencia del alma, ejercido por alguna alteración de un órgano corporal.

III. A cuanto pueda oponerse en contrario debe decirse que pueden atribuirse al amor cuatro efectos inmediatos, a saber: la liquefacción, la fruición, la languidez y el fervor. Lo primero es la liquefacción, que se opone a la congelación, pues las cosas congeladas son compactas en sí mismas, de modo que no pueden fácilmente ser penetradas por otro. Mas al amor pertenece que el apetito se haga adecuado para recibir al bien amado, puesto que el amado está en el amante. De ahí es que la congelación o dureza de corazón es una disposición que repugna al amor, pero la liquefacción o derretimiento importa cierto ablandamiento del corazón, que le hace hábil para que penetre en el objeto amado. Así, pues, cuando el objeto amado está presente y se lo posee, se produce la delectación o fruición; mas estando ausente, resultan otras dos pasiones: la tristeza de la ausencia, que se manifiesta por la languidez, y el deseo ardiente de conseguir el objeto amado, expresado por el fervor.

miércoles, 8 de julio de 2020

Meditaciones del tiempo ordinario con textos de Santo Tomás de Aquino 100


Miércoles de la 14ª semana

DE QUÉ MODO ES POSIBLE
TENER CARIDAD PERFECTA EN ESTA VIDA


I. De dos maneras puede entenderse la perfección de la caridad en esta vida: por parte de la cosa amada, y por parte del que ama.

Por parte de la cosa amada, la caridad es perfecta cuando se ama una cosa en la medida en que es amable. Pero Dios es tan digno de amor cuanto bueno; y, siendo su bondad infinita, es, por lo mismo, infinitamente digno de ser amado, y como ninguna criatura puede amarlo infinitamente, puesto que toda virtud creada es finita, en consecuencia por este modo no puede ser perfecta la caridad de criatura alguna sino únicamente la caridad de Dios, por la que se ama a sí mismo.

II. Por parte del que ama, la caridad es perfecta cuando ama tanto cuanto puede; lo cual acontece de tres maneras:

1ª) Cuando el corazón del hombre, todo entero, está siempre consagrado en acto a Dios; y ésta es la perfección de la caridad celestial, que no es posible en esta vida; pues, por la debilidad de la naturaleza humana, resulta imposible pensar siempre en acto acerca de Dios y ser movido por amor a él.

2ª) Cuando el hombre pone todo su empeño en dedicarse a Dios y a las cosas divinas, omitiendo todas las demás, a no ser aquellas que requiere la necesidad de la vida presente; y ésta es la perfección de la caridad que es posible en esta vida; sin embargo, no es común a todos los que tienen caridad.

3ª) Cuando habitualmente pone uno todo su corazón en Dios, de tal suerte que no piense ni quiera nada que sea contrario al amor divino, y esta perfección es común a todos los que tienen caridad.
(2ª 2ae , q. XXIV, a. 8)

Por lo tanto, la caridad perfecta es posible en esta vida, pero no obstante, la perfección de esta vida no es perfección absoluta y por consiguiente siempre puede acrecentarse.

jueves, 14 de mayo de 2020

Meditaciones del tiempo pascual con textos de Santo Tomás de Aquino 33


Jueves de la quinta semana de Pascua

MÁS PRINCIPALMENTE MERECEMOS POR LA CARIDAD
QUE POR LAS OTRAS VIRTUDES


Si alguno me ama, será amado de mi Padre, y yo le amare, y me manifestaré a él (Jn 14, 21). Es así que la vida eterna consiste en la visión manifiesta de Dios, según aquello: Ésta es la vida eterna: Que te conozcan a ti solo Dios verdadero (Jn 17, 3). Luego el mérito de la vida eterna reside principalmente en la caridad.

