¡Alabado sea
Jesucristo! ¡Queridos hermanos y hermanas en Cristo! El presente año está
marcado por el memorable evento del 50ºaniversario de la encíclica Humanae
vitae, con la cual el Beato Pablo VI ha confirmado la doctrina del Magisterio
constante de la Iglesia con respecto a la trasmisión de la vida humana. Los
Obispos y los Ordinarios del Kazajistán quieren aprovechar la ocasión propicia
para honrar la memoria y la perenne importancia de esta encíclica.
Durante la última
reunión de todos nuestros sacerdotes y hermanas religiosas en Almaty se han
efectuado amplios debates sobre el tema de la preparación de los jóvenes al
sacramento del matrimonio. Se presentó la propuesta de transmitir a los jóvenes
las verdades más importantes del Magisterio de la Iglesia relativas al
matrimonio cristiano y a la santidad de la vida humana desde el momento de su
concepción.
Proclamamos con la voz
del Magisterio de la Iglesia, como la podemos percibir en la encíclica Humanae
vitae y en otros documentos de los Pontífices Romanos, las siguientes verdades
exigentes del “yugo suave y de la carga liviana” (Mt 11, 30) de Cristo:
• “La Iglesia, sin
embargo, al exigir que los hombres observen las normas de la ley natural
interpretada por su constante doctrina, enseña que cualquier acto matrimonial
debe quedar abierto a la transmisión de la vida” (Pablo VI, Encíclica Humanae
vitae, 11).
Ahí
tienes, María, que vienes a echar conmigo este rato de Sagrario, una palabra en
la que jamás tal vez has parado mientes y que es palabra iluminadora.
¡Esclarece
tantos misterios y responde tan satisfactoriamente a tantas preguntas al
parecer incontestables!
Los pocos amigos de Jesús
¡Cuántas
veces al pasar conmigo un rato de adoración y compañía en mis Sagrarios
abandonados o al encontrarte en medio de reuniones o en lugares en que ni se me
nombra ni se me tiene en cuenta para nada, has exclamado entre abatida y
desorientada: ¡qué pocos somos, Señor, qué pocos somos los tuyos!
¿Verdad
que choca contra tu razón y contra la lógica y contra el orden y aparentemente
contra la fe, el que estén en minoría y a las veces bien insignificante, los de
verdad servidores míos?
Si
soy la Verdad por esencia y sin Mí no tienen los hombres más que tinieblas y
vicios, si soy el único Salvador y Redentor verdadero y el iluminador
indeficiente y el invencible sostén de todos los débiles y el invicto Vencedor
de todas las tiranías y explotaciones inicuas, si soy el Jesús de los Profetas,
del Evangelio y de la historia, si Yo soy Yo, ¿no es de verdad chocante e
inexplicable hasta el misterio que sean tan pocos los hombres que me conocen, y
menos, mucho menos aun, los que me aman y sirven?
Solos aquí en el
Sagrario Yo, tu Jesús, y tú, mi María, y en la intimidad de estas mis
confidencias quiero depositar una queja que mi Corazón tiene con no pocos de
los que me sirven y andan conmigo.
El Evangelio poco
tenido en cuenta
¡Hacen tan poco caso
de mi Evangelio!
Lo leen, es verdad;
lo creen, algunos hasta lo meditan, pero... te repito, ¡hacen tan poco caso de
lo que leen, creen y meditan!
Unas veces salen con
que aquello que digo o hago es sólo para que se lo apliquen los pecadores
empedernidos o las almas de elección; otras, con que aquello es bueno y hacedero
de vía extraordinaria, pero no ordinaria; ora que aquellos hombres y aquellos
tiempos eran otros hombres y otros tiempos; ora me ponen tan lejos en tiempo y
en distancia, que lo cierto es que, porque unos no se tienen por tan malos o
tan buenos, porque otros no se crean llamados a vías extraordinarias y porque
casi ninguno vive persuadido de que sigo viviendo y siendo el mismo en el
Sagrario, mi Evangelio no acaba de entrar en la vida y en la piedad de muchos
hijos míos.
