sábado, 30 de mayo de 2020

Meditaciones del tiempo pascual con textos de Santo Tomás de Aquino 49


Sábado de la séptima semana de Pascua

DIVERSAS OPERACIONES DEL ESPÍRITU SANTO


Y el Consolador, el Espíritu Santo, que enviará el Padre en mi nombre, él os enseñará todas las cosas (Jn 14, 26).

Aquí se advierten tres cosas.

I. Hay una descripción del mismo Espíritu Santo, pues es llamado Consolador, Espíritu y Santo. Es Consolador, porque nos consuela en las tristezas que proceden de las perturbaciones de este mundo. Y esto lo hace en cuanto es amor, que nos lleva a amar a Dios y nos da idea de su grandeza, lo cual nos mueve a padecer con alegría las afrentas, como se lee en los Hechos de los Apóstoles: Pero ellos salieron gozosos de delante del concilio, porque habían sido hallados dignos de sufrir afrentas por el nombre de Jesús (Hech 5, 41). Porque, siendo el Espíritu Santo amor de Dios, nos hace despreciar las cosas terrenas y unirnos a Dios, por lo cual excluye de nosotros el dolor y la tristeza, y nos da la alegría de las cosas divinas. Nos consuela además de las tristezas de los pecados pasados; y esto lo hace en cuanto nos da la esperanza de perdón.

Es Espíritu, porque mueve los corazones a obedecer a Dios. Y porque este vocablo Espíritu envuelve cierta idea de impulsión, pues todo movimiento produce un efecto conforme a su principio, como la calefacción da calor, se deduce que el Espíritu Santo hace semejantes a aquél de quien es Espíritu, a aquéllos a quienes es enviado, y por lo tanto, siendo Espíritu de la Verdad, enseña toda verdad. Y como es el Espíritu del Hijo, hace hijos.


Es Santo, porque nos consagra a Dios; todas las cosas consagradas se llaman santas.

II. Se describe su misión: Que enviará el Padre en mi nombre. Se dice que el Espíritu Santo es enviado, no porque cambie de lugar, puesto que él llena todo el orbe, sino en el sentido de que comienza a habitar por la gracia de un modo nuevo en aquéllos a los que hace templo de Dios. Enviará el Padre en mi nombre, porque el Espíritu Santo es enviado por el Padre y el Hijo, como se expresa en el Apocalipsis: Me mostró un río de agua de vida (Apoc 22, 1), esto es, al Espíritu Santo, que salía del trono de Dios y del Cordero. Por eso, al hablar de la misión del Espíritu Santo, se hace mención del Padre y del Hijo, por los que es enviado con igual e idéntico poder.

III. Se describe su efecto: Él os enseñará todas las cosas. Porque así como el efecto de la misión del Hijo fue llevarnos al Padre, así el efecto de la misión del Espíritu Santo es conducir a los fieles hacia el Hijo. Siendo el Hijo la Sabiduría engendrada, es la misma Verdad. Por eso el efecto de tal misión es hacer a los hombres participantes de la divina sabiduría y conocedores de la verdad. El Hijo nos entrega la doctrina, puesto que es el Verbo; mas el Espíritu Santo nos hace capaces de esa doctrina; pues dice: Él os enseñará todas las cosas, porque cualquiera que sea la enseñanza exterior del hombre, si el Espíritu Santo no le da interiormente inteligencia, se trabaja en vano, ya que si el Espíritu Santo no está presente en el corazón del que escucha, será letra muerta el discurso del que enseña, y a tal punto que aun hablando el mismo Hijo por el órgano de su humanidad, no puede nada sin la asistencia del Espíritu Santo.
(In Joan., XIV, 26).

No hay comentarios:

Publicar un comentario

Vistas de página en total

contador

Free counters!