viernes, 20 de septiembre de 2013

Novena a Santa Teresita del Niño Jesús con sus propios textos

NOVENA A
SANTA TERESITA

DEL NIÑO JESÚS
(CON TEXTOS ESCRITOS

POR LA SANTA)
 

ORACIÓN INTRODUCTORIA
Dulce Jesús mío, Redentor nuestro, deseosos de amaros e imitaros, nos ponemos ante la imagen de Santa Teresita del Niño Jesús, que encontró la santidad en las palabras: "El que sea pequeño, que venga a Mí", y os rogamos nos favorezcas con la humildad, sencillez y modestia de esta santa.

Gloriosa Santa Teresita del Niño Jesús, confiados en tus palabras: "pasare el Cielo haciendo el bien en la tierra", te pedimos que recibas nuestras súplicas y las presentes ante Cristo Jesús, para que sean favorablemente atendidas. Amén.

 
ORACIÓN FINAL

¡Oh, bienaventurada Teresita del Niño Jesús!, tú brillaste por la fe ardiente de tu entendimiento, por la heroica virtud de la esperanza que te animó siempre a ser una gran santa, y por el fuego del amor de Jesús.

Tu vida fue un milagro de santidad y una revelación para que, por tu camino de la infancia espiritual, todos sepamos llegar al Cielo llenos del mérito de las obras pequeñas.

Haz que nuestra admiración a tus virtudes convierta en eficaces los deseos de imitarte. Derrama sobre nosotros tu Lluvia de Rosas para que caminemos rectos y seguros en la verdadera felicidad y gustemos en la Tierra de las dulzuras de la gloria eterna. Amén.

 
Día primero
UNOS PADRES INCOMPARABLES

"Tengo la dicha de haber tenido unos padres incomparables que nos rodearon de las mismos cuidados y del mismo cariño.

Mamá tenía la costumbre de ir a Misa de 5:30 de la mañana. Rezaba todos los días al ángel de la guarda y a las almas del purgatorio. Nos hacía rezar todos los días, y toda la familia iba a Misa el domingo.

Con una forma de ser como la mía, si hubiera sido educada por unos padres sin virtud, o incluso si hubiese sido mimada por Luisa (la niñera) como lo fue mi hermana Celina, habría salido muy mala, y tal vez hasta me hubiese perdido.

Los defectos corregidos a tiempo sirvieron para crecer en la perfección, y como no tenía más que buenos ejemplos a mi alrededor, quería seguirlos como la cosa más natural del mundo.

Por las tardes me iba a dar un paseito con papá y hacíamos juntos una visita al Santísimo Sacramento.

Papá me decía que escuchara bien los sermones. Le gustaba siempre abismarse de las verdades eternas, y a veces sus ojos se llenaban de lágrimas al escuchar al predicador".
 
Padrenuestro, Avemaría y Gloria
Pídase la gracia que se desea alcanzar por intercesión de Santa Teresita.

jueves, 19 de septiembre de 2013

El Catecismo de la Iglesia Católica Card. Joseph Ratzinger

Antecedentes del Catecismo
Género literario, destinatarios y método
El autor del Catecismo y su autoridad
Estructura y contenido

1. Antecedentes del Catecismo

Veinte años después de la conclusión del Concilio Vaticano II, en octubre de 1985, el Santo Padre convocó un Sínodo extraordinario, cuyos participantes --a diferencia de la estructura de los Sínodos habituales-- eran los Presidentes de todas las Conferencias episcopales de la Iglesia Católica. El Sínodo quería ser algo más que una conmemoración solemne del gran acontecimiento de la historia de la Iglesia, en el que sólo unos pocos de los obispos ahora presentes habían participado. Debía mirar no sólo hacia atrás, sino hacia adelante: determinar la situación de la Iglesia; traer de nuevo a la memoria la voluntad esencial del Concilio; preguntar cómo hay que apropiarse hoy esta voluntad y cómo hacerla productiva para el mañana.

En este orden de ideas surgió también el pensamiento de un Catecismo de la Iglesia universal, en analogía con el Catecismo Romano aparecido en 1566, que entonces había contribuido esencialmente a la renovación de la catequesis y de la predicación según el espíritu del Concilio de Trento.

La idea de un Catecismo del Concilio Vaticano II no era totalmente nueva. Así, por ejemplo, en el último período conciliar, el cardenal alemán Jäger había formulado la propuesta de que el Concilio debía encargar tal libro y así dar forma concreta a la obra de puesta al día en el terreno doctrinal. Atendiendo a consideraciones similares, la Conferencia episcopal holandesa publicó su Catecismo ya en marzo de 1966. Éste fue acogido ávidamente en grandes partes del mundo como una forma renovada de la catequesis, pero también desencadenó tempranamente serias cuestiones. El Papa nombró a raíz de ello una comisión integrada por seis cardenales; esta comisión emitió en octubre de 1968 una declaración que, ciertamente, quiso dejar intacta la «peculiaridad... digna de elogio» del Catecismo, pero que tuvo que precisar, e incluso corregir, sus afirmaciones en puntos esenciales.

