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viernes, 16 de octubre de 2020

Santa Margarita María de Alacoque, en el umbral de los tiempos modernos, ha sido elegida por la divina Providencia para recordar a toda la Iglesia y al mundo entero la profundidad del amor de Cristo

 


«En todas partes, en la sociedad, en los pueblos, en los barrios, en las fábricas y oficinas, en las encrucijadas entre pueblos y razas, el corazón de piedra, el corazón seco, debe mudarse en corazón de carne, abierto a los hermanos y abierto a Dios. Está en juego la paz. Está en juego la supervivencia de la humanidad. Esto sobrepasa nuestras fuerzas, pues es un don de Dios, un don de su amor» (Juan Pablo II, 5 de octubre de 1986 en Paray-le-Monial). Ese don del amor había sido ya anunciado por el profeta Ezequiel: Y os daré un corazón nuevo, infundiré en vosotros un espíritu nuevo, quitaré de vuestra carne el corazón de piedra y os daré un corazón de carne (Ez 36, 26).

Pero ¿cómo es posible esta transformación tan necesaria para el bien de la humanidad y la salvación de las almas? ¿Cómo penetra el Espíritu Santo en el corazón de los hombres? La respuesta es: por obra de Jesucristo. En el Calvario, el Corazón de Cristo, traspasado por la lanza del soldado, se convierte en fuente de donde el Padre celestial hace descender sobre los hombres la gracia de la conversión y la gracia de la participación en la vida divina.

Santa Margarita María, en el umbral de los tiempos modernos, ha sido elegida por la divina Providencia para recordar a toda la Iglesia y al mundo entero la profundidad del amor de Cristo. Ella «conoció el conmovedor misterio del amor divino. Ella conoció en toda su profundidad las palabras de Ezequiel: os daré un corazón. A lo largo de su vida oculta en Cristo, ella estuvo marcada por el don de ese Corazón que se ofrece sin límite alguno a todos los corazones humanos» (Juan Pablo II, id.).

Santa Margarita María es hija de Filiberta Lamyn y de Claudio Alacoque, juez y notario real en la comarca francesa del Charolais, en Borgoña. El matrimonio tiene ya tres hijos cuando viene al mundo, el 22 de julio de 1647, una niña que será bautizada tres días después con el nombre de Margarita. A la edad de tres o cuatro años, Margarita pasa un largo período en casa de su madrina, la señora de Fautrière, donde oye hablar por primera vez de la vida consagrada a Dios y de los votos religiosos, pues la hija de su madrina, María Benigna de Fautrière es religiosa en el convento de la Visitación de Santa María en Paray-le-Monial. La niña siente continuos deseos de decir y repetir las palabras siguientes: «Dios mío, os consagro mi pureza y hago voto de castidad perpetua». Y un día, la niña pronuncia estas palabras entre las dos elevaciones de la Misa. Esas palabras cobran a sus ojos una importancia tal que, veinte años después, se refiere a ellas como las que han marcado su vida, pues, aunque no haya contraído compromiso alguno ante la Iglesia, siente que Dios la quiere solamente para Él. Más adelante, Jesús le dirá: «Te elegí como esposa; nos prometimos fidelidad cuando hiciste voto de castidad ante mí, que te inspiré antes de que el mundo ocupara un lugar en tu corazón».

Esa consagración precoz puede sorprendernos, pero en ocasiones Nuestro Señor destina a algunas almas para obras excepcionales, revelándoles, incluso a edades muy tempranas, los secretos de su amor. Así ocurrió, por ejemplo, con el profeta Jeremías (cf. Jr 1, 4-10). Semejantes gracias exigen una gran fidelidad hacia Dios por parte del alma que las recibe.

Cuatro años paralítica

Los padres de Margarita mandan a la pequeña al colegio de las clarisas de Charolles, donde demuestra un gran fervor y amor hacia la Santísima Virgen, rezando todos los días el Rosario, con una devoción fuera de lo común. Pero sus estudios se ven interrumpidos por una prolongada enfermedad que la obliga a abandonar el convento de Charolles, sufriendo una parálisis durante cuatro años, en los que permanece en cama. La niña promete entonces a María que se hará religiosa si recobra la salud. Margarita dirá: «Decir el voto y curarme fue todo uno». Aquel milagro suscita en su corazón un nuevo impulso de piedad mariana: «A partir de entonces, nos dice, la Virgen se convirtió en la dueña de mi corazón, considerándome como algo suyo y gobernándome como si estuviera dedicada a ella, corrigiéndome en mis faltas y enseñándome a cumplir la voluntad de Dios».

