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viernes, 25 de abril de 2025

Oración por la elección del Papa

 


Dios y Pastor eterno,

que gobiernas y proteges siempre a tu Iglesia

concédele , en tu infinita bondad,

un pastor que te agrade por su santidad

y que nos guíe y acompañe con paternal solicitud.

Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo,
que vive y reina contigo en la unidad del Espíritu Santo
y es Dios por los siglos de los siglos. Amén.

(Misal Romano Edición Argentina)

miércoles, 14 de febrero de 2024

Con estas cenizas Señor - Canción para el miércoles de cenizas



 

Con estas cenizas, Señor

 

Con estas cenizas, Señor
Renunciamos al pecado
Con estas cenizas, Señor
Nos acercamos a Ti

 

Hoy comenzamos Señor,

Un camino penitente

 

Con estas cenizas, Señor
Renunciamos al pecado
Con estas cenizas, Señor
Nos acercamos a Ti

 

Arrepentidos, Señor
Caminamos hacia Ti

domingo, 18 de octubre de 2020

La liturgia, ¿culto de Dios o del hombre? - Mons. Héctor Aguer

 La liturgia, ¿culto de Dios o del hombre?

Mons. Héctor Aguer

El primer documento aprobado por el Concilio Vaticano II fue la Constitución Sacrosanctum Concilium, sobre la sagrada liturgia; fue promulgada el 4 de diciembre de 1963, cuando concluía la segunda etapa de la gran asamblea, con 2.147 votos favorables, 4 contrarios, y 1 nulo. Prácticamente, por unanimidad. ¿Por qué, entonces, surgieron en el posconcilio tantas divisiones, incluso una dolorosa situación que ha sido considerada cismática? El Concilio se proponía «la reforma y el fomento de la liturgia» (n. 1). Así se lee en la traducción castellana. Por reforma se ha vertido el original instauratio. En las obras de Cicerón, este sustantivo significa instauración, renovación, repetición; el verbo instaurare equivale a establecer sólidamente, instaurar, renovar. Según el diccionario de la Real Academia Española (RAE), son sinónimos establecer, fundar, instituir, y el término latino puede significar también, restablecer, restaurar. Este último se define reparar, volver a poner una cosa en el estado o estimación que antes tenía. Reformar, en cambio, es modificar, enmendar, corregir. Podemos concluir, pues, que la traducción de instauratio por reforma no es exacta, se presta a confusión.

         La puesta en práctica de las indicaciones conciliares fue diseñada por un organismo creado por Pablo VI, el Consilium ad Exsequendam Constitutionem de Sacra Liturgia, que presidió Mons. Annibale Bugnini. De allí surgió una profunda reforma de los ritos, especialmente de la Santa Misa; puede decirse que fue creada otra, distinta de la anterior. ¿Era esto necesario? ¿En qué medida se cumplió lo prescrito en el n. 23 de Sacrosanctum Concilium: «No se introduzcan innovaciones si no lo exige una utilidad verdadera y cierta de la Iglesia, y solo después de haber tenido la precaución de que las nuevas formas se desarrollen, por decirlo así, orgánicamente (organice) a partir de las ya existentes»? Se podría discutir sobre este punto. A mi parecer, después de una experiencia de más de medio siglo, no es arriesgado suponer que el resultado pudo haber sido otro, y mejor; no es esta una cuestión de mínima importancia para la vida de la Iglesia. Un solo ejemplo: la multiplicación de plegarias eucarísticas. Ciertamente, no faltan en ellas innegables valores, aunque la dicha multiplicidad puede estar indirectamente sugiriendo que la inventiva podría ser también obra de los celebrantes.

         El insigne teólogo Luis Bouyer ha relatado un episodio significativo. Él era miembro del Consilium; Mons. Bugnini encargó a los integrantes redactar ensayos de cánones, como una especie de ejercicio en el período en que estaban estudiándose las reformas. Cuenta Bouyer que él y Dom Botte, el liturgista miembro también de dicha comisión, en una trattoria del Trastevere compusieron un texto que entregaron a Bugnini; éste lo incluyó entre las cuatro primeras plegarias eucarísticas del nuevo misal: es la Plegaria Eucarística II, la que emplea la mayoría de los sacerdotes, porque es más breve y puede acortar en algunos segundos, o quizá unos pocos minutos la duración de la misa. Nuestro asombro puede compararse al que probablemente experimentaron los autores, cuando vieron su ensayo integrado en el Misal. Pienso que es un texto conciso y bello, pero no figura en él la palabra sacrificio; no me parece exagerado considerar que, con el paso de los años, ha contribuido al oscurecimiento de esa noción en la mente de los católicos.