Entonces se planteó por sí misma la cuestión de si la mejor respuesta a la problemática de este libro no estaría en la elaboración de un catecismo de toda la Iglesia. Yo expresé entonces la opinión de que el tiempo no estaba todavía maduro para tal proyecto, y sigo pensando que esta evaluación de la situación fue correcta. Es verdad que Jean Guitton debe de haber dicho que nuestro Catecismo llega con 25 años de retraso; en cierto sentido se le podría dar la razón en esta afirmación. No obstante, hay que decir también que en 1966 no se habían hecho todavía visibles los problemas en toda su envergadura; que no había hecho más que comenzar un proceso de fermentación que sólo paulatinamente podía conducir a las aclaraciones necesarias para que se pronunciara una nueva palabra común.

miércoles, 18 de septiembre de 2013

Vitalizar la fe por la oración - "La renovación de la Iglesia no puede proceder más que de una renovación de la oración"


Vitalizar la fe por la oración

«Sin una vida de oración personal, la participación en los sacramentos corre el peligro de quedarse en lago superficial y no dar los frutos para los que han sido instituidos»

      El Padre Jacques Philippe (1947), de la Comunidad de las Bienaventuranzas, es un autor reconocido de libros de espiritualidad. También predica retiros, tanto en Francia como en otros países. En la preparación del Año de la fe, en esta entrevista en exclusiva, habla de la oración y afirma que la cuestión de fondo es la de encontrar una nueva vitalidad de la fe, a través de un encuentro personal con Cristo y que la renovación de la Iglesia no puede proceder más que de una renovación de la oración.

      El Santo Padre, en su Discurso a la Curia del pasado 22 de diciembre (2011), señaló algunos motivos de preocupación en la Iglesia, como el hecho de que los que van regularmente a la Iglesia son cada vez más ancianos y su número disminuye, el estancamiento de las vocaciones al sacerdocio, el crecimiento del escepticismo y la incredulidad. Y para dar respuesta a estos problemas propone, especialmente en Europa, que la fe adquiera una nueva vitalidad, con una convicción profunda y una fuerza real gracias al encuentro con Jesucristo.

¿Cómo le parece a usted que tiene que ser este encuentro con Jesucristo?

Es cierto que la Iglesia, por lo menos en Occidente, atraviesa una profunda crisis espiritual. Esta crisis es dolorosa y no se resolverá fácil ni rápidamente, pero creo que es un tiempo de purificación de la Iglesia, y que después de este tiempo de crisis habrá una gran renovación de la fe y de la vida de la Iglesia. Debemos por tanto seguir esperanzados. Dicho esto, pienso efectivamente que la cuestión de fondo es la de encontrar una nueva vitalidad de la fe, a través de un encuentro personal con Cristo. Con este fin, toda la comunidad cristiana, como ya dijo Juan Pablo II en la Novo Millenio Ineunte (n. 33), debe ser ante todo una escuela de oración.

La renovación de la Iglesia no puede proceder más que de una renovación de la oración que hace posible una experiencia personal con Dios. No puede existir un encuentro profundo con Cristo sin una vida de oración fiel y perseverante. Pero el encuentro con Jesucristo no es solamente una experiencia subjetiva, sino que tiene también una dimensión objetiva, eclesial. De ahí la necesidad de que, además de la oración personal, exista un enraizamiento en la Iglesia para un acompañamiento, para compartir y verificar la fe. No se puede ser creyente aislándose de los demás, tenemos necesidad de formar parte de una familia espiritual (parroquia, movimiento, comunidad...). Hace falta al mismo tiempo educar a las personas en la oración personal y suscitar comunidades vivas y fraternales.

martes, 17 de septiembre de 2013

Las 15 marcas de la Iglesia - San Roberto Belarmino




Las 15 Marcas de la Iglesia Católica.
-San Roberto Belarmino (1542-1621), Doctor de la Iglesia


1. El Nombre de la Iglesia Católica.  Esta no es confinada a una nación o gente en particular.
2. Antiguedad. Traza sus ancestros directamente a Jesucristo.
3. Constante Duración. Duración substancial (a través de los siglos) sin cambios.
4. Extensa.  Número de sus fieles.
5. Sucesión Episcopal. Desde los primeros Apóstoles a la  jerarquía presente.
6. Acuerdo Doctrinal. La misma doctrina y enseñanzas de la Iglesia primitiva.
7. Unión. Todos los miembros entre sí y con la cabeza visible, el Pontífice Romano.
8. Santidad. Doctrina que refleja la santidad de DIOS.

lunes, 16 de septiembre de 2013

Análisis sobre el sacerdocio, los obispos y las conferencias episcopales -Card. Joseph Ratzinger




