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lunes, 26 de octubre de 2020

Texto completo en español de la Declaración de Consenso Ginebra que niega que el aborto sea un derecho humano

 

Declaración de Ginebra:

Consenso sobre el fomento de la salud de las mujeres

y el fortalecimiento de la familia

 

Nosotros, ministros y altos representantes de Gobierno,

Habiendo previsto reunirnos al margen de la Asamblea Mundial de la Salud de 2020 en Ginebra (Suiza) para examinar los avances logrados y los retos que plantea la defensa del derecho de las mujeres a los más altos niveles posibles de salud; para promover el aporte esencial de las mujeres a la salud, y la fortaleza de la familia y de una sociedad eficaz y floreciente; y para expresar la prioridad fundamental de proteger el derecho a la vida, comprometiéndonos a realizar labores coordinadas en foros multilaterales; a pesar de no haber podido reunirnos en Ginebra a causa de la pandemia mundial de COVID-19, en solidaridad,

1. Reafirmamos que “todos son iguales ante la ley” 1 y que los derechos humanos de las mujeres y las niñas son “parte inalienable, integral e indivisible de todos los derechos humanos y libertades fundamentales” 2 ;

2. Ponemos de relieve que los hombres y las mujeres tienen “igualdad en el goce de todos los derechos civiles y políticos” 3, así como los derechos económicos, sociales y culturales; y que “la igualdad de derechos, de oportunidades y de acceso a los recursos, la distribución equitativa entre hombres y mujeres de las responsabilidades respecto de la familia y una asociación armoniosa entre ellos es indispensable para su bienestar y el de su familia” 4; y que “las mujeres y las niñas deben tener igual acceso a una educación de calidad, a los recursos económicos y a la participación política, así como las mismas oportunidades que los hombres y los niños en el empleo, el liderazgo y la adopción de decisiones a todos los niveles” 5;

3. Reafirmamos, en tanto inherentes, “la dignidad y el valor de la persona humana” 6; que “el derecho a la vida es inherente a la persona humana” 7; y el compromiso que permite “los embarazos y los partos sin riesgos” y da a las parejas “las máximas posibilidades de tener hijos sanos” 8;

4. Ponemos de relieve que “en ningún caso se debe promover el aborto como método de planificación de la familia”9 y que “cualesquiera medidas o cambios relacionados con el aborto que se introduzcan en el sistema de salud se pueden determinar únicamente a nivel nacional o local de conformidad con el proceso legislativo nacional”10; Reafirmamos que “el niño (…) necesita protección y cuidados especiales (…) tanto antes como después del nacimiento”11 y que “se deben adoptar medidas especiales de protección y asistencia en favor de todos los niños” 12, basándose en el principio del interés superior del niño;

viernes, 4 de septiembre de 2020

Catequesis Marianas de San Juan Pablo II (16) - La nobleza moral de la mujer

 

SAN JUAN PABLO II

AUDIENCIA GENERAL

Miércoles 10 de abril de 1996

La nobleza moral de la mujer


(Lectura: Proverbios, capítulo 31, versículos 10-12 y 30)

1. El Antiguo Testamento y la tradición judía reconocen frecuentemente la nobleza moral de la mujer, que se manifiesta sobre todo en su actitud de confianza en el Señor, en su oración para obtener el don de la maternidad y en su súplica a Dios por la salvación de Israel de los ataques de sus enemigos. A veces, como en el caso de Judit, toda la comunidad celebra estas cualidades que se convierten en objeto de admiración para todos.

Junto a los ejemplos luminosos de las heroínas bíblicas, no faltan los testimonios negativos de algunas mujeres, como Dalila, la seductora que arruina la actividad profética de Sansón (Jc 16, 4-21); las mujeres extranjeras que en la ancianidad de Salomón, alejan el corazón del rey del Señor y lo inducen a venerar otros dioses (1 R 11, 1-8); Jezabel, que extermina «a todos los profetas del Señor» (1 R 18, 13) y hace asesinar a Nabot para dar su viña a Acab (1 R 21); y la mujer de Job que lo insulta en su desgracia, impulsándolo a la rebelión (Jb 2, 9).

