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domingo, 8 de noviembre de 2020

Meditaciones del tiempo ordinario con textos de Santo Tomás de Aquino 221

 

Domingo de la 32ª semana

LA COMUNIÓN DE LOS SANTOS,

EL PERDÓN DE LOS PECADOS

 

De la misma manera que en un cuerpo natural la actividad de cada miembro repercute en beneficio de todo el conjunto, así también ocurre en el cuerpo espiritual que es la Iglesia: como todos los fieles forman un solo cuerpo, el bien producido por uno se comunica a los demás. Cada uno somos miembros los unos de los otros (Rom 12,5. Por este motivo, entre las verdades de fe que transmitieron los Apóstoles, se encuentra la de que en la Iglesia existe una comunicación de bienes; es lo que el Símbolo quiere expresar con "la comunión de los santos".

 

Entre todos los miembros de la Iglesia el principal es Cristo, que es la cabeza: Lo puso por cabeza sobre toda la Iglesia, la cual es su cuerpo (Ef 1,22-23). Por consiguiente, el bien producido por Cristo se comunica a todos los cristianos, corno la energía de la cabeza a todos los miembros. Esta comunicación se lleva a cabo por medio de los sacramentos de la Iglesia, en los que opera la potencia de la Pasión de Cristo, que actúa dando gracia para el perdón de los pecados.

 

El cuarto sacramento es la penitencia. En la vida del cuerpo sucede a veces que uno enferma, y si no se le administra la medicina convenientemente, muere. En la vida del espíritu se enferma por el pecado, y es necesaria también una medicina para recobrar la salud. Este remedio es la gracia que se recibe en el sacramento de la penitencia. El perdona todas tus maldades, sana todas tus enfermedades (Sal 102,3).

 

En la penitencia deben concurrir tres elementos: contrición, que es un pesar de haber pecado unido al propósito de no volver a hacerlo; confesión de los pecados íntegra, y satisfacción, que se lleva a cabo con obras buenas.

domingo, 7 de junio de 2020

Canto Gregoriano - CREDO con letra..(Católico)




El Credo en Latín
Credo in unum Deum, 
Patrem omnipoténtem, 
factórem caeli et terrae,
visibílium óminum et invisíbilium. 
Et in unum Dóminum Iesum Chrustum 
Filium Dei unigénitum. 
Et ex Patre natum ante ómnia saécula. 
Deum de Deo, lumen de lúmine,
Deum verum de Deo vero.

lunes, 10 de junio de 2019

Nota explicatoria a la «Declaración de verdades relativas a algunos de los errores más comunes en la vida de la Iglesia de nuestro tiempo»


Nota explicatoria a la
«Declaración de verdades relativas a algunos de los errores más comunes en la vida de la Iglesia de nuestro tiempo»



En nuestro tiempo la Iglesia está experimentando una de las epidemias espirituales más grandes, es decir, una confusión y desorientación doctrinal casi universal, que es un peligro seriamente contagioso para la salud espiritual y la salvación eterna de muchas almas. Al mismo tiempo se debe reconocer un letargo generalizado en el ejercicio del Magisterio en los diferentes niveles de la jerarquía de la Iglesia en nuestros días. Esto se debe principalmente al incumplimiento del deber apostólico, como también manifiesta el Concilio Vaticano II, de «apartar de su grey los errores que la amenazan». (Lumen Gentium, 25).

Nuestro tiempo se caracteriza por una acusada hambre espiritual que padecen muchos fieles católicos en todo el mundo de una reafirmación de esas verdades que son confundidas, socavadas y negadas por algunos de los más peligrosos errores de nuestro tiempo. Los fieles, que también están sufriendo esta hambre espiritual, se sienten abandonados y por lo tanto se encuentran en una especie de periferia existencial. Tal situación demanda urgentemente un remedio concreto. Una declaración pública de las verdades concernientes a estos errores no puede admitir más dilación. Por lo tanto nosotros somos conscientes de las siguientes palabras atemporales dichas por el Papa San Gregorio Magno: «Que nuestra lengua no cese de exhortar, y habiendo emprendido el oficio de obispos, nuestro silencio no puede resultar en nuestra condenación ante el tribunal del Juez justo (…). El pueblo encomendado a nuestro cuidado abandona a Dios, y nosotros permanecemos en silencio. Ellos viven en pecado, y nosotros no extendemos nuestra mano para corregir». (In Ev. hom. 17, 3.14).

Declaración de las verdades relacionadas con algunos de los errores más comunes en la vida de la Iglesia de nuestro tiempo


«La Iglesia del Dios vivo, columna y cimiento de la verdad» (1Tim 3,15)

Declaración de las verdades relacionadas con algunos de los errores más comunes en la vida de la Iglesia de nuestro tiempo



Fundamentos de la Fe
1 El sentido correcto de las expresiones tradición viva, Magisterio vivo, hermenéutica de la continuidad y desarrollo de la doctrina incluye la verdad que cada vez que se profundice en el entendimiento del Depósito de la Fe, sin embargo esta profundización no puede ser contraria al sentido que ha expuesto siempre la Iglesia en el mismo dogma, el mismo sentido y el mismo entendimiento (cf. Concilio Vaticano I, Dei Filius, sess. 3, c. 4: «in eodem dogmate, eodem sensu, eademque sententia»).

