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lunes, 6 de junio de 2022

Carta a los Jóvenes Card. Norberto Rivera Carrera (4) La realidad del pecado

 

LA REALIDAD DEL PECADO

 

·        El pecado no es un problema más de la humanidad, sino «el problema», el verdadero problema de fondo que altera el plan de Dios para el hombre, proyecto de felicidad.

·        Esta es la verdadera dimensión del pecado: preferimos el amor a nosotros mismos por encima del amor a Dios, construimos nuestro proyecto de vida al margen del proyecto de Dios.

 

Tenme piedad. Oh Dios, según tu amor, por tu inmensa ternura borra mi delito, lávame a fondo de mi culpa, y de mi pecado purifícame. Pues mi delito yo lo reconozco, mi pecado sin cesar esta ante mí, contra ti, contra ti solo he pecado, lo malo a tus ojos cometí. Porque aparezca tu justicia cuando hablas y tu victoria cuando juzgas. Mira que en culpa yo nací, pecador me concibió mi madre. Mas tu amas la verdad en lo intimo del ser, y en lo secreto me enseñas la sabiduría. Rocíame con el hisopo, y seré limpio, láveme, y quedare más blanco que la nieve. Devéleme el son del gozo y la alegría, exulten los huesos que machacaste tú. Retira tu faz de mis pecados, borra todas mis culpas. Crea en mí, oh Dios, un corazón puro; un espíritu firme dentro de mí renueva. (SALMO 50, 3-12)

 

QUERIDO JOVEN: Seguramente, cuando ves las noticias en la televisión te preguntas muchas veces que pasa, porque hay tanto mal en este mundo, porque hay tanta gente que hace sufrir a los demás, que mata, que fabrica armas destructivas, que no respeta la dignidad de la mujer y la usa como simple objeto de placer, que no respeta el misterio de la infancia, que abusa de su poder. La respuesta a esos porqués la encontramos en un problema de fondo: la crueldad del hombre contra el hombre es consecuencia de una ruptura del hombre con dios. El pecado no es un problema más de la humanidad, sino «el problema», el verdadero problema de fondo que altera el plan de Dios para el hombre, proyecto de felicidad. Y la raíz de ese pecado es la rebelión del hombre ante Dios. «Exclusión de Dios, ruptura con dios, desobediencia a Dios; a lo largo de toda la historia humana esto ha sido y es, bajo formas diversas, el pecado que puede llegar hasta la negación de dios y de su existencia; es el fenómeno llamado ateísmo. Desobediencia del hombre que no reconoce, mediante un acto de su libertad, el dominio de dios sobre la vida, al menos en aquel determinado momento en que viola su ley» (Reconciliatorio et poenitentia, n. 15)

viernes, 30 de octubre de 2020

Meditaciones del tiempo ordinario con textos de Santo Tomás de Aquino 212

 

Viernes de la 30ª semana

EL QUE PECA POR MALICIA

PECA MÁS GRAVEMENTE

QUE EL QUE PECA POR PASIÓN

El pecado cometido premeditada y conscientemente, por esto mismo merece pena más grave, según aquello de Job (34, 26): Como a criminales los azota, en lugar público los encadena, a los que de propósito se apartaron de él. Es así como el castigo no se acrecienta sino por la gravedad de la culpa; luego el pecado se agrava por ser de propósito o con malicia cierta.

 

El pecado que procede de malicia cierta es más grave que el que se comete por pasión, por tres razones:

 

1º) Porque, consistiendo principalmente el pecado en la voluntad, cuanto más propio de la voluntad sea el movimiento del pecado tanto más grave será el pecado en igualdad de circunstancias; pero cuando se peca por malicia cierta, el movimiento del pecado es más propio de la voluntad que por sí misma se mueve al mal, que cuando se peca por pasión, es decir, como por cierto impulso extrínseco a pecar; y así el pecado, por lo mismo que procede de malicia, se agrava tanto más cuanto más vehemente fuere la malicia, y, siendo por pasión, tanto más se disminuye cuanto más violenta fuere la pasión.

