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lunes, 4 de mayo de 2020

"La misión de la Iglesia es siempre anunciar a Jesucristo" - Mons. Héctor Aguer



La misión de la Iglesia es siempre anunciar a Jesucristo, procurar que sea conocido y amado por todos los hombres de todos los tiempos, y que el programa de vida formulado en su predicación sea abrazado y cumplido, en orden a la salvación universal, y a la plena realización del Reino de Dios. Así lo entendieron los Apóstoles, y así lo trasmitieron a sus sucesores.

Dos expresiones netas de ese mandato se encuentran en los últimos versículos de los Evangelios de Mateo y de Marcos. Se considera que el de Mateo fue compuesto alrededor del año 80. El encargo consiste en amaestrar (mathetéusate) a todas las naciones (pánta tà éthnē), bautizarlas (baptídzontes), y enseñarles (didáskontes) a cumplir todo lo que Él nos ha mandado. Hoy diríamos que la evangelización incluye trasmitir la moral cristiana (Mt 28, 19 s.). Según los especialistas, el Evangelio de Marcos fue escrito unos diez años antes; sería el más antiguo de los cuatro. El mandato de Jesús aparece en un apéndice, de fecha posterior, y que la Iglesia considera canónico, es decir, que forma parte de la Revelación. Dice así: «Vayan por todo el mundo, anuncien (kērýxate) el Evangelio a toda la creación (notar la totalidad, sin exclusiones: todo el mundo, toda la creación). El que crea y se bautice, se salvará. El que no crea, se condenará» (Mc 16, 15s.). La cruda alternativa del resultado está expresada en los términos que son habituales en el Nuevo Testamento: sothḗsetai - katakri thesetai; el versículo 16 contrapone redención cumplida y condenación en el juicio futuro: promesa y amenaza. No quiero ser suspicaz, pero me llama la atención que en algunas citas del pasaje se suprima el versículo 16.

viernes, 3 de abril de 2020

El Catecismo de la Iglesia Católica comentado 4 (Por Mons. José Ignacio Munilla)


Catecismo 4 – 5

PROLOGO

Transmitir la fe: la catequesis

Mons. JOSE IGNACIO MUNILLA


II. Transmitir la fe: la catequesis 
4  Muy pronto se llamó catequesis al conjunto de los esfuerzos realizados en la Iglesia para hacer discípulos, para ayudar a los hombres a creer que Jesús es el Hijo de Dios a fin de que,creyendo ésto, tengan la vida en su nombre, y para educarlos e instruirlos en esta vida y construir así el Cuerpo de Cristo (cf. Juan Pablo II, Catechesi tradendae [CT] 1).

5  "La catequesis es una educación en la fe de los niños, de los jóvenes y adultos, que comprende especialmente una enseñanza de la doctrina cristiana, dada generalmente de modo orgánico y sistemático con miras a iniciarlos en la plenitud de la vida cristiana" (CT 18).


Pasamos al punto 4 del Catecismo. Los tres primeros puntos están bajo el título “La vida del hombre: conocer y amar a Dios”. En ellos nos fijamos de qué manera arranca el Catecismo; tiene su importancia, obviamente, cómo pone nuestro corazón y nuestros ojos en Dios, en el conocimiento de Dios, en el amor a Dios.

Pasados esos tres primeros puntos que quieren centrar lo que es el eje, la columna vertebral del Catecismo, pasa ahora a hablar un poco de qué es la Catequesis, lógicamente este es un Catecismo, pues antes de prodigarse en las explicaciones por partes va a hablar durante unos cuantos puntos de qué es la catequesis, qué es el Catecismo, qué pretende, qué busca la Iglesia con ello.

Punto 4:
Muy pronto se llamó catequesis al conjunto de los esfuerzos realizados en la Iglesia para hacer discípulos, para ayudar a los hombres a creer que Jesús es el Hijo de Dios a fin de que, creyendo esto, tengan la vida en su nombre, y para educarlos e instruirlos en esta vida y construir así el Cuerpo de Cristo (cf. Juan Pablo II, Catechesi tradendae [CT] 1).

Este párrafo, este punto del Catecismo está tomado literalmente de la Exhortación Apostólica “Catequesis Tradendae” este documento que es del año 1979, que fue en el segundo año de ponticado de Juan Pablo II y fue un documento que él escribió recogiendo lo que Pablo VI había convocado con el cuarto Sínodo General de los Obispos para hablar del tema de la Catequesis.

