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lunes, 9 de noviembre de 2020

Visita virtual a la Basílica de San Juan de Letrán

 


Su nombre oficial es Catedral Papal y Archibasílica Patriarcal Mayor y Arciprestal del Santísimo Salvador y de los Santos Juan Bautista y Evangelista en Letrán, pero es más conocida como la Archibasílica de San Juan de Letrán o simplemente la Basílica de Letrán. Su nombre corresponde, en primer lugar, a su dedicación inicial a Cristo Salvador, ocurrida en tiempos del emperador Constantino el Grande, con la intención de servir como sede del obispo de Roma, como ocurrió hasta el siglo XIV.

Su ubicación, cercana al Monte Celio, correspondía a las antiguas tierras de una noble familia romana, conocida como los Laterani, castellanizado en Letrán. El antiguo palacio, ubicado debajo de la actual basílica, fue confiscado a Plautio Laterani, cónsul romano del siglo I, tras haber conspirado contra Nerón. Tras su condena a muerte, sus bienes pasaron a la Hacienda Imperial.

A inicios del siglo III, las tierras y el palacio eran utilizadas por el emperador de Septimio Severo como cuartel para su guardia personal, formada por un grupo de caballeros de élite, que en las tierras de los Laterani construyeron un gran complejo militar conocido como el Castra Nova Equitum Singularium. Tras la construcción de la castra, o fortaleza, Septimio Severo decidió devolver parte de los bienes confiscados a Tito Sextio Laterani, descendiente de los antiguos dueños de dichas tierras.

Posiblemente heredera de Tito Sextio Laterani, las tierras terminaron por el siglo IV en manos de Fausta, mujer del emperador Constantino. Tras la victoria milagrosa del emperador sobre Majencio en la Batalla del Puente Milvio, promulga el Edicto de Milán del año 313, en el cual el emperador reconoce la libertad de culto, cesando oficialmente las persecuciones cristianas. De vuelta a Roma, Constantino busca ofrecer un lugar para que los cristianos pudiesen practicar su Fe, así como su liturgia.

La Castra Nova Equitum Singularium, había sido parte de la dote de Fausta, mujer de Constantino, junto a otras tierras de los Laterani, pero el emperador había decidido disolver el cuerpo de caballeros que conformaban la guardia imperial (debido a su lealtad a Majencio), y ordena la construcción de una iglesia para los cristianos, Fe a la que él mismo se había ya acercado.

sábado, 28 de marzo de 2020

El Icono de la Virgen de la Ternura explicación


Iconografía - El icono de la Virgen de Vladimir - El gesto de María - El gesto de Jesús - La figuración – Teología - Oración - El Papa Francisco y la Virgen de la Ternura


1 Introducción

Eleousa (Ἐλεούσα, "ternura", en griego) es el nombre con el cual se conoce al icono de la "Virgen de la Ternura". La inscripción "Eleusa" aparece ya en algunos iconos bizantinos del tipo Nuestra Señora de Odigitria en los siglos IX-X.  Es una iconografía muy estandarizada que representa a la Virgen María y al Niño Jesús en una relación personal entrañable.

María, que aparece sentada, sostiene al Niño con uno de sus brazos mientras presiona la mejilla del bebé contra su propia mejilla y el Niño le devuelve ese gesto de cariño, bien abrazándose a ella, con  un brazo, bien acariciándola el rostro. El tipo Eleousa es la serie más tierna de la iconografía mariana, revelando el lado íntimo de la comunión de la Madre de Dios con su Hijo.

En Rusia, un cierto tipo de íconos de la Madre de Dios que no se correspondía exactamente con la línea iconográfica griega "Eleousa" (ελεουσα), recibió este nombre de "Ternura” y con el paso del tiempo se fue consolidando a través de un cierto esquema iconográfico propio. En la versión griega, este tipo de icono se llamaba "Glycophilus" (γλυκυφιλουσα) - "Dulce beso.

En algunos iconos de la tradición bizantina la Virgen aparece dándole al Niño un rollo con el texto de una profecía mesiánica, dando a quien es el Verbo de Dios la Palabra revelada. El gesto de la Virgen que da al niño la Palabra, lo podemos encontrar en los iconos llamados "Eleusa Kykkotissa", que toman este nombre del monasterio de Kikko, en Chipre, donde se ve a la Virgen que lleva al niño, en sus brazos y que le ha dado el libro de Isaías. Dentro de estos iconos de la ternura son  variantes muy conocidas la "Virgen Glicofilussa" (la del dulce beso), y también la Virgen Glicofilussa Kardiotissa (la del dulce beso que sale del corazón). Este icono presenta aún más acentuada si cabe la expresión de ternura: el Hijo en posición de abrazo quiere abarcar el cuello de la Madre con un tierno gesto. 

2.-Iconografía

martes, 5 de agosto de 2014

La Basílica de Santa María La Mayor


La Basílica Papal de Santa María la Mayor es una auténtica joya de belleza de valor inestimable. Desde hace dieciséis siglos domina la ciudad de Roma: es el templo mariano por excelencia y cuna de la cultura artística, representa un punto de referencia para los cives mundi que desde todas las partes del mundo llegan a la Ciudad Eterna para deleitarse con lo que la Basílica les ofrece a través de su monumental grandeza.