         Abro el paraguas antes de que llueva. Desde el día de mi ordenación presbiteral, en 1972, siempre celebré la Eucaristía según el rito que ya estaba vigente desde no mucho antes; nunca empleé el que hoy día llamamos «forma extraordinaria del rito romano», providencialmente habilitado por Benedicto XVI mediante su motu proprio Summorum Pontificum. No sabría hacerlo, debería estudiarlo cuidadosamente; conservo un vago recuerdo de mi infancia, como monaguillo.

         En esta nota me propongo confrontar el texto conciliar con la realidad de la praxis litúrgica, teniendo en cuenta lo que sucede en la Argentina, aunque seguramente también en muchos otros países. El menoscabo de la auténtica realidad de la liturgia es un hecho mundial, uno de los signos más graves de la actual crisis de la Iglesia.

         Entre los principios generales, Sacrosanctum Concilium establece: «Que absolutamente nadie (nemo omnino), aunque sea sacerdote, añada (addat), quite (demat) o cambie (mutet) cosa alguna por iniciativa propia en la liturgia» (n. 22 § 3). Esta aspiración, o mejor dicho precepto, no se ha cumplido, ni se cumple. Sin duda, hay muchos sacerdotes que celebran correctamente, pero son muchísimos más aquellos en quienes su propio arbitrio se ha impuesto sobre los términos del rito. De algunas diócesis se puede afirmar que en ellas la liturgia ha quedado devastada. La celebración en aquellos casos no tiene en cuenta lo que la Constitución conciliar recuerda en el n. 26: «Las acciones litúrgicas no son acciones privadas, sino celebraciones de la Iglesia»; esto significa que, por tanto, debe observarse siempre el rito establecido por la misma Iglesia. Falla muchas veces el deber de los pastores, que tienen a su cargo «vigilar para que en la acción litúrgica no sólo se observen las leyes relativas a la celebración válida y lícita, sino también para que los fieles participen en ella consciente, activa y fructuosamente» (SC. 11). A esa participación, sobre todo interior, por la fe y el espíritu de adoración ante el sacrificio eucarístico, se ordena la acción pastoral (SC. 10).

viernes, 2 de octubre de 2020

Los Santos Ángeles custodios - Textos de la Misa propia

 

Antífona de entrada     Dan 3, 58
Ángeles del Señor, bendigan al Señor,
alábenlo y glorifíquenlo eternamente.

Oración colecta
Dios nuestro, en tu admirable providencia
envías a tus santos ángeles para custodiarnos;
concédenos contar siempre con su protección
y gozar eternamente de su compañía.
Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo,
que vive y reina contigo en la unidad del Espíritu Santo,
y es Dios, por los siglos de los siglos.

sábado, 12 de septiembre de 2020

¡Volvemos con alegría a la Eucaristía! - Card. Robert Sarah

 

¡Volvemos con alegría a la Eucaristía!

Carta a los presidentes de las

Conferencias Episcopales de la Iglesia Católica

sobre la celebración de la liturgia

durante y después de la pandemia del COVID 19

 

         La pandemia debida al virus Covid 19 ha producido alteraciones no solo en las dinámicas sociales, familiares, económicas, formativas  y laborales, sino también en la vida de la comunidad cristiana, incluida la dimensión litúrgica. Para impedir el contagio del virus ha sido necesario un rígido distanciamiento social, que ha tenido repercusión sobre un aspecto fundamental de la vida cristiana: “Donde dos o tres están reunidos en mi nombre, allí estoy yo en medio de ellos” (Mt. 18,20); “Perseveraban en la enseñanza de los apóstoles, en la comunión, en la fracción del pan y en las oraciones. Los creyentes vivían todos unidos y tenían un todo en común” (Hch. 2,42.44)

