jueves, 11 de mayo de 2017

Homilía del Cardenal Robert Sarah en la Fiesta de San Juan de Ávila

El Cardenal Sarah: “San Juan de Ávila es insigne ejemplo de santidad”


En la festividad de san Juan de Ávila, el día 10 de mayo, los sacerdotes de la Diócesis se han dado cita en la Basílica pontificia de Montilla junto al Cardenal Robert Sarah, Prefecto de la Congregación para el Culto Divino y la Disciplina de los Sacramentos.

La fuerza del silencio en la liturgia- Cardenal Robert Sarah



Un año más, la Basílica pontificia de san Juan de Ávila en Montilla reunió a los sacerdotes de la Diócesis en el día de la festividad del Santo Maestro. Una festividad en la que estuvo presente el Cardenal Robert Sarah, Prefecto de la Congregación para el Culto Divino y la Disciplina de los Sacramentos, quien a su llegada a la localidad, visitó el Ayuntamiento, donde fue recibido por el Alcalde y la corporación municipal.
Seguidamente, acompañado por el Obispo, continuó su visita conociendo la casa de san Juan de Ávila y en la Basílica pontificia, donde le esperaba un buen número de presbíteros de la Diócesis para celebrar la eucaristía ante los restos mortales del Maestro.
En su homilía, el Cardenal hizo alusión a la vida del Patrón del Clero Secular Español, describiéndolo como un insigne ejemplo de santidad, tanto por su palabra como por su vida sacerdotal. “No se puede entender el sacerdocio sin una fe encarnada en obras de amor, caridad, sacrificio y contemplación”, recordó. Al mismo tiempo, manifestó que “todos los discípulos de Cristo han de ser testimonio de Él, razón de esperanza y vida eterna”.  “San Juan de Ávila fue un sacerdote consciente, a favor de los hombres, celebrando los sacramentos, ofreciendo la oración para la vida del mundo y actuando como embajador de la vida de Cristo; es por ello que nos exhorta a que vivamos con caridad pastoral el ministerio sacerdotal que Cristo nos ha confiado”, dijo a los presbíteros. Y continuó recordándoles que la eucaristía debe ser para los sacerdotes el punto referencial de su magisterio.

Tras la misa, los presentes se reunieron en el teatro Garnelo, donde el Cardenal ofreció la ponencia titulada “La fuerza del silencio en la liturgia”.
Comenzó su intervención agradeciendo la invitación del Obispo para formar parte de esta fiesta tan especial para todos los presbíteros como es el día del que fue todo un Maestro de sacerdotes y santos.

miércoles, 10 de mayo de 2017

Apostolados menudos XIII (el apostolado de la sonrisa) San Manuel González García

8. El apostolado de la sonrisa


                                                  Los apóstoles iban muy gozosos... (Hch 5,45)

          No me diréis que me he ido al fondo de las cosas terribles o difíciles para buscar el instrumento de apostolado que hoy hónrome en presentaros. ¡La alegría! ¡La sonrisa! ¿Qué os parece mi misionero?
Y, ¡cuidadito con que os creáis que a ese misionero está confiado sólo el negociado de los chascarrillos y donaires y le está vedado decir y enseñar cosas de provecho y hasta muy hondas!    Para el apostolado de la sonrisa no hay zonas vedadas; a todas partes debe y puede llegar ese gracioso apostolado, que pudiera llamar tan fructuoso como difícil.    Y para que nos entendamos mejor, comenzaré por definiros.


La sonrisa apostólica


          Nace de un corazón en paz con Dios y con los hombres y en guerra constante consigo mismo. San Juan Crisóstomo dijo que nada hay más violento, o que cueste más violencia, que la mansedumbre apostólica.
          Se alimenta de Eucaristía y de este principio: La gloria y el cuidado de mí y de mis cosas para Dios, el trabajo de este instante para mí.
          La digestión y asimilación de este alimento y principio produce un estado de alma en el que ésta no se ocupa ni preocupa más que de esto solo: hacer muy bien y muy en paz lo de ahora, lo que en este instante me pide Dios por medio de mi deber. 
          Y ese estado de alma habitual a la par que abre todas las válvulas del corazón para que por él circule en corriente libre el oxígeno de una sólida esperanza y de un sano optimismo, afloja todos los músculos duros y tirantes de la cara y dibuja en ella la más angelical y beatífica de las sonrisas.     Sonrisa que no es el gesto de la hipocresía ni de la ligereza, ni de la disipación, ni de la broma picante, ni del chiste a todo pasto, ni de la despreocupación... sino de la cara buena y del alma buena.