Entre sacerdotes y obispos
Sacerdote: un hombre desazonado
Al estar en crisis el concepto mismo de Iglesia, ¿hasta qué punto y por qué están en crisis los «hombres de Iglesia»? Dejando para luego lo que se refiere a los obispos, que necesita un tratamiento específico, ¿dónde cree Ratzinger que se encuentran las raíces del desencanto de los clérigos que en pocos años ha vaciado seminarios, conventos y presbiterios? En una reciente intervención suya, no oficial, ha citado la tesis de un famoso teólogo según el cual «la crisis de la Iglesia actual sería ante todo una crisis de los sacerdotes y de las órdenes religiosas».
«Es una tesis muy dura —confirma—. Es un j'accuse bastante áspero, pero puede ser que capte una verdad. Bajo el choque del posconcilio, las grandes órdenes religiosas (precisamente las columnas tradicionales de la siempre necesaria reforma eclesial) han vacilado, han padecido graves hemorragias, han visto reducirse como nunca el ingreso de novicios, y aún hoy parecen estar sacudidas por una crisis de identidad».

domingo, 15 de septiembre de 2013

El sentido del "pro multis", "por muchos" en la consagración eucarística - Benedicto XVI

CARTA DE SU SANTIDAD
BENEDICTO XVI
AL PRESIDENTE DE LA
 CONFERENCIA EPISCOPAL
ALEMANA

A Su Excelencia Reverendísima
Monseñor Robert Zollistsch
Arzobispo de Friburgo,
Presidente de la Conferencia Episcopal Alemana
Vaticano, 14 de abril de 2012

Excelencia,
venerado y querido Arzobispo:
Con ocasión de su visita del 15 de marzo de 2012, usted me hizo saber que, por lo que se refiere a la traducción de las palabras «pro multis» en las Plegarias Eucarísticas de la Santa Misa, todavía no hay unidad entre los obispos de las áreas de lengua alemana. Al parecer, se corre el riesgo de que, ante la publicación de la nueva edición del «Gotteslob» [libro de cantos y oraciones], que se espera en breve, algunos sectores del ámbito lingüístico alemán deseen mantener la traducción «por todos», aún cuando la Conferencia Episcopal Alemana acordase escribir «por muchos», tal como ha sido indicado por la Santa Sede. Le había prometido que me expresaría por escrito sobre esta cuestión importante, con el fin de prevenir una división como ésta en el seno más íntimo de nuestra plegaria. Esta carta que ahora dirijo por medio suyo a los miembros de la Conferencia Episcopal Alemana, se enviará también a los demás obispos de las áreas de lengua alemana.
Ante todo, permítame una breves palabras sobre el origen del problema. En los años sesenta, cuando hubo que traducir al alemán el Misal Romano, bajo la responsabilidad de los obispos, había un consenso exegético en que la palabra «los muchos», «muchos», en Isaías 53,11s, era una forma de expresión hebrea que indicaba la totalidad, «todos». En los relatos de la institución de Mateo y de Marcos, la palabra «muchos» sería por tanto un «semitismo», y debería traducirse por «todos». Esta idea se aplicó también a la traducción directamente del texto latino, donde «pro multis» haría referencia, a través de los relatos evangélicos, a Isaías 53 y, por tanto, debería traducirse como «por todos». Con el tiempo, este consenso exegético se ha resquebrajado; ya no existe. En la narración de la Última Cena de la traducción ecuménica alemana de la Sagrada Escritura, puede leerse: «Esta es mi sangre de la alianza, que es derramada por muchos» (Mc 14,24; cf. Mt 26,28). Con esto se pone de relieve algo muy importante: el paso del «pro multis» al «por todos» no era en modo alguno una simple traducción, sino una interpretación, que seguramente tenía y sigue teniendo fundamento, pero es ciertamente ya una interpretación y algo más que una traducción.

sábado, 14 de septiembre de 2013

Domingo XXIV (ciclo c) Guión Litúrgico


Entrada:
Hermanos: Reunidos para celebrar el Día del Señor y ofrecer el Santo Sacrificio que nos reconcilia con el Padre y fortalece la unidad de la Iglesia. Llenos de fe y agradecimiento cantamos… 

Lecturas:
La palabra de Dios nos invita a  confiar en su infinita misericordia y a acercarnos a Él para que nos otorgue su perdón. Recibamos con gozo este anuncio.  

Carta del Santo Padre Francisco por la beatificación del Cura Brochero


El santo padre dirigió una carta al presidente de la Conferencia Episcopal Argentina con ocasión de la multitudinaria ceremonia de beatificación del presbítero José Gabriel Brochero (1840-1914), celebrada este sábado 14 de septiembre en la Villa Cura Brochero en Córdoba (Argentina) por el cardenal Angelo Amato, prefecto de la Congregación para las Causas de los Santos.

Ofrecemos a continuación el texto íntegro del papa, en la que destaca la figura pastoral del "Cura gaucho", el octavo argentino en ser declarado beato y el primero beatificado por Francisco. 

