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domingo, 10 de diciembre de 2017

La Virgen María - Mons. Tihamer Tóth - Cap. 10 (final) - Los dogmas marianos

LA VIRGEN MARÍA
Mons. Tihámer Toth
Obispo de Veszprém (Hungría)

CAPÍTULO DÉCIMO

LOS DOGMAS MARIANOS

BREVE RESEÑA
POR
NICOLAS MARIN NEGUERUELA

LA MATERNIDAD DIVINA DE MARÍA - VIRGINIDAD PERPETUA DE MARÍA - LA INMACULADA CONCEPCIÓN DE MARÍA - LA ASUNCIÓN GLORIOSA DE MARÍA EN CUERPO Y ALMA, AL CIELO - CONSECUENCIAS QUE SE DERIVAN DE ESTOS DOGMAS


La Maternidad divina de María, su perpetua virginidad, su Concepción Inmaculada y su Asunción gloriosa al cielo son los cuatro dogmas de la fe católica que miran a la celestial Madre. Explayemos ligeramente una reseña histórica de los dos primeros. Nos detendremos más despacio en el tercero y cuarto.

I. LA MATERNIDAD DIVINA DE MARÍA.

sábado, 9 de diciembre de 2017

La Virgen María - Mons. Tihamer Tóth - Cap. 9 - Devoción de España a María

LA VIRGEN MARÍA
Mons. Tihámer Toth
Obispo de Veszprém (Hungría)

CAPÍTULO NOVENO

DEVOCIÓN DE ESPAÑA A MARÍA


Para encomiar la veneración y amor que España profesa a María, basta recordar algunos párrafos de JUAN VÁZQUEZ DE MELLA:
«La Cristología y la Mariología forman una unidad que la historia de la Teología demuestra que no se puede separar y que tiene que ser afirmada o negada totalmente.
El tipo de la Virgen es de una grandeza tal, que excede a todas las ideas más altas de los hombres.
Hija, esposa, madre, virgen, todo a un tiempo y en una sola unidad, es el ideal realizado de una belleza sobrenatural que toscamente los artistas de la primera época de la Edad Media querían representar en la imagen de Santa Ana teniendo en su regazo a la Virgen, que tenía en el suyo al Niño Dios.
Turbada y humilde en la salutación angélica; transportada de
gozo en el Magnificat; atravesada con todas las espadas del dolor en el Stabat Mater Dolorosa, bajo todas las formas y advocaciones ha rendido la admiración de los hombres, pues hasta el mahometismo, la religión de la impureza, ha proclamado en el Corán su virginidad y su Concepción Inmaculada, y ningún verdadero poeta ha pasado delante de su altar sin saludarla con una vibración de su lira y de su alma.
Hay una palabra que es la primera que se pronuncia: Madre. Sólo los que la han conocido y la han perdido después de vivir y crecer bajo el impulso de su amor, pueden comprender todo lo que ese nombre encierra.
El despertar de la niñez y las primeras oraciones puestas con los primeros besos en los labios; las horas doradas de la adolescencia que no volverán; las inquietudes, las ilusiones, las esperanzas y también los desengaños que las marchitan; las congojas y las alegrías, todo se enlaza a la que nos comunicó la savia del cuerpo y del alma; y por eso, cuando la perdemos, nos acompaña como una sombra invisible, dejándonos un recuerdo fúnebre que los años no borran en la memoria y una espina siempre
clavada en el corazón.
¡La orfandad! ¿Qué religión y filosofía han pensado en aliviarla y en suprimirla sustituyendo la madre muerta con una que no muere nunca?

viernes, 8 de diciembre de 2017

La Virgen María - Mons. Tihamer Tóth - Cap. 8 - La Madre Dolorosa

LA VIRGEN MARÍA
Mons. Tihámer Toth
Obispo de Veszprém (Hungría)

