CONGREGACIÓN PARA LA DOCTRINA DE LA
FE
DECLARACIÓN
DOMINUS IESUS
DOMINUS IESUS
SOBRE LA UNICIDAD Y LA UNIVERSALIDAD SALVÍFICA
DE JESUCRISTO Y DE LA IGLESIA
I. PLENITUD Y DEFINITIVIDAD DE LA REVELACIÓN DE JESUCRISTO - II. EL
LOGOS ENCARNADO Y EL ESPÍRITU SANTO EN LA OBRA DE LA SALVACIÓN - III. UNICIDAD Y
UNIVERSALIDAD DEL MISTERIO SALVÍFICO DE JESUCRISTO - IV. UNICIDAD Y UNIDAD DE
LA IGLESIA - V.
IGLESIA, REINO DE DIOS Y REINO DE CRISTO - VI. LA IGLESIA Y LAS RELIGIONES EN
RELACIÓN CON LA SALVACIÓN
INTRODUCCIÓN
1. El Señor Jesús, antes
de ascender al cielo, confió a sus discípulos el mandato de anunciar el
Evangelio al mundo entero y de bautizar a todas las naciones: « Id al mundo
entero y proclamad el Evangelio a toda la creación. El que crea y se bautice,
se salvará; el que se resista a creer, será condenado » (Mc 16,15-16);
« Me ha sido dado todo poder en el cielo y en la tierra. Id, pues, y haced
discípulos a todas las gentes bautizándolas en el nombre del Padre y del Hijo y
del Espíritu Santo, y enseñándoles a guardar todo lo que os he mandado. Y he
aquí que yo estoy con vosotros todos los días hasta el fin del mundo » (Mt 28,18-20;
cf. también Lc 24,46-48; Jn 17,18;
20,21; Hch 1,8).
La misión universal de la Iglesia nace
del mandato de Jesucristo y se cumple en el curso de los siglos en la proclamación
del misterio de Dios, Padre, Hijo y Espíritu Santo, y del misterio de la
encarnación del Hijo, como evento de salvación para toda la humanidad. Es éste
el contenido fundamental de la profesión de fe cristiana: « Creo en un solo
Dios, Padre todopoderoso, Creador de cielo y tierra [...]. Creo en un solo
Señor, Jesucristo, Hijo único de Dios, nacido del Padre antes de todos los
siglos: Dios de Dios, Luz de Luz, Dios verdadero de Dios verdadero, engendrado,
no creado, consustancial con el Padre, por quien todo fue hecho; que por
nosotros los hombres y por nuestra salvación bajó del cielo, y por obra del
Espíritu Santo se encarnó de María, la Virgen, y se hizo hombre; y por nuestra
causa fue crucificado en tiempos de Poncio Pilato: padeció y fue sepultado, y
resucitó al tercer día según las Escrituras, y subió al cielo, y está sentado a
la derecha del Padre; y de nuevo vendrá con gloria para juzgar a vivos y
muertos, y su reino no tendrá fin. Creo en el Espíritu Santo, Señor y dador de
vida, que procede del Padre, que con el Padre y el Hijo recibe una misma
adoración y gloria, y que habló por los profetas. Creo en la Iglesia, que es
una, santa, católica y apostólica. Confieso que hay un solo Bautismo para el
perdón de los pecados. Espero la resurrección de los muertos y la vida del
mundo futuro ».1