Por cierto, en aquel sínodo (estamos hablando de octubre de 1977) había partcipado Karol Wojtyla como obispo partcipante, obispo polaco, partcipante de aquel sínodo de los obispos. Y luego le tocó, una vez elegido Papa (fue elegido en el año 1978), en el año 1979 siendo Papa le tocó a Juan Pablo II escribir la Exhortación Apostólica que era como conclusiva de lo que se había hablado en el Sínodo.

Con frecuencia, cuando se convoca un sínodo general de Obispos, luego suele escribirse (no es que sea obligatorio pero tiende a hacerse) una Exhortación Apostólica concluyendo, en las que el Papa recoge las conclusiones principales a las que ha llegado el sínodo. Esta se llama “Catequesis Tradendae”, “La transmisión de la catequesis” y estos puntos del Catecismo casi todos se van a referir, son citas de la “Catequesis Tradendae”.

lunes, 23 de marzo de 2020

El Catecismo de la Iglesia Católica comentado 3 (Por Mons. José Ignacio Munilla)


Catecismo nº 2 – 3

PROLOGO

La vida del hombre: conocer y amar a Dios - II

Mons. JOSE IGNACIO MUNILLA


I. La vida del hombre: conocer y amar a Dios

2  Para que esta llamada resonara en toda la tierra, Cristo envió a los apóstoles que había escogido, dándoles el mandato de anunciar el Evangelio: "Id, pues, y haced discípulos a todas las gentes bautizándolas en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo, y enseñándoles a guardar todo lo que yo os he mandado. Y sabed que yo estoy con vosotros todos los días hasta el fin del mundo" (Mt 28,19-20). Fortalecidos con esta misión, los apóstoles "salieron a predicar por todas partes, colaborando el Señor con ellos y confirmando la Palabra con las señales que la acompañaban" (Mc 16,20).

3  Quienes con la ayuda de Dios, han acogido el llamamiento de Cristo y han respondido libremente a ella, se sienten por su parte urgidos por el amor de Cristo a anunciar por todas partes en el mundo la Buena Nueva. Este tesoro recibido de los Apóstoles ha sido guardado fielmente por sus sucesores. Todos los fieles de Cristo son llamados a transmitirlo de generación en generación, anunciando la fe, viviéndola en la comunión fraterna y celebrándola en la liturgia y en la oración (cf. Hch 2,42).



Punto 2:
Para que esta llamada resonara en toda la tierra, Cristo envió a los apóstoles que había escogido, dándoles el mandato de anunciar el Evangelio: "Id, pues, y haced discípulos a todas las gentes bautizándolas en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo, y enseñándoles a guardar todo lo que yo os he mandado. Y sabed que yo estoy con vosotros todos los días hasta el fin del mundo" (Mt 28,19-20). Fortalecidos con esta misión, los apóstoles "salieron a predicar por todas partes, colaborando el Señor con ellos y confirmando la Palabra con las señales que la acompañaban" (Mc 16,20).

Hay una convocación, Dios tiene este plan universal salvífico y para llevarlo a efecto, Él convoca, Él viene a reunir a todas las naciones para que contemplen su gloria y Él nos convoca.

Es decir, hay una imagen, una imagen entrañable que es la que San Ignacio de Loyola utiliza in sus ejercicios espirituales, se sirve de ella, que es la imagen de Cristo Rey y él hace una meditación en los Ejercicios Espirituales llamada la meditación del Rey Eternal, hay un Rey Eternal y un rey terrenal. San Ignacio, dentro del sentido del s. X, s. XI, en el que él vive, que tiene esa especie de cultura caballeresca, de sentido caballeresco, una cultura también militar, una cultura del honor, una cultura de la conquista, se sirve di esa imagen para utilizarla y para proyectarla en la voluntad salvífica universal que tiene Cristo.

