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martes, 15 de septiembre de 2020

Meditaciones del tiempo ordinario con textos de Santo Tomás de Aquino 167

 

Martes de la 24ª semana

EL SACRAMENTO DE LA PENITENCIA


Si no hiciereis penitencia, todos pereceréis de la misma manera (Lc 13, 3).

 

Es absolutamente necesario para la salvación aquello sin lo cual nadie puede alcanzar a ésta, como la Gracia de Cristo y el sacramento del Bautismo, por el que uno renace en Cristo. El sacramento de la Penitencia es necesario hipotéticamente porque no es necesario a todos, sino únicamente a los que están sujetos al pecado, pues se dice que el pecado, cuando es consumado, engendra muerte (Stgo. 1, 15). Y por consiguiente es necesario para la salvación del pecador que el pecado sea apartado de él, lo cual no puede verificarse sin el sacramento, en el que obra la virtud de la Pasión de Cristo por la absolución del sacerdote juntamente con la obra del penitente que coopera con la gracia a la destrucción del pecado; pues, como dice San Agustín: "El que te crió sin ti, no te justificará sin ti"*. Es, por lo tanto, evidente que el sacramento de la Penitencia es necesario a la salvación después del pecado, como la medicina corporal, después que el hombre cae en una enfermedad peligrosa.

 

Rectamente dice San Jerónimo que la penitencia es la segunda tabla después del naufragio. Porque así como el primer remedio para los que pasan el mar está en que se mantengan dentro de la nave íntegra, y el segundo remedio, después de destrozada la nave, es adherirse a una tabla, así también el primer remedio en el mar de esta vida es que el hombre conserve la integridad; y el segundo es que, si por el pecado hubiere perdido la integridad, la recobre por la penitencia.

viernes, 20 de marzo de 2020

La confesión durante la pandemia de coronavirus - Penitenciaría Apostólica de la Santa Sede


Nota de la Penitenciaría Apostólica sobre el Sacramento de la Reconciliación en la actual situación de pandemia

20 de marzo de 2020


Yo estoy con vosotros todos los días” (Mt 28,20)

La gravedad de las circunstancias actuales exige una reflexión sobre la urgencia y la centralidad del Sacramento de la Reconciliación, junto con algunas aclaraciones necesarias, tanto para los fieles laicos como para los ministros llamados a celebrar el Sacramento.

También en la época de Covid-19, el Sacramento de la Reconciliación se administra de acuerdo con el derecho canónico universal y según lo dispuesto en el Ordo Paenitentiae.

La confesión individual representa el modo ordinario de celebrar este sacramento (cf. c. 960 del Código de Derecho Canónico), mientras que la absolución colectiva, sin la confesión individual previa, no puede impartirse sino en caso de peligro inminente de muerte, por falta de tiempo para oír las confesiones de los penitentes individuales (cf. c. 961 § 1 del Código de Derecho Canónico) o por grave necesidad (cf. c. 961 § 1 del Código de Derecho Canónico). 961 § 1, 2 CIC), cuya consideración corresponde al obispo diocesano, teniendo en cuenta los criterios acordados con los demás miembros de la Conferencia Episcopal (cf. c. 455 § 2 CIC), y sin perjuicio de la necesidad, para la válida absolución, del votum sacramenti por parte del penitente individual, es decir, del propósito de confesar a su debido tiempo los pecados graves que en su momento no pudieron ser confesados (cf. c. 962 § 1 CIC).

Indulgencias a los enfermos por coronavirus y a todos los que los cuidan - Penitenciaría Apostólica de la Santa Sede



PENITENCIARÍA APOSTÓLICA

DECRETO

Se concede el don de Indulgencias especiales a los fieles que sufren la enfermedad de Covid-19, comúnmente conocida como Coronavirus, así como a los trabajadores de la salud, a los familiares y a todos aquellos que, en cualquier razón, incluso con la oración, los cuidan.

