Tomás
Moro y Juan Fisher ¿murieron en vano?
S.E.R. Samuel J. Aquila
Arzobispo de Denver
La idea de que debe permitirse a los católicos volverse a casar y
recibir la comunión no empezó con la carta que firmaron el Cardenal Kasper y
otros miembros del episcopado alemán en 1993.
El episcopado de otro país – Inglaterra – fue pionero en este
experimento en doctrina cristiana hace unos 500 años. El asunto que se trataba
entonces no era si cualquier católico podía volverse a casar, sino si el rey
podía, porque su esposa no le había dado un hijo varón.
Al igual que aquellos que abogan por la comunión para los que se
han vuelto a casar por lo civil, los obispos ingleses estaban incómodos con la
idea de aceptar el divorcio y el nuevo casamiento abiertamente. En su lugar,
eligieron modificar la ley a las circunstancias individuales del caso al que se
enfrentaban, concediendo al Rey Enrique VIII una “anulación” — de manera
fraudulenta y sin la aprobación de Roma.
Si “el heroísmo no es para el cristiano corriente”, como dice
el Cardenal alemán Walter Kasper, ciertamente no lo era para el Rey de
Inglaterra. En cambio, cuestiones de felicidad personal y el bienestar de
un país fueron los sólidos argumentos que sirvieron al divorcio de Enrique. Y
el Rey difícilmente podría molestarse en dejar de comulgar como resultado de un
matrimonio irregular.
El Cardenal Wolsey de Inglaterra y todos los obispos del país, a
excepción del Obispo John Fisher de Rochester, apoyaron el intento del rey de
deshacer su primer – y legítimo – matrimonio. Al igual que Fisher, Tomás
Moro– un laico y canciller del Rey – también le negó su apoyo. Ambos
fueron martirizados y posteriormente canonizados.
En pública defensa de la indisolubilidad del matrimonio del rey,
Fisher sostuvo que “este matrimonio del rey y la reina no podía ser disuelto
por ningún poder, humano o divino”. Por este principio, dijo, estaba dispuesto
a dar su vida. Fisher continuó señalando que Juan Bautista no vio otro modo “de
morir más gloriosamente que por causa del matrimonio,” a pesar del hecho de que
el matrimonio entonces “no era tan santo en aquel tiempo como lo es ahora por
el derramamiento de la sangre de Cristo.”
Como Tomás Moro y Juan Bautista, Fisher fue decapitado, y al igual
que ellos, es llamado santo.
