lunes, 30 de abril de 2018

La sobreabundancia del amor: cuerpo y generación desde Pablo VI a Francisco - Rvdo. Dr. D. José Granados García, D.C.J.M


Lenguaje del cuerpo,
espacio sexuado y apertura al Creador:
releyendo Humanae Vitae
Rvdo. Dr. D. José Granados García, D.C.J.M

En La insoportable levedad del ser, conocida novela del checo Milan Kundera, se describen los modos conflictivos de vivir el sexo en nuestra época. Los dos protagonistas, Tomás y Teresa, representan, respectivamente, una manera “leve” y “grave” de entender amor y sexualidad. Frente al prolijo donjuán que es Tomás, Teresa aspira a un amor único y estable, cuyo símbolo es la pesada maleta con la que se presenta por primera vez en la casa de él. En un momento de la novela Teresa, mirándose desnuda en el espejo, experimenta hastío:

Teresa está ante el espejo como hechizada y mira su cuerpo como si fuera ajeno; ajeno y sin embargo adjudicado precisamente a ella. Aquel cuerpo no tenía fuerzas suficientes como para ser el único cuerpo en la vida de Tomás. Aquel cuerpo la había decepcionado y traicionado. [...] De pronto tiene ganas de despedir a ese cuerpo como a una criada. ¡Permanecer junto a Tomás sólo como alma y que el cuerpo saliera a recorrer el mundo para comportarse allí tal como otros cuerpos femeninos se comportan con los cuerpos masculinos! Si su cuerpo no es capaz de convertirse en el único cuerpo para Tomás y si ha perdido la batalla más importante de su vida, ¡que se vaya! 1

Este cuerpo le ha defraudado, y de ahí que le inspire asco. Y se consuela solo al considerar que su alma única podrá unirse de modo único a su amante, aunque su cuerpo, incapaz de competir con el de cientos de mujeres, sea expulsado del ámbito del amor.

Se suscitan así varias preguntas: ¿qué peso tienen, en el relato de nuestra vida, las experiencias que vivimos en el cuerpo? ¿Son acciones que, por fortuitas, resultan casi inexistentes, o nos jugamos en ellas el destino? La paradoja del título de la novela de Kundera es que la levedad de estas experiencias se hace muy cargante al hombre. ¿Será entonces el dualismo, esa separación entre la persona y el cuerpo que añora Teresa, la única vía para alcanzar relaciones duraderas, pero separadas así de la fábrica concreta de la vida?

Presentación del congreso El triunfo de la vida y la verdad del amor humano - Mons. Juan Antonio Reig Pla


CONGRESO
EL TRIUNFO DE LA VIDA
Y LA VERDAD DEL AMOR HUMANO

A los 50 años de la Humanae vitae
y a los 25 años de la Veritatis splendor
Fortaleza-Palacio Arzobispal de Alcalá de Henares
Sábado, 26 de enero de 2018

Mons. Juan Antonio Reig Pla
Obispo Complutense

PRESENTACIÓN

El próximo 25 de julio la carta Encíclica del Beato Pablo VI Humanae Vitae cumplirá 50 años. Del mismo modo, el 6 de agosto cumplirá 25 años la Carta Encíclica Veritatis splendor del Papa San Juan Pablo II. Ambas encíclicas han sido, junto con el Catecismo de la Iglesia Católica, los faros de luz que han guiado a los católicos en la noche cultural y moral que se ha cernido sobre Occidente. La Encíclica Humanae vitae amaneció en 1968 en plena eclosión de la revolución sexual y pocos supieron reconocer su carácter profético, constituyendo uno de los hitos del Magisterio de la Iglesia Católica. La encíclica Veritatis splendor siguió al Catecismo de la Iglesia Católica y nace con voluntad de responder a la crisis de la verdad y al desmoronamiento de los fundamentos de la moral propiciado por el relativismo moral y por la propuesta de las doctrinas teleológicas: el proporcionalismo y el consecuencialismo. A las dificultades en la recepción de ambas encíclicas se han sumado las distintas respuestas dadas a la Exhortación postsinodal del Papa Francisco Amoris laetitia y que, en algunos casos, plantean de nuevo lo que en su momento se llamó la moral de situación.