Lo difícil de la sonrisa apostólica

martes, 9 de mayo de 2017

Apostolados menudos XII (el apostolado entre los indeseables) - San Manuel González García

7. El apostolado entre los indeseables

          «Con los que odiaban yo estaba pacífico, cuando les hablaba me increpaban sin razón.»
  

Las tres D


          Como de otros apostolados os puedo decir que son de las tres B, por lo bueno, bonito y barato, este que hoy os presento, bien puede asegurarse que es el de las tres D.
          O sea, difícil, difícil y difícil.
           Es todo una dificultad.
          Lo cual si no lo hace muy apetecible, lo avalora como muy meritorio.


¿Quiénes son los indeseables?

          Cuando os explique el campo de este apostolado, o sea, las personas sobre las que habrá de ejercitarse, comprenderéis ese misterio de las tres D.
          Indeseables han sido llamados en argot periodístico y policíaco esos desgraciados profesionales de propagandas subversivas y espionajes, conspiradores y embaucadores de oficio contra el orden social, y que, con habilidad suficiente para no pillarse los dedos ni dar la cara en ninguna de las fechorías por instigación y complicidad de ellos preparadas, se pasan la vida vigilados por el recelo y temor de la policía y errantes de destierro en destierro por las protestas y sustos que su presencia va levantando.
Hombres inofensivos, al parecer, y hasta simpáticos y atrayentes, disfrazados unas veces de grandes señores, y de harapientos mendigos otras, pero en realidad, espíritus inquietos, tenebrosos, oblicuos, egoístas y siempre mal avenidos con la paz y bienestar de los demás, que por falta de pruebas claras no han podido ser reducidos en un presidio, ni en un manicomio, a pesar de las grandes afinidades que con los que viven en esos lugares presentan, han sido clasificados con el nombre, sin duda por eufemismo, de indeseables, que si no define su naturaleza, explica la posición que se han ganado con el miedo, la antipatía, el recelo y el funesto augurio con que por todas partes son recibidos. ¡De nadie deseados!, que bondadosamente equivale a esto otro: ¡Por todos temidos!

Otros indeseables

Testigos de la Verdad - Capítulo 01 - El perdón

lunes, 8 de mayo de 2017

El milagro de Nuestra Señora de Luján

Nuestra Señora de Luján
Patrona de Argentina

Un hacendado portugués, Antonio Farías de Sá, vecino de la ciudad de Córdoba del Tucumán, encargó a un paisano suyo, residente en Pernambuco (Brasil), una imagen de la Virgen María en la advocación del misterio de la Purísima Concepción para ser expuesta a la veneración en la capilla que estaba construyendo en su estancia del pago de Sumampa (Santiago del Estero). Desde Brasil se le envío la imagen pedida y otra más de la Maternidad de la Virgen, acondicionadas separadamente en dos cajones, que desde el puerto de Pernambuco fueron transportadas a Buenos Aires en el navío del capitán Andrea Juan, el cual arribó a destino por el mes de marzo de 1630.

          En el camino real a Córdoba, allá por principios del mes de mayo, cuando la tropa de carretas se encontraba a orillas del Río Luján, en un paraje denominado del “Árbol sólo”, la imagen que representaba la Inmaculada Concepción determinó quedarse milagrosamente en aquel lugar para amparo y veneración de los pobladores de la zona. Convirtiéndose con el paso de los años en Patrona del antiguo Virreinato del Río de la Plata; y luego de las repúblicas hermanas de Argentina, Uruguay y Paraguay.

          Los bueyes de la carreta que transportaba las imágenes en un momento no pudieron siquiera moverse. Descargado una de los cajones continuaba sucediendo lo mismo. Pero al hacerlo con el que contenía la Inmaculada Concepción, la carreta rodó sin dificultad alguna. Lo mismo sucedió cuando colocaron arriba el otro cajón con la Maternidad, por lo que continuaron el viaje con ella sola hasta su destino final, los pagos de Sumampa. Este es precisamente el origen del Santuario de Ntra. Sra. de la Consolación de Sumampa, en la provincia de Santiago del Estero, compañera de viaje de la Inmaculada Concepción de Luján.