2 «El significado mismo de las fórmulas dogmáticas es siempre verdadero y coherente consigo mismo dentro de la Iglesia, aunque pueda ser aclarado más y mejor comprendido. Es necesario, por tanto, que los fieles rehúyan la opinión según la cual en principio las fórmulas dogmáticas (o algún tipo de ellas) no pueden manifestar la verdad de modo concreto, sino solamente aproximaciones mudables que la deforman o alteran de algún modo; y que las mismas fórmulas, además, manifiestan solamente de manera indefinida la verdad, la cual debe ser continuamente buscada a través de aquellas aproximaciones.» Así pues, «los que piensan así no escapan al relativismo teológico y falsean el concepto de infalibilidad de la Iglesia que se refiere a la verdad que hay que enseñar y mantener explícitamente» (Sagrada Congregación para la Doctrina de la Fe, Declaración sobre la doctrina católica acerca de la Iglesia para defenderla de algunos errores actuales, 5).

Credo

miércoles, 29 de mayo de 2019

Declaración de fe «¡No se turbe vuestro corazón!» (Juan 14,1) - Cardenal Müller


«¡No se turbe vuestro corazón!» (Juan 14,1)

Ante la creciente confusión en la enseñanza de la doctrina de la fe, muchos obispos, sacerdotes, religiosos y laicos de la Iglesia Católica, me han pedido dar testimonio público de la verdad de la Revelación. Es tarea de los pastores guiar a los que se les ha confiado por el camino de la salvación. Esto sólo puede tener éxito si se conoce este camino y ellos mismos siguen adelante. Acerca de esto la palabra del apóstol nos indica: «Porque sobretodo os he entregado lo que yo también recibí» (1 Co 15,3). Hoy en día muchos cristianos ya no son conscientes ni siquiera de las enseñanzas básicas de la fe, por lo que existe un peligro creciente de apartarse del camino que lleva a la vida eterna. Pero sigue siendo tarea propia de la Iglesia conducir a las personas a Jesucristo, luz de las naciones (cf. LG 1). En esta situación se plantea la cuestión de la orientación. Según Juan Pablo II, el Catecismo de la Iglesia Católica es una «norma segura para la doctrina de la fe» (Fidei Depositum IV). Fue escrito con el objetivo de fortalecer a los hermanos y hermanas en la fe, cuya fe es ampliamente cuestionada por la «dictadura del relativismo»1.
1. El Dios uno y trino, revelado en Jesucristo
La personificación de la fe de todos los cristianos se encuentra en la confesión de la Santísima Trinidad. Nos hemos convertido en discípulos de Jesús, hijos y amigos de Dios por el bautismo en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo. La diferencia de las tres personas en la unidad divina (254) marca una diferencia fundamental con respecto a otras religiones en la creencia en Dios y en la imagen del hombre. En la confesión a Jesucristo los espíritus se dividen. Él es verdadero Dios y verdadero hombre, engendrado según su naturaleza humana por el Espíritu Santo y nacido de la Virgen María. El Verbo hecho carne, el Hijo de Dios, es el único redentor del mundo (679) y el único mediador entre Dios y los hombres (846). En consecuencia, la Primera Carta de san Juan describe como Anticristo al que niega su divinidad (1 Juan 2,22), ya que Jesucristo, el Hijo de Dios, es desde la eternidad un ser con Dios, su Padre (663). La recaída en antiguas herejías, que veían en Jesucristo sólo a un buen hombre, a un hermano y amigo, a un profeta y a un moralista, debe ser combatida con clara determinación. Él es ante todo el Verbo que estaba con Dios y es Dios, el Hijo del Padre, que asumió nuestra naturaleza humana para redimirnos y que vendrá a juzgar a los vivos y a los muertos. Lo adoramos sólo a Él como el único y verdadero Dios en unidad con el Padre y el Espíritu Santo (691).
2. La Iglesia

lunes, 12 de junio de 2017

Profesión de fe Mariana - Lo que los católicos creemos de la Virgen hecho oración

PROFESION DE FE MARIANA



Admito sin ningún género de duda que María fue escogida, desde toda la eternidad, por pura predilección divina, Madre del Redentor del género humano.

Creo, cerno verdad de fe divina y católica solemnemente definida, que María, en el primer instante de su concepción, fue preservada inmune de toda mancha de culpa original, por singular privilegio de Dios, en atención a los merecimientos de Cristo Redentor.

Admito y defiendo, consiguientemente, que las pasiones no se dieron en María como en nosotros, sino como en Cristo, por singular privilegio divino.

Creo, como verdad definida, que María, por especial privilegio de Dios, no cometió en toda su vida un solo pecado venial.

