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miércoles, 21 de octubre de 2020

El Catecismo de la Iglesia Católica comentado 7 (Por Mons. José Ignacio Munilla)

 

Catecismo 10 - 12. PRÓLOGO

Fin y destinatarios de este catecismo

Mons. JOSE IGNACIO MUNILLA

 

10  No es extraño, por ello, que, en el dinamismo del Concilio Vaticano II (que el Papa Pablo VI consideraba como el gran catecismo de los tiempos modernos), la catequesis de la Iglesia haya atraído de nuevo la atención. El Directorio general de la catequesis de 1971, las sesiones del Sínodo de los Obispos consagradas a la evangelización (1974) y a la catequesis (1977), las exhortaciones apostólicas correspondientes, Evangelii nuntiandi  (1975) y Catechesi tradendae (1979), dan testimonio de ello. La sesión extraordinaria del Sínodo de los Obispos de 1985 pidió "que sea redactado un catecismo o compendio de toda la doctrina católica, tanto sobre la fe como sobre la moral" (Relación final II, B, a, 4). El Santo Padre, Juan Pablo II, hizo suyo este deseo emitido por el Sínodo de los Obispos reconociendo que "responde totalmente a una verdadera necesidad de la Iglesia universal y de las Iglesias particulares" (Discurso de clausura del Sínodo, asamblea extraordinaria, 7 de diciembre de 1985). El Papa dispuso todo lo necesario para que se realizara la petición de los padres sinodales.

III. Fin y destinatarios de este Catecismo

11 Este catecismo tiene por fin presentar una exposición orgánica y sintética de los contenidos esenciales y fundamentales de la doctrina católica, tanto sobre la fe como sobre la moral, a la luz del Concilio Vaticano II y del conjunto de la Tradición de la Iglesia. Sus fuentes principales son la sagrada Escritura, los santos Padres, la Liturgia y el Magisterio de la Iglesia. Está destinado a servir "como un punto de referencia para los catecismos o compendios que sean compuestos en los diversos países" (Sínodo de los Obispos 1985, Relación final II, B, a, 4).

12 El presente catecismo está destinado principalmente a los responsables de la catequesis: en primer lugar a los Obispos, en cuanto doctores de la fe y pastores de la Iglesia. Les es ofrecido como instrumento para la realización de su tarea de enseñar al Pueblo de Dios. A través de los Obispos, se dirige a los redactores de catecismos, a los sacerdotes y a los catequistas. Será también de útil lectura para todos los demás fieles cristianos.

Para escuchar el programa Aquí

 

Punto 10

Nos encontramos dentro del prólogo del catecismo. Después de haber hablado sobre los fundamentos principales de la fe católica, ahora el catecismo dedica algunos puntos a explicaciones prácticas, cómo se elaboró, cómo ha de ser leído.

El punto 10 dice:

No es extraño por ello que en el dinamismo del Concilio Vaticano II que el Papa Pablo VI consideraba como el gran catecismo de los tiempos modernos la catequesis de la Iglesia haya traído de nuevo la atención, el Directorio General de la Catequesis, el año 1971, las sesiones del Sínodo de los Obispos consagradas a la Evangelización, 1974, a las catequesis, 1977, las Exhortaciones Apostólicas correspondientes “Evangelio nunciandi”, 1975, “Catechesi Tradendae”, 1979, dan testimonio de ello todas ellas. La sesión extraordinaria del Sínodo de los Obispos de 1985 pidió que sea redactado un catecismo o compendio de toda la doctrina católica, tanto sobre la fe como sobre la moral. El Santo Padre Juan Pablo II hizo suyo este deseo emitido por el Sínodo de los Obispos reconociendo que responde totalmente a una verdadera necesidad de la Iglesia Universal y de las iglesias particulares. El Papa dispuso todo lo necesario para que se realizara la petición de los padres sinodales.

Este catecismo que explicamos en Radio María, y que Radio María ha incluido dentro de su carisma para que una de sus principales finalidades sea en todo el mundo explicar el catecismo de la Iglesia Católica, ha nacido, este espíritu catequético, ha nacido en el Concilio Vaticano II.

