viernes, 9 de agosto de 2013

"¡Esto para la Iglesia es una gran esperanza pastoral!" Mons. Héctor Aguer


Reflexión de monseñor Héctor Aguer

Sobre la JMJ Río 2013

Arzobispo de La Plata

en el programa

"Claves para un Mundo Mejor"

3 de agosto de 2013


“Seguramente ustedes, queridos amigos televidentes, han seguido a través de los medios el desarrollo de la Jornada Mundial de la Juventud que se ha celebrado en Río de Janeiro. Y la habrán seguido también a través de “Claves”, que ha hecho su buena parte en esta difusión”.

“Acabo de leer precisamente la repercusión en la prensa gráfica brasileña y por supuesto, he seguido la Jornada desde aquí durante su desarrollo “en vivo”, podríamos decir, a la distancia y quiero hacerles un breve comentario en tres puntos”.

“El primero: ésta ha sido una gran celebración de la fe, una fiesta de la fe podríamos decir. Cuando se reúnen muchos jóvenes el ambiente es necesariamente festivo, pero aquí la motivación aún en las celebraciones litúrgicas, el fervor de la oración, los momentos de silencio, las expresiones todas constituían una manifestación de la alegría de la fe. Estimo que eso, en los corazones de los jóvenes significa una marca muy profunda. Los pastores de la Iglesia, según lo que hemos comentado con muchos sacerdotes en estos días, al respecto tenemos grandes esperanzas. El impulso que el Papa ha dado a los muchachos y chicas que han participado se va a multiplicar en aquellos que no pudieron ir, pero que ahora recibirán su testimonio”.

"Mi postura es la de la Iglesia. Soy hijo de la Iglesia." Papa Francisco


CONFERENCIA DE PRENSA

DEL SANTO PADRE

FRANCISCO
DURANTE EL VUELO

 DE REGRESO A ROMA
Domingo 28 de julio de 2013

 

Padre Lombardi:

Queridos amigos, tenemos la alegría de tener con nosotros en este viaje de vuelta al Santo Padre Francisco; y ha sido tan amable de concedernos un amplio espacio de tiempo para hacer con nosotros balance del viaje y responder con total libertad a las preguntas que le hagan. Le doy la palabra para una pequeña introducción, y después comenzamos con la lista de los que se han inscrito para hablar, escogiéndolos un poco de los distintos grupos nacionales y lingüísticos. A Usted, Santidad, la palabra para comenzar:

Papa Francisco: Buenas tardes, y muchas gracias. Estoy contento. Ha sido un viaje hermoso; espiritualmente me ha hecho bien. Estoy cansado, bastante, pero con el corazón alegre, y estoy bien, bien, me ha hecho bien espiritualmente. Encontrar a la gente hace bien, porque el Señor obra en cada uno de nosotros, trabaja el corazón, y la riqueza del Señor es tanta que siempre podemos recibir muchas cosas hermosas de los demás. Y esto me hace bien. Esto, como primer balance. Diré además que la bondad, el corazón del pueblo brasileño es grande; es verdad, es grande. Es un pueblo tan amable, un pueblo que ama la fiesta, que incluso en el sufrimiento siempre encuentra un camino para descubrir el bien en cualquier parte. Y esto está bien, es un pueblo alegre, el pueblo ha sufrido mucho. Es contagiosa la alegría de los brasileños, es contagiosa. Y tiene un gran corazón, este pueblo.

