MISERICORDIA
Tercera catequesis
y homilía de
Mons. Munilla
en la JMJ de Lisboa
“el relativismo es una
deformación de la palabra misericordia”
MISERICORDIA
Tercera catequesis
y homilía de
Mons. Munilla
en la JMJ de Lisboa
“el relativismo es una
deformación de la palabra misericordia”
AMISTAD SOCIAL
Segunda catequesis
y homilía
Mons. Munilla
en la JMJ de Lisboa
ECOLOGIA INTEGRAL
1ª Catequesis oficial
y homilía
Mons. Munilla
en la JMJ de Lisboa
“El primer principio
de la ecología es respetar nuestro propio cuerpo”
“Dios nos ha credo
bien Dios no se equivoca.
Nadie nace en un
cuerpo equivocado”
CARTA DEL SANTO PADRE JUAN PABLO II
CON MOTIVO DEL SEMINARIO DE ESTUDIO
SOBRE LAS JORNADAS MUNDIALES DE LA JUVENTUD
Señor Cardenal:
1. Me ha alegrado la
noticia de que el Pontificio Consejo para los Laicos ha organizado un Seminario
de Estudio sobre las Jornadas Mundiales de la Juventud en el Santuario de Jasna
Góra, en Czestochowa .
Al mismo tiempo que me
alegro por esta iniciativa tan oportuna, no quiero que a los participantes les
falte mi palabra de ánimo, junto a mi más sincero reconocimiento por lo que han
hecho en favor de los jóvenes de todo el mundo.
Ante todo ¿cómo no dar
gracias a Dios por los numerosos frutos que, a distintos niveles, han brotado
de las Jornadas Mundiales de la Juventud? Desde el primer encuentro, celebrado
en la Plaza de San Pedro el Domingo de Ramos de 1986, se ha consolidado una
tradición que alterna, de año en año, un encuentro mundial y otro diocesano, subrayando
el indispensable dinamismo del compromiso apostólico de los jóvenes, tanto en
la dimensión local como universal.
Las Jornadas, acogiendo una iniciativa propuesta por los mismos jóvenes, han nacido del deseo de ofrecerles significativos «momentos de pausa» en la constante peregrinación de la fe, que se alimenta también mediante el encuentro con los coetáneos de otros Países y el intercambio de las propias experiencias.
PREGUNTAS CON RESPUESTAS
·
Aunque lo evite, continuamente el hombre se encuentra con
el problema de sus orígenes y el angustioso enigma de la muerte.
·
Toda la vida del hombre, desde el inicio de su presencia
sobre la tierra, ha sido un preguntarse constantemente sobre todas las cosas,
desde las que lo rodean en la naturaleza hasta las más profundas que tocan
sustancialmente su existencia.
Muchos de sus discípulos,
al oírle dijeron: «Es duro este lenguaje. ¿Quién puede escurarlo?» Pero
sabiendo Jesús en su interior que sus discípulos murmuraban por esto, les dijo:
« ¿Esto os escandaliza? ¿Cuándo veáis al hijo del hombre subir adonde estaba
antes?...Es espíritu es el que da la vida; la carne no sirve para nada. Las
palabras que os he dicho son espíritu y son vida. Pero hay entre vosotros
algunos que no creen». Porque Jesús sabía desde el principio quienes eran los
que no creían y quien era el que lo iba a entregar. Y decía: «Por esto os he
dicho que nadie puede venir a mi si no se lo concede el Padre». Desde entonces
muchos de sus discípulos se volvieron atrás y ya no andaban con él. Jesús dijo
entonces a los Doce: « ¿También vosotros queréis marcharos?» Le respondió Simón
Pedro: «Señor, ¿A dónde iremos? Tú tienes palabras de vida eterna, y nosotros
creemos y sabemos que tú eres el Santo de Dios». (JUAN 6, 60-69)
QUERIDO JOVEN:
En una ocasión, cuando
estudiaba en Europa, viaje en tren desde Roma hasta una pequeña ciudad del
norte de Italia. En un tramo del viaje se acercó a mí un señor inglés que me
preguntó dónde estábamos. Le contesté con un mapa delante y entablamos
conversación. Le pregunté dónde había tomado el tren y me respondió que no
sabía. Le interrogué también sobre su destino y su respuesta fue la misma: no
sabía. Me explicó que a él lo que le gustaba era disfrutar del viaje en tren,
que en lugar de comprar un boleto hacia un destino concreto, adquiría vales por
un número determinado de kilómetros y que le daba igual subir o bajar del tren
en un sitio u otro. Para él, su felicidad estaba en gozar del viajar en tren.
Creo que al hombre de hoy le pasa un poco lo mismo con su vida; no se pregunta
de dónde viene o a dónde va, simplemente le gusta disfrutar del viaje de la
vida y de todas las satisfacciones que le ofrece. ¿En qué estación abordó?
¿Dónde se va a bajar? ¿Qué le espera después del viaje? No le importa. Y, sin
embargo, es un hecho que este viaje no dura para siempre, que tuvo un inicio y
tendrá un fin tarde o temprano, lo queramos o no. Muchas preguntas quedan
entonces sin respuesta.
