Mostrando entradas con la etiqueta Revelación. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Revelación. Mostrar todas las entradas

viernes, 2 de octubre de 2020

Fragmentos de Verdad Católica (23) - Hechos extraordinarios ¿Cómo valorarlos? (apariciones, milagros, revelavciones, visiones...)

 HECHOS EXTRAORDINARIOS

(APARICIONES, MILAGROS, REVELACIONES, VISIONES...):
¿COMO VALORARLOS?

¿Qué se entiende por hechos extraordinarios? - ¿Qué es la Revelación pública? - ¿Por qué la Revelación pública ha concluido con Jesucristo? - ¿Cuáles consecuencias produce tal conclusión de la Revelación pública? - ¿Qué son las revelaciones privadas? - ¿En qué modo las revelaciones privadas obligan a la fe del creyente? - ¿Cómo el creyente profundiza su propia fe? - ¿Por qué la Iglesia es prudente para reconocer como auténticas las revelaciones privadas? - ¿Qué valor positivo tienen las revelaciones privadas? - ¿Cuándo las revelaciones privadas son inaceptables? - ¿Cuál es el criterio principal para la autenticidad de una revelación privada? - ¿A quién le corresponde discernir la autenticidad de una revelación privada? - ¿A cuáles criterios se atiene la Iglesia cuando tiene que valorar la autenticidad de una revelación privada? - ¿Qué significa que la Iglesia da la propia aprobación a una revelación privada? - ¿Qué decir acerca de las peregrinaciones hacia los lugares de las revelaciones privadas? - ¿Qué relación existe entre las revelaciones privadas y la piedad popular? - ¿Cuál es la dimensión humana de las revelaciones privadas? - ¿En cuáles situaciones Dios se revela hoy, ciertamente de manera extraordinaria?

 

¿Qué se entiende por hechos extraordinarios?

En esta relación, cuando hablo de hechos extraordinarios, intento abarcar, en una única expresión:

- todo cuanto pertenece, en el campo religioso, al orden extraordinario, es decir a cuanto resulta incomprensible, inexplicable humanamente con la sola razón humana, científicamente no demostrable;

- y por tanto comprendo: apariciones, milagros, revelaciones, visiones...;

- con tal de que hayan sucedido después del final de la Revelación pública.

  

¿Qué es la Revelación pública?

La Revelación pública es aquella:

- realizada progresivamente por Dios a partir de Abraham y, mediante los profetas, hasta Jesucristo;

- testimoniada en las dos partes de la Biblia: el Antiguo y el Nuevo Testamento;

- destinada a todos los seres humanos y a todo el ser humano, de cualquier tiempo y lugar;

- distinta radicalmente, por esencia y no sólo de grado, de las llamadas revelaciones privadas (de las que se hablará sucesivamente);

- concluida con Cristo en el Nuevo Testamento, al cual la Iglesia se siente vinculada.

 

¿Por qué la Revelación pública ha concluido con Jesucristo?

Porque Jesucristo es el mediador y la plenitud de la Revelación.
“El, siendo el Unigénito Hijo de Dios hecho hombre, es la Palabra perfecta y definitiva del Padre. Con la venida del Hijo y el don del Espíritu, la Revelación ya se ha cumplido, aunque la fe de la Iglesia deberá comprender gradualmente todo su alcance a lo largo de los siglos” (Compendio, n. 9).
“Dios, habiendo hablado hace mucho tiempo, en muchas ocasiones y de muchas maneras a los padres por los profetas, en estos últimos días nos ha hablado por su Hijo,” (Hb 1, 1-2).

Cristo, el Hijo de Dios hecho hombre, es por tanto la Palabra única, perfecta y definitiva del Padre, el cual en él dice y dona todo, y no habrá otra Palabra más que aquella.

“Desde el momento en que nos ha dado a su Hijo, que es su única y definitiva Palabra, Dios nos ha dicho todo de una vez en ésta Su Palabra y no tiene más nada que decir” (San Juan de la Cruz).
“La economía cristiana, por tanto, como alianza nueva y definitiva, nunca cesará, y no hay que esperar ya ninguna revelación pública antes de la gloriosa manifestación de nuestro Señor Jesucristo (Concilio Vaticano ii, Dei Verbum, 4).

 

¿Cuáles consecuencias produce tal conclusión de la Revelación pública?

sábado, 29 de febrero de 2020

El Catecismo de la Iglesia Católica comentado 2 (Por Mons. José Ignacio Munilla)