“Con la alegría de la esperanza; constantes en la tribulación; perseverantes en la oración”(Rom 12:12). Las palabras escritas por San Pablo a la Iglesia de Roma resuenan a lo largo de toda la historia de la Iglesia y orientan el juicio de los fieles ante cada sufrimiento, enfermedad y calamidad.

El momento actual que atraviesa la humanidad entera, amenazada por una enfermedad invisible e insidiosa, que desde hace tiempo ha entrado con prepotencia a formar parte de la vida de todos, está jalonado día tras día por angustiosos temores, nuevas incertidumbres y, sobre todo, por un sufrimiento físico y moral generalizado.

La Iglesia, siguiendo el ejemplo de su Divino Maestro, siempre se ha preocupado de cuidar a los enfermos. Como indicaba San Juan Pablo II, el valor del sufrimiento humano es doble: ” Sobrenatural y a la vez humano. Es sobrenatural, porque se arraiga en el misterio divino de la redención del mundo, y es también profundamente humano, porque en él el hombre se encuentra a sí mismo, su propia humanidad, su propia dignidad y su propia misión.” (Carta Apostólica Salvifici Doloris, 31).

viernes, 7 de febrero de 2020

Examen de conciencia sobre actitudes cristianas básicas



EXAMEN SOBRE ACTITUDES CRISTIANAS BÁSICAS

*En la vida somos tentados continuamente a dejar el camino de Jesús y seguir los criterios del mundo. Nos creemos suficientemente fuertes. Nos dejamos llevar por la tentación confiando en que no llegaremos al pecado. Pero somos débiles y caemos en la tentación.
¿Qué actitud tengo yo ante mis tentaciones: sé cortar a tiempo o me dejo llevar por ellas?

*El mundo nos bombardea constantemente con propues­tas deslumbrantes. Las costumbres, el estilo de vida, los ideales y los valores del mundo van penetrando en noso­tros sin darnos cuenta. La vida cristiana se va apagando en nosotros.
¿Procuro vivir austeramente, controlando mis gas­tos de vestido, comida, bebida, diversiones, viajes, aparatos domésticos, etc.?

*Jesús fue tentado como nosotros. El mundo de su tiempo le ofreció otros caminos a seguir. Con la fuerza del Espíritu venció las tentaciones y fue fiel a su Padre.
¿Pido alguna vez a Jesús que me dé fuerzas para vencer las tentaciones y serle fiel?

sábado, 29 de junio de 2019

Fragmentos de Verdad Católica (14) - ¿Cómo hacer el examen de conciencia? -Mons. Raffaello Martinelli


CÓMO HACER EL EXAMEN DE CONCIENCIA PARA LA CELEBRACIÓN DEL SACRAMENTO DE LA RECONCILIACIÓN (SIGUIENDO LOS DIEZ MANDAMIENTOS)


PREGUNTAS PRELIMINARES:
¿Cuánto tiempo hace que no te confiesas bien? –¿La última vez has confesado todos los pecados graves cometidos? – ¿En las confesiones pasadas has escondido voluntariamente algún pecado mortal? – ¿Hace cuánto tiempo no comulgas? – ¿Has recibido siempre con buena preparación la comunión? – ¿Has comulgado siendo consciente de estar en pecado mortal sin antes haberte confesado? – ¿Has profanado la Eucaristía cometiendo algún sacrilegio? – ¿Has faltado el respeto al Santísimo Sacramento acercándote a la comunión, sin la debida preparación como el ayuno previsto, estando en conversación con otras personas, riéndote, sin pensar a Quién ibas a recibir? – ¿Haces alguna penitencia los días viernes? – ¿Sabes vivir con austeridad, sobre todo, los días que la Iglesia lo manda? – ¿Has comido carne en los viernes de cuaresma? – ¿Has ayunado el Miércoles de ceniza y el Viernes santo? – ¿Ayudas a la Iglesia en sus obras (misiones, seminario, sustentamiento del clero, etc.)?