1. El acto humano merece por dos razones: 1º, por razón de la ordenación divina, según la cual se dice ser el acto meritorio de aquel bien, al cual el hombre es ordenado por Dios; 2º, por parte del libre albedrío, según el cual el hombre tiene sobre las demás criaturas la preferencia de obrar por sí mismo y voluntariamente. En ambos conceptos lo principal del mérito consiste en la caridad; porque debe considerarse que la vida eterna consiste en el goce de Dios, y el movimiento del alma humana hacia la fruición del bien divino es el acto propio de la caridad, por el que todos los actos de las otras virtudes se enderezan a ese fin, ya que las demás virtudes son regidas por la caridad. Por consiguiente el mérito de la vida eterna corresponde primariamente a la caridad, y secundariamente a las demás virtudes, puesto que los actos de éstas son regidos por la caridad.

martes, 28 de abril de 2020

Meditaciones del tiempo pascual con textos de Santo Tomás de Aquino 17


Martes de la tercera semana de Pascua

LA PERFECCIÓN ESPIRITUAL


Si quieres ser perfecto, ve, vende cuanto tienes, y dalo a los pobres... y ven, sígueme (Mt 19, 21).

La perfección de la vida espiritual ha de medirse con la caridad; quien careciere de ella no será nada espiritualmente, como dice el Apóstol (1 Cor 13, 1-3). Por esta perfección se dice absolutamente que alguien es perfecto. Por lo cual se expresa: Mas sobre todo esto tened caridad, que es el vínculo de la perfección (Col 3, 14). El amor tiene una fuerza de transformación, por la cual el que ama se transforma en cierto modo en el amado. Por eso dice Dionisio: "Es el amor divino el que produce el éxtasis, no consintiendo que los que se aman se pertenezcan a sí mismos, sino a las personas amadas."

Y porque el todo y lo perfecto son una misma cosa, posee perfectamente la caridad aquel que se transforma totalmente en Dios por el amor, posponiéndose totalmente a sí mismo y a todas sus cosas por Dios. Por lo cual dice San Agustín que así como el amor propio lleva a la ciudad de Babilonia hasta el desprecio de Dios, así el amor de Dios lleva a la ciudad de Dios hasta el desprecio de sí mismo; y en otro lugar dice que la perfección de la caridad consiste en no tener ninguna afición a lo creado. También dice San Gregorio que cuando alguien ofrece una cosa a Dios y no le ofrece otra, hace un sacrificio; pero cuando ofrece a Dios omnipotente todo lo que tiene, todo lo que vive, todo lo que le gusta, hace un holocausto.

sábado, 4 de abril de 2020

Meditaciones de Cuaresma con textos de Santo Tomás de Aquino 39


Sábado de la quinta semana de Cuaresma

CÓMO DEBEMOS LAVARNOS LOS PIES
LOS UNOS A LOS OTROS



Si yo, el Señor y el Maestro, os he lavado los pies, vosotros también debéis lavaros los pies tos unos a los otros (Jn, 13, 14)

Quiere el Señor que los discípulos imiten su ejemplo, pues dice: Si yo, que soy mayor, porque soy maestro y Señor, os he lavado los pies, también vosotros, con más motivo, que sois menores, que sois discípulos y siervos, debéis lavaras los pies los unos a los otros. Por eso dice el mismo Cristo: El que quiere ser mayor, sea vuestro criado... El Hijo del hombre no vino para ser servido, sino para servir (Mt 20, 26.28)

Según San Agustín*, todo hombre debe lavar los pies de otro, o corporalmente o espiritualmente. Mucho mejor es y más verdadero, sin discusión alguna, que uno lo haga realmente, y que el cristiano no se desdeñe de hacer lo que hizo Cristo. Porque cuando el cuerpo se inclina ante los pies del hermano, también se excita el sentimiento de humanidad en el mismo corazón, o si ya existía en él, se robustece dicho sentimiento. Si no se hiciere de obra, debemos hacerlo por lo menos con el corazón. Pues en el lavatorio de los pies, se da a entender el lavatorio de las manchas. Lavas, pues, espiritualmente los pies de tu hermano, cuando limpias sus manchas, en cuanto de ti depende.

Esto se hace de tres maneras:

miércoles, 11 de marzo de 2020

San Juan Bosco y la epidemia de cólera


LA EPIDEMIA DE CÓLERA
Y DON BOSCO



En julio de 1854 la ciudad de Turín se disponía a hacer frente a una epidemia de cólera que amenazaba con hacer grandes estragos, sobre todo entre la población más débil y desprotegida. Desde las administraciones públicas se daban instrucciones para la prevención de manera que se pudiera hacer frente a la enfermedad en las mejores condiciones higiénicas y sanitarias posible.