martes, 30 de junio de 2020

Letanías al Sagrado Corazón meditadas por San Juan Pablo II - 33


SAN JUAN PABLO II
ÁNGELUS

Domingo 12 de noviembre de 1989

 33 -Corazón de Jesús delicia de todos los santos


Amadísimos hermanos y hermanas:

1. La Iglesia se alegra hoy por la glorificación de dos de sus hijos: Inés de Bohemia y Alberto Chmielowski. Estos dos santos se van a añadir a aquella "muchedumbre inmensa" que la liturgia nos ha invitado a contemplar en la reciente solemnidad de Todos los Santos. Ante un espectáculo tan exaltante sube espontáneamente a los labios la invocación de las letanías: "Corazón de Jesús, gozo de todos los santos, ten piedad de nosotros".
De la esperanza al cumplimiento, del deseo a la realización, de la tierra al cielo: este parece ser, amadísimos hermanos y hermanas; el ritmo según el cual suceden las tres últimas invocaciones de las letanías del Sagrado Corazón. Tras las invocaciones "salvación de los que en ti esperan", y "esperanza de los que en ti mueren", las letanías concluyen dirigiéndose al Corazón de Jesús como "gozo de todos los santos". Es ya visión de paraíso: es anotación veloz acerca de la vida del cielo; es palabra breve que abre horizontes infinitos de bienaventuranza eterna.

2. Sobre esta tierra el discípulo de Jesús vive en la espera de alcanzar a su Maestro, en el deseo de contemplar su rostro, en la aspiración ardiente de vivir siempre con él. En el cielo, en cambio, cumplida la espera, el discípulo ya ha entrado en el gozo de su Señor (cf. Mt 25, 21. 23); contempla el rostro de su Maestro, ya no transfigurado durante un solo instante (cf. Mt 17, 2; Mc 9, 2; Lc 9, 28), sino resplandeciente para siempre con el fulgor de la eterna luz (cf. Hb 1, 3); vive con Jesús y de la misma vida de Jesús.
La vida del cielo no es más que la fruición perfecta, indefectible e intensa, del amor de Dios -Padre, Hijo y Espíritu Santo- y no es más que la revelación total del ser íntimo de Cristo, y la comunicación plena de la vida y del amor que brotan de su Corazón. En el cielo los bienaventurados ven satisfecho todo deseo, cumplida toda profecía, aplacada toda sed de felicidad, y colmada toda aspiración.

lunes, 29 de junio de 2020

Letanías al Sagrado Corazón meditadas por San Juan Pablo II - 32


SAN JUAN PABLO II
ÁNGELUS

Domingo 5 de noviembre de 1989

32 -Corazón de Jesús esperanza de los que en Tí mueren



Amadísimos hermanos y hermanas:

1. La reciente conmemoración de todos los fieles difuntos nos invita hoy a contemplar, bajo una luz de fe y de esperanza, la muerte del cristiano, para la que las Letanías del Sagrado Corazón ―objeto de nuestras reflexiones en anteriores encuentros dominicales― nos ponen en los labios la invocación: "Corazón de Jesús, esperanza de los que en ti mueren, ten piedad de nosotros".
La muerte forma parte de la condición humana; es el momento terminal de la fase histórica de la vida. En la concepción cristiana, la muerte es un paso: de la luz creada a la luz increada, de la vida temporal a la vida eterna.
Ahora bien, si el Corazón de Cristo es la fuente de la que el cristiano recibe luz y energía para vivir como hijo de Dios, ¿a qué otra fuente se dirigirá para sacar la fuerza necesaria para morir de modo coherente con su fe? Como "vive en Cristo", así no puede menos de "morir en Cristo".
La invocación de las letanías recoge la experiencia cristiana ante el acontecimiento de la muerte: el Corazón de Cristo, su amor y su misericordia, son esperanza y seguridad para quien muere en Él.