PREGUNTAS ACERCA DE LOS DIEZ MANDAMIENTOS:
No tendrás otro Dios fuera de mi

viernes, 28 de junio de 2019

Fragmentos de Verdad Católica (13) - ¿Cuándo y cómo debo confesarme? -Mons. Raffaello Martinelli


¿CUÁNDO Y CÓMO DEBO CONFESARME?



Ante todo ¿qué significa el sacramento de la confesión?
El sacramento de la confesión (de la penitencia o de la reconciliación) es la celebración del amor misericordioso de Dios, que nos perdona los pecados por medio de Cristo muerto y resucitado, y quien, mediante el ministerio de la Iglesia, nos reconcilia con Dios y con los hermanos. 
Confesarse significa, por tanto:
- Ponerse a escuchar la Palabra de Dios y reconocer el propio pecado.
- Celebrar el amor misericordioso de Dios Padre, que:
· Perdona nuestros pecados, lavándolos con la sangre de su Hijo;
· Nos comunica su misma vida divina (gracia sacramental) ;
· Nos reconcilia con Él y entre nosotros, reconociendo nuestro vínculo de hermandad universal;
· Acoge y fecunda nuestro compromiso personal de continua conversión inaugurado en el Bautismo y que se acrecienta por las exigencias de la celebración eucarística;
· Abre nuestro corazón arrepentido al soplo del Espíritu Santo, que conduce a la justicia, la caridad, la libertad, la vida y la alegría.

¿Quién ha instituido este sacramento?

domingo, 17 de diciembre de 2017

En la confesión ¿Es posible utilizar la probable ausencia de culpabilidad subjetiva como criterio para otorgar la absolución? Card. Gerhard Ludwig Müller

El amor no hace innecesario el cumplimiento de los mandamientos de Dios - Absolver sin haber arrepentimiento confirma al pecador en el error - El Cristo justo versus el Jesús misericordioso

Muchos sugieren hoy que se puede dar la absolución sacramental a los penitentes que, debido a circunstancias atenuantes, se puede decir que están libres de culpabilidad subjetiva ante Dios, a pesar de que continúan viviendo en un estado objetivo de pecado grave. La distinción entre un estado objetivo de pecado y una culpabilidad subjetiva es generalmente reconocida por la tradición teológica católica. Lo que es más controvertido es su aplicación al orden sacramental. ¿Es posible utilizar la probable ausencia de culpabilidad subjetiva como criterio para otorgar la absolución? ¿No significaría esto convertir los sacramentos en realidades subjetivas, que son contrarias a su propia naturaleza como signos de gracia efectivos, visibles y, por lo tanto, objetivos?
Para responder a esta pregunta, es necesario ir a las raíces del sacramento de la reconciliación. En su amor por nosotros, Dios nos toma a los seres humanos tan seriamente como para entregar a su Hijo unigénito a la muerte más terrible y vergonzosa en la Cruz (Juan 3,16), para que nuestros pecados puedan ser perdonados y podamos reconciliarnos con Él (2 Cor 5,19). Si tal es el precio de nuestra salvación, entonces los obispos y sacerdotes no pueden tomar a la ligera la autoridad que han recibido de Cristo mismo (Mt 18,18; Juan 20,22) para perdonar aquellos pecados que un penitente ha confesado y de los cuales se ha arrepentido
Porque es con la autoridad divina que el apóstol pronuncia la palabra de reconciliación a los fieles (2 Cor 5,20). El sacramento de la reconciliación con Dios y con la Iglesia como el cuerpo de Cristo requiere la confesión de todos los pecados graves en su totalidad. Esta necesidad se deriva de una preocupación por la salvación eterna y es, como tal, de mayor importancia que el sentido transitorio de la comodidad de un cristiano, que el confesor puede temer perturbar. Para poder juzgar si perdonar o retener los pecados de alguien (Jn 20,23), el sacerdote debe conocer qué pecados graves ha cometido el penitente. Estos son los pecados públicos y privados cometidos en sus pensamientos, palabras, acciones y omisiones, que han violado los mandamientos de Dios, que son la revelación de su santo y santificador designio de amor por nosotros.
No es suficiente simplemente llamarse pecador en general. Esto podría ser una excusa: uno está sujeto a la debilidad humana, como todos los demás. Los pecados se relativizan como defectos humanos omnipresentes. En realidad, sin embargo, el cristiano bautizado no está atrapado en la dialéctica de Lutero del simul iustus et peccator («al mismo tiempo, una persona justa y pecadora»). A través del bautismo, hemos sido verdaderamente regenerados. Ya no somos esclavos del pecado, sino que nos hemos convertido en amigos e hijos de Dios. Estamos en estado de gracia santificante. No es necesario que el pecado se desprenda de la debilidad restante (concupiscencia). Más bien, el pecado es el resultado de un acto consciente y deliberado contra la santidad de Dios y el amor de Cristo que derramó su sangre en la Cruz para el perdón de los pecados. Fue al aceptar libremente la fe y la gracia que nos convertimos en hijos de Dios. De la misma manera, necesitamos cooperar con la venida del Reino a este mundo, sirviendo al cumplimiento de la voluntad de Dios en la tierra como en el cielo. Toda la vida del cristiano es una imitación continua del Señor crucificado y resucitado. A través de pecados graves, nos separamos de Dios y nos excluimos de la herencia de la vida eterna.
El amor no hace innecesario el cumplimiento de los mandamientos de Dios