¿Te extraña esta mi
queja? ¿No habías parado mientes en esa falta de Evangelio, no ya de los
impíos, como es natural, ni aun de los cristianos indiferentes, sino de las
almas piadosas?
Pues tan justa es mi
queja como cierto el motivo que la produce.
San Juan de Ávila, sacerdote diocesano,
proclamado Doctor de la Iglesia universal
BENEDICTO PP. XVI
Ad perpetuam rei memoriam
1. Caritas
Christi urget nos (2 Co 5, 14). El amor de Dios, manifestado en Cristo
Jesús, es la clave de la experiencia personal y de la doctrina del Santo
Maestro Juan de Ávila, un «predicador evangélico», anclado siempre en la
Sagrada Escritura, apasionado por la verdad y referente cualificado para la
«Nueva Evangelización».
La primacía de la
gracia que impulsa al buen obrar, la promoción de una espiritualidad de la
confianza y la llamada universal a la santidad vivida como respuesta al amor de
Dios, son puntos centrales de la enseñanza de este presbítero diocesano que
dedicó su vida al ejercicio de su ministerio sacerdotal.
El 4 de marzo de
1538, el Papa Pablo III expidió la Bula Altitudo Divinae
Providentiae, dirigida a Juan de Ávila, autorizándole la fundación de la
Universidad de Baeza (Jaén), en la que lo define como «praedicatorem
insignem Verbi Dei». El 14 de marzo de 1565 Pío iv expedía una Bula
confirmatoria de las facultades concedidas a dicha Universidad en 1538, en la
que le califica como «Magistrum in theologia et verbi Dei praedicatorem
insignem» (cf. Biatiensis Universitas, 1968). Sus contemporáneos
no dudaban en llamarlo «Maestro», título con el que figura desde 1538, y el
Papa Pablo VI, en la homilía de su canonización, el 31 de mayo de 1970,
resaltó su figura y doctrina sacerdotal excelsa, lo propuso como modelo de
predicación y de dirección de almas, lo calificó de paladín de la reforma
eclesiástica y destacó su continuada influencia histórica hasta la actualidad.
En estos días en que
se debate en el Congreso de la Nación un posible proyecto de despenalización
del aborto que amplía las causales vigentes que ya lo permiten, arrecia en los
medios de comunicación y en las redes sociales una campaña para justificar lo que
el Concilio Vaticano II llamó “crimen abominable”.
En ese contexto los
alumnos de nuestros colegios pueden quedar confundidos y aun algunos
manifiestan su apoyo a esa posición equivocada y dañosa.
Por eso, les pido
que arbitren los medios necesarios para que todos los jóvenes sean instruidos
sobre el tema con claridad, delicadeza y prudencia, según la enseñanza de la
Iglesia.
Como ayuda les envío
un escrito de mi autoría que puede ser útil a profesores y maestros para
exponer la verdad según la edad y grado de comprensión de los alumnos.
Además, les pido que
inviten a las familias a participar de la Marcha por la Vida que se realizará
en Buenos Aires, desde Plaza de Mayo hasta Congreso, el domingo 20 de mayo, a
las 15 hs. De ser posible, faciliten la participación disponiendo los medios de
transporte.
