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jueves, 30 de julio de 2020

Comunión en la mano: una desobediencia legitimada - Mons. Nicola Bux


Artículo de Mons. Nicola Bux
Publicado en la Brújula Cotidiana


De la Comunión en la mano no se habla en el Concilio ni en la reforma litúrgica. Tiene sus raíces en el Post Concilio y opera en las diócesis rebeldes del norte de Europa. Pablo VI trató de detenerla con la Instrucción Memoriale Domini, que fue creada para prohibirla y concede un indulto sólo a las diócesis rebeldes en caso de que no pudieran detener el abuso. En el primer aniversario de su muerte, la Brújula Cotidiana recuerda a Juan Rodolfo Laise, el obispo que escribió la verdad sobre la comunión en la mano y se opuso a esta práctica contraria a la ley universal de la Iglesia en su diócesis.

Hasta el 26 de abril de 1996, el episcopado argentino fue uno de los pocos en el mundo en continuar con el rechazo de la práctica, introducida a fines de la década de 1960 en abierta oposición a la voluntad de Pablo VI, de distribuir a los fieles la Sagrada Comunión en la mano. Justo ese día, se obtuvieron suficientes votos en la Asamblea de la Conferencia Episcopal Argentina para pedirle a Roma el indulto que permitiría la introducción de esta práctica contraria a la ley universal de la Iglesia.

Roma inmediatamente otorgó este indulto, pero según la ley de la “Instrucción Memoriale Domini, sobre el modo de administrar la Comunión”, que afirmaba claramente que la prohibición de dar la Comunión en la mano tenía que ser universalmente preservada, pero que, allí (y solo allí) donde el uso ya se había introducido de manera abusiva y se había arraigado de tal manera que los obispos de la conferencia episcopal local consideraron que no había más remedio que tolerarlo, “El Santo Padre […] concede que, en el territorio de la Conferencia Episcopal, cada obispo, según su prudencia y conciencia, puede autorizar la introducción del nuevo rito en su diócesis para distribuir la Comunión”.

El entonces obispo de San Luis (Argentina), Juan Rodolfo Laise, juzgó según su prudencia y conciencia que estas circunstancias no se verificaran en su diócesis, por lo tanto, no consideró oportuno hacer uso de este indulto. Esta decisión fue interpretada de inmediato por muchos como una ruptura de la unidad del episcopado e incluso como una “rebelión” contra una disposición litúrgica en vigor a partir de entonces. El obispo de San Luis consultó con los diversos dicasterios romanos competentes que aprobaron su decisión por unanimidad.

miércoles, 3 de junio de 2020

La forma de administrar la Eucaristía en tiempos de pandemia - Mons Nicola Bux


En respuesta a un volante distribuido en una iglesia en Milán, Gotti Tedeschi y Mons. Nicola Bux redactaron el siguiente artículo sobre el modo de administrar el Sacramento de la Eucaristía.


Daremos cuenta a Nuestro Señor Jesucristo del escándalo, o del obstáculo que muchísimos ministros sagrados plantean a los fieles, con sus actitudes desacralizantes e incluso sacrílegas hacia el Santísimo Sacramento de la Eucaristía, un síntoma de la grave crisis de fe que estamos atravesando (crisis de fe = falta de reconocimiento de la presencia de Dios en la liturgia, que por ello se llama sagrada).

Cierto, la causa principal es al secularización, determinada sobre todo por clérigos, según Charles Peguy, por el énfasis excesivo en el simbolismo litúrgico, pero aún más por la pérdida del sentido de lo sagrado, siempre a causa de la pérdida de la fe.

De esta crisis hace parte la reducción de la Eucaristía a una expresión de solidaridad humana. Así, en el folleto que se encontró en los bancos de una parroquia milanesa, se afirma que “la comunión en la boca es un hábito que se debe abandonar”, porque si siquiera es “cristiana” y no es sagrada, y también porque no se remontaría al cristianismo primitivo y a los Padres: regresa la herejía arqueologista, por la cual de la antigüedad se toma lo que se quiere y se deja lo que no es conveniente (por ejemplo, la orientación ad Deum de sacerdotes y fieles durante la celebración, de origen apostólico).

miércoles, 4 de marzo de 2020

El sagrado silencio en la celebración litúrgica


OFICINA PARA 
LAS CELEBRACIONES LITÚRGICAS
DEL SUMO PONTÍFICE

El sagrado silencio en la celebración litúrgica

Por Mons. Nicola Bux


 “Cuando un silencio apacible envolvía todas las cosas … tu Palabra omnipotente se lanzó desde el cielo” (cf. Sab 18,14-15). Así una antífona de la octava de Navidad recuerda, con extraordinaria libertad, cómo en la noche del Éxodo se realizó la liberación del hombre y la emancipación del pecado. Para reconocerle presente en el mundo, es más, en la acción pública que es la liturgia –sagrada precisamente con motivo de la Presencia– es necesario “guardar silencio!, es decir, callar. Es necesario callar para escuchar, como al inicio de un concierto, de lo contrario el culto, es decir, la relación cultivada, profunda con Dios, no puede comenzar, no se Le puede “celebrar”.