Catecismo 1

PROLOGO

La vida del hombre: conocer y amar a Dios 1

Mons. JOSE IGNACIO MUNILLA

PRÓLOGO y NÚMERO 1


PRÓLOGO
"PADRE, esta es la vida eterna: que te conozcan a ti, el único Dios verdadero y a tu enviado Jesucristo" (Jn 17,3). "Dios, nuestro Salvador... quiere que todos los hombres se salven y lleguen al conocimiento pleno de la verdad" (1Tm 2,3-4). "No hay bajo el cielo otro nombre dado a los hombres por el que nosotros debamos salvarnos" (Hch 4,12), sino el nombre de Jesús.
1  Dios, infinitamente perfecto y bienaventurado en sí mismo, en un designio de pura bondad ha creado libremente al hombre para hacerle partícipe de su vida bienaventurada. Por eso, en todo tiempo y en todo lugar, se hace cercano del hombre: le llama y le ayuda a buscarle, a conocerle y a amarle con todas sus fuerzas. Convoca a todos los hombres, que el pecado dispersó, a la unidad de su familia, la Iglesia. Para lograrlo, llegada la plenitud de los tiempos, envió a su Hijo como Redentor y Salvador. En Él y por Él, llama a los hombres a ser, en el Espíritu Santo, sus hijos de adopción, y por tanto los herederos de su vida bienaventurada.


Prólogo
"PADRE, esta es la vida eterna: que te conozcan a ti, el único Dios verdadero y a tu enviado Jesucristo" (Jn 17,3). "Dios, nuestro Salvador... quiere que todos los hombres se salven y lleguen al conocimiento pleno de la verdad" (1Tm 2,3- 4). "No hay bajo el cielo otro nombre dado a los hombres por el que nosotros debamos salvarnos" (Hch 4,12), sino el nombre de Jesús.

Tiene su importancia por dónde comienza el Catecismo, eso no es baladí. A la hora de comenzar a exponer tantas cosas, uno dice bueno por dónde empezamos. Sin duda alguna, el ver por dónde comienza el Catecismo es también indicativo de en qué se quiere poner el acento.
Quiere desde el comienzo mostrar sus cartas, desde el comienzo quiere ir a lo esencial, quiere ir al corazón del meollo, no empezar un discurso por cuestiones periféricas en las que uno se pierde y como si fuesen los lectores del Catecismo se desenganchan o se desencantan porque resulta que ha comenzado el Catecismo en lugar de ir a la esencia de lo que quiere enseñar pues se ha ido por las ramas. Lógicamente el Catecismo quiere ir a lo esencial.

Juan 17, 3:
3 Esta es la vida eterna: que te conozcan a ti, el único Dios verdadero, y al que tú has enviado, Jesucristo.

Por lo tanto, primera convicción desde la que parte el Catecismo: la primera convicción es que la vida eterna, el sentido de la existencia consiste en que el hombre no camine a ciegas, no de palos de ciego como se dice, sino que el hombre viva de cara a la realidad, que el hombre conozca a Dios, conozca a su Padre, conozca de dónde ha venido, conozca a dónde va.

jueves, 3 de octubre de 2019

La unidad en la verdad sólo puede ser recibida de Dios en la oración, y sólo puede realizarse obedeciendo al Magisterio en lo que respecta a Dios y Su Revelación, y no mediante manipulaciones o con el uso de la violencia y el engaño - Cardenal Gerard Müller


Declaración del Cardenal Gerard Müller
presentada en LifeSiteNews y otros medios


La exigencia según la cual el Sínodo para la Amazonia debe regular que el Sacramento de las Sagradas Órdenes -en su primer grado, el diaconado- sea válidamente administrado a las mujeres contiene varios errores.

El primero de ellos consiste en la opinión de que el Magisterio está por encima de la Revelación y de que un sínodo de los obispos (que tiene sólo un carácter consultivo), un concilio ecuménico o el papa pueden alterar la sustancia de los sacramentos (Concilio de Trento, Decreto sobre la Comunión bajo ambas especies, DH 1728).

El segundo error está en la opinión según la cual el Sacramento de las Sagradas Órdenes realmente consiste en tres Sacramentos, por lo que hay que decidir, en consecuencia, si la declaración Ordinatio Sacerdotalis (1994) se aplica sólo al grado de ordenación de obispo, presbítero (= sacerdote) o diácono.

El tercer error consiste en confundir a un público teológicamente mal informado al avanzar la tesis según la cual la decisión definitiva del papa Juan Pablo II, a saber: «Declaro que la Iglesia no tiene en modo alguno la facultad de conferir la ordenación sacerdotal a las mujeres, y que este dictamen debe ser considerado como definitivo por todos los fieles de la Iglesia» (Ordinatio Sacerdotalis, 4), no es un dogma.

Sin embargo, está fuera de toda duda que esta decisión definitiva de Juan Pablo II es, desde luego, un dogma de fe de la Iglesia católica, y que este era el caso antes de que este papa definiera, en 1994, esta verdad tal como está contenida en la Revelación. La imposibilidad de que una mujer reciba de forma válida el Sacramento de las Órdenes Sagradas en cada uno de los tres grados es una verdad contenida en la Revelación y, por ende, confirmada de manera infalible por el Magisterio de la Iglesia y presentada como algo que hay que creer.

martes, 27 de febrero de 2018

Las palabras del Papa están al servicio de toda la Tradición de la Iglesia, y no al revés - Card. Gerhard Ludwig Müller

¿Cómo se relacionan el Magisterio del Papa y la Tradición de la Iglesia? Cuando interpreta las palabras de Jesús, ¿debe el Papa estar en continuidad con la Tradición y el Magisterio anterior, incluido el de los papas más recientes? ¿O es más bien la Tradición de la Iglesia la que debe ser reinterpretada a la luz de las nuevas palabras del Papa? ¿Qué pasa si hay contradicciones?

