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miércoles, 18 de noviembre de 2020

Meditaciones del tiempo ordinario con textos de Santo Tomás de Aquino 230

 

Miércoles de la 33ª semana

LA PEREZA

El gran perezoso - Juan Massana del Castillo


 

1º) La pereza es pecado. Porque "es cierta tristeza agravante"*, que de tal modo deprime el ánimo del hombre, que le quita a éste el agrado deshacer cosa alguna. Por esta razón lleva consigo cierto tedio en el obrar, por lo que sobre aquello del Salmo (106, 18): El alma de ellos abominó toda comida, dice la Glosa que la pereza es adormecimiento del alma, remisa en comenzar el bien.

 

Semejante tristeza es mala en sí, porque se refiere a lo que es mal aparente, pero verdadero bien, como cuando se refiere a lo que es bien espiritual e interno, que no puede ser malo sino aparentemente, en cuanto se opone a los deseos carnales. Mas también es mala la tristeza, acerca del mal verdadero, por sus efectos, si de tal modo apesadumbra al hombre que le retraiga totalmente de una acción buena. Y por consiguiente la pereza, esto es, la tristeza del bien espiritual, es pecado.

 

El ataque de la pereza ha de ser superado resistiendo; es decir, por el continuo pensar, pues cuanto más pensamos sobre los bienes espirituales, tanto más agradables se nos hacen; y por esto cesa la pereza.

 

2º) La pereza es vicio especial, no en cuanto se retrae del bien espiritual en general, pues todo vicio se aparta del bien espiritual de la virtud opuesta; ni tampoco en cuanto rehúye el bien espiritual por ser trabajoso o molesto al cuerpo e impeditivo de su deleite, sino en cuanto se entristece del bien divino. Porque todos los bienes espirituales, que existen en los actos de cada una de las virtudes, se ordenan a un solo bien espiritual, que es el bien divino, objeto de una virtud especial, que es la caridad. Por lo cual a toda 'virtud corresponde alegrarse del propio bien espiritual que consiste en el propio acto; pero a la caridad pertenece .especialmente aquel gozo espiritual por el que uno se regocija del bien divino. Del mismo modo la tristeza del bien espiritual, que existe en los actos de cada una de las virtudes, no pertenece a un vicio especial, sino a todos los vicios; al paso que entristecerse del bien divino, del que goza la caridad, pertenece al vicio especial llamado pereza.

martes, 17 de noviembre de 2020

Meditaciones del tiempo ordinario con textos de Santo Tomás de Aquino 229

 

Martes de la 33ª semana

CUATRO MODOS CON QUE LOS DEMONIOS

IMPIDEN LA CONTEMPLACIÓN


Con escudo te cercará su verdad; no tendrás temor de espanto nocturno, de saeta voladora entre día, de ninguna cosa que ande en tinieblas; de asalto ni de demonio de mediodía (Sal 90, 5-6).

 

Aquí se indican cuatro modos con que los demonios perjudican a las almas dadas a la contemplación, y de las cuales libra la luz infusa de la verdad.

 

1º) El temor nocturno es el error o el horror que suele dejar el diablo tras sí. San Gregorio dice que con la aparición del diablo el alma experimenta primero una cierta alegría, que termina en horror. Pero con la revelación de Dios ocurre lo contrario. Por eso, primero se turbó la Bienaventurada Virgen con el saludo del Ángel, y después fue consolada.

 

2º) La saeta voladora es la vanagloria, porque entra suavemente, pero hiere gravemente. Esta saeta infecta y engaña muchas veces a los contemplativos.

lunes, 16 de noviembre de 2020

Meditaciones del tiempo ordinario con textos de Santo Tomás de Aquino 228

 

Lunes de la 33ª semana

TINIEBLAS Y SOMBRA DE MUERTE

Los sacó de las tinieblas y sombras de muerte (Sal 106, 14).