El escrito que
menciona el prelado platense es el siguiente:
La cuestión del aborto: sus
facetas
1. La primera afirmación que es preciso hacer, o
eventualmente discutir en el nivel que corresponde, es de
carácter científico. Lo formulo en estos términos: el fruto de la concepción, es decir,
cuando la cabeza del espermatozoide ya ha penetrado en el núcleo del óvulo, es
un ser humano; la unión de los gametos produce una persona humana, aún antes de
la anidación, cinco o seis días después, a partir de la cual se seguirá
su desarrollo en el nido que es el seno materno. Es una nueva criatura, un ser
nuevo se ha hecho presente. Los estudios de genética y de embriología cumplidos
durante el siglo XX -pienso singularmente en el aporte decisivo del candidato
al premio Nobel Jerôme Lejeune- no parecen dejar lugar a dudas. A este
propósito hay que despejar la equívoca postura de quienes sostienen que la
mujer es dueña de su cuerpo. Lo es, sin duda, pero el fruto de su concepción no
es una parte o un apéndice de su cuerpo, sino otro ser humano con otro ADN, es
ya desde el inicio XX o XY, varón o mujer; por lo tanto no tiene derecho a
eliminarlo, ni ella ni nadie. Al contrario, debe ser protegido y cuidado para
que llegue a ver la luz del sol, gozar de la libertad y llegar a la meta de su
plena realización. En mi opinión, es el conocimiento del genoma humano el
primer apoyo para rechazar una legislación que, al despenalizar el aborto lo
declara inocuo, una conducta protegida por la ley; en una decisión semejante se
viola una certeza científica. Llaman la atención declaraciones recientes del
Ministro de Ciencia y Tecnología de la Nación; su postura atrasa casi un siglo,
y podría ser emparentada con ideologías que han producido consecuencias
funestas.
Conoces esa
pregunta, ¿verdad? Es la que arrancó a mi Corazón la vuelta de un solo leproso
de los diez que milagrosamente curé.
Si te has detenido
en saborear esas palabras, habrás conocido que no es una pregunta de
curiosidad, que no tuve jamás ni pude tener, ni de ignorancia, que a mis ojos
está todo patente, y que más que una pregunta es una queja. Y ¡qué de adentro
me salió! Tan de adentro como la compasión que me impulsó a limpiarlos de su
horrible mal.
Lo que es un milagro
de Jesús
¿Tú sabes lo que son
y cómo son mis milagros? ¡Los míos! ¡Los del Testamento Nuevo!
Los hombres los
suelen mirar como espléndidas ostentaciones de mi poder; y eso principalmente
eran mis milagros del Testamento Antiguo. Pero ahora que Dios se ha hecho
hombre para hacer a los hombres Dios, un milagro mío no es sólo poder, y ya lo
necesita infinito, es también amor, y si en mis atributos cupieran el más y el
menos, te diría que es más amor que poder. Un milagro mío más que explosión de
volcán que arrasa, quema y asola, es estallido de beso, que abrasa y no quema;
más que torrente de fuerza devastadora, es gota de lágrima que borra, ablanda y
limpia; más que fulgor de rayo que deslumbra y ciega, es mirada que rinde y
enloquece...
Para tu lenguaje, te
diré que, cuando Yo hago un milagro, no se me queda cansada la mano, aunque
haya tenido que dar con ella de comer pan milagroso a miles de hambrientos,
sino ¡el Corazón! ¡Ése, ése es el que hace mis milagros! Ése es el que si
pudiera cansarse se quedaría cansado después de cada milagro.
Me dirijo a Ustedes
con motivo de la presentación de un Proyecto de Ley concerniente a
la Interrupción Voluntaria del Embarazo que será debatido en estos
meses. A través de la presente Carta Pastoral quiero compartir con
Ustedes algunas reflexiones al respecto y que puedan servirles para
confirmarlos en la verdad de la fe católica.(1)
El argumento
propuesto puede ser tratado según dos consideraciones. Desde la razón natural
(orden natural; filosofía) y desde la razón creyente (orden sobrenatural;
teología). He dividido mi escrito siguiendo estos dos modos. El primero se
desarrollará según el mandato del Apóstol san Pedro, quien nos exhorta a “saber
dar razones” de nuestra esperanza. En la segunda parte (la razón creyente)
intento recordar sumariamente los puntos fundamentales de las enseñanzas de la
Iglesia católica acerca de la vida humana y el aborto, en el contexto de la
dignidad del hombre creado como ‘imagen y semejanza de Dios’. Finalizaré con
las lúcidas y valientes afirmaciones de santa Madre Teresa de Calcuta referidas
al aborto, la vida y la paz.
