martes, 16 de enero de 2018

Qué hace y qué dice el Corazón de Jesús en el Sagrario 35 - ¿Podéis? - San Manuel González García

¿PODÉIS?
(Mt 20,22)


Lo que Él ve
Desde el Sagrario de mis abandonos veo pasar todos los días junto a mis iglesias a tantos y tantos hijos... No me miran, pero Yo sí los miro y los sigo con mi mirada a todas partes, por si alguna vez se les ocurre mirar, que se encuentren con mi mirada...
¡Pobrecillos! Veo en sus caras retratada la fatiga de un peso grande, largo, abrumador; aun en las caras de los que pasan riendo adivino la misma fatiga.
¡Claro! ¡Les pesa tanto la cruz! La enfermedad incurable, la escasez de recursos, el agobio de las deudas, los padecimientos de los seres queridos, las torturas de la maledicen-cia y de la calumnia, las comezones de la ambición, las fiebres de las pasiones, los remordimientos de los pecados, los mil contratiempos de la vida humana... ¡Pobrecillos!
¡Cuánto peso sobre hombros tan débiles!

Lo que nosotros veríamos

Mi casa es casa de oración - Carta del Card. Antonio Cañizares Llovera sobre la manera de comportarse en los templos

MI CASA ES CASA DE ORACIÓN

Carta del Arzobispo de Valencia
Card. Antonio Cañizares LLovera
Al Clero y al pueblo de Dios
3 de enero 2018


Queridos hermanos sacerdotes, queridos todos: Os escribo esta carta con todo cariño y con la normal preocupación y máximo interés de que los templos –catedral, basílicas, iglesias parroquiales, capillas, ermitas con culto habitual,…- sean casas de oración y no se conviertan o convirtamos en lugares profanos.

Así, con esta preocupación y celo de Hijo de Dios, se expresaba y actuaba Jesús en el templo de Jerusalén viendo en qué habían convertido la casa de Dios. Hemos de insistir en la catequesis el sentido o significado del templo como morada de Dios y lugar de encuentro con Él, de adoración, de escucha de su Palabra, de celebración de los sacramentos, sobre todo de la Eucaristía para la que se reúne la asamblea cristiana, como señala bella y precisamente el Ritual de Dedicación de Iglesias.

Vengo observando, desde hace tiempo, que es necesario esforzarnos todos en que las iglesias o templos sean de verdad casas de oración, que inviten a la adoración a Dios y a escucharle, a la contemplación y gozar de su presencia: sólo Él debe importarnos y solo a Él debemos la gloria y la alabanza que merece. Por esto, además del cuidado material de los templos con limpieza, belleza, orden, ornato debido, iluminación adecuada, sonoridad buena, habrá que cuidar muchísimo el silencio. Ya hice alguna advertencia sobre el silencio en mi Carta Pastoral sobre la Eucaristía “Haced esto en memoria mía”. A ella me remito. Pero quiero insistir aún más en el silencio debido para la oración, la escucha de la Palabra, para la adoración y la contemplación, para el recogimiento necesario, para el encuentro con Dios y consigo mismo. Este silencio se ve alterado con excesiva frecuencia e indebidamente en el rito de la paz, también al final de la celebración, y a veces incluso al entrar en el templo.

miércoles, 10 de enero de 2018

Domingo II Tiempo ordinario (ciclo b) Guión Litúrgico


Entrada: Iniciamos hoy la primera parte del tiempo durante el año, en el que celebramos y contemplamos los misterios de la vida pública de Jesús, el Cordero de Dios, para que imitando a sus discípulos lo sigamos dejándonos atraer por su majestad podamos descubrir la belleza de la vocación en el servicio de Dios. Participemos con devoción en esta Santa Eucaristía y adoremos al Verbo de Dios hecho carne. Nos ponemos de pie y cantamos…

sábado, 6 de enero de 2018

Meditaciones de navidad después de Epifanía 8 - San Alfonso María de Ligorio

Meditación de la pérdida de Jesús en el templo
MEDITACIONES DE SAN ALFONSO MARÍA DE LIGORIO
Para los días de la octava de la epifanía