Esto es indispensable para rezar: “retírate a tu habitación, cierra la puerta y ora a tu Padre que está en lo secreto”(Mt 6,6). La habitación es el alma, pero también el templo, dicen los Padres. ¿Qué secreto puede ser mantenido sin silencio? El secreto de la conciencia en el que se puede oír la voz de Dios, en la noche silenciosa como para Samuel. Hace falta silencio para que Dios pueda hablar y nosotros escucharle. Por esto vamos a la iglesia, para celebrar el culto divino, sagrado porque desciende del silencio eterno en el tiempo tan ruidoso, para apaciguarlo y orientarlo a lo Eterno. No hay duda de que la posición frontal del sacerdote en el altar hacia el pueblo induce a la distracción suya y de los fieles, desorientando la dirección de la oración: imitemos al Santo Padre que mira al Crucificado.

sábado, 23 de noviembre de 2019

Importancia de arrodillarse ante el Señor - Mons Nicola Bux


Intervención de monseñor Nicola Bux

IMPORTANCIA DE ARRODILLARSE ANTE EL SEÑOR

En la Conferencia
“La majestad y el amor infinito de la Sagrada Comunión”
Celebrada en Roma el sábado 5 de octubre de 2019

Resultado de imagen para arrodillarse eucaristia

Entre las principales puntos de vista expuestos en los apuntes de Benedicto XVI que se publicaron el pasado mes de abril se encuentra el siguiente:

«Dios se ha hecho hombre por nosotros. La criatura humana le es tan sumamente cara que se ha unido a ella y así ha entrado de manera concreta en la historia humana. Habla con nosotros, vive con nosotros, padece con nosotros y ha asumido sobre sí la muerte por nosotros.» He aquí la esencia del sacrificio eucarístico. «Pensemos esto reflexionando sobre un punto central, la celebración de la santa Eucaristía. Nuestro trato con la eucaristía no puede por menos de suscitar preocupación. En el Concilio Vaticano II se trató ante todo de devolver este sacramento de la presencia del cuerpo y de la sangre de Cristo, de la presencia de su persona, su pasión, muerte y resurrección, al centro de la vida cristiana y de la existencia de la Iglesia. En parte así ha sucedido y debemos dar gracias al Señor de corazón por ello. Pero ha predominado otra actitud: no impera un nuevo respeto ante la presencia de la muerte y resurrección de Cristo, sino una forma de trato con Él que destruye la dimensión del misterio. El descenso en la participación de la eucaristía dominical muestra lo poco que los cristianos de hoy son capaces de apreciar la dimensión del don que consiste en su presencia real. La eucaristía se rebaja a un gesto ceremonial, cuando se considera normal distribuirla como exigencia de cortesía en fiestas familiares o en ocasión de matrimonios o entierros a todos los invitados por razón de parentesco. La normalidad con la que en algunos lugares los presentes simplemente reciben también el Santísimo Sacramento muestra que en la comunión no se ve más que un gesto ceremonial. Si pensamos qué habría que hacer, es claro que no necesitamos una Iglesia diferente pensada por nosotros. Lo que es necesario, más bien, es renovar la fe en la eficacia de Jesucristo en el Sacramento que se nos da a nosotros» (III,2).

Tras relatar un sacrílego episodio descrito por una joven víctima de un sacerdote pedófilo, Benedicto concluye: «Sí, tenemos que implorar urgentemente perdón y pedirle y suplicarle que nos dé a comprender de nuevo toda la medida de su Pasión de su sacrificio. Y tenemos que hacerlo para proteger de los abusos el regalo de la eucaristía.
» (Íbid.)

domingo, 3 de noviembre de 2019

Los signos externos de devoción del celebrante

OFICINA DE LAS CELEBRACIONES
LITÚRGICAS DEL SUMO PONTÍFICE

Los signos externos de devoción del celebrante

Por Mons. Nicola Bux


La fe en la presencia del Señor, en especial la eucarística, la expresa el sacerdote ejemplarmente con la adoración que se muestra en la reverencia profunda de las genuflexiones durante la Santa Misa y fuera de ella. En la liturgia postconciliar se reducen al mínimo: la razón aducida es la sobriedad; el resultado es que se han convertido en raras, o incluso apenas se esbozan. Nos hemos hecho avaros en gestos hacia el Señor; pero elogiamos a judíos y musulmanes por su fervor en el modo de rezar.

