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martes, 16 de enero de 2018

Mi casa es casa de oración - Carta del Card. Antonio Cañizares Llovera sobre la manera de comportarse en los templos

MI CASA ES CASA DE ORACIÓN

Carta del Arzobispo de Valencia
Card. Antonio Cañizares LLovera
Al Clero y al pueblo de Dios
3 de enero 2018


Queridos hermanos sacerdotes, queridos todos: Os escribo esta carta con todo cariño y con la normal preocupación y máximo interés de que los templos –catedral, basílicas, iglesias parroquiales, capillas, ermitas con culto habitual,…- sean casas de oración y no se conviertan o convirtamos en lugares profanos.

Así, con esta preocupación y celo de Hijo de Dios, se expresaba y actuaba Jesús en el templo de Jerusalén viendo en qué habían convertido la casa de Dios. Hemos de insistir en la catequesis el sentido o significado del templo como morada de Dios y lugar de encuentro con Él, de adoración, de escucha de su Palabra, de celebración de los sacramentos, sobre todo de la Eucaristía para la que se reúne la asamblea cristiana, como señala bella y precisamente el Ritual de Dedicación de Iglesias.

Vengo observando, desde hace tiempo, que es necesario esforzarnos todos en que las iglesias o templos sean de verdad casas de oración, que inviten a la adoración a Dios y a escucharle, a la contemplación y gozar de su presencia: sólo Él debe importarnos y solo a Él debemos la gloria y la alabanza que merece. Por esto, además del cuidado material de los templos con limpieza, belleza, orden, ornato debido, iluminación adecuada, sonoridad buena, habrá que cuidar muchísimo el silencio. Ya hice alguna advertencia sobre el silencio en mi Carta Pastoral sobre la Eucaristía “Haced esto en memoria mía”. A ella me remito. Pero quiero insistir aún más en el silencio debido para la oración, la escucha de la Palabra, para la adoración y la contemplación, para el recogimiento necesario, para el encuentro con Dios y consigo mismo. Este silencio se ve alterado con excesiva frecuencia e indebidamente en el rito de la paz, también al final de la celebración, y a veces incluso al entrar en el templo.

lunes, 25 de marzo de 2013

La elección del Papa Francisco vista por el Card. Cañizares

En los umbrales mismos de la Semana Santa ha sido elegido y ha iniciado su pontificado el Papa Francisco. Todo un signo.Todo ha sido providencial y cargado de signos en la sucesión de Benedicto XVI: se inició el Cónclave el día 12, aniversario de la canonización de Santa Teresa de Jesús, de San Ignacio de Loyola, de San Francisco Javier, de San Isidro Labrador y de San Felipe Neri: santos de la renovación interna de la Iglesia, de la reforma verdadera obra del Espíritu, santos de la humildad, de la oración como camino de perfección, de la contemplación de Jesucristo, evangelizadores en su tiempo y cuando se siguen sus enseñanzas, edificadores de la Iglesia que Jesucristo guía, incansables trabajadores del Evangelio, desde la sencillez y buscando, por encima de todo, la gloria de Dios, testigos de que sólo Dios basta; tres de ellos, reformadores de la vida consagrada conforme a lo que Dios quiere y los tiempos nuevos requerían... El Papa Francisco fue elegido un día 13, que evoca las apariciones de la Virgen de Fátima (Benedicto XVI anunció su renuncia el día de la conmemoración de la aparición de la Virgen Inmaculada en Lourdes, y este Papa, por añadidura, es profundamente mariano), y, además, no estaba entre los nombres que se señalaban como más firmes candidatos en los medios de comunicación social ni entraba en los cálculos humanos, ni de dentro ni de fuera.

lunes, 2 de abril de 2012

El verdadero sentido de la liturgia

Artículo del

Prefecto de la Congregación para el Culto Divino y la Disciplina de los Sacramentos

publicado en

la edición española de

 L’Osservatore Romano


Se ha cumplido un año del encargo que recibí como prefecto de la Congregación para el culto divino. No es la hora de hacer ningún balance. Este tiempo -todo lo que en él ha acaecido- me ha confirmado en la necesidad apremiante que hay de que la santa liturgia sea en nuestros días el centro y el corazón de la vida de la Iglesia; que sea, como corresponde a su misma naturaleza, en expresión del Vaticano II, «fuente y culmen de la vida cristiana».

Reavivar el espíritu y el verdadero sentido de la liturgia en la vida de la Iglesia, de todos los fieles, es un desafío y cometido principal siempre, pero aún más en estos momentos. Es urgente, en efecto, que se reavive el genuino y verdadero sentido de la liturgia, porque es algo que está en la misma entraña del ser y de la vida de la Iglesia: la liturgia es culto a Dios, instrumento de santificación, celebración de la fe de la Iglesia y medio de su transmisión. En ella se abren las puertas del cielo y los fieles entran en comunión con la santa e indivisible Trinidad, experimentando su participación en la naturaleza divina como don de la gracia. La liturgia es también anticipación de la bienaventuranza final y de la gloria celeste a la que estamos llamados, objeto y meta de la esperanza más grande.

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