Con el fin de responder a estas preguntas, parece apropiado comenzar con una importante carta apostólica que el Papa Pío IX envió al episcopado alemán el 4 de marzo de 1875. En su carta, el Papa explicó que los obispos alemanes habían interpretado el dogma de la infalibilidad papal y primacía petrina en perfecta armonía con las definiciones del Primer Concilio Vaticano. Lo que había ocasionado la carta del Papa fue el despacho circular del canciller alemán Bismarck que malinterpretó gravemente este dogma con el fin de justificar la brutal persecución de los católicos alemanes en el llamado Kulturkampf, o "guerra cultural". Según Pío IX, en su respuesta a la provocación de Bismarck, los obispos alemanes mostraron claramente "que no hay absolutamente nada en las definiciones atacadas que sea nuevo o que cambie absolutamente nada con respecto a nuestras relaciones con los civiles". gobiernos o que pueden ofrecer cualquier excusa para persistir en la persecución de la Iglesia ".
Por supuesto, para apreciar los acontecimientos, uno debe conocer los presupuestos culturales de los que operaron Bismarck y sus "guerreros de la cultura" liberales. Aunque en su mayoría habían abandonado el contenido religioso de la Reforma Protestante que había marcado a su país, habían mantenido ampliamente los prejuicios relacionados contra la Iglesia Católica. En su opinión, la oficina de enseñanza ejercida por el Papa y por los concilios de la Iglesia reclamó una autoridad superior a la Palabra de Dios. El magisterio eclesial no solo obstruyó la relación inmediata del creyente con Dios, sino que se estableció como un elemento extraño que se interponía entre los ciudadanos y el estado, un estado, sin duda, que en el caso de fines del siglo XIX -La Prusia del siglo se atribuyó a sí misma una autoridad total, distante incluso de la ley moral natural.

miércoles, 15 de noviembre de 2017

Declaración Dominus Iesus - Congregación para la doctrina de la Fe

CONGREGACIÓN PARA LA DOCTRINA DE LA FE
DECLARACIÓN
DOMINUS IESUS

SOBRE LA UNICIDAD Y LA UNIVERSALIDAD SALVÍFICA
DE JESUCRISTO Y DE LA IGLESIA



I. PLENITUD Y DEFINITIVIDAD DE LA REVELACIÓN DE JESUCRISTO - II. EL LOGOS ENCARNADO Y EL ESPÍRITU SANTO EN LA OBRA DE LA SALVACIÓN - III. UNICIDAD Y UNIVERSALIDAD DEL MISTERIO SALVÍFICO DE JESUCRISTO - IV. UNICIDAD Y UNIDAD DE LA IGLESIA - V. IGLESIA, REINO DE DIOS Y REINO DE CRISTO - VI. LA IGLESIA Y LAS RELIGIONES EN RELACIÓN CON LA SALVACIÓN

INTRODUCCIÓN

1. El Señor Jesús, antes de ascender al cielo, confió a sus discípulos el mandato de anunciar el Evangelio al mundo entero y de bautizar a todas las naciones: « Id al mundo entero y proclamad el Evangelio a toda la creación. El que crea y se bautice, se salvará; el que se resista a creer, será condenado » (Mc 16,15-16); « Me ha sido dado todo poder en el cielo y en la tierra. Id, pues, y haced discípulos a todas las gentes bautizándolas en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo, y enseñándoles a guardar todo lo que os he mandado. Y he aquí que yo estoy con vosotros todos los días hasta el fin del mundo » (Mt 28,18-20; cf. también Lc 24,46-48; Jn 17,18; 20,21; Hch 1,8).
La misión universal de la Iglesia nace del mandato de Jesucristo y se cumple en el curso de los siglos en la proclamación del misterio de Dios, Padre, Hijo y Espíritu Santo, y del misterio de la encarnación del Hijo, como evento de salvación para toda la humanidad. Es éste el contenido fundamental de la profesión de fe cristiana: « Creo en un solo Dios, Padre todopoderoso, Creador de cielo y tierra [...]. Creo en un solo Señor, Jesucristo, Hijo único de Dios, nacido del Padre antes de todos los siglos: Dios de Dios, Luz de Luz, Dios verdadero de Dios verdadero, engendrado, no creado, consustancial con el Padre, por quien todo fue hecho; que por nosotros los hombres y por nuestra salvación bajó del cielo, y por obra del Espíritu Santo se encarnó de María, la Virgen, y se hizo hombre; y por nuestra causa fue crucificado en tiempos de Poncio Pilato: padeció y fue sepultado, y resucitó al tercer día según las Escrituras, y subió al cielo, y está sentado a la derecha del Padre; y de nuevo vendrá con gloria para juzgar a vivos y muertos, y su reino no tendrá fin. Creo en el Espíritu Santo, Señor y dador de vida, que procede del Padre, que con el Padre y el Hijo recibe una misma adoración y gloria, y que habló por los profetas. Creo en la Iglesia, que es una, santa, católica y apostólica. Confieso que hay un solo Bautismo para el perdón de los pecados. Espero la resurrección de los muertos y la vida del mundo futuro ».1

domingo, 3 de septiembre de 2017

Criterios para la aplicación de Amoris Laetitia - Mons. Pedro Daniel Martínez Perea

