jueves, 23 de noviembre de 2017

Beato Miguel Pro - Breve biografía y galería fotográfica de su martirio y funeral



Infancia y Seminario

José Ramón Miguel Agustín Pro Juárez, nació el 13 de enero de 1891 en la población minera de Guadalupe, Zacatecas, a las 2:15 de la tarde, y fue bautizado el día 16. Fue el tercero de 11 hermanos. Su padre se llamaba Miguel, y su madre Josefa, ambos muy buenos cristianos.

A fines de 1891 pasó la familia a la Ciudad de México, y en 1896 a Monterrey. En 1898 se trasladó a Concepción del Oro, Zacatecas. Cuando llegaba el día de la raya de los mineros, iban a cobrar a casa de los Pro y Miguelito les decía:

“¡Adelante muchachos! ¡Yo también soy barretero!” (es decir, minero). Los barreteros lo levantaban a hombros y le gritaban vivas.

En agosto de 1911 soporta como muchos jóvenes de su edad las crisis de noviazgos y mal carácter, y después de unos Ejercicios Espirituales, siente el acicate de la vocación religiosa. Madura lentamente su decisión con altibajos de fervor y tibieza ayudado por la Madre Julia Navarrete y por el Padre Alberto Mir, S.J.

Siguiendo el ejemplo de sus dos hermanas mayores, ya religiosas, decide ingresar al Noviciado de la Compañía de Jesús en El Llano, Michoacán, el 10 de agosto de 1911 a la edad de 20 años.

El joven Miguel expresaba su emoción al sentir el llamado de Dios:


"Mi vocación es cierta!¡Seré religioso a pesar de todos los obstáculos! ¡Hablaré con mi confesor y pediré mi admisión a la Compañía de Jesús!"
Más tarde debe partir hacia Guadalajara, donde el Hno. Pro tiene oportunidad de ver a su mamá quien lavaba ropa para mantener a sus 4 hijos: 3 varones y la pequeña Ana María.

El Hno. Pro recibe, junto con sus compañeros de noviciado, la orden de emigrar a San Antonio, en Estados Unidos, para después ir a Los Gatos, California.

Entre ocurrencias con los hermanos americanos, un duro invierno que aumentó los dolores de estómago del Hno. Pro, y el peligro de la pérdida de un oído al metérsele una paja, transcurrió ese tiempo. Su mamá, fue hasta la estación a despedirlo y dijo:

"Mira hijo, aunque me veas pidiendo limosna tú sigue tu vocación. Tu padre no sabemos si vive o muere, pero nos queda nuestro Padre Dios". Esa fue la última vez que el Hno. Pro vio a su mamá.

Terminado sus estudios de Filosofía en España, llega a Granada, Nicaragua para sus 2 años de magisterio, "los años más difíciles" en palabras del mismo Hno. Pro. Llegó al Colegio Centro América del Sagrado Corazón, el cual estaba a media construcción. No tenia enladrillado, y los salones y oficinas tenían piso de tierra. La maleza tropical llegaba a las paredes y alimañas grandes y pequeñas se mostraban continuamente, algunas veces eran alacranes, otras víboras o mosquitos diminutos que estaban por todos lados, esto, aparte del extremo calor tropical.

Tuvo a su cargo a los más pequeños y la vigilancia de los externos y semi-internos. A la una de la tarde, bajo pleno sol se le veía jugando y saltando con los niños para distraer a los que notaba tristes. A veces, se retiraba discretamente a su cuarto, para sufrir en soledad los dolores de estómago que no lo dejaban, y después regresaba animoso y alegre.

Según el Hno. Pulido:

"aparte de muchos trabajos y padecimientos el Hno. Pro tuvo que cargar con ingratitudes, falsas acusaciones, penas mortales, contrariedades de todas clases, y sin embargo conservó la alegría..."

El entonces P. Provincial de México, el P. Crivelli visitó Sarriá, y lleva noticias de lo que ocurre en México, en concreto en Orizaba donde los comunistas llegaban al colmo, pues mediante señales con cohetes daban aviso de la presencia de un sacerdote, para después matarlo, y con valor comenta que a pesar de ello había decidido no cerrar la residencia y que necesitaba algún sacerdote joven decidido al martirio.