En estos casos, la actitud de la mujer recuerda la de Eva. Sin embargo, la perspectiva predominante en la Biblia suele ser la que se inspira en el protoevangelio, que ve en la mujer a la aliada de Dios.

2. En efecto aunque a las mujeres extranjeras se las acusa de haber alejado a Salomón del culto del verdadero Dios, en el libro de Rut se nos propone una figura muy noble de mujer extranjera: Rut, la moabita, ejemplo de piedad para con sus parientes y de humildad sincera y generosa. Compartiendo la vida y la fe de Israel, se convertirá en la bisabuela de David y en antepasada del Mesías. Mateo, incluyéndola en la genealogía de Jesús (1, 5), hace de ella un signo de universalismo y un anuncio de la misericordia de Dios, que se extiende a todos los hombres.

Entre las antepasadas de Jesús, el primer evangelista recuerda también a Tamar, a Racab y a la mujer de Urías, tres mujeres pecadoras, pero no desleales, mencionadas entre las progenitoras del Mesías para proclamar la bondad divina más grande que el pecado. Dios, mediante su gracia, hace que su situación matrimonial irregular contribuya a sus designios de salvación, preparando también, de este modo, el futuro.

Otro modelo de entrega humilde, diferente del de Rut, es el de la hija de Jefté, que acepta pagar con su propia vida la victoria del padre contra los ammonitas (Jc 11, 34-40). Llorando su cruel destino, no se rebela, sino que se entrega a la muerte para cumplir el voto imprudente que había hecho su padre en el marco de costumbres aún primitivas (cf. Jr 7, 31; Mi 6, 6-8).

martes, 1 de septiembre de 2020

Catequesis Marianas de San Juan Pablo II (15) - Mujeres comprometidas en la salvación del pueblo

 

SAN JUAN PABLO II

AUDIENCIA GENERAL

Miércoles 27 de marzo de 1996

Bendita entre las mujeres

Mujeres comprometidas en la salvación del pueblo


(Lectura: Judith, capítulo 15, versículos 8-10)

1. El Antiguo Testamento nos hace admirar a algunas mujeres extraordinarias que, bajo el impulso del Espíritu de Dios, participan en las luchas y los triunfos de Israel o contribuyen a su salvación. Su presencia en las vicisitudes del pueblo no es ni marginal ni pasiva: se presentan como auténticas protagonistas de la historia de la salvación. He aquí los ejemplos más significativos.

Después del paso del mar Rojo, el texto sagrado pone de relieve la iniciativa de una mujer inspirada para celebrar con júbilo ese acontecimiento decisivo: «María, la profetisa, hermana de Aarón tomó en sus manos un tímpano y todas la mujeres la seguían con tímpanos y danzando en coro. Y María les entonaba el estribillo: «Cantad al Señor pues se cubrió de gloria arrojando en el mar caballo y carros» (Ex 15, 20-21).

Esta mención de la iniciativa femenina en un marco de celebración pone de relieve no sólo la importancia del papel de la mujer, sino también su aptitud particular para alabar y dar gracias a Dios.

2. Una acción aún más importante realiza, en tiempos de los Jueces, la profetisa Débora. Después de haber ordenado al jefe del ejército que reuniera a sus hombres y entablara batalla, ella, con su presencia, asegura el éxito del ejército de Israel, anunciando que otra mujer Yael, matará al jefe de los enemigos.

Además, para celebrar la gran victoria, Débora entona un largo cántico con el que alaba la acción de Yael: Bendita entre las mujeres Yael (...). Bendita sea entre las mujeres que habitan en tiendas» (Jc 5, 24). Las palabras que Isabel dirige a María el día de la Visitación: «Bendita tú entre las mujeres...» (Lc 1, 42), son un eco de esa alabanza en el Nuevo Testamento.

martes, 5 de mayo de 2020

Catequesis Marianas de San Juan Pablo II (8) - El papel de la mujer a la luz de María


SAN JUAN PABLO II
AUDIENCIA GENERAL

Miércoles 6 de diciembre de 1995

El papel de la mujer a la luz de María


1. Como ya he tenido oportunidad de ilustrar en las catequesis anteriores, el papel que Dios en su plan de salvación confió a María ilumina la vocación de la mujer en la vida de la Iglesia y de la sociedad, definiendo su diferencia con respecto al hombre. En efecto, el modelo que representa María muestra claramente lo que es especifico de la personalidad femenina.