Además, debo hablar también de los organizadores, tanto de nuestra parte, como de la parte de los brasileños; me he sentido como si estuviera ante un ordenador, ese ordenador encarnado… De verdad, estaba todo cronometrado ¿no? Pero hermoso. Sí, hemos tenido problemas con las hipótesis de seguridad; la seguridad de aquí, la seguridad de allí; no ha habido ni un incidente en todo Río de Janeiro en estos días, y todo era espontáneo. Con menos seguridad, he podido estar con la gente, abrazarla, saludarla, sin coches blindados: es la seguridad de fiarse de un pueblo. Es verdad que siempre está el peligro de que haya un loco. Eh, sí, que haya un loco que haga algo, pero también está el Señor. Crear un espacio blindado entre el obispo y el pueblo es una locura, y yo prefiero esta otra locura: fuera, y correr el riesgo de la otra locura. Prefiero esta locura: fuera. La cercanía hace bien a todos.

miércoles, 7 de agosto de 2013

Mensaje del Papa Francisco a los fieles de San Cayetano - 7 de agosto de 2013


El Espíritu Santo en la Iglesia y en el alma de los fieles


1.1 Su divinidad: procede eternamente del Padre y del Hijo

Los cristianos confesamos con la Iglesia que el Espíritu Santo es la Tercera Persona de la Santísima Trinidad, distinta del Padre y del Hijo, de quienes procede eternamente.
Creemos en el Espíritu Santo, Señor, y vivificador, que, con el Padre y el Hijo es juntamente adorado y glorificado. Que habló por los profetas; nos fue enviado por Cristo después de su resurrección y ascensión al Padre; ilumina, vivifica, protege y rige la Iglesia, cuyos miembros purifica con tal que no desechen la gracia. Su acción, que penetra lo íntimo del alma, hace apto al hombre de responder a aquel precepto de Cristo: "Sed... perfectos, como también es perfecto vuestro Padre celestial" (Pablo VI, El Credo del Pueblo de Dios, n. 13). Cfr. Documento de Puebla, nn. 202-204.

Ya en el Símbolo de los Apóstoles se confiesa esa fe en el Espíritu Santo, Persona de la Trinidad distinta del Padre y del Hijo. En el Antiguo Testamento se habla de El veladamente (cfr. Ps. 103, 30; Is. 11, 2; Ex. 36, 27), pero es el Nuevo Testamento quien lo revela con claridad, declarando expresamente su divinidad.
En los Hechos de los Apóstoles leemos lo que San Pedro dijo a Ananías: "¿Cómo ha tentado Dios tu corazón para que mintieras al Espíritu Santo? No has mentido a los hombres, sino a Dios" (Hechos 5, 3).

martes, 6 de agosto de 2013

La Transfiguración del Señor (ciclo c) Catena Aurea

Lucas 9, 28b-36
Jesús tomó consigo a Pedro, a Santiago y a Juan, y subió a un monte a orar. Y entre tanto que hacían oración, la figura de su rostro se transmutó, y sus vestidos se volvieron blancos y resplandecientes. Y he aquí que hablaban con El dos hombres: éstos eran Moisés y Elías, que aparecieron en majestad, y hablaban de su pasión, que había de consumar en Jerusalén.
Mas Pedro y los que con él estaban se hallaban cargados de sueño. Y despertando, vieron la gloria de Jesús y a los dos varones que estaban con El. Y como se apartasen de El, dijo Pedro a Jesús: "Maestro, bueno es que nos estemos aquí y hagamos tres tiendas, una para ti y una para Moisés y una para Elías", no sabiendo lo que se decía. Y cuando él estaba diciendo esto, vino una nube y les cubrió, y temieron viéndolos entrar en la nube. Y salió una voz de la nube diciendo: "Este es mi hijo amado, oídle". Y cuando sonó la voz, se halló solo Jesús. Y ellos callaron, y a nadie dijeron en aquellos días cosa alguna de las que habían visto.

Eusebio
Cuando el Señor habló a sus discípulos del misterio de su segunda venida, para que no pareciese que creían sólo por las palabras, procedió a las obras, manifestándoles, con fe oculta, una figura de su reino. Por lo que prosigue: "Y aconteció como ocho días después de estas palabras, que Jesús tomó consigo a Pedro, a Santiago y a Juan, y subió a un monte a orar".