Con el lema que preside este Congreso El triunfo de la vida y la verdad del amor humano queremos contribuir a mantener viva la luz de la fe y del Magisterio en temas tan esenciales para el bien de la persona humana en su vocación específica al amor y el bien de la sociedad entera, que depende en gran medida del futuro del matrimonio y de la familia.

El marco en el que hemos de situar los contenidos de este Congreso es la moral social o lo que ha venido en llamarse la Doctrina Social de la Iglesia. Por tanto el primer escollo que pretendemos superar es no recluir a la encíclica Humanae vitae, como algunos pretenden, en el ámbito de la moral privada donde el único criterio es la libertad individual sin más precedentes y objetivos que el propio deseo.

Humanae Vitae - Pablo VI


CARTA ENCÍCLICA
HUMANAE VITAE
DE S. S. PABLO VI

A LOS  VENERABLES HERMANOS LOS PATRIARCAS,
ARZOBISPOS, OBISPOS Y DEMÁS ORDINARIOS DE LUGAR
EN PAZ Y COMUNIÓN CON LA SEDE APOSTÓLICA,
AL CLERO Y A LOS FIELES DEL ORBE CATÓLICO
Y A TODOS LOS HOMBRES DE BUENA VOLUNTAD,
SOBRE LA REGULACIÓN DE LA NATALIDAD


Venerables hermanos y amados hijos,
salud y bendición apostólica.

La transmisión de la vida
1. El gravísimo deber de transmitir la vida humana ha sido siempre para los esposos, colaboradores libres y responsables de Dios Creador, fuente de grandes alegrías aunque algunas veces acompañadas de no pocas dificultades y angustias. 

En todos los tiempos ha planteado el cumplimiento de este deber serios problemas en la conciencia de los cónyuges, pero con la actual transformación de la sociedad se han verificado unos cambios tales que han hecho surgir nuevas cuestiones que la Iglesia no podía ignorar por tratarse de una materia relacionada tan de cerca con la vida y la felicidad de los hombres. 

I. Nuevos aspectos del problema y competencia del magisterio 
Nuevo enfoque del problema

domingo, 29 de abril de 2018

Santa Catalina de Siena alimentó efectivamente con gran humildad la lámpara de su corazón, y mantuvo encendida la luz de la fe - San Juan Pablo II


HOMILÍA DE SU SANTIDAD 
SAN JUAN PABLO II
EN EL VI CENTENARIO DE LA MUERTE 
DE SANTA CATALINA DE SIENA

Basílica de San Pedro
Martes 29 de abril de 1980



1. Una innumerable falange de "vírgenes prudentes", como ésas alabadas por la parábola evangélica que hemos escuchado, han sabido, a lo largo de los siglos cristianos, esperar al Esposo con sus lámparas encendidas, bien provistas de aceite, para participar con El en la fiesta de la gracia en la tierra, y de la gloria en el cielo. Entre ellas, hoy fulgura ante nuestra mirada la grande y amada Santa Catalina de Siena, flor espléndida de Italia, gema preciosísima de la Orden Dominicana, estrella de incomparable belleza en el firmamento de la Iglesia, a la que honramos aquí en el sexto centenario de su muerte, acaecida una mañana de domingo, hacia las tres, el 29 de abril de 1380, mientras se celebraba la fiesta de San Pedro Mártir, tan amado por ella.

Feliz al poder daros una primera señal de mi viva participación en la celebración del centenario, os saludo cordialmente a todos vosotros, queridos hermanos y hermanas que, para conmemorar dignamente la gloriosa fecha, os habéis reunido en esta Basílica Vaticana, donde parece aletear el espíritu ardiente de la gran Santa de Siena. Saludo de modo particular al maestro general de los Hermanos Predicadores, padre Vincent de Couesnongle, y al arzobispo de Siena, mons. Ismaele Mario Castellano, promotores principales de esta celebración; saludo a los miembros de la Tercera Orden Dominicana y de la Asociación Ecuménica de los Caterinos, y a los participantes en el Congreso internacional de estudios sobre Santa Catalina, y a todos vosotros, queridos peregrinos que habéis recorrido tantos caminos de Italia y de Europa para uniros en este centro de la catolicidad, un día de fiesta tan bello y significativo.