2. Pero conviene que nos detengamos un momento a preguntarnos: ¿Qué significa "morir en Cristo"? Significa ante todo, amadísimos hermanos y hermanas, leer el evento desgarrador y misterioso de la muerte a la luz de la enseñanza del Hijo de Dios y verlo, por ello, como el momento de la partida hacia la casa del Padre, donde Jesús, pasando también Él a través de la muerte, ha ido a prepararnos un lugar (cf. Jn 14, 2); es decir significa creer que, a pesar de la destrucción de nuestro cuerpo, la muerte es premisa de vida y de fruto abundante (cf. Jn 12, 24).
"Morir en Cristo" significa, además, confiar en Cristo y abandonarse totalmente a Él, poniendo en sus manos ―de hermano, de amigo, de buen Pastor― el propio destino, así como Él, muriendo, puso su espíritu en las manos del Padre (cf. Lc 23, 46). Significa cerrar los ojos a la luz de este mundo en la paz, en la amistad, en la comunión con Jesús, porque nada, "ni la muerte ni la vida... podrá separarnos del amor de Dios manifestado en Cristo Jesús Señor nuestro" (Rm 8, 38-39). En aquella hora suprema, el cristiano sabe que, aunque el corazón le reproche algunas culpas, el Corazón de Cristo es más grande que el suyo y puede borrar toda su deuda si él está arrepentido (cf. 1 Jn 3, 20).

domingo, 28 de junio de 2020

Letanías al Sagrado Corazón meditadas por San Juan Pablo II - 31


SAN JUAN PABLO II
ÁNGELUS

Domingo 17 de septiembre de 1989


31 - Corazón de Jesús salvación de los que en Tí

«Corazón de Jesús, salvación de los que en ti esperan, ten piedad de nosotros».

1. A esta hora del Ángelus detengámonos durante algunos instantes para reflexionar sobre esa invocación de las letanías del Sagrado Corazón que dice: "Corazón de Jesús, salvación de los que en ti esperan, ten piedad de nosotros".
En la Sagrada Escritura aparece constantemente la afirmación según la cual el Señor es "un Dios que salva" (cf. Ex 15, 2; Sal 51, 16; 79, 9; Is 46, 13) y la salvación es un don gratuito de su amor y de su misericordia. El Apóstol Pablo, en un texto de alto valor doctrinal, afirma incisivamente: Dios "quiere que todos los hombres se salven y lleguen al conocimiento pleno de la verdad" (1 Tm 2, 4; cf. 4, 10).
Esta voluntad salvífica, que se ha manifestado en tantas intervenciones admirables de Dios en la historia, ha alcanzado su culmen en Jesús de Nazaret, Verbo Encarnado, Hijo de Dios e Hijo de María, pues en Él se ha cumplido con plenitud la palabra dirigida por el Señor a su "Siervo": "Te voy a poner por luz de las gentes, para que mi salvación alcance hasta los confines de la tierra" (Is 49, 6; cf. Lc 2, 32).

2. Jesús es la epifanía del amor salvífico del Padre (cf. Tt 2, 11; 3, 4). Cuando Simeón tomó en sus brazos al niño Jesús, exclamó: "han visto mis ojos tu salvación" (Lc 2, 30).
En efecto, en Jesús todo está en función de su misión de Salvador: el nombre que lleva ("Jesús" significa "Dios salva"), las palabras que pronuncia, las acciones que realiza y los sacramentos que instituye.
Jesús es plenamente consciente de la misión que el Padre le ha confiado: "el Hijo del hombre ha venido a buscar y salvar lo que estaba perdido" (Lc 19, 10). De su corazón, es decir, del núcleo más íntimo de su ser, brota ese celo por la salvación del hombre que lo impulsa a subir, como manso cordero, al monte del Calvario, a extender sus brazos en la cruz y a "dar su vida como rescate por muchos" (Mc 10, 45).

Letanías al Sagrado Corazón meditadas por San Juan Pablo II - 30


SAN JUAN PABLO II
ÁNGELUS

Domingo 10 de septiembre de 1989

30 -Corazón de Jesús víctima de los pecadores


«Cor Iesu, victima peccatorum».
«Corazón de Jesús, víctima de los pecadores».