San Juan Damasceno orat. de transfig
San Mateo y San Marcos dicen que tuvo lugar la transfiguración el sexto día después de hecha la promesa a los discípulos, mientras que San Lucas dice que la transfiguración se realizó después del día octavo. Pero no hay discordancia en ellos; porque los que dicen que el sexto día después, no cuentan el primero ni el último (esto es, el primero en que se hizo la promesa y el último en que se realizó) y sólo computaron los intermedios. Y el que contó ocho, computó los otros dos. Pero, ¿y por qué no todos los discípulos, sino algunos de ellos, fueron llamados a presenciar la transfiguración? Solamente había uno que no merecía ver la Divinidad, Judas , según aquellas palabras: "Quítese el impío, para que no vea la gloria del Señor" ( Is 26,10). Si hubiese sido sólo éste quien hubiese quedado privado de tan grato espectáculo, acaso se hubiera llenado de envidia y hubiera sido provocado a cometer toda clase de crímenes. Por eso el Señor quiso quitar aquella ocasión de aborrecimiento al que le había de vender, dejando con él, a la falda del monte, a la mayor parte de sus discípulos. Tomó a tres para que toda palabra esté confirmada por dos o tres testigos. Tomó a Pedro para hacerle ver -confirmado por el testimonio del Padre- el testimonio que él había dado; y también como futuro presidente de toda la Iglesia. Tomó a Santiago porque había de morir por Cristo antes que los demás discípulos. Tomó a Juan -como órgano purísimo de la teología- para que, viendo la gloria del Hijo, que no está sujeta a tiempo, resonase aquello: "En el principio era el Verbo" ( Jn 1,1).

San Ambrosio
Subió San Pedro porque había recibido las llaves del reino de los cielos; San Juan, porque había de acompañar a la Madre del Salvador; y Santiago, porque había de ser el primer mártir de entre los Apóstoles.

Teofilacto
O tomó a estos tres, porque eran los más apropiados para guardar el secreto y no lo habían de revelar a nadie. Subió al monte a orar para enseñarnos que cuando oremos debemos estar solos y elevados, no acordándonos de las cosas de la vida.

lunes, 5 de agosto de 2013

"No puedo seguir a Cristo si no en la Iglesia y con la Iglesia" Papa Francisco

EL PAPA CELEBRÓ LA MISA
CON LOS JESUITAS
EN LA FESTIVIDAD DE
SAN IGNACIO DE LOYOLA

Ciudad del Vaticano, 31 julio 2013 (VIS).-En la festividad de San Ignacio de Loyola, fundador de la Compañía de Jesús, orden a la que él también pertenece, el Papa ha celebrado esta mañana , a las 8. la Santa Misa con los jesuitas en la iglesia romana del Gesú, donde se conservan las reliquias del santo.
Se ha tratado de una Misa privada -como las que celebra diariamente en la Casa de Santa Marta- a la que han asistido sólo los sacerdotes de la Compañía, sus amigos y colaboradores. Sin embargo, el Papa ha sido recibido por cientos de personas que querían saludarle y han esperado hasta el final de la celebración para poder hacerlo.
Han concelebrado con el pontífice monseñor Luis Ladaria, Secretario de la Congregación para la Doctrina de la Fe, el Padre general de la Compañía de Jesús, Adolfo Nicolás, miembros del Consejo y más de doscientos jesuitas.
En su homilía, el Papa propuso una reflexión basada en tres conceptos: poner en el centro a Cristo y a la Iglesia; dejarse conquistar por Él para servir y sentir la vergüenza de nuestros límites y pecados para ser humildes ante él y ante los hermanos.