Excmo. Mons. José María Arancedo
Arzobispo de Santa Fe
Presidente de la Conferencia Episcopal Argentina
BUENOS AIRES.- 

Querido hermano:

Que finalmente el Cura Brochero esté entre los beatos es una alegría y una bendición muy grande para los argentinos y devotos de este pastor con olor a oveja, que se hizo pobre entre los pobres, que luchó siempre por estar bien cerca de Dios y de la gente, que hizo y continúa haciendo tanto bien como caricia de Dios a nuestro pueblo sufrido.

Me hace bien imaginar hoy a Brochero párroco en su mula malacara, recorriendo los largos caminos áridos y desolados de los 200 kilómetros cuadrados de su parroquia, buscando casa por casa a los bisabuelos y tatarabuelos de ustedes, para preguntarles si necesitaban algo y para invitarlos a hacer los ejercicios espirituales de san Ignacio de Loyola. Conoció todos los rincones de su parroquia. No se quedó en la sacristía a peinar ovejas.

El Cura Brochero era una visita del mismo Jesús a cada familia. Él llevaba la imagen de la Virgen, el libro de oraciones con la Palabra de Dios, las cosas para celebrar la Misa diaria. Lo
invitaban con mate, charlaban y Brochero les hablaba de un modo que todos lo entendían porque le salía del corazón, de la fe y el amor que él tenía a Jesús.

Domingo XXIV (ciclo c) Catena Aurea


Lucas 15,1-32

Y se acercaban a El los publicanos y pecadores para oírle. Y los fariseos y los escribas murmuraban diciendo: "Este recibe pecadores, y come con ellos". Y les propuso esta parábola diciendo: "¿Quién de vosotros es el hombre que tiene cien ovejas, y si perdiere una de ellas, no deja las noventa y nueve en el desierto y va a buscar la que se había perdido, hasta que la halle? Y cuando la hallare, la pone sobre sus hombros gozoso. Y viniendo a casa, llama a sus amigos y vecinos, diciéndoles: Dadme el parabién, porque he hallado mi oveja que se había perdido. Os digo, que así habrá más gozo en el cielo sobre un pecador que hiciere penitencia, que sobre noventa y nueve justos, que no han menester penitencia".

"O ¿qué mujer que tiene diez dracmas, si perdiere una dracma, no enciende el candil y barre la casa, y la busca con cuidado hasta hallarla? Y después que la ha hallado, junta las amigas y vecinas, y dice: Dadme el parabién, porque he hallado la dracma que había perdido. Así os digo, que habrá gozo delante de los ángeles de Dios por un pecador que hace penitencia".

Mas dijo: "Un hombre tuvo dos hijos. Y dijo el menor de ellos a su padre: Padre, dame la parte de la hacienda que me toca. Y él les repartió la hacienda. Y no muchos días después, juntando todo lo suyo el hijo menor se fue lejos a un país muy distante, y allí malrotó todo su haber, viviendo disolutamente. Y cuando todo lo hubo gastado, vino una grande hambre en aquella tierra, y él comenzó a padecer necesidad. Y fue, y se arrimó a uno de los ciudadanos de aquella tierra. El cual lo envió a su cortijo a guardar puercos. Y deseaba henchir su vientre de las mondaduras que los puercos comían y ninguno se las daba".

"Mas volviendo sobre sí, dijo: ¡Cuántos jornaleros en la casa de mi padre tienen el pan de sobra, y yo me estoy aquí muriendo de hambre! Me levantaré e iré a mi padre, y le diré: Padre, pequé contra el cielo y delante de ti; yo no soy digno de ser llamado hijo tuyo; hazme como a uno de tus jornaleros. Y levantándose se fue para su padre. Y como aun estuviese lejos, le vio su padre, y se movió a misericordia; y corriendo a él le echó los brazos al cuello y le besó. Y el hijo le dijo: Padre, he pecado contra el cielo y delante de ti, ya no soy digno de ser llamado hijo tuyo. Mas el padre dijo a sus criados: Traed aquí prontamente la ropa primera, y vestidle, y ponedle anillo en su mano, y calzado en sus pies. Y traed un ternero cebado y matadlo, y comamos y celebremos un banquete. Porque éste mi hijo era muerto, y ha revivido; se había perdido, y ha sido hallado. Y comenzaron a celebrar el banquete".

 "Y su hijo mayor estaba en el campo, y cuando vino y se acercó a la casa, oyó la sinfonía y el coro. Y llamando a uno de los criados le preguntó qué era aquello. Y éste le dijo: Tu hermano ha venido y tu padre ha hecho matar un ternero cebado, porque le ha recobrado salvo. El entonces se indignó y no quería entrar; mas saliendo el padre, comenzó a rogarle. Y él respondió a su padre y dijo: He aquí tantos años ha que te sirvo, y nunca he traspasado tus mandamientos, y nunca me has dado un cabrito para comerle alegremente con mis amigos. Mas cuando vino éste tu hijo, que ha gastado tu hacienda con rameras, le has hecho matar un ternero cebado. Entonces el padre le dijo: Hijo, tú siempre estás conmigo, y todos mis bienes son tuyos. Pero razón era celebrar un banquete y regocijarnos, porque éste tu hermano era muerto, y revivió; se había perdido, y ha sido hallado".