I. La razón natural
1. La vida humana tiene su
inicio en el momento de la fecundación o concepción.
Elementos para una discusión sobre el libro de Marcello Pera “La
Chiesa, i diritti umani e il distacco da Dio” (La Iglesia, los derechos humanos
y el alejamiento de Dios)
texto fechado el 29 de setiembre de 2014
Por Benedicto XVI
El libro representa indudablemente un gran
desafío para el pensamiento contemporáneo, y también en particular para la
Iglesia y la teología. El hiato entre las afirmaciones de los Papas del siglo
XIX y la nueva visión que comienza con la “Pacem in terris” es evidente y se ha
debatido mucho sobre ello. Eso está también en el centro de la oposición de
Lefèbvre y de sus seguidores contra el Concilio. No me siento en condiciones de
dar una respuesta clara a la problemática de su libro, sólo puedo hacer algunas
anotaciones que, me parece, podrían ser importantes para una posterior
discusión.
1. Sólo gracias a su libro se me ha vuelto
claro en qué medida con la “Pacem in terris” comenzó una nueva orientación. Yo
era consciente de cuán fuerte fue el efecto de esa encíclica sobre la política
italiana: dio un impulso decisivo para la apertura de la Democracia Cristiana
hacia la izquierda. Pero no fui consciente de cuál fue el comienzo que ella
había representado también respecto a los fundamentos ideales de ese partido.
Y, sin embargo, por lo que recuerdo, la cuestión de los derechos humanos
adquirió prácticamente un puesto de gran relieve en el Magisterio y en la
teología postconciliar sólo con Juan Pablo II.
Tengo la impresión que, en el Papa santo,
esto no fue tanto el resultado de una reflexión (que no faltó en él), sino la
consecuencia de una experiencia práctica. Contra la pretensión totalitaria del
Estado marxista y de la ideología sobre la que se basaba, él vio en la idea de
los derechos humanos el arma concreta capaz de poner límites al carácter
totalitario del Estado, ofreciendo de este modo el espacio de libertad
necesario no sólo para el pensamiento de la persona individual, sino también y
sobre todo para la fe de los cristianos y para los derechos de la Iglesia. La
imagen secular de los derechos humanos, según la formulación dada a ellos en
1948, le pareció evidentemente que era la fuerza racional que hace frente a la
pretensión omniabarcadora, ideológica y práctica del Estado basado en el
pensamiento marxista. Y así, como Papa, afirmó el reconocimiento de los
derechos humanos como una fuerza reconocida por la razón universal en todo el
mundo contra las dictaduras de todo tipo.
Por sugerencia del
Padre Rector, dedico esta lección inaugural a presentar una visión de conjunto
de la formación sacerdotal, en la que se proyectan no sólo mis estudios sino
también mi experiencia eclesial, sobre todo los once años vividos como organizador
y director del Seminario Diocesano de San Miguel y luego mi continua cercanía,
como arzobispo, de este Seminario Mayor San José. Pero es mi propósito centrar
la atención en los textos del Concilio Vaticano II, leídos, como varias veces
lo ha indicado Benedicto XVI, según el principio hermenéutico de continuidad
con la Gran Tradición de la Iglesia.
En mi opinión, la
gran Asamblea Ecuménica del siglo XX comprende tres fenómenos, que muchas veces
suelen ser confundidos, para daño de su correcta interpretación.
1) El carácter
profético de la Encíclica, del Beato Pablo VI, Humanae vitae, su vigencia
irreformable y la necesidad de releerla desde la “teología del cuerpo”.