En tiempos recientes, algunas corrientes del movimiento feminista, con el propósito de favorecer la emancipación de la mujer, han tratado de asimilarla en todo al hombre. Pero la intención divina, tal como se manifiesta en la creación, aunque quiere que la mujer sea igual al hombre por su dignidad y su valor, al mismo tiempo afirma con claridad su diversidad y su carácter específico. La identidad de la mujer no puede consistir en ser una copia del hombre, ya que está dotada de cualidades y prerrogativas propias, que le confieren una peculiaridad autónoma, que siempre ha de promoverse y alentarse.

Estas prerrogativas y esta peculiaridad de la personalidad femenina han alcanzado su pleno desarrollo en María. En efecto, la plenitud de la gracia divina favorecía en ella todas las capacidades naturales típicas de la mujer.

martes, 21 de abril de 2020

Catequesis Marianas de San Juan Pablo II (7) - María y el valor de la mujer


SAN JUAN PABLO II

AUDIENCIA GENERAL
Miércoles 29 de noviembre de 1995

María y el valor de la mujer


1. La doctrina mariana, desarrollada ampliamente en nuestro siglo desde el punto de vista teológico y espiritual, ha cobrado recientemente nueva importancia desde el punto de vista sociológico y pastoral, entre otras causas, gracias a la mejor comprensión del papel de la mujer en la comunidad cristiana y en la sociedad, como muestran las numerosas y significativas intervenciones del Magisterio.

Son conocidas las palabras del mensaje que, al término del concilio Vaticano II, el 8 de diciembre de 1965, los padres dirigieron a las mujeres de todo el mundo: «Llega la hora, ha llegado la hora, en que la vocación de la mujer se cumple en plenitud, la hora en la que la mujer adquiere en el mundo una influencia, un alcance, un poder jamás alcanzados hasta ahora» (Ench. Vat. 1, 307).

Algunos años después, en la carta apostólica Mulieris dignitatem, corroboré esas afirmaciones: «La dignidad de la mujer y su vocación, objeto constante de la reflexión humana y cristiana, ha asumido en estos últimos años una importancia muy particular» (n. 1).

jueves, 8 de marzo de 2018

La Iglesia propone el estudio teológico de la cuestión de la mujer a la luz del designio amoroso de Dios - Mons. Juan Antonio Reig Pla


La propuesta de la Iglesia Católica: 
«una teología de la mujer»

Mons. Juan Antonio Reig Pla
Obispo de Alcalá de Henares


La Iglesia desea profundizar sobre la vocación de la mujer en la Iglesia y en la sociedad.

El Beato Juan XXIII, el «Papa bueno» que convocó el Concilio Ecuménico Vaticano II, dedicó hermosas palabras a la mujer [1] reflexionando sobre la necesidad de profundizar sobre «aquella contribución que la sociedad y la Iglesia esperan de ella. De aquí la urgencia de buscar soluciones nuevas, con objeto de lograr un orden y un equilibrio más conveniente a la dignidad humana y cristiana de la mujer» [2]. Por su parte el Concilio, con ocasión de su clausura, dirigió un bello Mensaje a las mujeres en el que afirmaba: «Llega la hora, ha llegado la hora en que la vocación de la mujer se cumple en plenitud» [3]. Posteriormente el Papa Pablo VI en un discurso afirmaba: «En efecto, en el cristianismo, más que en cualquier otra religión, la mujer tiene desde los orígenes un estatuto especial de dignidad, del cual el Nuevo Testamento da testimonio en no pocos de sus importantes aspectos (...); es evidente que la mujer está llamada a formar parte de la estructura viva y operante del Cristianismo de un modo tan prominente que acaso no se hayan todavía puesto en evidencia todas sus virtualidades» [4].  También el Beato Juan Pablo II mostraba esta inquietud en 1988: «la mujer está llamada a ejercitar sus propios «dones»: en primer lugar, el don de su misma dignidad personal, mediante la palabra y el testimonio de vida; y después los dones relacionados con su vocación femenina» [5].

Todo debe hacerse con  fidelidad a la Sagrada Escritura, a la Tradición y al Magisterio

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