El Hno. Pro de inmediato se ofrece: ¡Padre, aquí estoy yo! A lo que el Provincial dijo: ¡Veremos si da la medida!

Así, con la certeza moral de que sus Superiores le enviarían a Francia o Bélgica para su preparación en el campo obrero, concibió el plan de acudir a Manresa para hacer sus ejercicios espirituales. Al regreso de sus Ejercicios, recibe carta del P. Crivelli, indicándole que al final su curso, tendrá que partir a Bélgica para irse entrenando en su futuro apostolado.

Estando en Manresa, recuerda a su mamá y le envía un apostal:

"Mi querida mamacita en esta postal verá la cueva donde San Ignacio escribió los Ejercicios..."
En su gira de propaganda por la presidencia Calles declara: "Soy enemigo de la casta sacerdotal que ve en su posición un privilegio y no una misión apostólica. Soy enemigo del cura político, del cura intrigante, del cura explotador... Yo declaro que respeto todas las religiones mientras los ministros de culto no se mezclen en las contiendas políticas con desprecio de nuestras leyes..."

El Hno. Pro se limitaba a decir:
¿Para qué vamos a predicar contra lo que no tiene remedio? Dejemos eso a seglares a ver si le encuentran compostura. Creo que es con mucho, preferible dedicarse a hacer el bien a los pobres; y si por esto nos amuelan que sea por puro hacer el bien.

En septiembre de 1924 el Hno. Miguel Pro y el Hno. José Amozurrutia, partieron rumbo a Bélgica. Un buen sector de teológicos y compañeros mexicanos, sentían como si algo muy propio se les hubiera ido.

En Enghien, los Hermanos encontraron una comunidad de 130 jesuitas, provenientes de Francia y 15 rincones del mundo, y el latín era el único medio común para comunicarse. 
El tiempo en el que llegaron ya era frio, pero faltaba lo peor: el invierno. El Hno. Pro tirita, se encoge, sufre y se aguanta. Pero aquello no era aguantarse, sino tomar delantera al sacrificio.
Después del martirio del P. Pro, sus compañeros expresaron:

"Un santo se había marchado del colegio y parecía hacer falta aquella sobrenatural alegría y optimismo. ¡Si hubiéramos sospechado que además iba a ser un mártir de Cristo Rey!"


SACERDOCIO

El 30 de Agosto de 1925 Monseñor Lecomte, le otorga el presbiterado (es ordenado sacerdote). Sin presencia de su familia y de su compañero el Hno. José Amozurrutia, se encontró solo y aislado en esos grandes e inolvidables días.

La ordenación sacerdotal es la primera ocasión en que nos encontramos de nuevo al valiente Hno. Pro envuelto en lágrimas. Las impresiones para su corazón sensible son excesivamente profundas y grandes: "Contra todos mis propósitos, contra lo que yo esperaba de mi naturaleza fría y dura, no pude impedir que el día de la ordenación y al momento de decir con el obispo las palabras de la Consagración, las lágrimas salieron hilo a hilo y que mi corazón dejara de golpe el pecho con saltos inauditos"

"¿Cómo va a decir el pensamiento la suave unción del Espíritu Santo que siento, palpo, casi toco con mis manos, inundando a mi pobre infeliz alma de barretero, de dulzuras del cielo?..."

Una vez ordenado, el Padre Pro narra a su familia a través de una carta:

..."me fui a mi cuarto, coloqué sobre mi mesa los retratos de mi familia y la bendije con toda mi alma... fuimos a la huerta para bendecir a la comunidad, yo comencé muy valiente, pero al tercero de vuelta a jirimitear cuando el que estaba en cuarto lugar me preguntó si había venido mi madre. ¡Dios se lo perdone!"

El Padre Pro, dice su primera misa en Enghien, Bélgica en la capilla de San José.
"A las siete comencé la misa en la capilla San José. Al principio un poco cohibido, pero después de la consagración con paz y alegría de cielo. Duré 32 minutos y a juicio de los asistentes la dije como un padre antiguo (para algo la había ensayado tanto)".