"La Acción Católica es la mediación adecuada para el lío que pide el Papa" Card. Rouco Varela


Tras la oración, el cardenal ha introducido la presentación de la Asamblea D. Higinio Junquera, presidente de la ACG, destacando que esta segunda Asamblea General es la primera para muchos de los asistentes, que se han incorporado a la ACG en los 4 años que han transcurrido desde la Asamblea fundacional de Cheste. Se trata de la «primera generación de una nueva ACG», pero deben ser muchos más los que vengan.
«La ACG es una propuesta única e integral para todas las edades, para todas las personas, para toda la familia, para todos los que pasan un tiempo con nosotros». La tarea que la ACG tiene por delante es preciosa, aunque no sea poca. Ha recordado unas palabras del Papa Francisco en la JMJ de Río de Janeiro: «Espero lío, quiero lío en las diócesis».
Afirmó que la ACG es la mediación adecuada para este «lío», el cauce habitual para la mayoría de los laicos.

Domingo XVIII (ciclo c) Guión litúrgico

Entrada:
Hermanos; todo lo que se construya de espaldas a la voluntad de Dios, está edificado sobre arena. La seguridad que dan los bienes materiales es frágil y también insuficiente, porque nuestra vida no se plenifica sino en Dios. En cada Eucaristía renovamos esta fe y glorificamos a Dios. Nos disponemos a dar comienzo a la Santa Misa poniéndonos de pie y cantando…

Domingo XVIII (ciclo c ) Catena Aurea


Lucas 12, 13-21
Entonces le dijo uno del auditorio: "Maestro, di a mi hermano que me de la parte que me toca de la herencia". Mas El le respondió: "Oh hombre, ¿quién me ha constituído a mí juez o repartidor entre vosotros?" Y les dijo: "Estad alerta, y guardaos de toda avaricia; que no depende la vida del hombre de la abundancia de bienes que posee".
Y les contó una parábola diciendo: "El campo de un hombre rico había llevado abundantes frutos. Y él pensaba entre sí mismo, y decía: ¿Qué haré porque no tengo en dónde encerrar mis frutos? Y dijo: Esto haré: Derribaré mis graneros, y los haré mayores; y allí recogeré todos mis frutos y mis bienes. Y diré a mi alma: Alma, muchos bienes tienes allegados para muchísimos años: descansa, come, bebe, ten banquetes. Mas Dios le dijo: Necio, esta noche te vuelven a pedir el alma, ¿lo que has allegado, para quién será? Así es el que atesora para sí y no es rico en Dios".

San Ambrosio
Todo lo que precede nos enseña a sufrir por confesar al Señor, o por el menosprecio de la muerte, o por la esperanza del premio, o por la amenaza del castigo eterno, del que nunca se obtiene el perdón. Y como la avaricia suele tentar con frecuencia la virtud, nos da un precepto y un ejemplo para combatir esta pasión; por eso cuando dice: "Entonces le dijo uno del pueblo: Maestro, di a mi hermano que me dé la parte que me toca de la herencia".

Teófil
Como estos dos hermanos disputaban sobre la partición de la herencia del padre, era de suponer que el uno quisiera engañar al otro. El Señor, pues, enseñándonos que no debemos inclinarnos hacia las cosas terrenas, rechaza a aquel que le llama para la división de la herencia. Por esto sigue: "Mas le respondió: Oh hombre, ¿quién me ha constituido a mí juez o repartidor entre vosotros?".

viernes, 19 de julio de 2013

Domingo XVII (ciclo c) P. Raniero Cantalamessa

Jesús orando


Génesis 18, 20-21.23-32;
Colosenses 2, 12-14;
Lucas 11, 1-13


El evangelio del domingo, XVII del Tiempo Ordinario, empieza con estas palabras: «Un día Jesús estaba orando en cierto lugar; cuanto terminó, le dijo uno de sus discípulos: "Señor, enséñanos a orar como enseñó Juan a sus discípulos". Él les dijo: "Cuando oréis, decid: Padre, santificado sea tu Nombre, venga tu Reino"».

Cómo sería el rostro y toda la persona de Jesús cuando estaba inmerso en oración, lo podemos imaginar por el hecho de que sus discípulos, sólo con verle orar, se enamoran de la oración y piden al Maestro que les enseñe también a ellos a orar. Y Jesús les contenta, como hemos oído, enseñándoles la oración del Padre Nuestro.