El Concilio Vaticano II tenía un dinamismo y el dinamismo que tenía era el de salir al encuentro del mundo, ya que obviamente hay un cambio cultural muy grande en la segunda mitad del siglo XX en la que se encuadra el Concilio Vaticano II, además hemos de hacer ese acto de fe. Juan XXIII tuvo la inspiración de convocar el Concilio Vaticano II y estamos viviendo una gran crisis que sería muy superior si el Concilio Vaticano II no hubiera sido convocado, porque en él, se dio un diálogo entre la Iglesia y la sociedad que iba cambiando con el riesgo de romper con sus raíces cristianas y, gracias al Concilio Vaticano II, al esfuerzo de entrar en contacto, comunicación, diálogo, fe, cultura, a pesar de la gran crisis que hemos padecido, tenemos instrumentos muy válidos para continuar adelante. Hay algunos que han pensado equivocadamente que el Concilio Vaticano II ha sido la causa de la crisis en la Iglesia Católica, y esto no es así, sino que el Concilio se produjo en un momento de una inflexión muy grande cultural, nos fijamos en el famoso Mayo del 68 que supone una ruptura con la tradición de Europa y tiene lugar a los tres años de la clausura del Concilio Vaticano II y a pesar de que la Iglesia se había capacitado mucho para el diálogo, esa vorágine que se produce crea una gran crisis. Ha habido interpretaciones muy simplistas, muy reductoras del Concilio Vaticano II como si hubiese sido una ruptura con la tradición, pero hemos de decir que este catecismo que explicamos ha salido de una vocación de salir al encuentro, la Iglesia ha querido salir al encuentro de una cultura que tiene unas raíces cristianas pero que tiene la dificultad de cómo vivirlas en esta sociedad tan cambiante.

A los 20 años de la clausura del Concilio Vaticano II se convocó un Sínodo extraordinario de los Obispos, un Sínodo para evaluar cómo iban las cosas. Obviamente los padres sinodales fueron conscientes de que el Concilio Vaticano II estaba teniendo unas dificultades muy serias a la recepción porque había muchos que lo estaban interpretando en una clave rupturista, en una clave de ruptura, como si el Concilio Vaticano II hubiese venido a romper con la Iglesia preconciliar y como si todo lo preconciliar se ha llegado a convertir en una especie de insulto, todo lo anterior al concilio está totalmente caduco… y no, el Concilio Vaticano II viene a reformar “Eclesia sempre reformanda”, la Iglesia siempre está en reforma, pero no viene a romper, viene a reformar.

jueves, 7 de mayo de 2020

Tanto la autoridad espiritual de los obispos y la misión de los laicos están al servicio de la verdad revelada - Card. Gerhard Müller



“Poder y sinodalidad”
Artículo del Card. Müller


La apostolicidad y la sinodalidad son dos principios eclesiológicos de diferente origen y significado. Mientras que la conexión con los apóstoles es fundamental para la Iglesia católica, y aparece como una de las características de la Iglesia en el credo, el principio de sinodalidad es un desarrollo más reciente. Sólo la última edición del «Lexikon für Theologie und Kirche» contiene el concepto de «principio sinodal». Con el Concilio Vaticano II, el recién constituido sínodo romano de obispos (can. 342-348) y los sínodos diocesanos que se celebraban con más frecuencia en algunos países (can. 460-468), « la sinodalidad de la Iglesia que en principio se pensó para acomodar la plena participación de todos los miembros de la Iglesia, centró más la atención» (Leo Karrer).

Que la participación de los obispos en el gobierno general de la Iglesia, y la cooperación de todos los sacerdotes y laicos con el obispo de la diócesis se puede derivar del mismo principio, sigue siendo cuestionable. Las instituciones del sínodo romano de obispos, los sínodos particulares y las conferencias episcopales regionales están, de distintas formas, fundadas sobre la igualdad de la ordenación episcopal. La pertenencia a los colegios episcopales supone la responsabilidad compartida entre todos los obispos para asegurar que toda la Iglesia permanezca fiel a las enseñanzas de los apóstoles, la unidad en la fe, la unidad en los sacramentos y en la comunión visible de todos los fieles y obispos con y bajo la autoridad del Papa. La autoridad suprema en materia de doctrina, moral y la constitución divina de la Iglesia recae sobre el Concilio Ecuménico. Sin embargo, en principio, el Concilio no existe o actúa nunca sin su cabeza, el Papa, que es el representante de Cristo y sucesor de Pedro.

miércoles, 19 de febrero de 2020

La crisis de la catequesis - Card. Joseph Ratzinger


TRANSMISION DE LA FE Y FUENTES DE LA FE *

traducción castellana de la conferencia pronunciada
en Lyon y París los días 15 y 16 de enero del año 1983

Cardenal JOSEPH RATZINGER


1. LA CRISIS DE LA CATEQUESIS Y EL PROBLEMA DE LAS FUENTES. l.-Características generales de la crisis. 2.-Catequesis, Biblia y dogma.
2. PARA LA SUPERACIÓN DE LA CRISIS. l.-¿Qué es la fe? 2.-¿Qué son las fuentes? 3.-La estructura de la catequesis: a) Las cuatro piezas maestras. b) Reflexiones sobre dos problemas de contenido. e) Sobre la estructura formal de la catequesis.