2) La
Encíclica Humanae vitae está en consonancia y continuidad con lo
expresado en la Gaudium et spes del Concilio Vaticano II, y realiza
su explicitación y concreción. El contenido moral presente en la Encíclica
exalta el amor humano con sus características y aclara el concepto de
paternidad responsable en consonancia «con criterios objetivos tomados de la
naturaleza de la persona y de sus actos» (Gaudium et spes, 51).
“El que escucha
estas palabras mías y las pone en práctica se parece a aquel hombre prudente
que edificó su casa sobre roca” (Mt 7,24). Son las últimas palabras, de
Jesucristo en el Sermón de la Montaña de San Mateo que es la carta magna de la
moral cristiana. Como dice San Agustín, comentando esta misma frase: “Quien
considere pía y sobriamente el Sermón que pronunció nuestro Señor Jesucristo en
el monte, tal como leemos en el evangelio según Mateo, creo que encontrará en
él todo lo que concierne a las costumbres perfectas, al modo perfecto de la
vida cristiana”1.
Por una parte,
muestra algo que podría parecer evidente, pero que, en cambio, para muchos ha
dejado de serlo, esto es: existe una vida cristiana y Cristo nos la enseña. El
cristianismo contiene en sí un modo de vida con unas características propias.
El mismo Jesucristo ha querido transmitirlo así de un modo claro y la Iglesia
nos lo comunica para formar en nosotros unas convicciones básicas en la
moralidad. El hecho de que surjan dudas al respecto viene por tanto de otra
fuente, de otras voces que no son las de Cristo. Poder pensar que no existe, o
que es simplemente un conjunto de actitudes vagas, es un modo claro de no
escuchar sus palabras y fundar la vida sobre arena. La propia evolución que ha tenido
el debate sobre la especificidad de la moral cristiana en estos últimos años
así nos lo muestra 2, acabó por
inanición y por la necesidad de supervivencia 3. Si no existía tal
especificidad en relación al obrar concreto, los moralistas nos quedábamos sin
trabajo, porque bastaría unos pocos trazos genéricos sobre algunas pretendidas
actitudes cristianas para mostrar todo lo cristiano de la moral.
Los partidarios de
la instrumentalización de la vida embrionarias o del aborto suelen decir que
las tesis pro-vida están inspiradas, exclusivamente, en dogmas religiosos. Incluso
consideran que prohibir el aborto sería una imposición religiosa. La realidad
es muy distinta y los argumentos científicos a favor de la vida embrionaria o
del no nacido durante el embarazo, por supuesto en coincidencia con la idea
cristiana del valor de la vida humana, son abundantes, pues aportan los datos
sobre cuando comienza la vida de un ser humano y cómo transcurre su desarrollo
y solo pueden llevar a la conclusión de que debe ser protegida.
Parece obvio que la
Ciencia ha de estar siempre a favor de la vida, y más si se trata de vida
humana. Sin embargo, hay científicos que no se pronuncian o callan, y algunos
también que en función de determinadas ideologías o formas de pensar,
relativizan la especial dignidad y valía del ser humano. Los primeros no
merecen ningún comentario como no sea lamentar su falta de valentía para
defender la verdad. En cuanto a los que minimizan la vida humana, dándole la
espalda a la evidencia científica, puede que lo hagan por alguna de las
siguientes posturas: por no valorar de modo especial la vida humana respecto a
la de otras especies; por no valorar por igual la vida humana en todas las
etapas de su ciclo vital; o por no valorar por igual la vida humana en todas
las circunstancias y condiciones de salud física o mental.
D. Fernando García y Dª. Isabel Saiz, esposos
Fidelidad a la Humanae vitae
Fernando
Queremos dar gracias
en primer lugar a D. Juan Antonio por organizar este congreso e invitarnos a
participar en él.
Nosotros somos
Isabel y Fernando, un matrimonio con cinco niñas que vivimos aquí en Alcalá.
Llevamos doce años casados y antes tuvimos un noviazgo largo, de seis años y
medio.
