MI CASA ES CASA DE ORACIÓN
Carta del Arzobispo de Valencia
Card. Antonio Cañizares LLovera
Al Clero y al pueblo de Dios
3 de enero 2018
Queridos hermanos
sacerdotes, queridos todos: Os escribo esta carta con todo cariño y con la
normal preocupación y máximo interés de que los templos –catedral, basílicas,
iglesias parroquiales, capillas, ermitas con culto habitual,…- sean casas de
oración y no se conviertan o convirtamos en lugares profanos.
Así, con esta
preocupación y celo de Hijo de Dios, se expresaba y actuaba Jesús en el templo
de Jerusalén viendo en qué habían convertido la casa de Dios. Hemos de insistir
en la catequesis el sentido o significado del templo como morada de Dios y
lugar de encuentro con Él, de adoración, de escucha de su Palabra, de
celebración de los sacramentos, sobre todo de la Eucaristía para la que se
reúne la asamblea cristiana, como señala bella y precisamente el Ritual de
Dedicación de Iglesias.
Vengo observando,
desde hace tiempo, que es necesario esforzarnos todos en que las iglesias o
templos sean de verdad casas de oración, que inviten a la adoración a Dios y a
escucharle, a la contemplación y gozar de su presencia: sólo Él debe
importarnos y solo a Él debemos la gloria y la alabanza que merece. Por esto,
además del cuidado material de los templos con limpieza, belleza, orden, ornato
debido, iluminación adecuada, sonoridad buena, habrá que cuidar muchísimo el
silencio. Ya hice alguna advertencia sobre el silencio en mi Carta Pastoral
sobre la Eucaristía “Haced esto en memoria mía”. A ella me remito. Pero
quiero insistir aún más en el silencio debido para la oración, la escucha de la
Palabra, para la adoración y la contemplación, para el recogimiento necesario,
para el encuentro con Dios y consigo mismo. Este silencio se ve alterado con
excesiva frecuencia e indebidamente en el rito de la paz, también al final de
la celebración, y a veces incluso al entrar en el templo.