Inevitablemente, a finales de julio, la epidemia empezó a golpear en los barrios más pobres extendiéndose con facilidad a toda la ciudad.
Don Bosco tenía albergados en casa a casi un centenar de muchachos e hizo todo lo que estuvo en su mano para que el Oratorio conservara condiciones higiénicas y los muchachos pudieran estar preservados ante la mortal enfermedad.
Pero enseguida se dio cuenta de que no era suficiente. No podía permanecer encerrado en su casa asegurando el cuidado de sus chicos mientras allá fuera la gente se moría y sufría lo indecible. Una vez más, la casa del pobre se hace cauce de solidaridad y Don Bosco decide proponer a sus muchachos unirse al movimiento de voluntarios que se está organizando por toda la ciudad. Un día, dijo a sus muchachos:

¿Quién quiere venir a ayudar a los enfermos de cólera?

lunes, 27 de mayo de 2019

Envidia - Caridad Fraterna - Entendimiento - 7x7 Mons. Munilla 3/7

Envidia - Caridad Fraterna - Entendimiento Mons. Munilla 3/7

en la Basílica de San Lorenzo extramuros


Mons. Munilla realizó ante los jóvenes de la Diócesis de San Sebastián que peregrinaron a finales de julio de 2018 a Roma, la catequesis de los 7 pecados capitales - 7 virtudes contrarias - 7 dones del Espíritu Santo, iniciada por San Felipe Neri en 1540. En cada una de las 7 iglesias romanas se explica un pecado capital, con su respectiva virtud contraria, y don del Espíritu Santo relacionado.

sábado, 27 de enero de 2018

Selección de textos de San Francisco de Sales sobre el Sagrado Corazón de Jesús y su amor para con nosotros (5 - final ) - El amor al prójimo

Las páginas más hermosas
de San Francisco de Sales
sobre el Sagrado Corazón de Jesús
Y su amor para con nosotros

(Selección de textos)

IV - EL AMOR AL PRÓJIMO


Sabemos que Francisco de Sales tenía la intención de hacer seguir el Tratado del Amor de Dios de otro volumen titulado: Tratado del Amor al prójimo. Para él, como para todo cristiano, la palabra del Señor es clara: estos dos amores no hacen más que uno. No es mediante un amor egoísta, un amor sensual, como intentamos vivir según el Corazón de Dios, en el corazón de Dios.

Para vivir del Amor que late en este Corazón, un amor que abraza a todos los hombres: bebemos el amor en Dios, para, posteriormente, irradiarlo sobre la humanidad entera: He aquí el objetivo de nuestra vida. “Toda alma que se eleva, eleva el mundo” -se ha escrito-. Elevándonos hasta el Corazón de Dios, atraemos allí a nuestros hermanos.

Y, para empezar veamos nuestras relaciones cotidianas con el prójimo, acostumbrémonos a ver a este prójimo en el corazón de Dios.

El alma del prójimo es el árbol de vida del paraíso terrenal; está prohibido tocarlo porque es de Dios quien debe juzgarlo y a nosotros también. Cuando nos entran ganas de enfadarnos con alguien, es preciso que inmediatamente miremos esta alma en el seno de Dios, a partir de este momento nos guardaremos de enfadarnos con ella y éste es el verdadero medio de conservar la paz en nuestro corazón y el amor del prójimo.”
Carta a Sor Adrienne Fichet

martes, 5 de septiembre de 2017

Por favor no asesinen a los niños entréguenmelos a mí - Santa Teresa de Calcuta

Discurso íntegro de
Santa Teresa de Calcuta
en el desayuno de oración de la Casa Blanca
3 de febrero de 1994


Ante una clase dirigente norteamericana tolerante con el aborto la fundadora de la Familia de los Misioneros de la Caridad proclamó con valentía la verdad sobre este crimen contra la humanidad con argumentos sólidos e irrefutables.