De jóvenes nos
formamos en la entonces Acción Católica de Cuenca que ahora continúa en
Católicos en Acción. Allí recibimos formación sobre el Magisterio de la Iglesia
Católica en todo lo referente a estos temas, lo cual acogimos con humildad y
obediencia. Como dice la Encíclica Humanae Vitae: Es de vital importancia crear
un ambiente propicio para que los jóvenes sean educados en la castidad y el
respeto a uno mismo y a los demás, así como que los educadores y sacerdotes
sean fieles al magisterio de la Iglesia a la hora de orientar y dar consejos,
por ejemplo en el sacramento de la penitencia (cf. HV 22 y 28).
Vivimos el noviazgo
con mucha alegría, nos parecía estar en una nube cuando estábamos juntos.
Acabamos los estudios universitarios en Madrid y yo aprobé las oposiciones de
secundaria en Castilla-La Mancha, por lo que tuve que vivir cuatro años fuera
de Madrid y solo nos podíamos ver los fines de semana, y a veces ni eso.
Para el pastor que atiende las almas, como para el teólogo
moralista, Amoris Laetitia representa un desafío sin muchos precedentes en la
historia reciente de la Iglesia. Desde su publicación, la exhortación
apostólica del Papa Francisco ha sido objeto de interpretaciones diametralmente
opuestas e incompatibles entre ellas, que han causado gran confusión entre los
fieles. No se puede negar que había enormes expectativas alrededor de esta
exhortación apostólica, centradas en un punto muy concreto: el de la admisión
de los divorciados «que se han vuelto a casar» a los sacramentos de la
Penitencia y la Eucaristía.
1. La
preocupación de fondo
Es necesario, sin embargo, captar la preocupación de fondo que ha
llevado al Papa Francisco a escribir este documento: renovar la pastoral
familiar de la Iglesia, para así llegar a todas las familias y, sobre todo, a
las que están heridas, para acogerlas, acompañarlas e integrarlas en la vida de
la Iglesia. Dicha preocupación se vincula a esa conversión pastoral y a ese
«dinamismo de salida misionera» solicitado en la otra exhortación, Evangelii
Gaudium (n. 20).
«¿Qué aporta Cristo a la familia?». En el vuelo de vuelta de su
viaje a Tierra Santa, el 26 de mayo de 2014, el Papa Francisco expresó con
estas palabras la intuición fundamental y la finalidad por las que había
iniciado en la Iglesia el largo y articulado camino sinodal, que ha llevado a
la publicación de la exhortación apostólica Amoris Laetitia. Por lo tanto, no
nos debemos centrar en las problemáticas de casuística moral si queremos ir al
corazón de la preocupación pastoral del Santo Padre. Debemos, más bien, enfocar
la perspectiva de fondo, sin la cual todo se vuelve borroso. Y la perspectiva
fundamental está determinada por la intención de buscar, de nuevo, el mensaje
de Jesús acerca de la familia; no sólo para saber algo, sino para abrir un
camino de vida mejor, para que llegue a las personas allí donde se encuentren,
las impulse a convertirse, a sanar y a caminar hacia la santidad.
Homilía
de San Atanasio contra los que consideran al número como prueba de la verdad o
que no juzgan de la verdad sino por el número:
De Dios debemos esperar la fuerza y las luces necesarias para
combatir la mentira y el error y a Él recurriremos para obtenerlas. Él es el
Dios de la Verdad, Él nos ha sacado del seno del error y de la ilusión, Él nos
dice en el fondo del corazón: "Yo soy la Verdad", Él sostiene nuestra
esperanza y anima nuestro celo, cuando nos dice: "Tened confianza, Yo he
vencido al mundo.