Domingo XVII (ciclo c) Benedicto XVI

BENEDICTO XVI
ÁNGELUS
Domingo 25 de julio de 2010

Queridos hermanos y hermanas:
El Evangelio de este domingo nos presenta a Jesús recogido en oración, un poco apartado de sus discípulos. Cuando concluyó, uno de ellos le dijo: «Señor, enséñanos a orar» (Lc 11, 1). Jesús no puso objeciones, ni habló de fórmulas extrañas o esotéricas, sino que, con mucha sencillez, dijo: «Cuando oréis, decid: “Padre...”», y enseñó el Padre Nuestro (cf. Lc 11, 2-4), sacándolo de su propia oración, con la que se dirigía a Dios, su Padre. San Lucas nos transmite el Padre Nuestro en una forma más breve respecto a la del Evangelio de san Mateo, que ha entrado en el uso común. Estamos ante las primeras palabras de la Sagrada Escritura que aprendemos desde niños. Se imprimen en la memoria, plasman nuestra vida, nos acompañan hasta el último aliento. Desvelan que «no somos plenamente hijos de Dios, sino que hemos de llegar a serlo más y más mediante nuestra comunión cada vez más profunda con Cristo. Ser hijos equivale a seguir a Jesús» (Benedicto XVI, Jesús de Nazaret, Madrid 2007, p. 172).

Domingo XVII (ciclo c) Catena Aurea

Lucas 11, 1-13
Y aconteció que estando Jesús orando en cierto lugar, cuando acabó le dijo uno de sus discípulos: "Señor, enséñanos a orar, como también Juan enseñó a sus discípulos". Y Jesús le respondió: "Cuando orareis, decid: Padre: santificado sea el tu nombre. Venga el tu reino. Danos hoy el pan nuestro de cada día. Y perdónanos nuestros pecados, así como nosotros perdonamos a todo el que nos debe. Y no nos dejes caer en la tentación".
 Les dijo también: "Si alguno de vosotros tuviere un amigo y fuese a él a media noche, a decirle: Amigo, préstame tres panes, porque un amigo mío acaba de llegar de viaje a mi casa, y no tengo nada que darle; aunque aquél desde dentro le responda: No me molestes; ya está cerrada la puerta, y mis criados están como yo, acostados; no puedo levantarme a dártelos: si el otro porfía en llamar y más llamar, yo os aseguro que cuando no se levantase a dárselos por ser su amigo, a lo menos por librarse de su importunidad, se levantará al fin y le dará cuantos panes hubiere menester".
Así os digo yo: "Pedid y se os dará; buscad y hallaréis; llamad y se os abrirá. Porque todo aquél que pide, recibe; y el que busca, halla; y al que llama se le abrirá. Que si entre vosotros un hijo pide pan a su padre, ¿le dará acaso una piedra? ¿O si pide un pez, por ventura le dará una sierpe en lugar del pez? ¿O si un huevo, por ventura le dará un escorpión? Pues si vosotros, siendo malos como sois, sabéis dar cosas buenas a vuestros hijos, ¿cuánto más vuestro Padre celestial dará espíritu bueno a los que lo piden?"

Beda
Después de la historia de las hermanas que significaron las dos vidas de la Iglesia, se escribe, no sin misterio, que Jesús oró y enseñó a orar a sus discípulos, pues la oración que enseñó encierra en sí el misterio de ambas vidas y la perfección de estas vidas no puede obtenerse por nuestras propias fuerzas, sino por nuestras oraciones; por esto se dice: "Y un día estando Jesús orando en cierto lugar", etc.

San Cirilo, in Cat. grac. Patr
Siendo así que Jesucristo encierra en sí la plenitud de todo lo bueno ¿por qué ora si es perfecto y de nada necesita? A esto respondemos, que, conforme a su encarnación, puesto que así lo había querido, debía cumplir en su tiempo conveniente las cosas humanas. Si comió y bebió, no era impropia de El tampoco la oración; lo hizo para enseñarnos a que no fuéramos perezosos respecto de ella, sino que la ejercitáramos con toda atención.