 

2º) Porque la pasión, que inclina a la voluntad al pecado, pasa pronto; y así el hombre retorna pronto al buen propósito, arrepintiéndose del pecado; pero el hábito con que el hombre peca por malicia es una cualidad permanente; y por tanto, quien peca por malicia, peca con más persistencia. Por lo cual el Filósofo* compara al intemperante, que peca por malicia, con el enfermo que sufre continuamente; y al incontinente, que peca por pasión, con el que padece a intervalos.

miércoles, 21 de octubre de 2020

Meditaciones del tiempo ordinario con textos de Santo Tomás de Aquino 203

 

Miércoles de la 29ª semana

LA GRANDEZA MORAL O SOCIAL

DE LA PERSONA QUE PECA AGRAVA EL PECADO


Existen dos clases de pecados. Uno que proviene de la subrepción, por debilidad de la naturaleza humana; y tal pecado se imputa menos al que es más aventajado en virtud, porque descuida menos el reprimir semejantes pecados, a los que, sin embargo, la debilidad humana no permite evitar del todo.

 

Otros pecados proceden de deliberación, y se imputan tanto más a uno cuanto mayor sea. Y esto puede ser por cuatro razones:

 

1º) Porque los mayores pueden resistir más fácilmente al pecado, por ejemplo, los que aventajan a los demás en ciencia y en virtud; por lo cual dice el Señor: «Aquel siervo que, conociendo la voluntad de su señor, no ha preparado nada ni ha obrado conforme a su voluntad, recibirá muchos azotes (Lc 12, 47).

 

2º) Por la ingratitud, porque todo bien con que uno se engrandece es beneficio de Dios, a quien el hombre se hace ingrato pecando; y en cuanto a esto, cierta supremacía, aun en los bienes temporales, agrava el pecado, conforme a aquella sentencia del libro de la Sabiduría: Los poderosos poderosamente padecerán tormento (Sab 6, 7).

 

3º) Por la especial repugnancia del acto del pecado a la grandeza de la persona, como si un príncipe, que está constituido en custodio de la justicia, la violara, y el sacerdote, que tiene hecho voto de castidad, fornicara.

miércoles, 14 de octubre de 2020

Meditaciones del tiempo ordinario con textos de Santo Tomás de Aquino 196

 

Miércoles de la 28ª semana

ESTADO DE LOS PECADORES



I. Sois semejantes a los sepulcros blanqueados (Mt 23, 27).

 

Se llama sepulcro el lugar donde descansa un cuerpo muerto. Los cuerpos muertos de los santos son templo de Dios, en los cuales habita Dios, como dice el Apóstol: El templo de Dios, que sois vosotros, santo es (1 Cor 3, 17).

 

El cuerpo es morada del alma, y el alma es trono de Dios; y así como el cuerpo es morada del alma, del mismo modo el alma lo es de Dios. El Señor está en su templo santo (Sal 10, 5). Pero el cuerpo del pecador es sepulcro, porque contiene a un muerto, pues el alma muere por el pecado; por eso los malos son llamados sepulcro: Sepulcro abierto es la garganta de ellos (Sal 13, 3). En el interior del sepulcro está el cuerpo muerto, mientras que en el exterior hay a veces una imagen que parece un rostro viviente: Yo conozco tus obras, que tienes nombre, que vives, y estás muerto (Apoc 3, 1).

 

Por eso se dice: Que parecen de fuera hermosos (los sepulcros), a causa del ornato exterior, y dentro están llenos de huesos de los muertos, y de toda suciedad (Mt 23, 27), esto es, de toda podredumbre y de toda inmundicia. Después de eso se añade: Así también vosotros, por fuera os mostráis, en verdad, justos a los hombres, es decir, los hombres os consideran justos; mas por dentro estáis llenos de hipocresía y de iniquidad (Ibid. 28).

martes, 8 de septiembre de 2020

Meditaciones del tiempo ordinario con textos de Santo Tomás de Aquino 160

 

Martes de la 23ª semana

ENFERMEDADES DEL PECADO

 

Yacía grande muchedumbre de enfermos, ciegos, cojos, paralíticos, esperando el movimiento del agua (Jn 5, 3).