Meditación VIII

De la pérdida de Jesús en el templo


Refiere san Lucas capítulo 2, que María y José iban todos los años a Jerusalén en el día de la Pascua, y llevaban consigo al niño Jesús.
Era, pues, costumbre (según el venerable Beda) entre los hebreos hacer este viaje al templo (a lo menos a la vuelta), yendo los varones separados de las mujeres; y los niños iban según les parecía en compañía o de los padres o de las madres.
El Redentor, que tenía entonces doce años, se quedó en aquella solemnidad por tres días en Jerusalén, creyendo María que iba el Niño con José, y este que iba con María, existimantes illum ese in comitalu. Jesús empleó todo aquel tiempo en honrar a su eterno Padre con ayunos, vigilias y oraciones. Si tomó algún poco de comida dice San Bernardo, debía procurársela mendigando, y si tomó un poco de reposo no tuvo otro lecho que la desnuda tierra. Llegada la tarde, y reunidos José y María en su casa, no hallaron a Jesús, por lo que afligidos comenzaron a buscarlo entre los parientes y los amigos.
Últimamente volviendo a Jerusalén, al tercero día le hallan en el templo que disputaba con los doctores; los cuales pasmados admiraban las preguntas y respuestas de aquel gran Niño.
Al verlo María le dice: Hijo, ¿por qué lo has hecho así con nosotros? Mira como tu Padre y yo angustiados te buscábamos…
No hay en esta tierra pena semejante a la que experimenta un alma que ama a Jesús si teme que se haya alejado de él por cualquier falta suya. Esta fue la pena que tanto afligió a María y José en aquellos días, temiendo acaso por su humildad, como dice el devoto Lanspergio, que se hubiesen hecho indignos de guardar un tan gran tesoro. De aquí fue que al verlo María, para darle a entender su dolor, le dice de aquella manera, y Jesús responde: ¿No sabíais que en las cosas que son de mi Padre me conviene estar?
Aprendamos de tal misterio dos documentos. El primero, que debemos dejar a todos, amigos y parientes, cuando se trata de procurar la gloria de Dios. El segundo, que Dios se hace hallar de quien le busca, conforme aquellas palabras de Jeremías: “Bueno es el Señor para el alma que le busca.” Jeremías 14, 22

viernes, 5 de enero de 2018

Meditaciones de navidad después de Epifanía 7 - San Alfonso María de Ligorio

Meditación Jesús crecía en sabiduría y en edad
MEDITACIONES DE SAN ALFONSO MARÍA DE LIGORIO
Para los días de la octava de la epifanía

Meditación VII

Jesús crecía en sabiduría y en edad


El evangelista san Lucas hablando de la permanencia de Jesús en Nazaret dice: Y Jesús crecía en sabiduría y en edad, y en gracia delante de Dios y de los hombres. Lc. 2, 52
Así como Jesús iba creciendo en edad, así crecía en sabiduría; no porque con los años fuese adquiriendo mayor conocimiento de las cosas, como nos sucede a nosotros, pues que desde el primer momento de su vida Jesús estuvo lleno de toda la ciencia y sabiduría divina, “estando escondidos en él todos los tesoros de la sabiduría y de la ciencia, según San Pablo”,
Pero se dice que crecía, porque iba con la edad siempre manifestando más su sublime sabiduría. Del mismo modo se entiende también que Jesucristo crecía en gracia delante de Dios y de los hombres; pues en cuanto Dios, aunque todas sus acciones divinas no le hiciesen más santo, ni le aumentasen mérito, estando desde el principio en su plenitud; no obstante las operaciones del Redentor eran por sí todas suficientes para acrecentarle la gracia y el mérito. Crecía además en la gracia delante de los hombres, aumentándose su hermosura y amabilidad.
¡Oh, y como se mostraba siempre más precioso Jesús y más amable en su juventud, haciendo conocer de cada día más las bellas cualidades por las que debía ser amado! ¡Con qué alegría el santo jovencito obedecía a María y a José! ¡Con qué recogimiento de espíritu trabajaba! ¡Con qué parsimonia y modestia se alimentaba! ¡Con qué compostura hablaba! ¡Con qué dulzura y afabilidad conversaba con todos! ¡Con qué devoción oraba!
En suma, toda acción, toda palabra, todo movimiento de Jesucristo enamoraba y hería el corazón de cuantos le contemplaban, y especialmente de María y de José que tuvieron la dicha de tenerle siempre al lado.
¡Oh, u cómo estaban los santos Esposos siempre atentos a contemplar y admirar todas las operaciones, las palabras y los gestos de aquel Hombre Dios!