Carta Pastorala los Sacerdotes
de la Diócesis de San Luis

Matrimonio, nuevas uniones y Eucaristía
en el capítulo 8 de Amoris laetitia



Mis queridos Sacerdotes: La Exhortación Apostólica, Amoris laetitia(1), por la que el Papa Francisco se ha dirigido a todos los Obispos, Sacerdotes, Consagrados, Esposos y fieles en general, se podría definir como un gran catecumenado sobre el amor en la familia que es la célula de la sociedad. La consideración del sacramento del matrimonio es muy importante y actual. Importante, porque el matrimonio fue creado por Dios, por lo tanto tiene una naturaleza definida desde su constitución natural, y además fue elevado a la dignidad de sacramento por Jesucristo, prefigurando “la unión que existe entre Cristo y la Iglesia” y es un bien público en la Iglesia, un bien común. Actual, porque somos testigos del cambio profundo de los estamentos sociales, obra de un descontructivismo prácticamente global, que alcanza también al matrimonio y la familia con propuestas inaceptables.

Esta ‘crisis’ afecta incluso a la vida de los esposos cristianos. Algunos de ellos se han separado, uniéndose con otra persona, permaneciendo el vínculo matrimonial. El Santo Padre ha querido dedicar un capítulo de su Exhortación a esta realidad en la que se encuentran algunos fieles para discernirla, poder acompañarlos y orientarlos hacia la Bienaventuranza eterna desde la Palabra de Dios y las enseñanzas de la Iglesia.

Sin embargo, algunas lecturas de la Exhortación han suscitado inquietud, perplejidad y también confusión entre los fieles, especialmente en cuanto se refiere a la posibilidad de que las personas unidas con un vínculo sacramental válido anterior y que actualmente vivan, more uxorio, con otra persona en una nueva unión no sacramental puedan acercarse a los sacramentos, en particular a la Sagrada Comunión.

Dada la importancia de este tema y las circunstancias actuales en las que se presenta, me parece oportuno compartir con Ustedes por escrito aquello que he explicado al presentar Amoris laetitia tanto al Consejo presbiteral como en la sede de la Pastoral familiar diocesana.

En este marco, como Obispo de la Diócesis de San Luis les hago llegar esta Carta Pastoral: Matrimonio, nuevas uniones y Eucaristía en el capítulo 8 de Amoris laetitia.

Para comprender adecuadamente el objeto de ella me parece oportuno, en primer lugar, referirme a la Revelación divina y al Magisterio (Amoris laetitia en contexto), fundamentos irreemplazables para una reflexión teológica en la Iglesia católica. En un segundo momento, presentaré criterios y orientaciones para una lectura teológica y eclesial del argumento específico señalado en la Carta Pastoral. En esta segunda parte el texto mismo de la Exhortación determina el modo de la exposición y la variedad de temas considerados aunque íntimamente relacionados entre sí, pues sólo a través de ellos se comprende mejor su contenido.

lunes, 29 de mayo de 2017

Fuera de la Iglesia tienen que respetar que la Iglesia no es una organización política o hecha por el hombre, sino que es el Cuerpo de Cristo - Cardenal Gerhard Ludwig Müller

Entrevista concedida por el
Cardenal  Gerhard Ludwig Müller
a Raymond Arroyo para EWTN
grabada en Estados Unidos el 12 de mayo de 2017