jueves, 5 de junio de 2014

Máximas de San Juan Bosco sobre la confesión

CONFESIÓN
 

·        Se puede variar, sin escrúpulo, de confesor, en caso de haber cambiado de domicilio o cuando no se puede acudir a él sin grave incomodidad, o por enfermedad, o por razón de la mucha concurrencia de penitentes que él pueda tener en las grandes solemnidades.

 

·        Si alguien, repasando su vida anterior, recordase que ocultó algún pecado en sus confesiones, o tuviere la más leve duda acerca  de la validez de alguna de ellas, le aconsejo con el mayor encarecimiento: Amigo, por amor de Jesucristo y por la preciosa Sangre que derramó para salvar tu alma, te suplico que arregles el estado de tu conciencia en la primera oportunidad en que te acerques a confesarte, exponiendo con sinceridad todo lo que inquieta tu alma como si te hallases en el momento de la muerte.

 

·        Os aseguro que cuanto más sinceros seáis con el confesor, más aumentará su confianza hacia vosotros y con tanto mayor acierto podrá aconsejaros y advertiros lo que considere más necesario y oportuno para el bien de vuestra alma.

 

·        Si vuestra conciencia tuviera algo que no se atreva a comunicar al confesor ordinario, acudid a otro, antes que cometer un sacrilegio.

Máximas de San Juan Bosco para los sacerdotes que confiesan

CONFESORES

·        Está siempre dispuesto para escuchar las confidencias de los que desearen confesarse contigo.

·        Procura alejar hasta la más lejana sospecha de que recuerdas lo que te dijeron en la confesión.
 

·        No haya ni sombra de parcialidad para quien se confiesa con uno prefiriéndolo a otro.
 