CAPÍTULO OCTAVO

LA MADRE DOLOROSA

MARIA POR EL CAMINO DEL DOLOR - LA MADRE DOLOROSA Y NUESTRO DOLOR

Los sabios y artistas de todo el mundo saludan con gran acontecimiento el día en que el rey de Suecia entrega el I Premio Nóbel a los que lo consiguieron.
En 1928, el premio de Literatura fue concedido a una escritora, Sigrid Undset. El día 7 de diciembre pasaba ella por Oslo, camino de Estocolmo, para recibir el premio. En Oslo se organizó una gran fiesta en su honor, y al siguiente día, en la fiesta de la Inmaculada, ella fue a la iglesia de los dominicos y depositó en silencio a los pies de la Madre Dolorosa la corona de laurel recibida, la noche anterior, de sus admiradores.
No sabemos cuántas veces debió estar arrodillada esta escritora de fama mundial ante la estatua de la Madre Dolorosa. No sabemos qué cosas pudo decirle el rostro de la Madre Dolorosa sobre ambiciones, planes de vida, esfuerzos, amor, paz. No sabemos sino que fueron millones los hombres que miraron así los ojos de la Madre afligida, y encontraron consuelo, tranquilidad y nuevo ánimo de vida... a los pies de la Dolorosa.
¡La Madre Dolorosa! A. ella deseo consagrar el presente capítulo.
¡La Madre Dolorosa! Por el camino de la vida —camino de zarzales, pedregoso, rudo y triste— quisiera conducir yo a mis lectores para hacerles comprender después la influencia maravillosa que ejerce su culto en el alma humana. I. Primero iremos por el camino espinoso que hubo de andar María, porque solamente así II. Descubriremos con claridad aquellas fuentes de vida que brotan de la Madre Dolorosa para endulzar nuestras penas.

jueves, 7 de diciembre de 2017

La Virgen María - Mons. Tihamer Tóth - Cap. 7 - Las imágenes de la Virgen María

LA VIRGEN MARÍA
Mons. Tihámer Toth
Obispo de Veszprém (Hungría)

CAPÍTULO SÉPTIMO

LAS IMÁGENES DE LA VIRGEN MARÍA

MARÍA, LA MADRE DE DIOS - MARÍA, VIRGEN INMACULADA - MARÍA, REINA DEL CIELO

Tiziano La Asunción de María a los cielos

No sé si habéis tenido en las manos un libro o un álbum en que sólo hay pinturas de María, reproducciones de obras de los mejores artistas del mundo. No es posible describirlo; es preciso experimentarlo; el encanto y la exquisitez..., el gran consuelo que experimenta nuestra alma al contemplar una de esas colecciones.
Centenares y centenares de cuadros. Pero todos tienen el mismo tema: la única, la inmaculada, la bendita Virgen María.
Tengo delante de mí el cuadro de Tiziano: «María, en su Asunción a los cielos». El cuadro de Bellini: «La Virgen Madre mira, soñando, un paisaje lejano». El cuadro de Memling: «María, sonriente, ofrece una manzana al Niño Jesús». El cuadro de Granach: «La Virgen Santísima mira desde un vergel». El cuadro de Rubens: «El Niño Divino se abraza con un encanto singular contra su madre.» El cuadro de Leonardo de Vinci: «La Virgen Madre con sus rasgos delicados». El cuadro de Guido Reni: «El éxtasis de los ojos que miran al cielo». El cuadro de Sandro Boticelli: «La Virgen, cubierta con un velo, escucha las palabras del ángel». Y ¡el cuadro de Dolci y el de Durero y el de Giotto y el de Fray Angélico y el del Greco y el de Filippo Lippi y el de Correggio y el de Mantegna! ¡Y los treinta cuadros de Murillo, cuadros de la
«Inmaculada»! ¡Y los cincuenta y dos de Rafael, cuadros de la «Madonna»!
Tendría que ir enumerando todos los nombres que se destacan en la historia del arte, porque apenas hubo pintor que no cifrase su ambición en rendir homenaje con sus pinceles a la Madre de Dios. ¡Cuántos artistas pintaron ya su cuadro! ¡En distintas épocas! ¡Con distinto criterio! ¡En diferentes vestidos! ¡Con técnica distinta! Pero siempre el mismo tema: el ideal que se levanta con aire de triunfo sobre la tierra y la materia.
Bueno es tratar de estas imágenes.
Claro está que no hemos de recordarlas todas, porque jamás acabaríamos. Pero hemos de destacar algunas; aquellas por lo menos, que irradian una fuerza, un aliento, una enseñanza peculiar para nuestras luchas terrenas. Quiero detenerme delante de tres imágenes y meditar sus enseñanzas: I. María, la Madre de Dios; II. María, la Virgen Inmaculada, y III. María, la Reina del empíreo.