ARROYO: Quiero comenzar con su libro, “The Cardinal Müller Report”, que tiene una vaga referencia al de su predecesor, “Cardinal Ratzinger Report”, de hace muchos años. Se centra en la esperanza y las diversas dimensiones de la esperanza en toda la Iglesia, el mundo, la familia. ¿Dónde hay más carencia de esperanza, en su opinión, y cómo la gente la echa de menos?
MÜLLER: Bueno, el título no es sólo una vaga referencia, sino un vínculo directamente buscado, porque él habló en el informe sobre la fe, y tenemos otra virtud teologal que es la esperanza muy vinculada con la fe y el amor y nosotros conocemos y recordamos la gran encíclica de Benedicto, Deus Caritas Est, Dios es Amor. Y, por lo tanto, en nuestro tiempo lo que creemos que necesitamos es esperanza, tener orientación para este corto tiempo de nuestra vida terrenal. Pero estamos esperando una larga vida, la eternidad, porque estamos creados para la comunión con Dios en el amor. Y, por lo tanto, no podemos restringir nuestra existencia solamente a los esfuerzos en este mundo.
ARROYO: Usted ha hablado extensamente sobre el terrorismo islámico, terrorismo islámico radical que usted llama, del mismo modo que lo llama el presidente Trump. ¿Cuál es el papel de la Iglesia hoy en la lucha contra el terrorismo islámico radical? ¿Puede realizar una oposición teológica? ¿Presentar una visión diferente? ¿Cuál es su opinión?
MÜLLER: Creo que la tarea de los estados y la comunión de los estados es diferente de la de la Iglesia. La Iglesia es el cuerpo de Jesucristo. Es una representación, una revelación de la encarnación de Dios y, por lo tanto, debemos entrar en la discusión con las autoridades islámicas sobre la contradicción de Dios con el amor y este terrorismo que se perpetra en el nombre de Dios … por lo tanto, es una contradicción interna entre esta violencia, violencia destructiva contra los seres humanos que son creados a imagen de Dios, y Dios mismo que es Amor Encarnado.
ARROYO: Quiero volver a los asuntos de la Iglesia… Hablemos de Amoris Laetitia, una exhortación que es resultado de dos sínodos que han generado mucha atención. Se han vertido ríos de tinta sobre lo que pretende Amoris Laetitia y lo que significa, particularmente, el octavo capítulo. Y en ella el Papa parece sugerir, y algunos han sugerido, incluso en las Conferencias Episcopales de todo el mundo, que un católico divorciado y “vuelto a casar” civilmente, con el acompañamiento de su pastor, sin nulidad matrimonial, reciba los sacramentos y sea bienvenido en los sacramentos, a pesar del hecho de que, en el tiempo pasado, esto habría sido considerado “vivir en pecado.” ¿Qué opina usted? ¿Es eso posible? ¿Es eso lo que se está avanzando?

martes, 25 de abril de 2017

El Papa no ha cambiado, ni cambiará, ni puede cambiar la Revelación - Card. Gerhard Müller

Entrevista concedida por el
Cardenal Gerhard Müller
Prefecto de la Congregación para la Doctrina de la Fe
A Konrad Sawicki de Aleteia
.
Quisiera preguntarle sobre los mártires cristianos de hoy en día, por ejemplo de Siria, Egipto o incluso Francia. El Concilio Vaticano II nos anima a leer las señales de la época e interpretarlas dentro de su contexto actual. Entonces, ¿qué nos dice hoy este signum temporis: los nuevos mártires?
Persiste una percepción de que los mártires solo vivieron en la época de la antigua Roma. Si pensamos sobre los mártires en la historia contemporánea, principalmente son los del siglo XX en países cristianos como Alemania, la Unión Soviética y el Bloque Soviético.
Ahora, este gran desafío ha reaparecido debido al islamismo radical. Los países islámicos deben pronunciarse en relación a la libertad religiosa, la libertad de conciencia, y deberían respetarlas. Uno no puede decir: “Vengo en nombre de Dios y decidiré sobre vuestras vidas”. Todos y cada uno de nosotros debemos decidir en nuestra conciencia sobre si permanecer o no en la fe.
Esto es lo que necesitamos aprender, también en los países occidentales que comprometen la libertad de conciencia cuando, por ejemplo, una persona es obligada a participar en un aborto porque así lo dicta la ley. Esto, también, es una forma ligeramente diferente de perseguir a los cristianos, la mayor violación de la libertad de conciencia.
Necesitamos reaprender, también en los países occidentales, en los Estados laicos, el significado de la libertad de religión y de confesión.
No podemos escandalizarnos con tanta arrogancia por los islamistas mientras nosotros mismos no reconocemos totalmente y sin restricciones la libertad de religión y confesión. Esta es precisamente la lectura de las señales de esta época: la Iglesia es una defensora de los derechos humanos y la dignidad humana universal sin restricciones, de la dignidad de todos los pueblos.
No defendemos solo a los creyentes de la Iglesia católica o de otras Iglesias cristianas, sino que defendemos a todas y cada una de las personas.
Mi segunda pregunta es en relación a Medjugorje. Debido a la conclusión de la labor de la comisión vaticana y la misión del enviado especial del papa, el arzobispo Henryk Hoser, los fieles confían en que pronto se tome una decisión en relación a la autenticidad de las apariciones. ¿Está justificada esta expectativa?

domingo, 26 de febrero de 2017

He intentado presentar al Jesús de los Evangelios como el Jesús real, como el "Jesús histórico" en sentido propio y verdadero - Benedicto XVI