Y san Ignacio viene a decir: imagínate un rey (claro, nosotros, estas imágenes caballerescas, militares, etc. les tenemos una cierta antipatía quizás en nuestra cultura porque también hemos sido el siglo hemos sufrido los totalitarismos, después de la experiencia nazi, de la experiencia comunista, hay una cierta alergia en nuestra cultura a esas imágenes caballerescas o militares, piro aquí lo importante no es nuestra sensibilidad sino vamos a intentar servirnos de la imagen para ir a Jesucristo).

jueves, 19 de marzo de 2020

Meditaciones de Cuaresma con textos de Santo Tomás de Aquino 23


Jueves de la tercera semana de Cuaresma

PREDICACIÓN DE LA SAMARITANA


La mujer, pues, dejó su cántaro, y se fue a la ciudad (Jn 4, 28).

Esta mujer, después de haber sido instruida por Cristo, tomó el oficio de los Apóstoles. Tres cosas se señalan que pueden colegirse de sus dichos y hechos:

I. El afecto de devoción, que se manifiesta de dos maneras:

En primer lugar, porque a causa de la intensidad de su devoción, como olvidada de aquello por lo que especialmente había venido a la fuente, abandonó el agua y el cántaro. Refiriéndose a ello dice (la Escritura) que la mujer dejó su cántaro y se fue a la ciudad, para anunciar las grandezas de Cristo, sin preocuparse de la ventaja corporal por la utilidad de los demás, en la cual sigue el ejemplo de los Apóstoles que, dejadas las redes, siguieron al Señor (Mc 1, l8). Por el cántaro se entiende la concupiscencia del siglo, por la que los hombres sacan las voluptuosidades de lo profundo de las tinieblas, de lo cual es imagen el pozo, esto es, de la vida terrena. Por eso, los que abandonan, por amor de Dios, las concupiscencias del siglo, abandonan el cántaro.

sábado, 10 de marzo de 2018

Encíclica Sapientiae Christianae sobre los deberes de los ciudadanos cristianos - León XIII


S.S. León XIII
Encíclica Sapientiae Christianae
sobre los deberes de los ciudadanos cristianos
10 de enero de 1890

“Ceder el puesto al enemigo, o callar cuando de todas partes se levanta incesante clamoreo para oprimir a la verdad, propio es, o de hombre cobarde, o de quien duda estar en posesión de las verdades que profesa. Lo uno y lo otro es vergonzoso e injurioso a Dios; lo uno y lo otro, contrario a la salvación del individuo y de la sociedad: ello aprovecha únicamente a los enemigos del nombre cristiano, porque la cobardía de los buenos fomenta la audacia de los malos.” N.18



Progreso material, retroceso espiritual - Deberes de los cristianos - Amor a la patria - Dos patrias - Deberes contra los enemigos de la Iglesia - Propagar el Evangelio - Lucha, unida - Unidad y disciplina - Obediencia a la Iglesia - Doctrina político–religiosa - Iglesia, y partidos - Iglesia, y sociedad civil - Timidez y temeridad, en política - Sumisión, obediencia y moralidad - Deber de la caridad - Derechos de los padres

Introducción

1. Cada día se deja sentir más y más la necesidad de recordar los preceptos de cristiana sabiduría, para en todo conformar a ellos la vida, costumbres e instituciones de los pueblos. Porque, postergados estos preceptos, se ha seguido tal diluvio de males, que ningún hombre cuerdo puede, sin angustiosa preocupación, sobrellevar los actuales ni contemplar sin pavor los que están por venir. Y a la verdad, en lo tocante a los bienes del cuerpo y exteriores al hombre, se ha progresado bastante; pero cuanto cae bajo la acción de los sentidos, la robustez de fuerzas, la abundancia grande de riquezas, si bien proporcionan comodidades, aumentando las delicias de la vida, de ningún modo satisfacen al alma, creada para cosas más altas y nobles. Tener la mirada puesta en Dios y dirigirse a Él, es la ley suprema de la vida del hombre, el cual, creado a imagen y semejanza de su Hacedor, por su propia naturaleza es poderosamente estimulado a poseerlo. Pero a Dios no se acerca el hombre por movimiento corporal, sino por la inteligencia y la voluntad, que son movimientos del alma. Porque Dios es la primera y suma verdad; es asimismo la santidad perfecta y el bien sumo, al cual la voluntad sólo puede aspirar y acercarse guiada por la virtud.