Después de eso, ¿cómo no sentir compasión por los que sólo miden la
fuerza y el poder de la Verdad por el gran número? ¿Han olvidado por
consiguiente, que Nuestro Señor Jesucristo no eligió sino doce discípulos,
gentes simples, sin letras, pobres e ignorantes, para oponerlos, con una
misericordia totalmente gratuita, al mundo entero y que no les dio, como única
defensa, sino la confianza en Él? ¿Ignoran acaso que les dio como instrucción a
estos doce enviados, no el seguir al gran número, y a esos millones de hombres
que se perdían, sino ganar a esa multitud y comprometerla a seguirlos? ¡Cuán
admirable es la fuerza de la Verdad! Sí, la Verdad es siempre vencedora, aunque
no esté sostenida sino por un número muy pequeño.
No tener otro recurso sino el gran número, recurrir a él como a una
muralla contra todos los ataques, y como a una respuesta para todas las
dificultades, es reconocer la debilidad de su causa, es convenir en la
imposibilidad en que se está de defenderse, es, en una palabra, reconocerse
vencido.
¿Qué pretendéis, en efecto, cuando nos objetáis vuestro gran
número? ¿Queréis como en otro tiempo, levantar una segunda Torre de Babel, para
tener a raya a Dios y atacarlo en caso de necesidad? ¡Qué ejemplo el de esa
multitud insensata!
HOMILÍA DEL SANTO PADRE
BENEDICTO XVI
DURANTE LA CONCELEBRACIÓN EUCARÍSTICA
PARA LOS TRABAJADORES EN LA FIESTA DE SAN JOSÉ
Domingo 19 de marzo de 2006
Queridos hermanos y hermanas:
Hemos escuchado juntos una famosa y bella página del libro del Éxodo, en la que
el autor sagrado narra la entrega del Decálogo a Israel por parte de Dios. Un
detalle llama enseguida la atención: la enumeración de los diez
mandamientos se introduce con una significativa referencia a la liberación del
pueblo de Israel. Dice el texto: "Yo soy el Señor, tu Dios, que te
saqué de Egipto, de la esclavitud" (Ex 20, 2). Por tanto, el
Decálogo quiere ser una confirmación de la libertad conquistada. En efecto, los
mandamientos, si se analizan en profundidad, son el instrumento que el Señor
nos da para defender nuestra libertad tanto de los condicionamientos internos
de las pasiones como de los abusos externos de los maliciosos. Los
"no" de los mandamientos son otros tantos "sí" al
crecimiento de una libertad auténtica. Conviene subrayar también una segunda
dimensión del Decálogo: con la Ley dada por medio de Moisés el Señor
revela que quiere establecer con Israel una alianza. Por consiguiente, la Ley,
más que una imposición, es un don. Más que mandar lo que el hombre debe hacer,
quiere manifestar a todos la elección de Dios: él está de parte del
pueblo elegido; lo liberó de la esclavitud y lo rodeó con su bondad
misericordiosa. El Decálogo es testimonio de un amor de predilección.
CONGRESO SOBRE LA ENCÍCLICA HUMANAE VITAE, A LOS CINCUENTA AÑOS
DE SU PUBLICACIÓN (27 de Enero 2018). Prof. Alfonso Fernández Benito
“LA ENCÍCLICA HUMANAE VITAE,
CINCUENTA AÑOS DESPUÉS
Una relectura desde las Catequesis de Juan Pablo II sobre el
amor humano”.
“LA
ENCÍCLICA HUMANAE VITAE, CINCUENTA AÑOS DESPUÉS.
Una
re-lectura desde las Catequesis de Juan Pablo II sobre el amor humano”.
A.
CONTEXTO REMOTO E INMEDIATO DE LA ENCÍCLICA HUMANAE VITAE.
B. AMOR
CONYUGAL Y MATRIMONIO.
C.
PATERNIDAD RESPONSABLE EN EL CONCILIO.
D.
PROCREACIÓN RESPONSABLE EN LA ENCÍCLICA HUMANAE VITAE.
E. EL
PRINCIPIO DE INSEPARABILIDAD DEL DOBLE SIGNIFICADO.