2. Nosotros miramos hoy a Santa Catalina ante todo para admirar en ella lo que inmediatamente impresionaba a cuantos se la acercaron: la extraordinaria riqueza de humanidad, que nada ofuscó, sino que más bien aumentó y perfeccionó la gracia, que hacía de ella casi una imagen viviente de ese auténtico y sano "humanismo" cristiano, cuya ley fundamental fue formulada por el hermano y maestro de Catalina, Santo Tomás de Aquino, con el conocido aforisma: "La gracia no suprime a la naturaleza, sino que la supone y perfecciona" (S. Th. I, q. 1, a. 8, ad 2). El hombre de dimensiones completas es aquel que se realiza en la gracia de Cristo.

sábado, 28 de abril de 2018

Santa Gianna Beretta Molla: mujer, esposa, madre y santa


Oración a Santa Gianna Beretta Molla
Dios, Padre nuestro,
te alabamos y te bendecimos
porque en Santa Gianna Beretta Molla
nos has concedido y dado a conocer
a una mujer, testigo del Evangelio,
como joven, esposa, madre y médico.
te damos gracias también porque
por medio de la entrega de su vida
nos enseñas a acoger y honrar a toda criatura humana.

viernes, 27 de abril de 2018

En torno a la familia y a la vida se libra hoy la batalla fundamental de la dignidad del hombre - San Juan Juan Pablo II


VIAJE APOSTÓLICO A RÍO DE JANEIRO
DISCURSO DEL SANTO PADRE SAN JUAN PABLO II
AL CONGRESO TEOLÓGICO-PASTORAL
DEL II ENCUENTRO MUNDIAL DE LAS FAMILIAS
3 de octubre de 1997


Venerables hermanos en el episcopado;
 queridos congresistas:

1. Siento una gran alegría al reunirme con las familias que participaron, en representación de varias naciones, en este Congreso teológico-pastoral celebrado con vistas al II Encuentro mundial de las familias. Os saludo a vosotros, venerables hermanos en el episcopado de Brasil, de América Latina y del mundo entero, y saludo igualmente a las familias presentes y a todas aquellas a las que representan. A la vez que pido al Todopoderoso abundantes gracias de sabiduría y fortaleza, que sirvan de estímulo para reafirmar con fe el lema: «La familia: don y compromiso, esperanza de la humanidad», quisiera reflexionar con vosotros sobre varios aspectos y exigencias del trabajo apostólico y pastoral con las familias que debéis realizar.

Algunas de las consideraciones, que os propongo de modo particular a vosotros los obispos, maestros de la fe y pastores de la grey —llamados a infundir un renovado dinamismo a la pastoral familiar—, ya han sido objeto de atento estudio en el Congreso teológico-pastoral. Agradezco al cardenal Alfonso López Trujillo, presidente del Consejo pontificio para la familia, el saludo que me ha dirigido e invito a los participantes —delegados de las Conferencias episcopales, los movimientos, las asociaciones y los grupos—, procedentes de todo el mundo, a profundizar y difundir con entusiasmo los frutos de este trabajo, emprendido con plena fidelidad al Magisterio de la Iglesia.

El proyecto original de Dios Padre

jueves, 26 de abril de 2018

Oremos por Alfie Evans - Mons. Juan Antonio Reig Pla


Nota del Obispado de Alcalá de Henares
Oremos por Alfie Evans


El obispo de Alcalá de Henares, Mons. Juan Antonio Reig Pla, ruega oraciones por el niño Alfie Evans cuya situación tiene conmovido el corazón de sus padres y de tantas personas de buena voluntad.

Ataque a la familia

Como explica el Cardenal Elio Sgrecia, expresidente de la Academia Pontificia para la Vida, lo que está sucediendo con este niño “es un ataque a la institución familiar. Todo nace del estatismo; nos estremecemos cuando recordamos lo que causaron en el pasado los regímenes totalitarios”. [en línea]. [Consulta: 25-4-2018]. Disponible en web - Léase: https://infovaticana.com/2018/04/25/sgreccia-caso-alfie-evans-ataque-la-institucion-familiar/

Es necesario recordar el derecho-deber de los padres a custodiar el bien de sus hijos, ya que “es tal la patria potestad, que no puede ser ni extinguida ni absorbida por el poder público, pues que tiene idéntico y común principio con la vida misma de los hombres.” (León XIII, Encíclica Rerum Novarum, 10). “Según el principio de subsidiariedad, ni el Estado ni ninguna sociedad más amplia deben suplantar la iniciativa y la responsabilidad de las personas y de las corporaciones intermedias.” (Catecismo de la Iglesia Católica, n.1894). “A la actuación del principio de subsidiariedad corresponden: el respeto y la promoción efectiva del primado de la persona y de la familia” (Compendio de la Doctrina Social de la Iglesia, n. 187).