 

1º) Existen tres clases de tinieblas, a saber: a) Tinieblas de ignorancia. No supieron, ni entendieron, en tinieblas, andan (Sal 81, 5). Éstas son tinieblas de la razón, considerada en sí misma, en cuanto que se ofusca por sí misma. b) Tinieblas de culpa, y a éstas se refiere el Apóstol cuando dice: En otro tiempo erais tinieblas; mas ahora sois luz en el Señor (Ef 5, 8). Estas son también de la razón humana, no producidas por sí misma, sino por el apetito, en cuanto que, mal dispuesto por las pasiones o por el hábito, ansía algo como bueno aunque en verdad no es un bien. c) Por último; están las tinieblas de condenación eterna. Al siervo echadle en las tinieblas exteriores (Mt 25, 30). Las dos primeras especies de tinieblas se dan en la vida presente; pero la tercera, al término de la vida.

 

Pero Cristo los sacó de las tinieblas, porque es la luz del mundo, no un sol creado, sino autor de la creación del sol; y sin embargo, como dice San Agustín, la luz que creó al sol fue hecha bajo el sol, y está cubierta por la nube de la carne, no para obscurecerla, sino para templarla. Y porque esta luz es universal, por eso expulsa universalmente todas las tinieblas. El que me sigue, no anda en tinieblas (Jn, 8, 12), es decir, en las tinieblas de la ignorancia, porque yo soy la verdad; ni de la culpa, porque yo soy el camino; ni de la condenación eterna, porque yo soy la vida (In Joan., c. VIII).

domingo, 15 de noviembre de 2020

Meditaciones del tiempo ordinario con textos de Santo Tomás de Aquino 228

 

Domingo de la 33ª semana

LA VIDA ETERNA CONSISTE EN NUESTRA UNIÓN CON DIOS

 

Los que murieron en Cristo resucitarán en primer lugar. Después nosotros, los que vivamos, los que quedemos, seremos arrebatados en nubes, junto con ellos, al encuentro del Señor en los aires. Y así estaremos siempre con el Señor (1 Tesal IV, 16-17)

 

Adecuadamente termina el Símbolo, resumen de nuestra fe, con aquellas palabras: «La vida perdurable. Amén». Porque esta vida perdurable es el término de todos nuestros deseos.

 

La vida perdurable consiste, primariamente, en nuestra unión con Dios, ya que el mismo Dios en persona es el premio y el término de todas nuestras fatigas: Yo soy tu escudo y tu paga abundante.

 

Esta unión consiste en la visión perfecta: Ahora vemos confusamente en un espejo; entonces veremos cara a cara. También consiste en la suprema alabanza, como dice el profeta: Allí habrá gozo y alegría, con acción de gracias al son de instrumentos.

sábado, 14 de noviembre de 2020

Meditaciones del tiempo ordinario con textos de Santo Tomás de Aquino 227

Sábado de la 32ª semana

MODO DE ORAR


I. ¿Debe ser vocal la oración? El Profeta David dice así: Con mi voz clamé al Señor; con mi voz al Señor rogué (Sal 141, 2).

 

La oración singular, qué se ofrece por una persona particular, no es necesario que sea vocal; pero únese la palabra a tal oración por tres razones:

 

1º) Para excitar la devoción interior, por la cual el espíritu del que ora se eleva a Dios, pues el espíritu del hombre se mueve según la aprensión, y por consiguiente según el afecto, por medio de los signos externos, ya de las voces, ya también de algunos hechos. Por esto dice San Agustín que: "nosotros nos excitamos más vivamente a acrecentar el deseo santo con las palabras y otros signos"*. De modo que, en la oración singular, debe usarse de palabras y otros signos, tanto como conviene, para excitar el espíritu interiormente. Pero si con ello el espíritu se distrae o es impedido de algún modo debe desistirse de ello, lo cual acontece principalmente en aquéllos cuyo espíritu está suficientemente dispuesto a la devoción sin tales signos. Así dice el Salmista: Contigo habló mi corazón, mi rostro te ha buscado (Sal 26, 8); y de Ana se lee, que hablaba en su corazón (1 Reyes 1, 13).

 

2º) Se añade la oración vocal como para pagar una deuda, esto es, para que el hombre sirva a Dios con todo lo que de él recibe, es decir, no sólo con el alma, sino también con el cuerpo.