         La dimensión comunitaria tiene un significado teológico: Dios es relación de Personas en la Trinidad Santísima; crea al hombre en la complementariedad relacional entre hombre y mujer porque “no es bueno que el hombre este solo” (Gén. 2,18), se relaciona con el hombre y la mujer y los llama, a su vez, a la relación con Él: como bien intuyó San Agustín, nuestro corazón está inquiero hasta que encuentra a Dios y descansa e Él (cf. Confesiones, 1,1). El Señor Jesús inició su ministerio público llamando a un grupo de discípulos para que compartieran con Él la vida y el anuncio del Reino; de este pequeño rebaño nace la Iglesia. Para describir la vida eterna, la Escritura usa la imagen de una ciudad; la Jerusalén del cielo (cf. Ap. 21); una ciudad es una comunidad de personas que comparten valores, realidades humanas y espirituales fundamentales, lugares, tiempos y actividades organizadas, que concurren en la construcción del bien común. Mientras los paganos construían templos dedicados a la divinidad, a los que las personas no tenían acceso, los cristianos, apenas gozaron de la libertad de culto, rápidamente edificaron lugares que fueran domus Dei, el Domus eclesiae, donde los fieles pudieran reconocerse como comunidad de Dios, pueblo convocado para el culto y constituido en asamblea santa. Por eso, Dios puede proclamar: “Yo seré vuestro Dios y tú serás mi pueblo” (cf. Éx. 6,7; Dt. 14,2). El Señor se mantiene fiel a su Alianza (cf. Dt7,9) e Israel se convierte, por tanto, en Morada de Dios, lugar santo de su presencia en el mundo (cf. Éx 29,45; Lev. 26,11-12). Por eso, la casa del Señor supone la presencia de familia de los hijos de Dios:

lunes, 3 de agosto de 2020

Instrucción «Memoriale Domini» sobre el modo de administrar la comunión - Congregación para el Culto Divino


Instrucción «Memoriale Domini»

Sagrada Congregación para el Culto divino,
sobre el modo de administrar la comunión

y

Carta anexa a la Instrucción Memoriale Domini

San Juan Evangelista dando la comunión a la Virgen - Francisco Ribalta

Al celebrar el memorial del Señor, la Iglesia atestigua por el mismo rito la fe y la adoración de Cristo, que está presente en el sacrificio y se da como alimento a los que participan de la mesa eucarística.

Por eso da mucha importancia a que la Eucaristía sea celebrada y participada del modo más digno y fructuoso, guardando enteramente la tradición que, mediante un cierto desarrollo, llega hasta nosotros y cuyas riquezas han sido infundidas en el uso y en la vida de la Iglesia. Pues los documentos históricos demuestran que el modo de celebrar y de sumir la sagrada Eucaristía ha sido multiforme. También en nuestros tiempos se han introducido en la celebración de la Eucaristía no pocas ni leves modificaciones, en cuanto al rito, para que se acomodase mejor a las necesidades espirituales y psicológicas de los hombres actuales. Y en la misma disciplina que regula el modo con que los fieles participan en el divino Sacramento se ha establecido de nuevo, en ciertas circunstancias, la comunión bajo las dos especies de pan y vino, que en otros tiempos fue común también en el rito latino y poco a poco fue cayendo en desuso. Situación que se hizo general en tiempos del Concilio de Trento, el cual la aprobó con doctrina dogmática y la defendió como apropiada a las condiciones de aquella época. 1


Con las reformas indicadas se han hecho más vivos y transparentes el signo del convite eucarístico y el cumplimiento omnímodo del mandato de Cristo. Pero, al mismo tiempo, la participación más plena de la celebración eucarística, significada por la comunión sacramental, ha suscitado en algunas partes, durante los últimos años, el deseo de volver al uso de depositar el pan eucarístico en la mano de los fieles, para que ellos mismos, comulgando, lo introduzcan en su boca.

Más aún, en algunas comunidades y lugares se ha practicado este rito, sin haber pedido antes la aprobación de la Sede Apostólica, y a veces de manera que les ha faltado a los fieles la oportuna preparación.

Es verdad que, según el uso antiguo en otros tiempos, se permitió a los fieles tomar en la mano este divino alimento y llevarlo a la boca por sí mismos, y también, en tiempo antiquísimo, llevar consigo el Santísimo desde el lugar en que se celebraba el sacrificio, principalmente con el fin de aprovecharse de él como viático en el caso de tener que luchar por la confesión de la fe.