Creo que María es "la llena de gracia"; tengo por cierto que su gracia inicial fue mayor que la final de cualquier hombre o ángel; me adhiero gustoso al sentir de los que defienden que su gracia inicial fue mayor que la final de todos los ángeles y hombres juntos; tengo por cosa obvia que, no obstante tal plenitud de gracia, fue María aumentándola de día en día por varios conceptos.

Admito como teológicamente cierto que María hizo voto de virginidad; que, eso no obstante, fue verdadera esposa de José, resultando de ahí una cosa sin par, un matrimonio virginal, que recibió al mismo Verbo encarnado bajado del cielo, con sumo decoro lo introdujo en el mundo y fidelísimamente le atendió en todas las cosas de la vida.

Creo y confieso, como dogma de fe divina y católica, que María es verdadera y propiamente Madre de Dios; que a dicha maternidad prestó Ella su libre consentimiento; que su maternidad es plenamente virginal, es decir, que la concepción de Cristo fue virginal, que su alumbramiento fue asimismo virginal, que no sufrió menoscabo alguno en su integridad corporal después del nacimiento de Cristo.

lunes, 23 de enero de 2017

La intolerancia doctrinal - Cardenal Pie

LA INTOLERANCIA DOCTRINAL

(Sermón predicado por el Cardenal Pie en la Catedral de Chartres, publicado en “Obras Sacerdotales del Cardenal Pie”, editorial religiosa H. Oudin, 1901, Tomo I pág. 356-377)
“Unus Dominus, una fides, unum baptista” "No hay más que un solo Señor, una sola fe, un solo bautismo" (San Pablo a los Efesios, IV, 5)
 Un sabio ha dicho que las acciones del hombre son las hijas de su pensamiento, y nosotros mismos hemos comprobado que tanto los bienes como los males de una sociedad son fruto de los principios buenos o malos que ella profesa. La verdad en el espíritu y la virtud en el corazón son dos cosas que se corresponden casi puntualmente: cuando el espíritu se ha entregado al demonio de la mentira, el corazón — no obstante que el desorden no haya comenzado por él — está muy cerca de abandonarse al demonio del vicio. La inteligencia y la voluntad son dos hermanas, entre las cuales la seducción es contagiosa: si ven que la primera se ha abandonado al error, corren un velo sobre la honra de la segunda.
Y porque esto es así, mis hermanos, porque no existe ningún daño, ninguna lesión en el orden intelectual que no tenga consecuencias funestas en el orden moral y aún en el orden material, es que concedemos importancia a combatir el mal en su origen, a secarlo en su fuente, esto es, en sus ideas. Mil prejuicios se han popularizado entre nosotros: el sofisma, asombrado de sentirse atacar, invoca la prescripción; la paradoja se vanagloria de haber adquirido carta de nacionalidad y derechos de ciudadanía. Los mismos cristianos, viviendo en medio de esta atmósfera impura, no han evitado totalmente su contagio: aceptan demasiado fácilmente muchos de los errores.
Fatigados de resistir en los puntos esenciales, a menudo cansados de luchar, ceden en otros puntos que les parecen menos importantes, y no advierten nunca — a veces porque no quieren percatarse — hasta dónde podrán ser llevados por su imprudente debilidad. Entre esta confusión de ideas y de falsas opiniones nos toca a nosotros, sacerdotes de la incorruptible verdad, salir al paso y censurar con la acción y la palabra, satisfechos si la rígida inflexibilidad de nuestra enseñanza puede detener el desborde de la mentira, destronar principios erróneos que reinan orgullosamente en las inteligencias, corregir axiomas funestos admitidos ya por la convalidación del tiempo, esclarecer finalmente y purificar una sociedad que amenaza hundirse, que envejece en un caos de tinieblas y de desórdenes, donde no será ya posible distinguir la índole y, menos aún, el remedio de sus males.
 Nuestra época grita: “¡Tolerancia! ¡Tolerancia!" Se admite que un sacerdote debe ser tolerante, que la religión debe ser tolerante. Mis hermanos: en primer lugar, nada iguala a la franqueza, y yo vengo a decirles sin rodeos que no existe en el mundo más que una sola sociedad que posee la verdad, y que esta sociedad debe ser necesariamente intolerante. Pero antes de entrar en materia, y para entendernos bien, distingamos las cosas, determinemos el sentido de las palabras y no confundamos nada.

viernes, 18 de julio de 2014

Dios y sus perfecciones - La fe explicada (2)

PARTE I: EL CREDO

CAPÍTULO II: DIOS Y SUS PERFECCIONES

 

¿Quién es Dios? Una vez leí que un catequista pretendía haber perdido la fe cuando un niño le preguntó: «¿Quién hizo a Dios»? y súbitamente se dio cuenta que no tenía respuesta que darle.

Cuesta creerlo, porque me parece que alguien con suficiente talento para enseñar en una catequesis tendría que saber que la respuesta es «Nadie».