La Oración Afectiva (De Corazón a Corazón I - 8)

Los grados de Oración – Oración afectiva





sábado, 6 de mayo de 2017

Apostolados menudos XI (el apostolado del escondite) - San Manuel González García

6. El apostolado del escondite


          éste, al parecer raro modo de apostolado, más que un apostolado especial, es una ley o condición de todos ellos y tan esencial e indispensable, que, si no se guarda en cada caso u obra de apostolado, resulta éste ineficaz o malo.

¿Qué es?

          La aplicación y traducción constante a toda obra de celo de esta ley evangélica: vuestra luz... «De tal modo brille vuestra luz delante de los hombres, que vean éstos vuestras obras y glorifiquen al Padre vuestro que está en los cielos.»
          De modo que, según el Maestro, hay que brillar delante de los hombres, sea por nuestra palabra buena, sea por nuestro ejemplo bueno, sea por la influencia de nuestra oración buena, pero hay que proyectar esa luz de manera que los hombres no nos vean, y, si nos ven, no reparen en nosotros, y en cambio, vean complacidos la obra buena por nosotros hecha, y esta complacencia los induzca a alabar a Dios o a acercarse un poquito a Él.
          ¡Que se vea y se guste la obra buena y por ella se alabe a Dios! ¿Y el autor, cooperador o fomentador de la buena obra?
          ¡Que se entretenga en jugar al escondite! Y esté cierto de que mientras mejor juegue y más difícilmente den con él, la obra por él hecha o fomentada más buena será y mayor cantidad de gloria procurará al Padre que está en los cielos.


La mejor ocupación de un apóstol


Diría yo, sin miedo a equivocarme, que la mejor ocupación de un apóstol y la condición de fecundidad más segura para su apostolado era ésta: jugar al esconder en todo cuanto hace para gloria de Dios y provecho de sus prójimos.
          ¡Que no lo vean! ¡Que no lo pillen! ¡Cómo gritan los chiquillos que a eso juegan! Así hay que practicar el apostolado.


¿La razón?

viernes, 5 de mayo de 2017

Apostolados menudos X (el apostolado de dorar espaldas) - San Manuel González García

5. El apostolado de dorar espaldas

          Ved otra menudencia y dentro de ella un campo extenso para la caridad apostólica.


El nombre


          ¿Dorar espaldas? Si me leyeran sevillanos, y a fuer de tales cofradieros hasta la médula, exclamarían al punto: ¿pero va usted a dedicar a los apóstoles a preparar armados? (soldados romanos).
          ¡Vaya si llevan las espaldas doradas!
          No, no llamo ahora la atención de los lectores hacia esas espaldas forradas de armaduras de dorada lata y de capas festoneadas de oro de más o de menos ley, sino, en general, hacia las espaldas de cualquier prójimo.
          Porque supongo que os habréis fijado en que lo peor que solemos tratar de nuestros prójimos es... la espalda ¡Como que es quizá en donde todo el mundo anuncia y pega su papel!
          Por muy dura, grosera e insolentemente que se trate a las veces a los presentes y por muchos dicterios y necedades con que alguna vez, sobre todo, cuando la ira nos saca de quicio, se escupa en su propia cara, todo es nada en comparación de lo que, cuando falta la caridad y sobran los celos y recelos de la envidia, se echa sobre las espaldas del prójimo ausente.

          ¡Pobres espaldas de los ausentes, qué mal paradas quedan en las reuniones de amigos! Y ¡no digo nada si son de enemigos!
          El uno, porque por ser amigo no ha querido darle el mal rato de cantarle las verdades; el otro, porque no le gusta meterse donde no lo llaman; el de aquí porque su amigo es así, pero también comprende que es asao; el de allí, porque a él no se la pega nadie, y cada uno por un título, y todos, en realidad, porque está ausente, ¡qué modo de escupir, golpear, arañar y hasta apuñalar la espalda del que no está!
          Es un hecho éste tan visto, repetido y lamentado que no necesito detenerme en describirlo más al por menor ni en pintarlo con más colores. Me basta sacar de la sola presentación de ese hecho una cosa digna de compasión; a saber: la espalda del prójimo ausente.
          ¿No os parece buen oficio para un alma que comulga, con la caridad de Jesús ejercer esa compasión? ¿No os parece que será una excelente obra de caridad ese apostolado en favor de la buena ausencia, ejercido entre miembros de una familia, entre los contertulios de una visita o entre los comensales de una mesa, en donde quiera que peligre la salud y el buen color de la espalda del prójimo? Y como caridad es oro, saliendo con ella a defender la espalda atacada ¿no se podrá decir que se dora?


