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miércoles, 19 de febrero de 2020

La crisis de la catequesis - Card. Joseph Ratzinger


TRANSMISION DE LA FE Y FUENTES DE LA FE *

traducción castellana de la conferencia pronunciada
en Lyon y París los días 15 y 16 de enero del año 1983

Cardenal JOSEPH RATZINGER


1. LA CRISIS DE LA CATEQUESIS Y EL PROBLEMA DE LAS FUENTES. l.-Características generales de la crisis. 2.-Catequesis, Biblia y dogma.
2. PARA LA SUPERACIÓN DE LA CRISIS. l.-¿Qué es la fe? 2.-¿Qué son las fuentes? 3.-La estructura de la catequesis: a) Las cuatro piezas maestras. b) Reflexiones sobre dos problemas de contenido. e) Sobre la estructura formal de la catequesis.

La última palabra que el Señor resucitado dirigió a sus Apóstoles, era el encargo de ir por todo el mundo y de ser sus testigos (Mt 28, 19s; Mc 15,16; Act 1,8). Pertenece a: la esencia de la fe cristiana la exigencia de su transmisión: es la interiorización de un mensaje que se dirige a todos porque es la verdad y porque el hombre no puede ser salvado sin la verdad (1 Tim. 2,4). Por este motivo, la catequesis, la transmisión de la fe, ha sido, desde el principio, una función vital y central en la Iglesia, y debe seguir siéndolo mientras dure la Iglesia.

1. LA CRISIS DE LA CATEQUESIS Y EL PROBLEMA DE LAS FUENTES

1. Características generales de la crisis

Las dificultades actuales de la catequesis constituyen un lugar común que no hay necesidad de probar en detalle. Las causas de la crisis y sus consecuencias han sido descritas con frecuencia y amplitud 1. Digamos algo sobre ellas.

En el mundo de la técnica, que es una creación del hombre mismo, no es el Creador lo que se encuentra de inmediato, sino que es el hombre el que se encuentra a sí mismo. Su estructura fundamental es la facticidad (Machbarkeit) y el modo de su certeza es el de lo calculable (Errechenbaren). Por eso, el problema de la salvación no se plantea en función de Dios, que no aparece por ningún lado, sino en función del poder del hombre, que quiere negar a ser el constructor de sí mismo y de su historia.

En consecuencia, el hombre no extrae ya sus criterios morales a partir de una reflexión sobre la creación o sobre el Creador, cuyo lenguaje ahora le es desconocido. La creación no tiene ya resonancias morales para el hombre: no le habla sino en el lenguaje de la matemática, de la utilidad técnica, a menos que proteste por las violencias que el hombre le hace sufrir. Incluso entonces, la apelación moral que la creación dirige al hombre permanece indeterminada: en última instancia, la moral viene a identificarse de un modo u otro con la sociabilidad, con la apertura del hombre para consigo mismo y con su medio. Desde este punto de vista, también la moral pasa a ser un mero problema de cálculo sobre las mejores condiciones de configuración del futuro. Todo esto ha hecho que la sociedad cambie profundamente: la familia, que es la célula básica portadora de la cultura cristiana, parece estar en vías de disolución; cuando los vínculos metafísicos ya no cuentan, otros tipos de vínculos no pueden mantenerla por mucho tiempo.

jueves, 3 de octubre de 2019

La unidad en la verdad sólo puede ser recibida de Dios en la oración, y sólo puede realizarse obedeciendo al Magisterio en lo que respecta a Dios y Su Revelación, y no mediante manipulaciones o con el uso de la violencia y el engaño - Cardenal Gerard Müller


Declaración del Cardenal Gerard Müller
presentada en LifeSiteNews y otros medios


La exigencia según la cual el Sínodo para la Amazonia debe regular que el Sacramento de las Sagradas Órdenes -en su primer grado, el diaconado- sea válidamente administrado a las mujeres contiene varios errores.

El primero de ellos consiste en la opinión de que el Magisterio está por encima de la Revelación y de que un sínodo de los obispos (que tiene sólo un carácter consultivo), un concilio ecuménico o el papa pueden alterar la sustancia de los sacramentos (Concilio de Trento, Decreto sobre la Comunión bajo ambas especies, DH 1728).

El segundo error está en la opinión según la cual el Sacramento de las Sagradas Órdenes realmente consiste en tres Sacramentos, por lo que hay que decidir, en consecuencia, si la declaración Ordinatio Sacerdotalis (1994) se aplica sólo al grado de ordenación de obispo, presbítero (= sacerdote) o diácono.

El tercer error consiste en confundir a un público teológicamente mal informado al avanzar la tesis según la cual la decisión definitiva del papa Juan Pablo II, a saber: «Declaro que la Iglesia no tiene en modo alguno la facultad de conferir la ordenación sacerdotal a las mujeres, y que este dictamen debe ser considerado como definitivo por todos los fieles de la Iglesia» (Ordinatio Sacerdotalis, 4), no es un dogma.