1. Muy queridos hermanos y hermanas:
Esta invocación de las letanías del Sagrado Corazón nos recuerda que Jesús, según la palabra del Apóstol Pablo, "fue entregado por nuestros pecados" (Rm 4, 25); pues, aunque Él no había cometido pecado, "Dios le hizo pecado por nosotros" (2 Co 5, 21). Sobre el Corazón de Cristo gravó, enorme, el peso del pecado del mundo.
En Él se cumplió de modo perfecto la figura del "cordero pascual", víctima ofrecida a Dios para que en el signo de su sangre fuesen librados de la muerte los primogénitos de los hebreos (cf. Ex 12, 21-27). Por tanto, justamente Juan Bautista reconoció en Él al verdadero "cordero de Dios" (Jn 1, 29): cordero inocente, que había tomado sobre sí el pecado del mundo para sumergirlo en las aguas saludables del Jordán (cf. Mt 3, 13-16 y paralelos); cordero manso, "al degüello era llevado, y como oveja que ante los que la trasquilan está muda" (Is 53, 7), para que por su divino silencio quedase confundida la palabra soberbia de los hombres inicuos.
Jesús es víctima voluntaria, porque se ofreció "libremente a su pasión (Misal Romano, Plegaria eucarística II), como víctima de expiación por los pecados de los hombres (cf. Lv 1, 4; Hb 10, 5-10) que consumió en el fuego de su amor.

sábado, 27 de junio de 2020

Letanías al Sagrado Corazón meditadas por San Juan Pablo II - 29


SAN JUAN PABLO II
ÁNGELUS

Domingo 3 de septiembre de 1989

 29 -Corazón de Jesús paz y reconciliación nuestra


«Cor Iesu, pax et reconciliatio nostra».
«Corazón de Jesús, paz y reconciliación nuestra, ten piedad de nosotros».

1. Queridos hermanos y hermanas:
Rezando con fe esta hermosa invocación de las letanías del Sagrado Corazón, un sentimiento de confianza y de seguridad se difunde en nuestro espíritu: Jesús es de verdad nuestra paz, nuestra suprema reconciliación.
Jesús es nuestra paz. Es bien conocido el significado bíblico del término "paz": indica, en síntesis, la suma de los bienes que Jesús, el Mesías, ha traído a los hombres. Por esto, el don de la paz marca el inicio de su misión sobre la tierra, acompaña su desarrollo y constituye su coronamiento. "Paz" cantan los ángeles junto al pesebre del recién nacido "Príncipe de la Paz" (cf. Lc 2, 14; Is 9, 5). " Paz" es el deseo que brota del Corazón de Cristo, conmovido ante la miseria del hombre enfermo en el cuerpo (cf. Lc 8, 48) o en el espíritu (cf. Lc 7, 50). "Paz" es el saludo luminoso del Resucitado a sus discípulos (cf. Lc 24, 36; Jn 20, 19. 26), que Él, en el momento de dejar esta tierra, confía a la acción del Espíritu, manantial de "amor, alegría, paz" (Ga 5, 22).

2. Jesús es, al mismo tiempo, nuestra reconciliación. Como consecuencia del pecado se produjo una profunda y misteriosa fractura entre Dios, el Creador, y el hombre, su creatura. Toda la historia de la salvación no es más que la narración admirable de las intervenciones de Dios en favor del hombre a fin de que éste, en la libertad y en el amor, vuelva a Él; a fin de que a la situación de fractura suceda una situación de reconciliación y de amistad, de comunión y de paz.
En el Corazón de Cristo, lleno de amor hacia el Padre y hacia los hombres, sus hermanos, tuvo lugar la perfecta reconciliación entre el cielo y la tierra: "Fuimos reconciliados con Dios ―dice el Apóstol― por la muerte de su Hijo" (Rm 5, 10).
Quien quiera hacer la experiencia de la reconciliación y de la paz, debe acoger la invitación del Señor y acudir a Él (cf. Mt 11, 28). En su Corazón encontrará paz y descanso; allí, su duda se transformará en certidumbre; el ansia, en quietud; la tristeza, en gozo; la turbación, en serenidad. Allí encontrará alivio al dolor, valor para superar el miedo, generosidad para no rendirse al envilecimiento y para volver a tomar el camino de la esperanza.

viernes, 26 de junio de 2020

Letanías al Sagrado Corazón meditadas por San Juan Pablo II - 28


SAN JUAN PABLO II
ÁNGELUS

Domingo 27 de agosto de 1989

28 -Corazón de Jesús vida y resurrección nuestra


«Cor Iesu, vita et resurrectio nostra»
Corazón de Jesús, vida y resurrección nuestra