Inicia el P. Pro el 4to curso de Teología en octubre de 1925, pero al apretar el invierno aquella salud de tantos modos quebrantada por el alma indomable, cedió por fin del todo. Debieron sus Superiores a enviarlo a la clínica de Sain-Remy, para obtener análisis y radiografías. Les es diagnosticada una úlcera en el estómago con estrechamiento en el píloro y es necesario internarse en la Clínica.

Se armó con un tratado de teología dogmática, otro del sacerdote en el altar, un diccionario de francés y salió rumbo a la clínica, puesto en las manos de Dios y sin otra preocupación que su santificación personal.

De esos eternos días en cama, el P. Pro tuvo momentos para meditar y practicar la paciencia:

"De mi hombre viejo...El Señor me ha dado ocasión de ejercitar la paciencia; ¿ lo habré conseguido?

Al llegar el P. Pro a la clínica, también llegó el buen humor. Las religiosas no acababan de admirarse. Para él no había penas, ni dolores, era como dirían después otras religiosas: El niño mimado de Padre Dios.

Su enfermedad se fue largando mucho y fue necesaria otra operación el 5 de enero de 1926 "la herida no cierra, la sangre sale en abundancia, la convalecencia se prolonga, mi año de teología corre peligro de perderse... ¡Bendito sea Dios por todo esto! Él sabe el porqué de estos trastornos y yo me resigno y beso la mano que me hace sufrir.
Dura fue la prueba. Pero le estaba reservada otra mayor.

De su operación, el P. Pro escribiría:

"El 17 de noviembre recibí el primer tajo en mi compósito; mi estómago fue quemado en tres sitios ulcerados y abierto en su cara superior, para adornarse con un nuevo píloro"

El 8 de Febrero de 1926 fallece su Madre. Una carta recibida providencialmente 2 días antes, me había preparado, pues en ella se me decía que un cáncer en el estómago con ramificaciones por el hígado y el corazón, había quitado toda esperanza a los médicos"

La Sra. Pro sabía que su misión sobre la tierra ya estaba acababa, y a la hora de la consagración de la misa se ofreció solemnemente por el P. Pro quien entonces empezaba su ministerio sacerdotal y muy consolada decía que nuestro Señor la había escuchado.

Ese mismo día el P. Pro tiene la 3ra operación y permanece ahí hasta el 6 de marzo cuando al fin logra ponerse en pie y es enviado a Hyéres a una casa de convalecencia atendida por Religiosas Franciscanas.

Poco a poco se dedicó a varios ministerios, sencillos pero con la firme intensión de ayudar.
Finalmente el médico que lo atendía en Hyéres, confidencialmente comunicó al compañero del P. Pro la gravedad de su caso "Es caso desesperado. Ponga ud al tanto a sus Superiores". Al paciente, nada se le dijo.

En una carta al P. Cavero, abre su corazón:
"...llore mucho Ud. Sabe P. Cavero, como se llora a una madre. Pero, en medio de mi pena, sentí un gozo inmenso, una consolación interior y una convicción profunda de que mi madre ya no estaba en mis oraciones, que ya gozaba de Dios, que ya era dichosa..."

El P. Picard del Teologado le de Enghien con una caridad exquisita, toma resolución.
Los medios humanos para salvar la salud del P. Pro están agotados. Será un consuelo para él, morir en su patria y despedirse de los suyos hasta la eternidad. Le dice directamente "Regrese ud, a México, para morir en su patria".


El P. Pro obedece, no sin antes hacer una escala en Lourdes, Francia, visita que cambiará su vida.  

Con ese optimismo infalible, el P. Pro se expresa sobre tu regreso a México:

"...en donde, tal vez, es muy probable, que puede ser, que de casualidad, se restablezca mi compósito beluino, agotado por tantos tajos, cuchilladas, inyecciones y aberturas."

Visita a la virgen de Lourdes en Francia.

El P. Pro llega a Lourdes a las 8.45 de la mañana. A las 9 am estaba celebrando misa en la santa Gruta y estuvo hasta las 4:50pm, para tomar el tren de regreso.