Domingo XVII (ciclo c) Guión Litúrgico

ENTRADA:
Hermanos: Reunidos en el nombre del Señor nos disponemos para ser alimentados con su Palabra y su presencia en la Eucaristía y rezar juntos la oración dominical como Cristo nos ha enseñado. Cantamos…

Domingo XVI (ciclo c) Catena Aurea

Lucas 10, 38-42
Aconteció que, como fuesen de camino, entró, pues, en una aldea, y una mujer, que se llamaba Marta, le recibió en su casa: y ésta tenía una hermana llamada María, la cual, sentada también junto a los pies del Señor, oía su palabra. Pero Marta estaba afanada preparando lo necesario: la cual se presentó y dijo: "Señor, ¿no ves cómo mi hermana me ha dejado sola para servir? Dile, pues, que me ayude". Y el Señor le respondió: "Marta, Marta, muy cuidadosa estás, y en muchas cosas te fatigas. En verdad una sola cosa es necesaria: María ha escogido la mejor parte, que no le será quitada".

Beda
El amor a Dios y al prójimo, que antes había explicado el Señor por medio de palabras y parábolas, ahora lo expone por medio de obras y de verdades. Dícese, pues: "Y aconteció que, como fuesen de camino, Jesús entró en una aldea".

Orígenes
San Lucas no dice el nombre de esta aldea, pero San Juan la expresa, llamándole Betania.
 
San Agustín de verb. Dom. serm. 26
El Señor, que vino a su casa, y los suyos no lo recibieron ( Jn 1), fue aceptado como huésped; por esto sigue: "Y una mujer, que se llamaba Marta, le recibió en su casa", etc. Lo acogió como suele recibirse a los peregrinos; sin embargo, en realidad la sierva recibió a su Señor, la enferma a su Salvador, la criatura a su Creador. Y no digas: "Bienaventurados los que merecieron recibir a Cristo en su propia casa". No te aflijas, puesto que ha dicho:"Lo que hicisteis a uno de mis pequeñuelos, a mí me lo hicisteis" ( Mt 25,40). Tomada la forma de siervo, quiso en ella ser alimentado por sus siervos, por dignación, no por condición. Tenía carne en la que sentía el hambre y la sed; pero cuando tuvo hambre en el desierto, los ángeles le servían ( Mt 4). Por ello, si quiso ser alimentado, lo hizo por el que lo alimentaba. Marta, pues, disponiendo y preparando la comida al Señor, se ocupaba en su servicio; pero María, su hermana, eligió más bien ser alimentada por el Señor. Pues, sigue: "Y ésta tenía una hermana, que se llamaba María, que sentándose junto a los pies del Señor, oía su palabra".

Domingo XVI (ciclo c) Juan Pablo II

Homilía en la Misa
a los empleados de las villas
pontificias en Castelgandolfo
17 de julio de 1983