1. Esta invocación de las letanías del Sagrado Corazón, fuerte y convencida como un acto de fe, encierra en una frase lapidaria todo el misterio de Cristo Redentor; nos recuerda las palabras dirigidas por Jesús a Marta, afligida por la muerte de su hermano Lázaro: "Yo soy la resurrección y la vida. El que cree en mí, aunque muera, vivirá" (Jn 11, 25).
Jesús es la vida que brota eternamente de la divina fuente del Padre: "En el principio existía la Palabra y la Palabra estaba con Dios, y la Palabra era Dios... En ella estaba la vida, y la vida era la luz de los hombres" (Jn 1, 1.4).
Jesús es vida en Sí mismo: "Como el Padre tiene vida en sí mismo, así también le ha dado al Hijo tener vida en sí mismo" (Jn 5, 26). En el íntimo ser de Cristo, en su Corazón, la vida divina y la vida humana se unen armónicamente, en plena e inseparable unidad.
Pero Jesús es también vida para nosotros. "Dar la vida" es el objetivo de la misión que Él, Buen Pastor, recibió del Padre: "Yo he venido para que tengan vida y la tengan en abundancia" (Jn 10, 10).

2. Jesús es también la resurrección. Nada es tan radicalmente contrario a la santidad de Cristo ―el Santo del Señor (cf. Lc 1, 35; Mc 1, 24)― como el pecado; nada es tan opuesto a Él, fuente de vida, como la muerte.
Un vínculo misterioso une pecado y muerte (cf. Sb 2, 24; Rm 5, 12; 6, 23 etc.): ambas son realidades esencialmente contrarias al proyecto de Dios sobre el hombre, que no fue hecho para la muerte, sino para la vida. Ante toda expresión de muerte, el Corazón de Cristo se conmovió profundamente, y por amor al Padre y a los hombres, sus hermanos, hizo de su vida un "prodigioso duelo" contra la muerte (Misal Romano, Secuencia de Pascua): con una palabra restituyó la vida física a Lázaro, al hijo de la viuda de Naín, a la hija de Jairo; con la fuerza de su amor misericordioso devolvió la vida espiritual a Zaqueo, a María Magdalena, a la adúltera y a cuantos supieron reconocer su presencia salvadora.

Letanías al Sagrado Corazón meditadas por San Juan Pablo II - 27


SAN JUAN PABLO II
ÁNGELUS

Domingo 13 de agosto de 1989

27 -Corazón de Jesús fuente de toda consolación


«Corazón de Jesús, fuente de todo consuelo, ten piedad de nosotros»

1. Dios, Creador del cielo y de la tierra, es también "el Dios de toda consolación'' (2 Co 1, 3: cf. Rm 15, 5). Numerosas páginas del Antiguo Testamento nos muestran a Dios que, en su gran ternura y compasión, consuela a su pueblo en la hora de la aflicción. Para confortar a Jerusalén, destruida y desolada, el Señor envía a sus profetas a llevar un mensaje de consuelo: "Consolad, consolad a mi pueblo... Hablad al corazón de Jerusalén y decidle bien alto que ya ha cumplido su milicia" (Is 40. 1-2); y, dirigiéndose a Israel oprimido por el temor de sus enemigos, declara: "Yo, yo soy tu consolador" (Is 51, 12); e incluso, comparándose con una madre llena de ternura hacia sus hijos, manifiesta su voluntad de llevar paz, gozo y consuelo a Jerusalén: "Alegraos, Jerusalén, y regocijaos por ella todos los que la amáis... de modo que os hartéis de sus consuelos... Como uno a quien su madre le consuela, así yo os consolaré, y por Jerusalén seréis consolados" (Is 66, 10.11.13).

2. En Jesús, verdadero Dios y verdadero hombre, nuestro hermano, el "Dios-que-consuela" se hizo presente entre nosotros. Así lo indicó primeramente el justo Simeón, que tuvo la dicha de acoger entre sus brazos al niño Jesús y de ver en Él realizada "la consolación de Israel" (Lc 2, 25). Y, en toda la vida de Cristo, la predicación del Reino fue un ministerio de consolación: anuncio de un alegre mensaje a los pobres, proclamación de libertad a los oprimidos, de curación a los enfermos, de gracia y de salvación a todos (cf. Lc 4. 16-21: Is 61. 1-2).
Del Corazón de Cristo brotó esta tranquilizadora bienaventuranza: "Bienaventurados los que lloran, porque ellos serán consolados" (Mt 5. 5), así como la tranquilizadora invitación: "Venid a mí todos los que estéis fatigados y sobrecargados, y yo os daré descanso" (Mt 11, 28).