 

3º) También se une la oración vocal por cierta redundancia del alma sobre el cuerpo, a causa del afecto vehemente, según aquello del Salmo (15, 9): Se alegró mi corazón, y se regocijó mi lengua.

viernes, 13 de noviembre de 2020

Meditaciones del tiempo ordinario con textos de Santo Tomás de Aquino 226

 

Viernes de la 32ª semana

HAY QUE VELAR SIEMPRE

Mas sabed que, si el Padre de familias supiese a qué hora había de venir el ladrón, velaría sin duda, y no dejaría minar su casa (Mt 24, 43).

 

Pero, como no sabe a qué hora, es necesario que vele durante toda la noche.

 

La casa es el alma. En ésta debe descansar el hombre, como dice la Escritura: Entrando en mi casa, es decir, en mi conciencia, con ella tendré descanso (Sab 8, 16). El padre de familias es la razón. El rey que se sienta sobre el trono de justicia, con una mirada suya disipa todo mal (Prov 20, 8).

 

Alguna vez el ladrón mina la casa. El ladrón es alguna persuasión de doctrina falsa, o alguna tentación. Y se llama ladrón, como se lee en el Evangelio: El que no entra por la puerta en el aprisco de las ovejas... aquél es ladrón y salteador (Jn 10, 1). La puerta es, propiamente hablando, el conocimiento natural o la ley natural. Luego el que entra por la razón, entra por la puerta; mas el que entra por la concupiscencia, por la ira o cosa semejante, es ladrón.

 

Los ladrones acostumbran llegar de noche. Si vienen de día no se les teme. Así, cuando el hombre se encuentra en la contemplación de las cosas divinas, entonces la tentación no viene; mas cuando se conduce remisamente, entonces viene. Por eso dice bien el Profeta: Cuando faltare mi fuerza, no me desampares (Sal 70, 9).

jueves, 12 de noviembre de 2020

Meditaciones del tiempo ordinario con textos de Santo Tomás de Aquino 225

 

Jueves de la 32ª semana

CÓMO HA DE SERVIRSE A DIOS

 

I. Debe servirse a Dios con actos exteriores e interiores. Puesto que estamos compuestos de dos naturalezas, intelectual y sensible, debemos ofrecer a Dios doble adoración, la espiritual, que consiste en la devoción interna del espíritu, y la corporal, que consiste en la humillación exterior del cuerpo. Y como en todos los actos del culto de latría lo que es exterior se refiere a lo interior cómo a lo más principal; por eso la adoración exterior se hace a causa de la interior, es decir, para que por los signos de humildad, que exhibimos corporalmente, se excite nuestro afecto a someterse a Dios, pues nos es connatural proceder de las cosas sensibles a las inteligibles. Así como la oración existe primordialmente en la mente y secundariamente es expresada por las palabras, así también la adoración consiste principalmente en la reverencia interior de Dios, y secundariamente en ciertas señales externas de humildad, como al doblar las rodillas confesamos nuestra pequeñez en comparación con Dios; y al prosternarnos confesamos que nada somos por nosotros mismos.

(2ª 2ae , q. LXXXIV, a. II)

 

II. Debemos tener discreción en los actos exteriores. De manera distinta se conduce el hombre justo con respecto a los actos interiores, con los cuales se obsequia a Dios, y con relación a los exteriores. Porque el bien del hombre y su justicia consisten principalmente en los actos interiores, con los cuales el hombre cree, espera y ama. Por lo cual dice la Escritura: El reino de Dios está dentro de vosotros (Lc 17, 21).

miércoles, 11 de noviembre de 2020

Meditaciones del tiempo ordinario con textos de Santo Tomás de Aquino 224

 

Miércoles de la 32ª semana

DESDE ALLÍ HA DE VENIR A JUZGAR

A LOS VIVOS Y A LOS MUERTOS

 

Misión del rey y del Señor es juzgar: El rey, que está sentado en el trono de la justicia, con una mirada suya disipa todo mal (Prov 20,8).

 

Puesto que Cristo subió a los cielos y está sentado a la diestra de Dios como Señor de todas las cosas, es evidente que juzgar es misión suya. Por eso en la profesión de fe católica afirmamos que "ha de venir a juzgar a los vivos y a los muertos".

 

Los mismos ángeles lo aseguraron: Este Jesús, que de entre vosotros ha subido al cielo, volverá como lo habéis visto marcharse (Hechos 1,11).