La genuflexión manifiesta más que las palabras la humildad del sacerdote, que sabe que sólo es un ministro, y su dignidad por el poder de hacer presente al Señor en el sacramento. Pero hay otros signos de devoción. Las manos elevadas en alto por el sacerdote son para indicar la súplica del pobre y del humilde: “Te pedimos humildemente”, se subraya en las plegarias eucarísticas II y III del misal de Pablo VI. El Ordenamiento General del Misal Romano (OGMR) establece que el sacerdote, “cuando celebra la Eucaristía, debe servir a Dios y al pueblo con dignidad y humildad, y, en la forma de comportarse y de pronunciar las palabras divinas, debe hacer percibir a los fieles la presencia viva de Cristo” (n. 93). La humildad de la actitud y de la palabra es consonante con el propio Cristo, manso y humilde de corazón. Él debe crecer y yo disminuir.

jueves, 4 de mayo de 2017

Nos hemos hecho avaros en gestos hacia el Señor; pero elogiamos a judíos y musulmanes por su fervor en el modo de rezar - Mons. Nicola Bux


La fe en la presencia del Señor, en especial la eucarística, la expresa el sacerdote ejemplarmente con la adoración que se muestra en la reverencia profunda de las genuflexiones durante la Santa Misa y fuera de ella. En la liturgia postconciliar se reducen al mínimo: la razón aducida es la sobriedad; el resultado es que se han convertido en raras, o incluso apenas se esbozan. Nos hemos hecho avaros en gestos hacia el Señor; pero elogiamos a judíos y musulmanes por su fervor en el modo de rezar.
La genuflexión manifiesta más que las palabras la humildad del sacerdote, que sabe que sólo es un ministro, y su dignidad por el poder de hacer presente al Señor en el sacramento. Pero hay otros signos de devoción. Las manos elevadas en alto por el sacerdote son para indicar la súplica del pobre y del humilde: “Te pedimos humildemente”, se subraya en las plegarias eucarísticas II y III del misal de Pablo VI. El Ordenamiento General del Misal Romano (OGMR) establece que el sacerdote, “cuando celebra la Eucaristía, debe servir a Dios y al pueblo con dignidad y humildad, y, en la forma de comportarse y de pronunciar las palabras divinas, debe hacer percibir a los fieles la presencia viva de Cristo” (n. 93). La humildad de la actitud y de la palabra es consonante con el propio Cristo, manso y humilde de corazón. Él debe crecer y yo disminuir.
Al pasar al altar, el sacerdote debe ser humilde, no ostentoso, sin complacerse mirando a derecha e izquierda, casi buscando el aplauso. En cambio, debe mirar a Jesucristo crucificado y presente en el tabernáculo: a Él se le hacen la inclinación y la genuflexión; después, a las imágenes sagradas expuestas en el ábside detrás o a los lados del altar, la Virgen, el santo titular, los demás santos. ¿Están allí para ser contemplados o sólo para decorar? Es en síntesis la presencia divina. Sigue el beso reverente del altar y, eventualmente, la incensación; el segundo acto es el signo de la cruz y el saludo sobrio a los fieles; el tercero es el acto penitencial, que hay que realizar profundamente y con los ojos bajos, mientras los fieles podrían arrodillarse – ¿por qué no? – como en la forma extraordinaria, imitando al publicano grato al Señor.

jueves, 18 de abril de 2013

La reforma litúrgica de Benedicto XVI - Mons. Nicola Bux

Parte de la conclusión
del libro de Monseñor Nicola Bux,
“La reforma de Benedicto XVI”.
Publicado por L`Osservatore Romano

          Está naciendo un nuevo movimiento litúrgico que dirige la mirada a las liturgias de Benedicto XVI; no bastan las instrucciones preparadas por expertos, se necesitan liturgias ejemplares que hagan encontrar a Dios. Sólo por los espíritus voluntariamente superficiales no se advertiría. Es un nuevo inicio que nace desde lo profundo de la liturgia precisamente como el movimiento litúrgico del siglo pasado llegó a su culmen con el concilio.