La última palabra que el Señor resucitado dirigió a sus Apóstoles, era el encargo de ir por todo el mundo y de ser sus testigos (Mt 28, 19s; Mc 15,16; Act 1,8). Pertenece a: la esencia de la fe cristiana la exigencia de su transmisión: es la interiorización de un mensaje que se dirige a todos porque es la verdad y porque el hombre no puede ser salvado sin la verdad (1 Tim. 2,4). Por este motivo, la catequesis, la transmisión de la fe, ha sido, desde el principio, una función vital y central en la Iglesia, y debe seguir siéndolo mientras dure la Iglesia.

1. LA CRISIS DE LA CATEQUESIS Y EL PROBLEMA DE LAS FUENTES

1. Características generales de la crisis

Las dificultades actuales de la catequesis constituyen un lugar común que no hay necesidad de probar en detalle. Las causas de la crisis y sus consecuencias han sido descritas con frecuencia y amplitud 1. Digamos algo sobre ellas.

En el mundo de la técnica, que es una creación del hombre mismo, no es el Creador lo que se encuentra de inmediato, sino que es el hombre el que se encuentra a sí mismo. Su estructura fundamental es la facticidad (Machbarkeit) y el modo de su certeza es el de lo calculable (Errechenbaren). Por eso, el problema de la salvación no se plantea en función de Dios, que no aparece por ningún lado, sino en función del poder del hombre, que quiere negar a ser el constructor de sí mismo y de su historia.

En consecuencia, el hombre no extrae ya sus criterios morales a partir de una reflexión sobre la creación o sobre el Creador, cuyo lenguaje ahora le es desconocido. La creación no tiene ya resonancias morales para el hombre: no le habla sino en el lenguaje de la matemática, de la utilidad técnica, a menos que proteste por las violencias que el hombre le hace sufrir. Incluso entonces, la apelación moral que la creación dirige al hombre permanece indeterminada: en última instancia, la moral viene a identificarse de un modo u otro con la sociabilidad, con la apertura del hombre para consigo mismo y con su medio. Desde este punto de vista, también la moral pasa a ser un mero problema de cálculo sobre las mejores condiciones de configuración del futuro. Todo esto ha hecho que la sociedad cambie profundamente: la familia, que es la célula básica portadora de la cultura cristiana, parece estar en vías de disolución; cuando los vínculos metafísicos ya no cuentan, otros tipos de vínculos no pueden mantenerla por mucho tiempo.

martes, 18 de febrero de 2020

El Catecismo de la Iglesia Católica comentado 1 (Por Mons. José Ignacio Munilla)



Presentación de Mons. José Ignacio Munilla al inicio del ciclo radial del Comentario al Catecismo de La Iglesia Católica


El 3-10-2005 a las 8:00 el director de Radio Maria (Esteban Munilla) presenta al que en aquel tiempo era sacerdote, párroco de El Salvador en Zumárraga (Guipuzcoa), D. Jose Ignacio Munilla, que tomaba el relevo en la radio al P. Julio Sainz, claretirano, en la explicación diaria del Catecismo de la Iglesia Católica.


Descripción de Introducción al Catecismo 2011-01-25 Mons. José Ignacio Munilla



Introducción al catecismo que punto a punto se va a explicar en el resto de los programas de radio

Introducción al Catecismo de la Iglesia Católica 2011
Mons. JOSE IGNACIO MUNILLA

Un saludo a todos los oyentes de Radio María. Comenzamos hoy este programa llamado explicación del Catecismo de la Iglesia Católica en el que esperamos desarrollar desde el punto 1 del catecismo hasta el punto 2865, en el tiempo que Dios nos permita, esperamos desarrollar todos los contenidos del Catecismo. En este primer día queremos hacer una exposición introductoria a la explicación del Catecismo.

En el inicio se nos ofrece el texto de la Constitución Apostólica que tiene el nombre de “Fidei Depositum” con la que se promulgó el Catecismo que vamos a explicar. “El Depósito de la Fe” para la publicación del Catecismo de la Iglesia Católica escrito en orden a la publicación del Concilio Vaticano II, Juan Pablo II, Obispo, Siervo de los Siervos de Dios para perpetua memoria. Esta es la Constitución que acompaña al Catecismo. La publicación del Catecismo de la Iglesia Católica fue introducida con esta constitución en la que se promulga.

En este primer programa introductorio vamos a comentar brevemente esta constitución apostólica, que dice en su primera frase:

“La misión que el Señor le confió a la Iglesia y que ella quiere realizar en todo tiempo es la de conservar el depósito de la fe”.