San Ambrosio

Puede aprenderse en lo dicho hasta el momento que no debemos preocuparnos de las cosas de la tierra, ni preferir lo caduco a lo imperecedero. Pero como la fragilidad humana no puede tener un instante firme mientras viva en este mundo impúdico, este buen médico nos ha proporcionado remedios contra el error. Y como Juez misericordioso, no nos niega la esperanza del perdón. Por esto sigue: "Y se acercaban a El los publicanos", etc.

 

Glosa

Esto es, los que exigen tributos públicos, o los arriendan y los que procuran obtener ganancias por medio de los negocios.

 

Teofilacto

Esto lo consentía, porque con este fin había tomado nuestra carne, acogiendo a los pecadores como el médico a los enfermos. Pero los fariseos verdaderamente criminales correspondían a esta bondad con murmuraciones. Por lo cual sigue: "Y los fariseos y los escribas murmuraban diciendo: Este recibe", etc.

Domingo XXIV (ciclo c) - Benedicto XVI

La parábola de
los dos hermanos
(el hijo pródigo y
el hijo que se quedó en casa)
y del padre bueno
(Lc 15, 11-32) 

Esta parábola de Jesús, quizás la más bella, se conoce también como la «parábola del hijo pródigo». En ella, la figura del hijo pródigo está tan admirablemente descrita, y su desenlace —en lo bueno y en lo malo— nos toca de tal manera el corazón que aparece sin duda como el verdadero centro de la narración. Pero la parábola tiene en realidad tres protagonistas. Joachim Jeremías y otros autores han propuesto llamarla mejor la «parábola del padre bueno», ya que él sería el auténtico centro del texto.

Pierre Grelot, en cambio, destaca como elemento esencial la figura del segundo hijo y opina —a mi modo de ver con razón— que lo más acertado sería llamarla «parábola de los dos hermanos». Esto se desprende ante todo de la situación que ha dado lugar a la parábola y que Lucas presenta del siguiente modo (15, ls): «Se acercaban a Jesús los publícanos y pecadores a escucharle. Y los fariseos y los letrados murmuraban entre ellos: “Ése acoge a los pecadores y come con ellos”». Aquí encontramos dos grupos, dos «hermanos»: los publícanos y los pecadores; los fariseos y los letrados. Jesús les responde con tres parábolas: la de la oveja descarriada y las noventa y nueve que se quedan en casa; después la de la dracma perdida; y, finalmente, comienza de nuevo y dice: «Un hombre tenía dos hijos» (15, 11). Así pues, se trata de los dos.

Domingo XXIV (Ciclo c) Juan Pablo II

Juan Pablo II
Homilía en el Parque del Danubio
Viena el día 11 de septiembre de 1983 

1- La conversión

         “Me levantaré e iré a mi padre” (Lc 15,18). En esta profunda parábola de Cristo se contiene de hecho todo el eterno problema del hombre: el drama de la libertad, el drama de la libertad mal utilizada.

El hombre ha recibido de su Creador el don de la libertad. Con su libertad puede organizar y configurar esta tierra, realizar las maravillosas obras del espíritu humano de las cuales está lleno este país y todo el mundo.

Pero la libertad tiene un precio. Todos los que son libres deberían preguntarse: ¿hemos conservado nuestra dignidad en la libertad? Libertad no significa capricho. El hombre no puede hacer todo lo que puede o le agrada. No hay libertad sin lazos. El hombre es responsable de sí mismo, de los hombres y del mundo. Es responsable ante Dios. Una sociedad que convierte en bagatela la responsabilidad, la ley y la conciencia hace tambalear los fundamentos de la vida humana. El hombre sin responsabilidad se precipitará en los placeres de esta vida y, como el hijo pródigo, caerá en dependencias, perdiendo su patria y su libertad. Abusará con egoísmo desconsiderado de los otros hombres o se aferrará insaciablemente a bienes materiales. Donde no se reconocen el ligamen con los valores últimos, fracasan el matrimonio y la familia, se minusvalora la vida del otro, sobre todo de los que aún no han nacido, de los ancianos y de los enfermos. De la adoración a Dios se pasa a adorar el dinero, el prestigio o el poder.

¿No es también toda la historia de la humanidad una historia de la libertad mal usada? ¿No siguen muchos también hoy el camino del hijo pródigo? Se encuentran ante una vida rota, amores traicionados, miseria culpable, llenos de miedo y de dudas. “Han pecado y han perdido la gloria de Dios” (Rom 3,23). Se preguntan: ¿Dónde he caído? ¿Dónde hay una salida?