I
MARÍA, LA MADRE DE DIOS

miércoles, 6 de diciembre de 2017

La Virgen María - Mons. Tihamer Tóth - Cap. 6 Me llamarán Bienaventurada todas las generaciones

LA VIRGEN MARÍA
Mons. Tihámer Toth
Obispo de Veszprém (Hungría)

CAPÍTULO SEXTO

“ME LLAMARÁN BIENAVENTURADA 
TODAS LAS GENERACIONES”
(Lucas 1, 48)

EL CULTO DE MARÍA EN EL PRIMITIVO CRISTIANISMO - EL CULTO DE MARÍA EN LOS TIEMPOS MEDIEVALES - EL CULTO DE MARÍA EN LA ÉPOCA MODERNA -



La historia del culto mariano tiene un rasgo peculiar en extremo interesante, que merece ser estudiado en un capítulo aparte. Y es que la Virgen María, visitando a su prima Isabel, predijo el culto extensísimo, general, que había de recibir en el decurso de los siglos, y sus palabras proféticas y su cumplimiento incesante y perfecto nos obligan a una profunda meditación.
Imaginémonos que una muchacha lugareña, de unos dieciséis años, viniese a la capital y en una de las calles más céntricas empezase a decir con toda seriedad: «Ya veréis que mientras el mundo exista los hombres, desde el Polo Norte al Polo Sur, hablarán siempre de mí, una pobre aldeana, con admiración!...» ¡Qué sonrisas de lástima provocaría en nosotros! ¿No es verdad?
Pues esto, poco más o menos, es lo que aconteció con la Virgen María. El mismo país de los judíos carecía de importancia en el mundo a la sazón conocido; y Nazaret, donde tenía su hogar aquella doncella, era un pueblecito insignificante, y de no muy buena fama (Jn 1, 46), de la tierra de los judíos. Después de la salutación del ángel, aquella doncella desconocida, María, parte de su pueblo para visitar a su prima Isabel; y brota de sus labios el gozo, y se le escapa un grito... que, por su increíble ingenuidad, sólo podría ser motivo de risas si el testimonio de dos milenios no lo confirmase.
Isabel saluda con regocijo a la Virgen María, y María responde al saludo de Isabel con este bellísimo himno: «Mi alma glorifica al Señor, y mi espíritu se alegra de júbilo en Dios mi salvador: porque ha puesto los ojos en la bajeza de su esclava; desde ahora me llamarán bienaventurada todas las generaciones. Porque ha hecho en mí cosas grandes Aquel que es poderoso, cuyo nombre es santo» (Lc 1, 46-49).
¡Con qué incredulidad hubiésemos recibido estas palabras si casualmente hubiésemos presenciado la escena!
¿Te llamarán bienaventurada todas las generaciones? ¿Los millones y millones de hombres que vivirán en la tierra? Pero, ¿quién eres tú? ¿Tal vez la esposa de un emperador poderoso? ¿Quizá la hija del casi omnipotente César Augusto? Pero ¡no! Tú eres hija desconocida de un pueblo insignificante. ¡Tú sueñas! ¡Son alucinaciones!
Pero la historia refuta nuestras palabras de desprecio... De ello quiero tratar en este capítulo. Pasemos revista a la historia para ver cómo se realizó, palabra por palabra, lo que María dijo: «Me llamarán bienaventurada todas las generaciones.»
Veamos la historia del culto mariano: I, en la edad antigua; II, en los tiempos medievales; y III, en la época moderna.