Modo de dorar

jueves, 4 de mayo de 2017

Novena a la Virgen de Fátima (4 al 13 de mayo)


OFRECIMIENTO PARA TODOS LOS DÍAS
¡Oh Dios mío! Yo creo, adoro, espero y os amo. Os pido perdón por los que no creen, no adoran, no esperan y no os aman.
¡Oh santísima Trinidad, Padre, Hijo y Espíritu Santo! Yo os adoro profundamente y os ofrezco el preciosísimo cuerpo, sangre, alma y divinidad de Nuestro Señor Jesucristo, presente en todos los tabernáculos del mundo, en reparación de los ultrajes con que El es ofendido; y por los méritos infinitos de su Santísimo Corazón e intercesión del Inmaculado Corazón de María, os pido la conversión de los pecadores.

ORACIÓN PREPARATORIA
Oh santísima Virgen María, Reina del Rosario y Madre de misericordia, que te dignaste manifestar en Fátima la ternura de vuestro Inmaculado Corazón trayéndonos mensajes de salvación y de paz. Confiados en vuestra misericordia maternal y agradecidos a las bondades de vuestro amantísimo Corazón, venimos a vuestras plantas para rendiros el tributo de nuestra veneración y amor. Concédenos las gracias que necesitamos para cumplir fielmente vuestro mensaje de amor, y la que os pedimos en esta Novena, si ha de ser para mayor gloria de Dios, honra vuestra y provecho de nuestras almas. Así sea.

Rezar la oración del día correspondiente:

REZAR LAS ORACIONES DEL DÍA CORRESPONDIENTE.
ORACIÓN FINAL
¡Oh Dios, cuyo Unigénito, con su vida, muerte y resurrección, nos mereció el premio de la salvación eterna! Os suplicamos nos concedas que, meditando los misterios del santísimo rosario de la bienaventurada Virgen María, imitemos los ejemplos que nos enseñan y alcancemos el premio que prometen. Por el mismo Jesucristo nuestro Señor. Amén.

DÍA PRIMERO
Penitencia y reparación
Comenzar con el ofrecimiento y la oración preparatoria.

ORACIÓN DE ESTE DÍA
¡Oh santísima Virgen María, Madre de los pobres pecadores!, que apareciendo en Fátima, dejaste transparentar en vuestro rostro celestial una leve sombra de tristeza para indicar el dolor que os causan los pecados de los hombres y que con maternal compasión exhortaste a no afligir más a vuestro Hijo con la culpa y a reparar los pecados con la mortificación y la penitencia. Dadnos la gracia de un sincero dolor de los pecados cometidos y la resolución generosa de reparar con obras de penitencia y mortificación todas las ofensas que se infieren a vuestro Divino Hijo y a vuestro Corazón Inmaculado.
Meditar y rezar la oración final.

Nos hemos hecho avaros en gestos hacia el Señor; pero elogiamos a judíos y musulmanes por su fervor en el modo de rezar - Mons. Nicola Bux