Domingo XXIV (ciclo c) - San Alberto Hurtado

 “¡Éste recibe a los pecadores!” 

“¡Éste recibe a los pecadores!” es la acusación que lanzaban contra Jesucristo hipócritamente escandalizados los fariseos (Lc 15,2). “¡Éste recibe a los pecadores!” Y ¡es verdad! Esas palabras son como la divisa exclusiva de Jesucristo. ¡Ahí pueden escribirse sobre esa cruz, en la puerta de ese Sagrario!

Divisa exclusiva porque si no es Jesucristo, ¿quién recibe misericordiosamente a los pecadores? ¿Acaso el mundo?… ¿El mundo?… ¡por Dios!, si se nos asomara a la frente toda la lepra moral de iniquidades que quizás ocultamos en los repliegues de la conciencia, ¿qué haría el mundo sino huir de nosotros gritando escandalizado: ¡Fuera el leproso!? Rechazarnos brutalmente diciéndonos, como el fariseo, ¡apártate que manchas con tu contacto!

El mundo hace pecadores a los hombres, pero luego que los hace pecadores, los condena, los escarnece, y añade al fango de sus pecados el fango del desprecio. Fango sobre fango es el mundo: el mundo no recibe a los pecadores. A los pecadores no los recibe más que Jesucristo.

San Juan Crisóstomo: Miserere mei Deus, ¡Dios mío, ten misericordia de mí! ¿Misericordia pides? ¡Pues nada temas! Donde hay misericordia no hay pesquisas judiciales sobre la culpa, ni aparato de tribunales, ni necesidad de alegar razonadas excusas. ¡Grande es la borrasca de mis pecados, Dios mío! Mayor es la bonanza de tu misericordia!

Domingo XXIV (ciclo c) San Ambrosio

La oveja perdida
la dracma encontrada
el hijo pródigo
 
La oveja perdida
(Lc 15, 1-7) 

¿Quién hay de vosotros —dijo— que, teniendo cien ovejas y perdiere una de ellas, no deja las noventa y nueve en el desierto y va a buscar la perdida? Un poco más arriba has aprendido cómo es necesario desterrar la negligencia, evitar la arrogancia, y también a adquirir la devoción y a no entregarte a los quehaceres de este mundo, ni anteponer los bienes caducos a los que no tienen fin; pero, puesto que la fragilidad humana no puede conservarse en línea recta en medio de un mundo tan corrompido, ese buen médico te ha proporcionado los remedios, aun contra el error, y ese juez misericordioso te ha ofrecido la esperanza del perdón. Y así, no sin razón, San Lucas ha narrado por orden tres parábolas: la de la oveja perdida y hallada después, la de la dracma que se había extraviado y fue encontrada, y el hijo que había muerto y volvió a la vida; y todo esto para que, aleccionados con este triple remedio, podamos curar nuestras heridas, pues una cuerda triple no se rompe (Qo 4, 12).

El Cura Brochero - Mons. Domingo Castagna


Semblanza realizada por el Arzobispo emérito de Corrientes, monseñor Domingo Salvador Castagna, en el marco del Año Sacerdotal sobre el Venerable José Gabriel Brochero, conocido como el cura Brochero.

¿Quién es Brochero? Es difícil decir algo sobre lo mucho que expresa la vida de un hombre como Brochero. Me pregunto por qué este sacerdote ejemplar ha sido sometido a prejuicios inexplicables y minimizada su gravitación pastoral y social. Las razones que habitualmente se exponen no logran justificar el cerco histórico que le han impuesto. Algo parecido ha ocurrido con el proceso canónico del hoy Beato Ceferino Namuncurá. El camino a la Beatificación del Padre Brochero está hoy despejado y espera ser recorrido con mayor celeridad. El gran empujón proviene de un movimiento sacerdotal que no deja de organizar encuentros al amparo de su original imagen de incansable surcador de caminos. Detrás de ese cascarón de hombre campechano, montado en su “mala cara”, está lo que interesa a nuestros sacerdotes, mayores y jóvenes, en el intento contemporáneo de llegar a los corazones de los hombres hambrientos de Dios. ¿Quién es Brochero? ¿De dónde saca la pasión apostólica que lo domina? Para comprenderlo es preciso remontar el vuelo hacia los Apóstoles y entender el fervor evangelizador que aparece en ellos. El Padre Brochero es un apóstol, de la estirpe de aquellos, formados diligentemente por Jesús en la intimidad de su Colegio. Se corre el riesgo de sindicarlo entre quienes se dedican a resolver los graves problemas de los más pobres y excluidos. También lo logra, de manera eminente, pero la motivación principal de su generosa entrega es el amor a Cristo. No es el cura agauchado, de armas tomar, más movilizador social que siervo paciente. Es capaz de jugarlo todo al ideal misterioso que el Evangelio le propone. Para él, el Evangelio es Cristo, y se interna con valiente y tierna devoción en su constante y principal contemplación.

