sábado, 17 de febrero de 2018

Domingo I de cuaresma (ciclo b) Catena Aurea


Marcos 1,12-15
Y en seguida el espíritu le arrojó al desierto. Y estuvo en el desierto cuarenta días y cuarenta noches, y fue tentado por Satanás. Y estaba con las fieras, y los ángeles le servían.
Después que fue entregado Juan, llegó Jesús a Galilea predicando el Evangelio del reino de Dios, y diciendo: "Puesto que el tiempo se ha cumplido, y se ha aproximado el reino de Dios, haced penitencia y creed en el Evangelio".

San Crisóstomo, hom. 13 sobre San Mat
Porque Cristo lo hacía y soportaba todo para enseñanza nuestra, empezó, después del bautismo, por habitar en el desierto. Allí luchó contra el diablo para que cada uno de los bautizados resistiese pacientemente las mayores tentaciones después del bautismo, y para que permaneciese vencedor resistiéndolo todo, no turbándose si algo sucedía fuera de lo que esperaba. Pues aunque Dios permita que las tentaciones sean de muchas y variadas maneras, las permite también para que sepamos que el hombre tentado se constituye en el mayor honor, pues no se dirige el diablo sino a los que ve en grande elevación. Se dice: "Y en seguida el Espíritu le arrojó al desierto". De este modo el evangelista no nos lo muestra simplemente yendo al desierto, sino arrojado a él, para que entendamos que así se hace explícita la disposición divina. También nos enseña de este modo que no debe el hombre arrojarse por sí mismo a la tentación, sino que ha de vencerla cuando de otra parte fuera como arrojado a ella.

Beda
Para que nadie dude quién fue el Espíritu que lo arrojó al desierto, San Lucas (4,1) puso en primer lugar, con buen consejo, que Jesús volvió del Jordán lleno del Espíritu Santo, para luego concluir: "Y era llevado al desierto por el Espíritu". Con esto nadie debe juzgar que el espíritu inmundo prevalecería contra El, quien lleno del Espíritu Santo iba donde quería y hacía lo que quería. 


San Crisóstomo, ut sup
Lo arrojó el Espíritu al desierto, para ofrecer ocasión al diablo para que le tentase no sólo por el hambre, sino por el lugar, ya que el diablo se acerca con preferencia a los que ve que permanecen solitarios. 

Beda
Se retira también al desierto para enseñarnos a abandonar los halagos del mundo y las malas amistades, y a guardar en todo los preceptos divinos. Fue tentado por el diablo, para indicarnos que todos los que quieren vivir piadosamente en Cristo sufren persecuciones ( 2Tim 3,12). Y continúa: "Y estuvo en el desierto cuarenta días y cuarenta noches, y era tentado por Satanás". Fue tentado cuarenta días y cuarenta noches para mostrarnos que por todo el tiempo que servimos al Señor en esta vida, sea que nos halague la prosperidad (lo que pertenece al día) o que la adversidad nos hiera (lo que conviene al aspecto de la noche), en todo tiempo se halla presente el adversario que con la tentación no cesa de poner obstáculos a nuestro camino. Los cuarenta días y noches representan todo el tiempo de este siglo, porque el mundo, en el cual servimos al Señor, tiene cuatro partes; diez son los preceptos, por cuya observancia combatimos contra el enemigo; y cuatro veces diez hacen cuarenta.
"Y estaba, prosigue, entre las fieras".

San Crisóstomo
Dice esto para mostrar qué clase de desierto era. No había en él camino para los hombres, y estaba lleno de animales feroces. Y añade: "Y los ángeles le servían". Porque después de la tentación y de la victoria contra el diablo, obró la salvación de los hombres. Y como dice la Escritura ( Heb 1,14): "Los Angeles son enviados para servir a aquellos que toman la herencia de salvación". Es de notar que los ángeles servidores asisten a los que han vencido la tentación.

Beda
Debemos considerar también que Cristo mora entre las fieras como hombre, y que es servido por ministerio angélico como Dios. Del mismo modo nosotros, cuando en el yermo de un trato santo toleramos las bárbaras costumbres de los hombres sin manchar nuestra alma, merecemos el ministerio de los ángeles, con los cuales, libres del cuerpo, nos trasladamos a la eterna felicidad.

San Jerónimo
Es cuando la carne no desea contra el espíritu cuando están pacíficas con nosotros las fieras, como en el arca de Noé los animales puros con los impuros ( Gén 7). Después de esto nos son enviados los ángeles ministros, para que den respuestas y consuelos a nuestros corazones vigilantes.