Sin embargo, está fuera de toda duda que esta decisión definitiva de Juan Pablo II es, desde luego, un dogma de fe de la Iglesia católica, y que este era el caso antes de que este papa definiera, en 1994, esta verdad tal como está contenida en la Revelación. La imposibilidad de que una mujer reciba de forma válida el Sacramento de las Órdenes Sagradas en cada uno de los tres grados es una verdad contenida en la Revelación y, por ende, confirmada de manera infalible por el Magisterio de la Iglesia y presentada como algo que hay que creer.

domingo, 18 de febrero de 2018

La verdadera reforma de la Iglesia: vivir plenamente el Evangelio, vivir plenamente lo que hemos recibido de Jesucristo y de la tradición. - Card. Robert Sarah

Entrevista al Cardenal Robert Sarah
prefecto de la Congregación para el Culto Divino
y la Disciplina de los Sacramentos

realizada portal Cathobel de Bélgica



En su opinión, ¿cuáles son, hoy, los desafíos a los que debe responder la Iglesia católica, sobre todo en Europa occidental?

Creo que la Iglesia se enfrenta, actualmente, a grandes cuestiones. Ante todo, está su fidelidad a Jesús, a su Evangelio, su fidelidad a la enseñanza que siempre ha recibido de los primeros papas, de los concilios. Es el gran desafío de hoy y no siempre resulta obvio, porque la Iglesia desea adaptarse a su ambiente, a la cultura moderna.

El segundo desafío es la fe. La fe ha disminuido, no sólo a nivel del Pueblo de Dios, sino también entre los responsables de la Iglesia; a veces nos preguntamos si realmente tenemos fe. En Navidad, un sacerdote, durante la misa dominical, dijo a sus parroquianos: “Hoy no vamos a recitar el ‘Credo’, porque yo ya no creo. Cantaremos, en su lugar, un canto que exprese la comunión entre nosotros”. Creo que hay una gran crisis de fe, una gran crisis en nuestra relación personal con Dios.

Después de su elección, el Papa Benedicto XVI, consciente de los grandes desafíos de la Iglesia, dedicó inmediatamente un año a San Pablo. Quería llevarnos a una relación personal con Jesús. La vida de este hombre, que perseguía a la Iglesia, fue totalmente transformada cuando encontró a Jesús. Dijo: «Vivo, pero no soy yo el que vive, es Cristo quien vive en mí. Y mi vida de ahora en la carne, la vivo en la fe del Hijo de Dios, que me amó y se entrego por mí».

A continuación, Benedicto XVI quiso consagrar un año al sacerdocio. Hay también una gran crisis sacerdotal. No porque no haya suficientes sacerdotes. En el siglo VII, el Papa Gregorio Magno dijo que había demasiados sacerdotes. Hoy hay 400.000 sacerdotes. Pero los sacerdotes ¿viven realmente su vocación? Por último, Benedicto XVI quiso dedicar un año a la fe. Estos son los tres grandes desafíos de la Iglesia actual.

¿Cómo pueden los cristianos descubrir más a Dios y hacer que los que no le conocen le descubran, o redescubran si se han alejado?

viernes, 19 de mayo de 2017

El descuido en la práctica religiosa reviste una gravedad mayúscula - Mons. Domingo Salvador Castagna

1.- Sin fe no hay vida cristiana.


 La mediocridad, en la que el mundo actual mantiene sumergidos a sus habitantes, constituye el gran obstáculo a la fe cristiana. A partir de la Resurrección, Cristo no podrá ser visto sino por la fe. Así lo aprenden sus seguidores o discípulos durante aquellos días previos a la Ascensión. El deseo de verlo - como antes - sufrió la desilusión manifestada por Tomás al negarse a creer que el Maestro muerto en la Cruz había resucitado. ¡Qué claro lo afirma el Señor, cuando reitera lo que ocurrirá después de la Resurrección!: “Dentro de poco el mundo ya no me verá, pero ustedes sí me verán, porque yo vivo y también ustedes vivirán” (Juan 14, 19). Este texto parece tener como referente el aducido por el Apóstol San Pablo: “El justo vivirá por la fe”. El tema de la fe, que está ocupando el espacio principal en estas sugerencias, no parece despertar mediático interés. Sin embargo, tanto en la enseñanza de Jesús, como en la predicación apostólica, ocupa el lugar central. Sin fe no hay vida cristiana. Sin adhesión personal al Misterio profesado, el mundo no distinguirá el mensaje que le ofrece el Evangelio y la necesidad que tiene de él.

2.- La cizaña de la incredulidad se mezcla con el trigo de la fe. El mal que causa la avalancha de males sobre la humanidad, se llama: incredulidad. Se caracteriza por su clandestina difusión, como la cizaña mezclada con el trigo. La referencia bíblica de la parábola del trigal, amenazado por la siembra maligna de la cizaña, incluye la descripción de una situación actualmente innegable. Su acción invade subrepticiamente todos los órdenes, y debilita a la misma Iglesia. Todo tipo de deserción, en la práctica religiosa, constituye un debilitamiento de la fe. Es preciso, a la luz de las palabras del mismo Jesús, comprender su sentido: “El que me ama será fiel a mi palabra, y mi Padre lo amará; iremos a él y habitaremos en él. El que no me ama no es fiel a mis palabras” (Juan 14, 23-24). La fidelidad a la Palabra - que es el mismo Cristo - es esencial a la fe. La fe está viva por el amor, o por la fidelidad a Cristo. Cuando el Señor elogia la fe de alguien, reconoce la sincera adhesión del mismo a su divina persona. Es la fe que todo lo logra, hasta el traslado de una montaña al mar, comparada al lozano florecimiento de la humildísima mostaza (Mateo 17, 20).