Progreso material, retroceso espiritual

martes, 23 de mayo de 2017

Apostolados menudos XIX - Final (el apostolado del amén) - San manuel González García

El apostolado del amén


         «No se debe hacer lo que es malo por ninguna cosa del mundo, ni por amor de alguno; más por el provecho de quien le hubiere menester, alguna vez se puede interrumpir la buena obra o también emprender otra más perfecta.
            De esta suerte no se deja de obrar bien, sino que se muda en mejor.»
                                    (Imitación de Cristo, lib. I, cap XV)


Apostolado bueno


Éste sí que es el Apostolado de las tres B: ¡Bueno, bonito y barato!
          Bueno, como fundado, adornado y aliñado con la caridad humilde del que ríe con los que ríen, llora con los que lloran, arde con los que se queman y está presto a sufrir cualquier quebranto por no dárselo a su prójimo.
          ¡Vaya si es bueno pasarse la vida repartiendo amenes a amigos y enemigos, conocidos o desconocidos, altos o bajos y con todos los que hayamos menester tratar sin más límites que el que la justicia marca!
          El apostolado del amén es tener para todo gusto lícito del prójimo que tratamos, para toda opinión en materias opinables, hasta para cualquier capricho inocente o indiferente, un amén de apacible, cariñosa y sincera conformidad o deferencia respetuosa, al menos.    Y esto por una doble razón, de justicia, la una, y de caridad, la otra.

Por justicia yo no debo oponerme a los gustos, opiniones y aun caprichos no malos de mi prójimo y, además, obligarle o forzarle a que acepte los míos, que es en definitiva a lo que tiende toda discusión o diatriba, porque ni Dios ni autoridad ninguna me han impuesto ese deber, pues se trata de personas sobre las que no tengo obligación de ejercer el oficio de corrector o educador y de cosas que en definitiva pueden ser como las ve mi prójimo y no como yo las veo y juzgo, y por caridad, conforme al viejo refrán de que «más se alcanza con una dedada de miel (que a eso equivale la condescendencia de mi amén) que con una cuba de hiel» (que no a otra cosa vienen a parar las discusiones de los gustos y opiniones de los que trato).


Apostolado bonito


          Por las fealdades que impide y por las bellezas que aporta.
          Fealdades: ¿Han visto ustedes una cosa más fea que una cara iracunda o descompuesta por una discusión?
          Yo recomendaría a los aficionados a salirse con la suya a todo trance y a fuerza de notas altas y caras feas, el uso de un espejito de bolsillo para estos casos: ¡les auguro el remedio eficaz!
          Y si la cara se pone tan fea y a su vez es el espejo del alma ¿me queréis decir cómo se pondrán las almas de los porfiados y tercos mantenedores de sus pareceres y opiniones? ¡No hay placa que resista esa fotografía!
          Bellezas: En cambio ¡qué irradiación de paz, dominio de sí mismo, caridad atrayente y simpatía proyecta el amén prodigado afable y discretamente a esos mil tropiezos que el genio, los nervios y el amor propio de los demás nos regalan cada día, y cuando la naturaleza del tropiezo no lo permita sin mengua de nuestra conciencia, un gesto, al menos, que expresando la disconformidad insinúe deferencia y respeto al contrario!
          Todo lo que de atracción, bondad y hasta acatamiento pone esa prodigalidad del amén para con los prójimos que tratamos, pone de repulsión, si no de grotesca ridiculez, el pero o el contra de los eternos contradictores.
          Éstos están para siempre ridiculizados en esta frase: Señores, señores, -se supone que dicen al llegar a cualquier reunión de conocidos-, que yo digo lo contrario de lo que ustedes, estaban diciendo... ¿qué decían ustedes?...


Y apostolado barato

lunes, 22 de mayo de 2017

Apostalados menudos XVIII (El apostolado de dar la razón a los que mandan) - San Manuel González García

El apostolado de dar la razón a los que mandan.

    El nombre

     
          Rarillo, ¿verdad?, pero en un momento quedará disuelta la rareza.
           Han de saber ustedes, señores y amigos lectores, que una de las cosas que voy aprendiendo en mi ministerio de tratar y salvar prójimos, es que a la mayor parte de ellos les cuesta más trabajo dar la razón a otros que dar el dinero.
          Y ¡cuenten que hay epidemia de bolsas y manos cerradas!
          ¡Dar la razón!
          Ahí es nada la generosidad que esa dádiva supone en la mayor parte, y casi diría en la totalidad del género humano civilizado y... ¡no digo nada del por civilizar!
          Y dar la razón a los que están un dedo más alto que nosotros, con prontitud y sinceridad, sin reservas ni recámaras de segundas o terceras intenciones... ¡heroísmo, heroísmo!


