domingo, 23 de junio de 2013

Jesucristo Nuestro Redentor - Pruebas de su Divinidad

1. JESUCRISTO NUESTRO SEÑOR
     Dios determinó salvar a la humanidad enviando una de las tres divinas Personas, para que se hiciera hombre y nos redimiera.
     La segunda Persona, o sea el Hijo, fue la que se hizo hombre, tomando cuerpo humano en las entrañas de la Virgen María. Y hecho hombre, se llama Jesucristo.
     El Redentor recibe los nombres de Jesús, Cristo y Nuestro Señor.
lo. Jesús significa Salvador. Es su nombre, por decirlo así, civil; nombre común entre los judíos, por el cual era conocido: "Jesús de Nazareth".
Un ángel reveló este nombre a María y a José: "Le pondrás por nombre Jesús, porque ha de salvar a su pueblo de sus pecados" (Lc. 1, 3). Por eso lo llamamos expresivamente "El Salvador".
2o. Cristo, en hebreo, Mesías, significa ungido o consagrado. Se da este nombre al Redentor, porque en Israel eran ungidos los sacerdotes, reyes y profetas; y Cristo fue sumo Sacerdote, Rey y Profeta.
     Así como el nombre de Jesús hace referencia principal a su naturaleza humana, el de Cristo la hace a la divina, como sinónimo de algo sagrado. Y la unión de ambos -Jesucristo- expresa la unión de las dos naturalezas.
     Cristo es Sacerdote, en cuanto ofreció el gran sacrificio de la Nueva Ley, y se constituyó mediador entre Dios y los hombres. Rey, porque todas las criaturas están sometidas a su dominio. Profeta, porque nos enseñó en nombre de Dios y nos reveló sus misterios.
     La unción de Cristo no fue con aceite material, como la de los sacerdotes y reyes de Israel; sino espiritual, en cuanto Dios lo llenó de toda suerte de gracias, y lo constituyó Rey Sacerdote Sumo.
3o. Jesucristo se llama Nuestro Señor, porque además de habernos creado en cuanto Dios junto con el Padre y el Espíritu Santo, nos rescató al precio de su sangre en cuanto hombre-Dios; y por eso es de modo especial nuestro dueño y señor.

2. FIGURAS Y PROFECIAS DEL REDENTOR
     Cristo es el verdadero Mesías, o enviado de Dios, porque en él se realizaron las figuras y profecías que anunciaban al Mesías prometido.
     Entre las figuras y las profecías hay esta diferencia: que la figura anuncia por medio de hechos o personas y la profecía por medios de palabras.
2.1 Figuras del Mesías
     Las principales figuras del Mesías son: a) de su pasión y muerte, Abel, Isaac, la serpiente de bronce y el cordero pascual; b) de su resurrección, JonÁs; c) de su sacerdocio, Melquisedec, y d) de su Iglesia, el Arca de Noé.
     Abel: su sacrificio fue agradable a Dios; murió inocente, y su sangre clamó hasta el Señor. La sangre de Cristo clama también, no venganza sino perdonó "La aspersión de la sangre de Jesús habla mejor de la de Abel" (San Pablo, Heb. 12, 24). Isaac: también inocente, es condenado a morir, y subió a una montaña cargado con la leña que serviría para su sacrificio. La serpiente de bronce: Levantada sobre una cruz, curaba de la mordedura de las serpientes a quienes la miraban; imagen de Cristo crucificado, que sana las heridas de nuestra alma. El cordero pascual: se ofrecía en expiación de los pecados, y su sangre preservó a los israelitas del ángel exterminador. Jonás, de quien dijo Cristo: "Jonás estuvo tres días y tres noches en el vientre de la ballena: así el Hijo del hombre estará tres días y tres noches en el seno de la tierra". Melquisedec, sacerdote del Altísimo, ofreció en sacrificio pan y vino; Jesucristo "constituido pontífice según el orden de Melquisedec" (San Pablo, Hebr. 5, 10) se ofrece diariamente en sacrificio bajo las especies de pan y vino. El Arca de Noé: único refugio de salvación cuando el diluvio, como hoy Cristo y su Iglesia.