3.- El trágico descuido de la práctica religiosa. 

lunes, 23 de enero de 2017

La intolerancia doctrinal - Cardenal Pie

LA INTOLERANCIA DOCTRINAL

(Sermón predicado por el Cardenal Pie en la Catedral de Chartres, publicado en “Obras Sacerdotales del Cardenal Pie”, editorial religiosa H. Oudin, 1901, Tomo I pág. 356-377)
“Unus Dominus, una fides, unum baptista” "No hay más que un solo Señor, una sola fe, un solo bautismo" (San Pablo a los Efesios, IV, 5)
 Un sabio ha dicho que las acciones del hombre son las hijas de su pensamiento, y nosotros mismos hemos comprobado que tanto los bienes como los males de una sociedad son fruto de los principios buenos o malos que ella profesa. La verdad en el espíritu y la virtud en el corazón son dos cosas que se corresponden casi puntualmente: cuando el espíritu se ha entregado al demonio de la mentira, el corazón — no obstante que el desorden no haya comenzado por él — está muy cerca de abandonarse al demonio del vicio. La inteligencia y la voluntad son dos hermanas, entre las cuales la seducción es contagiosa: si ven que la primera se ha abandonado al error, corren un velo sobre la honra de la segunda.
Y porque esto es así, mis hermanos, porque no existe ningún daño, ninguna lesión en el orden intelectual que no tenga consecuencias funestas en el orden moral y aún en el orden material, es que concedemos importancia a combatir el mal en su origen, a secarlo en su fuente, esto es, en sus ideas. Mil prejuicios se han popularizado entre nosotros: el sofisma, asombrado de sentirse atacar, invoca la prescripción; la paradoja se vanagloria de haber adquirido carta de nacionalidad y derechos de ciudadanía. Los mismos cristianos, viviendo en medio de esta atmósfera impura, no han evitado totalmente su contagio: aceptan demasiado fácilmente muchos de los errores.
Fatigados de resistir en los puntos esenciales, a menudo cansados de luchar, ceden en otros puntos que les parecen menos importantes, y no advierten nunca — a veces porque no quieren percatarse — hasta dónde podrán ser llevados por su imprudente debilidad. Entre esta confusión de ideas y de falsas opiniones nos toca a nosotros, sacerdotes de la incorruptible verdad, salir al paso y censurar con la acción y la palabra, satisfechos si la rígida inflexibilidad de nuestra enseñanza puede detener el desborde de la mentira, destronar principios erróneos que reinan orgullosamente en las inteligencias, corregir axiomas funestos admitidos ya por la convalidación del tiempo, esclarecer finalmente y purificar una sociedad que amenaza hundirse, que envejece en un caos de tinieblas y de desórdenes, donde no será ya posible distinguir la índole y, menos aún, el remedio de sus males.
 Nuestra época grita: “¡Tolerancia! ¡Tolerancia!" Se admite que un sacerdote debe ser tolerante, que la religión debe ser tolerante. Mis hermanos: en primer lugar, nada iguala a la franqueza, y yo vengo a decirles sin rodeos que no existe en el mundo más que una sola sociedad que posee la verdad, y que esta sociedad debe ser necesariamente intolerante. Pero antes de entrar en materia, y para entendernos bien, distingamos las cosas, determinemos el sentido de las palabras y no confundamos nada.

martes, 28 de junio de 2016

Bula Cum ex apostolatus officio - Pablo IV

 Constitución  Apostólica
Cum ex apostolatus officio
Del Papa Pablo IV
15 de febrero de 1559

EXORDIO- El Papa tiene el deber de impedir el magisterio del error.
   Dado que por nuestro oficio apostólico, divinamente confiado a Nos aunque sin mérito alguno de nuestra parte, Nos compete un cuidado sin  límite del rebaño del Señor; y que por consecuencia, a manera del Pastor que vela, en beneficio de la fiel custodia de su grey y de su saludable conducción, estamos obligados a una asidua vigilancia y a procurar con particular atención que sean excluidos del rebaño de Cristo  aquellos que en estos tiempos, ya sea por el predominio de sus pecados o por confiar con excesiva licencia en su propia capacidad, se levantan contra la disciplina de la verdadera Fe de un modo realmente perverso, y trastornan con recursos malévolos y totalmente inadecuados la inteligencia de las Sagradas Escrituras, con el propósito de escindir la unidad de la Iglesia Católica y la túnica inconsútil del Señor, y para que no prosigan con la enseñanza del error, los que desprecian ser discípulos de la Verdad.