Sin embargo, las normas de la Iglesia y los documentos de los Padres manifiestan con abundancia la máxima reverencia y la prudencia suma con que se trataba a la sagrada Eucaristía. Porque «nadie... come aquella carne sin adorarla antes»2, y, al asumirla, se amonesta a todos: «... tómala, y estate atento para que no se te pierda nada»3: «Porque es el Cuerpo de Cristo.»4

jueves, 30 de julio de 2020

Comunión en la mano: una desobediencia legitimada - Mons. Nicola Bux


Artículo de Mons. Nicola Bux
Publicado en la Brújula Cotidiana


De la Comunión en la mano no se habla en el Concilio ni en la reforma litúrgica. Tiene sus raíces en el Post Concilio y opera en las diócesis rebeldes del norte de Europa. Pablo VI trató de detenerla con la Instrucción Memoriale Domini, que fue creada para prohibirla y concede un indulto sólo a las diócesis rebeldes en caso de que no pudieran detener el abuso. En el primer aniversario de su muerte, la Brújula Cotidiana recuerda a Juan Rodolfo Laise, el obispo que escribió la verdad sobre la comunión en la mano y se opuso a esta práctica contraria a la ley universal de la Iglesia en su diócesis.

Hasta el 26 de abril de 1996, el episcopado argentino fue uno de los pocos en el mundo en continuar con el rechazo de la práctica, introducida a fines de la década de 1960 en abierta oposición a la voluntad de Pablo VI, de distribuir a los fieles la Sagrada Comunión en la mano. Justo ese día, se obtuvieron suficientes votos en la Asamblea de la Conferencia Episcopal Argentina para pedirle a Roma el indulto que permitiría la introducción de esta práctica contraria a la ley universal de la Iglesia.

Roma inmediatamente otorgó este indulto, pero según la ley de la “Instrucción Memoriale Domini, sobre el modo de administrar la Comunión”, que afirmaba claramente que la prohibición de dar la Comunión en la mano tenía que ser universalmente preservada, pero que, allí (y solo allí) donde el uso ya se había introducido de manera abusiva y se había arraigado de tal manera que los obispos de la conferencia episcopal local consideraron que no había más remedio que tolerarlo, “El Santo Padre […] concede que, en el territorio de la Conferencia Episcopal, cada obispo, según su prudencia y conciencia, puede autorizar la introducción del nuevo rito en su diócesis para distribuir la Comunión”.

El entonces obispo de San Luis (Argentina), Juan Rodolfo Laise, juzgó según su prudencia y conciencia que estas circunstancias no se verificaran en su diócesis, por lo tanto, no consideró oportuno hacer uso de este indulto. Esta decisión fue interpretada de inmediato por muchos como una ruptura de la unidad del episcopado e incluso como una “rebelión” contra una disposición litúrgica en vigor a partir de entonces. El obispo de San Luis consultó con los diversos dicasterios romanos competentes que aprobaron su decisión por unanimidad.

miércoles, 1 de julio de 2020

La comunión en tiempos de pandemia. ¿Y después? - Mons. Héctor Aguer


La comunión en tiempos de pandemia. ¿Y después?


El Estado argentino, ejerciendo su genética inclinación al autoritarismo, se atribuye el deber y la facultad de cuidarnos a todos del contagio de la nueva plaga. Ha determinado, entonces, que el culto de Dios y la recepción de los sacramentos no son «actividades esenciales». Permite alguna apertura de los templos, según su apreciación de la situación sanitaria, pero con prohibición de las celebraciones litúrgicas.

Lo peor es que se haya aceptado mansamente esta pretensión totalitaria. Es verdad que, gracias a Dios, algunos sacerdotes hacen uso del sentido común y de la libertad cristiana, con beneplácito de los fieles que se acercan. Los políticos han fingido ignorar el formidable «banderazo» protagonizado por multitudes en todo el país que el 20 de Junio, «Día de la Bandera», enarbolaron la enseña patria y proclamaron su hartazgo con la cuarentena que ya es «noventena», y continuará vete a saber hasta cuándo. Nuestro Himno Nacional canta «Libertad, libertad, libertad», pero los derechos y garantías que asegura nuestra Constitución tienen dudosa vigencia en lo que fue la República Argentina, y ahora se llama «Argentina Presidencia». Nos gobiernan los DNU, «decretos de necesidad y urgencia» del Poder Ejecutivo.

En ese contexto, algunos pastores de la Iglesia han determinado que se debe recibir la Sagrada Comunión en la mano; esto donde los fieles soliciten el sacramento, y los sacerdotes estén dispuestos a cumplir con su elemental obligación pastoral. La cautela parecería razonable, aunque se ha difundido también otra opinión, según la cual habría tanto o más riesgo de contagio comulgando en la mano que en la boca. Por algo se invita hasta el cansancio a lavarnos las manos frecuentemente. Se me ocurre que, en realidad, quizá podría hacerse lo uno o lo otro con igual cuidado y sin peligro. No tengo competencia para dilucidar este asunto, y además mi intención en esta nota se dirige al después, y a recordar cuál es la disciplina vigente en la Iglesia, y el consiguiente derecho de los católicos. Vayamos al grano.

