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domingo, 1 de diciembre de 2019

Mensaje de Benedicto XVI con ocasión del 50 aniversario de la Comisión Teológica Internacional


Mensaje de saludo
con ocasión del 50º aniversario
de la creación de la
Comisión Teológica Internacional

Texto del Mensaje del Papa Emérito Benedicto XVI

Imagen relacionada

A la Comisión Teológica Internacional, en su 50º aniversario, van mi cordial saludo y mi especial bendición.

El Sínodo de los Obispos como estable institución en la vida de la Iglesia y la Comisión Teológica Internacional fueron dados ambos a la Iglesia por el Papa Pablo VI para fijar y continuar las experiencias del Concilio Vaticano II. El desapego, que se había manifestado en el Concilio, entre la Teología que se estaba desarrollando en el mundo y el Magisterio del Papa tenía que ser superado. Desde el inicio del siglo XX se constituyó la Pontificia Comisión Bíblica, que en su forma originaria representaba una parte del Magisterio pontificio, y que tras el Concilio Vaticano II se trasformó en un órgano de consulta teológica al servicio del Magisterio, para aportar un parecer competente en materia bíblica. Según lo establecido por Pablo VI, el Prefecto de la Congregación para la Doctrina de la Fe es a la vez Presidente de la Pontificia Comisión Bíblica y de la Comisión Teológica Internacional, las cuales, sin embargo, eligen a su secretario internamente.

Se quería demostrar así que ambas Comisiones no son un órgano de la Congregación para la Doctrina de la Fe, hecho que podría haber disuadido a ciertos teólogos de aceptar ser miembros. El Cardenal Franjo Šeper comparó la relación del Prefecto de la Congregación para la Doctrina de la Fe con el Presidente de las dos Comisiones a la estructura de la monarquía austro-húngara: el emperador de Austria y el rey de Hungría eran la misma persona, mientras que los dos países vivían autónomamente uno junto al otro. Además, la Congregación para la Doctrina de la Fe pone a disposición de las sesiones de la Comisión y de sus participantes sus posibilidades prácticas y, a tal fin, creó la figura del Secretario Adjunto, que de vez en cuando asegura las ayudas necesarias.

martes, 18 de junio de 2019

Comunión y servicio: la persona humana creada a imagen de Dios - Comisión teológica internacional


COMISIÓN TEOLÓGICA INTERNACIONAL
COMUNIÓN Y SERVICIO:
 LA PERSONA HUMANA CREADA A IMAGEN DE DIOS





ÍNDICE
Introducción
Capitulo I. La persona humana creada a imagen de Dios
1. La «imago Dei» en la escritura y en la Tradición
2. La crítica moderna de la teología de la «imago Dei»
3. La «imago Dei» en el Concilio Vaticano II y en la teología de hoy
Capítulo II. A imagen de Dios: Personas en comunión
1. Cuerpo y alma
2. Hombre y mujer
3. Persona y comunidad
4. Pecado y salvación
5. «Imago Dei» e «imago Christi»
Capítulo III. A imagen de Dios: Administradores de la creación visible
1. La ciencia y la administración del conocimiento
2. La responsabilidad respecto al mundo creado
3. La responsabilidad respecto a la integridad biológica de los seres humanos
Conclusión


1. El crecimiento exponencial de los conocimientos científicos y de la capacidad tecnológica en la época moderna ha traído ventajas notables a la humanidad, pero plantea también retos difíciles. A la luz de nuestros conocimientos sobre la inmensidad y antigüedad del universo, la situación y la importancia del hombre dentro del mismo aparecen bastante menos relevantes y menos seguras. El progreso tecnológico ha aumentado de manera considerable  nuestra capacidad de controlar y dirigir las fuerzas de la naturaleza, pero también ha tenido un impacto imprevisto y quizá incontrolable sobre nuestro ambiente e incluso sobre el mismo género humano.