I. Más alto está el desviado de la Fe. más grave es el peligro.
   Considerando la gravedad particular de esta situación y sus peligros al punto que ell mismo Romano Pontífice, que como Vicario de Dios y de Nuestro Señor tiene la plena potestad en la tierra, y a todos juzga y no puede ser juzgado por nadie, si fuese encontrado desviado de la Fe, podría ser acusado. y dado que donde surge un peligro mayor, allí más decidida debe ser la providencia para impedir que falsos profetas y otros personajes que detentan jurisdicciones seculares no tiendan lamentables lazos a las almas simples y arrastren consigo hasta la perdición innumerables pueblos confiados a su cuidado y a su gobierno  en las cosas espirituales o en las temporales; y para que no acontezca algún día  que veamos en el Lugar Santo la abominación de la desolación, predicha por el profeta Daniel; con la ayuda de Dios para Nuestro empeño pastoral, no sea que parezcamos perros mudos, ni mercenarios, o dañados los malos vinicultores, anhelamos capturar las zorras que tientan desolar la Viña del Señor y rechazar los lobos lejos del rebaño.

2. Confirmación de toda providencia anterior contra todos los desviados. 
   Después de madura deliberación con los Cardenales de la Santa Iglesia Romana, hermanos nuestros, con el consejo y el unánime asentimiento de todos ellos, con Nuestra Autoridad Apostólica, aprobamos y renovamos todas y cada una de las sentencias, censuras y castigos de excomunión, suspensión, interdicción y privación, u otras, de cualquier modo adoptadas y promulgadas contra los herejes y cismáticos, por los Pontífices Romanos, nuestros Predecesores, o en nombre de ellos, incluso las disposiciones informales, o de los Sacros Concilios admitidos por la Iglesia, o decretos y estatutos de los Santos Padres, o Cánones Sagrados, o por Constituciones y Resoluciones Apostólicas. Y queremos y decretamos que dichas sentencias, censuras y castigos, sean observadas perpetuamente y sean restituidas a su prístina vigencia si estuvieran en desuso, y deben permanecer con todo su vigor. Y queremos y decretamos que todos aquellos que hasta ahora hubiesen sido encontrados, o hubiesen confesado, o fuesen convictos de haberse desviado de la Fe Católica, o de haber incurrido en alguna herejía o cisma, o de haberlos suscitado o cometido; o bien los que en el futuro se apartaran de la Fe (lo que Dios se digne impedir según su clemencia y su bondad para con todos), o incurrieran  en herejía, o cisma, o los suscitaren o cometieran; o bien los que hubieren de ser sorprendidos de haber caído, incurrido, suscitado o cometido, o lo confiesen, o lo admitan, de cualquier grado, condición y preminencia, incluso Obispos, Arzobispos, Patriarcas, Primados, o de cualquier otra dignidad eclesiástica superior; o bien Cardenales, o Legados perpetuos o temporales de la Sede Apostólica, con cualquier destino; o los que sobresalgan por cualquier autoridad o dignidad temporal, de conde, barón, marqués, duque, rey, emperador, en fin queremos y decretamos que cualquiera de ellos incurra en las antedichas sentencias, censuras y castigos.

martes, 21 de enero de 2014

¡Confesar toda la fe! no una parte. ¡Toda!. Custodiarla por entero como llegó a nosotros por el camino de la tradición. – Papa Francisco

PAPA FRANCISCO 

MISAS MATUTINAS EN LA CAPILLA
DE LA DOMUS SANCTAE MARTAHE
 

El credo de los loros

Viernes 10 de enero de 2014 

 
El cristiano no repite el Credo de memoria como un loro y no vive como un eterno «derrotado», sino que confiesa toda su fe y tiene la capacidad de adorar a Dios, llevando así hacia lo alto el termómetro de la vida de la Iglesia. Para el Papa Francisco «confesar y confiarse» son las dos palabras clave que alimentan y refuerzan la actitud de quien cree, porque «nuestra fe es la victoria que venció al mundo» como escribe el apóstol Juan en su primera carta. El Pontífice lo reafirmó en la misa celebrada el viernes 10 de enero, por la mañana, en la capilla de la Casa de Santa Marta.
El Papa Francisco retomó de este modo el hilo conductor de la meditación del día anterior, presentando su reflexión centrada en la primera carta de Juan. Quien, explicó, «insiste, subraya mucho esa palabra que para él es como la expresión de la vida cristiana: permanecer, permanecer en el Señor». Y «en estos días —continuó— hemos visto cómo» Juan «piensa este permanecer: nosotros en el Señor y el Señor en nosotros. Esto significa permanecer en el amor, porque los dos mandamientos principales son los del amor a Dios y al prójimo».
Para Juan, por lo tanto, el centro de la vida cristiana es el «permanecer en el Señor, permanecer el Señor en nosotros, permanecer en el amor. Y por esto, dice, nos dio el Espíritu. Es precisamente el Espíritu Santo quien hace esta obra del permanecer». En el pasaje de la primera lectura (4, 19 – 5, 4) proclamado en la liturgia, el apóstol —indicó el Papa— da la respuesta a una pregunta que nos surge naturalmente: por nuestra parte, ¿qué debemos hacer para vivir el estilo del «permanecer»? Escribe Juan: quien permanece en Dios, quienquiera que sea engendrado por Dios, quien permanece en el amor vence el mundo. «Y la victoria es nuestra fe», explicó el Pontífice repitiendo las palabras del apóstol. Para vivir «este permanecer», afirmó, «por parte nuestra» está precisamente la fe, mientras que «por parte de Dios está el Espíritu Santo, que hace esta obra de gracia».
«¡Es fuerte!», exclamó el Papa, porque «la victoria que venció el mundo es nuestra fe. Nuestra fe lo puede todo: ¡es victoria!». Se trata de una verdad que «sería hermoso» repetirnos con frecuencia, «porque muchas veces somos cristianos derrotados. La Iglesia —afirmó el Pontífice— está llena de cristianos derrotados, que no creen que la fe es victoria, que no viven esta fe. Y si no se vive esta fe está la derrota, y vence el mundo, el príncipe del mundo».

