jueves, 8 de marzo de 2018

La Iglesia propone el estudio teológico de la cuestión de la mujer a la luz del designio amoroso de Dios - Mons. Juan Antonio Reig Pla


La propuesta de la Iglesia Católica: 
«una teología de la mujer»

Mons. Juan Antonio Reig Pla
Obispo de Alcalá de Henares


La Iglesia desea profundizar sobre la vocación de la mujer en la Iglesia y en la sociedad.

El Beato Juan XXIII, el «Papa bueno» que convocó el Concilio Ecuménico Vaticano II, dedicó hermosas palabras a la mujer [1] reflexionando sobre la necesidad de profundizar sobre «aquella contribución que la sociedad y la Iglesia esperan de ella. De aquí la urgencia de buscar soluciones nuevas, con objeto de lograr un orden y un equilibrio más conveniente a la dignidad humana y cristiana de la mujer» [2]. Por su parte el Concilio, con ocasión de su clausura, dirigió un bello Mensaje a las mujeres en el que afirmaba: «Llega la hora, ha llegado la hora en que la vocación de la mujer se cumple en plenitud» [3]. Posteriormente el Papa Pablo VI en un discurso afirmaba: «En efecto, en el cristianismo, más que en cualquier otra religión, la mujer tiene desde los orígenes un estatuto especial de dignidad, del cual el Nuevo Testamento da testimonio en no pocos de sus importantes aspectos (...); es evidente que la mujer está llamada a formar parte de la estructura viva y operante del Cristianismo de un modo tan prominente que acaso no se hayan todavía puesto en evidencia todas sus virtualidades» [4].  También el Beato Juan Pablo II mostraba esta inquietud en 1988: «la mujer está llamada a ejercitar sus propios «dones»: en primer lugar, el don de su misma dignidad personal, mediante la palabra y el testimonio de vida; y después los dones relacionados con su vocación femenina» [5].

Todo debe hacerse con  fidelidad a la Sagrada Escritura, a la Tradición y al Magisterio


Para no errar, la profundización en el ejercicio de los propios «dones» de la mujer debe hacerse con fidelidad a la Sagrada Escritura [6], a la Tradición y al Magisterio de la Iglesia, y en particular desde, al menos, cuatro verdades ineludibles: 1) «Cada uno de los dos sexos es, con una dignidad igual, aunque de manera distinta, imagen del poder y de la ternura de Dios» [7]; 2) La unidad sustancial cuerpo-espíritu. No somos sólo cuerpo o sólo espíritu. Somos un espíritu encarnado; el cuerpo no es una prótesis de la persona, es sacramento de la persona, su visibilización [8]; 3) la diferencia sexual no es un accidente, es constitutiva de la persona. Somos persona-varón o persona-mujer por voluntad de Dios, y desde esa diferencia somos llamados al amor. Nuestro cuerpo tiene una dimensión nupcial, está creado para el don, para amar, y en el ámbito del matrimonio se hace lenguaje del amor en el abrazo conyugal abierto a la posibilidad del don de una nueva vida [9]. «La vocación al amor forma parte de la auténtica imagen de Dios que el Creador quiso imprimir en su criatura, llamándola a hacerse semejante a él precisamente en la medida en la que está abierta al amor. Por tanto, la diferencia sexual que caracteriza el cuerpo del hombre y de la mujer no es un simple dato biológico, sino que reviste un significado mucho más profundo» [10], «el cuerpo del hombre y de la mujer tiene, por decirlo así, un carácter teológico; no es simplemente cuerpo, y lo que es biológico en el hombre no es solamente biológico, sino también expresión y realización de nuestra humanidad» [11]; 4) La profundización de la contribución de la mujer no pasa por su ‘clericalización’; así lo enseña la Iglesia de manos del Beato Juan Pablo II: «(…) con el fin de alejar toda duda sobre una cuestión de gran importancia, que atañe a la misma constitución divina de la Iglesia, en virtud de mi ministerio de confirmar en la fe a los hermanos (cf. Lc 22,32), declaro que la Iglesia no tiene en modo alguno la facultad de conferir la ordenación sacerdotal a las mujeres, y que este dictamen debe ser considerado como definitivo por todos los fieles de la Iglesia»[12]. Hay que hacer notar que «la tendencia a la ‘clericalización’ de los fieles laicos» [13] como forma de “promoción” intra-eclesial, es más frecuente de lo que se podría pensar [14] y afecta tanto a varones como a mujeres; es necesario distinguir bien, en la teoría y en la práctica, entre el sacerdocio común y el sacerdocio ministerial [15]. Resumiendo, y utilizando palabras del Concilio Ecuménico Vaticano II: «las mujeres ya actúan en casi todos los campos de la vida, pero es conveniente que puedan asumir con plenitud su papel según su propia naturaleza» [16].

Algunas claves para dar respuestas verdaderas y buenas

El Magisterio de la Iglesia ha dado las claves para ir dando respuestas verdaderas y buenas a todas estas inquietudes, instando a las mujeres a «ser promotoras de un “nuevo feminismo” que, sin caer en la tentación de seguir modelos “machistas”, sepa reconocer y expresar el verdadero espíritu femenino. (...) La mujer percibe y enseña que las relaciones humanas son auténticas si se abren a la acogida de la otra persona, reconocida y amada por la dignidad que tiene por el hecho de ser persona y no de otros factores, como la utilidad, la fuerza, la inteligencia, la belleza o la salud. Esta es la aportación fundamental que la Iglesia y la humanidad esperan de las mujeres. Y es la premisa insustituible para un auténtico cambio cultural» [17]; es lo que el Beato Juan Pablo II llamó con tanto acierto el «genio de la mujer» [18]. Dicho de otra manera: «La condición para asegurar la justa presencia de la mujer en la Iglesia y en la sociedad es una más penetrante y cuidadosa consideración de los fundamentos antropológicos de la condición masculina y femenina, destinada a precisar la identidad personal propia de la mujer en su relación de diversidad y de recíproca complementariedad con el hombre, no sólo por lo que se refiere a los papeles a asumir y las funciones a desempeñar, sino también, y más profundamente, por lo que se refiere a su estructura y a su significado personal» [19].

