domingo, 27 de mayo de 2018

Qué hace y qué dice el Corazón de Jesús en el Sagrario 42 - Si conocieras - San Manuel González García


EL CORAZÓN DE JESÚS AL CORAZÓN DEL SACERDOTE
Ya no os llamaré siervos, sino amigos
(Jn 15,15)



LO QUE QUISIERAN SER ESTAS PÁGINAS
Soplo de brisa en horas de estío, rayo de sol en horas de invierno, gota de bálsamo sobre una herida, recuerdo de casa paterna, evocación de días felices, aliento de desmayos, chispa de fuego, ráfaga de luz, apretón de manos de viejos amigos, saludo y cambio de señas de viajeros que se encuentran en el camino de la eternidad... y todo eso espiritualizado, para que pueda obrar sobre el alma, y envuelto en el más vehemente de sus cariños fraternales y en la más rica de sus bendiciones de Obispo, quiere y pide que sean estas paginillas para sus hermanos los sacerdotes, el último de todos.
Manuel González
Obispo de Palencia, antes de Málaga

S Ú P L I C A
que podría preceder a cada uno de estos ratos de Sagrario
Corazón de Jesús Sacramentado: Con mucha pena de ser como soy y con muchas ganas de ser como Tú quieres que sea, vengo a tener contigo este rato de conversación afectuosa para tu mayor gloria, honor de mi Madre Inmaculada y provecho de mi alma.
ángel de mi Guarda y san José: Enseñadme a oír y a hablar a Jesús.

I. SI CONOCIERAS... 
(Jn 4,10)

Un rato de intimidad

¿Quieres, sacerdote mío, que echemos un rato de conversación aquí en mi Sagrario? De Corazón a corazón.
¡Nos hace tanta falta a los dos ese rato! A ti, para fortalecerte, orientarte y hacerte más bueno; a Mí, para endulzar mis horas de abandono, para gozarme en hacerte bien y por ti a muchos hijos tuyos y míos y a los dos para desahogarnos y consolarnos mutuamente...
Porque la verdad es que quien dice Corazón de Jesús o corazón de sacerdote, dice penas de ingratitudes muy negras, de espinas muy punzantes, de hieles muy amargas.
Yo desde mi Sagrario y tú desde tus ministerios podemos todavía repetir la queja y la pregunta de mi profeta: "Oh vosotros todos los que pasais por el camino, contemplad y ved si hay dolor semejante a mi dolor" (Lamentaciones, 1,12)

Las penas de los dos amigos
En verdad que no hay en la tierra dolor como nuestro dolor.
Y ¡qué!, ¿hemos de ser hermanos en el padecer y no en el desahogarnos?
¿Nos han de unir las desolaciones y no los consuelos?
Y mi Corazón, ¡los tiene guardados tan ricos y suaves para sus sacerdotes!
Sí, sí, sacerdote amigo, nos hace mucha falta a los dos el rato de conversación a que te invitaba.
Tenemos que hablarnos los dos, ¡los dos!, ¿te enteras? Tú me hablas y yo seré todo oídos para escucharte, y cuando Yo te hable, calla tú y manda callar todo lo que levante ruido en tu corazón.
Y hemos de hablarnos en mi Sagrario, ¡no faltaba más! ¡Sí para eso he hecho Yo el Sagrario! ¡Si para que en todo el orbe pudieran mis hijos hablar y estar conmigo he hecho tu sacerdocio! ¡Como que tu sacerdocio se ha creado para perpetuar mis Sagrarios en la tierra!
De modo ¡que en nuestro Sagrario!

Una queja
Déjame que preceda a nuestra conversación una queja que tengo de muchos de mis sacerdotes.
¡Los veo muy poco por mis Sagrarios!
Los veo en las bibliotecas y en las aulas aprendiéndome, en los púlpitos y en la propaganda enseñándome, los veo en diversidad de lugares haciendo mis veces, los veo también, ¡qué pena!, en lugares en los que ni tienen que aprenderme, ni hacer nada por Mí... y, sin embargo, por mis Sagrarios ¡los veo tan poco!, y a ¡tan pocos!
¿Verdad que tengo motivos para quejarme?

¡Si conocieras...!
¡Si supieras, sacerdote mío, lo que se aprende leyendo libros, estudiando cuestiones, examinando dificultades a la luz de la lámpara de mi Sagrario!
¡Si supieras la diferencia que hay entre sabios de biblioteca y sabios de Sagrario!
¡Si supieras todo lo que un rato de Sagrario da de luz a una inteligencia, de calor a un corazón, de aliento a un alma, de suavidad y fruto a una Obra!...
¡Si supieras tú y todos mis sacerdotes el valor que para estar de pie junto a todas las cruces infunde ese rato de rodillas ante mi Sagrario!...
¡Ah! Si se supiera prácticamente todo esto, ¿cómo se verían mis Sagrarios tan vacíos de sacerdotes y en cambio tan llenos los círculos de recreo, los paseos públicos, y alguna vez... hasta los cafés, cines y teatros?
¡Si supieran! ¡Si supieran!
Los diez, catorce años de seminario, ¿qué otro fin tenían sino enseñar por todos los medios y modos ese saber y sabor de lo que es mi Sagrario...? ¿Qué ha quedado de la formación eucarística del seminario? ¿Qué lugar ocupa en tu alma el Sagrario de tu parroquia, de tu iglesia, y qué lugar ocupas tú en ese Sagrario...? ¿El primero como debe ser?, ¿el de uno de tantos...?, ¿ninguno?
¡Qué buenas preguntas para tiempos de retiro!

*****
Responda cada uno como le sugiera el Espíritu santo. Pudiera ser buena respuesta la recitación lenta y paladeada del Salmo 41:
Como el ciervo desea las fuentes...


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