Obstinación anti-curativa

miércoles, 25 de abril de 2018

Haced siempre como San Marcos, estad en la escuela y a la vera de San Pedro - Pablo VI


DE LA HOMILÍA DE SU SANTIDAD PABLO VI
EN LA SANTA MISA PARA LOS MONAGUILLOS DE ROMA
Sábado 25 de abril de 1964


Hoy se celebra la fiesta de San Marcos. ¿Sabéis quién era San Marcos? Era un niño que vivía con su madre en Jerusalén, de buena familia. El será el que, precisamente aquí en Roma, se dice, escribirá el segundo Evangelio, el Evangelio de San Marcos. Precisamente en este Evangelio cuenta un episodio en el que hay que incluirlo a él también. La noche en que Cristo fue apresado, en el monte de los olivos, entregado por Judas, y abandonado por los discípulos, un muchacho, debía ser San Marcos, se unió al triste cortejo que, a la luz de las antorchas, conducía a Cristo a Jerusalén, donde sería procesado, insultado y condenado, como sabéis. Marcos seguía a Jesús. Quizá le quería mucho. El hecho es que lo seguía, en aquella hora tremenda, mientras los demás habían huido. Pero sucedió que la tropa que llevaba preso a Jesús se dio cuenta de la presencia del muchacho; y entonces hubo alguno que trató de cogerlo, y lo cogió de hecho, agarrando la sábana con que el joven se había cubierto, que evidentemente se había levantado de la cama tapándose con aquella sábana. Y sucedió que Marcos, ágil y esbelto, se soltó y escapó, dejó la sábana en las manos de quien le había atrapado y también él huyó en la oscuridad de la noche, él también. ¿Sería, acaso, aquel muchacho animoso al principio y cobarde después, la imagen de algunos niños del pequeño clero, que primero siguen, buenos, muy buenos, a Cristo, pero cuando llega el día de serle fieles con constancia y sacrificio, abandonan la túnica en el camino —y no sólo la exterior— del niño puro, bueno y devoto, alumno del pequeño clero, y se van más lejos y son más cobardes, quizá, que los demás? ¿Seréis así también vosotros? Ciertamente que no, porque sois precisamente niños de una pieza, inteligentes y animosos.

Cosas católicas 21 - El Mundo


¿Sabías que el mundo te ofrece muchas cosas atrayentes que te dejan vacío? ¿Y sabías que no hay que tener miedo de ir a contracorriente?

martes, 24 de abril de 2018

Signos y símbolos, palabras y acciones en la liturgia


OFICINA PARA
LAS CELEBRACIONES LITÚRGICAS
DEL SUMO PONTÍFICE

¿Cómo celebrar?  1:
Signos y símbolos, palabras y acciones (CIC 1145-1155)


La Constitución conciliar Sacrosanctum Concilium define la sagrada liturgia como «el ejercicio de la función (munus) sacerdotal de Jesucristo», en el que «la santificación del hombre se expresa mediante signos sensibles y se realiza de un modo propio en cada uno de ellos» (núm. 7). En la vida sacramental de la iglesia, el "tesoro escondido en el campo", del que habla Jesús en la parábola del evangelio (Mt. 13,44), se hace perceptible a los fieles a través de los signos sagrados. Mientras que los elementos esenciales de los sacramentos —la forma y la materia en términos de la teología escolástica—, se distinguen con una humildad y sencillez maravillosa, la liturgia, como acto sagrado, los envuelve en ritos y ceremonias que ilustran y hacen comprender mejor la gran realidad del misterio. Por lo tanto, se da una traducción en elementos sensibles, y por lo tanto más accesibles al conocimiento humano, para que la comunidad cristiana —«sacris actionibus erudita - instruida por las acciones sagradas», como dice una antigua oración del Sacramentario Gregoriano (cf. Missale Romanum 1962, Oración Colecta, Sábado después del primer domingo de la Pasión)—, esté  preparada a recibir la gracia divina.