1- Sentido sobrenatural en lo ordinario
 Si San Pablo exhorta a los cristianos a hacerlo “todo para gloria de Dios” (1 Cor 10,31), esto vale también para vosotros. El cristiano debe comportarse como tal siempre, en cualquier ocasión, en cualquier trabajo, cualquiera que sea la actividad que desempeñe. A todas partes debe llevar el fermento y el estímulo de la propia fe. Por este motivo, también vuestra vida debe ser guiada por la Palabra de Dios, y a su luz debe desarrollarse, crecer y madurar.
         2- Marta y María
         Hemos escuchado en la lectura del Evangelio según San Lucas el conocido e instructivo episodio de las dos hermanas, Marta y María, que un día acogieron a Jesús en su casa. Una de ellas, Marta, “se multiplicaba para dar abasto con el servicio” (Lc 10,40), hasta el punto de desentenderse casi de la presencia tan cercana del Maestro: un ejemplo de excesiva generosidad, que se preocupa más de las actividades externas que de sensibilizarse ante el significado transformador de Aquel que está presente para hacerse escuchar y para interrogarnos a cada uno de nosotros.
         María, en cambio, “sentada a los pies del Señor, escuchaba su palabra” (ib., 10,39). Y es precisamente esta actitud, contrapuesta ante todo a la anterior, la que recibe el elogio de Jesús. En María está personificado, en efecto, el discípulo atento y vigilante: no tanto el que se vigila a sí mismo, lo que sería aún un modo de replegarse sobre la propia personalidad, cuanto el que se siente captado por la presencia y la Palabra del Señor, hasta el punto de olvidarse de sí mismo. Porque el verdadero discípulo no piensa en sí mismo, sino que enseguida y ante todo se vuelve a su Maestro y se siente como transportado hacia Él, según un movimiento que le hace como salir de sí mismo; subyugado con su palabra, forma parte de aquellos que Jesús proclama “dichosos”, porque “oyen la Palabra de Dios y la guardan” (ib., 11,28).

Domingo XVI (ciclo c) Beato Manuel González García

La oración de oír
    991. Jesús se ha sentado a descansar en la casa de Marta, María y Lázaro en la Betania de sus consuelos y desagravios: Marta se agita e inquieta de acá para allá preparando la comida del Maestro y de sus amigos. María, ajena a todos los preparativos se sienta a los pies del Maestro para oírlo.
   Marta se queja ante Él de la inmovilidad de su hermana, y al paso que para aquélla hay un reproche, aunque cariñoso y paternal, para María hay una aprobación solemne: “María ha escogido la mejor parte, que no le será quitada” (1).
   ¿Cuál era esa mejor parte?
   Según el Evangelio, ésta: María, sentada a los pies de Jesús, oía su palabra.
   ¡Oír a Jesús! ¡Dedicarse a esto sólo: a oír a Jesús! ¡Y dedicarse por toda la vida a oír a Jesús en su estado de palabra callada del Sagrario!
   ¡Cuántos misterios de gloria de Dios y cuántos misterios de santificación excelsa para nosotros están encerrados en esa oración de oír a Jesús-Hostia callada del Sagrario!
   Con el favor de Él ya os iré levantando el velo de ese desconocido mundo de misterios y secretos del silencio de Jesús.

Domingo XVI (ciclo c) San Agustín

Marta y María
(Lc. 10,38-42).
         1. Las palabras de nuestro Señor Jesucristo que se nos leyeron en el Evangelio nos advierten que existe algo, único, a lo que debemos tender mientras trabajamos envueltos en las preocupaciones de este mundo. Tendemos porque somos aún caminantes que no hemos llegado al descanso; porque nos hallamos todavía en el camino, no en la patria; tendemos con el deseo, no con el gozo. Con todo, tendamos y hagámoslo sin cesar y sin pereza para que podamos llegar algún día.
         2. Marta y María eran dos hermanas no sólo en la carne, sino también en la devoción. Ambas se unieron al Señor, ambas le sirvieron en unidad de corazón cuando vivía en la carne en este mundo. Marta le recibió en su casa como suele recibirse a los peregrinos. La sierva recibe al Señor, la enferma al Salvador, la criatura al Creador. Lo recibió para alimentarlo en la carne, ella que iba a ser alimentada en el espíritu. Quiso el Señor tomar la forma de siervo y en ella ser alimentado por los siervos, mas no por necesidad, sino porque así se dignó. Dignación suya fue el dejarse alimentar por los hombres. Tenía carne en la que sentía hambre y sed; pero ¿ignoráis que en el desierto, cuando tuvo hambre, le alimentaron los ángeles? Luego el querer ser alimentado fue gracia que otorgó al que lo alimentaba. ¿Y qué tiene de extraño, siendo así que concedió a una viuda la gracia de alimentar a Elías, a quien antes alimentaba él por medio de un cuervo? ¿Por ventura le faltaba con qué alimentarlo cuando lo envió a la viuda? De ninguna manera; no le faltaban alimentos, sino que disponía las cosas para bendecir a aquella viuda piadosa en recompensa del servicio que prestaba a su siervo. Así, pues, fue recibido como huésped el Señor que, viniendo a su casa, los suyos no lo recibieron, pero a cuantos lo recibieron les dio poder de hacerse hijos de Dios, adoptando a los siervos y convirtiéndolos en hermanos, redimiendo a los cautivos y haciéndolos coherederos. Que ninguno de vosotros diga: «Bienaventurados los que merecieron recibir a Cristo en su propia casa». No te duela ni te apenes; no te quejes de haber nacido en tiempo en que no es posible ver al Señor en la carne. No te privó de esta gracia quien dijo: Lo que hicisteis a uno de mis pequeños, a mí me lo hicisteis.