 

El Juez es Cristo. Él es a quien Dios ha puesto por juez de vivos y muertos (Hechos 10,42), ya sea que tomemos por muertos a los pecadores y por vivos a los que viven con rectitud, o bien que interpretemos literalmente como vivos a los que para entonces vivirán, y como muertos a todos los que habrán fallecido. Es juez no sólo en cuanto Dios, sino también en cuanto hombre, y esto por tres motivos.

martes, 10 de noviembre de 2020

Meditaciones del tiempo ordinario con textos de Santo Tomás de Aquino 223

 

Martes de la 32ª semana

EL SERVICIO DE DIOS


No tendrás dioses ajenos delante de mí (Ex 20, 3).

 

Se nos prohíbe dar culto más que a un solo Dios, y somos obligados a ello por cinco razones:

 

1ª) Por la dignidad de Dios, pues no hacer caso de ella es injuriar a Dios. A toda dignidad se debe reverencia; por eso es traidor al rey el que le quita lo que está obligado a prestarle, y esto hacen algunos contra Dios, como dice el Apóstol: Y mudaron la gloria del Dios incorruptible en semejanza de figura de hombre corruptible (Rom 1, 23). Esto desagrada sobremanera a Dios.

 

2ª) Por su largueza. Pues de Dios poseemos todos los bienes; y corresponde a la dignidad de Dios ser el autor y dador de todos los bienes. Abriendo tú tu mano, todos se llenarán de bienes (Sal 103, 28). Eres, pues, demasiado ingrato, si no reconoces sus dones; es más, haces para ti otro Dios, del mismo modo que hicieron un ídolo los hijos de Israel sacados de Egipto. Iré en pos de mis amadores (Os 2, 5). Esto tiene lugar también cuando uno pone su esperanza en otro que no sea Dios, esto es, cuando pide a otro ayuda. Bienaventurado el varón cuya esperanza es el nombre del Señor (Sal 39, 5). Habiendo conocido a, Dios… ¿cómo os volvéis otra vez a los rudimentos flacos y pobres…? (Gal 4, 9).

 

3ª) Por la firmeza de nuestras promesas. Pues hemos renunciado al diablo y hemos prometido fidelidad a solo Dios; por lo tanto no debemos quebrantarla. Si alguno quebranta la ley de Moisés, siéndole probada con dos, o con tres testigos, muere sin misericordia alguna. ¿Pues de cuántos mayores tormentos creéis que es digno el que hollare al Hijo de Dios, y tuviere por vil, y profanare la sangre del testamento en que fue santificado, y que hiciere ultraje al espíritu de gracia? (Hebr 10, 28-29). Si viviendo el marido, fuere hallada con otro hombre, será llamada adúltera (Rom 7, 3); y la tal debe ser quemada. ¡Ay!, pues, del pecador que entrare en tierra por dos caminos, y de los que cojean de los dos pies.

lunes, 9 de noviembre de 2020

Meditaciones del tiempo ordinario con textos de Santo Tomás de Aquino 222

 

Lunes de la 32ª semana

ATRACCIÓN DE LOS ENEMIGOS

Amaras a tu prójimo como a ti mismo (Mt 22, 39).

 

Es cierto que pecas si no perdonas al que te pide perdón, y que es cosa de perfección si le atraes a ti, aun cuando no estés obligado.

 

Muchas razones aconsejan que lo atraigas a ti:

 

La primera es la conservación de la propia dignidad. Cada dignidad tiene su señal especial, y nadie debe abdicar los signos de su dignidad. Entre todas las dignidades, la mayor es ser hijo de Dios; y la señal de esa dignidad es el amor al enemigo. Amad a vuestros enemigos... para que seáis hijos de vuestro Padre, que está en los cielos. (Mt 5, 44-45). Amar a un amigo no es la señal de la filiación divina, pues hacen también lo mismo los publicanos... y los gentiles (Ibid., 46-47).

 

La segunda es el logro de la victoria. Ésta es un deseo natural de todos. Es, pues, necesario que con tu bondad atraigas al amor al que te ofendió, y entonces vences; o que el otro te arrastre al odio, y entonces pierdes. No te dejes vencer de lo malo; mas vence el mal con el bien (Rom 12, 21).

