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sábado, 23 de febrero de 2013

Domingo II de cuaresma (ciclo c) - Beato Dom Columba Marmion

En la cumbre del Tabor

Sigamos primero el relato evangélico, para ver luego de ahondar su sentido.
Corría el último año de la vida pública de Jesús. Hasta entonces habían sido muy raras las alusiones a su futura Pasión, mas, como dice San Mateo: “Jesús comenzó desde entonces a manifestar a sus discípulos que convenía fuese Él a Jerusalén, y que allí padeciese por parte de sus enemigos, y que debía morir y resucitar al tercer día". Y añadió: “Varios de los que aquí están, no han de morir hasta que no hayan visto al Hijo del hombre aparecer en el esplendor de su reino” (Mt 16, 21, 28)
Unos días después de esta predicción, toma consigo nuestro divino Salvador algunos de sus discípulos, los tres apóstoles preferidos: Pedro, a quien pocos días antes había prometido que fundaría sobre él su Iglesia: Santiago, que había de ser el primer mártir del  Colegio Apostólico, y Juan, el discípulo amado.
Habíales ya elegido el Señor como testigos de la resurrección de la hija de Jairo, mas ahora los conduce a un monte elevado para hacerlos testigos de una manifestación mucho más espléndida de su divinidad. La tradición señala el monte Tabor, que se levanta a una legua al Este de Nazaret, monte aislado, de unos seiscientos metros de altura, alfombrado de rica vegetación, y desde cuya cumbre se divisan por todos los lados grandes horizontes.

sábado, 16 de febrero de 2013

Domingo I de cuaresma (ciclo c) - Beato Columba Marmion

Tentaciones de Jesús

Contemplemos ahora a nuestro divino Rey luchando con el príncipe de los espíritus rebeldes. Ya sabéis que Jesús permaneció en el desierto cuarenta días con cuarenta noches visto sólo de las fieras, en el retiro más completo ayuno más absoluto. Nihil manducavit in diebus illis (Lc.4,2) “donde fue tentado por el diablo durante cuarenta días.  No comió nada en aquellos días”. Eratque cum bestiis (Mc. 1, 13).”Estaba entre las bestias”
Para comprender bien este misterio de la tentación de Jesús, es menester recordar lo que tantas veces llevamos dicho: que Cristo se hizo en todo semejante a nosotros: Debuit per omnia fratribus similari (Hb. 2, 17).”Por eso tuvo que asemejarse en todo a sus hermanos para ser misericordioso y Sumo Sacerdote fiel…” Ahora bien, imaginaos a qué estado quedaría reducido un hombre que hubiese pasado cuarenta días sin probar alimento. Nuestro Señor no quiso hacer un milagro para impedir en él los efectos del ayuno, y por lo mismo refiere el Evangelio que, transcurrido ese período, sintió Jesús hambre: Postea esuriit ( Mt 4, 2) “sintió hombre” ; y por cierto, que después de tanto tiempo, debió encontrarse en un estado de ex­trema debilidad y decaimiento. Veamos inmediatamente cómo aprovecha el demonio la ocasión para tentarle; pero advirtamos antes que al tomar la humanidad san­tísima de Jesús nuestras flaquezas, no pudo conocer el pecado: Absque peccato (Hb 4, 15) “excepto en el pecado”, como tampoco estuvo su alma sujeta a ninguna ignorancia, error, imperfección o flaqueza moral.

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