La prueba principal de la existencia de Dios yace en el hecho de que nada sucede a no ser que algo lo cause. Los bizcochos no desaparecen del envase a no ser que los dedos de alguien se los lleven. Un nogal no brota del suelo si antes no cayó allí una nuez. Los filósofos enuncian este principio diciendo que «cada efecto debe tener una causa».

Así, si nos remontamos a los orígenes de la evolución del universo físico (un millón de años, o un billón, o lo que los científicos quieran), llegaremos al fin a un punto en que nos tendremos que preguntar: «Estupendo, pero ¿quién lo puso en marcha? Alguien tuvo que echar a andar las cosas o no habría universo. De la nada, nada viene.» Los bebés vienen de sus papás, y las flores de semillas, pero tiene que haber un punto de partida. Ha de haber alguien no hecho por otro, ha de haber alguien que haya existido siempre, alguien que no tuvo comienzo. Ha de haber alguien con poder e inteligencia sin límites, cuya propia naturaleza sea existir.

Ese alguien existe, y ese Alguien es exactamente Aquel a quien llamamos Dios. Dios es el que existe por naturaleza propia. La única descripción exacta que podemos dar de Dios es decir que es «el que es». Por eso, la respuesta al niño preguntón es sencillamente: «Nadie hizo a Dios. Dios ha existido siempre y siempre existirá.» Expresamos el concepto de Dios, el que sea el origen de todo ser, por encima y más allá de todo lo que existe, diciendo que es el Ser Supremo. De ahí se sigue que no puede haber más que un Dios. Hablar de dos (o más) seres supremos sería una contradicción.

La misma palabra «supremo» significa «por encima de los demás». Si hubiera dos dioses igualmente poderosos, uno al lado del otro, ninguno de ellos sería supremo. Ninguno tendría el infinito poder que Dios debe tener por naturaleza. El «infinito» poder de uno anularía el «infinito» poder del otro. Cada uno sería limitado por el otro. Como dice San Atanasio: «Hablar de varios dioses igualmente omnipotentes es como hablar de varios dioses igualmente impotentes.» Hay un solo Dios y es Espíritu Para entenderlo tenemos que saber que los filósofos distinguen dos clases de sustancias: espirituales y físicas. Una sustancia física es la hecha de partes. El aire que respiramos, por ejemplo, está compuesto de nitrógeno y oxígeno. Estos, a su vez, de moléculas, y las moléculas de átomos, y los átomos de neutrones, protones y electrones. Cada trocito del universo material está hecho de sustancias físicas. Las sustancias físicas llevan en sí los elementos de su propia disolución, ya que sus partes pueden separarse por corrupción o destrucción.

jueves, 10 de julio de 2014

El fin de la existencia del hombre - La fe explicada (1)

 
PARTE I: EL CREDO
CAPÍTULO PRIMERO:
EL FIN DE LA EXISTENCIA DEL HOMBRE 

¿Por qué estoy aquí? ¿Es el hombre un mero accidente biológico? ¿Es el género humano una simple etapa en un proceso evolutivo, ciego y sin sentido? ¿Es esta vida humana nada más que un destello entre la larga oscuridad que precede a la concepción y la oscuridad eterna que seguirá a la tumba? ¿Soy yo apenas una mota insignificante en el universo, lanzada al ser por el poder creador de un Dios indiferente, como la cáscara que se arroja sin pensar por encima del hombro? ¿Tiene la vida alguna finalidad, algún plan, algún propósito? ¿De dónde, en fin, vengo? ¿Y por qué estoy aquí? Estas cuestiones son las que cualquier persona normal se plantea en cuanto alcanza edad suficiente para pensar con cierta sensatez. El Catecismo de la Doctrina Cristiana es, pues, sumamente lógico cuando nos propone como pregunta inicial: «¿Quién nos ha creado?», pregunta a la que, una vez respondida, sigue inmediatamente esta otra: «¿Quién es Dios?». Pero, por el momento, me parece mejor retrasar el extendernos en estas dos preguntas y comenzar, más bien, con la consideración de una tercera. Es igualmente básica, igualmente urgente, y nos ofrece un mejor punto de partida. La pregunta es: «¿Para qué nos hizo Dios?».

Hay dos modos de responder a esa pregunta, según la consideremos desde el punto de vista de Dios o del nuestro. Viéndola desde el punto de vista de Dios, la respuesta es: «Dios nos hizo para mostrar su bondad». Dado que Dios es un Ser infinitamente perfecto, la principal razón por la que hace algo debe ser una razón infinitamente perfecta. Pero sólo hay una razón infinitamente perfecta para hacer algo, y es hacerlo por Dios. Por ello, sería indigno de Dios, contrario a su infinita perfección, si hiciera alguna cosa por una razón inferior a Sí mismo.