 

Aquí se describen las enfermedades del pecado.

 

I. En cuanto a la posición, pues yacían postrados, es decir, adheridos a lo terreno por los pecados; el que yace se adhiere totalmente a la tierra. San Mateo dice que Jesús se compadeció de ellas (de las turbas), porque estaban fatigadas y decaídas, como ovejas que no tienen pastor (Mt 9, 36). Los justos en cambio no yacen, sino que están de pie, dirigidos hacia lo celestial. Ellos fueron atados, y cayeron; mas nosotros (los justos) nos levantamos y pusimos derechos (Sal 19, 9).

 

II. En cuanto al número, puesto que son muchos. Por eso dice: Grande muchedumbre. Y en el Eclesiastés se leen estas palabras: Los perversos, con dificultad se corrigen, y el número de los necios es infinito (1, 15). Y San Mateo agrega: Ancha es la puerta, y espacioso el camino que lleva .a la perdición, y muchos son los que entran por él (Mat 7, 13).

 

III. En cuanto a la, disposición o hábito de los enfermos; y aquí se ponen cuatro cosas en las que incurre el hombre por el pecado:

 

1º) Por el hecho de someterse el hombre a las pasiones de los pecados dominantes se torna enfermo, y en cuanto a esto dice: de enfermos. Por lo cual Cicerón llama enfermedades del alma a las pasiones de la misma, como la ira, la concupiscencia, etc. Por eso decía el Profeta: Apiádate de mí, Señor, porque estoy enfermo (Sal 6, 3).

sábado, 25 de julio de 2020

Meditaciones del tiempo ordinario con textos de Santo Tomás de Aquino 117


Sábado de la 16ª semana

EL PECADO MORTAL OBLIGA A LA PENA ETERNA



Irán estos al suplicio eterno (Mt 25, 46).

1. Por tres razones se dice que el pecado mortal obliga a la pena eterna.

1º) Por parte de aquél contra el cual se peca, que es infinitamente grande, Dios. Por consiguiente, la ofensa contra él merece pena infinita, pues cuanto más digno es aquél contra quien se peca, más gravemente debe ser castigado el pecado.

2º) Porque parte de la voluntad del pecador. Pues consta que quien peca mortalmente pone su fin en el objeto de su pecado y del placer que en él busca, hasta el punto de despreciar a Dios por ello: Mas es evidente que quien ama sumamente una cosa como fin de su voluntad, querría, por lo mismo, adherirse siempre a ella. Y por lo tanto quien mortalmente peca, con aquel acto de la voluntad con que eligió el pecado mortal, eligió asimismo adherirse siempre al pecado, a no ser que accidentalmente se retraiga, ya por el temor de la pena, ya por otra cosa parecida. Pero, si pudiera adherirse infinitamente, se adheriría siempre, y por consiguiente, quien peca eternamente merece una pena eterna.

3º) Por parte del estado del que peca mortalmente, el cual es privado de la gracia por el pecado. Por lo cual, como sin la gracia no podría tener lugar el perdón de la culpa, si muere en pecado mortal, siempre permanecerá en la culpa, pues ulteriormente no será ya capaz de recibir la gracia. Al subsistir la culpa, siempre queda sujeto a la pena, ya que, en caso contrario, permanecería una cosa desordenada en el universo.
(2, Dist., 42, q. I, a. 5).

sábado, 18 de julio de 2020

Meditaciones del tiempo ordinario con textos de Santo Tomás de Aquino 110


Sábado de la 15ª semana

EL REATO DE LA PENA ES EFECTO DEL PECADO


Se dice en la epístola a los Romanos: Tribulación y angustia sobre toda alma humana que obre el mal (2, 9). Obrar mal es pecar. Luego el pecado lleva aneja la pena que se designa con el nombre de tribulación y angustia.