Por el hecho de que la celebración sacramental «está entretejida de signos y símbolos», se expresa «la pedagogía divina de la salvación» (Catecismo de la Iglesia Católica [CIC], n. 1145), ya enunciada de modo elocuente por el Concilio de Trento. Reconociendo que «la naturaleza humana es tal, que no fácilmente se aviene a la meditación de las cosas divinas, sin recursos externos», la iglesia  «utiliza velas, incienso, vestidos y muchos otros elementos transmitidos por la enseñanza y la tradición apostólica, con los que se destaca la majestuosidad de un Sacrificio tan grande [la Santa Misa]; y las mentes de los fieles son llevadas de estos signos visibles de la religión y la piedad, a la contemplación de las cosas altas, que están ocultas en este Sacrificio» (Concilio de Trento, Sesión XXII, 1562, Doctrina de ss. Missae Sacrificio, c. 5, DS 1746).

sábado, 21 de abril de 2018

Domingo IV de pascua (ciclo b) Catena Aurea



Juan 10,11-18
"Yo soy el buen pastor. El buen pastor da su vida por sus ovejas. Mas el asalariado y que no es el pastor, del que no son propias las ovejas, ve venir al lobo y deja las ovejas y huye, y el lobo arrebata y esparce las ovejas. Y el asalariado huye, porque es asalariado y porque no tiene parte en las ovejas".
"Yo soy el buen Pastor, y conozco mis ovejas, y las mías me conocen. Como el Padre me conoce, así conozco yo al Padre, y pongo mi alma por mis ovejas. Tengo también otras ovejas que no son de este aprisco: es necesario que yo las traiga y oirán mi voz y será hecho un solo aprisco y un pastor. Por eso me ama el Padre, porque yo pongo mi alma para volverla a tomar. No me la quita ninguno, mas yo la pongo por mí mismo: poder tengo para ponerla, y poder tengo para volverla a tomar. Este mandamiento recibí de mi Padre".

San Agustín, in Joanem tract 46 et 47
El Señor nos descubre dos cosas, que nos había propuesto en cierto modo encubiertas. Nosotros sabemos desde un principio que El mismo es la puerta; ahora nos enseña que es pastor, por estas palabras: "Yo soy el buen pastor". Más arriba nos había dicho que el pastor entraba por la puerta. Si, pues, El mismo es la puerta, ¿cómo entra por sí mismo? Así como El por sí mismo conoce al Padre y nosotros le conocemos por El, de la misma manera El entra en el redil por sí mismo y nosotros entramos allí por El. Nosotros, porque predicamos a Cristo entramos por la puerta. Pero Cristo se predica a sí mismo; porque su predicación le muestra a El mismo, muestra la luz y otras muchas cosas. Si aquellos que presiden la Iglesia, que son sus hijos, son pastores, ¿cómo es que no hay más que un solo pastor sino porque todos aquellos son miembros de un solo pastor? Y en verdad el ser pastor lo concedió a sus miembros; pues Pedro es pastor, y los demás Apóstoles son pastores, y todos los buenos obispos son pastores. Pero la prerrogativa de ser puerta no la concedió a ninguno de nosotros; la reservó para sí solo. No habría añadido a la palabra pastor la cualidad de bueno, si no hubiera pastores malos; ellos son ladrones y salteadores, o por lo menos mercenarios.

San Gregorio, in Evang hom 14
El añade la manera de ser del pastor bueno, para que nosotros le imitemos. "El buen pastor da su vida por sus ovejas". Hizo lo que aconsejó, manifestó lo que mandó, dio su vida por sus ovejas, para hacer de su cuerpo y de su sangre un sacramento para nosotros y para poder saciar con el alimento de su carne a las ovejas que había rescatado. Se nos puso delante el camino del desprecio de la muerte, que debemos seguir, y la forma divina a la que debemos adaptarnos. Lo primero que debemos hacer es repartir generosamente nuestros bienes entre sus ovejas, y lo último dar, si fuera necesario, hasta nuestra misma vida por estas ovejas. Pero el que no da sus bienes por las ovejas, ¿cómo ha de dar por ellas su propia vida? 

San Agustín, in Joanem tract 47
Mas esto no lo hizo sólo Cristo; y sin embargo, si aquellos que lo hicieron son miembros de su redil, El fue el único que hizo estas cosas, porque El lo pudo hacer sin ellos, pero ellos no pudieron hacerlo sin El. 