jueves, 12 de septiembre de 2013

Texto completo de la carta del Papa Francisco al director del diario "La República"


Apreciado doctor Scalfari:

Es con profunda cordialidad que al menos a grandes líneas quisiera tratar de responder a la carta que, desde las páginas de La Repubblica, se ha querido dirigir a mi el 7 de julio con una serie de reflexiones personales, que luego ha enriquecido en las páginas del mismo diario el 7 de agosto. Le agradezco, en primer lugar, por la atención con la que leyó la encíclica Lumen Fidei. La cual en la intención de mi amado predecesor, Benedicto XVI, que la concibió y escribió gran parte, y la que con gratitud, heredé, se dirige no solo a confirmar en la fe en Jesucristo a aquellos que en aquella ya se reconocen, sino también para despertar un diálogo sincero y riguroso con los que, como Usted, se define "un no creyente por muchos años, interesado y fascinado por la predicación de Jesús de Nazaret".

Por lo tanto, creo que es muy positivo, no solo para nosotros individualmente, sino también para la sociedad en la que vivimos, detenernos para dialogar de algo tan importante como es la fe, que se refiere a la predicación y a la figura de Jesús. Creo que hay, en particular, dos circunstancias que hacen que este diálogo sea hoy sea un deber y algo valioso.

Como se sabe, uno de los principales objetivos del Concilio Vaticano II, querido por el papa Juan XXIII y por el ministerio de los papas, es la sensibilidad y contribución que cada uno desde entonces hasta ahora ha dado según el patrón establecido por el Concilio. La primera de las circunstancias --como se recuerda en las páginas iniciales de la Encíclica-- deriva del hecho que a lo largo de los siglos de la modernidad , se produjo una paradoja: la fe cristiana, cuya novedad e incidencia sobre la vida del hombre desde el principio han sido expresados precisamente a través del símbolo de la luz, a menudo ha sido calificada como la oscuridad de la superstición que se opone a la luz de la razón. Así entre la Iglesia y la cultura de inspiración cristiana, por una parte, y la cultura moderna de carácter iluminista, por la otra, se ha llegado a la incomunicación. Ahora ha llegado el momento, y el Vaticano II ha inaugurado justamente la estación, de un diálogo abierto y sin prejuicios que vuelva a abrir las puertas para un serio y fructífero encuentro.

viernes, 5 de julio de 2013

Lumen Fidei - Primera Encíclica del Papa Francisco

CARTA ENCÍCLICA
LUMEN FIDEI

DEL SUMO PONTÍFICE
FRANCISCO

A LOS OBISPOS
A LOS PRESBÍTEROS Y A LOS DIÁCONOS
A LAS PERSONAS CONSAGRADAS
Y A TODOS LOS FIELES LAICOS

SOBRE LA FE
 
          1. La luz de la fe: la tradición de la Iglesia ha indicado con esta  expresión el gran don traído por Jesucristo, que en el Evangelio de san Juan se presenta con estas palabras: « Yo he venido al mundo como luz, y así, el que cree en mí no quedará en tinieblas » (Jn 12,46). También san Pablo se expresa en los mismos términos: « Pues el Dios que dijo: “Brille la luz del seno de las tinieblas”, ha brillado en nuestros corazones » (2 Co 4,6). En el mundo pagano, hambriento de luz, se había desarrollado el culto al Sol, al Sol invictus, invocado a su salida. Pero, aunque renacía cada día, resultaba claro que no podía irradiar su luz sobre toda la existencia del hombre. Pues el sol no ilumina toda la realidad; sus rayos no pueden llegar hasta las sombras de la muerte, allí donde los ojos humanos se cierran a su luz. « No se ve que nadie estuviera dispuesto a morir por su fe en el sol »[1], decía san Justino mártir. Conscientes del vasto horizonte que la fe les abría, los cristianos llamaron a Cristo el verdadero sol, « cuyos rayos dan la vida »[2]. A Marta, que llora la muerte de su hermano Lázaro, le dice Jesús: « ¿No te he dicho que si crees verás la gloria de Dios? » (Jn 11,40). Quien cree ve; ve con una luz que ilumina todo el trayecto del camino, porque llega a nosotros desde Cristo resucitado, estrella de la mañana que no conoce ocaso.

jueves, 23 de mayo de 2013

Reflexiones acerca de la Fe - Cardenal Jorge A. Medina Estévez

  
La invitación  del Santo Padre Benedicto XVI a celebrar, a partir del próximo mes de octubre, un año consagrado a profundizar el sentido y la importancia de la fe en la vida cristiana, todo ello en conmemoración del medio siglo a contar de la inauguración del Concilio ecuménico Vaticano II, invita a la reflexión acerca del contenido, de la relevancia así como también de las posibles deficiencias o  desviaciones que pueden darse con respecto a esta actitud fundamental de los discípulos de Cristo.