Washington, DC, Febrero 3, 1994
En el último día, Jesús dirá a los que están a su derecha,
“Vengan, entren al Reino. Porque tuve hambre y me diste de comer, tuve sed y me diste de beber, estuve enfermo y me visitaste”. Luego Jesús les dirá a los que están a su izquierda y les dirá, ” Apártense de mi porque tuve hambre y no me dieron de comer, tuve sed y no me dieron de beber, estuve enfermo y no me visitaron.” Ellos le preguntarán, “¿Cuándo te vimos hambriento, o sediento o enfermo y no te ayudamos?”
Jesús les responderá, “Lo que dejaron de hacer por uno de éstos más pequeños, ustedes dejaron de hacérmelo a mi!”
Al encontrarnos aquí reunidos para orar juntos, pienso en lo bello que será si comenzamos con una oración que expresa muy bien lo que Jesús quiere que hagamos por los más pequeños. San Francisco de Asís comprendía muy bien las palabras de Jesús y su vida quedó bien plasmada en esta oración. Esta oración que nosotras decimos todos los días después de recibir la Santa Comunión, no deja de sorprenderme, porque la encuentro muy adecuada para cada uno de nosotros. Siempre me he preguntado si hace ochocientos años, cuando San Francisco vivió, tuvieron las mismas dificultades que enfrentamos hoy en día. Creo que ya algunos se sabe la oración de la Paz, por lo tanto la rezaremos juntos.
Oración de San Francisco:
Señor, hazme un instrumento de Tu paz, donde haya odio que yo siembre amor, donde haya injuria, lleve yo el perdón, donde haya duda, lleve yo la fe, donde haya desaliento, lleve yo la esperanza, donde haya obscuridad, lleve yo la Luz, donde haya tristeza, lleve yo la alegría. OH Divino Maestro, permíteme no ser consolado sino consolar, comprendido sino comprender, amado sino amar. Porque dando se recibe, perdonando se es perdonado, y muriendo en Ti se nace a la vida eterna.
Demos gracias a Dios por la oportunidad que nos ha dado en venir a orar juntos. Hemos venido aquí, para orar, especialmente, por la paz, gozo y amor. Recordemos que Jesús vino a entregarle las buenas noticias a los pobres. Él nos dijo cuales eran esas buenas noticias cuando dijo: “Mi Paz os dejo, Mi Paz os doy.” El no vino a dar la paz que da el mundo, la cual es simplemente la que unos no molestan a otros. Él vino a dar la paz del corazón, la cual viene cuando amamos hacer el bien al prójimo.
Dios amó tanto al mundo que le entregó su único Hijo – era ya un hecho. Dios le dio su Hijo a la Virgen María, ¿y qué fue lo que Ella hizo? En cuanto Jesús vino a la vida de María, Ella inmediatamente fue rápido a dar las buenas noticias. Y entró a la casa de su prima Isabel, y las Escrituras dicen que su hijo, aún no nacido, el niño dentro del vientre de Isabel, saltó de gozo. Desde el vientre de María, Jesús trajo paz a Juan el bautista quien saltó de gozo en el vientre de Isabel.
Y como si no fuera suficiente, que Dios Hijo se hiciera uno de nosotros y nos trajera Paz y Gozo mientras todavía se encontraba en el vientre de María, Jesús también murió en la Cruz para demostrar un amor aún más grande. El murió para ti y para mí, y por el leproso, y por el que muere de hambre, y por el que se encuentra desnudo y tendido en la calle, no solo de Calcuta, sino de África, y de todos lados. Nuestras hermanas le sirven a los pobres en 105 países alrededor del mundo. Jesús insistió que nos amaramos los unos a los otros como Él nos ama. Jesús dio su vida para amarnos y nos dice que nosotros también debemos dar lo que sea para hacer el bien al prójimo. En los evangelios, Jesús dice claramente: “Ámense como yo los he amado.” Jesús murió en la Cruz porque eso es lo que se requería de El para hacer un bien por todos nosotros, para salvarnos de nuestros pecados de egoísmos. El dio todo para cumplir con la voluntad del Padre para demostrarnos que nosotros también debemos estar dispuestos a darlo todo para cumplir la voluntad de Dios, para amarnos los unos a los otros como Él nos ha amado. Si nosotros no estamos dispuestos a darlo todo para hacer el bien al prójimo, el pecado todavía vive en nosotros. Es por ello que nosotros también debemos dar hasta que duela. No es suficiente que digamos “Amo a Dios”. Tengo también que amar a mi prójimo. San Juan nos advierte que somos mentirosos si decimos que amamos a Dios y no amamos a nuestro prójimo.
¿Cómo se puede amar a Dios, a quien no se ve, si no amas a tu prójimo a quien puedes ver, puedes tocar, y con quién vives?

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