Domingo XVI (ciclo c) Guión Litúrgico


ENTRADA:
Hermanos: En las responsabilidades cotidianas estamos llamados a santificar el mundo y santificarnos nosotros en él, llevando junto con el cumplimiento de nuestro deber de estado, una vida de oración que vivifique, en la Misa dominical al glorificar a Dios encontramos también la fortaleza que nos permite vivir la vocación cristiana. Nos ponemos de pie y cantamos...

jueves, 18 de julio de 2013

La Tala - P. Leonardo Castellani


Tres días duró en la isleta el estruendo de las hachas, y crujieron al tumbarse los gruesos troncos, y volaron todos los pájaros menos las tijeretas, que no se van de sus nidos aunque las maten, y se quedaron por allí chillando, sobre las ramas mustias.
        Aquella era una desolación. El Guayacán duro, el Algarrobo dulce, el Quebracho tenaz, el Cedro valioso, el Jacarandá florido y el Ñandubay añudado, los forzudos del monte, habían caído. Sólo quedaban en pié el Ombú inútil y el Abrojo dañino.

miércoles, 17 de julio de 2013

Jóvenes; no tengan miedo de ir contracorriente - Papa Francisco

PAPA FRANCISCO
ÁNGELUS
Domingo 23 de junio de 2013

Queridos hermanos y hermanas, ¡buenos días!
En el Evangelio de este domingo resuena una de las palabras más incisivas de Jesús: «El que quiera salvar su vida la perderá; pero el que pierda su vida por mi causa la salvará» (Lc 9, 24).
Hay aquí una síntesis del mensaje de Cristo, y está expresado con una paradoja muy eficaz, que nos permite conocer su modo de hablar, casi nos hace percibir su voz... Pero, ¿qué significa «perder la vida a causa de Jesús»? Esto puede realizarse de dos modos: explícitamente confesando la fe o implícitamente defendiendo la verdad. Los mártires son el máximo ejemplo del perder la vida por Cristo. En dos mil años son una multitud inmensa los hombres y las mujeres que sacrificaron la vida por permanecer fieles a Jesucristo y a su Evangelio. Y hoy, en muchas partes del mundo, hay muchos, muchos, muchos mártires —más que en los primeros siglos—, que dan la propia vida por Cristo y son conducidos a la muerte por no negar a Jesucristo. Esta es nuestra Iglesia. Hoy tenemos más mártires que en los primeros siglos. Pero está también el martirio cotidiano, que no comporta la muerte pero que también es un «perder la vida» por Cristo, realizando el propio deber con amor, según la lógica de Jesús, la lógica del don, del sacrificio. Pensemos: cuántos padres y madres, cada día, ponen en práctica su fe ofreciendo concretamente la propia vida por el bien de la familia. Pensemos en ellos. Cuántos sacerdotes, religiosos, religiosas desempeñan con generosidad su servicio por el Reino de Dios. Cuántos jóvenes renuncian a los propios intereses para dedicarse a los niños, a los discapacitados, a los ancianos... También ellos son mártires. Mártires cotidianos, mártires de la cotidianidad.

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