       ¿Qué es la fe?
         Tengamos presente, ante todo, que una parte muy  considerable de los conocimientos que poseemos no provienen de certezas que hayamos adquirido a través de experiencias personales, sino que los hemos obtenido por medio del testimonio de otras personas. Así, y para no multiplicar los ejemplos, lo que sabemos de la historia, de la fisiología, de la astronomía o de la paleontología no lo hubiéramos podido saber si no hubiéramos contado con el testimonio creíble de personas que nos han comunicado esas informaciones y que, en muchos casos, esas mismas personas  las han adquirido de otras que las antecedieron y se las proporcionaron. La confianza en la veracidad y competencia de otras personas es un elemento sin el cual se hace imposible la adquisición de muchos conocimientos desde luego en el plano de las realidades naturales  que, de suyo, se pueden obtener con el ejercicio de la razón, de la investigación y de la experiencia puramente naturales. La fe o credibilidad humanas suponen que el testigo, informante o maestro, sea competente y conozca cabalmente la materia, y que no haya razón para sospechar que pueda tener la intención  de ocultarnos la verdad o, peor aún, de engañarnos.

martes, 21 de mayo de 2013

La naturaleza de Dios y su obrar

La manera que tenemos
de conocer a Dios y su acción
LA NATURALEZA DE DIOS Y SU OBRAR
1 LA NATURALEZA DE DIOS
1.1 Cómo podemos conocerlo
Podemos conocer a Dios por la razón y por la revelación.
En este capítulo se estudian aquellas realidades de la naturaleza divina susceptibles de ser alcanzadas por la razón. A partir del capítulo siguiente el principal apoyo en los desarrollos explicativos será el conocimiento a través de la Revelación.
La razón nos da a conocer la naturaleza de Dios de dos modos:
a) Por acción, atribuyéndole todas las perfecciones que encontramos en las criaturas, y todas las que podamos concebir.
b) Por remoción, removiendo de El todo cuanto las criaturas tienen de limitado e imperfecto.
Esta forma de conocer se llama analógica, es decir, según un grado de semejanza (Dios es bueno ya que vemos que las criaturas son buenas) y otro de desemejanza (Dios no es bueno del mismo modo ni en el mismo grado de las criaturas). A la analogía se sigue la eminencia: Dios es bueno, pero bueno infinitamente.
Así, pues, para el conocimiento racional de la naturaleza divina el punto de partida es la naturaleza de las criaturas y en particular la naturaleza humana: las perfecciones que ésta posee las trasladamos por analogía a la naturaleza divina, elevadas al infinito.
Y así, podemos atribuir a Dios la inteligencia, el poder, la bondad, la ciencia, la belleza, etc. Esta forma de proceder se apoya en un clarísimo texto de San Pablo (Rom. 1, 20-2 1): ". . . las perfecciones invisibles de Dios, su poder eterno y su divinidad, se han hecho visibles después de la creación del mundo, por el conocimiento que de ellas nos dan las criaturas".

viernes, 17 de mayo de 2013

La fe sobrenatural, creo en Dios

La fe es la respuesta o aceptación
del hombre a todo aquello
que Dios le ha revelado

LA FE SOBRENATURAL: CREO EN DIOS
Tratamos ahora de la fe, inmediatamente después de haber hablado de la Revelación. Este orden perfectamente lógico pues la fe es la respuesta o aceptación del hombre a todo aquello que Dios le ha revelado.
1 NATURALEZA DE LA FE
1.1 Noción general
Fe en general es admitir por cierto lo que otro nos dice. Por ejemplo, cuando creo un hecho que me lo cuenta una persona que merece crédito. Así, lo que caracteriza a la fe es admitir una cosa porque otro la dice; o lo que es lo mismo, admitirla por el testimonio del otro.
"Cuando Dios revela, se le debe la "obediencia de la fe" (Rom. 16, 26; cfr. Rom. 1, 5; Cor. lo, 5-6), por la que el hombre se entrega todo él con libertad a Dios, prestando el pleno homenaje de la inteligencia y de la voluntad a Dios revelador y dando voluntariamente su asentimiento a la revelación que El le hace" (Conc. Vaticano II, Const. dogm. Dei Verbum, núm. 5).