Según la disciplina eclesial se puede recibir la comunión de pie o de rodillas, en la mano o en la boca. Sin embargo, no se puede negar una tendencia, impuesta de hecho, a comulgar de pie. Lo correcto sería disponer un reclinatorio, de manera que quienes desearan conservar la forma tradicional de arrodillarse pudieran hacerlo, dirigiéndose hacia ese lugar en una fila propia. Muchos sacerdotes -lo he comprobado- se resisten a ofrecer esta solución; de ese modo se obliga prácticamente a comulgar de pie, y esta postura entonces se generaliza como si fuera la costumbre debida, la única que corresponde. No tengo nada esencialmente decisivo contra ella, pero sí me parece necesario advertir que quienes la practican no deberían omitir un gesto de reverencia o adoración. San Agustín enseñaba que «no se puede comer este Pan sin antes adorarlo»; sería simplemente la exteriorización, en el orden litúrgico de los signos, de la fe en la presencia sustancial del Señor bajo las especies eucarísticas.

La comunión en la mano, independientemente de la antigüedad del gesto, es una forma que se ha adoptado y difundido en las últimas décadas, después de siglos de vigencia de la praxis oficial en el rito latino, que era comulgar en la boca. Recuerdo haber oído hace tiempo un argumento ridículo en favor de la nueva postura: son los bebés quienes reciben el alimento en la boca; los adultos los tomamos con las manos. Pero se podría emplear otra comparación como contraargumento: tomar con la mano, tener en la mano, indica la posesión de quien se hace dueño de algo, y no podemos decir que es esa la relación de un católico con el Cuerpo del Señor, que se recibe como un don inmerecido. En mi opinión, habría que tener en cuenta otras cautelas.

miércoles, 3 de junio de 2020

La forma de administrar la Eucaristía en tiempos de pandemia - Mons Nicola Bux


En respuesta a un volante distribuido en una iglesia en Milán, Gotti Tedeschi y Mons. Nicola Bux redactaron el siguiente artículo sobre el modo de administrar el Sacramento de la Eucaristía.


Daremos cuenta a Nuestro Señor Jesucristo del escándalo, o del obstáculo que muchísimos ministros sagrados plantean a los fieles, con sus actitudes desacralizantes e incluso sacrílegas hacia el Santísimo Sacramento de la Eucaristía, un síntoma de la grave crisis de fe que estamos atravesando (crisis de fe = falta de reconocimiento de la presencia de Dios en la liturgia, que por ello se llama sagrada).

Cierto, la causa principal es al secularización, determinada sobre todo por clérigos, según Charles Peguy, por el énfasis excesivo en el simbolismo litúrgico, pero aún más por la pérdida del sentido de lo sagrado, siempre a causa de la pérdida de la fe.

De esta crisis hace parte la reducción de la Eucaristía a una expresión de solidaridad humana. Así, en el folleto que se encontró en los bancos de una parroquia milanesa, se afirma que “la comunión en la boca es un hábito que se debe abandonar”, porque si siquiera es “cristiana” y no es sagrada, y también porque no se remontaría al cristianismo primitivo y a los Padres: regresa la herejía arqueologista, por la cual de la antigüedad se toma lo que se quiere y se deja lo que no es conveniente (por ejemplo, la orientación ad Deum de sacerdotes y fieles durante la celebración, de origen apostólico).

jueves, 21 de mayo de 2020

Una sociedad que pierde el sentido de lo sagrado corre el riesgo de regresar a la barbarie. El sentido de grandeza de Dios es el corazón de toda civilización. Card. Robert Sarah


Artículo del Card. Robert Sarah


publicado en Il Foglio

El 7 de mayo de 2020



En muchos países, la práctica del culto cristiano se interrumpió por la pandemia de Covid-19. Los fieles no pueden reunirse en las iglesias, no pueden participar sacramentalmente en el sacrificio eucarístico.

Esta situación es fuente de gran sufrimiento. También es una oportunidad que Dios ofrece para comprender mejor la necesidad y el valor del culto litúrgico. Como cardenal prefecto de la congregación para el Culto divino y la disciplina de los sacramentos, pero sobre todo en comunión profunda en el humilde servicio de Dios y de su Iglesia, deseo ofrecer esta meditación a mis hermanos en el episcopado y en el sacerdocio y al pueblo de Dios para tratar de aprender algunas lecciones de esta situación.