Constitución Apostólica Fidei Depositum que promulga el Catecismo de la Iglesia Católica


CONSTITUCIÓN APOSTÓLICA

«FIDEI DEPOSITUM»

por la que se promulga y establece,
después del Concilio Vaticano II,
y con carácter de instrumento de derecho público,
el Catecismo de la Iglesia Católica


A los Venerables Hermanos Cardenales, Arzobispos, Obispos, Presbíteros, Diáconos y demás miembros del Pueblo de Dios

JUAN PABLO II, OBISPO,
SIERVO DE LOS SIERVOS DE DIOS
PARA PERPETUA MEMORIA

1. Introducción
Conservar el depósito de la fe es la misión que el Señor confió a su Iglesia y que ella realiza en todo tiempo. El Concilio Ecuménico Vaticano II, inaugurado hace treinta años por mi predecesor Juan XXIII, de feliz memoria, tenía como propósito y deseo hacer patente la misión apostólica y pastoral de la Iglesia, y conducir a todos los hombres, mediante el resplandor de la verdad del Evangelio, a la búsqueda y acogida del amor de Cristo que está sobre toda cosa (cf. Ef 3, 19).

A esta asamblea el Papa Juan XXIII le fijó como principal  tarea la de custodiar y explicar mejor el depósito precioso de la doctrina cristiana, con el fin de hacerlo más accesible a los fieles de Cristo y a todos los hombres de buena voluntad. Para ello, el Concilio no debía comenzar por condenar los errores de la época, sino, ante todo, debía dedicarse a mostrar serenamente la fuerza y la belleza de la doctrina de la fe. «Confiamos que la Iglesia —decía él—, iluminada por la luz de este Concilio, crecerá en riquezas espirituales, cobrará nuevas fuerzas y mirará sin miedo hacia el futuro [...]; debemos dedicarnos con alegría, sin temor, al trabajo que exige nuestra época, prosiguiendo el camino que la Iglesia ha recorrido desde hace casi veinte siglos» [1].

jueves, 3 de octubre de 2019

La unidad en la verdad sólo puede ser recibida de Dios en la oración, y sólo puede realizarse obedeciendo al Magisterio en lo que respecta a Dios y Su Revelación, y no mediante manipulaciones o con el uso de la violencia y el engaño - Cardenal Gerard Müller


Declaración del Cardenal Gerard Müller
presentada en LifeSiteNews y otros medios


La exigencia según la cual el Sínodo para la Amazonia debe regular que el Sacramento de las Sagradas Órdenes -en su primer grado, el diaconado- sea válidamente administrado a las mujeres contiene varios errores.

El primero de ellos consiste en la opinión de que el Magisterio está por encima de la Revelación y de que un sínodo de los obispos (que tiene sólo un carácter consultivo), un concilio ecuménico o el papa pueden alterar la sustancia de los sacramentos (Concilio de Trento, Decreto sobre la Comunión bajo ambas especies, DH 1728).

El segundo error está en la opinión según la cual el Sacramento de las Sagradas Órdenes realmente consiste en tres Sacramentos, por lo que hay que decidir, en consecuencia, si la declaración Ordinatio Sacerdotalis (1994) se aplica sólo al grado de ordenación de obispo, presbítero (= sacerdote) o diácono.

El tercer error consiste en confundir a un público teológicamente mal informado al avanzar la tesis según la cual la decisión definitiva del papa Juan Pablo II, a saber: «Declaro que la Iglesia no tiene en modo alguno la facultad de conferir la ordenación sacerdotal a las mujeres, y que este dictamen debe ser considerado como definitivo por todos los fieles de la Iglesia» (Ordinatio Sacerdotalis, 4), no es un dogma.

Sin embargo, está fuera de toda duda que esta decisión definitiva de Juan Pablo II es, desde luego, un dogma de fe de la Iglesia católica, y que este era el caso antes de que este papa definiera, en 1994, esta verdad tal como está contenida en la Revelación. La imposibilidad de que una mujer reciba de forma válida el Sacramento de las Órdenes Sagradas en cada uno de los tres grados es una verdad contenida en la Revelación y, por ende, confirmada de manera infalible por el Magisterio de la Iglesia y presentada como algo que hay que creer.

martes, 27 de febrero de 2018

Las palabras del Papa están al servicio de toda la Tradición de la Iglesia, y no al revés - Card. Gerhard Ludwig Müller

¿Cómo se relacionan el Magisterio del Papa y la Tradición de la Iglesia? Cuando interpreta las palabras de Jesús, ¿debe el Papa estar en continuidad con la Tradición y el Magisterio anterior, incluido el de los papas más recientes? ¿O es más bien la Tradición de la Iglesia la que debe ser reinterpretada a la luz de las nuevas palabras del Papa? ¿Qué pasa si hay contradicciones?