jueves, 4 de enero de 2018

Meditaciones de navidad después de Epifanía 6 - San Alfonso María de Ligorio

Meditación de la morada de Jesús en Nazaret
MEDITACIONES DE SAN ALFONSO MARÍA DE LIGORIO
Para los días de la octava de la epifanía

Meditación VI

De la morada de Jesús en Nazaret


Regresado que hubo san José a la Palestina, supo que Arquelao reinaba en la Judea en lugar de Herodes su padre; por lo que temió ir allá, y avisado en sueños marcho a Nazaret, y allí fijó su permanencia en una pobre casa.
¡Oh casita afortunada de Nazaret! Yo te saludo y te venero. Vendrá un tiempo en que serás visitada de los primeros príncipes de la tierra; hallándose los peregrinos en tu recinto no se saciarán de derramar lágrimas de ternura, al pensar que dentro de tus pobres paredes pasó cuasi toda su vida el Rey del paraíso. En esta casa habitó el Verbo encarnado el resto de su niñez y de su juventud. Y ¿cómo vivió? Vivió pobre y despreciado de los hombres, haciendo el oficio de simple muchacho, y obedeciendo a María y José: Bajó con ellos y vino a Nazaret, y vivía sujeto a ellos. Lc 2, 51.
¡Oh Dios, qué ternura causa el considerar que en aquella pobre casa el Hijo de Dios vive de sirviente! Ahora va a tomar agua, luego abre y cierra el taller, después se ocupa en los ínfimos servicios de la limpieza y aseo del aposento unas veces recoge los fragmentos de madera para el fuego, y otras trabaja ayudando a José en sus labores.
¡Oh pasmo! ¡Ver a un Dios que obedece, un Dios que sirve de criado! ¡Oh pensamiento que debiera hacernos arder de un amor santo hacia un Redentor que se ha reducido a tal bajeza para hacerse amar de nosotros! Adoremos todas estas acciones serviles de Jesús, porque eran todas divinas. Adoremos, sobre todo, la vida escondida y despreciada que hizo Jesucristo en la casa de Nazaret.
¡Oh hombres soberbios! ¿cómo podéis ambicionar el hacer figura y ser honrados en el mundo viendo a nuestro Dios que gasta treinta años de vida en un estado pobre, oscuro y desconocido, para enseñarnos el retiro y la vida humilde y oculta?

miércoles, 3 de enero de 2018

Bautismo del Señor (ciclo b) Guión Litúrgico


ENTRADA:
Con la fiesta del bautismo del Señor concluye el tiempo litúrgico de Navidad y se completa la epifanía del Señor. Las palabras del Padre son una proclamación solemne de la divinidad de Jesús. Es la voz del Padre que testifica la divinidad del Hijo, corroborando con la presencia del Espíritu en forma de paloma. Para iniciar esta celebración nos ponemos de pie y cantamos…

Meditaciones de navidad después de Epifanía 5 - San Alfonso María de Ligorio

Meditación de la vuelta de Jesús de Egipto
MEDITACIONES DE SAN ALFONSO MARÍA DE LIGORIO
Para los días de la octava de la epifanía