·        Acoged con amabilidad a toda clase de penitentes, pero en especial a los jóvenes. Ayudadles a exponer el estado de su conciencia, animadlos a frecuentar el santo Sacramento de la Penitencia. Este es el medio más seguro de tenerlos alejados del vicio. Poned todo vuestro esfuerzo en que practiquen los avisos que les deis para evitar las recaídas. Corregidlos con bondad; puesto que si los reprendéis con aspereza o no vendrán a buscaros más o bien ocultarán sus faltas por miedo a vuestro severo requerimiento.

jueves, 24 de abril de 2014

La pastoral no es engañar a los hombres dejándoles en su condición de pecado - Card. Mauro Piacenza


Entrevista concedida
a Zenit por el

Cardenal
Mauro Piacenza

Publicada
el 16 de abril de 2014

 
Conversión y confesión, justicia y pastoral, libertad y verdad. Conceptos de Doctrina eclesial que corren el riesgo de permanecer abstractos si no se aplican a la realidad concreta de las personas, a sus heridas, a sus pecados. Después la duda de siempre: ¿la Iglesias debería adaptarse a las exigencias de los tiempos? ¿A las personas divorciadas que buscan la absolución en el confesionario, a 'dos madres' que quieren bautizar a sus hijas? ¿Debe escuchar la opinión pública? ¿O debe seguir en su misión de luz de las gentes, proclamadora de Verdad, también si a veces es 'incómoda'?
 
Eminencia, el próximo viernes entraremos en la Novena de la Divina Misericordia. ¿qué significado tiene esta devoción?
Cardenal Piacenza: Primero el próximo viernes será Viernes Santo, es decir el memorial de la Pasión de Jesucristo y es particularmente significativo que Santa Faustina Kowalska haya recibido la indicación de "envolver" toda la celebración del Evento pascual de sabor de la Misericordia, que, como el Papa nos recuerda a menudo, es el nombre mismo de Dios. Dios es Misericordia y esta Misericordia ha bajado a la Tierra en Jesús.
 
¿No es por tanto una "superposición indebida"?
Card. Piacenza: ¡Absolutamente no! Hablaría más bien de explicitación. No puede haber devoción personal que sustituya o se superponga a la Liturgia pública de la Iglesia. La de la Divina Misericordia es una explicitación del mensaje de salvación de la Pascua.
 
¿Cómo ha encontrado tanta "suerte" esta expresión de la fe?
Card. Piacenza: Ciertamente por el gran impulso de Juan Pablo II y por el origen sobrenatural de la devoción misma. Probablemente recoge y expresa la necesidad de confidencia en Jesús, precisamente del corazón humano. El mundo y los hombres tienen infinita necesidad de misericordia y ese Sagrado Corazón herido y abierto es el icono maravilloso. Todos necesitamos ese abrazo y nadie se abre y nadie que se abra a ello está excluido.
 
A propósito de Juan Pablo II, ¿cuál era su relación con la Divina Misericordia?
Card. Piacenza: Ciertamente debemos reconocer una particularísima relación con Dios. Ese Santo Papa era un místico profundo y cualquiera podía contemplarlo del todo inmerso en la oración, también en los momentos clamorosamente públicos. Juan Pablo II supo mantener siempre en equilibrio luminoso la relación entre la Divina Misericordia y humana responsabilidad.
 
La Iglesia últimamente, gracias también al papa Francisco, habla a menudo de misericordia. Después, sin embargo, en la realidad gobierna con el derecho... ¿Es una contradicción?

lunes, 7 de abril de 2014

El Señor Jesús nos lava de nuestros pecados, nos cura de nuestras culpas y nos fortalece para no sucumbir en la lucha contra el pecado y en el testimonio de su amor - Benedicto XVI

HOMILÍA DEL SANTO PADRE
BENEDICTO XVI
DURANTE LA
CELEBRACIÓN PENITENCIAL
EN LA BASÍLICA DE SAN PEDRO

Jueves 13 de marzo de 2008

 

Queridos jóvenes de Roma:

También este año, en la proximidad del domingo de Ramos, nos reunimos para preparar la celebración de la XXIII Jornada mundial de la juventud que, como sabéis, culminará con el encuentro de los jóvenes de todo el mundo que se celebrará en Sydney del 15 al 20 del próximo mes de julio. Desde hace tiempo conocéis el tema de esta Jornada. Está tomado de las palabras que acabamos de escuchar en la primera lectura: «Recibiréis la fuerza del Espíritu Santo, que vendrá sobre vosotros, y seréis mis testigos» (Hch 1, 8). No es casualidad que este encuentro tenga forma de liturgia penitencial, con la celebración de las confesiones individuales.

