y su influencia en la familia.
Las enseñanzas esenciales
de la Iglesia
S.E.R. Mons. Jean LAFFITTE
Secretario del
Consejo Pontificio para la
Familia
San Luis, Argentina
27 de octubre 2012
( I- En frente del relativismo,
los desafíos al matrimonio y a la familia hoy - a) Comprender el
relativismo - b)
Una sistemática deconstrucción de las estructuras del matrimonio y de la familia
- c) Banalización de la sexualidad humana - d) De la revolución sexual a la
revolución política
II- Amor humano y
esperanza: las enseñanzas de la Iglesia - a) La naturaleza del matrimonio - b) La familia como el lugar de
transmisión de la vida - c) La familia en la sociedad.)
Introducción
En el principio de su
pontificado, el Papa Juan Pablo II invitó a los cristianos a «meditar y vivir
conscientemente lo que Dios, la Iglesia, la humanidad entera esperan hoy de la
familia»; afirmó que no hay oposición entre los anhelos de la humanidad, los de
Dios y los de la Iglesia. El anhelo más profundo del corazón del hombre es,
conforme a la visión de la Iglesia, su deseo de amar profundamente y de ser
amado totalmente, una aspiración a realizarse en la comunión. Ahora bien, esta
comunión debe comprenderse en vista de su fundamento originario y último, que
es Dios. Esto me lleva a comenzar haciendo una precisión de orden metodológico
que evitará no pocos malentendidos: el título de esta conferencia no debe
entenderse como si quisiéramos estudiar solo lo que es común a todos los
hombres (la preocupación del relativismo ético y sus consecuencias), para
ocuparnos después de lo que es específicamente cristiano. Esto sería un grave
error, que supondría que Dios no tiene nada que ver con la naturaleza del
hombre y de la mujer, con el amor humano, con el matrimonio y la familia. Por tanto,
se constituiría como una segunda instancia, y se propondría a los hombres como
una opción, una especie de embellecimiento de la realidad del matrimonio, una
especie de tinte religioso, con una finalidad fundamentalmente estética. Sería
por ejemplo la opción de algunos novios, prácticamente no creyentes, pero que
por nada del mundo dejarían de casarse por la Iglesia, pues al fin y al cabo es
más alegre y más bonito. Esta perspectiva del matrimonio, que separa totalmente
matrimonio natural y matrimonio sacramental, es válido desde el punto de vista
de las ciencias humanas: estadística, sociología, pero es totalmente inadecuada
desde el punto de vista del pensamiento cristiano: inadecuada no solamente en
el plano religioso (la verdad es que la esfera religiosa –como veremos– abarca la
totalidad de la naturaleza), sino también inadecuada desde el punto de vista de
la filosofía del hombre, la cual, en las materias que se refieren al amor, a la
vida común propia del matrimonio, al ejercicio de la facultad sexual, va más
allá de la realidad visible y observable. Solamente quisiera recordar la
distinción clásica entre problema y misterio (G. Marcel). El amor,
como todas las cuestiones esenciales que se presentan en el corazón del hombre
(el sufrimiento, la muerte, la amistad, el sentido de nuestra actividad, la
educación de nuestros hijos…), no es un problema, sino que es un misterio.
No es algo que resolvemos: entramos en él.