Quizá lo veamos mejor si nos lo aplicamos a nosotros. Aun para nosotros, la mayor y mejor razón para hacer algo es hacerlo por Dios. Si lo hago por otro ser humano -aun algo noble, como alimentar al hambriento-, y lo hago especialmente por esa razón, sin referirme a Dios de alguna manera, estoy haciendo una cosa imperfecta. No es una cosa mala, pero sí menos perfecta. Esto sería así aun si lo hiciera por un ángel o por la Santísima Virgen misma, prescindiendo de Dios. No hay motivo mayor para hacer algo que hacerlo por Dios. Y esto es cierto tanto para lo que Dios hace como para lo que hacemos nosotros.(La primera razón, pues -la gran razón por la que Dios hizo al universo y a nosotros-, fue para su propia gloria, para mostrar su poder y bondad infinitos. Su infinito poder se muestra por el hecho de que existimos. Su infinita bondad por el hecho de que quiere hacernos partícipes de su amor y felicidad. Y si nos pareciera que Dios es egoísta por hacer las cosas para su propio honor y gloria, es porque no podemos evitar pensarle en términos humanos. Pensamos en Dios como si fuera una criatura igual que nosotros.

Pero el hecho es que no hay nada o nadie que merezca más ser objeto del pensamiento de Dios o de su amor que Dios mismo.

Sin embargo, cuando decimos que Dios hizo al universo (y a nosotros) para su mayor gloria, no queremos decir, por supuesto, que Dios la necesitara de algún modo. La gloria que dan a Dios las obras de su creación es la que llamamos «gloria extrínseca». Es algo fuera de Dios, que no le añade nada. Es muy parecido al artista que tiene gran talento para la pintura y la mente llena de bellas imágenes. Si el artista pone algunas de ellas sobre un lienzo para que la gente las vea y admire, esto no añade nada al artista mismo. No lo hace mejor o más maravilloso de lo que era.

Así, Dios nos hizo primordialmente para su honor y gloria. De aquí que nuestra primera respuesta a la pregunta «¿Para qué nos hizo Dios?» sea: «para mostrar su bondad».

Pero la principal manera de demostrar la bondad de Dios se basa en el hecho de habernos creado con un alma espiritual e inmortal, capaz de participar de su propia felicidad. Aun en los asuntos humanos sentimos que la bondad de una persona se muestra por la generosidad con que comparte su persona y sus posesiones con otros.

miércoles, 13 de noviembre de 2013

La resurrección de los muertos y la vida eterna

1 LA RESURRECCION DE LOS MUERTOS

1.1 El hecho de la Resurrección

El artículo del Credo: "... espero la resurrección de los muertos y la vida del mundo futuro", nos enseña que al fin del mundo los hombres resucitarán, esto es, que el alma de cada hombre volverá a juntarse con el cuerpo que tuvo en la tierra, para no separarse ya de él. Enseña también la existencia de una vida futura distinta a la presente.

Se trata de una resurrección de la carne, porque son los cuerpos los que vuelven a la vida, ya que el alma ni ha muerto, ni puede morir.

Es posible que se junten los átomos dispersos de los cuerpos por la virtud omnipotente de Dios. Dios, en efecto, no tendrá más dificultad en reunirlos, que la que tuvo en sacarlos de la nada.

 
Que los muertos resucitarán es una verdad de fe, no alcanzable con el sólo esfuerzo racional. Consta:

a)                   Por el testimonio de la Escritura. Así, dice San Juan: "Todos los que están en los sepulcros oirán la voz del Hijo de Dios, y resucitarán, los que obraron el bien para la vida eterna; y los que obraron el mal para ser condenados" (5, 28, 29).

b)                   Por la enseñanza de la Iglesia en los Concilios y en los Símbolos (cfr. Dz. 1 ss, 40, 287, 464, 531,etc.).

Dios ha dispuesto la resurrección de la carne para que el cuerpo participe del premio o castigo del alma, como participante que fue de su virtud o de sus pecados.

viernes, 1 de noviembre de 2013

Lo que sí celebramos el día de Todos los Santos, que no Halloween -Mons. Braulio Rodríguez Plaza

Homilía íntegra del arzobispo de Toledo, Braulio Rodríguez Plaza, en la catedral primada, viernes 1 de noviembre de 2013, solemnidad de Todos los Santos:

Ayer, jueves, tuvo lugar la más popular de las fiestas paganas: Halloween. Nosotros no celebramos esa fiesta pagana. Al contrario de nuestras grandes fiestas (Pascua y Navidad), en Halloween no hay Misa de Haloween en la medianoche. No hay mensaje papal disfrazado de Pokemon; tampoco está lleno de buenos sentimientos. No se celebra el amor y la paz. ¡Se asusta, se da miedo, eso es todo! No se invita a la familia. Los visitantes son no importa quién. Llaman a la puerta, pero no se les hace entrar. Se va y no se sabe quién es.

No hay regalos que ofrecer. “Adiós, adiós” es la interacción. Una fiesta que la visita no entra en casa. Alguno demasiado individualista dirá: “¡Qué buen invento! Por eso tal vez Halloween gana de año en año en popularidad. Una fiesta sin sacrificio, sin sermón, sin Misa, fiesta de un solo día. Da lo mismo ser ateo que creyente para celebrarla. No hay Dios; hay justamente muertos. Una mascarada. Tal vez, como fiesta laica, pidan algunos que sea fiesta.