          La liturgia como lugar del encuentro con el Dios viviente, no un show para hacer interesante la religión, no un museo de formas rituales grandiosas. El pueblo de Dios celebra el nuevo rito con respeto y solemnidad pero queda desorientado por las contradicciones de los dos extremos. La liturgia volverá a ser acción eclesial, no por obra de especialistas y equipos litúrgicos, sino de sacerdotes y laicos que, gracias al conocimiento de las fuentes, consideren la liturgia occidental como fruto de un desarrollo histórico y la oriental como reflejo de la eterna. Los antiguos padres y maestros medievales se opusieron a la mistificación de la liturgia y, conociendo la historia, nos han mostrado las múltiples formas de su camino. Del movimiento litúrgico pre-conciliar, el Santo Padre recoge su herencia y la hace fructificar, él ha acogido el deseo de que las formas antigua y nueva del rito romano coexistieran una junto a otra como ya ocurre con la ambrosiana y las orientales.

miércoles, 6 de febrero de 2013

Sacramentos, Eucaristía y relativismo - Mons. Nicola Bux


Entrevista concedida a Zenit
por Mons. Nicola Bux
en Diciembre de 2005 

Monseñor Nicola Bux, consultor de la Congregación para la Doctrina de la Fe, ha estudiado la influencia que el relativismo está teniendo en relación de las comunidades católicas con la Eucaristía.
Recoge sus conclusiones en el libro «El Señor de los Misterios. Eucaristía y relativismo» («Il Signore dei Misteri. Eucaristia e Relativismo») publicado en italiano por Cantagalli, una editorial de Siena, con prefacio del cardenal Angelo Scola, patriarca de Venecia.
Monseñor Bux también es consultor de la Congregación para las Causas de los Santos, profesor de Liturgia Comparada, vice-presidente del Instituto Ecuménico de Bari y consultor de la revista teológica internacional «Communio».
Ha publicado una decena de libros, uno de los cuales presentado en Roma por el cardenal Joseph Ratzinger: «La unidad de los cristianos hacia el Tercer Milenio», publicado de la Libreria Editrice Vaticana, en el 1996.
En esta entrevista, monseñor Bux habla de la influencia del relativismo en la Iglesia y en el Sacramento de la Eucaristía.

lunes, 22 de octubre de 2012

El fanón : escudo de la fe que vuelve a usar BenedictoXVI

Mons. Nicola Bux explica las motivaciones y el significado de una sorpresiva introducción en la liturgia pontificia de las Canonizaciones, celebradas el 21 de octubre de 2012 en el Vaticano, junto a la anunciada modificación del rito: el retorno del fanón papal, un ornamento exclusivo del Romano Pontífice, que se encontraba en desuso desde los primeros años del pontificado de Pablo VI y que sólo había sido usado en una ocasión por el Beato Juan Pablo II.

Don Nicola Bux, ¿por qué Benedicto XVI ha utilizado el fanón papal?
          El fanón se usa sobre la casulla, y está formado por dos mucetas superpuestas la una a la otra; la inferior es más larga que la superior. Es de tela blanca y dorada, con largas líneas perpendiculares, separadas por una franja amaranto o roja. Sobre el pecho tiene una cruz bordada en oro.
¿Cuál es el significado litúrgico del fanón papal?
          Simboliza el escudo de la fe (cfr. Efesios 6, 16: “Tened siempre embrazado el escudo de la fe, para que en él se apaguen todas las flechas incendiarias del maligno”) que protege la Iglesia católica, representada por el Papa. Las bandas verticales de color dorado y plateado representen la unidad y la indisolubilidad de la Iglesia latina y oriental.

lunes, 24 de septiembre de 2012

La doctrina de la fe y el conocimiento de Cristo para la nueva evangelización - Mons. Nicola Bux

Artículo de Mons. Nicola Bux
(Consultor de la Congregación para la Doctrina de la Fe,
de la Oficina para las Celebraciones Litúrgicas del Sumo Pontífice)
publicado en
L’Osservatore Romano

El Papa, durante su viaje apostólico a Francia (12-15 de septiembre de 2008) observó que, para muchos, Dios se ha convertido en el “gran Desconocido”. Una afirmación dictada por la preocupación – que Benedicto XVI repite insistentemente – por el futuro de la fe, cuya llama parece casi apagarse en amplias regiones de la tierra. Sólo poco tiempo atrás, con ocasión del Jueves Santo, denunció cómo estamos frente a un renovado “analfabetismo religioso”. Lamentable, sin embargo, este “creer a mi manera” parece a veces también incentivado por maestros del pensamiento que, desde el interior de la Iglesia, han sembrado su palabra más que la Palabra divina. La misma Italia se está convirtiendo en un país “genéricamente” cristiano. Se necesita, por lo tanto, una nueva evangelización, gracias también al impulso del Pontificio Consejo instituido por el Papa.
¿Por dónde empezar? Tal vez precisamente por la liturgia, por el canto sagrado y por los nuevos edificios de culto, encomendados a personas que conjuguen fe y talento, para proponer formas que hablen de Dios.
La fe y su doctrina: aquí está el punto. Una fe sencilla como la de los pastores, las mujeres y los hombres encontrados por Jesús. Y no aquella de quien, por ejemplo, afirma que la resurrección de Jesús es sólo fruto de la elaboración de la experiencia de los discípulos.

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