San Crisóstomo
San Marcos evangelista sigue en el orden a San Mateo. Es así que, después que dijo que los ángeles lo servían, añadió: "Después que fue entregado Juan llegó Jesús", etc. Después de las tentaciones y de ser servido por los ángeles, partió a Galilea. De este modo nos enseña a no resistir a las violencias de los malvados. 

Teof
Es así como nos muestra que en las persecuciones conviene huir y no esperar, más cuando cayéremos, conviene resistir.

San Crisóstomo
El se retiró también con el fin de conservarse para las enseñanzas y curaciones antes de su Pasión y, una vez cumplidas todas estas cosas, hacerse obediente hasta la muerte.

Beda
Apresado San Juan, empezó el Señor a predicar oportunamente, por lo que continúa: "Predicando el Evangelio", etc., porque donde tiene fin la ley es consiguiente que tenga origen el Evangelio. 

San Jerónimo
Desapareciendo la sombra, aparece la verdad. San Juan en la cárcel, la ley en Judea; Jesús en Galilea, San Pablo predicando a las gentes el Evangelio del reino. La pobreza sucede al reino terreno, el reino sempiterno se da a la pobreza de los cristianos. La honra terrena se compara a la espuma, al agua helada, al humo o al sueño.

Beda
No piense ninguno que el confinamiento de San Juan en la cárcel fue inmediatamente después de la tentación de los cuarenta días y del ayuno del Señor. Cualquiera que leyere el Evangelio de San Juan encontrará que el Señor enseñó muchas cosas antes que San Juan fuese entregado, obrando asimismo muchos milagros. Por eso dice su Evangelio: "Este fue el principio de los milagros de Jesús" ( Jn 2,11), y después: "Todavía Juan no había sido enviado a la cárcel" ( Jn 3,22). Se dice que cuando San Juan leyó los libros de San Mateo, San Marcos y San Lucas, los aprobó ciertamente como textos de la historia y afirmó que decían la verdad, refiriéndose a lo acaecido en el año que transcurrió después de la prisión de San Juan el Bautista. Por tanto, omitiendo él el año cuyas actas fueron suficientemente expuestas por los tres, narró los hechos del tiempo anterior al día en que fue encerrado San Juan en la cárcel. Habiendo dicho San Marcos que Jesús llegó a Galilea predicando el Evangelio del reino, añadió: "Puesto que el tiempo se ha cumplido", etc.

San Crisóstomo
Cumplido ya el tiempo, es decir, cuando verdaderamente llegó la plenitud de los tiempos y envió Dios a su Hijo ( Gál 4), fue conveniente que el género humano obtuviera la última gracia de Dios. Por esto dice que el reino de Dios se había aproximado. Pero el reino de Dios es, en cuanto a la sustancia, el mismo que el reino de los Cielos, aunque difiera por la razón. Se entiende por reino de Dios aquél en que Dios reina; esto es en las regiones de los vivos, cuando se vive en las buenas promesas de ver a Dios cara a cara. Aquella región se puede entender ya sea por el amor, ya sea por alguna otra prueba de aquellos que llevan la imagen divina. Esto se entiende por cielos. Es, pues, bien claro que el reino de Dios no se encierra en ningún lugar ni tiempo. 

Teof
Dice el Señor que el tiempo de la ley se ha cumplido. Es como si dijese: Hasta el tiempo presente ha imperado la ley; en adelante será renovado el reino de Dios que, según el Evangelio, es la vida. Esta se identifica convenientemente con el reino de los cielos. Cuando veis que algún mortal vive según el Evangelio, ¿no decís acaso que tiene el reino de los cielos? Este no es alimento, ni bebida, sino justicia y paz, y gozo en el Espíritu Santo.
Y continúa: "Haced penitencia".

San Jerónimo

Hace penitencia el que quiere unirse al eterno Bien, esto es, al reino de Dios. El que desea la almendra de la nuez, rompe la cáscara. La dulzura de la fruta compensa la amargura de la raíz. La esperanza del enriquecimiento hace agradables los peligros del mar, la esperanza de la salud mitiga el dolor que causa la curación. Así, pues, los que merecieron llegar a la palma de la indulgencia son los que pueden anunciar dignamente las enseñanzas de Cristo. Y por esto, después que dijo: "Haced penitencia", añadió: "Y creed en el Evangelio, porque si no creyereis, no le entenderéis". Haced penitencia y creed, esto es, renunciad a las obras de muerte. Porque, de ¿qué aprovecha creer sin buenas obras? Porque no lleva a la fe el mérito de las buenas obras, sino que empieza la fe para que sigan las buenas obras.

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