La palabra Halloween es la contracción en inglés de All Hallows Eve, que significa, eso sí, la víspera de Todos los Santos, pero con esta fiesta se busca alejarse de la religión, de la fe. Nosotros no celebramos el 1 de noviembre Halloween. Celebramos a todos aquellos que siguieron a Jesucristo, la deslumbrante fiesta de Todos los Santos y, mañana, la Conmemoración de todos los fieles difuntos. La primera desborda de luz, alegría y esperanza por esa “muchedumbre inmensa, que nadie podría contar, de toda nación, raza, pueblos y lenguas, de pie delante del trono y del Cordero, con vestiduras blancas y palmas en sus manos” (Ap 6,9).

miércoles, 30 de octubre de 2013

La comunión de los santos, una realidad muy bella de nuestra fe - Papa Francisco

PAPA FRANCISCO
AUDIENCIA GENERAL
30 de octubre de 2013

Queridos hermanos y hermanas, ¡buenos días!

Hoy me gustaría hablar de una realidad muy bella de nuestra fe, es decir, la comunión de los santos. El Catecismo de la Iglesia Católica nos recuerda que este término hace referencia a dos realidades: la comunión en las cosas santas, y la comunión entre las personas santas (núm. 948). Me centro en el segundo significado: es una verdad entre las más reconfortantes de nuestra fe, porque nos recuerda que no estamos solos sino que hay una comunión de vida entre todos los que pertenecen a Cristo. Una comunión que nace de la fe; de hecho el término "santos" se refiere a aquellos que creen en el Señor Jesús, y se incorporan a Él en la Iglesia a través del bautismo. Por eso, los primeros cristianos fueron llamados también "los santos" (cf. Hch. 9,13.32.41; Rm. 8,27; 1 Cor. 6,1).

1 . El Evangelio de Juan dice que, antes de su pasión, Jesús oró al Padre por la comunión entre los discípulos con estas palabras: "Para que todos sean uno, como tú, Padre, en mí y yo en ti, que ellos también sean uno en nosotros, para que el mundo crea que tú me has enviado" (17,21). La Iglesia, en su verdad más profunda, es comunión con Dios, familiaridad con Dios, una comunión de amor con Cristo y con el Padre en el Espíritu Santo, que se prolonga en una comunión fraterna. Esta relación entre Jesús y el Padre es la "matriz" de la unión entre nosotros los cristianos: si estamos íntimamente inseridos en esta "matriz", en este horno ardiente de amor, entonces podemos llegar a ser realmente un solo corazón y una sola alma entre nosotros, porque el amor de Dios incinera nuestro egoísmo, nuestros prejuicios, nuestras divisiones internas y externas. El amor de Dios también incinera nuestros pecados.

jueves, 10 de octubre de 2013

La comunión de los santos


         1 Triple estado de la Iglesia

Podemos distinguir tres estados en la Iglesia: la Iglesia militante, la triunfante y la purgante, que comprende respectivamente los fieles de la tierra, del cielo y del purgatorio.

La Iglesia del cielo se llama triunfante, porque en ella ya se triunfa; la de la tierra, militante, porque en ella aún se combate y la del purgatorio, purgante, porque en ella purgan las almas las penas debidas por sus pecados.

Los condenados no forman parte de la Iglesia, pues ni ésta tiene poder sobre ellos, ni ellos pueden obtener el fin que la Iglesia se propone: la salvación.

Es de fe que entre estas diferentes partes de la Iglesia hay una comunicación de bienes, que se llama comunión de los santos.
Comunión aquí significa comunicación. Se llama de los santos, porque los miembros del cielo ya están en posesión de Dios, los del purgatorio están en camino seguro de esa posesión; y los de la tierra han sido santificados con el bautismo y son llamados a la santidad necesaria para llegar a ella.

Esta comunicación de bienes puede verificarse, porque todos los fieles de los tres estados de la Iglesia somos miembros de un mismo cuerpo Místico, cuya cabeza es Cristo.

miércoles, 10 de julio de 2013

Resurrección, Ascensión y Segunda Venida de Jesús

     El milagro de la resurrección es el más importante que obró Jesucristo, la prueba más clara de su divinidad, y el principal fundamento de nuestra fe.