2.2 Profecías sobre el Mesías
     Los profetas anunciaron el tiempo en que aparecería, las principales circunstancias de su nacimiento, vida, pasión y muerte, su resurrección y ascensión y la fundación de su Iglesia.
lo. Acerca del tiempo en que aparecería: a) Daniel anunció que desde el edicto para reedificar a Jerusalén hasta la muerte del Mesías no alcanzarían a transcurrir setenta semanas de años (cfr. Dan. 9, 24). Efectivamente a mediados de la última de las setenta semanas murió el Salvador; b) Jacob, profetizó que el cetro real no sería quitado a la familia de Judá hasta la venida del Mesías (cfr. Gen. 49, 10).
     Cuando los judíos le pedían a Pilato la condenación de Cristo y le decían: "no tenemos otro rey sino al César", atestiguaban sin advertirlo el cumplimiento de esta profecía (Jn. 19, 15).
2o. Sobre su nacimiento: Miqueas profetizó que nacería en Belén; e Isaías que nacería de madre Virgen, saldría de la tribu de Judá y vendrían a adorarlo reyes de oriente.
     "He aquí que concebirá una virgen y dará a luz un hijo y será llamado Emmanuel, esto es, Dios con nosotros" (Is. 7, 14).
-Y tú oh Belén eres pequeña respecto a las principales de Judá; pero de ti saldrá el que ha de dominar a Israel, el cual fue engendrado desde el principio, desde los días de la eternidad" (Miq. 5, 2).
3o. Sobre su vida: predijeron entre otras cosas que enseñarla públicamente teniendo por auditorio a los pobres (1);sería taumaturgo, legislador y sacerdote eterno (2) ; se mostraría indulgente.
     No quebrará la caña cascada, ni apagará la mecha que aún humea"(3). "El mismo Dios vendrá y os salvará. Entonces serán abiertos los ojos de los ciegos y las orejas de los sordos, Entonces el cojo saldrá como el ciervo y se soltará la lengua de los mudos"(4).4o. Acerca de su pasión y muerte: predijeron numerosas circunstancias, por ejemplo, que sería vendido en treinta ciclos de plata (5), abofeteado y escupido (6), azotado y despojado de sus vestiduras (7), que hecharían suertes sobre éstas (8) y le taladrarían las manos y los pies (9), y le darían a beber hiel y vinagre (10)(11) (12).
5o. Sobre su Iglesia: anunciaron que el Mesías establecería un nuevo y purísimo sacrificio (13) y un nuevo sacerdocio; que fundarla un reino espiritual, el cual habría de extenderse hasta los confines del mundo, y nunca sería destruido (14).
Notas
1) Is. 61, 1 y 28, 19.

2) Deut. 18, 18; Ps. 109, 4.

3) Is. 43, 3.

4) Is. 35, 4.

5) Zac. 11, 12.

6) Is. 50, 6.

7) Is. 53, 4.

8) Ps. 21, 29.

9) Ps. 21, 28.

10) Ps. 48, 12.

11) Ps. 15, 10,

12) Ps. 23, 7.

13) Mal. 1, 11

14) Is. 9, 7.