 

La tercera es la adquisición de muchas ventajas; porque con ello adquieres amigos. Si tu enemigo tuviere hambre, dale de comer; si tiene sed, dale de beber; porque si esto hicieres, carbones encendidos amontonarás sobre su cabeza… (Rom 12, 20). Y San Agustín dice: "No hay provocación mayor para el amor que prevenir amando." Pues nadie es tan duro, qué aunque no quiera dar amor, no quiera, sin embargo, pagarlo.

domingo, 8 de noviembre de 2020

Meditaciones del tiempo ordinario con textos de Santo Tomás de Aquino 221

 

Domingo de la 32ª semana

LA COMUNIÓN DE LOS SANTOS,

EL PERDÓN DE LOS PECADOS

 

De la misma manera que en un cuerpo natural la actividad de cada miembro repercute en beneficio de todo el conjunto, así también ocurre en el cuerpo espiritual que es la Iglesia: como todos los fieles forman un solo cuerpo, el bien producido por uno se comunica a los demás. Cada uno somos miembros los unos de los otros (Rom 12,5. Por este motivo, entre las verdades de fe que transmitieron los Apóstoles, se encuentra la de que en la Iglesia existe una comunicación de bienes; es lo que el Símbolo quiere expresar con "la comunión de los santos".

 

Entre todos los miembros de la Iglesia el principal es Cristo, que es la cabeza: Lo puso por cabeza sobre toda la Iglesia, la cual es su cuerpo (Ef 1,22-23). Por consiguiente, el bien producido por Cristo se comunica a todos los cristianos, corno la energía de la cabeza a todos los miembros. Esta comunicación se lleva a cabo por medio de los sacramentos de la Iglesia, en los que opera la potencia de la Pasión de Cristo, que actúa dando gracia para el perdón de los pecados.

 

El cuarto sacramento es la penitencia. En la vida del cuerpo sucede a veces que uno enferma, y si no se le administra la medicina convenientemente, muere. En la vida del espíritu se enferma por el pecado, y es necesaria también una medicina para recobrar la salud. Este remedio es la gracia que se recibe en el sacramento de la penitencia. El perdona todas tus maldades, sana todas tus enfermedades (Sal 102,3).

 

En la penitencia deben concurrir tres elementos: contrición, que es un pesar de haber pecado unido al propósito de no volver a hacerlo; confesión de los pecados íntegra, y satisfacción, que se lleva a cabo con obras buenas.

sábado, 7 de noviembre de 2020

Meditaciones del tiempo ordinario con textos de Santo Tomás de Aquino 220

 

Sábado de la 31ª semana

EL GOZO ETERNO

Porque fuiste fiel sobre lo poco, te pondré sobre lo mucho; entra en el gozo de tu Señor (Mt 25, 23).

 

I. Estas pocas cosas son todo lo que se encuentra en esta vida, que es como nada en comparación de los bienes celestiales. Lo cual quiere decir: porque fuiste fiel en relación con los bienes de la vida presente, te pondré sobre lo mucho, esto te daré los bienes espirituales que están sobre todos esos bienes. El que es fiel en lo menor, también lo es en lo mayor (Lc 16, 10).

 

II. A continuación habla de la grandeza del premio: Entra en el gozo de tu Señor. Porque el gozo es el premio: Os he de ver, y se gozará vuestro corazón (Jn 16, 22).

 

Podría decir alguno: ¿Por ventura es la visión el premio o lo es algún otro bien? Respondo que si otra cosa se dice premio, el gozo, sin embargo, es el premio final. Como decimos que el fin de los cuerpos pesados es el centro de la tierra, y que descansar en el centro es lo principal, así el gozo no es otra cosa que el reposo del alma en el bien alcanzado; por eso, por razón del fin, al gozo se llama premio.

 

¿Y por qué dice "Entra en el gozo de tu Señor", y nos "recibe"? Debe responderse que hay dos alegrías, la de los bienes exteriores y la de los bienes interiores. El que goza de los bienes exteriores, no entra en el gozo, sino que cl gozo entra en él; mas el que goza de los espirituales, entra en el gozo: me introdujo el rey en su cámara (Cant 1, 3).

viernes, 6 de noviembre de 2020

Meditaciones del tiempo ordinario con textos de Santo Tomás de Aquino 219

 

Viernes de la 31ª semana

EL TEMOR DEL JUICIO FINAL

 

Contra este temor debemos emplear cuatro remedios.