Meditación V

De la vuelta de Jesús de Egipto


Muerto Herodes, y después del destierro de siete años (según la opinión común de los Doctores), en los que habitó Jesús el Egipto, apareció de nuevo el ángel a San José, y le mandó que tomase el santo Niño y la Madre y volviese a la Palestina. 
Consolado san José con este aviso, fue a participarlo a María.
Más antes que partiesen los santos Esposos, corteses como eran, se despidieron de los que en aquel país se habían honrado con su amistad. Después José recoge los pocos instrumentos de oficio, María su aradito de pañales, y tomando de la mano al Divino Niño emprenden el regreso, llevándolo en medio de los dos.
Considera san Buenaventura que este viaje fue más fatigosos a Jesús que el de su huida; pues que ahora hacía ya crecido, y no podían llevarlo José y María en brazos a largos trechos. Por otra parte el santo Niño en aquella edad no era aún apto para andar grandes distancias; así que fue necesario en tal viaje que
Jesús se parase a menudo y reposase por el cansancio.
Pero José y María, bien anduviesen, bien descansasen, siempre tenían puestos los ojos y el pensamiento en el amado Niño que era todo el objeto de su amor.
¡Oh cómo marcha recogida en esta vida aquella alma feliz que tiene delante de su vista el amor y los ejemplos de Jesucristo! Los santos viajeros interrumpen de cuando en cuando el silencio con algún santo razonamiento, pero ¿con quién hablan? y ¿de qué hablan? No hablan sino con Jesús y de Jesús. Quien tiene a Jesús en el corazón, no habla más que con Jesús y de Jesús.
Considera también la pena que debería padecer nuestro pequeñito Salvador en las noches de este viaje, en el cual no tuvo por lecho el regazo de María, como sucedió a la ida, sino la desnuda tierra; y por comida no tuvo ya la leche, sino un poco de pan demasiado duro a su tierna edad.
Fue también visiado duro a su tierna edad. Fue también visiblemente afligido de la sed en aquel desierto, en el cual los hebreos habían tenido tanta necesidad de agua que fue el preciso un milagro para socorrerlos. Contemplemos, pues, y adoremos con amor todos estos padecimientos de Jesús niño.

martes, 2 de enero de 2018

Meditaciones de navidad después de Epifanía 4 - San Alfonso María de Ligorio

Meditación de la mansión de Jesús en Egipto
MEDITACIONES DE SAN ALFONSO MARÍA DE LIGORIO
Para los días de la octava de la epifanía