De esa visita a Lourdes, sacó las fuerzas para su próximo proceder pues en adelante sin atenciones especiales o médicas, va y viene, trabaja y ora, de desvela, asiste a los pobres, confiesa horas enteras y todo a veces sin tomar alimento.

"Lo que ahí se siente no es para escribir, ha sido uno de los días más felices...A las 9 dije la misa...pasé una hora en la gruta, lloré como un chiquillo. Por demás está decir lo que sintió mi pobre alma. Ahora voy a regresar con el alma llena de consuelo"

El P. Pro recuerda con amor y esperanza lo vivido en Lourdes:

"Y sin embargo, allí estuve. Porque para mí, ir a Lourdes era encontrar a mi Madre del cielo, hablarle, pedirle; y yo la encontré y le hable y le pedí..."

El 7 de julio, el P. Pro desembarcó en Veracruz, y tuvo todas las facilidades para el ingreso en el país. Ni la aduana le abrió las valijas, ni el revisor de pasaportes pareció fijarse que el P. Pro aparecía como sacerdote. Tomó el tren nocturno hacia la capital.

El 8 de julio se presenta ante el P. Provincial Luis Vega. Una hora más tarde se encuentra ya en la casa de Enrico Martínez para iniciar sus ministerios, en donde actualmente está la Parroquia de Guadalupe Reyna de la Paz.
Por la tarde visita a su familia que vivía en la calle de Orizaba. Se entera que su hermano Humberto de 24 años se hallaba en la cárcel por su trabajo apostólico en la Liga Nacional Defensora de la Libertad Religiosa.

Los pensamientos del P. pro sobre los acontecimientos en México saltan en frases como:
"... la iglesia de México está hoy entregada a sus enemigos, burlada, abofeteada, despreciada"
De 5am a 11 am y de 3 a 8pm no hay sino asistencia al confesionario. Filas de personas deseaban recibir una palabra de aliento, los sacramentos, confesiones, inclusive casarse, pues ya era de todos conocido que se venían tiempos difíciles, en los que los templos serían cerrados y los sacerdotes perseguidos.

¿Cómo es que el P. Pro, soportó estas jornadas, después de haber estado tan enfermo?, él mismo nos lo dice:


" ¿Cómo resistí? ¿Cómo resisto? ¿Yo el dócil, yo el delicado, yo el interesante huésped de dos clínicas europeas...? Todo lo cual prueba con evidencia evidentísima que si no entrara el elemento divino, que sólo usa de mí como instrumento, yo ya hubiera dado al traste con todo"

El 31 de Julio de 1926 entra en vigor la ley calles por lo cual lostemplos son cerrados por orden de los Obispos y con aprobación del Papa Pio XI, como respuesta a las terribles iniquidades de la Ley Calles.

Calles por su parte declara que todos aquellos templos que sean abandonados por los clérigos, serían ocupados para usos profanos.
Calles consiguió proceder en la reglamentación del Código penal en el DF y territorios y hacer imposible a la Iglesia y a sus sacerdotes el ministerio a no ser como empleados gubernamentales.

El Padre Pro comenzó a asistir espiritualmente a las Religiosas del Buen Pastor. También le fue encomendada la Parroquia de la Sagrada Familia, sustituyendo al P. Fernando O.

México amaneció en la total orfandad. En los templos no se oficiaba. Los sagrarios aparecían vacíos y con las puertecillas abiertas. Las velas tenían moños de luto. Esa sensación de angustia y soledad, contribuyó en los primeros días, al boicot contra la Ley Calles, aunque su firmeza duró poco menos de tres meses.

El P. Pro, por su parte, ideó las Estaciones Eucarísticas, que eran casas convenidas para dar el sacramento. De inicio eran 300. Y después hasta 1,300. Todo entre carreras, escondidas, contraseñas y peligros de cárcel y muerte.

A principios de 1927 Da inicio a las Comisiones de Auxilios, pues desde que llegó a México se dio cuenta de la gran cantidad de familias que se iban quedando en la miseria a causa de la persecución y por no renegar del catolicismo.

Los trataba con mucho cariño y bromeaba diciendo: "Tienen la mala costumbre de comer tres veces al día".