jueves, 25 de junio de 2020

Letanías al Sagrado Corazón meditadas por San Juan Pablo II - 26


SAN JUAN PABLO II

ÁNGELUS
Domingo 30 de julio de 1989

26 -Corazón de Jesús perforado por una lanza


«Corazón de Jesús atravesado por una lanza, ten piedad de nosotros»

1. Pocas páginas del Evangelio a lo largo de los siglos han atraído la atención de los místicos, de los escritores espirituales y de los teólogos tanto como el pasaje del Evangelio de San Juan que nos narra la muerte gloriosa de Cristo y la escena en que le atraviesan el costado (cf. Jn 19, 23-37). En esa página se inspira la invocación de las Letanías, que he recordado hace un momento.
En el Corazón atravesado contemplamos la obediencia filial de Jesús al Padre, cuya misión Él realizó con valentía (cf. Jn 19, 30) y su amor fraterno hacia los hombres, a quienes Él "amó hasta el extremo" (Jn 13, 1), es decir, hasta el extremo sacrificio de Sí mismo. El Corazón atravesado de Jesús es el signo de la totalidad de este amor en dirección vertical y horizontal, como los dos brazos de la cruz.

2. El Corazón atravesado es también el símbolo de la vida nueva, dada a los hombres mediante el Espíritu y los sacramentos. En cuanto el soldado le dio el golpe de gracia, del costado herido de Cristo "al instante salió sangre y agua" (Jn 19, 34). La lanzada atestigua la realidad de la muerte de Cristo. Él murió verdaderamente, como había nacido verdaderamente y como resucitará verdaderamente en su misma carne (cf. Jn 20, 24.27). Contra toda tentación antigua o moderna de docetismo, de ceder a la "apariencia", el Evangelista nos recuerda a todos la cruda certeza de la realidad. Pero al mismo tiempo tiende a profundizar el significado del acontecimiento salvífico y a expresarlo a través del símbolo. Él, por tanto, en el episodio de la lanzada, ve un profundo significado: como de la roca golpeada por Moisés brotó en el desierto un manantial de agua (cf. Nm 20, 8-11), así del costado de Cristo, herido por la lanza, brotó un torrente de agua para saciar la sed del nuevo pueblo de Dios. Este torrente es el don del Espíritu (cf. Jn 7, 37-39), que alimenta en nosotros la vida divina.

miércoles, 24 de junio de 2020

Letanías al Sagrado Corazón meditadas por San Juan Pablo II - 25


SAN JUAN PABLO II
ÁNGELUS

Domingo 23 de julio de 1989

25 -Corazón de Jesús hecho obediente hasta la muerte


«Corazón de Jesús, obediente hasta la muerte, ten piedad de nosotros»

1. Queridos hermanos y hermanas: esta invocación de las Letanías del Sagrado Corazón nos invita hoy a contemplar el Corazón de Cristo obediente. Toda la vida de Jesús está bajo el signo de una perfecta obediencia a la voluntad del Padre, suprema y coeterna fuente de su ser (cf. Jn 1, 1-2): uno solo es su poder y su gloria, una sola su sabiduría; es recíproco su infinito amor. Por esta comunión de vida y de amor, el Hijo se adhiere plenamente al proyecto del Padre, que quiere la salvación del hombre mediante el hombre: en la "plenitud de los tiempos" nace de la Virgen Madre (cf. Ga 4, 4) con un corazón obediente, para reparar el daño causado al género humano por el corazón desobediente de los primeros padres.
Por esto, al entrar en el mundo Cristo dice: "He aquí que vengo... a hacer, oh Dios, tu voluntad" (Hb 10, 7). ¡"Obediencia" es el nuevo nombre del "amor"!

2. Los Evangelios nos muestran a Jesús, en el transcurso de su vida, siempre dedicado a hacer la voluntad del Padre. A María y José, que durante tres días, afligidos, lo habían buscado, Jesús, que tenía doce años, les responde: "¿Por qué me buscabais? ¿No sabíais que yo debía estar en la casa de mi Padre? (Lc 2, 49). Toda su existencia está dominada por este "yo debo" que determina sus opciones y guía su actividad. A los discípulos dirá un día: "Mi alimento es hacer la voluntad del que me ha enviado y llevar a cabo su obra" (Jn 4, 34); y les enseñará a orar así: "Padre Nuestro, ... hágase tu voluntad en la tierra como en el cielo" (Mt 6, 10).