Meditación IV

De la mansión de Jesús en Egipto


Eligió Jesús la mansión de Egipto en la niñez por hacer una vida más dura y despreciada. Según san Anselmo y otros escritores, habitó la Sagrada familia en Heliópolis.
Vamos contemplando con san Buenaventura la vida que llevó Jesús en Egipto por el tiempo que allí estuvo. La casa era muy pobre, porque era muy escaso el alquiler que podía pagar san José: pobre es la cama; pobre es la comida; pobre es en suma su vida, mientras apenas allegan para el sustento diario con los trabajos de sus manos, viviendo además en un país donde son desconocidos, sin parientes, sin amigos y despreciados. 
Vive sí en gran pobreza esta familia; pero ¡oh cuán bien ordenadas se hallan las ocupaciones de estos tres habitantes! El santo Niño no pronuncia palabra alguna, pero habla con el corazón palabra continuamente, ofreciendo a su Padre celestial todos los padecimientos y momentos de su vida por nuestra salvación. María tampoco habla, pero a vista de aquel precioso Infante contempla el divino amor y la gracia que le ha hecho de haberle elegido por madre suya.
José trabaja en silencio, y a vista del Divino Niño arde en afectos dándole gracias de haberle elegido por compañero y custodio de su vida. En esta casa María quita la leche a Jesús; antes lo alimentaba con el pecho, ahora lo alimenta con la mano. Lo tiene en su regazo, toma de la horterilla un poco de pan deshecho con agua, y después lo lleva a la sagrado boca del Hijo. 
En esta casa prepara María el primer vestidillo al Niño, y llegado el tiempo deja las fajas y comienza a poner selo. En la misma casa comienza Jesús a andar y hablar. 
¡Ah! Adoremos aquellos primeros pasos que dio el Verbo encarnado, y las primares palabras de vida eterna que profirió. ¡Oh pasos! ¡Oh palabras balbucientes! ¡Ah, pequeños servicios de Jesús, cuánto herís e inflamáis los corazones de los que le aman y os consideran! ¡Un Dios andar temblando y cayendo! ¡un Dios balbuciendo! ¡Un Dios hecho débil que no puede emplearse en otro que en haciendas de la casa, que no puede levantar un palo, si su peso es superior a las fuerzas de un niño! ¡Ah, fe santa, ilumínanos a este buen Señor que por amor nuestro se ha reducido a tantas miserias. Dícese que al entrar Jesús en Egipto cayeron todos los ídolos de aquellas regiones. Roguemos, pues, a Dios que nos haga amar de corazón a Jesús, porque en aquella alma donde entra el amor al mismo, caen todos los ídolos de los afectos terrenos.

lunes, 1 de enero de 2018

Cosas católicas 12 - La Rutina


La santificación en la vida cotidiana - El aprovechamiento de las gracias actuales

Meditaciones de navidad después de Epifanía 3 - San Alfonso María de Ligorio

Meditación La huída a Egipto
MEDITACIONES DE SAN ALFONSO MARÍA DE LIGORIO
Meditaciones para los días de la octava de la epifanía

Meditación III

De la huida de Jesús a Egipto


Aparece el Ángel a José en sueños, y le da a saber que Herodes andaba buscando a Jesús para quitarle la vida, por lo que le dice: Levántate y toma el Niño y a su Madre, y huye a Egipto. Mt. 2.
He aquí, pues, que apenas ha nacido Jesús, y es perseguido ya de muerte. Herodes es figura de aquellos miserables pecadores, que tan luego como ven renacido en su alma a Jesucristo por el perdón, le persiguen de nuevo a muerte volviendo al pecado: “Buscan al Niño para perderle”. José obedece prontamente a la voz del ángel, y avisa de ello a la santa Esposa. Toma los pocos instrumentos de su oficio que podía llevar, y que habían de servirle para procurar en Egipto el sustento a su pobre familia.
María a la vez reúne un pequeñito arado de pañales para el uso del santo Niño, y después se dirige al aposento, se arrodilla ante todas cosas delante de su tierno Infante, le besa los pies, y después con lágrimas de ternura le dice: ¡Oh Hijo mío! apenas habéis nacido y venido al mundo para salvar a los hombres, ya estos mismos os buscan para quitarlos la vida. Dicho esto lo toma, y siguiendo ambos Esposos en llorar, sierran la puerta, y en la misma noche se ponen en camino.
Ve considerando las ocupaciones de estos santos peregrinos en tal viaje. Todas las conversaciones son de su amado Jesús, de su paciencia y de su amor, aliviándose de esta manera en las penas e incomodidades de tan largo camino.
¡Oh cuán dulce es padecer a vista de Jesús que padece!
Acompáñate también tú, alma mía, dice san Buenaventura, con estos tres santos y pobres desterrados, y compadécelos en esta peregrinación que hacen tan fatigosa, larga y sin comodidad. Ruega a María que te conceda llevar en tu corazón a su Hijo Divino.
Considera cuánto debería padecer, especialmente en aquellas noches que había de pasar en el desierto de Egipto. La desnuda tierra les serviría de lecho al aire libre y frío. Llora el Niño por dolor. Lloran María y José por compasión. ¡Oh fe santa! y ¿quién no llorara al ver un Hijo de Dios, que, hecho chiquito, pobre y abandonado, huye por un desierto para librarse de la muerte?