I
EL CULTO DE MARÍA EN EL PRIMITIVO CRISTIANISMO

martes, 5 de diciembre de 2017

La Virgen María - Mons. Tihamer Tóth - Cap. 5 María y las madres

LA VIRGEN MARÍA
Mons. Tihámer Toth
Obispo de Veszprém (Hungría)

CAPÍTULO QUINTO

MARÍA Y LAS MADRES

¿QUÉ BIENES CAUSA ENTONOS NOSOTROS LA MATERNIDAD DIVINA DE MARÍA? - ¿QUÉ DA A LAS MADRES LA DIGNIDAD MATERNA DE MARÍA?


Un día del año 491 antes de Cristo corrió por Roma una noticia espantosa, que dejaba la sangre helada de espanto. La noticia era que Coriolano, el patricio más orgulloso de Roma, condenado a destierro por el pueblo, se había pasado al enemigo, al enemigo más encarnizado de los romanos, a los volscos, y capitaneándolos, lo devastaba y quemaba todo, y ya estaba llegando a las puertas de la ciudad, ebrio de venganza.
La noticia era cierta... Estaba Coriolano al frente del enemigo y a las puertas de Roma. La ciudad, presa del mayor pánico, envió una comisión compuesta de los más distinguidos patricios, para aplacar al antiguo compañero, herido en lo más vivo. En vano: ni siquiera les dejaron entrar en el campamento. Entonces se nombró otra comisión, presidida por el sacerdocio romano: también inútil.
Por fin se pidió con vivas instancias a la anciana madre de Coriolano que fuese a su hijo para aplacarlo. Y lo que no había conseguido la elocuencia de los patricios, ni la súplica de los sacerdotes, lo consiguió Veturia, cuyos ruegos conmovedores impresionaron al hijo hasta el punto de hacerle cambiar de propósito y conducir de nuevo al enemigo lejos de las murallas de
Roma... El odio ciego del hijo pagano se amansó por la débil voz de una mujer, porque aquella voz era... la voz de su madre.
Nosotros sabemos por experiencia, que la voz de las madres tiene una fuerza bendita irresistible. Por este motivo a nadie ha de sorprender que nosotros los católicos miremos con orgullo santo y ardiente ternura a María, Madre de Dios y Madre nuestra, desde aquel momento en que su divino Hijo, moribundo en la cruz, nos la dio, encargándole al mismo tiempo a ella que nos tratara como hijos.
Ella es la que nos conforta y nos infunde esperanza en medio de nuestras luchas.
En este capítulo estudiaremos desde otro punto de vista el culto mariano: Veremos a la Virgen María como Madre. En dos puntos podemos agrupar los pensamientos del capítulo: I. ¿Qué bienes causa en todos nosotros la dignidad materna de María? II. ¿Qué da principalmente a las madres?

lunes, 4 de diciembre de 2017

La Virgen María - Mons. Tihamer Tóth - Cap. 4 María y las mujeres

LA VIRGEN MARÍA
Mons. Tihamer Tóth
Obispo de Veszprém (Hungría)

CAPÍTULO CUARTO

MARÍA Y LAS MUJERES

¿QUÉ ERA LA MUJER ANTES DE LA VIRGEN MARÍA? - ¿QUÉ ES LA MUJER GRACIAS A MARÍA? - ¿QUÉ ES LA MUJER SIN MARÍA?


De un hermoso lago de Italia, del lago Maggiore, emerge como un pequeño paraíso terrenal la Isola Bella, la «Isla Bella». Es de veras digna de tal nombre. Cuando, en la primavera, la nieve y el hielo cubren todavía los montes de los alrededores y en ellos está todavía inmóvil y muerta la naturaleza, en la Isola Bella ya florecen con plena hermosura los limoneros y naranjos y despiden las flores su fragancia.
En medio de la humanidad, cubierta con el hielo de un invierno espiritual, emerge la Virgen Madre, inmaculada, pura, «como azucena entre espinas» (Cantar de los Cantares 2, 2). Es la verdadera «Isla Bella», la bendita Isola Bella del alborotado lago de la humanidad, la Tierra bendita de la cual nos llegan la fuerza vivificante de la fe pura y la suave fragancia de la sana moral.
Qué significa el culto mariano para nuestra fe, cómo le comunica fuerza, vida, unidad y belleza, lo vimos en el capítulo anterior. En éste y en el siguiente quiero mostrar las fuerzas que brotan del culto mariano para nuestra vida moral. ¿Qué significa la Virgen María para las mujeres en general? —ésta será la cuestión que propondremos; y ¿qué significa para las madres?, será el tema del siguiente capítulo.
En éste dividiremos la materia en tres puntos: I. ¿Qué era la mujer antes de María? II. ¿Qué es la mujer gracias a María? III ¿Qué es la mujer sin María?