2. La Comisión Teológica Internacional ofrece esta reflexión teológica sobre la doctrina de la imago Dei para orientar la reflexión sobre el significado de la existencia humana ante tales desafíos. Al mismo tiempo deseamos presentar la visión positiva de la persona humana dentro del universo ofrecida por este tema doctrinal que se ha vuelto a descubrir recientemente.

viernes, 31 de marzo de 2017

¿Se salvan los niños sin bautizar? - Comisión Teológica Internacional

COMISIÓN TEOLÓGICA INTERNACIONAL

LA ESPERANZA DE SALVACIÓN
PARA LOS NIÑOS QUE MUEREN SIN BAUTISMO
*

El tema del destino de los niños que mueren sin haber recibido el Bautismo ha sido afrontado teniendo en cuenta el principio de la jerarquía de las verdades, en el contexto del designio salvador universal de Dios, de la unicidad y el carácter insuperable de la mediación de Cristo, de la sacramentalidad de la Iglesia en orden a la salvación y de la realidad del pecado original. En la situación actual de relativismo cultural y de pluralismo religioso, el número de niños no bautizados aumenta de manera considerable. En esta situación se hace más urgente la reflexión sobre la posibilidad de salvación para estos niños. La Iglesia es consciente de que esta salvación se puede alcanzar únicamente en Cristo por medio del Espíritu. Pero no puede renunciar a reflexionar, en cuanto madre y maestra, acerca del destino de todos los seres humanos creados a imagen de Dios y, de manera particular, de los más débiles y de aquellos que todavía no tienen el uso de la razón y de la libertad.
Es sabido que la enseñanza tradicional recurría a la teoría del limbo, entendido como un estado en el que las almas de los niños que mueren sin bautismo no merecen el premio de la visión beatífica, a causa del pecado original, pero no sufren ningún castigo, ya que no han cometido pecados personales. Esta teoría, elaborada por los teólogos a partir de la Edad Media, nunca ha entrado en las definiciones dogmáticas del Magisterio, aunque el mismo Magisterio la ha mencionado en su enseñanza hasta el concilio Vaticano II. Sigue siendo por tanto una hipótesis teológica posible. No obstante, en el Catecismo de la Iglesia Católica(1992) la teoría del limbo no se menciona; se enseña por el contrario que, en cuanto a los niños muertos sin el bautismo, la Iglesia no puede más que confiarlos a la misericordia de Dios, como se hace precisamente en el ritual de las exequias previsto específicamente para ellos. El principio según el cual Dios quiere la salvación de todos los seres humanos permite esperar que haya una vía de salvación para los niños muertos sin bautismo (cf. Catecismo de la Iglesia Católica, n. 1261). Esta afirmación invita a la reflexión teológica a encontrar una conexión lógica y coherente entre diversos enunciados de la fe católica: la voluntad salvífica universal de Dios / la unicidad de la mediación de Cristo / la necesidad del bautismo para la salvación / la acción universal de la gracia en relación con los sacramentos / la ligazón entre pecado original y privación de la visión beatífica / la creación del ser humano «en Cristo».
La conclusión del estudio es que hay razones teológicas y litúrgicas para motivar la esperanza de que los niños muertos sin Bautismo puedan ser salvados e introducidos en la felicidad eterna, aunque no haya una enseñanza explícita de la Revelación sobre este problema. Ninguna de las consideraciones que el texto propone para motivar una nueva aproximación a la cuestión puede ser utilizada para negar la necesidad del bautismo ni para retrasar su administración. Más bien hay razones para esperar que Dios salvará a estos niños ya que no se ha podido hacer por ellos lo que se hubiera deseado hacer, es decir, bautizarlos en la fe de la Iglesia e insertarlos visiblemente en el Cuerpo de Cristo.
Para terminar, una observación de carácter metodológico. El tratamiento de este tema se justifica dentro del desarrollo de la historia de la inteligencia de la fe de la que habla la constitución Dei Verbum (n. 8), y cuyos factores son la reflexión y el estudio de los creyentes, la experiencia de las cosas espirituales y la predicación del Magisterio. Cuando en la historia del pensamiento cristiano se ha comenzado a suscitar la pregunta sobre la suerte de los niños muertos sin bautismo tal vez no se conocía exactamente la naturaleza y todo el alcance doctrinal implícito en esta cuestión. Solamente en el desarrollo histórico y teológico que ha tenido lugar en el curso de los siglos y hasta el concilio Vaticano II se ha caído en la cuenta de que esta pregunta específica debía ser considerada en un horizonte cada vez más amplio de las doctrinas de fe, y que el problema puede ser repensado poniendo en relación explícita el punto en cuestión con el contexto global de la fe católica y observando el principio de la jerarquía de las verdades mencionado en el decreto Unitatis redintegratio del concilio Vaticano II. El documento, tanto desde el punto de vista teológico-especulativo como práctico-pastoral, constituye un instrumento explicativo, útil y eficaz para la comprensión y la profundización de esta problemática, que no es solamente doctrinal, sino que va al encuentro de urgencias pastorales de no poca relevancia.