A veces se ha dicho que debido a la epidemia y al confinamiento ordenado por las autoridades civiles, se suspendió el culto público. Esto es incorrecto. El culto público es el culto hecho a Dios por todo el cuerpo místico, la cabeza y los miembros, como lo recuerda el Concilio Vaticano II: “Efectivamente para realizar una obra tan grande, por la que Dios es perfectamente glorificado y los hombres son santificados, Cristo asocia siempre consigo a su amadísima esposa la Iglesia, que invoca a su Señor y Él tributa culto al Padre eterno. Con razón, pues, se considera la liturgia como el ejercicio del sacerdocio de Jesucristo. En ella los signos sensibles significan y cada uno a su manera realizan la santificación del hombre, y así el Cuerpo místico de Jesucristo, es decir, la Cabeza y sus miembros, ejerce el culto público íntegro. En consecuencia, toda celebración litúrgica, por ser obra de Cristo sacerdote y de su Cuerpo, que es la Iglesia, es acción sagrada por excelencia, cuya eficacia, con el mismo título y en el mismo grado, no la iguala ninguna otra acción de la Iglesia” (Sacrosanctum Concilium 7). “Este culto se tributa cuando se ofrece en nombre de la Iglesia por las personas legítimamente designadas y mediante aquellos actos aprobados por la autoridad de la Iglesia” (Código de Derecho Canónico, c 834).

Por lo tanto, cada vez que un sacerdote celebra la misa o la liturgia de las horas, incluso si está solo, ofrece el culto público y oficial de la Iglesia en unión con su Cabeza, Cristo y en nombre de todo el Cuerpo. Para empezar, es necesario recordar esta verdad. [Ello] Nos permitirá disipar mejor algunos errores.

sábado, 21 de marzo de 2020

CELEBRAR Y ORAR EN TIEMPO DE PANDEMIA - Domingo IV de cuaresma - Conferencia Episcopal Argentina


CELEBRAR Y ORAR EN TIEMPO DE PANDEMIA

Celebración familiar para el IV Domingo de Cuaresma
22 de Marzo de 2020
Preparar antes de la celebración:
- Un lugar cómodo que permita el recogimiento y la oración familiar.
- Un pequeño altar con los elementos que a la familia le son significativos: un mantel, una vela encendida, una cruz, la imagen de la Virgen María, etc.
- Una Biblia desde la cual se proclamará el evangelio.

El Señor y la Virgen del Milagro de Salta

Iniciamos la celebración
Ya reunida la familia en torno a la Palabra de Dios, el adulto que guía la celebración (G) comienza diciendo:
G: En el nombre del Padre, y del Hijo y del Espíritu Santo. Amén.

Familia, bendigamos al Señor, que en su bondad nos invita a compartir la mesa de su Palabra.
Todos responden:
Bendito sea Dios, por los siglos.

Y continúa:
Todos nosotros queremos crecer como cristianos y vivir el evangelio, pero no siempre nuestras palabras, sentimientos, obras y pensamientos son buenos. Por eso, reconozcamos ahora la misericordia infinita que en la cruz nos perdonó.

viernes, 20 de marzo de 2020

Normas litúrgicas para la celebración del Triduo Pascual en este año 2020 - Congregación para el culto Divino


Congregación para el Culto Divino
y la Disciplina de los Sacramentos

20 de marzo de 2020


DECRETO
En tiempo de Covid-19

En el difícil tiempo que estamos viviendo a causa de la pandemia del Covid-19, considerando el impedimento para celebrar la liturgia comunitariamente en la iglesia según lo indicado por los obispos para los territorios bajo su jurisdicción, han llegado a esta Congregación peticiones concernientes a las próximas fiestas pascuales. En este sentido, se ofrecen indicaciones generales y algunas sugerencias a los Obispos.

1-   Sobre la fecha de la Pascua. La Pascua, corazón del año litúrgico, no es una fiesta como las demás: celebrada durante tres días, el Triduo Pascual, precedida por la Cuaresma y coronada por Pentecostés, no puede ser trasladada.

2-   La Misa Crismal. El Obispo, valorando el casa concreto en los diversos países, tiene facultad para posponerla a una fecha posterior.