I
¿QUÉ ERA LA MUJER ANTES DE LA VIRGEN MARÍA?

domingo, 3 de diciembre de 2017

La Virgen María - Mons. Tihamer Tóth - Cap. 3 María y nuestra fe

LA VIRGEN MARÍA
Mons. Tihamer Tóth
Obispo de Veszprém (Hungría)

CAPÍTULO TERCERO

MARÍA Y NUESTRA FE

CULTO MARIANO ROBUSTECE NUESTRA FE - EL CULTO DE MARÍA VIVIFICA NUESTRA FE - EL CULTO MARIANO COMUNICA UNIDAD A NUESTRA FE - EL CULTO MARIANO EMBELLECE NUESTRA FE



Cerca de Nazaret, la humilde aldea en que tantos años pasaron Jesús y la Virgen María, hay una fuente; los habitantes del pueblo la llaman «Ain Marjam»: «Fuente de María»; y la tradición popular afirma que María sacaba el agua en aquella fuente. Aún hoy día es la mejor fuente de toda la región; a ella van por agua todos los habitantes de los alrededores. Llevan sobre la cabeza el cántaro de barro. Así llevan a casa el agua.
«¡Ain Marjam!» «¡La fuente de María!» Es una expresión muy propia para nuestro propósito. Las mujeres de Nazaret encuentran el refrigerio corporal en el agua que sacan de la fuente de María y adquieren con ella fuerzas para sus faenas diarias; nosotros, los cristianos que vivimos distribuidos por toda la redondez de la tierra, obtenemos el refrigerio espiritual que necesitamos —entusiasmo, magnanimidad, pureza, consuelo— de la fuente abundante del culto mariano.
Las mujeres de Nazaret llevan hábilmente sobre su cabeza el hermoso jarro de arcilla, lo llevan sin dejarlo caer, y llegan a casa con su preciado tesoro, el agua fresca; nosotros también llevamos un vaso de barro, nuestro cuerpo, y en él guardamos un precioso tesoro, nuestro espíritu inmortal; hemos de llevarlo por los caminos de la vida de modo que no sufra detrimento, que podamos conservarlo puro, incólume, sin fracturas ni rasguños, hasta llegar a la patria celestial.
Cómo nos ayuda en ello la verdadera «Ain Marjam», el culto mariano, será el tema de los siguientes capítulos. Cómo el culto de la Virgen María fortalece nuestra fe, será el objeto del presente. En los que sigan estudiaremos este otro punto: Cómo nos ayuda y fortalece a nosotros en las luchas de la vida moral.
María y nuestra fe —es el tema de este capítulo. ¿Qué recibe nuestra fe del culto mariano? —es la cuestión que propongo. Y contesto con estas cuatro palabras: Recibe I. fuerza, II. vida, III. unidad, IV. belleza.