3 JESUCRISTO ES VERDADERO DIOS
3.1 Verdad fundamental
     "La única orientación del espíritu, la única dirección del entendimiento, de la voluntad y del corazón es para nosotros esta: hacia Cristo, Redentor del hombre; hacia Cristo, Redentor del mundo. A El queremos mirar nosotros, porque sólo en El, Hijo de Dios, hay salvación, renovando la afirmación de Pedro " Señor: ¿a quién iríamos, Tú tienes palabras de vida eterna" (Juan Pablo II, Enc. RedemptorHominis, núm. 7). Cfr. Puebla, núm. 214.
     La doctrina sobre la divinidad de Cristo es de capital importancia. En efecto, si Jesucristo es verdadero Dios, se sigue que son divinas su doctrina, la Iglesia que fundó y las verdades que ésta nos enseña. Por el contrario si no fue Dios, ni su doctrina, ni su Iglesia son divinas, ni El nos merece crédito, porque nos habría engañado al presentarse como Dios.
     "La Iglesia cree que Cristo, que murió y resucitó por todos, ofrece al hombre luz y fuerza, por medio del Espíritu Santo, para que pueda responder a su vocación; y que no se les ha dado a los hombres otro nombre bajo el cielo por el que puedan salvarse. Igualmente, cree que la clave, el centro y la finalidad de toda la historia humana se encuentra en su Señor y Maestro. Además, la Iglesia afirma que en el fondo de todos los cambios hay muchas cosas que no cambian, que tienen su último fundamento en Cristo, que es el mismo ayer y hoy y por todos los siglos" (Con. Vaticano 11, Const. Past. Gaudium et Spes, núm. 10) (cfr. Puebla, núm. 194).
     Veamos, pues, las principales pruebas de su divinidad. Ellas son: a) y b) las profecías realizadas en El, que lo señalaban como Dios; C) los milagros obrados en confirmación de su divinidad; d) la afirmación del mismo Jesucristo; e) la afirmación de su Padre celestial; f) la santidad de su vida y doctrina; la afirmación de los apóstoles y de la Iglesia.

