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jueves, 27 de abril de 2017

Mística cristiana y no cristiana - S.E.R. Mons. Jesús García Burrillo

Mística cristiana y no cristiana
S.E.R. Mons. Jesús García Burrillo


Queridos diocesanos:
Hoy en día muchos cristianos se preguntan si ciertas prácticas orientales como el yoga son compatibles con la fe cristiana y si son un método válido de oración. Ante esta cuestión, y con riesgo de reducción del tema, quisiera exponer algunos criterios de clarificación.
El Yoga nació en la India y recibe su nombre de la raíz yuj que significa uncir, unir, ligar. Se trata de una disciplina ascética orientada a someter las potencias del cuerpo y del alma y a conducir la mente a la tranquilidad absoluta interior y al éxtasis, llegando a la unión con el universo o con la divinidad (Brahman, Shiva, Visnú). Ya se usaba en los siglos VI y V a. C. y su fin es dominar los pensamientos atravesando 8 grados: 5 preparatorios y 3 en los que se alcanza la meta. Los grados preparatorios requieren una observancia ética, purificación y mortificación, la superación de los vicios y la práctica de las virtudes; añaden una preparación física por medio de posturas corporales a veces difíciles, resistencia, tenacidad, armonización del sistema nervioso, dominio de la respiración; además, una preparación psíquica descargando todas las imaginaciones y fantasías inútiles. Esta preparación dura meses o incluso años para el practicante de yoga.
A continuación el yogui practica los ejercicios esenciales del yoga, que son la atención, la meditación y la abstracción que termina en el éxtasis. Al llegar aquí el alma se halla en un mundo nuevo; encuentra un estado de tranquilidad y de paz que el yoga considera como el último fin y la felicidad del hombre.
Estas técnicas, que conducen a la paz interior y a la felicidad, son cultivadas por  místicas budistas, musulmanas, judías o neoplatónicas y se han puesto de actualidad en occidente. Por ejemplo, el filósofo Alois Haas (Zurich, 1934) recibió recientemente el título de doctor honoris causa por la universidad Pompeu Fabra de Barcelona, después de haberle entregado su fondo de 40.000 libros sobre mística y espiritualidad.  
Pero estas técnicas o caminos de espiritualidad no pertenecen a la mística cristiana. La mística cristiana, con sus diferentes escuelas (carmelitas, dominicos, jesuitas, franciscanos…), se caracteriza por el influjo habitual de los dones del Espíritu Santo en la vida del cristiano. La mística cristiana, por tanto, tiene lugar siempre por influjo del Espíritu Santo, aunque precise de la colaboración humana, y se experimenta especialmente en la oración contemplativa, pero también  en las tareas diarias del cristiano, incluso en las más difíciles.

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