 

El primero consiste en obrar bien. ¿Quieres no temer a la autoridad? Obra el bien, y obtendrás de ella elogios (Rom 13,3).

 

El segundo es la confesión y penitencia en cuanto a los pecados cometidos, con tres características, dolor al considerarlos, humildad al confesarlos, intransigencia al satisfacer por ellos: de esta manera se expía la pena eterna.

 

El tercero es la limosna, que todo lo purifica. Ganaos amigos con el dinero injusto, para que, cuando fallezcáis, os reciban en las moradas eternas (Lc 16,9).

jueves, 5 de noviembre de 2020

Meditaciones del tiempo ordinario con textos de Santo Tomás de Aquino 218

 

Jueves de la 31ª semana

EXCELENCIA DE LA CARIDAD

 

         Ahora permanecen estas tres cosas, la fe, la esperanza, y la caridad; mas de éstas, la mayor es la caridad (1 Cor 13, 13).

        

         I. La caridad es la mayor de las virtudes teologales.

        

         La grandeza de una virtud en cuanto a su especie se estima por su objeto; mas como las tres virtudes teologales tienen a Dios por objeto propio, no puede ninguna de ellas decirse mayor que otra porque se refiera a mayor objeto, sino porque una de ellas se aproxime más que otra a su objeto.

 

         Según esto, la caridad es mayor que las otras; porque las otras envuelven en su propia noción cierta distancia del objeto; pues la fe es de cosas que no se, ven; y la esperanza, de lo que aún no se tiene; en tanto que el amor de la caridad es de lo que ya se posee, de modo que el amado está en cierto, modo en el amante, y que además el que ama es, por su afecto, atraído a la unión con el amado, por lo cual dice San Juan: Quien permanece en caridad, en Dios permanece, y Dios en él (1 Jn 4, 16).

(1ª 2ae , q. LXVI, a. VI)

 

         II. La caridad es la forma y raíz de todas las virtudes: Arraigados y cimentados en la caridad (Ef 3, 17).

miércoles, 4 de noviembre de 2020

Meditaciones del tiempo ordinario con textos de Santo Tomás de Aquino 217

 

Miércoles de la 31ª semana

RENUNCIA DE LAS COSAS TEMPORALES

 

Renunciando a la impiedad, y a los deseos mundanos, vivamos en este siglo sobria y justa y piadosamente (Tit 2, 12).

 

I. El hombre está constituido entre las cosas de este mundo y los bienes espirituales, en los cuales consiste la bienaventuranza eterna, de tal modo que cuanto más se adhiere a las unas, más se desvía de los otros y viceversa; de ahí que quien totalmente se apega a las cosas de este mundo y hace de ellas su fin, tomándolas como razón y regla de sus acciones, se aparta totalmente de los bienes espirituales; y por lo mismo este desorden se quita por los preceptos.

 

Pero no es necesario que el hombre renuncie totalmente a los bienes de este mundo, para llegar al fin mencionado, porqué puede el hombre, usando de las cosas de este mundo, sin hacer de ellas su fin, llegar a la eterna bienaventuranza; a la cual, sin embargo, llegará mejor y más libremente renunciando totalmente a los bienes de este mundo, y por eso en el Evangelio se dan consejos acerca de ello.

 

Los bienes de este mundo, pertenecientes al uso de la vida humana, son de tres clases, a saber: riquezas de bienes exteriores, que corresponden a la concupiscencia de los ojos; deleites carnales incluidos en, la concupiscencia de la carne, y honores, condensados en la soberbia de la vida (1 Jn 2, 16). El abandonar del todo estas tres cosas, en cuanto es posible, pertenece a los consejos evangélicos. En estos tres se funda, asimismo, toda religión que profesa el estado de perfección; porque las riquezas se abdican por la pobreza; los deleites carnales, por la castidad perpetua; la soberbia de la vida, por la servidumbre de la obediencia.

martes, 3 de noviembre de 2020

Meditaciones del tiempo ordinario con textos de Santo Tomás de Aquino 216

 

Martes de la 31ª semana

LA GRAN CENA


Un hombre daba un gran banquete (Lc 14, 16).