Ingeniosamente se disfrazaba de obrero, chofer, y catrín para pasar desapercibido en su colecta de alimentos para las despensas o para oficiar misas y dar sacramentos.

Sobre sus múltiples actividades el P. pro comentaba:

"Jesús me valga si no hay tiempo ni de resollar... Y como estoy metido hasta las cejas en eso de dar de comer al que no tiene, y son muchos los que no tienen, le aseguro que ando como trompo de aquí para allá..."

En marzo de 1927 los Superiores del Padre le ordenan reclusión, pues su actos de bondad y de sacerdote heroico empezaban a hacerlo conocido por la policía.

A lo que él comenta "¡Cuán difícil es esta virtud de la obediencia! Recluso en un cuarto estrecho, sin más horizontes que un corral vecino y con prohibición de exhibirme mucho, paso los días revolviendo mis libros y papeles y preparando mi examen a medias. Creo que la obediencia es el mejor de los sacrificios"...

Con mucho respeto, el P. Pro hace ver su punto de vista sobre la reclusión:
"No es, Padre, humildad, ni deseo de aparecer como muy valiente. Es sólo el convencimiento que tengo delante de Dios de lo inútil que yo soy y de lo poco que puedo valer, y de que sería animar mucho a infinidad de gente, sacerdotes y no sacerdotes, si no abandonamos a nuestros hermanos hoy que tanto necesitan los auxilios de la Iglesia. Lo más que me pueden hacer es matarme. Pero eso no sería sino el día y la hora que Dios me tiene reservado."

El Padre Pro se multiplica con una ingeniosidad palpable: tandas de ejercicios, a veces delante mismo de Edificios de gobierno, otras en corralones destartalados, y luego retiros, conferencias, pláticas, extremaunciones, conversiones de pecadores y de personas de diversos credos religiosos.

Apoyado por su ingeniosidad, sigue disfrazándose según la ocasión. Si tenía plática con los choferes, se ponía gorra que le cubría hasta las cejas, si era una misa con el "alto coturno" un traje de gran catrín, con perrito "fifí" incluido.

También se hacía pasar por estudiante y a veces por enamorado para así distraer a quienes le pisaban los talones.
Una de las frases más conocidas del P. Pro:
"De la nobleza de alto coturno, pasemos a la plebe guarache. Allí mando yo. Allí estoy a mis anchas. Y allí bendigo a Dios por haberme dado la sublime dignidad del sacerdocio.

¡Qué dicha interior al dejar en paz a una familia obrera desavenida! ¡Qué gozo al llevar la comunión a un niño de 94 años! ¡Qué alegría al confesar, debajo de un árbol, a un guapo jardinero italiano, o al enseñar el catecismo a un comunista, entre las virutas y serrín de su taller de carpintero."


El 13 de Noviembre de 1927 Después de las 3pm el General Alvaro Obregón era víctima de un atentado, mientras circulaba por el Bosque de Chapultepec, rumbo a una corrida de toros. Sale ileso. Los responsables de tal acto: El Ing. Luis Segura Vilchis, Juan Tirado y Nahúm Lamberto Ruiz.

Por su parte, el P. Pro recibe una llamada que le recuerda tiene compromiso de ir a bendecir la casa de la Fam. García por lo que parte en seguida.
A las 5 pm la Srita. María B. va a la casa de los Pro y avisa a Humberto que se le espera con urgencia en la calle Marsella para su trabajo ordinario de propagandista. Ahí se entera del atentado sin más novedad.

Roberto alcanza al Padre Pro en la casa de la Fam. García y de ahí van a casa de la Sra. Montes de Oca. Después van a casa de laFam. Valezzi. Ahí se enteran del atentado contra Obregón.

A las 6pm Ana María envía a la sirvienta a comprar combustible para la cocina. La sirvienta de regreso cuenta a Ana María que en la carbonería comentaban sobre el Atentado.

Humberto, de regreso de su trabajo en la calle de Marsella, compra "El Universal Gráfico" y al leerlo cae en cuenta que el Automovil Essex n. 10101 utilizado en el atentado, es el mismo que había vendido, el 8 de noviembre al Ing. Luis Segura Vilchis, por medio de un tercero y sin saber el uso que le darían.