I
CULTO MARIANO ROBUSTECE NUESTRA FE

sábado, 2 de diciembre de 2017

La Virgen María - Mons. Tihamer Tóth - Cap. 2 Escrúpulos respecto al culto de María

LA VIRGEN MARÍA
Mons. Tihamer Tóth
Obispo de Veszprém (Hungría)

CAPITULO SEGUNDO
ESCRÚPULOS RESPECTO AL CULTO DE MARÍA

«QUE FUE CONCEBIDO POR OBRA DEL ESPÍRITU SANTO» - LOS «HERMANOS» DE CRISTO - CRISTO Y MARÍA -

Rafael, la Madonna della Sedia

CAPITULO II
ESCRÚPULOS RESPECTO AL CULTO DE MARÍA

Un día se me presentó una señora, diciendo que quería hablar conmigo.
No soy católica —me dijo—; pero desde hace diez años vengo a la iglesia de la Universidad y escucho sus conferencias. Ahora ya no puedo aguardar más: quiero ser católica. Habrá revuelo en mi casa, mis padres querrán impedirme dar este paso, todos estarán contra mí, es posible que llegue a perder hasta el trabajo que tengo; pero no puedo diferirlo por más tiempo, tengo que hacerlo.
—Y dígame usted, ¿qué es lo que la atrajo hacia nosotros?— pregunté—. ¿Qué verdad ha cautivado más su alma del catolicismo?
—Varias cosas —contestó ella—. En primer lugar, el Santísimo Sacramento. Al que lea con atención las palabras claras de Jesucristo en la Sagrada Escritura: «Esto es mi cuerpo», no le basta creer que Cristo está junto a ese pan. No es posible descansar hasta poder estar en la Iglesia, que nos da el cuerpo de Cristo. Yo quiero al Cristo que vive todo entero en el Santísimo Sacramento. Además, me atrae la confesión; porque siento que mi
alma necesita poder explayarse con toda sinceridad y recibir la absolución en el nombre de Dios.
—¿Y hay algo más que la atrae? —seguí interrogándola.
—Sí: el culto de María. Veo que Jesucristo, al decir en la cruz a San Juan: «Ahí tienes a tu madre», nos dio también una madre a todos nosotros, una madre que nosotros hemos de honrar y amar...

viernes, 1 de diciembre de 2017

La Virgen María - Mons. Tihamer Tóth - Cap. 1 ¿Con qué título honramos a la Virgen María?

LA VIRGEN MARÍA
Mons. Tihamer Tóth
Obispo de Veszprém (Hungría)

CAPÍTULO PRIMERO
¿CON QUÉ TÍTULO HONRAMOS A LA VIRGEN MARÍA?

LA MADRE DE DIOS - EL CULTO MARIANO EN LA SAGRADA ESCRITURA




El renombrado filósofo americano EMERSON consigna un episodio interesante de un viaje que hizo en autobús.
Un día bochornoso de verano subió cansado y sin humor a un auto de línea. Con tedio iba realizando su viaje... de media hora. Con el mismo sopor, y sin pensar en nada, estaban sentados también los demás viajeros del coche... cuando, en una de las paradas, subió una mujer joven con su hijito, de cabellos rubios y ojos azules. Apenas se hubieron sentado en un rincón del coche, cambió del todo el humor de los pasajeros. Como si todas las preguntas, sonrisas, carcajadas del inocente niño trajesen el aire del paraíso perdido a los hombres cansados por el camino fatigoso de la vida. Y la madre sostenía con tanto encanto y amor a su hijito, y le hablaba con tal cariño, que la mirada de todos se clavaba en ellos y un calor extraño derretía los corazones, sumidos antes en la indiferencia.
El autobús que los astrónomos llaman «Tierra» iba corriendo hacía ya millares de años, con millones y millones de viajeros: hombres agotados, maltrechos, sumidos en la indolencia, que ni sabían adónde iba el coche..., cuando un día, hace dos mil años, subió a él una madre joven, teniendo en los brazos a su hijito, rubio y sonriente; y apenas ocupó un asiento en un rincón del coche, allá en la cueva de Belén, el alma de los viajeros se sintió caldeada por un fuego jamás sentido, y el corazón, antes indiferente, recibió
nuevas fuerzas, como por ensalmo, de una belleza y ternura desconocidas. Y desde aquel día, la Madre y el Hijo viajan siempre con nosotros e irradian un encanto indecible y una fuerza de aliento que refrigera las almas cansadas en las luchas de la vida.
No se puede hablar de Jesucristo sin extenderse también a su Madre Virgen.