PRÓLOGO
Al Primer tomo del Libro Jesús de Nazaret

Este libro sobre Jesús, cuya primera parte se publica ahora, es fruto de un largo camino interior. En mis tiempos de juventud -años treinta y cuarenta- había toda una serie de obras fascinantes sobre Jesús: las de Karl Adam, Romano Guardini, Franz Michel Wiliam, Giovanni Papini, Daniel Rops, por mencionar sólo algunas. En ellas se presentaba la figura de Jesús a partir de los Evangelios: cómo vivió en la tierra y cómo -aun siendo verdaderamente hombre- llevó al mismo tiempo a los hombres a Dios, con el cual era uno en cuanto Hijo. Así, Dios se hizo visible a través del hombre Jesús y, desde Dios, se pudo ver la imagen del auténtico hombre. En los años cincuenta comenzó a cambiarla situación. La grieta entre el "Jesús histórico" y el "Cristo de la fe" se hizo cada vez más profunda; a ojos vistas se alejaban uno de otro. Pero, ¿qué puede significar la fe en Jesús el Cristo, en Jesús Hijo del Dios vivo, si resulta que el hombre Jesús era tan diferente de como lo presentan los evangelistas y como, partiendo de los Evangelios, lo anuncia la Iglesia?
Los avances de la investigación histórico-crítica llevaron a distinciones cada vez más sutiles entre los diversos estratos de la tradición. Detrás de éstos la figura de Jesús, en la que se basa la fe, era cada vez más nebulosa, iba perdiendo su perfil. Al mismo tiempo, las reconstrucciones de este Jesús, que había que buscar a partir de las tradiciones de los evangelistas y sus fuentes, se hicieron cada vez más contrastantes: desde el revolucionario antirromano que luchaba por derrocar a los poderes establecidos y, naturalmente, fracasa, hasta el moralista benigno que todo lo aprueba y que, incomprensiblemente, termina por causar su propia ruina. Quien lee una tras otra algunas de estas reconstrucciones puede comprobar enseguida que son más una fotografía de sus autores y de sus propios ideales que un poner al descubierto un icono que se había desdibujado. Por eso ha ido aumentando entretanto la desconfianza ante estas imágenes de Jesús; pero también la figura misma de Jesús se ha alejado todavía más de nosotros.
Como resultado común de todas estas tentativas, ha quedado la impresión de que, en cualquier caso, sabemos pocas cosas ciertas sobre Jesús, y que ha sido sólo la fe en su divinidad la que ha plasmado posteriormente su imagen. Entretanto, esta impresión ha calado hondamente en la conciencia general de la cristiandad. Semejante situación es dramática para la fe, pues deja incierto su auténtico punto de referencia: la íntima amistad con Jesús, de la que todo depende, corre el riesgo de moverse en el vacío.

lunes, 23 de enero de 2017

La intolerancia doctrinal - Cardenal Pie

LA INTOLERANCIA DOCTRINAL

(Sermón predicado por el Cardenal Pie en la Catedral de Chartres, publicado en “Obras Sacerdotales del Cardenal Pie”, editorial religiosa H. Oudin, 1901, Tomo I pág. 356-377)
“Unus Dominus, una fides, unum baptista” "No hay más que un solo Señor, una sola fe, un solo bautismo" (San Pablo a los Efesios, IV, 5)
 Un sabio ha dicho que las acciones del hombre son las hijas de su pensamiento, y nosotros mismos hemos comprobado que tanto los bienes como los males de una sociedad son fruto de los principios buenos o malos que ella profesa. La verdad en el espíritu y la virtud en el corazón son dos cosas que se corresponden casi puntualmente: cuando el espíritu se ha entregado al demonio de la mentira, el corazón — no obstante que el desorden no haya comenzado por él — está muy cerca de abandonarse al demonio del vicio. La inteligencia y la voluntad son dos hermanas, entre las cuales la seducción es contagiosa: si ven que la primera se ha abandonado al error, corren un velo sobre la honra de la segunda.
Y porque esto es así, mis hermanos, porque no existe ningún daño, ninguna lesión en el orden intelectual que no tenga consecuencias funestas en el orden moral y aún en el orden material, es que concedemos importancia a combatir el mal en su origen, a secarlo en su fuente, esto es, en sus ideas. Mil prejuicios se han popularizado entre nosotros: el sofisma, asombrado de sentirse atacar, invoca la prescripción; la paradoja se vanagloria de haber adquirido carta de nacionalidad y derechos de ciudadanía. Los mismos cristianos, viviendo en medio de esta atmósfera impura, no han evitado totalmente su contagio: aceptan demasiado fácilmente muchos de los errores.
Fatigados de resistir en los puntos esenciales, a menudo cansados de luchar, ceden en otros puntos que les parecen menos importantes, y no advierten nunca — a veces porque no quieren percatarse — hasta dónde podrán ser llevados por su imprudente debilidad. Entre esta confusión de ideas y de falsas opiniones nos toca a nosotros, sacerdotes de la incorruptible verdad, salir al paso y censurar con la acción y la palabra, satisfechos si la rígida inflexibilidad de nuestra enseñanza puede detener el desborde de la mentira, destronar principios erróneos que reinan orgullosamente en las inteligencias, corregir axiomas funestos admitidos ya por la convalidación del tiempo, esclarecer finalmente y purificar una sociedad que amenaza hundirse, que envejece en un caos de tinieblas y de desórdenes, donde no será ya posible distinguir la índole y, menos aún, el remedio de sus males.
 Nuestra época grita: “¡Tolerancia! ¡Tolerancia!" Se admite que un sacerdote debe ser tolerante, que la religión debe ser tolerante. Mis hermanos: en primer lugar, nada iguala a la franqueza, y yo vengo a decirles sin rodeos que no existe en el mundo más que una sola sociedad que posee la verdad, y que esta sociedad debe ser necesariamente intolerante. Pero antes de entrar en materia, y para entendernos bien, distingamos las cosas, determinemos el sentido de las palabras y no confundamos nada.