3-   Indicaciones para el Triduo Pascual.

miércoles, 11 de marzo de 2020

El silencio en la iglesia y en la sacristía antes y después de la celebración


OFICINA DE LAS
CELEBRACIONES LITÚRGICAS DEL
SUMO PONTÍFICE

Silencio en la iglesia y en la sacristía
antes y después de la celebración


Desde los orígenes de la Iglesia, hay testimonios que muestran cómo la celebración eucarística requiere necesariamente una preparación previa, no solo del sacerdote celebrante, sino de todas las personas fieles (cf. JA Jungmann, Missarum sollemnia , p. 227). Al respecto, dice Guardini: «En mi opinión, la vida litúrgica comienza con el silencio. Sin ella todo parece inútil y vano [...]. El tema del silencio es muy serio, muy importante y desafortunadamente muy descuidado. El silencio es la primera condición previa para toda acción sagrada "(El testamento de Jesús, p. 33).

La Institutio Generalis Missalis Romani (IGMR) en la editio typica tertia incluye por primera vez en n. 45 una referencia a lo que precede a la celebración: «Incluso antes de la celebración en sí, es bueno observar el silencio en la iglesia, en la sacristía y en el lugar donde se toman las vestimentas y en las habitaciones contiguas, para que todos puedan prepararse devotamente y de la manera correcta para lo sagrado. celebración".

Por lo tanto, es mejor que todos observen el silencio: tanto el celebrante, que en este momento preparatorio debe recordar nuevamente que se pone a disposición de Aquel que "murió por todos, para que aquellos que viven ya no vivan para sí mismos, sino para él". quien murió y resucitó por ellos "( 2 Cor 5:15); Como también los fieles, antes de que comience la celebración, deben prepararse para el encuentro con su Señor. Cristo no los convoca solo para hablarles de su futura pasión, muerte y resurrección; sino que su misterio pascual está realmente presente en la Santa Misa, para que puedan participar en él.

miércoles, 4 de marzo de 2020

El sagrado silencio en la celebración litúrgica


OFICINA PARA 
LAS CELEBRACIONES LITÚRGICAS
DEL SUMO PONTÍFICE

El sagrado silencio en la celebración litúrgica

Por Mons. Nicola Bux


 “Cuando un silencio apacible envolvía todas las cosas … tu Palabra omnipotente se lanzó desde el cielo” (cf. Sab 18,14-15). Así una antífona de la octava de Navidad recuerda, con extraordinaria libertad, cómo en la noche del Éxodo se realizó la liberación del hombre y la emancipación del pecado. Para reconocerle presente en el mundo, es más, en la acción pública que es la liturgia –sagrada precisamente con motivo de la Presencia– es necesario “guardar silencio!, es decir, callar. Es necesario callar para escuchar, como al inicio de un concierto, de lo contrario el culto, es decir, la relación cultivada, profunda con Dios, no puede comenzar, no se Le puede “celebrar”.

Esto es indispensable para rezar: “retírate a tu habitación, cierra la puerta y ora a tu Padre que está en lo secreto”(Mt 6,6). La habitación es el alma, pero también el templo, dicen los Padres. ¿Qué secreto puede ser mantenido sin silencio? El secreto de la conciencia en el que se puede oír la voz de Dios, en la noche silenciosa como para Samuel. Hace falta silencio para que Dios pueda hablar y nosotros escucharle. Por esto vamos a la iglesia, para celebrar el culto divino, sagrado porque desciende del silencio eterno en el tiempo tan ruidoso, para apaciguarlo y orientarlo a lo Eterno. No hay duda de que la posición frontal del sacerdote en el altar hacia el pueblo induce a la distracción suya y de los fieles, desorientando la dirección de la oración: imitemos al Santo Padre que mira al Crucificado.

domingo, 1 de marzo de 2020

¿Te distraes o aburres en misa? Vídeo que puede ayudar para que no vuelva a pasarte


¿Quién no ha sentido alguna vez que se aburría en misa, o que las distracciones ocupaban incesantemente nuestra cabeza? Puede haber muchas explicaciones para ello, pero una de ellas es que a los católicos nos falta en ocasiones conocimiento o perspectiva de lo que sucede en el altar. Este breve vídeo de Religión en Libertad quiere contribuir a que comprendamos mejor en qué consiste ese milagro que sucede cotidianamente en nuestros templos.

domingo, 2 de febrero de 2020

Presentación del Señor Himnos de la liturgia




Oficio de lectura

Criaturas, alegraos,
pues la salud nos llega:
el Redentor del hombre,
Señor de cielo y tierra.