Domingo IV de pascua (ciclo b) Guión litúrgico



Entrada:     
Hoy celebramos el cuarto domingo de Pascua, llamado también el del Buen Pastor en el que la Iglesia realiza la jornada mundial de oración por las vocaciones.
En el servicio eclesial del ministro ordenado es Cristo mismo quien está presente en su Iglesia como Cabeza de su cuerpo, Pastor de su rebaño, Sumo Sacerdote del sacrificio redentor, Maestro de la Verdad.
Para iniciar esta Santa Misa nos ponemos de pie y cantamos…

miércoles, 18 de abril de 2018

La dictadura del relativismo - Card. Joseph Ratzinger


A quien tiene una fe clara, según el Credo de la Iglesia, a menudo se le aplica la etiqueta de fundamentalismo. Mientras que el relativismo, es decir, dejarse «llevar a la deriva por cualquier viento de doctrina», parece ser la única actitud adecuada en los tiempos actuales.

MISA "PRO ELIGENDO PONTIFICE"
HOMILÍA DEL CARDENAL JOSEPH RATZINGER
DECANO DEL COLEGIO CARDENALICIO


Lunes 18 de abril de 2005


Is 61, 1-3. 6. 8-9 
Ef 4, 11-16 
Jn 15, 9-17 

En esta hora de gran responsabilidad, escuchemos con particular atención cuanto nos dice el Señor con sus mismas palabras. De las tres lecturas quisiera elegir sólo algún pasaje, que nos concierne directamente en un momento como este.


La primera lectura presenta un retrato profético de la figura del Mesías, un retrato que recibe todo su significado desde el momento en que Jesús lee este texto en la sinagoga de Nazaret, cuando dice: «Esta Escritura se ha cumplido hoy» (Lc 4, 21). En el centro del texto profético encontramos una palabra que, al menos a primera vista, parece contradictoria. El Mesías, hablando de sí mismo, dice que ha sido enviado «a proclamar el año de misericordia del Señor, día de venganza de nuestro Dios» (Is 61, 2). Escuchamos, con alegría, el anuncio del año de misericordia: la misericordia divina pone un límite al mal, nos dijo el Santo Padre. Jesucristo es la misericordia divina en persona: encontrar a Cristo significa encontrar la misericordia de Dios. El mandato de Cristo se ha convertido en mandato nuestro a través de la unción sacerdotal; estamos llamados a proclamar, no sólo con palabras sino también con la vida, y con los signos eficaces de los sacramentos, «el año de misericordia del Señor». Pero ¿qué quiere decir Isaías cuando anuncia el «día de venganza del Señor»? Jesús, en Nazaret, en su lectura del texto profético, no pronunció estas palabras; concluyó anunciando el año de misericordia. ¿Fue este, quizás, el motivo del escándalo que se produjo después de su predicación? No lo sabemos. En todo caso, el Señor hizo su comentario auténtico a estas palabras con la muerte en la cruz. «Sobre el madero, llevó nuestros pecados en su cuerpo...», dice san Pedro (1 P 2, 24). Y san Pablo escribe a los Gálatas: «Cristo nos rescató de la maldición de la ley, haciéndose él mismo maldición por nosotros, pues dice la Escritura: "Maldito todo el que está colgado de un madero", a fin de que llegara a los gentiles, en Cristo Jesús, la bendición de Abraham, y por la fe recibiéramos el Espíritu de la Promesa» (Ga 3, 13-14).


La misericordia de Cristo no es una gracia barata; no implica trivializar el mal. Cristo lleva en su cuerpo y en su alma todo el peso del mal, toda su fuerza destructora. Quema y transforma el mal en el sufrimiento, en el fuego de su amor doliente. El día de venganza y el año de misericordia coinciden en el misterio pascual, en Cristo muerto y resucitado. Esta es la venganza de Dios: él mismo, en la persona de su Hijo, sufre por nosotros. Cuanto más nos toca la misericordia del Señor, tanto más somos solidarios con su sufrimiento, tanto más estamos dispuestos a completar en nuestra carne «lo que falta a las tribulaciones de Cristo» (Col 1, 24). 