La fe en la presencia del Señor, en especial la eucarística, la expresa el sacerdote ejemplarmente con la adoración que se muestra en la reverencia profunda de las genuflexiones durante la Santa Misa y fuera de ella. En la liturgia postconciliar se reducen al mínimo: la razón aducida es la sobriedad; el resultado es que se han convertido en raras, o incluso apenas se esbozan. Nos hemos hecho avaros en gestos hacia el Señor; pero elogiamos a judíos y musulmanes por su fervor en el modo de rezar.
La genuflexión manifiesta más que las palabras la humildad del sacerdote, que sabe que sólo es un ministro, y su dignidad por el poder de hacer presente al Señor en el sacramento. Pero hay otros signos de devoción. Las manos elevadas en alto por el sacerdote son para indicar la súplica del pobre y del humilde: “Te pedimos humildemente”, se subraya en las plegarias eucarísticas II y III del misal de Pablo VI. El Ordenamiento General del Misal Romano (OGMR) establece que el sacerdote, “cuando celebra la Eucaristía, debe servir a Dios y al pueblo con dignidad y humildad, y, en la forma de comportarse y de pronunciar las palabras divinas, debe hacer percibir a los fieles la presencia viva de Cristo” (n. 93). La humildad de la actitud y de la palabra es consonante con el propio Cristo, manso y humilde de corazón. Él debe crecer y yo disminuir.
Al pasar al altar, el sacerdote debe ser humilde, no ostentoso, sin complacerse mirando a derecha e izquierda, casi buscando el aplauso. En cambio, debe mirar a Jesucristo crucificado y presente en el tabernáculo: a Él se le hacen la inclinación y la genuflexión; después, a las imágenes sagradas expuestas en el ábside detrás o a los lados del altar, la Virgen, el santo titular, los demás santos. ¿Están allí para ser contemplados o sólo para decorar? Es en síntesis la presencia divina. Sigue el beso reverente del altar y, eventualmente, la incensación; el segundo acto es el signo de la cruz y el saludo sobrio a los fieles; el tercero es el acto penitencial, que hay que realizar profundamente y con los ojos bajos, mientras los fieles podrían arrodillarse – ¿por qué no? – como en la forma extraordinaria, imitando al publicano grato al Señor.

Apostolados menudos IX (el apostolado de los ángeles de la parroquia) - San Manuel González García

4. El apostolado de los ángeles de la parroquia. 

Algo de historia

   
          Decía yo, siendo arcipreste de Huelva, en la plática del retiro espiritual del primer viernes de agosto de 1911 a las Marías:
          «¡Qué contento estaría yo si llegara a contar en cada calle de mi parroquia con dos ángeles custodios de carne, hueso y alma grande que, en compañía de los ángeles invisibles, de los vecinos de aquella calle, tomaran a pechos el cooperar cerca de esos vecinos a la obra de los ángeles y de su cura!».
          Estos ángeles de la calle -proseguía yo- tendrían a su cuidado el velar por los enfermos de la misma calle, de cuya alma nadie se acuerda; por los pequeñuelos no bautizados por abandono de sus padres; por los niños sin escuela o en escuelas malas; por los viejecitos y doncellas sin amparo; por los descuidados en el cumplimiento pascual y de los días festivos; por los aficionados a lecturas peligrosas o malas y por todos los que de alguna manera están alejados de la parroquia y de los sacramentos.
          La obra de estos ángeles de la calle ha de ser obra de atracción a la parroquia, obra de procurar el contacto entre las necesidades, tanto espirituales, como morales y materiales de la feligresía, con su madre la parroquia y su Padre el párroco.


Necesidad de los ángeles


          Hace urgente esta obra el aislamiento, cada vez mayor, en que van quedando las parroquias, sobre todo, las de numerosa feligresía.
          En estas parroquias, de una parte, la escasez de clero parroquial; de otra, sus múltiples atenciones y ocupaciones, impiden o dificultan el que el párroco pueda dedicarse a visitar y conocer a sus feligreses, como desea y manda la santa madre Iglesia, fundada en las palabras del Maestro: «El buen pastor conoce a sus ovejas y sus ovejas lo conocen a él.»
          Es un hecho tan triste como cierto que en esas parroquias el párroco vive tan desconocido para la mayor parte de los vecinos como uno cualquiera de éstos.
          Preguntad a muchos de los vecinos de esas calles de casas de seis y siete pisos por el nombre de su cura, ¿qué digo su cura?, de la parroquia a que pertenecen y no sabrán dar respuesta.
          Y no se crea que se trata de impíos que tienen cortada toda comunicación con la iglesia, sino que en multitud de casos se trata de cristianos y cristianas que tienen adornadas sus casas con cuadros de santos y que oyen misa de cuando en cuando y hacen novenas a sus santos favoritos.
           Nosotros, los que estamos al frente de parroquias populosas, sabemos por triste experiencia toda la espantosa verdad de ese abismo que hay entre innumerables feligreses y su parroquia.