Letanías al Sagrado Corazón meditadas por San Juan Pablo II - 24


SAN JUAN PABLO II
ÁNGELUS

Domingo 31 de agosto de 1986

24 -Corazón de Jesús despedazado por nuestros delitos


1. Corazón de Jesús, despedazado por nuestros delitos.
Jesús de Nazaret, el que durante la última Cena dijo: "Esto es mi Cuerpo, que será entregado por vosotros... Este es el cáliz de mi Sangre derramada por vosotros".
Jesús: sacerdote fiel, que mediante su propia sangre entra en el tabernáculo eterno.
Jesús: sacerdote, que según el orden de Melquisedec nos deja su sacrificio: haced esto... : ¡Jesús - Corazón de Jesús!

2. Corazón de Jesús en Getsemaní, que "se entristece hasta la muerte", que siente el "peso" terrible. Cuando dice: "Todo te es posible; aleja de mí este cáliz" (Mc 14 36), Él sabe, al mismo tiempo, cuál es la voluntad del Padre, y no desea otra cosa que cumplirla: derramar el cáliz hasta el fondo.
Corazón de Jesús, despedazado con la eterna sentencia: efectivamente, Dios ha amado tanto al mundo hasta dar su Hijo unigénito...

3. Tantos siglos antes lo había dicho Isaías:
"Pero fue Él ciertamente quien soportó nuestros sufrimientos / y cargó con nuestros dolores, / mientras que nosotros le tuvimos por castigado, / herido por Dios y abatido" (Is 53, 4). Él se ha inmolado por nuestros delitos; y, sin embargo, ¿no decían en el Gólgota: "Si eres hijo de Dios, baja de esa cruz" (Mt 27, 40)?

martes, 23 de junio de 2020

Letanías al Sagrado Corazón meditadas por San Juan Pablo II - 23


SAN JUAN PABLO II
ÁNGELUS

Domingo 24 de agosto de 1986

23 -Corazón de Jesús saciado de oprobios



1. Corazón de Jesús, saciado de oprobios.
Las palabras de las letanías del Sagrado Corazón nos ayudan a releer el Evangelio de la pasión de Cristo.
Repasemos con los ojos del alma aquellos momentos y acontecimientos desde la captura en Getsemaní al juicio de Anás y de Caifás, la encarcelación nocturna, la sentencia matutina del Sanedrín, el tribunal del Gobernador romano, el tribunal de Herodes el galileo, la flagelación, la coronación de espinas, la sentencia de crucifixión, el vía crucis hasta el lugar del Gólgota, y, a través de la agonía sobre el árbol de la ignominia, hasta el último "Todo está cumplido".
Corazón de Jesús, saciado de oprobios.

2. Corazón de Jesús ―el corazón humano del Hijo de Dios―, tan conocedor de la dignidad de todo hombre, tan conocedor de la dignidad de Dios-Hombre.
Corazón del Hijo, que es Primogénito de toda creatura:
― tan conocedor de la peculiar dignidad del alma y del cuerpo del hombre;
― tan sensible por todo lo que ofende esta dignidad: "saciado de oprobios".

3. Recordemos las palabras de Isaías Profeta: "He aquí a mi Siervo, a quien sostengo yo; mi elegido, en quien se complace mi alma... Él dará el derecho a las naciones. No gritará, no hablará recio... No romperá la caña cascada ni apagará la mecha que se extingue" (Is 42, 1-3).
"Como de Él se pasmaron muchos, tan desfigurado estaba su aspecto, que no parecía ser de hombre" (Is 52, 14).
"...Varón de dolores y familiarizado con el sufrimiento, y como uno ante el cual se oculta el rostro, menospreciado sin que le tengamos en cuenta" (Is 53, 3).

lunes, 22 de junio de 2020

Letanías al Sagrado Corazón meditadas por San Juan Pablo II - 22


SAN JUAN PABLO II
ÁNGELUS

Domingo 17 de agosto de 1986

22 -Corazón de Jesús propiciación por nuestros pecados


1. Corazón de Jesús, propiciación por nuestros pecados. El Corazón de Jesús es fuente de vida, porque por medio de Él actúa la victoria sobre la muerte. Es fuente de santidad, porque en Él ha sido vencido el pecado que es adversario de la santidad en el corazón del hombre.
Jesús, que el domingo de resurrección entra por la puerta cerrada, en el Cenáculo, dice a los Apóstoles: "Recibid el Espíritu Santo; a quien perdonareis los pecados, les serán perdonados" (Jn 20, 23).
Y diciendo esto, les muestra las manos y el costado, en el que están visibles los signos de la crucifixión. Muestra el costado, lugar del Corazón traspasado por la lanza del centurión.