1 DESCENSO DE CRISTO A LOS INFIERNOS
     Las palabras "bajó a los infiernos" que recitábamos en el Credo significan que el alma de Cristo, separada de su cuerpo, bajó al lugar donde los justos del Antiguo Testamento esperaban la Redención.
     La palabra "infiernos" significa los lugares inferiores. Estos son tres: a) El infierno propiamente dicho, o lugar de los condenados; b) El purgatorio, donde se purifican las almas; y c) El llamado seno de Abraham, donde los justos del Antiguo Testamento esperaban la Redención. A este lugar nos referimos ahora.
Estas almas se hallaban detenidas allí porque el cielo estaba cerrado con el pecado; y nadie podía entrar en él antes de que Cristo lo abriera, con su muerte. Y aunque no experimentaban sufrimiento alguno, era ,muy grande su deseo de ver a Dios.
     Jesucristo descendió ahí para consolar estas almas justas, hacerles saber que el misterio de la Redención se había realizado, y que pronto irían con El al cielo.

martes, 18 de junio de 2013

Jesucristo Verdadero Dios y Verdadero Hombre - La unión hipostática

El misterio de la Encarnación nos enseña que la Segunda Persona de la Santísima Trinidad, o sea el Hijo, se encarnó y se hizo hombre en las purísimas entrañas de la Virgen María.
1 EL MISTERIO DE LA ENCARNACIÓN: CRISTO ES PERFECTO DIOS Y PERFECTO HOMBRE
1.1 Enunciación del Misterio
Encarnar significa hacerse carne, esto es, hacerse hombre. Cuando decimos que el Hijo de Dios se encarnó, queremos expresar que se hizo hombre, tomando un cuerpo y un alma como los nuestros.
Cristo es pues, Dios y hombre verdadero. Hay en El dos naturalezas, la divina y la humana, cuya unión forma una sola persona que es la divina.
1.2 Errores. Defensa de los Concilios de Nicea, Efeso y Calcedonia
Hay tres clases de errores sobre este misterio: unos niegan en Cristo la naturaleza divina; otros la naturaleza humana; y otros, en fin, yerran sobre el modo como se unieron ambas naturalezas.
lo. De los que niegan a Cristo su naturaleza divina el principal es Arrio (S.IV). Niega que Jesucristo sea Dios. Afirma que es una criatura perfectísima ; pero no admite que sea de una misma Naturaleza o Substancia con el Padre. Fue solemnemente condenado por el Concilio de Nicea (a. 325), el cual definió que el Hijo es consubstancial al Padre.
Muchos protestantes de nuestros días niegan también la divinidad de Cristo (Bultmann, Bonhoffer, etc.).

lunes, 17 de junio de 2013

Hablar del infierno es un acto de caridad - Mons. Rogelio Livieres

Existe un tema que debe interpelarnos fuertemente, tanto a los consagrados como a los laicos, y es el silenciamiento sistemático de una verdad fundamental de nuestra fe: la existencia del infierno.
No podemos justificar nuestro silencio sobre este tema tan importante diciendo que es una verdad por todos aceptada o recurriendo a lo absurdo: «el infierno espanta a la gente, por eso, es mejor no hablar de él». No podemos separar la misericordia de Dios de su inexorable justicia, porque sería engañarle al pueblo que nos fuera confiado por Nuestro Señor, y al mismo tiempo, estaríamos negando en la práctica esta verdad de fe por medio del constante y sistemático silenciamiento.
Vale la afirmación, «una verdad silenciada durante mucho tiempo termina siendo negada en la práctica». Y es un imperativo moral hablar sobre este tema, no para asustar y obligar a las personas a tener temor de Dios, sino porque su omisión consiste en cierto modo en una falta de caridad hacia los hombres. No decir la verdad, en este punto, es no amar a los hombres. En positivo, hablar del infierno es un acto de amor hacia los hombres.

martes, 28 de mayo de 2013

La creación - Dios Creador

La Creación

Luego de haber hablado de la vida íntima de Dios -actividad ab intra-, trataremos ahora de la primera de las actividades ad extra de Dios: la Creación.
1 TODO EL UNIVERSO HA SIDO CREADO POR DIOS
1.1 Noción: creación "ex nihilo"
Por creación se entiende la acción de Dios mediante la cual da la existencia a los seres, sacándolos de la nada.
   lo. Es acción de Dios. Acción de su actividad externa, ya que tiene por objeto las criaturas, y no El mismo.
La creación es, pues, obra de las tres divinas Personas, aunque en la Sagrada Escritura suele atribuirse al Padre, porque en ella luce de modo especial el poder de Dios. Por eso decimos en el Credo: "Creo en Dios Padre Todopoderoso Creador del cielo y de la tierra".
   2o. Mediante la cual da la existencia a los seres. En efecto, todos han sido creados por El, y por eso se llaman criaturas.
En el lenguaje de la Sagrada Escritura "Creador del cielo y de la tierra" significa, pues, Creador de todos los seres, tanto espirituales corno materiales.
   3o. Sacándolos de la nada. Sacar un ser de la nada significa producir un ser que antes no existía de ninguna manera, ni como tal, ni en materia alguna anterior.
Al fabricar un escultor una estatua, no la crea, pues aunque no existía como tal, existía la materia de que la formó; por ejemplo, la madera o el mármol. Dios, por el contrario, sí crea a los seres, pues no los formó de materia alguna anterior, ya que fuera de Dios nada existía.
Es importante percatarse que la nada no es un ser positivo, como un lugar de donde Dios saca los seres. Por el contrario la palabra "nada" se opone a "algo", y denota que antes de la creación no existía algo preexistente, de donde pudiera formar los seres.

sábado, 25 de mayo de 2013

Santísima Trinidad - San Agustín

 

LIBRO I
En que fe prueba, al tenor de las Escrituras sagradas, la unidad e igualdad de la Trinidad soberana y se resuelven ciertas dificultades contra la igualdad del Hijo.