Aunque lo evite, continuamente el hombre se encuentra con el problema de sus orígenes y el angustioso enigma de la muerte. Igual que evita las preguntas, hay algunas respuestas que solo buscan eludir los problemas, dejar la solución para después: algo muy típico del hombre que ante las dificultades que percibe como insuperables, simplemente las deja de lado esperando que el tiempo por sí solo las resuelva. En este campo, por ejemplo, encontramos la poco convincente teoría de la reencarnación que simplemente pospone el problema ofreciendo la falsa solución de una prorroga sin gol de oro y en la que, además, no quedan muy claras la individualidad e irrepetibilidad de cada persona; cada ser humano es único. En este fin de siglo, han aparecido muchas sectas religiosas que se han convertido en vendedores de esperanzas, muchas veces vanas. Algunos simplemente buscan hacerte más placentero el viaje en el tren de la vida, otros pretenden prolongarlo indefinidamente presentándote paraísos que simplemente recrean las comodidades y consuelos con los que vivimos aquí. Son muy pocos los que responden a todas las preguntas que llevas en la mente: « ¿De dónde vengo?», « ¿adónde voy?», « ¿Por qué el dolor?», « ¿Por qué la muerte?», « ¿Qué sentido tiene sufrir?», « ¿Cuánto vale la vida del hombre?», etcétera. Son preguntas que en muchas de estas nuevas sectas quedan sin respuesta, pero eso parece no preocuparle al hombre de hoy que, como te decía más arriba, solo se contenta con un agradable viaje en tren. Pero no basta con esto para afrontar los graves problemas que representa la vida humana. El hombre no es sólo un cuerpo que muere, también un alma creada por Dios que permanece después de la muerte. Esta alma es la base de la inteligencia humana, de la libertad, de la responsabilidad que tiene el hombre sobre sus actos, y todo esto nos diferencia de los demás animales que pueblan nuestro planeta. Esta alma es el origen de todas las preguntas y es la que descubre en la revelación de Cristo las respuestas.
LA REALIDAD DEL PECADO
·
El pecado
no es un problema más de la humanidad, sino «el problema», el verdadero
problema de fondo que altera el plan de Dios para el hombre, proyecto de
felicidad.
·
Esta es la
verdadera dimensión del pecado: preferimos el amor a nosotros mismos por encima
del amor a Dios, construimos nuestro proyecto de vida al margen del proyecto de
Dios.
Tenme piedad. Oh Dios, según tu amor, por
tu inmensa ternura borra mi delito, lávame a fondo de mi culpa, y de mi pecado
purifícame. Pues mi delito yo lo reconozco, mi pecado sin cesar esta ante mí,
contra ti, contra ti solo he pecado, lo malo a tus ojos cometí. Porque aparezca
tu justicia cuando hablas y tu victoria cuando juzgas. Mira que en culpa yo
nací, pecador me concibió mi madre. Mas tu amas la verdad en lo intimo del ser,
y en lo secreto me enseñas la sabiduría. Rocíame con el hisopo, y seré limpio,
láveme, y quedare más blanco que la nieve. Devéleme el son del gozo y la
alegría, exulten los huesos que machacaste tú. Retira tu faz de mis pecados,
borra todas mis culpas. Crea en mí, oh Dios, un corazón puro; un espíritu firme
dentro de mí renueva. (SALMO 50, 3-12)
QUERIDO JOVEN: Seguramente, cuando ves las noticias en la televisión te preguntas muchas veces que pasa, porque hay tanto mal en este mundo, porque hay tanta gente que hace sufrir a los demás, que mata, que fabrica armas destructivas, que no respeta la dignidad de la mujer y la usa como simple objeto de placer, que no respeta el misterio de la infancia, que abusa de su poder. La respuesta a esos porqués la encontramos en un problema de fondo: la crueldad del hombre contra el hombre es consecuencia de una ruptura del hombre con dios. El pecado no es un problema más de la humanidad, sino «el problema», el verdadero problema de fondo que altera el plan de Dios para el hombre, proyecto de felicidad. Y la raíz de ese pecado es la rebelión del hombre ante Dios. «Exclusión de Dios, ruptura con dios, desobediencia a Dios; a lo largo de toda la historia humana esto ha sido y es, bajo formas diversas, el pecado que puede llegar hasta la negación de dios y de su existencia; es el fenómeno llamado ateísmo. Desobediencia del hombre que no reconoce, mediante un acto de su libertad, el dominio de dios sobre la vida, al menos en aquel determinado momento en que viola su ley» (Reconciliatorio et poenitentia, n. 15)
¿Puedo como católico participar en Halloween? ¿Es
un pecado? ¡Por qué no celebramos lo que de verdad es digno de celebrar…? ¿Por
qué no escoger todo lo bonito que nos gusta… el compartir, creatividad…
exaltando luz, lo claro, lo bello, la vida… la Santidad… la apertura a la
gracia…? Con HOLYWINS celebramos que la SANTIDAD vence...