 

Por esta cena se entiende la bienaventuranza celestial.

 

I. Se llama grande por la multitud de los que toman parte en él.

 

1º) Por razón de los que la ofrecen, que son el Padre, y el Hijo y el Espíritu Santo; inmenso el Padre, inmenso el Hijo, inmenso el Espíritu Santo, y por eso, ofrecen una cena inmensa. El Señor de los ejércitos hará a todos los pueblos en este monte convite de manjares mantecosos, convite de vendimia, de manjares mantecosos con tuétano, de vino sin heces (Is 25, 6).

 

2º) Por razón de los que le sirven, que son millares de millares.

 

3º) Por razón de los comensales, que serán centenares de mil.

 

II. Se llama grande, por la abundancia de los alimentos que allí se darán. Pues habrá allí millares de millares de manjares. Los manjares en la vida eterna son los goces, y como hay allí millares de millares de goces, serán por lo tanto millares de millares los alimentos. Podemos, sin embargo, señalar tres grandes manjares: el gozo por la ausencia de todos los males, el gozo por la presencia de todos los bienes, y la alegría continua de las divinas alabanzas. De los tres dice San Agustín: "¡Oh, cuánta será aquella felicidad, donde no habrá ningún mal, ni estará oculto ningún bien, donde se dedicarán a las alabanzas internas, y Dios lo será todo en todos!"

lunes, 2 de noviembre de 2020

Meditaciones del tiempo ordinario con textos de Santo Tomás de Aquino 215

 

Lunes de la 31ª semana

LAS BUENAS ACCIONES

Si sobre este fundamento uno edifica oro, plata, piedras preciosas, madera, heno, paja, su obra quedará de manifiesto (1 Cor 3, 12, 13).

 

1. Las acciones con las cuales el hombre estriba en las cosas espirituales y divinas, se comparan al oro, a la plata y a la piedra preciosa, que son sólidos, brillantes y preciosos; así, por el oro se simboliza aquello por lo cual el hombre tiende al mismo Dios por la contemplación y el amor: Yo le aconsejo que compres de mí oro afinado en fuego (Apoc 18), esto es, la sabiduría con la caridad. Por la plata se significan los actos por los que el hombre se adhiere, creyendo, amando y contemplando las cosas espirituales. Por lo cual, según la Glosa, la plata simboliza el amor del prójimo. Las piedras preciosas designan las acciones de las diversas virtudes con que es adornada cl alma humana.

 

Pero las acciones humanas con que el hombre procura conseguir las cosas corporales se comparan a la paja, porque son viles, pues brillan y se queman fácilmente. Difieren, sin embargo, entre sí en que unas son más firmes, y otras se consumen más fácilmente. Los mismos hombres, entre las criaturas carnales, son más dignos y se conservan por sucesión; por eso se comparan a la madera. La carne del hombre, sin embargo, se corrompe más fácilmente por la enfermedad y la muerte; de ahí que se compare al heno. Las cosas que corresponden a la gloria, pasan muy fácilmente, por lo cual se comparan a la paja.

domingo, 1 de noviembre de 2020

Meditaciones del tiempo ordinario con textos de Santo Tomás de Aquino 214

 

Domingo de la 31ª semana

EN LA CRUZ HALLAMOS EL EJEMPLO DE TODAS LAS VIRTUDES

¿Era necesario que el Hijo de Dios padeciera por nosotros? Lo era, ciertamente, y por dos razones fáciles de deducir: la una, para remediar nuestros pecados; la otra, para darnos ejemplo de cómo hemos de obrar.

 

Para remediar nuestros pecados, en efecto, porque en la pasión de Cristo encontramos el remedio contra todos los males que nos sobrevienen a causa del pecado.

 

La segunda razón tiene también su importancia, ya que la pasión de Cristo basta para servir de guía y modelo a toda nuestra vida. Pues todo aquel que quiera llevar una vida perfecta no necesita hacer otra cosa que despreciar lo que Cristo despreció en la cruz y apetecer lo que Cristo apeteció. En la cruz hallamos el ejemplo de todas las virtudes.