domingo, 15 de abril de 2018

Domingo III de pascua (ciclo b) Catena Aurea



Lucas 24, 35-48
Y ellos contaban lo que les había sucedido en el camino, y cómo le habían conocido al partir el pan.
Y estando hablando estas cosas, se puso Jesús en medio de ellos, y les dijo: "Paz a vosotros; yo soy; no temáis". Mas ellos, turbados y espantados, creían que veían algún espíritu; y les dijo: "¿Por qué estáis turbados, y suben pensamientos a vuestros corazones? Ved mis manos y mis pies, que yo mismo soy: palpad y ved, que el espíritu no tiene carne ni huesos, como veis que yo tengo": y dicho esto, les mostró las manos y los pies.
Mas como aún no lo acabasen de creer, y estuviesen maravillados de gozo, les dijo: "¿Tenéis aquí algo de comer?" Y ellos le presentaron parte de un pez asado, y un panal de miel. Y habiendo comido delante de ellos, tomó las sobras y se las dio diciéndoles: "Estas son las palabras que os hablé, estando aún con vosotros: Que era necesario que se cumpliese lo que está escrito de mí, en la ley de Moisés, y en los profetas y en los salmos".
Entonces les abrió el sentido para que entendiesen las Escrituras, y les dijo: "Así está escrito, y así era menester que el Cristo padeciese y resucitase al tercer día de entre los muertos, y que se predicase en su nombre penitencia y remisión de pecados a todas las naciones, comenzando desde Jerusalén. Y vosotros sois testigos de estas cosas ".

San Cirilo
Como la noticia de que Jesucristo había resucitado ya se extendía por todas partes y como el afecto de sus discípulos se había encendido en el deseo de verle, vino el deseado y se dio a conocer a los que le deseaban y buscaban. Y se presenta a ellos, no de una manera dudosa, sino con toda evidencia. Por esto dice: "Y estando hablando de estas cosas, se puso Jesús en medio de ellos".

San Agustín De conc. evang. lib. 3, cap. 25
San Juan también hace mención de esta aparición del Salvador, después de su resurrección gloriosa, pero añade que Santo Tomás no estaba con ellos porque, según San Lucas, era uno de los dos que volvieron a Jerusalén, encontrando reunidos a los once. Esto da a entender que Santo Tomás había salido antes que el Salvador apareciese. San Lucas da ocasión a creer que esto es así, porque mientras hablaban de este modo, salió Santo Tomás y a continuación entró el Salvador. Algunos dicen que no eran aquellos once que ya se llamaban apóstoles, sino que eran otros once del número de los discípulos que se encontraban allí. Pero como añade San Lucas: "Y a los que estaban con ellos", dio a entender de una manera evidente que aquellos once a los que él se refiere eran los apóstoles, con quienes se encontraban los demás.
Pero veamos en virtud de qué misterio había mandado decir el Salvador cuando resucitó, según refieren San Mateoy San Marcos: "Iré delante de vosotros a Galilea; allí me veréis" ( Mt 28,10; Mc 16,7). Lo cual si bien se cumplió, sucedió después de muchos otros acontecimientos, porque como esto se había anunciado así, parece que debía haber sucedido antes que lo demás, o ser lo único que sucediese. 

sábado, 14 de abril de 2018

Domingo III de pascua (cico b) Guión litùrgico



Entrada:
         Como con sus discípulos después de la resurrección en cada Eucaristía Jesús vuelve para reavivar nuestra fe, atraernos, convertirnos y llevarnos al conocimiento de las riquezas de su corazón y a la salvación. Para iniciar esta celebración nos ponemos de pie y cantamos…

viernes, 6 de abril de 2018

La purificación debe ser completa, y precisamente esto es lo que enseña la doctrina de la Iglesia sobre el purgatorio - San Juan Pablo II


SAN JUAN PABLO II
AUDIENCIA
Miércoles 4 de agosto de 1999

El purgatorio: purificación necesaria para el encuentro con Dios


1. Como hemos visto en las dos catequesis anteriores, a partir de la opción definitiva por Dios o contra Dios, el hombre se encuentra ante una alternativa: o vive con el Señor en la bienaventuranza eterna, o permanece alejado de su presencia.

Para cuantos se encuentran en la condición de apertura a Dios, pero de un modo imperfecto, el camino hacia la bienaventuranza plena requiere una purificación, que la fe de la Iglesia ilustra mediante la doctrina del «purgatorio» (cf. Catecismo de la Iglesia católica, nn. 1030-1032).