El Padre Pro sale de la casa de la Fam. Valezzi rumbo a su casa en la calle Pánuco. Apenas sale y llega la policía al domicilio de los Valezzi buscando a cierto señor. Al no encontrarlo se llevan a laSra. Valezzi.

Miguel llega a su casa alrededor de las 9pm y sale con sus hermanos a dar la vuelta y escuchar comentarios.

Al dia siguiente el P. Pro dice misa en la casa de la Srita. Esperanza Montaño. A su vez el agente Mazcorro, pide al Agente Antonio Quintana que esclarezca el misterio del atentado.
En paralelo, Juan Tirado, también aprehendido por el atentado, es torturado en los sótanos, el cual guarda celoso el secreto de sus cómplices.
Después del desayuno, los 3 hermanos Pro van a casa de la Fam. Valezzi, encuentran al sr muy afligido pues son ha podido libera a su esposa.

El P. Pro acude a la policía en busca de Daniel García, nombre al cual estaba registrado el Essex y era el pseudónimo de Roberto.

Esa mañana el P. Pro y sus hermanos abandonan la casa de Pánuco y se alojaron en casa de la familia B. El P. Pro se confesó con su director espiritual el P. Alberto Méndez Medina, ocultos en la casa de la Sra. Urquiaga.

En tanto la esposa de Nahum Lamberto Ruiz, herido por la policía en la persecución del coche Essex, en un intento de salvar a su esposo, hace declaraciones sobre el Ing. Segura Vilchis y vincula a los Pro.

El Padre Pro visita a la Fam. García, y comenta su inquietud por la suerte de sus Hermanos. La Sra. Montes de Oca le envía recado diciendo que la Policía buscaba a Roberto.

El día transcurrió con calma. Los amigos del P. Pro le buscaban un lugar más seguro. Por la noche, bendijo el matrimonio de unos jóvenes. Ese día comentó a la Sra. Valdés: "Mañana salen mis hermanos para Estados Unidos y yo me iré el 19 a reanudar mi comercio de almas". Irse a los Estados Unidos era una frase hecha para significar remontarse a la montaña con los Cristeros, sin embargo el P. Pro nunca fue partidario de tomar las armas en el conflicto religioso.

El dia 17 de Noviembre de 1927 estando la policía en su casa, laSra. Montes de Oca recibió una llamada de su pequeño hijo quien le pedía fuera por él a casa de sus abuelos. El agente Basáil rápidamente le arrebató la bocina a la sra. y le pidió la dirección al niño para ir por él.

Así, acudieron para amenazarlo y obtener del niño, el domicilio de la Sra. Valdéz y con ello el paradero del Padre Pro, pues un día antes el pequeño se había ido a confesar ahí. La policía vigiló y estudió la situación en la casa de la Sra. Valdéz, de modo de no dejar camino libre para la escapatoria.


El 18 de Noviembre de 1927 siendo las 3 a.m. se despertó la Sra. Valdéz y sus sirvientes, por ruidos en el techo y el ladrido de un perro. Al asomarse por la ventana vio alrededor de 20 soldados armados.

Entraron a la casa y rompiendo la puerta de donde dormían los Pro dijeron: ¡Nadie se mueva!
Entonces el Padre Pro juntó a sus hermanos diciéndoles"Arrepiéntanse de sus pecados, como si estuvieran en la presencia de Dios". Y con voz entera pronunció la absolución sacramental.

Después les dijo en voz baja: "Desde ahora vamos ofreciendo nuestra vidas por la religión en México y hagámoslo los 3 juntos para que Dios acepte nuestro sacrificio".

A punto de partir el agente Álvaro Basáil dice a la Sra. Valdéz:"¿Sabía ud que escondía en su casa a los dinamiteros?" Y ella respondió: "Lo que sé, es que ocultaba a un santo".

"Esta señora es inocente, déjela ud tranquila y haga de nosotros lo que quiera", dijo el Padre Pro, después le dijo a la Sra.: "Me van a matar. Le regalo a ud. mis ornamentos sacerdotales".
Basáil dijo: "Nada de eso. No tiene nada que temer uds. en la inspección". El Padre se acercó al armario, tomó un crucifijo, lo besó y lo guardó en su saco.