De las cosas naturales se deriva a las cosas humanas la ley siguiente: lo que actúa contra algo sufre detrimento de ello. Vemos, en efecto, en las cosas naturales, que un contrario reacciona con mayor vehemencia cuando sobreviene otro contrario; de ahí que en los hombres se halle por inclinación natural que cada uno abata al que le contraría. Pero es evidente que cuantas cosas se contienen dentro de un orden, son en cierto modo una sola en orden al principio de orden; así, pues, lo que contrarresta a algún orden, es consecuente que sea deprimido por aquel orden y por el principio del orden.

jueves, 2 de julio de 2020

Meditaciones del tiempo ordinario con textos de Santo Tomás de Aquino 94


Jueves de la 13ª semana

DIFERENCIA ENTRE EL PECADO VENIAL Y EL PECADO MORTAL



I. La diferencia del pecado venial y mortal es consecuencia de la diversidad del desorden que completa la razón de pecado; porque hay dos clases de desorden: una por la substracción del principio del orden, y otra por la que, aun salvo el principio de orden, hay desorden acerca de lo posterior al principio; como en el cuerpo del animal a veces el desconcierto de la complexión llega hasta la destrucción del principio vital, que es la muerte; pero otras, salvo el principio de la vida, hay cierto desorden en los humores, constitutivo de la enfermedad.

II. El principio de todo orden en lo moral es el fin último, que en las cosas operativas es como el principio indemostrable en las especulativas; y por consiguiente, cuando el alma se desordena por el pecado hasta apartarse del último fin, que es Dios, a quien se une por la caridad, entonces hay pecado mortal; pero cuando el desorden no llega hasta la aversión a Dios, entonces hay pecado venial. Pues así como en los cuerpos el desorden de la muerte, que se verifica por la remoción del principio de vida, es irreparable por naturaleza, pero el desorden de la enfermedad puede repararse por aquellos medios con que se salva el principio de la vida; así también sucede en las cosas que atañen al alma, puesto que, en las cosas especulativas, al que yerra acerca de los principios no se le puede persuadir, pero al que yerra salvando los principios, por los mismos principios se le puede sacar de su error.

Del mismo modo ocurre en las cosas prácticas; el que pecando se aparta del último fin, por cuanto es de la naturaleza del pecado, tiene una caída irreparable, y por eso se dice que peca mortalmente, y debe ser castigado eternamente. Mas el que peca sin apartarse del todo de Dios, por la misma razón de pecado se desordena pero se salva el principio; y por tanto se dice que peca venialmente, es decir, porque no peca de modo que merezca pena interminable.
(1ª 2ae , q. LXXII, a. 5)

jueves, 25 de junio de 2020

Meditaciones del tiempo ordinario con textos de Santo Tomás de Aquino 87


Jueves de la duodécima semana

NECESIDAD DE TENER EL CORAZÓN AFIRMADO EN DIOS
PARA EVITAR LOS PECADOS



I. En el estado de naturaleza corrompida necesita el hombre de la gracia habitual que cura la naturaleza para abstenerse totalmente del pecado.

Esa curación se verifica primero en la vida presente en cuanto al espíritu, aun antes que el apetito carnal esté todavía reparado totalmente. Por eso el Apóstol en persona dice del hombre reparado: Yo mismo con el espíritu sirvo a la ley de Dios; y con la carne a la ley del pecado (Rom 7, 25).

En ese estado puede el hombre abstenerse de todo pecado mortal, que consiste en la razón, mas no de todo pecado venial, a causa de la corrupción del apetito inferior de la sensualidad, cuyos movimientos pueden reprimirse uno a uno por la razón, y de esto proviene que tengan razón de pecado y de voluntario; aunque no todos; pues cuando se esfuerza por resistir a uno, tal, vez surja otro, y también porque la razón no puede estar siempre alerta para evitar estos movimientos.