Lo razonable y lo no razonable


          Ante todo advierto que el apostolado que ahora preconizo no es apostolado de dar la razón a troche y moche, ni a ojos cerrados.
          El negar la razón a lo no razonable puede ser tan meritorio como darla a lo razonable.
          El error, el vicio, el escándalo y lo que envuelve peligro de unos u otros males, expóngase por quien se exponga, por alto que esté y preséntese como se presente, no merece más que esto sólo: desprecio y reprensión.
           Pero fuera de lo no razonable, ¡cuántas cosas razonables se dicen y hacen por nuestros superiores que no sólo no logran el agasajo de nuestra razón sino que tienen que sufrir el arañazo, el desplante o la burla de nuestra contrariada, mohina y descontentadiza razón!
          Y no se diga que son cosas del otro jueves o de las que depende el equilibrio europeo contra las que nos ensañamos (ésta es la palabra harta veces), quitándoles la razón, sino minucias y nonadas y, cuando más, manifestación de opiniones o sentimientos personales para las que no nos piden voz ni voto, ni nos dan arte ni parte.
          ¿No habéis observado, por ejemplo, con qué calor y enfado solemos negar o discutir la razón que nuestro pariente, amigo, vecino y transeúnte tiene para ir quejándose o riéndose, vestido de blanco, de negro o de verde, mirando hacia arriba o hacia abajo, diciendo que hace buen tiempo o malo y una lista de etcéteras interminables y de cosas tan transcendentales como las de la lista anterior?    Pues bien, si ese prójimo discutido tiene la suerte de ser superior, ¡que busque impermeable o coraza para defenderse del chaparrón de discusiones sobre sus gestos, dichos, actos, intenciones y hasta asomos de intención!
          Yo creo que hay hombres y mujeres para los que el día más feliz de su vida sería aquel en que se convencieran de que en todo el mundo nadie llevaba razón más que ellos...


Una nueva clase de avaricia


          Y ahondando un poco en la psicología de este fenómeno tan extendido y tan intenso, de esa fuerte propensión del corazón humano a quitar o no dar razón, me inclino a establecer una nueva clase de avaricia: la de no dar la razón, como la hay de no dar dinero.


Sus leyes

sábado, 20 de mayo de 2017

El nombre de Jesús, esplendor de los predicadores - San Bernardino de Siena





"El nombre de Jesús es el esplendor de los predicadores, ya que su luminoso resplandor es el que hace que su palabra sea anunciada y escuchada. ¿Cuál es la razón de que la luz de la fe se haya difundido por todo el orbe de modo tan súbito y tan ferviente sino la predicación de este nombre? ¿Acaso no es por la luz y la atracción del nombre de Jesús que Dios nos llamó a la luz maravillosa? A los que de este modo hemos sido iluminados, y en esta luz vemos la luz, dice con razón el Apóstol: Un tiempo erais tinieblas, pero ahora sois luz en el Señor: caminad como hijos de la luz.
Por lo tanto, este nombre debe ser publicado para que brille, no puede quedar escondido. Pero no puede ser predicado con un corazón manchado o una boca impura, sino que ha de ser colocado y mostrado en un vaso escogido. Por esto dice el Señor, refiriéndose al Apóstol: Éste es un vaso que me he escogido yo para que lleve mi nombre a los gentiles, a los reyes y a los hijos de Israel. Un vaso —dice— que me he escogido, como aquellos vasos escogidos en que se expone a la venta una bebida de agradable sabor, para que el brillo y esplendor del recipiente invite a beber de ella; para que lleve  —dice— mi nombre.