domingo, 31 de diciembre de 2017

Meditaciones de navidad después de Epifanía 2 - San Alfonso María de Ligorio

Meditación de la presentación del niño Jesús en el templo
MEDITACIONES DE SAN ALFONSO MARÍA DE LIGORIO
Meditaciones para los días de la octava de la epifanía

Meditación II
De la presentación de Jesús al templo


Llegado el tiempo en que María, según la ley, había de ir a purificarse al templo, y presentar Jesús al Divino Padre, ved que se dirige allá juntamente con José.
Este toma las dos tortolillas que debían ofrecerle; y María toma su amado Niño, toma el Divino Corderito para ir a sacrificarle, en señal de aquel gran sacrificio que un día este mismo Hijo había de consumar sobre la cruz.
Considerad como la santa Virgen entre ya en el templo: hace la oblación de Jesús por parte del género humano, y dice: He aquí, o eterno Padre, vuestro amado Unigénito, que es vuestro Hijo, y también mío; yo os le ofrezco como víctima de vuestra Divina Justicia para aplacaros con los pecadores. Aceptadla, o Dios de misericordia, tened piedad de nuestras miserias; por amor de éste Cordero Inmaculado recibid en vuestra gracia a los hombres”.
Agregase a la oblación de María la de José; y el santo Niño dice también: “Aquí me tenéis, Padre mío, a Vos consagro toda mi vida: me habéis enviado al mundo para salvarlo con mi sangre. Hela, y a mí todo; a Vos me ofrezco por el rescate del linaje humano.”
Se entregó a sí mismo por nosotros, ofrenda y hostia a Dios. Ef. 5, 2
Ningún sacrifico fue jamás tan acepto a Dios, cuanto lo fue este que le hizo entonces su amado Hijo, víctima y sacerdote desde niño. Si todos los hombres y todos los Ángeles hubiesen ofrecido sus vidas, no hubiera sido ciertamente su oblación tan apreciable a Dios como lo fue esta de Jesucristo, pues que en este solo ofrecimiento al eterno Padre recibió un honor infinito y una satisfacción infinita. Habiendo pues, Jesús ofrecido la vida al Eterno Padre por nuestro amor, justo es que nosotros le ofrezcamos también la nuestra, y todo lo que somos. Esto es lo que él mismo desea, como significó a la beata Ángela de Foligno diciéndole: “Yo me he ofrecido por ti, a fin de que tú te ofrezcas por mí”.

sábado, 30 de diciembre de 2017

Meditaciones de navidad después de Epifanía 1 - San Alfonso María de Ligorio

Meditación de la adoración de los Magos
MEDITACIONES DE SAN ALFONSO MARÍA DE LIGORIO
Meditaciones para los días de la octava de la epifanía

Meditación I

De la adoración de los Magos


Nace Jesús pobre en un establo; y si bien le reconocen los Ángeles del cielo, los hombres de la tierra lo dejan abandonado. Solos unos pocos pastores vienen a visitarle. Más el Redentor quiere comenzar ya a comunicar la gracia de su redención, y por esto se manifiesta primero a los gentiles que le conocían menos.
Á este fin ilumina por medio de una estrella a los santos Magos, para que vengan a adorar a su Salvador. Este fue el principio y lo sumo de los favores hechos a nosotros, el llamamiento a la fe, al que siguió el de la gracia, de la cual los hombres estaban privados.
Ved los Magos, que sin tardanza se ponen en viaje; la estrella los acompaña hasta la cueva en donde está el santo Niño. Llegado que hubieron, entran, y ¿qué hallan?
Encuentran una pobre doncella y un pobre niño cubierto de míseros pañales, sin nadie que le corteje y asista. Pero ¡ah! Que al entrar en aquella gruta los santos viajeros, sienten un gozo nunca experimentado; sienten el corazón hacia aquel amado Niño que ven; aquellas pajas, aquella pobreza, aquellos vagidos de su pequeñuelo Salvador, ¿oh para los corazones iluminados!
El Niño les muestra un rostro alegre, y esta es la señal del afecto con que los acepta entre las primeras prendas de la redención. Miran después los santos Reyes a María, la cual no habla.
Permanece en silencio; más en su rostro bienaventurado que respira la dulzura del paraíso los acoge expresiva, y les da las gracias de haber venido los primeros a reconocer a su Hijo, que era para ellos su soberano.
Contemplad como ellos le adoran, aunque en silencio por reverencia, le honran como a su Dios al besarle los pies, y ofrecen sus dones de oro, de incienso y de mirra.
Adoremos nosotros con los santos Magos a nuestro pequeñito Rey Jesús y ofrezcámosle todos nuestros corazones.