II. Del mismo modo, antes que la razón del hombre, en la que está el pecado mortal, sea reparada por la gracia santificante puede evitar cada uno de los pecados mortales durante algún tiempo, porque no es necesario que peque continuamente en acto; pero no puede ser que permanezca durante mucho tiempo sin pecado mortal, por lo cual dice San Gregorio: "el pecado que no es borrado prontamente por la penitencia, atrae a otro por su propio peso".

martes, 16 de junio de 2020

Meditaciones después del tiempo pascual con textos de Santo Tomás de Aquino 66


Martes después del Corpus

POR LA EUCARISTÍA
SE PERDONA LA PENA DEL PECADO


El sacramento de la Eucaristía es a la vez sacrificio y sacramento; es sacrificio en cuanto es ofrecido, y sacramento en cuanto se recibe. Y por esto el efecto como sacramento se produce en el que lo consume, y como sacrificio en el que lo ofrece o en aquéllos por quienes se ofrece.

Si, pues, se considera como sacramento, tiene dos clases de efectos: 1º, directamente por virtud del sacramento; 2º, como por cierta concomitancia. Por virtud del sacramento tiene directamente aquel efecto para el que ha sido instituido; y no lo ha sido para satisfacer, sino para alimentar espiritualmente por la unión a Cristo y a sus miembros, como también el nutrimiento se une al que se nutre. Pero como esta unión se verifica por la caridad, por cuyo fervor uno consigue el perdón, no sólo de la culpa, sino también de la pena, de ahí resulta que, por cierta concomitancia con su efecto principal, el hombre consigue la remisión de la pena, no de toda ella, sino según el modo de su devoción y fervor.

miércoles, 10 de junio de 2020

Meditaciones después del tiempo pascual con textos de Santo Tomás de Aquino 60


Miércoles después de la Santísima Trinidad

PECADO CONTRA EL PADRE,
CONTRA EL HIJO
Y CONTRA EL ESPÍRITU SANTO


I. Pecar contra el Padre es pecado de debilidad. Pecar contra el Hijo es pecado de ignorancia. Pecar contra el Espíritu Santo es pecado de malicia. En otros términos, se peca contra el Padre no tributándole lo que le es debido por razón de su poder; contra el Hijo, cuando se desprecia su sabiduría, que es su atributo; contra el Espíritu Santo cuando se ofende su bondad, que es su atributo.

El pecado se comete de tres modos: por ignorancia, por pasión y por libre decisión. Por ignorancia, cuando se desconoce aquello cuyo conocimiento hubiese impedido el pecado, por lo cual la ignorancia es la causa en este caso. Es el pecado contra el Hijo. Por pasión, cuando ésta obscurece el juicio de la razón. Y esto es propiamente pecar por debilidad y contra el Padre. Por libre decisión cuando el hombre, después de deliberar, elige el pecado, no que él es vencido por la tentación, sino, porque el corazón está corrompido, y le place el pecado en sí. Esto es pecar por malicia, que es el pecado contra el Espíritu Santo. (2. Dist. 43, q. I, a. 1)

II. En cuanto al pecado contra el Espíritu Santo, se asignan seis especies, que se distinguen según el alejamiento o desprecio de las cosas que pueden impedir al hombre la elección del pecado. Estas cosas provienen, ya de parte del juicio divino, ya de parte de sus dones, ya también de parte del mismo pecado.

martes, 26 de mayo de 2020

Decenario al Espíritu Santo Día 6º


Secuencia de Pentecostés

Ven Espíritu Divino,
manda tu luz desde el cielo.
Padre amoroso del pobre,
Don, en tus dones espléndido.
Luz que penetra las almas,
fuente del mayor consuelo.

Ven, Dulce Huésped del alma,
descanso de nuestro esfuerzo,
tregua en el duro trabajo,
brisa en las horas de fuego,
gozo que enjuga las lágrimas
y reconforta en los duelos.