Apostolados menudos XVII (el apostolado de la buena cara) San Manuel González García


El apostolado de la buena cara

          «Cuando ayuneis no os pongáis caritristes como los hipócritas, que desfiguran sus rostros para mostrar a los hombres que ayunan. En verdad, os digo, que ya recibieron su galardón.
          Tú, al contrario, cuando ayunes, perfuma tu cabeza y lava bien tu cara (Mt 5, 16-17). 
          Conocéis, sin duda, el apostolado de la buena palabra, predicada o escrita; pero el de la buena cara, ¿verdad que no estaba catalogado?
          Pues allá voy a ver si lo consigo con estos rengloncillos.
          Si el refrán popular enseña que el mejor partido que se puede sacar del tiempo malo es ponerle cara buena, una experiencia larga y nutrida me ha enseñado que no sólo del tiempo malo se puede sacar partido con esa simple receta, sino de otras muchas más cosas y aun personas.


Qué es


          Y ante todo, lector amigo, hágote saber que esa buena cara de este menudo apostolado no es la cara buena de los tontos o bobalicones que a todo dicen amén, ni la de los payasos, que de todo sacan risa; ni la de los burlones, que todo lo convierten en tijeras; ni la de los caramelosos, que chorrean almíbar hasta el empalago...; no, esas caras no las quiero yo para mis menudos apóstoles.

          La cara buena de mi caso es una cara, ante todo, muy natural (claro, a fuerza de fuerza sobrenatural), con un par de ojos abiertos para mirar con benevolencia a todo el que me busque. Con un par de oídos dispuestos a oír con interés a todo el que me quiera hablar. Con una boca ni arrugada ni estirada por males de genio, de nervios o de humor, sino pronta a entreabrirse para dejar pasar una sonrisa que venga a decir, sin decirlo, algo de esto: ¡Qué bueno es usted! ¡Qué interesante su conversación! ¡Qué ganas tengo de servirle! ¡Qué gracia me hace usted!, y esto a pesar de la revolución de bilis, de nervios o de sangre que las majaderías, insulseces o injusticias, durezas, oídas o presenciadas, levantan o provoquen, y multiplicado por tantas horas cuantas tiene el día y tantas personas agradables o desagradables y tantos asuntos gratos o ingratos que me busquen u ocupen...
          ¿Qué os parece mi cara? Buena, pero... cara ¿verdad?


Lo que cuesta

jueves, 18 de mayo de 2017

Apostolados menudos XVI (el apostolado de las dos varas) - San Manuel González García

El apostolado de las dos varas, ¿media o entera?

          Hace muchos años, cuando comenzó a alarmarnos la irrupción de la poca tela y del poco pudor de las mujeres con las faldas entrevés y cortas y las desnudeces de pecho y brazos, creí yo poner una pica en Flandes proponiendo a los amantes de la vergüenza el apostolado de la media vara... de tela a los trajes que se iban acortando y encogiendo.
          Al cabo de una porción de años de crecientes e inverosímiles acortamientos y encogimientos de tela y... de pudor, debo confesar que el apostolado de la media vara debe ser abolido por del todo insuficiente y sustituido por el de la vara entera y... no permita Dios que llegue a hacerse necesario el de las dos varas.
          ¡Que al paso que vamos, los salvajes de las selvas van a estar más cubiertos que nuestras elegantes civilizadas!


Las dos varas


Y ¡vaya! que para que no me tomen la delantera esta vez, desde luego, me decido por el Apostolado de las dos varas... ¡pero no de tela las dos! y permitidme que me enfade, que motivos sobran para arder de indignación.
          Dos varas, a saber: una real de tela para empalmarla a tanto medio vestido de niña y de mujer semidesnuda, y otra... ¿lo diré sin que se me asusten ni escandalicen mis sensibles y susceptibles aludidas?... otra simbólica, o sea, de corrección ¡así! que mida y decore las espaldas de tanto padre y marido y jefe que tolera, permite, aprueba, si no llega a imponer tiranamente a sus respectivas hijas, mujeres y súbditas la desnudez impúdica y bochornosa de la moda triunfante.


