miércoles, 20 de mayo de 2020

Meditaciones del tiempo pascual con textos de Santo Tomás de Aquino 39


Miércoles de la sexta semana de Pascua

POR QUÉ LAS ORACIONES
NO SON ESCUCHADAS ALGUNAS VECES


Todo lo que pidiereis al Padre en mi nombre, yo lo haré (Jn 14, 13).

¿Qué es lo que dice el Señor: Todo lo que pidiereis al Padre en mi nombre, yo lo haré, siendo así que vemos a muchos fieles pedir y no recibir? Según San Agustín, debe considerarse lo que aquí dice primero: en mi nombre, y lo que añade después; yo lo haré. El nombre de Cristo es nombre de salvación, como se dice en San Mateo: Le pondrás por nombre Jesús porque él salvará a su pueblo de sus pecados (1, 21). Luego el que pide alguna cosa que pertenece a la salvación, pide en nombre de Cristo. Mas acontece que uno pide cosas extrañas a su salvación, de dos maneras:

1º) Por mala disposición; por ejemplo, cuando pide algo a que tiene inclinación, lo cual impediría la salvación, si lo poseyera. Por lo tanto, quien así pide, no es escuchado, pues pide malamente, como dice Santiago: Pedís y no recibís; y esto es porque pedís mal (Stg 4, 3). Porque cuando alguno, por un afecto desordenado, va a usar mal de lo que quiere recibir, no lo recibe, por la misericordia del Señor, que no le escucha según su deseo, sino que obra para su bien, pues, el Señor de bondad niega muchas veces lo que pedimos, para concedernos lo que deberíamos preferir.


2º) Por ignorancia, cuando uno pide alguna vez lo que cree convenirle y, sin embargo, no le conviene. Pero Dios, mirando mejor por ellos, no hace lo que le piden. Así San Pablo, que había trabajado más que los otros, pidió tres veces al Señor que apartase de él el aguijón de la carne, y, sin embargo, no obtuvo lo que pidió, porque no le convenía, como puede verse en la II Epístola a los de Corinto (12, 7). Y en la carta a los Romanos dice: No sabemos lo que hemos de pedir como conviene; mas el mismo Espíritu pide por nosotros con gemidos inexplicables (8, 26). Y el mismo Señor dice en San Mateo 20, 22: No sabéis lo que pedís.

Es evidente, pues, que cuando pedimos en su nombre, es decir en nombre de Jesucristo, él lo hará. Pero dice: yo lo haré en futuro; mas no dice: lo hago, en presente, porque a veces difiere hacer lo que pedimos, para acrecentar nuestro deseo, y hacerlo en tiempo oportuno: Os daré lluvias a sus tiempos (Lev 26, 3).

A veces ocurre también que pedimos para otro, en favor del cual tal vez no somos escuchados, porque son un obstáculo sus méritos: Así, pues, tú no ruegues por este pueblo... porque no te escucharé (Jer 7, 16); y más adelante dice el Señor: Aunque Moisés y Samuel se me pusiesen delante, no es mi alma para con este pueblo (Jer 15, 1).
(In Joan., XIV).

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