martes, 19 de febrero de 2013

Diez propuestas sencillas para vivir el año de la fe

          El Presidente de la Comisión para la Evangelización y la Catequesis de la Conferencia Episcopal de Estados Unidos (USCCB), Mons. David Laurin Ricken, propuso diez sencillos consejos para vivir el Año de la Fe.
          Según las indicaciones de la Congregación para la Doctrina de la Fe, y a través del sitio web de la USCCB, Mons. Ricken recordó, que el objetivo de este Año, es reforzar la fe de los católicos y acercar al mundo a la fe mediante el ejemplo.
          Para llevar adelante este encargo que el Papa Benedicto XVI encomienda al pueblo de Dios, Mons. Ricken, propone: participar en la Misa, acudir a la confesión, conocer más a los santos, leer la Biblia cada día, conocer los documentos del Concilio Vaticano II, estudiar el catequismo, hacer voluntariado en la parroquia, ayudar a los necesitados, invitar a Misa a los amigos, y encarnar las Bienaventuranzas.
          1º Mons. Ricken, Obispo de Green Bay (Wisconsin), recordó que lo primero es participar en la Santa Misa para vivir un encuentro personal con Dios, del modo más inmediato, "Una participación regular en la Misa refuerza la propia fe a través de las Escrituras, el Credo, las oraciones, la música sagrada, y la homilía, recibiendo la Comunión y formando parte de una comunidad de fe", indicó.

lunes, 5 de noviembre de 2012

La teología deriva totalmente de la fe, y se ejerce en constante dependencia de la fe

Mensaje de la
Comisión Teológica Internacional
con ocasión
del Año de la fe

          Fides quaerens intellectum, la teología sólo existe en relación con el don de la fe. Presupone la verdad de la fe y se propone manifestar su «insondable riqueza» (Ef 3, 8), para la alegría espiritual de toda la comunidad de los creyentes y el servicio a su misión evangelizadora.
          La Comisión teológica internacional acoge con gratitud la invitación a celebrar el Año de la fe, que Benedicto XVI hizo en la carta apostólica Porta fidei (11 de octubre de 2011). Cada miembro de la Comisión teológica internacional estará disponible para las diversas iniciativas que harán de este Año de la fe un signo fuerte. Pero en cuanto comunidad de fe, también la Comisión teológica internacional, en su conjunto, desea significar su especial atención al mensaje de conversión de este Año de la fe, renovando y profundizando su compromiso al servicio de la Iglesia. Con tal fin, el 6 de diciembre de 2012, con ocasión de su sesión plenaria anual y bajo la guía de su presidente, el arzobispo Gerhard L. Müller, prefecto de la Congregación para la doctrina de la fe, la Comisión teológica internacional realizará una peregrinación a la basílica papal de Santa María la Mayor para encomendar su trabajo, y el de todos los teólogos católicos, a la Virgen fiel, proclamada «bienaventurada por haber creído» (Lc 1, 45), modelo de los creyentes y pilar de la fe verdadera.

miércoles, 17 de octubre de 2012

Hay que insistir que la fe no es una mera emoción subjetiva - Mons Aguer

Este es un sínodo sobre todo
"para la transmisión de la fe"

Entrevista al arzobispo Héctor Rubén Aguer,
arzobispo de La Plata y padre sinodal

H. Sergio Mora ha entrevistado para ZENIT a uno de los padres sinodales, el arzobispo argentino de la ciudad de La Plata, Héctor Aguer*, sobre este evento eclesial, que no es un concilio ni un consejo deliberante, el cual presentará una serie de propuestas a Benedicto XVI para que oriente a la Iglesia a través de una exhortación postsinodal.
¿Cuáles son las expectativas sobre este sínodo?
--Mons. Aguer: El sínodo ha sido convocado para tratar sobre la nueva evangelización para la trasmisión de la fe, y creo que no habría que disociar esos dos elementos.
¿El concepto de nueva evangelización cómo nace?
--El concepto de nueva evangelización ha sufrido una transformación. Lo utilizó por primera vez en 1983 el beato Juan Pablo II referido a la evangelización que la Iglesia debía emprender ante la perspectiva de los 500 años. Luego fue aplicado a la situación de los países de vieja tradición católica, en la cual la fe se vino socavando por diversas circunstancias en particular por los embates del secularismo.

jueves, 4 de octubre de 2012

El Año de la fe es una oportunidad de renovación personal y pastoral para toda la Iglesia - Mons. Aguer

Mensaje de monseñor Héctor Aguer,
arzobispo de La Plata,
a los sacerdotes, a los religiosos
y demás personas consagradas
y a todos los fieles de la arquidiócesis
(1 de octubre de 2012)


          Se acerca ya el inicio del Año de la fe, al que nos ha convocado el Santo Padre Benedicto XVI. Hemos acogido con alegría y esperanza esta iniciativa providencial y desde el momento del anuncio nos hemos venido preparando para celebrarlo como conviene. Se nos propone redescubrir en este período el gozo de creer, valorar mejor el don recibido y acrecentar el entusiasmo de comunicar la fe mediante su profesión convencida y abierta y a través del testimonio de vida.
          La fe es una adhesión personal a Dios, a quien nos unimos libremente con obediencia y confianza, movidos por su gracia, por el Espíritu Santo, que nos otorga el gusto de aceptar y creer a la verdad. Por medio de la fe, que es la puerta de la comunión con Dios, experimentamos nuestra condición de hijos suyos y nos encaminamos hacia la vida eterna. El Papa, en su carta de convocatoria nos recuerda, con San Agustín, que la fe crece y se fortalece creyendo. Para que, en efecto, se produzca ese crecimiento continuo, debemos ponernos al alcance del amor de Dios y abandonarnos confiadamente a él.