¿Razones?
 

lunes, 15 de mayo de 2017

Apostolados menudos XV ( el apostolado de la piedad casera) San Manuel González García

El apostolado de la piedad casera. Lo que enseñaba un maestro

    
          Decía un maestro mío que el pueblo andaluz era tan intensamente piadoso, que en un puesto de verduras, en cinco minutos, se hacían más invocaciones jaculatorias a Dios que en un convento de religiosas extranjeras en un día entero.
          Y lo probaba con el siguiente diálogo cogido al azar de cualquier puesto de nuestras plazas de abastos:
          -¿A cuánto están las papas?
          -A cuatro gordas, hija.
           -¡El durcísimo nombre de Jezú! ¡Ave María Purísima! ¡Aplaca, Señor, tu ira!... ¡Ni que fueran las papas pa el rey Heroe o pa Ponsio Pilato...!
          -Dios me libre de tené cuenta con estos herejes, ¿te enteras?, que las papas están a cuatro gorda pa lo cristiano por la grasia de Dios y de nuestro Señó Jesucristo... que sabe tú que jasta pierdo casi el dinero de mano a mano.
          -Permita Dió que lo que tú pierda me lo jaye yo... ¡ay! ¡padrecito de mi arma! ¡Que no se va pudiendo ya comé ni papa en paseo!
          Y contraponía mi maestro a esta escena en esa y parecidas formas repetidas en las que el nombre de Dios y el recurso a Él y a los motivos sobrenaturales brotan a cada paso, escenas de sorpresas, sustos, admiraciones ocurridas en otros países y aun entre personas religiosas y lo más que obtenían de los sorprendidos, asustados y admirados era un, ¡oh! un ¡ah! o un ¡uf! más o menos prolongado y sostenido.


Lo que se va echando de menos


          Tenía nuestro pueblo tan metido en su entraña el sentir cristiano, el espíritu de fe, el criterio sobrenatural, que cuanto veía, oía, sentía y entendía era siempre al través de esa fe viva visto, oído, sentido y entendido.
          Así, para la noticia triste de uno que caía enfermo tenía al punto en su boca la frase y la oración: «el Señor lo alivie»; para la noticia del agonizante, la de «el Señor lo recoja en buena hora»; para la de la muerte, la de «el Señor le dé la gloria», y miles parecidas.
           Para expresar la admiración o la sorpresa, el ¡Dios mío! ¡Jesús! ¡Ave María Purísima! ¡santo Dios! para atraer la compasión o manifestar la gratitud, el «por amor de Dios», «Dios se lo pague», «por las ánimas benditas»; «por la salvación de su alma», a más de las cristianísimas formas para el saludo y la despedida, los pésames y las enhorabuenas, como el «Dios guarde», «alabado sea el santísimo Sacramento», «Ave María», «santos y buenos días nos dé Dios», «quede usted con Dios», «que el Señor nos reúna en el cielo», «si Dios quiere», «Dios mediante» y miles y miles de frases tan corteses como castizas, tan cristianas como finas con que nuestro pueblo embalsamaba y ungía con unción de hermoso y esperanzador sobrenaturalismo su conversación, sus sentimientos y su vida.


La piedad casera

viernes, 12 de mayo de 2017

Apostolados menudos XIV ( el apostolado de las enhorabuenas) San Manuel González García

El apostolado de las enhorabuenas


          Ved aquí un apostolado, al parecer fácil y hasta casi como de juego, y de hecho poco practicado, quizá por difícil.

En qué consiste 

          Sencillamente, en dar con sinceridad la enhorabuena a quien quiera que sea, amigo o enemigo, alto o bajo, conocido o desconocido, bueno o malo, por cada acción digna de ella que con serenidad de juicio les veamos realizar o sepamos ha sido por ellos realizada.   
Y subrayo la serenidad de juicio y la sinceridad para prevenirme contra


El enemigo de este apostolado


          O sea el amor propio. Este bullicioso e inquieto vecinito nuestro dispara sus sentimientos de torpe y baja envidia, más de lo que nosotros podemos creer, con la toga de severo e imparcial crítico y riguroso depurador de los actos del prójimo, especialmente si lo tiene por igual o de poco superior categoría y está cerca...
          Nuestro amor propio es muy pródigo en elogios y parabienes para con los que viven en la gran China o poco más allá y con los que vivieron en los tiempos de Maricastaña... ¡Ah! ¡Qué hombres aquellos! ¡Qué sabios! ¡Qué...!
          Pero a medida que se van acortando las distancias en el tiempo o en el espacio se va también acortando la prodigalidad en el parabién...
          ¡Qué dificultosamente se da con sinceridad la enhorabuena al compañero de colegio o carrera por la buena nota a el ascenso ganado, al amigo por la buena noticia recibida y hasta diría al pariente por el encumbramiento a que ha sido elevado!... ¡Pícara condición humana, más propicia a compadecer en sus penas y derrotas a amigos y prójimos que a admirarlos en sus buenas acciones y a gozarse con sus alegría y triunfos!