 

Si buscas un ejemplo de amor: Nadie tiene más amor que el que da la vida por sus amigos. Esto es lo hizo Cristo en la cruz. Y, por esto, si él entregó su vida por nosotros, no debemos considerar gravoso cualquier mal que tengamos que sufrir por él.

sábado, 31 de octubre de 2020

Meditaciones del tiempo ordinario con textos de Santo Tomás de Aquino 213

 

Sábado de la 30ª semana

HAY QUE PRACTICAR LA HUMILDAD, A EJEMPLO DE CRISTO

Tened los mismos sentimientos que tuvo Jesucristo (Filip 2, 5).

 

I. Tened los mismos sentimientos, esto es, poseed por experiencia los que tuvo Cristo Jesús. Hay cinco modos de sentir, es decir, por los cinco sentidos. 1º) Hay que contemplar su resplandor, para que iluminados con su luz nos conformemos a él. 2º) Es preciso escuchar su sabiduría, para que seamos felices: Dichosas tus gentes, y dichosos tus siervos, que están siempre delante de ti, y oyen tu sabiduría (3Reyes 10, 8). 3º) Es menester aspirar las gracias de su mansedumbre, para correr hacia él: Tráeme; en pos de ti correremos al olor de tus ungüentos (Cant 1, 3). 4º) Hay que gustar la dulzura d su piedad, para que seamos siempre amados en Dios. Gustad y ved qué bueno es el Señor (Sal 33, 9). 59) Es menester tocar la virtud de su poder para salvarnos. Con solo tocar sus vestidos quedaré sana (Mt 9, 21). Y así experimentad como tocando por la imitación de sus obras.

 

II. Ejemplo de la humildad de Cristo en su Encarnación. Que siendo en forma de Dios, no tuvo por usurpación el ser él igual a Dios; sino que se anonadó a sí mismo tomando forma de siervo (Filip 2, 6-7). Se anonadó a sí mismo. Mas, porque estaba lleno de la divinidad, ¿se desprendió por ventura de la divinidad? No, porque permaneció siendo lo que era, y tomó lo que no era. Porque así cómo descendió del cielo, no para dejar de estar en el cielo, sino para comenzar a estar de un modo nuevo en la tierra, así también se anonadó a sí mismo, no deponiendo la naturaleza divina, sino tomando la naturaleza humana.

viernes, 30 de octubre de 2020

Meditaciones del tiempo ordinario con textos de Santo Tomás de Aquino 212

 

Viernes de la 30ª semana

EL QUE PECA POR MALICIA

PECA MÁS GRAVEMENTE

QUE EL QUE PECA POR PASIÓN

El pecado cometido premeditada y conscientemente, por esto mismo merece pena más grave, según aquello de Job (34, 26): Como a criminales los azota, en lugar público los encadena, a los que de propósito se apartaron de él. Es así como el castigo no se acrecienta sino por la gravedad de la culpa; luego el pecado se agrava por ser de propósito o con malicia cierta.

 

El pecado que procede de malicia cierta es más grave que el que se comete por pasión, por tres razones:

 

1º) Porque, consistiendo principalmente el pecado en la voluntad, cuanto más propio de la voluntad sea el movimiento del pecado tanto más grave será el pecado en igualdad de circunstancias; pero cuando se peca por malicia cierta, el movimiento del pecado es más propio de la voluntad que por sí misma se mueve al mal, que cuando se peca por pasión, es decir, como por cierto impulso extrínseco a pecar; y así el pecado, por lo mismo que procede de malicia, se agrava tanto más cuanto más vehemente fuere la malicia, y, siendo por pasión, tanto más se disminuye cuanto más violenta fuere la pasión.

 

2º) Porque la pasión, que inclina a la voluntad al pecado, pasa pronto; y así el hombre retorna pronto al buen propósito, arrepintiéndose del pecado; pero el hábito con que el hombre peca por malicia es una cualidad permanente; y por tanto, quien peca por malicia, peca con más persistencia. Por lo cual el Filósofo* compara al intemperante, que peca por malicia, con el enfermo que sufre continuamente; y al incontinente, que peca por pasión, con el que padece a intervalos.

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