Buscamos ser felices
Tercera Carta del
Cardenal Norberto Rivera Carrera, Arzobispo Primado de México, a los jóvenes de
la Arquidiócesis de México como preparación para el Jubileo del Año 2000.
Viendo la muchedumbre,
subió al monte, se sentó, y sus discípulos se le acercaron. Y tomando la
palabra, les enseñaba diciendo: "Bienaventurados los pobres de espíritu,
porque de ellos es el Reino de los Cielos. Bienaventurados los mansos, porque
ellos poseerán en herencia la tierra. Bienaventurados los que lloran, porque
ellos serán consolados. Bienaventurados los que tiene hambre y sed de la
justicia, porque ellos serán saciados. Bienaventurados los misericordiosos,
porque ellos alcanzarán misericordia. Bienaventurados los limpios de corazón,
porque ellos verán a Dios. Bienaventurados los que trabajan por la paz porque
ellos serán llamados hijos de Dios. Bienaventurados los perseguidos por causa
de la justicia, porque de ellos es el Reino de los Cielos. Bienaventurados
seréis cuando os injurien, y os persigan y digan con mentira toda clase de mal
contra vosotros por mi causa. Alegraos y regocijaos, porque vuestra recompensa
será grande en los cielos; pues de la misma manera persiguieron a los profetas
anteriores a vosotros" (Mt 5, 3-12)
Querido joven:
Tú, como todo ser
humano, seguramente buscas ser feliz. Basta darse una vuelta por la ciudad, un
viernes por la tarde, para percatarse de cuántos de ustedes salen anhelantes y
llenos de ilusiones buscando divertirse. Esperan horas en la puerta de una
disco o un bar de moda con la esperanza de pasar un buen rato de alegría y
olvidarse de todo lo que les preocupa. Los mayores también buscan ser felices.
Muchos buscan medios sanos y buenos que les hacen crecer como personas; otros
encauzan sus anhelos de felicidad lejos del Evangelio y de Cristo; olvidan la
ley de Dios y construyen un proyecto de felicidad al margen de los cauces que
Dios nos marca. A ti te puede pasar lo mismo, y puede ser que, a lo mejor,
alguna vez hayas buscado la felicidad no donde Dios la ha puesto para ti, sino
donde tu creías que estaba, y por eso no la encontraste. Un ejemplo claro de
esta actitud del hombre que quiere construir su mundo feliz al margen de Dios
lo hayamos en el capítulo 3 del Génesis. En él se narra el pecado original, que
es, en el fondo, el drama de todo hombre que desobedece a Dios y escucha al
enemigo del alma. Este enemigo pone en marcha en el ser humano un mecanismo de
exaltación de la soberbia y la independencia frente a Dios. Con ello rompe su
inocencia y el estado de felicidad original en la que vivía en comunicación
directa con Dios.
El enemigo del alma
exalta la bondad del proyecto de vida al margen de Dios. No quiere que cuentes
con Dios en tu vida. Y muchas veces te convence. El engaño surte efecto:
"y como viese la mujer que el árbol era bueno para comer, apetecible a la
vista y excelente para lograr sabiduría, tomo de su fruto y comió, y dio
también a su marido, que igualmente comió" (v. 6). Desobedece. Un acto de
un breve lapso de tiempo rompió el plan eterno de felicidad que Dios había dispuesto
para el hombre al que había creado por amor. Eso es el pecado: romper en un
instante un plan eterno de amor de Dios. Sin embargo, aunque el hombre perdió
la felicidad Dios no dejo de amarlo. En lugar de recriminarlo, lo busca:
"Yahvé Dios llamó al hombre y le dijo: ¿Dónde estas?" (v. 9). Así
actúa contigo cuando te alejas de Él. Pero el hombre tiene miedo de Dios por
eso se aleja y se esconde: "Te oí andar por el jardín y tuve miedo, porque
estoy desnudo: por eso me escondí" (v. 10). Esta situación se repite muy a
menudo en la vida del hombre presa del pecado: se aleja de Dios, se excusa y se
refugia en una disculpa para eludir su responsabilidad. Las consecuencias del
pecado destruyen la vida del hombre, son imprevisibles, construyen un mundo de
desconfianza. Pero Dios sigue mostrándote su amor a ti que te ha creado por
amor, sigue ofreciéndote su amistad y ayudándote. Por eso no hay que
desconfiar. "Yahve Dios hizo para el hombre y su mujer túnicas de piel y
los vistió" (v. 21).
La felicidad no está en huir de Dios, sino en acercarte plenamente a Él. El ser humano necesita de Dios, de su amor, sin Él no es nada. Aunque muchas veces no lo percibas, sin embargo es así: no podemos construir un verdadero proyecto de felicidad sin contar con Dios, sin buscarlo a Él por encima de todo. Una vez, hablando con un joven, me decía: "Dios no me llena, no me hable más de Dios". Le respondí con franqueza: "¿Cómo te va a llenar Dios si estás lleno de ti mismo? Y ahí no cabe nadie más: ni tu familia, ni Dios, ni nada que no sirva para llenarte aún más de ti mismo". El muchacho reaccionó muy bien y solucionó muchos problemas de su vida dejando a un lado su egoísmo.