Los frutos

miércoles, 10 de mayo de 2017

Apostolados menudos XIII (el apostolado de la sonrisa) San Manuel González García

8. El apostolado de la sonrisa


                                                  Los apóstoles iban muy gozosos... (Hch 5,45)

          No me diréis que me he ido al fondo de las cosas terribles o difíciles para buscar el instrumento de apostolado que hoy hónrome en presentaros. ¡La alegría! ¡La sonrisa! ¿Qué os parece mi misionero?
Y, ¡cuidadito con que os creáis que a ese misionero está confiado sólo el negociado de los chascarrillos y donaires y le está vedado decir y enseñar cosas de provecho y hasta muy hondas!    Para el apostolado de la sonrisa no hay zonas vedadas; a todas partes debe y puede llegar ese gracioso apostolado, que pudiera llamar tan fructuoso como difícil.    Y para que nos entendamos mejor, comenzaré por definiros.


La sonrisa apostólica


          Nace de un corazón en paz con Dios y con los hombres y en guerra constante consigo mismo. San Juan Crisóstomo dijo que nada hay más violento, o que cueste más violencia, que la mansedumbre apostólica.
          Se alimenta de Eucaristía y de este principio: La gloria y el cuidado de mí y de mis cosas para Dios, el trabajo de este instante para mí.
          La digestión y asimilación de este alimento y principio produce un estado de alma en el que ésta no se ocupa ni preocupa más que de esto solo: hacer muy bien y muy en paz lo de ahora, lo que en este instante me pide Dios por medio de mi deber. 
          Y ese estado de alma habitual a la par que abre todas las válvulas del corazón para que por él circule en corriente libre el oxígeno de una sólida esperanza y de un sano optimismo, afloja todos los músculos duros y tirantes de la cara y dibuja en ella la más angelical y beatífica de las sonrisas.     Sonrisa que no es el gesto de la hipocresía ni de la ligereza, ni de la disipación, ni de la broma picante, ni del chiste a todo pasto, ni de la despreocupación... sino de la cara buena y del alma buena.


Lo difícil de la sonrisa apostólica

martes, 9 de mayo de 2017

Apostolados menudos XII (el apostolado entre los indeseables) - San Manuel González García

7. El apostolado entre los indeseables

          «Con los que odiaban yo estaba pacífico, cuando les hablaba me increpaban sin razón.»
  

Las tres D


          Como de otros apostolados os puedo decir que son de las tres B, por lo bueno, bonito y barato, este que hoy os presento, bien puede asegurarse que es el de las tres D.
          O sea, difícil, difícil y difícil.
           Es todo una dificultad.
          Lo cual si no lo hace muy apetecible, lo avalora como muy meritorio.


¿Quiénes son los indeseables?

          Cuando os explique el campo de este apostolado, o sea, las personas sobre las que habrá de ejercitarse, comprenderéis ese misterio de las tres D.
          Indeseables han sido llamados en argot periodístico y policíaco esos desgraciados profesionales de propagandas subversivas y espionajes, conspiradores y embaucadores de oficio contra el orden social, y que, con habilidad suficiente para no pillarse los dedos ni dar la cara en ninguna de las fechorías por instigación y complicidad de ellos preparadas, se pasan la vida vigilados por el recelo y temor de la policía y errantes de destierro en destierro por las protestas y sustos que su presencia va levantando.
Hombres inofensivos, al parecer, y hasta simpáticos y atrayentes, disfrazados unas veces de grandes señores, y de harapientos mendigos otras, pero en realidad, espíritus inquietos, tenebrosos, oblicuos, egoístas y siempre mal avenidos con la paz y bienestar de los demás, que por falta de pruebas claras no han podido ser reducidos en un presidio, ni en un manicomio, a pesar de las grandes afinidades que con los que viven en esos lugares presentan, han sido clasificados con el nombre, sin duda por eufemismo, de indeseables, que si no define su naturaleza, explica la posición que se han ganado con el miedo, la antipatía, el recelo y el funesto augurio con que por todas partes son recibidos. ¡De nadie deseados!, que bondadosamente equivale a esto otro: ¡Por todos temidos!

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