María, toda gracia,
abre a Cristo la puerta:
pasa el Rey, y cerrada
eternamente queda.

La Madre es todo gozo,
el hombre es todo espera,
y Cristo presentado
de gracia al mundo llena.

Honor y gloria a Cristo,
a quien el Padre engendra,
y por el Santo Espíritu
da a luz una doncella. Amén.

Laudes

miércoles, 29 de enero de 2020

El uso de misales y hojas en la Santa Misa


OFICINA PARA
LAS CELEBRACIONES LITÚRGICAS
DEL SUMO PONTÍFICE

El uso de misales y hojas en la Santa Misa


Por Paul Gunter, O.S.B.



El uso de los misales por parte de los fieles laicos, al menos en los principales países europeos, se practica desde hace más de dos siglos. En los países que conocieron persecuciones religiosas, la posesión de tales libros representaba, para los opositores de la fe católica, una prueba suficiente de adhesión al “papismo”.

Entre 1788 y 1792 aparecieron traducciones en italiano de la Misa, tanto del rito ambrosiano como del romano, con el añadido de explicaciones sobre las principales fiestas, contenidas dentro de una guía a la oración para los fieles devotos. Hechos similares tuvieron lugar en Francia y en Alemania y se desarrollaron rápidamente, inspirados por las iniciativas litúrgicas de Prosper Guéranger, en el siglo XIX. El uso de pequeños misales favoreció un apego a la liturgia que introdujo a aquellos que sabían leer en los meandros de la liturgia celebrada en latín. Los misales a menudo incluían los textos de las vísperas del domingo, que se convirtieron en práctica de muchas parroquias especialmente en Francia, en los Países Bajos y en Alemania. Durante el siglo XX, estos subsidios fueron enriquecidos progresivamente con material catequético sobre el año litúrgico, comentarios a la Sagrada Escritura y textos eucológicos.

sábado, 25 de enero de 2020

La conversión de San Pablo Himnos de la Liturgia





Oficio de lectura

¿Quién es este viajero
a quien el Señor acecha en el camino
y con su luz derriba por el suelo?

¿Quién es este violento
al que el Señor elige de entre todos
para mostrar la fuerza de su verbo?

Contra Jesús, se dirigía a Damasco,
y después, por Jesús,
recorrerá la tierra, predicándolo.
Cumplir con la leyera su orgullo;
la gracia del Espíritu después,
timbre de gloria, único.

Para él sólo tendrá significado
conocer a Jesús
y a este Señor Jesús, ¡crucificado!
Compartirá las pruebas del Señor
y así compartirá también la gloria
de la resurrección. Amén.

Laudes

lunes, 20 de enero de 2020

El lenguaje de la celebración litúrgica


OFICINA DE LAS
CELEBRACIONES LITURGICAS DEL
SUMO PONTIFICE

El lenguaje de la celebración litúrgica

Por el P. Uwe Michael Lang, C.O


La lengua no es solo un instrumento que sirve para comunicar hechos, y debe hacerlo de la forma más sencilla y eficiente, sino que es también el medio para expresar nuestra mens de un modo que implica a toda la persona. En consecuencia, la lengua es también el medio en el que se expresan los pensamientos y las experiencias religiosas.

La lengua utilizada en el culto divino, o lo que es lo mismo, la “lengua sacra” no se lleva hasta la glossolalia (cf 1Cor 14) o al místico silencio, excluyendo completamente la comunicación humana, o al menos intenta hacerlo. Con todo, se reduce el elemento de la comprensibilidad en favor de otros elementos, en particular el expresivo. Christine Mohrmann, la gran historiadora del latín de los cristianos, afirma que la lengua sacra es una forma específica de “organizar” la experiencia religiosa. De hecho, Mohrmann sostiene que cata forma de creer en la realidad sobrenatural, en la existencia de un ser trascendente, conduce necesariamente a la adopción de una forma de lengua sacra en el culto, mientras que un laicismo radical lleva a rechazar toda forma de ésta. En este sentido, en cardenal Albert Malcolm Ranjith recordó en una entrevista: “El uso de una lengua sacra es tradición en todo el mundo. En el hinduismo la lengua de oración es el sánscrito, que ya no se usa. En el budismo se usa el Pali, lengua que hoy solo estudian los monjes budistas. En el islam se emplea el árabe del Corán. El uso de una lengua sacra nos ayuda a vivir la sensación del más allá” (La Repubblica, 31 de julio de 2008, p. 42).

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