viernes, 29 de diciembre de 2017

Meditaciones navidad San Alfonso María de Ligorio 11 - De la pobreza del niño Jesús

Meditación de la pobreza del Niño Jesús
MEDITACIONES DE SAN ALFONSO MARÍA DE LIGORIO
Para Natividad hasta la Epifanía.
Meditación XI

De la pobreza del niño Jesús


¡Oh Dios! ¿Quién no compadecería si viese un príncipe hijo de un monarca, nacido tan pobre, que hubiese de albergarse en una cueva húmeda y fría, sin tener lecho ni criados, ni fuego, ni ropas bastantes para calentarlo? ¡Ah Jesús mío! Vos sois, pues, el Hijo del Señor del cielo y de la tierra, Vos sois el que en esta gruta no tenéis otra cosa que un pesebre por cuna, paja por lecho, y unos pobres pañales para cubriros.
Los ángeles están a vuestro rededor para alabaros, pero en nada socorren vuestra pobreza. Redentor mío, cuanto más pobre sois más amable os hacéis, habiendo a este fin abrazado tanta pobreza.
Si nacierais en una habitación regia, si tuvieseis una cuna de oro, si os asistiesen los primeros grandes de la tierra, os atraeríais de los hombres mayor respeto, pero menos amor.
Más ahora esta gruta en que os albergáis, estos viles pañales que os cubren, esta paja que os sirve de cama, este pesebre que es vuestra cuna, ¡Oh! Y como atraen a Vos nuestros corazones, siendo así que os habéis hecho tan pobre para haceros a nosotros mas amable!
“Cuanto por mi más abatido, tanto para mí más amado”, dice San Bernardo.
Os habéis hecho pobre, para enriquecernos con vuestra pobreza, según lo que nos enseña san Pablo: Pues conocéis la generosidad de nuestro Señor Jesucristo, el cual, siendo rico, por vosotros se hizo pobre a fin de que os enriquecierais con su pobreza. 2Cor. 8, 9.
En efecto la pobreza de Jesucristo fue para nosotros una gran riqueza; pues que ella nos mueve a adquirirnos los bienes del cielo, despreciando los de la tierra.
¡Ah Jesús mío! esta vuestra pobreza ciertamente ha llevado a muchos Santos a dejarlo todo, riquezas, honores y reinos para ser pobres con Vos. Ea pues, Salvador mío, desprendedme también del afecto a los bienes de la tierra, para que se hecho digno de adquirir vuestro santo amor, y de esta manera poseer a Vos, bien infinito.

jueves, 28 de diciembre de 2017

Los Santos Inocentes - Himnos de la liturgia



Oficio de lectura

Tanto al tirano le place
hacer de su orgullo ley,
que por deshacer a un Rey
un millar de reyes hace.

Por matar a un enemigo
siembra de sangre Belén,
y en Belén, casa del trigo,
no muere un Rey, nacen cien.

Y así su cólera loca
no puede implantar su ley,
pues quiere matar a un Rey
y corona a cuantos toca.