Con el fin de responder a estas preguntas, parece apropiado comenzar con una importante carta apostólica que el Papa Pío IX envió al episcopado alemán el 4 de marzo de 1875. En su carta, el Papa explicó que los obispos alemanes habían interpretado el dogma de la infalibilidad papal y primacía petrina en perfecta armonía con las definiciones del Primer Concilio Vaticano. Lo que había ocasionado la carta del Papa fue el despacho circular del canciller alemán Bismarck que malinterpretó gravemente este dogma con el fin de justificar la brutal persecución de los católicos alemanes en el llamado Kulturkampf, o "guerra cultural". Según Pío IX, en su respuesta a la provocación de Bismarck, los obispos alemanes mostraron claramente "que no hay absolutamente nada en las definiciones atacadas que sea nuevo o que cambie absolutamente nada con respecto a nuestras relaciones con los civiles". gobiernos o que pueden ofrecer cualquier excusa para persistir en la persecución de la Iglesia ".
Por supuesto, para apreciar los acontecimientos, uno debe conocer los presupuestos culturales de los que operaron Bismarck y sus "guerreros de la cultura" liberales. Aunque en su mayoría habían abandonado el contenido religioso de la Reforma Protestante que había marcado a su país, habían mantenido ampliamente los prejuicios relacionados contra la Iglesia Católica. En su opinión, la oficina de enseñanza ejercida por el Papa y por los concilios de la Iglesia reclamó una autoridad superior a la Palabra de Dios. El magisterio eclesial no solo obstruyó la relación inmediata del creyente con Dios, sino que se estableció como un elemento extraño que se interponía entre los ciudadanos y el estado, un estado, sin duda, que en el caso de fines del siglo XIX -La Prusia del siglo se atribuyó a sí misma una autoridad total, distante incluso de la ley moral natural.

martes, 6 de febrero de 2018

Letanía de objeciones a la práctica y la enseñanza de la Iglesia - Cardenal Joseph Ratzinger

Dificultades a las que se enfrenta la Fe hoy en Europa

Cardenal Joseph Ratzinger

En el Encuentro con las
Comisiones de Doctrina de Europa
Laxenburg, 2 de mayo de 1989




En calidad de obispos responsables por la fe de la Iglesia en nuestros países, nos preguntamos dónde residen especialmente las dificultades que hoy tienen las personas con la fe y cómo podemos responderles correctamente.
No necesitamos una amplia búsqueda para responder a la primera de estas preguntas. Existe algo así como una letanía de objeciones a la práctica y la enseñanza de la Iglesia, y hoy en día su permanente recitación ha llegado a ser como el cumplimiento de un deber para los católicos de ideas progresistas.
Podemos determinar los elementos principales de esta letanía:
  • el rechazo de la enseñanza de la Iglesia sobre la contraconcepción, lo cual significa situar en el mismo nivel moral todo tipo de medios para impedir la concepción, sobre cuya aplicación sólo la «conciencia» individual puede decidir;
  • el rechazo de toda forma de «discriminación» contra la homosexualidad y la consiguiente afirmación de una equivalencia moral para todas las formas de actividad sexual en la medida en que estén motivadas por «el amor» o al menos no perjudiquen a nadie;
  • el acceso para los divorciados vueltos a casar a los sacramentos de la Iglesia, y
  • la ordenación sacerdotal de las mujeres.
Como vemos, en esta letanía hay una combinación de aspectos bastante distintos. Las dos primeras exigencias corresponden al terreno de la moralidad sexual y las dos siguientes al orden sacramental de la Iglesia. Sin embargo, observando con más detención, queda claro que estos cuatro aspectos están no obstante muy vinculados: surgen de una misma visión de la humanidad, dentro de la cual opera una noción específica de la libertad humana. Cuando se tienen presentes estos fundamentos, resulta evidente que la letanía de objeciones tiene mayor profundidad de lo que parece a primera vista.
¿Cómo se ve con una observación más minuciosa esta visión de la humanidad en la cual se basa esta letanía? Sus características fundamentales están tan difundidas como las exigencias provenientes de la misma, de manera que es fácil seguirle la pista.

lunes, 20 de noviembre de 2017

Contra la intolerancia de los relativistas - Card. Gerhard Ludwig Müller

A propósito de la indignación
sobre la Declaración Dominus Iesus
de la Congregación para la Doctrina de la Fe

Contra la intolerancia de los relativistas



Artículo publicado en el periódico alemán Die Tagespost el 7 de septiembre de 2000, por Gerhard Ludwig Müller, entonces titular de la cátedra de Dogmática en la Facultad de Teología Católica, de la Universidad Ludwig-Maximilian, de Munich, miembro de la Comisión Teológica Internacional y profesor invitado en la Facultad de Teología San Dámaso, de Madrid