Un caso

miércoles, 3 de mayo de 2017

Apostolados menudos VIII (el apostolado del saludo) - San Manuel González García

3.  El apostolado del saludo


          Y va de apostolados menudos. Y cuenta que les llamo menudos sólo por la apariencia, que en sí y en sus efectos nada tienen de menudos y sí mucho de grandes y trascendentales.

          Verá, señor cura si no, qué partido puede sacar en ésa su rebelde o indiferente feligresía, de esa sencilla manifestación de respeto y aprecio que se llama el saludo.
          Empiezo por sentar esta regla de práctica pastoral: el párroco que saluda a todos sus feligreses, no tardará en ser saludado y tratado con cariño por los mismos.
          Fijaos que subrayo todos para indicaros que en él entran ricos y pobres, chicos y grandes, buenos y malos, hombres y mujeres, todos los feligreses.
          Precisamente la contestación a


Un reparo

   
          que paréceme me está usted haciendo allá en sus adentros, contra la universalidad de la regla sentada, me va a dar hecho y razonado este articulillo.
           -¿Cómo voy yo a saludar a quienes ni conozco ni me conocen? ¿No está eso contra la razón natural del saludo, que sólo se debe a los conocidos?
          Yo me callaría ante ese reparo, al parecer tan justo, si no fuera porque él mismo es la razón que me ha movido a sentar aquella regla de la universalidad del saludo pastoral.


La respuesta

martes, 2 de mayo de 2017

Las meditaciones orientales y la oración cristiana (De Corazón a Corazón I -7)

No todo lo que brilla es oro

Apostolados menudos VII (el apostolado de la santa curiosisad) - San Manuel González García

2. El apostolado de la santa curiosidad


          El Apostolado es obra, ante todo, de contacto y como medio decisivo de ese contacto quiero presentaros, entre serio y broma, pero con toda la sana intención de que soy capaz, este extraño apostolado de la santa curiosidad.
          Reíd lo que queráis, pero no retiro ni una sola palabra.
          Y para demostrároslo empezaré por la última palabra, no siempre se va empezar por la primera.


Curiosidad


          Seguramente todos los que nos preciamos de tener buen sentido, hemos protestado contra ese feo vicio que ha dado en llamarse femenino y que sabemos que a veces es común a los dos sexos.
          Y vedme ahora con toda mi seriedad encaramarme en lo alto de la tribuna de la prensa para deciros: ¡Hay que ser curiosos!
          Se encuentra uno en la calle una niñita pobre que lleva en la mano un vaso o un bote con la etiqueta de la botica; pregunta de curioso al canto: «Niña, ¿quién está malo en tu casa? ¿Desde cuándo? ¿Qué tiene? ¿Quién te lo gana?...». Las respuestas de estas preguntas ponen a usted, cura o catequista de aquella niña y de su familia, en conocimiento de un enfermo y quizá de un necesitado de los auxilios de su ministerio y de su caridad.
          Además, la palabra de aquella niña, repitiendo cerca de su madre enferma las preguntas llenas de cariñoso interés del sacerdote, no sabemos hasta dónde penetran y qué saludables disposiciones despertarán.
          Se encuentra usted, sacerdote, a un obrero con la mano vendada o en cabestrillo; una viejecita sentada en el umbral de la casa, fatigada del mucho andar; una mujer que pasa llorando, un joven con cara de convaleciente o de enfermo; un niño que le besa la mano o le mira con interés... ¡Curiosidad al canto!
          ¿Qué le pasa? ¿Cómo fue eso? ¿Necesita usted algo? ¿Quiere que le ayude? Y ¡eche usted preguntas y no se canse! que aquellos pobrecitos a quienes, sin conocer, acomete, no sólo no extrañarán su curiosidad, sino que la recibirán como gota aliviadora de consuelo.    Sus caras, agradecidas, se lo dirán.
           ¡Pobrecillos los pobres!
          ¡Despiertan tan poco interés a su paso por el mundo!
          ¡Cuántas, cuántas veces les he oído este gran argumento de la bondad y caridad de las personas que ellos quieren: mire usted, nos quiere tanto y es tan bueno, que no pasamos una vez por su lado que no nos pregunte por la familia y por las cosas que nos pasan!
          Y por eso llamo

          Santa a esa curiosidad.

lunes, 1 de mayo de 2017

El mundo contemporáneo tiene necesidad del "evangelio del trabajo" - San Juan Pablo II

CELEBRACIÓN DEL 
JUBILEO
 DE LOS TRABAJADORES
EN TOR VERGATA (ROMA)
HOMILÍA DEL 
SANTO PADRE 
JUAN PABLO II

1 de mayo de 2000


1. "Haz prósperas, Señor, las obras de nuestras manos" (Salmo responsorial).