¿Por qué "no es casualidad"? Podemos hallar la respuesta en lo que escribí en mi primera encíclica. En ella puse de relieve que se comienza a ser cristiano por el encuentro con un acontecimiento, con una Persona, que da un nuevo horizonte a la vida y, con ello, una orientación decisiva (cf. Deus caritas est, 1). Precisamente para favorecer este encuentro os disponéis a abrir vuestro corazón a Dios, confesando vuestros pecados y recibiendo, por la acción del Espíritu Santo y mediante el ministerio de la Iglesia, el perdón y la paz. Así se deja espacio para la presencia en nosotros del Espíritu Santo, la tercera Persona de la santísima Trinidad, que es el «alma» y la «respiración vital» de la vida cristiana: el Espíritu nos capacita para «ir madurando una comprensión de Jesús cada vez más profunda y gozosa, y al mismo tiempo hacer una aplicación eficaz del Evangelio» (Mensaje para la XXIII Jornada mundial de la juventud, n. 1: L'Osservatore Romano, edición en lengua española, 27 de julio de 2007, p. 6).

Cuando era arzobispo de Munich-Freising, en una meditación sobre Pentecostés me inspiré en una película titulada Metempsicosis (Seelenwanderung) para explicar la acción del Espíritu Santo en un alma. Esa película narra la historia de dos pobres hombres que, por su bondad, no lograban triunfar en la vida. Un día, a uno de ellos se le ocurrió que, no teniendo otra cosa que vender, podía vender su alma. Se la compraron muy barata y la pusieron en una caja. Desde ese momento, con gran sorpresa suya, todo cambió en su vida. Logró un rápido ascenso, se hizo cada vez más rico, obtuvo grandes honores y, antes de su muerte, llegó a ser cónsul, con abundante dinero y bienes. Desde que se liberó de su alma ya no tuvo consideraciones ni humanidad. Actuó sin escrúpulos, preocupándose únicamente del lucro y del éxito. Para él el hombre ya no contaba nada. Él mismo ya no tenía alma. La película —concluí— demuestra de modo impresionante cómo detrás de la fachada del éxito se esconde a menudo una existencia vacía.

lunes, 16 de septiembre de 2013

Análisis sobre el sacerdocio, los obispos y las conferencias episcopales -Card. Joseph Ratzinger




Entre sacerdotes y obispos
Sacerdote: un hombre desazonado
Al estar en crisis el concepto mismo de Iglesia, ¿hasta qué punto y por qué están en crisis los «hombres de Iglesia»? Dejando para luego lo que se refiere a los obispos, que necesita un tratamiento específico, ¿dónde cree Ratzinger que se encuentran las raíces del desencanto de los clérigos que en pocos años ha vaciado seminarios, conventos y presbiterios? En una reciente intervención suya, no oficial, ha citado la tesis de un famoso teólogo según el cual «la crisis de la Iglesia actual sería ante todo una crisis de los sacerdotes y de las órdenes religiosas».
«Es una tesis muy dura —confirma—. Es un j'accuse bastante áspero, pero puede ser que capte una verdad. Bajo el choque del posconcilio, las grandes órdenes religiosas (precisamente las columnas tradicionales de la siempre necesaria reforma eclesial) han vacilado, han padecido graves hemorragias, han visto reducirse como nunca el ingreso de novicios, y aún hoy parecen estar sacudidas por una crisis de identidad».