martes, 7 de mayo de 2013

La revelación sobrenatural

La Revelación
es absolutamente necesaria
para conocer el orden sobrenatural,
al que Dios se dignó elevarnos

1 LA RELIGIÓN REVELADA O REVELACIÓN
1.1 Naturaleza de la Revelación
a) Noción
La Revelación es la manifestación que Dios hace a los hombres en forma extraordinaria, de algunas verdades religiosas, imponiéndoles la obligación de creerías.
Se dice: "en forma extraordinaria", para distinguirla del conocimiento natural y ordinario que alcanzamos por la razón.
Generalmente Dios revela así: manifiesta las verdades que desea se conozcan a algún hombre elegido por El, le manda que las enseñe a los demás, y comprueba con milagros que en verdad El las reveló.
"Sólo Dios puede otorgarnos un conocimiento recto y pleno de Sí mismo, revelándose a Sí mismo como Padre, Hijo y Espíritu Santo, de cuya vida eterna estamos llamados por la gracia a participar aquí, en la tierra, en la oscuridad de la fe, y, después de la muerte, en la luz sempiterna" (Pablo VI, El Credo del Pueblo de Dios, n. 9).
b) Revelaciones públicas y privadas
Hablando en un sentido general, podemos distinguir dos clases de revelaciones: la Revelación pública y las Revelaciones privadas.
lo. Revelación pública es la que ha hecho Dios directamente para la utilidad de todo el género humano. Por ejemplo, la hecha a Moisés en el Sinaí y la efectuada por Nuestro Señor Jesucristo.
2o. Revelaciones privadas son las que ha hecho a algunas personas para su utilidad particular.
Ejemplos: las hechas a Santa Gertrudis, a Santa Teresa de Jesús, a Santa Margarita María cuando Nuestro Señor le pidió el establecimiento de la fiesta del Sagrado Corazón y de la devoción de los primeros viernes, etc.
La Revelación pública ha sido hecha por Dios directamente para la utilidad de todo el género humano, e impone la obligación de aceptarla a todos los hombres.
Las revelaciones privadas directamente son hechas para la utilidad particular, y no imponen la obligación de aceptarlas sino a las personas a quienes fueron hechas, o a las personas que tienen plena certeza de ellas, lo que ocurre raras veces.
Respecto a las revelaciones privadas conviene advertir:

domingo, 5 de mayo de 2013

La Sagrada Escritura y el Magisterio de la Iglesia - Mons. Luis Francisco Ladaria Ferrer

La Sagrada Escritura
y el Magisterio de la Iglesia

Luis Francisco Ladaria Ferrer
En el congreso
 "La Sagrada Escritura en la Iglesia"
Madrid, 8 de Febrero de 2011
Arzobispo Secretario de la
Congregación para la Doctrina de la Fe
De dos maneras se puede entender el enunciado del tema que se me ha propuesto. Lo que el Magisterio de la Iglesia ha dicho sobre la Sagrada Escritura o las relaciones que existen entre una u otro. En realidad los dos aspectos están en íntima relación y no se pueden tratar el uno sin el otro. Por tanto estudiaremos las dos cuestiones en su conexión mutua.
El canon de las Escrituras
Trataremos en primer lugar de una cuestión en la que la interrelación de Escritura y Magisterio, sin olvidar la Tradición, aparece clara: la fijación del canon de las Escrituras.  La importancia decisiva de la Sagrada Escritura en la vida de la Iglesia y en concreto como la fuente y la base de su doctrina y de su fe ha sido algo de hecho incuestionado e incuestionable desde los primeros momentos de la Iglesia naciente. Los primeros cristianos aceptan como algo normativo también para ellos el cuerpo que ahora nosotros llamamos el Antiguo Testamento. Nuestro "Nuevo Testamento" es prueba de ello. Es convicción de la iglesia apostólica que a partir de Cristo se entienden las Escrituras de Israel de un modo más completo, pero también, por otra parte, ellas prestan una ayuda decisiva a la comprensión de Cristo en cuanto ofrecen un marco para interpretar su figura y su obra salvadora. Cristo se coloca por una parte en continuidad con el Antiguo Testamento, pero por otra significa una radical novedad en cuanto lo trasciende. En todo caso el cristianismo naciente ha recibido de la fe de Israel la idea de un cuerpo de escritos que posee una autoridad normativa.
La vida espontánea va siempre por delante de la reflexión. Antes de que se forme explícitamente la idea de un "Nuevo" Testamento que se coloca al lado de los Escritos de Israel los Padres y escritores eclesiásticos empiezan a citar también, atribuyéndoles autoridad, los Evangelios y los escritos apostólicos. Ya la segunda carta de Pedro (2 Pe 3,16) nos ofrece un testimonio importante al mencionar un grupo de escritos, las cartas paulinas, que son colocadas al mismo nivel que las "otras Escrituras": «...como en todas las cartas en las que habla de estas cosas. En estas hay algunas cosas difíciles de comprender, que los ignorantes y los inciertos desvían, al igual que las otras Escrituras, para su perdición». Ya los Padres apostólicos parecen dar testimonio de un cuerpo que se ha recibido y al que no se puede quitar ni añadir nadase han de cumplir los mandamientos del Señor[1] (Did. 4,13; 8,8, controlar). En los finales del siglo II y comienzos del III los padres y escritores eclesiásticos de primera importancia (Ireneo, Tertuliano, Clemente Alejandrino) conocen y citan, reconociéndoles normatividad, prácticamente todos los escritos del corpus neotestamentario. Se considera de gran importancia el llamado fragmento de Muratori, que se considera comúnmente de finales del siglo II, que conoce ya casi todos los escritos de nuestro Nuevo Testamento (faltan Hebreos, las dos cartas de Pedro, una de Juan, Santiago).