Al salir Basáil sugirió al Padre Pro llevar un abrigo, y él solo dijo que lo había regalado a uno "más amolado" que él. La Sra. Valdézse apresuró a darle un sarape, el cual el Padre Pro daría, llegado el momento, a Juan Tirado, pues después de la golpiza, temblaba de frío.

Dada la señal de salida, el P. Pro bendice la Sra. y a sus criadas, y sale diciendo:

¡Viva Dios! ¡Viva la Virgen de Guadalupe!

A penas Calles y Obregón se enteraron que estaba preso el P. Pro, ordenaron que él, sus hermanos y los verdaderos autores del atentado, fueran pasado por las armas el 19 de noviembre a la 6 de la mañana. Así lo dijo el Mayor Torres: "mañana tendremos carnitas". Calles solo piensa en herir el sentimiento católico y opta porque se levante un acta policiaca de información, como base para una acción criminal ante los tribunales.

Consciente de su labor a favor de los necesitados, el P. Pro comentaba:

"...La revolución es un hecho; las represalias, sobre todo en México, serán terribles; los primeros serán los que han metido las manos en la cuestión religiosa, y yo... metido hasta el codo."


El 19 de Noviembre El acta empezó a las 10am. Pasaron todos los implicados a declarar. Incluidos Obregón y el P. Pro. Firmaron el acta Roberto Cruz y Guerra Leal.

El Ing. Segura Vilchis al ver que han implicado a los hermanos Pro y al saber que son inocentes, insiste ante Roberto Cruz que fuera de las personas que él mencionó como cómplices (Juan Tirado y Nahúm Lamberto Ruiz) los demás no estaban implicados en los hechos.

El 22 de Noviembre de 1927 El Gral. Cruz acata las órdenes superiores, y convoca a reporteros de varios periódicos. Hace desfilar ante ellos a los detenidos, menos a Roberto Pro. Las primeras palabras del P. Pro fueron: "Señores, juro ante Dios que soy inocente de lo que me acusan. No he tomado ninguna participación y estaba..."

Cruz lo interrumpe bruscamente: "¡Basta ya, retírense inmediatamente!" y volteando hacia los reporteros con un ademán violento dice: "¡Ya lo escucharon! ¡Él mismo confiesa su culpa!"Ese día, Calles confirma la orden de fusilamiento para el día 23 de noviembre, a las 10.30am.

Diputados obregonistas invitaron amigos por su cuenta. Se reparten invitaciones en teatros y cafés para "El Gran Espectáculo".

Calles y Obregón vuelven a hablar entre si, afirmando que es necesario dar una lección a esa "gentuza". Cruz está presente y hace notar que conviene siquiera dar a la sentencia alguna apariencia legal.

Calles molesto le grita: "No quiero formas, sino el hecho".

Por su parte, el P. Pro había notado el ir y venir de militares. Rezó con su hermano lo que quizá fue su último Rosario y durmió en el desnudo piso, pues había regalado su colchoneta a Antonio Mutiuzábal.

MARTIRIO
El 23 de Noviembre de 1927

Despertó el P. pro con mucho dolor de cabeza, por lo que se tomó una aspirina y dijo: "No sé porque presiento que algo nos va a pasar hoy. Pero no te apures, pidámosle a Dios su gracia y Él nos la dará"

A las 10am se presentó en el sótano Mazcorro, jefe de las Comisiones de seguridad y dijo en voz alta: "Miguel Agustin Pro" El Padre estaba sin saco y por orden de Mazcorro se lo puso. Después sin decir nada, apretó la mano de Roberto y partió. Salió de los sótanos con las manos entrelazadas por delante y miró tranquilamente a los espectadores.

Mientras caminaba hacia el paredón, se le acercó el agente Quintana y le pidió perdón.
El padre le contesto: "No solo te perdono, sino que te doy las gracias".

El mayor de la gendarmería montada, Manuel V. Torres, le llamó por su nombre, a la respuesta afirmativa, lo acompañó hasta colocarlo entre dos siluetas de hierro que servían de tiro al blanco.Le preguntó su última voluntad.