martes, 4 de diciembre de 2012

Examen de conciencia sobre las bienaventuranzas

EXAMEN SOBRE LAS BIENAVENTURANZAS

          Las bienaventuranzas no son ninguna lista de cosas que hay que hacer o de mandamientos que hay que cumplir. Las bienaventuranzas son un anuncio de felicidad que Jesús proclama en el inicio de su misión. Jesús, dice el evangelio de Mateo, recorría toda Galilea, enseñando en las sinagogas, anunciando la buena noticia del Reino y curando las enfermedades y dolencias del pueblo. Y lo seguían multitudes venidas de todas partes, de Palestina y de más allá de Palestina. Y un día, dice el evangelio, Jesús sube a la montaña, y se sienta, y empieza a proclamar quienes son los que pueden sentirse dichosos porque Dios los quiere como herederos de su Reino. Esta proclamación, son las bienaventuranzas. No son, por tanto, ninguna lista de mandamientos. Pero cuando los escuchamos, sin duda que nos tocan muy adentro y nos hacen pensar si Jesús podría decirnos, también a nosotros, su mensaje de felicidad. Si podría decirnos: «¡ Dichosos vosotros!’>. Todas las bienaventuranzas nos llevan hacia una misma actitud de fondo, la actitud del seguidor de Jesús, la actitud que el propio Jesús vivía. Pero, aunque nos lleven a una misma actitud de fondo, para profundizar­las más nos irá bien leerlas ahora una por una, y hacernos algunas preguntas. Para que el mensaje de felicidad de Jesús sea también nuestro.

Dice Jesús: Dichosos los pobres en el espíritu, porque de ellos es el Reino de los cielos.
-¿Es Dios y su Reino la cosa más importante de mi vida? ¿El objetivo de mi vida es seguir el Evangelio de Jesús, aunque a veces no me resulte fácil?
-¿Confío en Dios por encima de todo, y me sostengo en él, especialmente cuando me resulta difícil ser fiel al Evange­lio?
- ¿Deseo y trabajo por el bienestar de todos, especialmente de los necesitados? ¿Vivo austeramente? ¿Comparto mis bienes con los que tienen menos que yo?

lunes, 12 de noviembre de 2012

Los pasos de una buena confesión

CINCO PASOS
QUE SE REQUIEREN
 PARA REALIZAR
UNA BUENA CONFESIÓN

1) Examen de conciencia

Se ha de pensar en las faltas cometidas (pensamientos, palabras, obras y omisiones), especialmente las graves (los pecados mortales), a partir de la última confesión bien hecha. Se puede examinar la propia vida a la luz de los diez Mandamientos, del mandamiento del amor al prójimo, de los preceptos de la Iglesia, de los pecados capitales y de los deberes del propio estado (familia, profesión, etc.). Un consejo práctico es que las faltas se analicen fundamentalmente a la luz de los diez Mandamientos. En muchos misales, manuales o devocionarios se encuentran exámenes de conciencia que nos pueden ser muy útiles. 

jueves, 9 de agosto de 2012

Examen de conciencia del Ritual de la Penitencia


Dice el Señor: «Amarás a tu Dios con todo el corazón»

          1.¿Tiende mi corazón a Dios de manera que en verdad lo ame sobre todas las cosas en el cumplimiento fiel de sus mandamientos, como ama un hijo a su padre, o, por el contrario, vivo obsesionado por las cosas temporales? ¿Obro en mis cosas con recta intención?
          2.¿Es firme mi fe en Dios, que nos habló por medio de su Hijo? ¿Me adhiero firmemente a la doctrina de la Iglesia? ¿Tengo interés en mi instrucción cristiana escuchando la Palabra de Dios, participando en la catequesis, evitando cuanto pudiera dañar mi fe? ¿He profesado siempre, con vigor y sin temores, mi fe en Dios? ¿He manifestado mi condición de cristiano en la vida pública y privada?
          3.¿He rezado mañana y noche? ¿Mi oración es una auténtica conversación -de mente y corazón- con Dios o un puro rito exterior? ¿He ofrecido a Dios mis trabajos, dolores y gozos? ¿Recurro a él en mis tentaciones?

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