Cuando Esteban, el primer mártir, declaró su adhesión a Jesús el Cristo, sus enemigos se abalanzaron sobre él, lo arrastraron fuera de la ciudad y lo lapidaron. No podían soportar que el camino de salvación de Dios con su pueblo hubiera llegado a su meta en Jesús de Nazaret (Hch 7, 55ss.) Sólo quien permanece en su palabra es verdaderamente su discípulo, conocerá la verdad y la verdad le hará libre (Jn 8, 31s). Pero ¡ay! de quien tome al pie de la letra la palabra de Dios. En la sociedad liberal, en la que se anuncia el discurso libre de poder, se le prohíbe tomar la palabra. La indignación es el medio infalible para poner a los creyentes en la picota de la sociedad mediática.
Ya desde los primeros días de la Iglesia los jefes del sanedrín no querían tolerar de ningún modo la confesión de los apóstoles de Jesús como el único Salvador y Mediador. Con castigos y persecución amenazaron a todo el que repitiera la confesión de la primera Iglesia: En ningún otro nombre se encuentra la salvación. Porque no se nos ha dado a los hombres ningún otro nombre bajo el cielo, por medio del cual seamos salvados (Hch 4, 12).
El ritual ha permanecido el mismo. Con indignación reaccionaron también los sumos sacerdotes del consorcio público de opinión ante la ratificación magisterial de la fe cristiana en Jesús, el único mediador entre Dios y los hombres (1 Tim 2, 5), y la unidad y unicidad de la Iglesia. La Declaración de la Congregación para la Doctrina de la Fe está dirigida contra la llamada teología religiosa pluralista, que no es otra cosa que la destrucción del cristianismo desde sus raíces. Sus representantes afirman que la paz entre las religiones sólo será posible cuando todas se reconozcan como expresión equiparable de una experiencia universal del fundamento divino del mundo. Para dejar libre el camino hasta allí, los cristianos deberían abandonar sólo lo que pertenece a la esencia de su fe: la confesión de la autorrevelación del Dios trinitario, la fe en la encarnación de la Palabra eterna de Dios en Jesús de Nazaret, y, en consecuencia, la unicidad y universalidad de la mediación salvífica de Cristo. Según la comprensión de los pluralistas de la religión, Jesús es el fundador de una expresión específicamente occidental de la inclinación religiosa común a todos los hombres. Con la reducción de Jesús a un genio religioso se quieren matar dos pájaros de un tiro: la revelación de Dios en Jesús ya no es obstáculo ni para el gran ecumenismo, es decir, para la unidad de todos los hombres religiosos en una religión mundial común, ni para el pequeño ecumenismo, la unidad de todos los cristianos.

¿Son los católicos pluralistas moralmente superiores?

domingo, 19 de noviembre de 2017

Valor y autoridad de la Declaración " Dominus Iesus " - Card. Tarsicio Bertone

Intervención del arzobispo
Tarcisio Bertone
En la presentación de la declaración
“Dominus Iesus”
De la Congregación para la Doctrina de la Fe

Valor y autoridad del Documento


El objetivo de esta intervención es comentar brevemente el género literario de la Declaración Dominus Iesus, y proponer en tal contexto algunas precisiones acerca de su valor y su grado de autoridad.
El género literario

Es una Declaración de la Congregación para la Doctrina de la Fe. El término declaración significa que el Documento no enseña doctrinas nuevas, como resultado del desarrollo y de la explicitación de la fe, sino que reafirma y reasume la doctrina de la fe católica definida o enseñada en precedentes documentos del magisterio de la Iglesia, indicando su recta interpretación frente a errores y ambigüedades doctrinales difundidas en el ambiente teológico y eclesial de nuestros días. Como explícitamente se recuerda en la Introducción, el documento no tiene la pretensión de tratar de manera orgánica y sistemática toda la entera problemática relativa a las cuestiones cristológicas y eclesiológicas que expone; por consiguiente, no es un sustitutivo a las tareas de la teología, ni trata de reprimir el esfuerzo de los teólogos por dar repuestas a cuestiones hasta ahora en gran parte inexploradas. Bien al contrario, la Declaración solicita tales exploraciones, pero indicando al mismo tiempo la dirección y los límites infranqueables para no caer en el error, o no perderse; dirección y límites que son establecidos originariamente por la revelación de la verdad de Dios cumplida en Jesucristo y transmitida por la Sagrada Escritura y por la Tradición viva de la Iglesia, auténticamente interpretadas por el magisterio de la Iglesia.
Siendo un documento doctrinal de la Congregación para la Doctrina de la Fe, expresamente aprobada por el Sumo Pontífice, es un documento de naturaleza magisterial universal. Esta peculiaridad deriva del hecho de que la Congregación para la Doctrina de la Fe es el organismo auxiliar próximo al Romano Pontífice, con el mandato único y específico, recibido de él, de promover y tutelar en todo el orbe católico la doctrina sobre fe y costumbres (cf. Constitución Apostólica Pastor Bonus, artículo 48). Por tanto, los documentos de la Congregación para la Doctrina de la Fe participan del magisterio ordinario del Sumo Pontífice (cf. Instrucción Donum veritatis, 18). Conviene recordar que tales documentos de naturaleza doctrinal no son equiparables a actos de naturaleza administrativa o puramente jurisdiccional, sino que son actos de enseñanza magisterial, dada la estrecha y esencial relación que los miembros de la Congregación para la Doctrina de la Fe tienen con el Supremo Titular del oficio petrino, que tiene una responsabilidad única y especialísima en el ámbito de la potestad del Magisterio para la Iglesia universal.