La furia del mal así
no puede vencer jamás,
pues, cuando me hiere a mí,
estás tú, Señor, detrás.

Sagrada Familia (ciclo b) Catena Aurea

Lucas 2,22-40
Cumplido asimismo el tiempo de la purificación de la Madre, según la ley de Moisés, llevaron al Niño a Jerusalén para presentarle al Señor, como está escrito en la ley del Señor: Todo varón que nazca el primero será consagrado al Señor: y para presentar la ofrenda de un par de tórtolas o dos palominos, como está también ordenado en la ley del Señor.
Había a la sazón en Jerusalén un hombre justo y temeroso de Dios, llamado Simeón, el cual esperaba la consolación de Israel, y el Espíritu Santo moraba en él. El mismo Espíritu Santo le había revelado que no había de morir antes de ver al Cristo ungido del Señor. Así vino inspirado de El al templo. Y al entrar sus padres con el niño Jesús para practicar con El lo prescrito por la ley, tomándole Simeón en los brazos.
Bendijo a Dios diciendo: "Ahora, Señor, sacas en paz de este mundo a tu siervo, según tu palabra, porque han visto ya mis ojos al Salvador que nos has dado, al cual tienes destinado para que, expuesto a la vista de todos los pueblos, sea la brillante, que ilumine a los gentiles, y la gloria de tu pueblo de Israel".
Su padre y su Madre escuchaban con admiración las cosas que de El se decían. Y los bendijo Simeón, y dijo a María, su Madre: "Este niño que ves está destinado para ruina y para resurrección de muchos en Israel y para ser el blanco de la contradicción, lo que será para ti misma una espada que traspasará tu alma, para que sean descubiertos los pensamientos de muchos corazones".
Vivía entonces una profetisa, llamada Ana, hija de Fanuel, de la tribu de Aser, que era ya de edad muy avanzada, y la cual, casada desde la flor de ella, vivió con su marido siete años; y habíase mantenido viuda hasta los ochenta y cuatro de edad, no saliendo del templo, y sirviendo en él a Dios día y noche con ayunos y oraciones. Esta, pues, viniendo a la misma hora, alababa igualmente al Señor, y hablaba de El a todos los que esperaban la redención de Israel.
Jesús y María, cumplidas todas las cosas ordenadas en la ley del Señor, regresaron a Galilea, a su ciudad de Nazaret. Entre tanto el Niño iba creciendo y fortaleciéndose, lleno de sabiduría; y la gracia del Señor estaba en El.


 
Cumplido asimismo el tiempo de la purificación de la Madre, según la ley de Moisés, llevaron al Niño a Jerusalén para presentarle al Señor, como está escrito en la ley del Señor: Todo varón que nazca el primero será consagrado al Señor: y para presentar la ofrenda de un par de tórtolas o dos palominos, como está también ordenado en la ley del Señor. (vv. 22-24) 

San Cirilo
Después de la circuncisión se espera todavía el tiempo de la purificación, por lo que dice: "Cumplido asimismo el tiempo de la purificación de la Madre, según la ley", etc.

Beda
Si examinamos detenidamente las palabras de la ley, hallaremos ciertamente que la misma Madre de Dios, como no había concebido por obra de varón, no estaba obligada al precepto legal. Porque no era considerada como inmunda toda mujer que alumbrase, sino sólo aquélla que alumbrase por obra de varón, por lo cual se distinguía aquella que había concebido y dado a luz siendo virgen. Pero, para que nosotros nos viésemos libres del yugo de la ley, María, como Cristo, se sometió espontáneamente a ella. 

Tito Bostrense
Por eso dice claramente el evangelista que se cumplió el tiempo de la purificación, según la ley. Y en verdad que no tenía necesidad la Santísima Virgen de esperar los días de su purificación, porque, habiendo concebido por obra del Espíritu Santo, se vio libre de toda mancha.
Prosigue: "Llevaron al Niño a Jerusalén, para presentarlo al Señor".

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