viernes, 13 de septiembre de 2013

Documental sobre la vida del Beato Cura Brochero


Cristo y la Iglesia. Problemas actuales de la teología. Consecuencias para la catequesis - Card. Joseph Ratzinger


El misterio de Dios, creador y redentor, debe aparecer en toda su grandeza

I. PROBLEMAS ACTUALES DE LA TEOLOGÍA. LA SEPARACIÓN ENTRE JESÚS Y CRISTO: 1. Construcción de un «Jesús histórico» detrás del Jesús de los evangelios - 2. Incomprensión de la doctrina cristiana de la redención - 3. Pérdida de la imagen de Dios: la imagen deísta del mundo y sus consecuencias: a) Cambio radical en la idea de culto y de liturgia - b) Transformación de la teología moral: dualismo entre naturaleza e historia - II. CONSECUENCIAS PARA LA CATEQUESIS. PRIMACÍA DEL CONTENIDO SOBRE EL MÉTODO: 1. El misterio de Dios y la fe en la creación - 2. El Cristo de los evangelios como el verdadero Jesús - 3. Comunidades donde viva la fe 

      La situación de la fe y de la teología en Europa se caracteriza hoy, sobre todo, por una desmoralización eclesial. La antítesis «Jesús sí, Iglesia no» parece típica del pensamiento de una generación. No sirve de mucho el intento de destacar los aspectos positivos de la Iglesia y su condición inseparable de Jesús. Para entender la precariedad real de la fe en nuestro tiempo hay que ahondar más. Porque detrás de esa difundida contraposición entre Jesús y la Iglesia late un problema cristológico. La verdadera antítesis que hemos de afrontar no se expresa con la fórmula «Jesús sí, Iglesia no»; habría que decir «Jesús sí, Cristo no», o «Jesús sí, Hijo de Dios no». Asistimos a una verdadera ola de adhesión a Jesús en las más diversas tonalidades: Jesús en el cine, Jesús en la ópera rock, Jesús como bandera de opciones políticas... Todos estos fenómenos expresan formas de entusiasmo o de pasión religiosa que se reclaman de la figura misteriosa de Jesús y de su fuerza interna, pero desentendiéndose de lo que la fe de la Iglesia y la fe de los evangelistas —que fundamenta la primera— dicen sobre Jesús. Este aparece como uno de los «hombres decisivos» que existieron en la humanidad, en expresión de Karl Jaspers. Lo que atrae de él es lo humano; el reconocerlo como Hijo unigénito de Dios parece alejarlo de nosotros, arrebatarlo hacia lo inaccesible e irreal y someterlo a la administración del poder eclesiástico. La separación entre Jesús y Cristo es, a la vez, separación entre Jesús e Iglesia: se deja a Cristo a cargo de la Iglesia; parece ser obra suya. Al relegarlo, se espera rescatar a Jesús y, con él, una nueva forma de libertad, de «redención».

I. Problemas actuales de la teología. La separación entre Jesús y Cristo

      Si la verdadera crisis está en la cristología y no en la eclesiología, hay que preguntar por qué ocurre esto. ¿Cuáles son las raíces de esta separación entre Jesús y Cristo, tema ya abordado abiertamente en la primera Carta de Juan, que denuncia a los que dicen que Jesús no es el Cristo (2, 22; 4, 3), equiparando los títulos de «Cristo» e «Hijo de Dios» (2, 22.23; 4, 15; 5, 1). Juan tacha de anticristos a los que niegan que Jesús es el Cristo; quizá sea este el origen y sentido del nombre «Anticristo»: estar contra Jesús, el Cristo; negarle el predicado de Cristo.

jueves, 12 de septiembre de 2013

Texto completo de la carta del Papa Francisco al director del diario "La República"


Apreciado doctor Scalfari:

Es con profunda cordialidad que al menos a grandes líneas quisiera tratar de responder a la carta que, desde las páginas de La Repubblica, se ha querido dirigir a mi el 7 de julio con una serie de reflexiones personales, que luego ha enriquecido en las páginas del mismo diario el 7 de agosto. Le agradezco, en primer lugar, por la atención con la que leyó la encíclica Lumen Fidei. La cual en la intención de mi amado predecesor, Benedicto XVI, que la concibió y escribió gran parte, y la que con gratitud, heredé, se dirige no solo a confirmar en la fe en Jesucristo a aquellos que en aquella ya se reconocen, sino también para despertar un diálogo sincero y riguroso con los que, como Usted, se define "un no creyente por muchos años, interesado y fascinado por la predicación de Jesús de Nazaret".

Por lo tanto, creo que es muy positivo, no solo para nosotros individualmente, sino también para la sociedad en la que vivimos, detenernos para dialogar de algo tan importante como es la fe, que se refiere a la predicación y a la figura de Jesús. Creo que hay, en particular, dos circunstancias que hacen que este diálogo sea hoy sea un deber y algo valioso.