martes, 23 de abril de 2013

La interpretación de las Sagradas Escrituras que debe ser siempre confrontada, integrada y autenticada por la tradición viva de la Iglesia - Papa Francisco

DISCURSO DEL
SANTO PADRE
 FRANCISCO
A LOS MIEMBROS
DE LA PONTIFICIA
COMISIÓN BÍBLICA
Viernes 12 de abril de 2013

Eminencia,
venerados hermanos,
queridos miembros de la Pontificia Comisión Bíblica:

          Con alegría os recibo al final de vuestra asamblea plenaria anual. Doy las gracias al presidente, arzobispo Gerhard Ludwig Müller, por sus palabras de saludo y la concisa exposición del tema que ha sido objeto de atenta reflexión en el curso de vuestros trabajos. Os habéis reunido nuevamente para profundizar un tema muy importante: la inspiración y la verdad de la Biblia. Se trata de un tema que concierne no sólo a cada creyente, sino a toda la Iglesia, porque la vida y la misión de la Iglesia se fundan en la Palabra de Dios, la cual es alma de la teología y, a la vez, inspiradora de toda la existencia cristiana.
          Las Sagradas Escrituras, como sabemos, son el testimonio escrito de la Palabra divina, el memorial canónico que atestigua el acontecimiento de la Revelación. La Palabra de Dios, por lo tanto, precede y excede a la Biblia. Es por ello que nuestra fe no tiene en el centro sólo un libro, sino una historia de salvación y sobre todo a una Persona, Jesucristo, Palabra de Dios hecha carne. Precisamente porque el horizonte de la Palabra divina abraza y se extiende más allá de la Escritura, para comprenderla adecuadamente es necesaria la constante presencia del Espíritu Santo que «guiará hasta la verdad plena» (Jn 16, 13). Es preciso situarse en la corriente de la gran Tradición que, bajo la asistencia del Espíritu Santo y la guía del Magisterio, reconoció los escritos canónicos como Palabra dirigida por Dios a su pueblo y nunca dejó de meditarlos y descubrir en ellos las riquezas inagotables. El Concilio Vaticano II lo ratificó con gran claridad en la constitución dogmática Dei Verbum: «Todo lo dicho sobre la interpretación de la Escritura queda sometido al juicio definitivo de la Iglesia, que recibió de Dios el encargo y el oficio de conservar e interpretar la Palabra de Dios» (n. 12).

jueves, 4 de abril de 2013

La resurrección, culmen de la revelación - Juan Pablo II

JUAN PABLO II
AUDIENCIA GENERAL
Miércoles 8 de marzo de 1989
La resurrección,
culmen de la Revelación
1. En la Carta de San Pablo a los Corintios, recordada ya varias veces a lo largo de estas catequesis sobre la resurrección de Cristo, leemos estas palabras del Apóstol: “Si no resucitó Cristo, vacía es nuestra predicación, vacía es también vuestra fe" (1 Co 15, 14).
Evidentemente, San Pablo ve en la resurrección el fundamento de la fe cristiana y casi la clave de bóveda de todo el edificio de doctrina y de vida levantado sobre la revelación, en cuanto confirmación definitiva de todo el conjunto de la verdad que Cristo ha traído. Por esto, toda la predicación de la Iglesia, desde los tiempos apostólicos, a través de los siglos y de todas las generaciones, hasta hoy, se refiere a la resurrección y saca de ella la fuerza impulsiva y persuasiva, así como su vigor. Es fácil comprender el porqué.

Vistas de página en total

contador

Free counters!