3.2 Pruebas de la divinidad de Cristo
a) Las profecías
     Las profecías, que como hemos visto se cumplieron en Cristo, lo designaban no sólo como Mesías, sino también como verdadero Dios.
Así los profetas:
lo. Le daban nombres que sólo a Dios pueden aplicarse, por ejemplo, el admirable, el justo, el santo de los santos.
2o. Le dieron el nombre de Dios. Isaías dice: "El mismo Dios vendrá en persona y os salvará" (35, 4). Y en otro lugar: "He aquí que una virgen dará a luz un hijo, y su nombre será Ernmanuel, esto es, Dios con nosotros" (7, 14).
     En otro lugar dice también: "Ahora nos ha nacido un niño. Se llamará el admirable, el Consejero, Dios, el Fuerte, el Padre del siglo futuro, el príncipe de la paz" (9, 6).
     Conclusión. Como estas profecías tuvieron realización en Cristo, debemos concluir que Cristo es Dios; pues si no lo fuera, el mismo Dios nos hubiera inducido al engaño.
b) Profecías hechas por el mismo Cristo
     El mismo Jesucristo hizo numerosas profecías acerca de su persona, de los Apóstoles, de su Iglesia, y de otros varios acontecimientos, que dan mayor peso a este argumento.
la. Respecto a su persona, en tres ocasiones predijo su pasión, y muerte de cruz y resurrección. "Mirad que vamos a Jerusalén , y el Hijo del Hombre será entregado a los príncipes de los sacerdotes, y lo condenarán a muerte, y lo entregarán los gentiles, para que lo escarnezcan, azoten y crucifiquen; más al tercer día resucitará" (Mt. 20, 18).
2a. Respecto a sus Apóstoles, predijo la triple negación de Pedro, la venida del Espíritu Santo sobre ellos, y las persecuciones que les tocaría afrontar.
3a. Respecto a la Iglesia, predijo su perpetuidad. "Y yo estaré con vosotros hasta el fin de los siglos" (Mt. 28, 20).
     Estas diversas profecías sobre sucesos libres, prueban el carácter divino del que las hizo.
c) Los milagros
     Los milagros de Cristo prueban no solamente su carácter de Mesías, sino también su divinidad. En efecto:
a)    Cristo los hizo en su propio nombre, en tanto que los demás siempre los hicieron en nombre de Dios. Por ejemplo dijo al leproso, "Yo lo quiero, se limpió 33 (Mt. 8, 3); y al hijo de la viuda de Naím: "Muchacho, a ti te digo, levántate" (Lc. 7, 14).
b)    Comunicó a sus discípulos el poder de hacer milagros en su nombre (Alc. 16, 17).
c)    Hizo milagros en confirmación de su divinidad. Así dijo a los judíos, que querían apedrearlo como blasfemo, por haberse declarado Dios: "Sí no hago las obras de mi Padre, no me creáis; pero si las hago y no queréis dar crédito a mi palabra, dádselo a mis obras" (Jn. 10, 37).
  Y antes de la resurrección de Lázaro dio gracias a su Padre Celestial por razón del pueblo que le rodea, "con el fin de que crean que Tú eres el que me has enviado" (Jn. 11, 42.)
Cristo hizo milagros en confirmación de su divinidad; y como el milagro es prueba de la intervención divina, es evidente que los milagros de Cristo prueban su divinidad. De otra suerte Dios mismo hubiera confirmado con milagros una mentira, lo que es inconcebible.
d)     Testimonio del mismo Cristo
  Cristo se proclama Dios de muchos modos:a) Se atribuye perfecciones y poderes que sólo Dios tiene, como la eternidad, la creación, el poder de perdonar los pecados; y dice claramente: "Todo lo que hace el Padre, lo hace igualmente el Hijo" (Jn. 5, 19).
b) Aprueba explícitamente la confesión de Pedro: "Tú eres el Hijo de Dios vivo", y la de Tomás: "Señor mío, y Dios mío" (Mt. 16, 16; Jn. 20, 28).
c) Manifiesta que es Dios e Hijo de Dios: "El padre y yo somos una misma cosa"; y declara solemnemente ante Caifás que es Hijo de Dios y que vendrá a juzgar a los hombres (Jn. 10,3; Mt 26, 64).
  Esta afirmación hecha por Cristo prueba su divinidad. En efecto, ningún hombre fuera de Cristo, ningún profeta, ningún fundador de religión se ha atrevido a proclamarse Dios. Si Cristo se hubiera proclamado Dios sin serlo, sería o un loco o un mentiroso; y ambas cosas repugnan, pues nadie ha existido tan sabio ni tan santo.
e)    Testimonio de Dios Padre
  En el bautismo de Cristo en el Jordán y más tarde en el Tabor se oyó una voz del cielo que decía: "Este es mi Hijo amado en quien tengo todas mis complacencias; escuchadle" (Mt. 3, 17 - 17, 5).
  Este testimonio tiene especial valor, por ser la afirmación clara y explícita de Dios, verdad infalible.
f)      Su vida y doctrina
lo. Cristo fue en su vida ejemplo perfecto de toda santidad, a tal punto que pudo decir a sus discípulos: "Ejemplo os he dado para que como obré, obréis también vosotros" (Jn. 13, 15). Y a sus enemigos: "¿Quién de vosotros me argüirá de pecado?" (Jn. 8, 46).2o. Por otra parte, su doctrina está llena de sabiduría y santidad. Ella transformó la faz de la tierra y ha producido en todas partes frutos de la más excelente perfección.
  Esta santidad de Cristo, y la sabiduría y santidad de su doctrina prueban su divinidad, sobre todo si las juntamos con la afirmación que El mismo hizo de ser Hijo de Dios. Pues no se concibe que un loco o un impostor haya sido el más sabio y el más santo de los hombres, y el Fundador de la más excelente doctrina que han contemplado los siglos.
g)    Testimonio de los Apóstoles y de la Iglesia
  Los Apóstoles dieron fe de la divinidad de Jesucristo; y son especialmente elocuentes los testimonios explícitos y numerosos de San Juan y San Pablo. "Sabemos, dice San Juan, que vino el Hijo de Dios... Este es el verdadero Dios, y la verdad eterna" (1 Jn. 5,20). Y San Pablo afirma: "Jesucristo teniendo naturaleza de Dios, no por usurpación, se hizo igual a Dios" (Fil. 2, 6).
  Este testimonio tiene especial valor, pues los Apóstoles no sólo conocieron de cerca a Cristo, sino que confirmaron sus enseñanzas con numerosos milagros y con el martirio.
  La Iglesia Católica por su parte, siempre ha enseñado que Jesucristo es Hijo de Dios por naturaleza y verdadero Dios; y sobre esta creencia ha descansado inconmovíblemente su doctrina.
  Hay otras tres pruebas de la divinidad de Jesucristo: su resurrección, verificada por virtud propia y anunciada por él con anterioridad; la fundación y desarrollo de su Iglesia; y el testimonio de sus mártires.
Por Pbro. Dr. Pablo Arce Gargollo
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