Como hemos visto, en la teología feminista radical «los testimonios de la revelación ya no son fundamento y norma para exponer la dignidad de la mujer; más bien una determinada comprensión de la emancipación se convierte en la clave hermenéutica única y últimamente válida para la interpretación tanto de la Escritura como de la Tradición» [20]; es una forma de hacer teología desde el punto de vista del feminismo, es decir, desde presupuestos ideológicos. La enseñanza de la Iglesia es radicalmente distinta, pues propone el estudio teológico de la cuestión a la luz del designio amoroso de Dios: es lo que el Papa Francisco ha llamado «una teología de la mujer» [21].

(Tomado de la presentación realizada por Mons. Juan Antonio Reig a la edición en español del libro «La teología feminista. Significado y valoración» de Manfred Hauke, Editorial BAC, 2013)


1.- Cf. Beato Juan XXIIICarta Encíclica Pacem in terris, n. 15, 11-04-1963; Discurso a las delegaciones de la Juventud Femenina de Acción Católica de Milán, 1-6-1962; Discurso a las delegadas de la Unión Mundial de las Organizaciones Femeninas Católicas, 3-5-1961; Audiencia general, 7-12-1960; etc.
2.-  Beato Juan XXIIIDiscurso a los participantes en un curso de estudio sobre el tema: «La mujer y la profesión», organizado por la Universidad católica del Sagrado Corazón, 6-9-1961.
3.- Concilio Ecuménico Vaticano IIMensaje a las mujeres, 8-12-1965.
4.- Pablo VIDiscurso a las participantes en el Convenio Nacional del Centro Italiano Femenino, 6-12-1976.
5.- Beato Juan Pablo IIExhortación Apostólica Christifideles Laici, n. 51, 30-12-1988.
6.- «El paradigma bíblico de la «mujer» parece desvelar también cuál es el verdadero orden del amor que constituye la vocación de la mujer misma. Se trata aquí de la vocación en su significado fundamental, —podríamos decir universal— que se concreta y se expresa después en las múltiples «vocaciones» de la mujer, tanto en la Iglesia como en el mundo»: Beato Juan Pablo IICarta Apostólica Mulieris Dignitatem, n. 30, 15-8-1988.
7.- CEC, n. 2335.
8.- Cf. CEC, n. 365; Beato Juan Pablo IIAudiencia general, 16-4-1986; etc.
9.- Cf. CEC, n. 2333; Congregación para la Doctrina de la FeCarta a los Obispos de la Iglesia Católica sobre la colaboración del hombre y de la mujer en la Iglesia y el mundo, n. 8, 31-7-2004.
10.- Benedicto XVI, Discurso a los participantes en un Congreso internacional organizado por el Instituto Juan Pablo II para estudios sobre el matrimonio y la familia, 11-5-2006.
11.- Benedicto XVIDiscurso a los participantes en el Congreso eclesial de la diócesis de Roma sobre “Familia y comunidad cristiana: formación de la persona y transmisión de la fe”, 6-6-2005.
12.- Beato Juan Pablo IICarta Apostólica Ordinatio sacerdotalis sobre la ordenación sacerdotal reservada sólo a los hombres, n. 4. 22-5-1994; Cf. Congregación para la Doctrina de la Fe, Respuesta acerca de la doctrina de la Carta Apostólica “Ordinatio Sacerdotalis”, 28-10-1995; Carta Apostólica Mulieris Dignitatem, nn. 26-27, 15-8-1988.
13.- Beato Juan Pablo IIExhortación Apostólica Christifideles Laici, n. 23, 30-12-1988.
14.- Cf. Beato Juan Pablo II, Carta a los sacerdotes con ocasión del Jueves Santo, 12-3-1989; Congregación para el CleroEl presbítero, maestro de la Palabra, ministro de los sacramentos y guía de la comunidad ante el tercer milenio cristiano, 19-03-1999; Benedicto XVIDiscurso a los obispos de Brasil de la región Nordeste 2 en visita “ad Limina Apostolorum”, 17-09-2009.
15.- Cf. Congregación para el Clero, Pontificio Consejo para los Laicos, Congregación para la Doctrina de la Fe, Congregación para el Culto Divino y la Disciplina de los Sacramentos, Congregación para los Obispos, Congregación para la Evangelización de los Pueblos, Congregación para los Institutos de Vida Consagrada y las Sociedades de Vida Apostólica y Pontificio Consejo para la Interpretación de los Textos LegislativosInstrucción sobre algunas cuestiones acerca de la colaboración de los fieles laicos en el sagrado ministerio de los sacerdotes, 15-8-1997.
16.- Concilio Ecuménico Vaticano IIConstitución Pastoral Gaudium et Spes, n. 60.
17.- Beato Juan Pablo IICarta Encíclica Evangelium vitae, n. 99, 25-03-1995.
18.- Beato Juan Pablo IICarta a las mujeres, nn. 9-11, 29-6-1995.
19.- Beato Juan Pablo IIExhortación Apostólica Christifideles Laici, n. 50, 30-12-1988.
20.- Comisión Teológica InternacionalLa interpretación de los dogmas, n. 2-A-II-3, 1989.
21.- Papa FranciscoConferencia de prensa del Santo Padre durante el vuelo de regreso a Roma, 28-7-2013.


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