          Estas palabras, que hemos repetido en el Salmo responsorial, expresan bien el sentido de esta jornada jubilar. Del vasto y multiforme mundo del trabajo se eleva hoy, 1 de mayo, una invocación coral:  ¡Señor, haz prósperas y consolida las obras de nuestras manos!
Nuestra tarea, en los hogares, en los campos, en las industrias y en las oficinas, podría convertirse en una actividad afanosa, en definitiva, vacía de significado (cf. Qo 1, 3). Pedimos al Señor que sea más bien la realización de su designio, de modo que nuestro trabajo recupere su significado originario.
¿Y cuál es el significado originario del trabajo? Lo hemos escuchado en la primera lectura, tomada del libro del Génesis. Al hombre, creado a su imagen y semejanza, Dios le da este mandato:  "Llenad la tierra y sometedla..." (Gn 1, 28). San Pablo, en su carta a los cristianos de Tesalónica, se hace eco de estas palabras:  "Cuando estábamos entre vosotros, os  mandábamos  esto:  si alguno no quiere  trabajar, que tampoco coma", y  los  exhorta "a  que  trabajen con sosiego para comer su propio pan" (2 Ts 3, 10. 12).
Por tanto, en el proyecto de Dios el trabajo aparece como un derecho-deber. Necesario para que los bienes de la tierra sean útiles a la vida de los hombres y de la sociedad, contribuye a orientar la actividad humana hacia Dios en el cumplimiento de su mandato de "someter la tierra". A este propósito, resuena en nuestro corazón otra exhortación del Apóstol:  "Por tanto, ya comáis, ya bebáis o hagáis cualquier otra cosa, hacedlo todo para gloria de Dios" (1 Co 10, 31).
2. El Año jubilar nos impulsa a dirigir nuestra mirada al misterio de la Encarnación y, al mismo tiempo, nos invita a reflexionar con particular intensidad en la vida oculta de Jesús en Nazaret. Fue allí donde pasó la mayor parte de su existencia terrena. Con su laboriosidad silenciosa en el taller de san José, Jesús dio la  más alta demostración de la dignidad del trabajo. El evangelio de hoy narra cómo lo acogieron con admiración los habitantes de Nazaret, sus paisanos, preguntándose unos a otros:  "¿De dónde saca este esa sabiduría y esos milagros? ¿No es el hijo del carpintero?" (Mt 13, 54-55).
El Hijo de Dios no desdeñó la calificación de carpintero, y no quiso eximirse de la condición normal de todo hombre. "La elocuencia de la vida de Cristo es inequívoca:  pertenece  al mundo del trabajo; tiene  reconocimiento  y  respeto por el trabajo humano; se puede decir incluso más:  mira con amor el trabajo, sus diversas manifestaciones, viendo en cada una de ellas un aspecto particular de la semejanza del hombre con Dios, Creador y Padre" (Laborem exercens, 26).

domingo, 30 de abril de 2017

Apostolados menudos VI (el apostolado del número uno) - San Manuel González García

V. EJEMPLOS DE APOSTOLADOS MENUDOS


1. El apostolado del número uno




                      Cuando fueres invitado a unas bodas no te sientes en primer lugar...(Lc 14,8)