2. Así, pues, los Apóstoles han sido llamados a volver al Corazón, que es propiciación por los pecados del mundo. Y con ellos también nosotros somos llamados.
La potencia de la remisión de los pecados, la potencia de la victoria sobre el mal que alberga en el corazón del hombre, se encierra en la pasión y en la muerte de Cristo Redentor. Un signo particular de esta potencia redentora es precisamente el Corazón.
La pasión de Cristo y su muerte se han apoderado de todo su cuerpo. Se han cumplido mediante todas las heridas, que Él ha recibido durante la pasión. Y se han cumplido sobre todo en el Corazón, porque el Corazón agonizaba mientras se apagaba todo el cuerpo. El Corazón se consumía al ritmo del sufrimiento que producían todas las heridas.

domingo, 21 de junio de 2020

Letanías al Sagrado Corazón meditadas por San Juan Pablo II - 21


SAN JUAN PABLO II
ÁNGELUS

Domingo 10 de agosto de 1986

21 -Corazón de Jesús fuente de vida y de santidad


1. ¡Corazón de Jesús, fuente de vida y de santidad!
Fuente.
Recordemos cuando Jesús se acercó a la pequeña ciudad de Samaria, llamada Sicar, donde se encontraba una fuente que se remontaba a los tiempos del Patriarca Jacob.
En aquel lugar encontró a una samaritana, que se acercaba para sacar agua de la fuente. Él le dice: "Dame de beber". La mujer responde: "¿Cómo tú, siendo judío, me pides de beber a mí, mujer samaritana?".
Entonces Jesús replicó: "Si conocieras el don de Dios y quién es el que te dice: Dame de beber, tú le pedirías a Él, y Él te daría a ti agua viva".
Y continuó: "El agua que yo te dé se hará en ti fuente que salte hasta la vida eterna" (cf. Jn 4, 5-14).
¡Fuente! ¡Fuente de vida y de santidad!

sábado, 20 de junio de 2020

Letanías al Sagrado Corazón meditadas por San Juan Pablo II - 20


SAN JUAN PABLO II
ÁNGELUS

Domingo 3 de agosto de 1986

20 -Corazón de Jesús rico para todos los que te invocan


1. ¡Corazón de Jesús, generoso para aquellos que te invocan! Nos recogemos hoy durante la oración del Ángelus para recordarte, oh Madre de Cristo, el acontecimiento que tuvo lugar en Caná de Galilea.
Esto ocurrió al comienzo de la actividad mesiánica. Jesús había sido invitado, contigo y sus primeros discípulos, a las bodas. Y cuando faltó el vino, Tú, María, dijiste a Jesús: Hijo, "no tienen vino" (Jn 2, 3).
Tú conocías su corazón. Sabías que es generoso para aquellos que lo invocan.
Con tu oración en Caná de Galilea hiciste que el Corazón de Jesús se revelase en su generosidad.

viernes, 19 de junio de 2020

Meditaciones después del tiempo pascual con textos de Santo Tomás de Aquino 70


Viernes posterior al II domingo después de Pentecostés

EL SAGRADO CORAZÓN DE JESÚS



Mi corazón se ha hecho como cera que se derrite en medio de mi vientre (Sal 21, 15.)

El derretimiento pertenece al amor. Mi alma se derritió (Cant 5, 6). Antes que un cuerpo se derrita, es duro y compacto en sí mismo; al derretirse, se esparce y de sí tiende a otra cosa. También a veces se endurece el temor, cuando no es grande, y así ocurre con el amor; pues cuando sobreviene el amor el hombre tiende a otra cosa que antes estaba en él. Este derretimiento puede entenderse de Cristo en cuanto es cabeza de la Iglesia; porque este derretirse procede del Espíritu Santo, y está en el fondo de las entrañas, es decir, del corazón.

Por el corazón de Cristo puede entenderse también la sagrada Escritura, la cual nos revela el Corazón de Cristo.

Todo esto estaba cerrado antes de la Pasión, porque era obscuro, pero llegó a ser claro por la Pasión, porque los que comprenden, lo estudian, y disciernen cómo deben ser expuestas las profecías.
(In Psal., XXXI)

II. ¿Qué cosa es el hombre para que lo engrandezcas o por qué pones sobre él tu corazón? (Job 7, 17).

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