Como se sabe, uno de los principales objetivos del Concilio Vaticano II, querido por el papa Juan XXIII y por el ministerio de los papas, es la sensibilidad y contribución que cada uno desde entonces hasta ahora ha dado según el patrón establecido por el Concilio. La primera de las circunstancias --como se recuerda en las páginas iniciales de la Encíclica-- deriva del hecho que a lo largo de los siglos de la modernidad , se produjo una paradoja: la fe cristiana, cuya novedad e incidencia sobre la vida del hombre desde el principio han sido expresados precisamente a través del símbolo de la luz, a menudo ha sido calificada como la oscuridad de la superstición que se opone a la luz de la razón. Así entre la Iglesia y la cultura de inspiración cristiana, por una parte, y la cultura moderna de carácter iluminista, por la otra, se ha llegado a la incomunicación. Ahora ha llegado el momento, y el Vaticano II ha inaugurado justamente la estación, de un diálogo abierto y sin prejuicios que vuelva a abrir las puertas para un serio y fructífero encuentro.

Ser Iglesia en la época moderna: la contribución del Concilio ecuménico Vaticano II - Card. Mauro Piacenza

La contribución del Concilio, leído a la luz del Magisterio posconciliar, que lo ha actualizado, sobre todo a la luz del Catecismo de la Iglesia Católica y de las intervenciones pontificias, conserva toda su fuerza dinámica y nos indica como “ser Iglesia en el tiempo de la modernidad”

      Lectio Magistralis del Emmo. Sr. Card. Mauro Piacenza, Prefecto de la Congregación para el Clero, el 9 de noviembre de 2012, durante la Inauguración del Año Académico, en el Institutum Marcianum, de Venecia

    Excelentísimo Patriarca,
    magnífico Decano,
    ilustrísimos Profesores,
    distinguidos señores y señoras,
    queridos estudiantes:

      El tema de la relación entre Iglesia y modernidad es uno de los más debatidos y, probablemente, de los más irresueltos de nuestra época. Parece que esté continuamente polarizado entre la tentación, siempre posible, de una “dilución” del credo eclesial en la modernidad, por un lado, y la contraposición, que a veces llega hasta el rechazo, por otro. Ambas "polarizaciones" pueden encontrar justificaciones y puntales, pero últimamente son “no-respuestas” a la importante cuestión.

      Desde el punto de vista metodológico, considero necesario subrayar tres premisas. La primera es universal y concierne a cada proceso investigativo que quiera ser realmente tal: en una investigación científica, nunca es posible llegar a un conocimiento auténtico eliminando uno de los factores implicados. Este sencillísimo axioma gnoseológico, sugiere que es ilegítimo, también en la relación entre Iglesia y modernidad, pretender resolver los problemas, “eliminando” uno de los factores en juego: la modernidad existe y la Iglesia no puede eliminarla, ni puede hacer ver que no existe, buscando nostálgicamente un pasado, en el cual el diálogo con la cultura parecía más sencillo y provechoso. Simétricamente —este me parece un elemento esencial, quizá poco subrayado— la Iglesia está ahí, existe, está viva y la modernidad no puede eliminar ese “factor” de la realidad, sin contradecirse a sí misma y su declarada empírica pretensión gnoseológica.

      La segunda premisa es de tipo semántico: ¿qué entiendo, en esta intervención, por “modernidad”? Está claro que el término es amplísimo y esta no es la sede para definirlo o comprenderlo en toda su complejidad. Declaro solamente que, obviamente, no me refiero únicamente a la “modernidad histórica”, que se cierra con la época contemporánea y a la que se fecha diferentemente según los sistemas de referencia, ni a la “modernidad filosófica” en sentido estricto, que requeriría que se la integrara al menos con la “posmodernidad” y todas las consecuencias del llamado “pensamiento líquido”, que genera nuestra “sociedad líquida”. Utilizaré el término “modernidad” en sentido analógico, entendiendo con esto, en la presente intervención, la parábola filosófico-antropológica, o más específicamente gnoseológico-antropológica, que va de Descartes al relativismo, pasando a través de las grandes ideologías, que se desmoronaron en el siglo pasado, y el contemporáneo “tecno-cientismo virtual”.

      La tercera y última premisa se refiere a la preparación de la presente intervención, durante la cual he podido, una vez más, constatar que los documentos conciliares se deben leer necesariamente en sinopsis con las intervenciones Magisteriales del beato Juan Pablo II (pondré un ejemplo con la Fides et ratio) y de Benedicto XVI. En efecto, al menos desde el punto de vista del lenguaje que se adopta en los textos del Concilio, es posible afirmar que, en no pocos casos, resulta no plenamente adecuado a las presentes necesidades de diálogo con la cultura y, por tanto, precisamente para ser fieles al Concilio, es necesario leerlo en plena continuidad tanto con toda la Tradición eclesial anterior como con el Magisterio sucesivo, en el cual ocupa un particularísimo lugar el Catecismo de la Iglesia Católica, el Catecismo del Concilio.

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