F. EL
ARGUMENTO DE ACTITUD ANTE LA VIDA O POR LAS CONSECUENCIAS.
G. LA
RELECTURA DE JUAN PABLO II EN LAS CATEQUESIS SOBRE EL AMOR HUMANO EN EL PLAN
DIVINO.
1. Un
retablo antropológico, con tres tablas.
2. Tres
experiencias originarias.
a)
Experiencia originaria de soledad.
b)
Experiencia de unidad originaria o comunión de amor.
c)
Experiencia de desnudez originaria.
3.
Significado esponsal del cuerpo y virtud de la castidad.
a)
Autodominio
b)
Autodonación
4. La
virtud de la continencia.
5. El
hombre histórico: herido por el Pecado.
6. Novedad
de la moral evangélica: el “adulterio de la carne” y el “adulterio del
corazón”.
1ª. La
tradición jurídica de la Ley Mosaica.
2ª. La
tradición profética de la Alianza
3º. La
tradición sapiencial
7. La
Redención del cuerpo.
H. A MODO
DE CONCLUSIÓN: TRES LECCIONES FUNDAMENTALES PARA LA “LÓGICA DE LA ENTREGA”.
1ª
Lección.
2ª Lección
3ª
Lección.
Saludos: Sr. Obispo de Alcalá de Henares, Excmo. Dr. D. Juan
Antonio Reig Plá, querido amigo; Mi querido profesor don Livio Melina y colegas
del Instituto Juan Pablo II y de otras Universidades. Muy estimados
congresistas, Señoras y Señores. Muchas gracias por esta invitación, a través
de su coordinador, D. Luis Eduardo Morona Alguacil.
Echar una mirada retrospectiva sobre esta Encíclica profética, a
los cincuenta años de su publicación, constituye todo un acierto metodológico
para comprobar sus frutos. Desde la primacía del significado procreador -en sus
fuentes próximas-, y a la luz de dos mil años de tradición -punto de inflexión
será el Concilio Vaticano II- realizaremos una re-lectura a partir del
significado unitivo, ayudados por las Catequesis de Juan Pablo II sobre la
belleza del amor humano en el plan divino. Por brevedad, hemos querido
delimitar el tema, añadiendo un subtítulo: “La Encíclica Humanae vitae,
cincuenta años después. Una re-lectura desde las Catequesis de Juan Pablo II
sobre el amor humano”.
Procuraremos realizan una re-lectura de la Encíclica, 50 años
después, a través de lo que estimamos es su hilo conductor y gran principio
argumentativo que apoya la única norma moral enseñada por la Encíclica, es
decir, el Principio de inseparabilidad del doble significado del acto conyugal
(significado unitivo y procreador), criterio antropológico y moral que ha
mostrado una extraordinaria fecundidad no sólo en el campo del amor, sino
también en el de la transmisión humana de la vida y en el campo de la bioética.
Anticipo desde el inicio que durante los 50 años desde su publicación ha habido
un cambio de acento y de dirección en este Principio que, según mi parecer,
constituye el criterio objetivo y sintético de moralidad sobre el acto conyugal
más importante de los últimos cincuenta años en moral de la persona.
A. CONTEXTO REMOTO E INMEDIATO DE LA ENCÍCLICA HUMANAE VITAE.
Si pretendemos realizar desde el momento actual una lectura
equilibrada de la Encíclica, es muy conveniente que nos anticipemos también
algunos años antes de su publicación. Se trata sencillamente de interpretar el
texto en su contexto del siglo veinte. El contexto remoto de la Humanae vitae,
podría ser la doctrina dogmática sobre los fines del matrimonio 1 y su aplicación más o menos directa al campo moral, con las
limitaciones que esto supuso, y que recoge a la perfección la preocupación de
la moral durante dos mil años por la apertura a la vida para la licitud en el
comportamiento sexual.