Introducción
1. San Pedro exhorta a los cristianos a estar siempre preparados para dar razón de la esperanza que hay en ellos (cf. 1 Pe 3,15-16)[1]. Este documento trata del tema de la esperanza que los cristianos pueden tener acerca de la salvación de los niños que mueren sin haber recibido el Bautismo. Explica cómo se ha desarrollado esta esperanza en los últimos decenios y en qué base se apoya, de tal manera que se pueda dar razón de ella. Aunque a primera vista este tema puede parecer marginal respecto a otras preocupaciones teológicas, cuestiones muy profundas y complejas se encuentran implicadas en el desarrollo del mismo; urgentes necesidades pastorales hacen necesaria esta explicación.

martes, 13 de mayo de 2014

La apostolicidad de la Iglesia - Comisión Teológica Internacional

COMISIÓN TEOLÓGICA INTERNACIONAL
 

LA APOSTOLICIDAD DE LA IGLESIA
Y LA SUCESIÓN APOSTÓLICA
[*]

(1973)

 

La apostolicidad de la Iglesia y el sacerdocio común - La originalidad del fundamento apostólico de la Iglesia - Los Apóstoles y la sucesión apostólica en la historia - El aspecto espiritual de la sucesión apostólica - La sucesión apostólica y su transmisión - Elementos para una evaluación de los ministerios no católicos

 

Proemio

Este estudio quisiera clarificar la noción específica de sucesión apostólica, por una parte, porque la presentación de la doctrina católica sobre este tema se presenta como de importancia relevante para la vida de la Iglesia católica y, por otra parte, porque lo exige el diálogo ecuménico. En efecto, el diálogo ecuménico se ha abierto en cierta medida en todo el mundo y tiene un porvenir prometedor y fructuoso a condición de que los católicos participen en él dentro de la fidelidad a su identidad católica. Querríamos pues presentar la doctrina de la Iglesia católica referente a la sucesión apostólica tanto para confortar a nuestros hermanos en la fe como par ayudar al desarrollo y a la maduración del diálogo ecuménico.

Enumeremos algunas de las dificultades ante las cuales nos encontramos con frecuencia:

— ¿Qué puede obtenerse del testimonio del Nuevo Testamento, científicamente considerado? ¿Cómo puede mostrarse la continuidad entre el Nuevo Testamento y la Tradición de la Iglesia?

— ¿Cuál es el papel de la imposición de manos en la sucesión apostólica?

— ¿No existe en ciertos medios la tendencia a reducir la sucesión apostólica a la apostolicidad común a toda la Iglesia o, por el contrario, a reducir la apostolicidad de la Iglesia a la sucesión apostólica?

