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viernes, 17 de julio de 2020

Meditaciones del tiempo ordinario con textos de Santo Tomás de Aquino 109


Viernes de la 15ª semana

PARA LA PERFECCIÓN RELIGIOSA
SE REQUIERE QUE LA POBREZA, LA CASTIDAD Y LA OBEDIENCIA
SE PRACTIQUEN POR VOTO


Pertenece a los religiosos vivir en el estado de perfección.

Mas para el estado de perfección se requiere la obligación con respecto a las cosas de perfección, obligación que se contrae por el voto hecho a Dios.

Es evidente que la pobreza, la continencia y la obediencia pertenecen a la perfección de la vida cristiana; y por eso el estado de religión requiere que uno se obligue con voto a esas tres virtudes. Por lo cual dice San Gregorio: "Cuando uno promete por voto a Dios omnipotente todo lo que posee, toda su vida, todo lo que sabe, es holocausto" 1, y después agrega que todo esto pertenece a los que abandonan el siglo presente.

El Señor dijo pertenecer a la perfección de la vida el que uno le siga, no de cualquier manera, sino sin mirar nunca atrás. Por eso dice él mismo: Ninguno que pone su mano en el arado y mira atrás, es apto para el reino de Dios (Lc 9, 62). Esa firmeza de resolución en seguir a Cristo se confirma por el voto.

domingo, 28 de julio de 2019

La Sangre Preciosa de Cristo (22) A las esposas de la Sangre- Cardenal Piazza



III
LA HORA DE LA SANGRE

A LAS ESPOSAS DE LA SANGRE



Vuestra vocación es verdaderamente sublime, ¡oh vírgenes consagradas al Señor! Cada una de vosotras puede hacer suyo el cántico de Santa Inés: Amo a Cristo, y quiero ser su esposa, porque amándolo soy casta, tocándolo soy pura, poseyéndolo soy virgen. De su boca sólo miel y leche he gustado y su Sangre es la que colorea mis mejillas (Liturgia).

Esposas de Cristo, es lo mismo que decir, esposas de Sangre. ¡Qué excelsa es vuestra dignidad! ¿No es tiene Él clavadas a su Cruz con los santos votos, cual con otros tres clavos? ¿No encontráis diariamente en su Sangre el místico alimento de vuestras almas y de vuestra virginidad consagrada? La Eucaristía es, en efecto, para vosotras también el trigo de los elegidos y el vino que hace germinar las vírgenes (Zac., 9,17).

A vosotras os toca, por consiguiente, aprovecharos sin tasa del misterio de la Sangre de Cristo, en la que hallaréis los anhelos de mayor santidad, la fortaleza cierta para seguir guardando fidelidad al Esposo y la embriaguez divina del amor y del sacrificio. La Virgen –como dice San Pablo- sólo tiene que preocuparse de las cosas del Señor y de ser santa en cuerpo y espíritu (1 Cor., 7,34).

sábado, 1 de febrero de 2014

La presentación del Señor - Benedicto XVI

CELEBRACIÓN
DE LAS VÍSPERAS DE
LA FIESTA DE LA
PRESENTACIÓN DEL SEÑOR
HOMILÍA
DEL SANTO PADRE
BENEDICTO XVI
2 de febrero de 2011
 

Queridos hermanos y hermanas:

En la fiesta de hoy contemplamos a Jesús nuestro Señor, a quien María y José llevan al templo «para presentarlo al Señor» (Lc 2, 22). En esta escena evangélica se revela el misterio del Hijo de la Virgen, el consagrado del Padre, que vino al mundo para cumplir fielmente su voluntad (cf. Hb 10, 5-7). Simeón lo señala como «luz para alumbrar a las naciones» (Lc 2, 32) y anuncia con palabras proféticas su ofrenda suprema a Dios y su victoria final (cf. Lc 2, 32-35). Es el encuentro de los dos Testamentos, Antiguo y Nuevo. Jesús entra en el antiguo templo, él que es el nuevo Templo de Dios: viene a visitar a su pueblo, llevando a cumplimiento la obediencia a la Ley e inaugurando los tiempos finales de la salvación.

Es interesante observar de cerca esta entrada del niño Jesús en la solemnidad del templo, en medio de un gran ir y venir de numerosas personas, ocupadas en sus asuntos: los sacerdotes y los levitas con sus turnos de servicio, los numerosos devotos y peregrinos, deseosos de encontrarse con el Dios santo de Israel. Pero ninguno de ellos se entera de nada. Jesús es un niño como los demás, hijo primogénito de dos padres muy sencillos. Incluso los sacerdotes son incapaces de captar los signos de la nueva y particular presencia del Mesías y Salvador. Sólo dos ancianos, Simeón y Ana, descubren la gran novedad. Guiados por el Espíritu Santo, encuentran en ese Niño el cumplimiento de su larga espera y vigilancia. Ambos contemplan la luz de Dios, que viene para iluminar el mundo, y su mirada profética se abre al futuro, como anuncio del Mesías: «Lumen ad revelationem gentium!» (Lc 2, 32). En la actitud profética de los dos ancianos está toda la Antigua Alianza que expresa la alegría del encuentro con el Redentor. A la vista del Niño, Simeón y Ana intuyen que precisamente él es el Esperado.

La Presentación de Jesús en el templo constituye un icono elocuente de la entrega total de la propia vida para cuantos, hombres y mujeres, están llamados a reproducir en la Iglesia y en el mundo, mediante los consejos evangélicos, «los rasgos característicos de Jesús virgen, pobre y obediente» (Exhort. apost. postsinodal Vita consecrata, 1). Por esto, el venerable Juan Pablo II eligió la fiesta de hoy para celebrar la Jornada anual de la vida consagrada. En este contexto, dirijo un saludo cordial y agradecido a monseñor João Braz de Aviz, que hace poco nombré prefecto de la Congregación para los institutos de vida consagrada y las sociedades de vida apostólica, así como al secretario y a sus colaboradores. Saludo con afecto a los superiores generales presentes y a todas las personas consagradas.

Quiero proponer tres breves pensamientos para la reflexión en esta fiesta.

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