viernes, 20 de diciembre de 2013

Lo esencial de la Navidad - Mons. Tihamér Tóth

Lo esencial de la Navidad
Mons. Tihamér Tóth
En “El mensaje de navidad”
(5 Final)

No hay fiesta más hermosa y más entrañable que la Navidad. ¿A qué se debe que sea así? ¿A la alegría ingenua de los niños? ¿Al bonito árbol de Navidad? ¿A la cena en familia? ¿A los estupendos regalos? No. Todo ello es algo accesorio en la fiesta; no es lo esencial. Lo que más importancia es el contenido del mensaje angélico que nos traen los ángeles: «Vengo a daros una gran noticia, que será de grandísimo gozo para todo el pueblo: Hoy os ha nacido... el Salvador, que es Cristo» (Lc 2, 10-111).

Lo esencial de la Navidad es el gozo que expresan estas pocas palabras: el Hijo de Dios se ha hecho hombre para salvarnos. Basta con que no le pongamos obstáculos a la gracia, para que Cristo nos cure y habite en nuestras almas.

Sí; Cristo llevó a término la gran obra de nuestra Redención. Pero nosotros debemos colaborar con Él. Hemos de prepararnos para recibirle.

«Hemos de colaborar con la gracia», es decir, hemos de seguir las inspiraciones de la gracia sin poner condiciones. Porque Cristo precisa de nuestra colaboración para poder redimirnos.

Todos estamos invitados al portal de Belén para adorar al Niño-Dios, incluso los que se sientan más pecadores y miserables.

La Navidad no son los regalos, ni unos días fiesta, sino la Redención que nos trae Jesucristo.

jueves, 19 de diciembre de 2013

¿Con Cristo o sin Cristo? - Mons. Tihamér Tóth

¿Con Cristo o sin Cristo?
Mons. Tihamér Tóth
En “El mensaje de navidad” (4) 

Noche santa, la noche de Navidad... Hace casi dos mil años que se obró un prodigio asombrosamente sublime: el Creador infinito del mundo apareció en forma de niño en este diminuto orbe terráqueo... Y lo que de El dice el Evangelio sigue siendo verdad —por desgracia— aun hoy día: «Vino a su propia casa, y los suyos no le recibieron.»

Ciertamente, la humanidad de entonces no sabía todavía —¿cómo podía saberlo?— quién era aquel recién nacido, un niño desconocido de Belén. No podía saber todavía que desde aquel momento no le quedaba a la humanidad otra alternativa que escoger entre estos dos extremos: Con Cristo o sin Cristo.

No hay otro camino, no hay otra forma de vida, no hay otra posibilidad: o con Cristo hacia las alturas, hacia lo noble y lo bueno, hacia una vida digna del hombre..., o, sin Cristo, hacia los abismos, hacia la desesperación, hacia la destrucción de la cultura y de la vida del hombre.

Hoy día ya lo sabemos. Hoy día ya lo experimentamos con dolor. Nunca lo vio tan claro el hombre como en la lucha fratricida de nuestros tiempos. Cristo vino a nosotros, pero nosotros no Le recibimos, no quisimos convertirnos, acogerlo en nuestro corazón...; pues bien: ya empezamos a ver la suerte que nos espera por haberle negado.

Hoy constatamos que una gran parte de la humanidad ha caído en el pesimismo... no aspira a otra cosa más que a gozar lo más posible de esta vida. Pero ¿de dónde procede este pesimismo? De aquellos que no hace mucho tiempo creían en el progreso continuo e ilimitado. «Vamos progresando, estamos en las vías del desarrollo, no conocernos paradas en este continuo avanzar», tal fue el optimismo infundado de una humanidad embriagada de su progreso material. Vino luego el pesimismo de los desilusionados: « Este mundo no tiene solución. Incluso el cristianismo no ha podido mejorar este mundo ni una tilde en estos dos milenios transcurridos. En este mundo no existe más que una ley: la del poder y la fuerza. El más fuerte sigue aprovechándose del más débil. El más astuto sigue burlándose del ingenuo. ¿Dónde está ese amor predicado por Cristo? ¿Dónde está la compasión, la justicia de que tanto se habla? »

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