2. En la sagrada Escritura se pueden captar algunos elementos que ayudan a comprender el sentido de esta doctrina, aunque no esté enunciada de modo explícito. Expresan la convicción de que no se puede acceder a Dios sin pasar a través de algún tipo de purificación.

Según la legislación religiosa del Antiguo Testamento, lo que está destinado a Dios debe ser perfecto. En consecuencia, también la integridad física es particularmente exigida para las realidades que entran en contacto con Dios en el plano sacrificial, como, por ejemplo, los animales para inmolar (cf. Lv 22, 22), o en el institucional, como en el caso de los sacerdotes, ministros del culto (cf. Lv21, 17-23). A esta integridad física debe corresponder una entrega total, tanto de las personas como de la colectividad (cf. 1 R 8, 61), al Dios de la alianza de acuerdo con las grandes enseñanzas del Deuteronomio (cf. Dt 6, 5). Se trata de amar a Dios con todo el ser, con pureza de corazón y con el testimonio de las obras (cf. Dt 10, 12 s).

El infierno es la última consecuencia del pecado mismo, que se vuelve contra quien lo ha cometido - San Juan Pablo II


 SAN JUAN PABLO II
AUDIENCIA
Miércoles 28 de julio de 1999

El infierno como rechazo definitivo de Dios


1. Dios es Padre infinitamente bueno y misericordioso. Pero, por desgracia, el hombre, llamado a responderle en la libertad, puede elegir rechazar definitivamente su amor y su perdón, renunciando así para siempre a la comunión gozosa con él. Precisamente esta trágica situación es lo que señala la doctrina cristiana cuando habla de condenación o infierno. No se trata de un castigo de Dios infligido desde el exterior, sino del desarrollo de premisas ya puestas por el hombre en esta vida. La misma dimensión de infelicidad que conlleva esta oscura condición puede intuirse, en cierto modo, a la luz de algunas experiencias nuestras terribles, que convierten la vida, como se suele decir, en «un infierno».

Con todo, en sentido teológico, el infierno es algo muy diferente: es la última consecuencia del pecado mismo, que se vuelve contra quien lo ha cometido. Es la situación en que se sitúa definitivamente quien rechaza la misericordia del Padre incluso en el último instante de su vida.

2. Para describir esta realidad, la sagrada Escritura utiliza un lenguaje simbólico, que se precisará progresivamente. En el Antiguo Testamento, la condición de los muertos no estaba aún plenamente iluminada por la Revelación. En efecto, por lo general, se pensaba que los muertos se reunían en el sheol, un lugar de tinieblas (cf. Ez 28, 8; 31, 14; Jb 10, 21 ss; 38, 17; Sal 30, 10; 88, 7. 13), una fosa de la que no se puede salir (cf. Jb 7, 9), un lugar en el que no es posible dar gloria a Dios (cf. Is 38, 18; Sal 6, 6).

El Nuevo Testamento proyecta nueva luz sobre la condición de los muertos, sobre todo anunciando que Cristo, con su resurrección, ha vencido la muerte y ha extendido su poder liberador también en el reino de los muertos.

El cielo es una relación viva y personal con la Santísima Trinidad - San Juan Pablo II


SAN JUAN PABLO II
AUDIENCIA
Miércoles 21 de julio de 1999

El «cielo» como plenitud de intimidad con Dios


1. Cuando haya pasado la figura de este mundo, los que hayan acogido a Dios en su vida y se hayan abierto sinceramente a su amor, por lo menos en el momento de la muerte, podrán gozar de la plenitud de comunión con Dios, que constituye la meta de la existencia humana.

Como enseña el Catecismo de la Iglesia católica, «esta vida perfecta con la santísima Trinidad, esta comunión de vida y de amor con ella, con la Virgen María, los ángeles y todos los bienaventurados se llama ilel cielols. El cielo es el fin último y la realización de las aspiraciones más profundas del hombre, el estado supremo y definitivo de dicha» (n. 1024).

Hoy queremos tratar de comprender el sentido bíblico del «cielo», para poder entender mejor la realidad a la que remite esa expresión.

2. En el lenguaje bíblico el «cielo», cuando va unido a la «tierra», indica una parte del universo. A propósito de la creación, la Escritura dice: «En un principio creó Dios el cielo y la tierra» (Gn 1, 1).

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