viernes, 17 de noviembre de 2017

La verdad molesta siempre y jamás es cómoda - Card. Joseph Ratzinger

Sobre las principales objeciones
que han surgido contra la Declaración 
Dominus Iesus

La pluralidad de las confesiones
no relativiza las exigencias de la verdad

El cardenal Joseph Ratzinger, Prefecto de la Congregación para la Doctrina de la Fe, ha mantenido en el año 2000 esta larga entrevista con Christian Geyer, del diario alemán Frankfurter Allgemeine Zeitung, titulada Me parece absurdo lo que quieren ahora nuestros amigos luteranos. El cardenal fue invitado por el periódico a responder a las principales objeciones que han sido hechas a la citada



La más reciente Declaración de la Congregación vaticana para la Doctrina de la Fe ha desencadenado una controversia mundial. En el centro de la discusión sobre el Documento «Dominus Iesus» no están menudencias de política eclesial, sino cuestiones sustanciales de la fe cristiana: su pretensión de verdad y la relación entre las Iglesias que se remiten a ella. En Alemania causó agitación especialmente la afirmación de que la Iglesia evangélica (n. del t.: quiere decir las Iglesias nacidas de la Reforma) no es Iglesia en sentido propio. El Prefecto de la Congregación para la Doctrina de la Fe, el cardenal Joseph Ratzinger, bajo cuya dirección se ha redactado la polémica Declaración, explica detalladamente en este periódico las discrepancias con sus críticos. A la parte evangélica dice que lleva la actual polémica «de modo sencillamente erróneo». Pues reivindicar el concepto de Iglesia del mismo modo para todas las comunidades eclesiales existentes iría ya contra su propia autocomprensión: «De modo que no ofendemos a nadie al decir que las Iglesias evangélicas reales no son Iglesia en el mismo sentido que lo quiere ser la Iglesia Católica; ellos mismos no quieren serlo en absoluto». También a propósito del diálogo interreligioso pone el cardenal un acento provocador, sugiriendo la conversión al cristianismo: la pretensión de la verdad no se relativiza por la pluralidad de las confesiones.

Señor cardenal, ¿dirige usted un departamento en el que existen tendencias a la ideologización y a la infiltración fundamentalista de la fe? Esta crítica está contenida en una comunicación difundida recientemente por la sección alemana de la Sociedad Europea para la Teología Católica.
Debo confesar que declaraciones como ésa a la que usted alude me aburren cada vez más. Conozco de memoria desde hace mucho tiempo ese vocabulario, en el cual nunca faltan los conceptos de fundamentalismo, centralismo romano y absolutismo, vuelta atrás con respecto al Vaticano II. No necesito esperar a las Noticias, yo mismo podría formular tales declaraciones al instante, porque se repiten una y otra vez, independientemente del argumento de que se trate. Me pregunto por qué no se les ocurre realmente a estos señores ya nada nuevo.

¿Piensa usted que las críticas ya son falsas, sólo porque se repiten tan a menudo?
No, sino porque en lo estereotipado de esta crítica echo en falta un análisis diferenciado de los asuntos. Algunos plantean críticas con tanta facilidad porque probablemente consideran todo lo que llega de Roma, inmediatamente, desde un punto de vista político, en la perspectiva del reparto del poder, en lugar de hablar seriamente de los contenidos.