— ¿Cómo evaluar los ministerios de las otras Iglesias y comunidades cristianas en cuanto a su relación con la sucesión apostólica?

Detrás de todos estos interrogantes se plantea el problema de las relaciones entre la Escritura, la Tradición y las declaraciones solemnes de la Iglesia.

Lo que orienta todas nuestras reflexiones, es la visión de la Iglesia que surge en su totalidad, por la voluntad del Padre, del Misterio de Cristo en su Pascua, animada por el Espíritu y orgánicamente estructurada. Pensamos situar la función propia y esencial de la sucesión apostólica en la totalidad de la Iglesia que confiesa la fe apostólica y da testimonio de su Señor.

lunes, 17 de diciembre de 2012

Los teólogos, sirviendo fielmente la verdad de la fe, pueden participar en el impulso evangelizador de la Iglesia - Benedicto XVI

DISCURSO DEL SANTO PADREBENEDICTO XVI
A LOS PARTICIPANTES EN LA ASAMBLEA PLENARIA
DE
LACOMISIÓN TEOLÓGICA INTERNACIONAL

Sala de los Papas
Viernes 7 de diciembre  de 2012

Venerados hermanos en el episcopado y en el sacerdocio,
ilustres profesores y queridos colaboradores:
          Con gran alegría os recibo al término de los trabajos de vuestra sesión plenaria anual. Saludo de corazón a vuestro nuevo presidente, monseñor Gerhard Ludwig Müller, a quien agradezco las palabras que me ha dirigido en nombre de todos, así como al nuevo secretario general, el padre Serge-Thomas Bonino.
          Vuestra sesión plenaria se ha desarrollado en el contexto del Año de la fe, y estoy profundamente contento de que la Comisión teológica internacional haya querido manifestar su adhesión a este evento eclesial a través de una peregrinación a la basílica papal de Santa María la Mayor para encomendar a la Virgen María, praesidium fidei, los trabajos de vuestra Comisión y para orar por todos los que, in medio Ecclesiae, se dedican a hacer fructificar la inteligencia de la fe en beneficio y alegría espiritual de todos los creyentes. Gracias por este gesto extraordinario. Expreso aprecio por el Mensaje que habéis redactado con ocasión de este Año de la fe. Este bien evidencia el modo específico en que los teólogos, sirviendo fielmente la verdad de la fe, pueden participar en el impulso evangelizador de la Iglesia.

lunes, 5 de noviembre de 2012

La teología deriva totalmente de la fe, y se ejerce en constante dependencia de la fe

Mensaje de la
Comisión Teológica Internacional
con ocasión
del Año de la fe

          Fides quaerens intellectum, la teología sólo existe en relación con el don de la fe. Presupone la verdad de la fe y se propone manifestar su «insondable riqueza» (Ef 3, 8), para la alegría espiritual de toda la comunidad de los creyentes y el servicio a su misión evangelizadora.
          La Comisión teológica internacional acoge con gratitud la invitación a celebrar el Año de la fe, que Benedicto XVI hizo en la carta apostólica Porta fidei (11 de octubre de 2011). Cada miembro de la Comisión teológica internacional estará disponible para las diversas iniciativas que harán de este Año de la fe un signo fuerte. Pero en cuanto comunidad de fe, también la Comisión teológica internacional, en su conjunto, desea significar su especial atención al mensaje de conversión de este Año de la fe, renovando y profundizando su compromiso al servicio de la Iglesia. Con tal fin, el 6 de diciembre de 2012, con ocasión de su sesión plenaria anual y bajo la guía de su presidente, el arzobispo Gerhard L. Müller, prefecto de la Congregación para la doctrina de la fe, la Comisión teológica internacional realizará una peregrinación a la basílica papal de Santa María la Mayor para encomendar su trabajo, y el de todos los teólogos católicos, a la Virgen fiel, proclamada «bienaventurada por haber creído» (Lc 1, 45), modelo de los creyentes y pilar de la fe verdadera.

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