Texto íntegro de la conferencia pronunciada el
pasado 20 de enero por el Prefecto de la Congregación para la Doctrina de la
Fe, Mons. Gerhard Ludwig Müller, en el marco de las XII Conversaciones de
Derecho Canónico que organiza la facultad de Derecho Canónico de Valencia,
integrada en la Universidad Católica de Valencia “San Vicente Mártir”
1. El nuevo impulso de la "Evangelii
gaudium". 2. Origen de la unidad en Jesucristo. 3. La Iglesia única en su
misión universal y su concretización local. 4. La unidad de Primado y
Episcopado. 5. Papa y Obispos al servicio de la Iglesia única.
1. El nuevo impulso de la
"Evangelii gaudium"
Al hablar de la Iglesia solo podemos hacerlo con
motivo de la cuestión sobre Dios y el conocimiento de su presencia humana para
el mundo en Jesucristo.
Las guerras civiles y el terrorismo, la pobreza
y la explotación, la situación de los refugiados, las muertes de drogadictos,
el incremento de los suicidios, la adición a la pornografía en un 20% de la
juventud, la crisis de sentido y la desorientación espiritual y moral de
millones de personas, etc., todas estas tragedias globales y cotidianas hacen
que sobrevenga a la Iglesia de Dios la tarea trascendental de dar nuevamente
esperanza a la humanidad.
Pero la Iglesia no es la Luz, ella sola puede
dar testimonio de la Luz que ilumina a cada hombre, es decir, un testimonio de
Jesús, el Hijo de Dios y Redentor de todos los hombres. En este conocimiento de
Dios, se decide si el ser humano es consciente de su vocación divina y si tiene
un futuro en este mundo y más allá de él.
Una Iglesia que solo girase en torno a los
propios problemas estructurales, sería espantosamente anacrónica y ajena al
mundo, pues en su ser y misión, no es otra cosa que la Iglesia del Dios
trinitario, origen y destino de cada hombre y de todo el universo.
Un reajuste de independencia y colaboración de
las Iglesias locales, de la colegialidad episcopal y del Primado del Papa nos
permitirá no perder de vista la exigencia trascendental de la cuestión sobre
Dios. El Papa Francisco, en su Exhortación Apostólica "Evangelii
gaudium", habla de una saludable “descentralización”. La vida de la
Iglesia no puede concentrarse de tal forma en el Papa y su Curia, como si en
las parroquias, comunidades y diócesis tuviera lugar sólo algo secundario. Papa
y Obispos se remiten más bien a Cristo, el único que da esperanza a los seres
humanos.
El Papa no puede ni debe abarcar centralmente
desde Roma las diversas condiciones de vida que se le presentan a la Iglesia en
las distintas naciones y culturas, ni resolver por sí mismo los problemas de
cada lugar. Una centralización exagerada de la administración no ayudaría a la
Iglesia sino que más bien impediría su dinámica misional (EG 32). Por eso un
ejercicio reformado del Primado también pertenece a la nueva evangelización,
tema del último Sínodo de los Obispos (7-28/10/2012). Este ejercicio incumbe a
las estructuras de la dirección universal de la Iglesia, concretamente, a los
Dicasterios de la Curia Romana, de los que el Papa se sirve en el ejercicio de
la Potestad suprema, plena e inmediata, sobre toda la Iglesia. Éstos, “en
consecuencia, realizan su labor en su nombre y bajo su autoridad, para bien de
las Iglesias y servicio de los sagrados pastores” (CD 9).
En este contexto de la nueva evangelización,
también los Obispos, los Sínodos y las Conferencias Episcopales deben ejercer
una mayor responsabilidad que incluya “una cierta competencia magisterial”,
pues ésta les corresponde por la consagración y la misión canónica, y no sólo
por una habilitación Papal especial: “Los Obispos, cuando enseñan en comunión
con el Romano Pontífice, deben ser respetados por todos como testigos de la
verdad divina y católica” (LG 25).