lunes, 24 de septiembre de 2012

La doctrina de la fe y el conocimiento de Cristo para la nueva evangelización - Mons. Nicola Bux

Artículo de Mons. Nicola Bux
(Consultor de la Congregación para la Doctrina de la Fe,
de la Oficina para las Celebraciones Litúrgicas del Sumo Pontífice)
publicado en
L’Osservatore Romano

El Papa, durante su viaje apostólico a Francia (12-15 de septiembre de 2008) observó que, para muchos, Dios se ha convertido en el “gran Desconocido”. Una afirmación dictada por la preocupación – que Benedicto XVI repite insistentemente – por el futuro de la fe, cuya llama parece casi apagarse en amplias regiones de la tierra. Sólo poco tiempo atrás, con ocasión del Jueves Santo, denunció cómo estamos frente a un renovado “analfabetismo religioso”. Lamentable, sin embargo, este “creer a mi manera” parece a veces también incentivado por maestros del pensamiento que, desde el interior de la Iglesia, han sembrado su palabra más que la Palabra divina. La misma Italia se está convirtiendo en un país “genéricamente” cristiano. Se necesita, por lo tanto, una nueva evangelización, gracias también al impulso del Pontificio Consejo instituido por el Papa.
¿Por dónde empezar? Tal vez precisamente por la liturgia, por el canto sagrado y por los nuevos edificios de culto, encomendados a personas que conjuguen fe y talento, para proponer formas que hablen de Dios.
La fe y su doctrina: aquí está el punto. Una fe sencilla como la de los pastores, las mujeres y los hombres encontrados por Jesús. Y no aquella de quien, por ejemplo, afirma que la resurrección de Jesús es sólo fruto de la elaboración de la experiencia de los discípulos.

martes, 4 de septiembre de 2012

La fe del catequista - Mons. Aguer

Homilía en la celebración del
“Día del Catequista”.
Iglesia Catedral de La Plata
18 de agosto de 2012
  
       La celebración del “Día del catequista” en nuestra arquidiócesis está tradicionalmente unida a la promoción de los nuevos catequistas parroquiales que han completado los estudios correspondientes. Esta circunstancia es siempre motivo de satisfacción para los principales protagonistas, pero también de esperanza para quienes debemos velar por el incremento de la obra evangelizadora de la Iglesia. Hoy no podemos dejar de asociar el acontecimiento al próximo inicio del “Año de la fe”, que se desarrollará a partir del 11 de octubre, ya que la catequesis es un instrumento principal de transmisión de la fe y de educación en ella. La puerta de la fe –digámoslo así para asumir la imagen adoptada por Benedicto XVI –se abre por medio de la catequesis, tanto en la preparación para el bautismo como en el proceso que lleva a completar la iniciación bautismal y en el itinerario permanente de la vida cristiana.
          El compromiso que el Papa invita a hacer propio a todos los fieles en este período concierne de modo particular a los catequistas, a saber: redescubrir los contenidos de la fe profesada, celebrada, vivida y rezada, y reflexionar sobre el mismo acto con el que se cree. Atañe singularmente a los catequistas en cuanto tales, no sólo en cuanto simples cristianos, porque corresponde que quienes desempeñan la misión catequística sean personas de fe viva, de una fe honda, creciente, renovada y profundizada de continuo.

martes, 28 de agosto de 2012

San Agustín - armonía entre fe y razón - Benedicto XVI

BENEDICTO XVI
AUDIENCIA GENERAL
Miércoles 30 de enero de 2008

San Agustín (3)
Armonía entre fe y razón

Queridos amigos:
Después de la Semana de oración por la unidad de los cristianos volvemos hoy a hablar de la gran figura de san Agustín. Mi querido predecesor Juan Pablo II le dedicó, en 1986, es decir, en el decimosexto centenario de su conversión, un largo y denso documento, la carta apostólica Augustinum Hipponensem (cf. L'Osservatore Romano, edición en lengua española, 14 de septiembre de 1986, pp. 15-21). El mismo Papa definió ese texto como «una acción de gracias a Dios por el don que hizo a la Iglesia, y mediante ella a la humanidad entera, gracias a aquella admirable conversión» (n. 1).
Sobre el tema de la conversión hablaré en una próxima audiencia. Es un tema fundamental, no sólo para su vida personal, sino también para la nuestra. En el evangelio del domingo pasado el Señor mismo resumió su predicación con la palabra:  "Convertíos". Siguiendo el camino de san Agustín, podríamos meditar en lo que significa esta conversión:  es algo definitivo, decisivo, pero la decisión fundamental debe desarrollarse, debe realizarse en toda nuestra vida.

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