CAPITULO I
Escribe contra aquellos que, abusando de la razón, calumnian la doctrina de la Trinidad. El error de los que polemizan acerca de Dios proviene de una triple causa. La escritura divina, dejadas a un lado las interpretaciones falsas, nos eleva gradualmente a las cosas de Dios. Inmortalidad verdadera. Por la fe somos nutridos y nos hacemos aptos para entender lo divino.
1. Ante todo, conviene advertir al futuro lector de este mí tratado sobre la Trinidad que mi pluma está vigilante contra las calumnias de aquellos que, despreciando el principio de la fe, se dejan engañar por un prematuro y perverso amor a la razón. Ensayan unos aplicar a las sustancias incorpóreas y espirituales las nociones de las cosas materiales adquiridas mediante la experiencia de los sentidos corpóreos, o bien con la ayuda de la penetración natural del humano ingenio, de la vivacidad del espíritu, o con el auxilio de una disciplina cualquiera, y pretenden sopesar y medir aquéllas por éstas.
Hay quienes razonan de Dios —si esto es razonar—al tenor de la naturaleza o afectos del alma humana y este error los arrastra, cuando de Dios discurren, a sentar atormentados e ilusorios principios. Existe además una tercera raza de hombres que se esfuerzan, es cierto, por elevarse sobre todas las criaturas mudables con la intención de fijar su pupila en la inconmutable sustancia, que es Dios; pero, sobrecargados con el fardo de su mortalidad, aparentan conocer lo que ignoran, y no son capaces de conocer lo que anhelan. Afirmando con audacia presuntuosa sus opiniones, pues se cierran caminos a la inteligencia y prefieren no corregir su doctrina perversa antes que mudar de sentencia.
Y éste es el virus de los tres mencionados errores; es decir, de los que razonan de Dios según la carne, de los que sienten según la criatura espiritual, como lo es el alma, y de los que, equidistantes de lo corpóreo y espiritual, sostienen opiniones sobre la divinidad tanto más absurdas y distanciadas de la verdad cuanto su sentir no se apoya en los sentidos corporales, ni en el espíritu creado, ni en el Creador. El que opina que Dios es blanco o sonrosado se equivoca; con todo, estos accidentes se encuentran en el cuerpo. Nuevamente, quien opina que Dios ahora se recuerda y luego se olvida, u otras cosas a este tenor, yerra sin duda, pero estas cosas se encuentran en el ánimo. Mas quien juzga que Dios es una fuerza dinámica capaz de engendrarse a sí mismo, llega al vértice del error, pues no sólo no es así Dios, pero ni criatura alguna espiritual o corpórea puede engendrar su misma existencia.

martes, 21 de mayo de 2013

El misterio de la Santísima Trinidad

El misterio de la Santísima Trinidad nos enseña que en Dios hay Tres personas: Padre, Hijo y Espíritu Santo; pero que las tres tienen una misma Naturaleza divina, y en consecuencia son un solo Dios.
1 EL MISTERIO DE LA TRINIDAD DE PERSONAS EN LA UNIDAD DE DIOS
1.1 El misterio
"Es necesario que el misterio del Hijo de Dios hecho hombre y el misterio de la Santísima Trinidad,que forman parte de las verdades principales de la Revelación, iluminen con la pureza de la verdad la vida de los cristianos-
(S.C. para la Doctrina de la Fe, Decl. Para defender la fe contra algunos errores actuales acerca de los misterios de la Encarnación y de la Santísima Trinidad, 21-11-1972 AAS 64¨, 1972,1, pp. 237-246, n. 1).
El misterio de la Santísima Trinidad nos enseña que en Dios hay Tres personas: Padre, Hijo y Espíritu Santo; pero que las tres tienen una misma Naturaleza divina, y en consecuencia son un solo Dios. Este misterio es un dogma de fe definido: cfr. Dz. 39, 54, 86, 703, etc.
Las palabras "naturaleza" y "persona", no se toman aquí en el sentido corriente de los términos, sino de acuerdo con el lenguaje filosófico, que es más preciso. La naturaleza o esencia de los seres es aquello que hace que las cosas sean lo que son; el principio que las capacita para actuar como tal (por ejemplo, la naturaleza del hombre es ser animal racional compuesto de alma y cuerpo), La persona, en cambio, es el sujeto que actúa (por ejemplo un hombre concreto con un nombre: Pancho Tiznado Téllez, que actúa de acuerdo a su naturaleza: piensa, quiere, trabaja, etc.). Así es claro que en cada hombre hay una sola naturaleza y una sola persona. En Dios, en cambio, no ocurre así: una sola Naturaleza sustenta a una Trinidad de Personas.

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