Entra hasta el fondo del alma,
Divina Luz y enriquécenos.
Mira el vacío del hombre
si tú le faltas por dentro;
mira el poder del pecado,
cuando no envías tu aliento.

sábado, 16 de mayo de 2020

Meditaciones del tiempo pascual con textos de Santo Tomás de Aquino 35


Sábado de la quinta semana de Pascua

EL HOMBRE PUEDE MERECER AUMENTO DE GRACIA


Así como a la culpa sigue doble pena, una que acompaña a la misma culpa, como el remordimiento de conciencia y otras semejantes, según lo que dice San Agustín, "que el ánimo desordenado es pena para sí mismo", y otra que se inflige exteriormente por Dios-Juez o por el hombre; del mismo modo también un doble premio corresponde al mérito: uno que acompaña a la misma obra meritoria, como la alegría de la buena acción y otros semejantes; y otro que dan Dios , o el hombre por la buena obra, como la vida eterna y todo lo que se da de este modo.

Mas el acto meritorio se ordena de modo diverso en este doble premio. Porque según su forma es proporcionado al primer premio; por ejemplo: por el hecho de ser un acto que procede de un hábito perfecto, es deleitable, por lo cual el acto se refiere a su principio como a causa. Pero en cuanto al premio que se da exteriormente, solamente se ordena según una proporción de dignidad, de modo que quien mucho mereció, otro tanto recibirá en recompensa en cualquier bien, y quien mucho pecó, otro tanto será castigado.

viernes, 15 de mayo de 2020

Meditaciones del tiempo pascual con textos de Santo Tomás de Aquino 34


Viernes de la quinta semana de Pascua

LAS OBRAS DEL PRIMER HOMBRE
EN EL ESTADO DEI INOCENCIA
¿FUERON MENOS EFICACES PARA MERECER
QUE LAS OBRAS NUESTRAS?


La magnitud del mérito puede medirse de dos, maneras:

1º) Por la caridad y la gracia, que son su raíz, y bajo este aspecto la magnitud del mérito corresponde al premio esencial, que consiste en el goce de Dios; pues el que obra con mayor caridad más perfectamente goza de Dios.

2º) Por la cantidad de la obra, que puede, a su vez, ser doble, es decir, absoluta y proporcional. Porque la viuda que depositó dos pequeñas monedas en el gazofilacio del templo, hizo una obra menor en cantidad absoluta que los que depositaron grandes limosnas; pero proporcionalmente hizo más la viuda, según sentencia del Señor (Lc 21, 3), porque superaba en más sus posibilidades. Ambas cantidades de mérito corresponden al premio accidental, que consiste en el gozo del bien creado.

miércoles, 13 de mayo de 2020

Meditaciones del tiempo pascual con textos de Santo Tomás de Aquino 32


Miércoles de la quinta semana de Pascua

EL HOMBRE EN ESTADO DE GRACIA
PUEDE MERECER DE CONDIGNO LA VIDA ETERNA


Lo que se da según el justo juicio parece ser la recompensa condigna. Es así que la vida eterna se da por Dios conforme al juicio de justicia, según aquello del Apóstol: Por lo demás, me está reservada la corona de justicia, que el Señor justo juez me dará en aquel día (2 Tim 4, 8). Luego el hombre merece de condigno la vida eterna.

La obra meritoria del hombre puede considerarse de dos modos: 1º, en cuanto procede del libre albedrío; 2º, en cuanto procede de la gracia del Espíritu Santo.

Si se considera según la sustancia de la obra y como procedente del libre albedrío, no puede, en este concepto, haber en ella condignidad a causa de la inmensa desigualdad, pero se da congruidad por cierta igualdad proporcional, pues parece congruente que, obrando el hombre según su virtud, sea recompensado por Dios según la excelencia de su virtud.

miércoles, 6 de mayo de 2020

Meditaciones del tiempo pascual con textos de Santo Tomás de Aquino 25


Miércoles de la cuarta semana de Pascua

¿PUEDE SABER EL HOMBRE SI ESTÁ EN GRACIA?