El Padre pidió serenamente: "Que me dejen rezar".
El comandante de la ejecución lo dejó solo, retirándose unos pasos. El padre se arrodilló y sacó el pequeño crucifijo de la bolsa del saco, movió los labios y así permaneció unos segundos.

Se levantó y colocándose nuevamente en el sitio que le habían señalado, esperó ordenes.
Cuando el comandante de la policía, ordenó a la Policía Montada:"¡Posición de tiradores!" el Padre Pro, abrió los brazos en cruz, y cerró los ojos y permaneció así hasta el momento en que cayó al suelo moribundo.

Escuchó las demás órdenes previas a la de ¡Fuego! sin cambiar de postura, sin que su rostro reflejara la menor emoción y solo se pudo observar el incesante movimiento de sus labios, musitando su plegaria.

Eran las 10.30am cuando el P. Pro cayó suavemente sobre su costado derecho. El Dr. Horacio Cazale del Servicio Médico de la policía, se acercó a dar fe de su muerte, pero indicó que aún vivía. El sargento de la escolta le dio el tiro de gracia con la carabina.

Don Miguel supo de la muerte de sus hijos por un Extra de la prensa. Fue a la Inspección, donde le confirmaron la noticia, y de ahí al Hospital militar donde ya estaban Ana María y Edmundo.

Al encontrarse con Ana María, le preguntó por sus hijos muertos. Y al verlos, se acercó a los cuerpos y besó la frente del P. Pro y de Humberto.

Ana María se lazó a sus brazos sollozando pero Don Miguel la separó suavemente y le dijo: "No hay motivo para llorar"

Alrededor de las 3pm lograron conducirlos a ambos a la casa de Pánuco, en donde ya había muchos amigos y devotos del Padre.

Después de haber velado el cuerpo de Miguel y Humberto Pro durante la noche del 23 y madrugada del 24, se programó el sepelio para las 3pm.

El gentío había bloqueado la casa y calles vecinas, siendo tal la aglomeración de automóviles que el transito se suspendió en una vasta zona.

El Padre Méndez Medina salió al balcón y dijo: "Paso a los mártires de Cristo Rey". La multitud se abrió para dar paso a los cadáveres. El anuncio de que iba a salir el féretro del Padre un repentino silencio y quietud sucedió a la confusión que todo lo invadía.

Cuando apareció en el umbral de la puerta, un grito atronador y unánime salió de millares de pechos: ¡Viva Cristo Rey!, resonando los inesperados aplausos, y caía una lluvia de flores abundante.

No se usaron carrozas fúnebres, había muchísima gente deseosa de turnarse para llevar el ataúd del P. Pro y de Humberto en sus hombros. Al llegar al Paseo de la Reforma ya el cortejo tenía forma definida.

Lo encabezaba una columna como de 300 automóviles, en seguida, los cuerpos y tras ellos la multitud que se extendía por varias calles. Detrás de la multitud otra formación interminable de carruajes.

Al pasar frente al castillo de Chapultepec, residencia del presidente Elias Calles, la gente colocó en el piso los féretros del P. Pro y de Humberto y cantaron a viva voz: "Que viva mi Cristo, que viva mi Rey".

El cortejo se dirigió a la cripta que tenía la Compañía de Jesús en el panteón Dolores y se hizo el acto de entierro del P. Pro y después el de Humberto. Ahí también se hizo silencio mientras se bendecía el sepulcro y se bajaba el cadáver. En seguida Don Miguel tomó la pala y arrojó la primera tierra diciendo "Hemos terminado"

BEATIFICACION.

El 25 de septiembre de 1988, el Papa Juan Pablo II lo proclamó beato, es decir, le dio el título de mártir, confirmando así oficialmente la voz del pueblo católico: el Padre Miguel Agustín Pro murió como mártir de Cristo.

Actualmente la Iglesia espera y pide a Dios que pronto se realice un milagro patente por la intercesión del beato Miguel Agustín Pro para que se proceda en Roma a su canonización y sea declarado Santo por el Papa.











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