Desde luego, los contenidos son bastante explosivos. ¿Se sorprende verdaderamente de que encuentre tanta oposición un Documento en el que se monopoliza la pretensión de verdad del cristianismo, y en el que a los anglicanos y a los protestantes no les es reconocido el status de Iglesia?

domingo, 3 de septiembre de 2017

Criterios para la aplicación de Amoris Laetitia - Mons. Pedro Daniel Martínez Perea

Carta Pastorala los Sacerdotes
de la Diócesis de San Luis

Matrimonio, nuevas uniones y Eucaristía
en el capítulo 8 de Amoris laetitia



Mis queridos Sacerdotes: La Exhortación Apostólica, Amoris laetitia(1), por la que el Papa Francisco se ha dirigido a todos los Obispos, Sacerdotes, Consagrados, Esposos y fieles en general, se podría definir como un gran catecumenado sobre el amor en la familia que es la célula de la sociedad. La consideración del sacramento del matrimonio es muy importante y actual. Importante, porque el matrimonio fue creado por Dios, por lo tanto tiene una naturaleza definida desde su constitución natural, y además fue elevado a la dignidad de sacramento por Jesucristo, prefigurando “la unión que existe entre Cristo y la Iglesia” y es un bien público en la Iglesia, un bien común. Actual, porque somos testigos del cambio profundo de los estamentos sociales, obra de un descontructivismo prácticamente global, que alcanza también al matrimonio y la familia con propuestas inaceptables.

Esta ‘crisis’ afecta incluso a la vida de los esposos cristianos. Algunos de ellos se han separado, uniéndose con otra persona, permaneciendo el vínculo matrimonial. El Santo Padre ha querido dedicar un capítulo de su Exhortación a esta realidad en la que se encuentran algunos fieles para discernirla, poder acompañarlos y orientarlos hacia la Bienaventuranza eterna desde la Palabra de Dios y las enseñanzas de la Iglesia.

Sin embargo, algunas lecturas de la Exhortación han suscitado inquietud, perplejidad y también confusión entre los fieles, especialmente en cuanto se refiere a la posibilidad de que las personas unidas con un vínculo sacramental válido anterior y que actualmente vivan, more uxorio, con otra persona en una nueva unión no sacramental puedan acercarse a los sacramentos, en particular a la Sagrada Comunión.

Dada la importancia de este tema y las circunstancias actuales en las que se presenta, me parece oportuno compartir con Ustedes por escrito aquello que he explicado al presentar Amoris laetitia tanto al Consejo presbiteral como en la sede de la Pastoral familiar diocesana.

En este marco, como Obispo de la Diócesis de San Luis les hago llegar esta Carta Pastoral: Matrimonio, nuevas uniones y Eucaristía en el capítulo 8 de Amoris laetitia.

Para comprender adecuadamente el objeto de ella me parece oportuno, en primer lugar, referirme a la Revelación divina y al Magisterio (Amoris laetitia en contexto), fundamentos irreemplazables para una reflexión teológica en la Iglesia católica. En un segundo momento, presentaré criterios y orientaciones para una lectura teológica y eclesial del argumento específico señalado en la Carta Pastoral. En esta segunda parte el texto mismo de la Exhortación determina el modo de la exposición y la variedad de temas considerados aunque íntimamente relacionados entre sí, pues sólo a través de ellos se comprende mejor su contenido.

miércoles, 2 de agosto de 2017

¡Cuidado, no patinar hacia el relativismo! - Mons. Héctor Aguer

Reflexión de monseñor Héctor Aguer,
arzobispo de La Plata,
en el programa "Claves para un Mundo Mejor"
(29 de julio de 2017)


 

Querido amigos, hoy quiero hablarles sobre una de las cualidades más notorias de la cultura vigente. Llamo cultura vigente a lo que piensa la inmensa mayoría, a lo que hace la inmensa mayoría, a lo que se impone a la inmensa mayoría de la gente porque -no nos hagamos ilusiones- estas culturas son creadas, son fabricadas. La cualidad a la que me refiero se llama relativismo. 


¿Y qué es el relativismo? Podemos definirlo con una frase muy casera que es ver las cosas según el color del cristal con que se miran. El relativismo no acepta que existan verdades, verdades absolutas, verdades que no se pueden negar, que no se pueden cambiar; sostiene, en cambio, que todo es más o menos. Ahora, a veces, se refuerza eso que es una cualidad intelectual, una postura filosófica, se lo refuerza afectivamente, porque si decís la verdad estás confrontando con alguien, estás molestando a alguien y, en el fondo, estás peleándote. Hasta eso hemos llegado. El que dice la verdad, aunque lo haga comedidamente, es un agresor. 


Fíjense ustedes como se ha reemplazado la verdad por la libertad, pero la libertad entendida como una construcción. Yo soy libre para construir lo que me parece, aunque eso sea contrario a la naturaleza. No existe una verdad, sino que yo soy libre para decir: esto es así y aquello es asá. Voy a poner un ejemplo más notorio y si se quiere más fuerte: si vos sos varón, pero te parece o sentís que sos mujer entonces te podes vestir de mujer, operarte, tener un documento de mujer, casarte con otro varón, etc., etc., y aquí la verdad no cuenta, sino que lo que cuenta es el sentimiento, la libertad de que cada uno tiene que hacer lo que le parece bien, sin referencia alguna a la verdad, a la realidad de las cosas, a la naturaleza propia de cada una de ellas. 

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