Es la única de las basílicas mayores de Roma que ha logrado conservar su estructura original,  aunque a lo largo del tiempo se han ido añadiendo algunas modificaciones. En su interior presenta algunos detalles por los que destaca respecto a las demás basílicas: en primer lugar los mosaicos de la nave central y del arco triunfal del siglo V d. C., realizados durante el pontificado de Sixto III (432-440) y los del ábside, cuya realización fue dirigida por el fraile franciscano Jacopo Torriti por orden del Papa Nicolás IV (1288-1292); la pavimentación de tipo "cosmatesco" donada por los caballeros Scoto Paparone e hijo en el 1288; el techo artesonado de madera dorada diseñado por Giuliano San Gallo (1450); el belén del siglo XII de Arnolfo de Cambio; las numerosas capillas (de la Borghese a la Sixtina y a la Sforza, de la de Cesi a la del Crucifijo y a la de San Miguel); el Altar mayor realizado por Ferdinando Fuga y sucesivamente enriquecido con otras decoraciones por el genio Valadier; y por último, la Reliquia de la Sagrada Cuna y el baptisterio. Cada columna, cada cuadro, cada escultura, cada pieza de la Basílica representan una recopilación de la historia y de los sentimientos religiosos.

Todos podrán disfrutar de las emociones que transmite este lugar sagrado, desde el peregrino más devoto hasta el simple apasionado de arte.

El encuentro con la Basílica "liberiana", del nombre del Papa Liberio, es una experiencia tan conmovedora que llena el alma y el espíritu de emociones: no es raro ver a los visitadores fascinados por la belleza de las obras, así como es posible darse cuenta de la constante devoción de todas esas personas que ante la imagen de la Virgen María, aquí venerada con la dulce  advocación de "Salus Populi Romani", buscan consuelo y alivio.

Todos los años, el día 5 de agosto, se recuerda el "Milagro de la nieve" con una solemne celebración. Ante la mirada conmovida de muchos fieles una cascada de pétalos blancos desciende desde el techo cubriendo el hipogeo y creando como una unión ideal entre la asamblea y la Madre de Dios.

Desde el comienzo de su pontificado el Santo Padre Juan Pablo II quiso que una lámpara estuviera encendida de día y de noche bajo el icono de la Salus, como testimonio de su gran devoción a la Virgen María. El mismo Papa, el 8 de diciembre del 2001, inauguró otra perla preciosa de la basílica: el Museo, cuya estructura moderna y la antigüedad de sus obras maestras ofrecen al visitador un "panorama" único.

Los numerosos tesoros que en ella se encuentran, hacen de Santa María la Mayor un lugar en donde el arte y la espiritualidad se funden en un connubio perfecto, ofreciéndonos aquellas emociones únicas y propias de las obras de arte del hombre que están inspiradas por Dios.

 

La Fachada

Obra de Ferdinando Fuga (1741) está posicionada hacia el mediodía, con un pórtico de cinco aberturas en la parte baja y tres en la galería superior que cubre los magníficos mosaicos del siglo XIII pertenecientes a la antigua fachada. Los mosaicos están engarzados en la sugestiva cornisa como si fueran joyas preciosas y representan el nacimiento de la Basílica con María Santísima que se aparece en un sueño al Papa Liberio y al patricio romano Juan y les indica el lugar donde debía construirse su templo. Un acontecimiento excepcional dio fuerza a la voluntad divina: el 5 de agosto del 358 una nevada cubrió la colina del Esquilino y en la misma nieve el Papa indicó el perímetro de la futura Basílica.

El autor de los mosaicos es Felipe Rusuti; la majestuosidad de esta obra acoge a los visitadores y les provocan una emoción tan especial que les da la sensación de estar más cerca de la grandeza de Dios. Debido a su valor inestimable se puede acceder con una visita guiada que toca la sensibilidad de aquellos que con admiración contemplan esta obra de arte. Se atribuye a las obras de Fuga, tanto en la galería como en el pórtico, un evidente estilo barroco y pictórico.

A través de un estudio del espacio el artista ha dado lugar a una estructura arquitectónica original: a los cinco vanos de abajo, que dan acceso al pórtico, corresponden los tres de la galería superior con un juego de huecos que da alivio a la espesura de las columnas, adornadas por racimos de uva,  a los agudos arcos de medio punto, a los frontones, a las cornisas, a los capiteles, a las guirnaldas, a los amorcillos, a las estatuas que representan a San Carlos, a B. Albergoni y a los Santos Pontífices. En este escenario, casi aislada del resto de los personajes, aparece la Virgen María llevando en sus brazos al Niño Jesús. Los artistas que llevaron a cabo el trabajo fueron Lironi, Bracci, Maini, Slodtz, Della Valle y otros más. La primera piedra de esta fachada -que, dejándonos vislumbrar el juego policromo y el centelleo de la pared musiva, es como un tabernáculo plásticamente sentido- fue colocada por Benedicto XIV el 4 de marzo del 1741.

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