          Raro el nombre, ¿verdad? ¿Algo norteamericano? Es, sin embargo, un apostolado tan católico como útil para los que lo reciben y difícil para los que lo practican.
          Y allá va la solución de eso que más que otra cosa parece una charada.
   El número uno, que es el más chico de todos los números, tiene la ventaja de ser el más deseado de todos ellos.
          ¿Qué desea, si no, el estudiante en su clase, el obrero en su taller, el amigo entre los suyos, el elegante entre los que aspiran a serlo, la vestida a la moda y pretendiente a llamar la atención y todos los hombres y todas las mujeres con sus dineros, ciencias, habilidades, posiciones, distinciones y prendas naturales y adquiridas?
          ¡Ser el número uno!
          ¿Y qué es lo que a todos nos cuesta más trabajo?
          ¡Dejar de serlo!
          ¡Y que tenemos poco metido en el tuétano de nuestro ser y de nuestra vida el dichoso numerito!    Y, aunque sólo los locos podrán presumir de ser el uno en todo, todos más o menos, nos halagamos con llevar en propiedad algunos unos, aunque sean modestos.
          Días pasados me decía un pobre basurero con aire de emperador: «Mire usted, señor mío; usted sabrá muchas cosas y será usted lo que usted quiera, y yo en todo eso seré un cero a la izquierda; pero en cuestión de basuras y desperdicios, soy el número uno en toa esta tierra...».
          Y aquí asoma ya mi apostolado en cuestión:
           Puesto que a todos halaga tanto el ambicionado uno, ¿no haríamos una obra de muy fina caridad para con el prójimo y de muy generosa abnegación para nosotros, cediendo todos los unos de que podamos disponer, sin faltar a nuestro deber, en favor de los que nos rodean o tratan?


Casos corrientes

sábado, 29 de abril de 2017

No caer en el falso misticismo de la acción - Beato Pablo VI

CARTA DEL DEL SANTO 
PADRE PABLO VI,
FIRMADA POR EL CARDENAL 
SECRETARIO DE ESTADO,
AL ENCUENTRO DE LOS CONSILIARIOS
DE ACCIÓN CATÓLICA PORTUGUESA

Excelentísimo y reverendísimo señor [1]:
He de comunicar a vuestra excelencia reverendísima que el Santo Padre acogió con la mayor satisfacción la noticia del “Encuentro” que, del 26 al 29 de julio próximo, van a realizar los consiliarios de Acción Católica portuguesa a los pies de Nuestra Señora, en el Santuario de Fátima. Este encuentro ofrece la oportunidad para transmitir a todos los participantes los cordiales saludos y una palabra de estímulo y de orientación del Augusto Pontífice, de quien me hago humilde intérprete.
Los temas que van a ser estudiados: “La naturaleza, necesidad y actualidad de la Acción Católica”, “La espiritualidad del seglar de Acción Católica”, “Misión del consiliario eclesiástico en la formación espiritual y apostólica de los afiliados”, etc. —de tan relevante importancia para el incremento y fecundidad de este movimiento, ya encuadrado en la vida constitucional de la Iglesia, y por ella tan insistentemente propuesto y encarecido—, demuestran cómo la Iglesia en Portugal pone en la Acción Católica gran esperanza y pretende, con empeño, infundirle mayor vitalidad y nuevas energías.
A este propósito, es oportuno recordar las palabras que Su Santidad dirigió a los delegados de los obispos de la Acción Católica italiana sobre la posición de la Acción Católica en la Iglesia: “Diremos ahora lo que ninguno, así lo pensamos, habrá puesto en duda: Nos deseamos que la Acción Católica viva y se mantenga conforme fue delineada por la autoridad y sabiduría de nuestros venerables predecesores en estos últimos decenios. Ella pertenece ahora a la constitución de la Iglesia. Varias son sus formas, según los diversos países; varias sus tradiciones; varias sus exigencias; varios sus frutos; pero su definición de colaboración de los seglares en el apostolado jerárquico de la Iglesia... permanece como deber de quien tiene la responsabilidad de promover la cura pastoral y la educación de los seglares para la actividad apostólica de la Iglesia. Permanece, sobre todo, como vocación ofrecida a los mismos seglares de pasar de la concepción inerte y pasiva de la vida cristiana a la concepción consciente y activa de la misma; del estado de cristianos, más de nombre que de hecho, extraños a la comprensión y a la participación de los problemas de la Iglesia, al estado de fieles convencidos de poder y deber también ellos compartir su plenitud comunitaria, su responsabilidad operativa, su doloroso y glorioso testimonio, su caridad misionera” (L'Osservatore Romano del 27 de julio de 1963).

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