I. A veces conviene que ignoremos la presencia de Dios por la gracia en nosotros.

1º) Para que el temor del juicio futuro nos humille. Bienaventurado el hombre que siempre está pavoroso; mas el que es de duro corazón, es decir, aquél a quien no afecta el temor del castigo futuro, se precipitará en el mal (Prov 28, 14). Este temor humilla al hombre; por lo cual conviene a veces ignorar si la gracia está en nosotros. San Gregorio dice: "Quiso Dios que nuestros bienes nos fuesen inciertos, a fin de que poseyéramos una gracia cierta, la humildad".

2º) Para que no le precipite la presuntuosa seguridad. Porque cuando digan paz y seguridad, entonces les sobrecogerá una muerte repentina (1 Tes 5, 3). San Jerónimo dice: "El temor es guardián de las virtudes, la seguridad hace fácil la caída."

lunes, 27 de abril de 2020

Meditaciones del tiempo pascual con textos de Santo Tomás de Aquino 16


Lunes de la tercera semana de Pascua

MORADA DE LAS DIVINAS PERSONAS EN EL ALMA


I. Se dice de la divina Sabiduría: Envíala de tus santos cielos, y del trono de tu grandeza (Sab 9, 10).

Por medio de la gracia santificante toda la Trinidad habita en el alma, según aquello del Evangelista: Si alguno me ama, guardará mi palabra, y mi Padre le amará, y vendremos a él, y haremos morada en él (Jn 14, 23). Ser enviada una persona divina a alguien por la gracia invisible significa nuevo modo de habitar en él esa Persona (divina), y su origen de otra.

Luego, puesto que tanto al Hijo coma al Espíritu Santo conviene morar por la gracia y proceder de otro, es propio de ambos ser invisiblemente enviados.

En cuanto al Padre, si bien habita en nosotros por la gracia, no le conviene proceder de otro, ni, por consiguiente, ser enviado.

domingo, 26 de abril de 2020

Meditaciones del tiempo pascual con textos de Santo Tomás de Aquino 15


Tercer Domingo de Pascua

ADOPCIÓN DIVINA


Envió Dios a su Hijo... para que recibiésemos la adopción de hijos (Gal 4, 4).

1º) La adopción se transfiere a las cosas divinas por semejanza de las humanas. Pues se dice que un hombre adopta a uno como hijo, cuando gratuitamente da el derecho de percibir su herencia al que no le corresponde por naturaleza. Se dice herencia de un hombre aquélla por la cual es rico; pero aquello por lo que Dios es rico es el goce de sí mismo, pues por eso es bienaventurado y, así, ésa es su herencia. En ese sentido, se dice que Dios adopta por hijo a alguno, puesto que a los hombres, que por sus fuerzas naturales no pueden llegar al goce mencionado, les da la gracia con la cual el hombre merece aquella bienaventuranza para que de ese modo le corresponda el derecho a aquella herencia.

sábado, 25 de abril de 2020

Meditaciones del tiempo pascual con textos de Santo Tomás de Aquino 14


Sábado de la segunda semana de Pascua

LA SED DEL AGUA VIVA


El que bebiere del agua que yo le daré, nunca jamás tendrá sed (Jn 4, 13).

A este pasaje parece oponerse aquel otro del Eclesiástico: Los que me beben, aún tendrán sed (24, 2ª). ¿Cómo, pues, nunca jamás tendrá sed quien bebiere de esta agua, esto es, de la sabiduría divina, cuando dice la misma sabiduría: Los que me beben, aún tendrán sed?

Ambas cosas son verdaderas, pues quien bebe del agua que Cristo da, tiene sed todavía, y al mismo tiempo no tiene sed; pero el que bebe del agua material, tendrá otra vez sed. Y esto por dos razones:

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